Mostrando entradas con la etiqueta autorreferencial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autorreferencial. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de diciembre de 2025

Los post más leídos de 2025



Este año que termina, pese a la falta de atención que sigue sufriendo este blog por parte de su autor, ocupado en asuntos todavía más inútiles, ha tenido un repunte en cuanto a los lectores que acceden a sus artículos. De ahí que haya elegido 13 artículos entre los más leídos (en lugar de los habituales diez) incluído un empate en el lugar once. Y con ello vaya mi agradecimiento a los visitantes de este blog. Porque este no tendría sentido sin ustedes, lectores constantes u ocasionales, sin los cuales yo habría cedido por fin a la tentación constante de abandonarlo por completo.


1.- De luces y túneles: explicación de un libro

2.- Discurso de Abraham Lincoln de 1838

3.- El lado correcto de la historia

4.- A Francisco García González en sus 62 septiembres

5.- Resumen del 2024: el año en que Cuba se fue del país

6.- La lápida de Cirilo Villaverde

7.- Por algo lo deportaron

8.- Francisco López Sacha (1950-2025)

9.- Casi una leve historia de otro Francisco

10.- Minúscula historia del anexionismo en Cuba

11.- ¿Qué es el socialismo democrático?

¿Qué no hemos aprendido los cubanos?

12.- El wokismo como religión

viernes, 24 de octubre de 2025

Album 30 aniversario



En 1997, cuando pasábamos la entrevista de asilo en la embajada norteamericana en Madrid lo único que puso en duda nuestra interrogadora fue nuestro casamiento, ejecutado cuatro días antes de salir del país. Así lo cuento en “Siempre nos quedará Madrid”:


“En la embajada todo fue bien hasta que la entrevistadora ―una mujer de rasgos latinos y acento indeterminado― nos dijo que le llamaba la atención que nos hubiéramos casado tan sólo cuatro días antes de nuestra salida de Cuba. La única evidencia que teníamos contra la sospechosa fecha del matrimonio era nuestro álbum de fotos cubanas en el que aparecíamos en todos los avatares que habíamos atravesado en los últimos cinco años: con la melena de león africano (al cortármela había alcanzado para rellenar el cojín que Cleo ponía entre ella y la parrilla de la bicicleta); trasquilados los dos tras una epidemia de piojos que contrajimos en un hotel de provincias; rodeando casi siempre a recién casados porque en aquellos días era difícil conseguir una fotografía sin que hubiera una boda por medio. Y todas las fotos distintas entre sí en textura, colores y papel como si fuesen retratos hechos a mano por pintores diferentes. La distancia tecnológica entra cada una de las cámaras con que habían sido sacadas resumían la evolución de la fotografía desde fines del siglo XIX hasta la última década del siguiente, desde aquellas cámaras de cajón que ofrecían imágenes turbias a orillas del capitolio habanero hasta los aparatos más o menos sofisticados de amigos extranjeros. Un muestrario fuera del alcance de cualquier falsificación”.


Ahora sería mucho más fácil convencer a nuestra entrevistadora de 1997 con un teléfono a mano mostrándole este álbum. Y la verdad es que a aquella boda no le dimos mucha importancia ni siquiera los implicados directos. Apenas era un trámite más entre los muchos que tuvimos que hacer en los últimos meses en Cuba. Sabiendo que no nos darían permiso para salir estando casados no pasamos por el trámite del matrimonio hasta no recibir los respectivos de salida. Por eso la fecha y el aniversario nunca han sido relevantes para nosotros y lo calculamos por haber sido cuatro días antes de nuestra salida de Cuba. Esa fecha si la tenemos clarísima.













viernes, 27 de diciembre de 2024

Lo más leído del 2024


Anécdotas personales, comentarios sobre política norteamericana, reflexiones sobre el wokismo nuestro de cada día, el homenaje a un profesor muy querido, la traducción original de un famoso discurso, comentarios sobre las olimpiadas o sobre el último novio de Ana de Armas y el resumen extendido -como aquel picadillo del Período Ya No Tan Especial- de la tragicomedia cubana en el 2023, fue lo que más interesó a ustedes, los pocos lectores que le quedan a este blog en su decimo séptimo año de existencia. Por ustedes sigo llevando este blog cuando todos mis colegas han cerrado los suyos. Por ustedes sigo llevando este escalafón de lo que más les interesa. Gracias. Muchas Gracias.

1.- La noche que David dijo no

2.- Medallas contra materia

3.- La conjura de los frívolos

4.- Se veía venir

5.- Un buen profesor

6.- El 2023 para Cuba: un año climático: de los ríos congelados a los canales sin agua

7.-La lección olvidada

8.-Discurso de Alexander Solzhenitsin en Harvard

9.- Una revuelta sorda

10.- A las (Ana de) armas valientes corred

martes, 27 de diciembre de 2022

Lo más leído del 2022 (en este blog, se sobreentiende)


Bueno, no exactamente. también he incluido un par de posts de los últimos días del año anterior que publiqué cuando ya había cerrado la lista de los más leído del 2021. Y aparte de los posts que incluyo a continuación permítanme hacer una mención especial de la serie de treinta viñetas dedicada al mundial de Qatar que, de contarla como un solo post sería, con diferencia el más leído del 2022.

1.- Pablo Milanés como drama colectivo


2.- Alcides Herrera. Antología mínima



3.- Alcides Herrera, un genio renuente


4.- Carta abierta a los directores de Meliá


5.- Cuando no teníamos palabras


6.- Nota a nota, sin dolor


7.- Literatura y circunstancia


8.- 2021, un año sin igual, (excepto por el anterior y el que sigue)


9.- Ida Camejo (1935-2022)


10.- Home Paraiso

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Los posts más leídos del año

Tómenlo como una manera de autopromoción y reciclaje: para mi la tradición de anunciar los diez posts más leídos del año es un homenaje a sus lectores, sobre todo a aquellos que inexplicablemente se han mantenido fieles a este blog por tantos años, algunos de ellos incluso dejando constancia de sus lecturas con sus comentarios. A todos muchas gracias y mis mejores deseos en este año que se aproxima.



 1.- No se culpe a la Revolución de nada

2.- Bienveni@s todes y todxs

3.- Emilio Ichikawa, una despedida

4.- La trampa de la ideología

5.- Experimentando con la libertad

6.- La revolución y los árboles

7.- Un domingo esclarecedor

8.- ¿De qué color es Luis Manuel?

9.- Resumen del 2020: el año más cubano de todos

10.- La encrucijada de Diego Rivera

sábado, 9 de noviembre de 2019

Discurso de la víspera



Texto leído anoche ante el pueblo de West New York reunido para la ocasión:

Quiero darles la bienvenida a todos los convocados aquí a celebrar un día como mañana. Porque no sé si recuerdan que hace 29 años y 364 días a un grupo de alemanes posmodernos les dio por deconstruir el muro de Berlín. Un muro erigido décadas antes para proteger al Berlín comunista de la envidia capitalista. Estamos reunidos por eso y porque hace 51 años y 364 días la señora Magda Arrocha tuvo a bien dar a la luz pública al autor de estas palabras y de buena parte de los platos que se están comiendo hoy.
La idea de esta celebración no es el culto de mi más bien penosa personalidad. Ni mucho menos mi intención es restregarles a los pobres autores de mis días uno de sus mayores errores en sus vidas mayormente decentes, casi ejemplares. Cualquiera comete un error y rectificar es de sabios. Y doy fe que mi a padre no le faltó sabiduría e hizo todo lo que pudo para rectificar su error, chancleta en mano. Sin embargo hay cosas irremediables a menos que tenga el temple de ese gran inspirador de padres arrepentidos que fue Herodes. Y el viejo tiene bastante de Cocodrilo Dundee, si Cocodrilo supiera usar la chancleta tan bien como lo hacía él, pero en cambio no tiene suficiente de Herodes.
Amante de la historia desde pequeño siempre me preguntaba por qué mi madre no había tenido a bien desovarme un día con mayores resonancias históricas. Tenía amigos que habían nacido el primero de enero, el 13 de marzo, el 26 de julio, el 10 de octubre mientras que yo debía conformarme con la insignificante fecha del 9 de noviembre. Hasta que justo en la noche del 9 de noviembre de 1989, la misma en la que yo me disponía a celebrar el 22 aniversario de mi natalicio, a un grupo de alemanes les dio por ejecutar el performance más importante de la historia posmoderna desmontando simbólica y literalmente el muro más famoso del último siglo.

Treinta años después el muro de bagazo reforzado con soya que rodea mi isla natal sigue en pie pero en cambio tengo mucho que celebrar. La primera de ellas es estar del lado de acá del muro. Y sobre todo hacerlo con todos ustedes y entre ellos, especialmente, mis padres que, arrepentidos y todo del mayor error de sus vidas, han terminado por encariñarse con él. A ellos y a todos los demás les agradezco que estén aquí hoy ayudándome a despachar toda esta comida. Esperemos que haya cocinero para rato. Muchas gracias y que siga la fiesta.

lunes, 25 de marzo de 2019

Palabras por el Premio Fernando Quiñones*

El escritor cubano Enrique del Risco, al recoger el premio por 'Turcos en la niebla'.
Creo, al contrario de lo que escribió John Donne y subscribía Hemingway, el famoso torero americano, que todos somos islas hasta tanto no demostremos lo contrario. Y si de islas se trata, los emigrados lo somos por partida doble. Porque a la isla que nos viene de nacimiento habrá que añadirle esa a la que arribamos al dejar atrás nuestro suelo natal. Allí seremos isla y náufrago a la vez. Porque, y a veces de manera más literal que figurada, emigrar es naufragar. Y, como ocurre con los náufragos, la primera tarea del emigrante es sobrevivir, mantenerse a flote y buscar tierra firme para luego hacer el famoso recuento de lo poco que pudo salvar del desastre y lo que le sirva en el lugar de acogida para que la vida le sea soportable. Entonces llegará el momento de comprobar si no estamos solos en nuestra isla. Si habrá seres con quienes compartir nuestro náufrago destino. Y el siguiente paso será escribir un mensaje que meteremos en una botella para lanzarla al mar. Porque por más que reconozcamos nuestra condición de isla nunca nos resignaremos del todo a ella.

De eso se trata Turcos en la niebla. De naufragios, sobrevivencias y botellas al mar. Cuatro botellas que arrojan sus personajes Wonder, Eltico, Alejandra y el British al mar de sinsentidos que los rodea. La más urgente y desesperada de todas las botellas es la que lanza Wonder, cubano exiliado, mientras aguarda, armado hasta las encías, a que la policía de Nueva Jersey asalte su taller. Wonder intenta explicarnos que, pese a las apariencias, él no es un terrorista ni un asesino en masa sino alguien al que la vida lo fue despojando de opciones hasta dejarle solo esa. Para entonces caer en cuenta que hablar de “su vida” es pura exageración. Existe una quinta botella que es la propia novela Turcos en la niebla que contiene las botellas antes mencionadas y que intenté, pese a su contenido, que fuera lo más ligera posible y no terminara hundiéndose. Y esa botella, en efecto, navegó con fortuna hasta encontrarse con el Premio Unicaja “Fernando Quiñones” y con el jurado abierto y desprejuiciado que se lo otorgó: porque hay que ser muy abierto y desprejuiciado para darle tal premio a este náufrago que les habla hoy.

Me alegra de manera muy especial que a Turcos en la niebla le tocara ganar el Premio Unicaja al Mensaje en una Botella Fernando Quiñones y me trajera precisamente a la más americana de las ciudades españolas y, sin dudas, la más habanera. Cádiz es, además, la tierra de José Manuel García Gil, el poeta que me rescató de mi naufragio español hace muchísimo tiempo y con quien desde entonces, y casi al descuido, no dejo de acumular deudas de gratitud. No menos agradecido estoy a que este premio lleve el nombre de Fernando Quiñones: un escritor entregado a la recreación de su versión íntima de isla que era al mismo tiempo Cádiz y el universo. El autor de Las crónicas de al-Andalus también ejerció el oficio de náufrago reuniendo todo lo que pudo salvar de la furia del mar y del tiempo: naufragios de fenicios y romanos; de árabes y gitanos; de musulmanes y cristianos; de castellanos y andaluces; de pícaros y piratas. Recordemos que Quiñones erigió su espléndida obra con lo que en su tiempo todavía se consideraban materiales de desecho, mucho antes de que se pusieran de moda la diversidad y el reciclaje. Porque al autor de Flamenco, vida y muerte, como creador honesto y sensible que era, no lo urgían las modas sino que escribía al ritmo, -tranquilo y visionario - que le dictaba su justo tiempo humano. Y esa misma probidad y sensibilidad eran las que le evitaban a Quiñones ceder a las tentaciones de la pureza y le permitieron abrazar todo lo que la vida le puso delante para crear ese mundo habitable y acogedor que es su obra.

Celebro por tanto que la isla metafórica de mis náufragos Wonder, Eltico, Alejandra y el British se haya abierto camino hasta la isla de Mané, de Quiñones y de un puñado de recuerdos personales que solo borrarán la muerte… o un buen Alzheimer. Mi alegría es tal que quizás consiga al fin ponerme de acuerdo con John Donne. Reconocerle que, incluso siendo islas, los humanos estamos igualados por nuestra soledad frente al mundo. Y que eso basta para identificarnos en nuestra común humanidad. No por gusto el tema central de Turcos en la niebla es el mejor remedio que hemos inventado para superar nuestra condición de islas, nuestro más eficaz mecanismo de sobrevivencia: la amistad.

Vivimos tiempos contradictorios: una época en la que cada vez más personas escriben y se comunican, y sin embargo parecen entenderse cada vez menos. En tales circunstancias, alcanzar a ser medianamente comprendido cuando nos separa un océano de circunstancias resulta un milagro. Un milagro como este premio que me ha traído hoy ante ustedes y que aprecio como no pueden imaginarse. Un milagro ante el que no encuentro palabras mejores que “muchas gracias”.      

Muchas gracias.

*Discurso leído el 19 de marzo del 2019 en respuesta a la entrega del Premio Unicaja Fernando Quiñones de novela.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Los posts más leídos del año

Este año la selección de los posts más leídos la encabeza el post más visitado en los once años de la historia de este blog "Nuestra hambre en La Habana (fragmentos)" que a su vez vendría a ser el primer capítulo de unas memorias sobre el período especial que todavía debo terminar. Los otros dan fe de que cuando todavía encuentro tiempo para escribir algo expresamente para este blog encuentro lectores. Gracias a todos y tengan un feliz 2019.

1.- Nuestra hambre en La Habana (fragmentos)
2.- El presidente sin atributos
3.- Los rostros de los que escogieron luchar
4.- Boris Larramendi, samurai
5.- Una tribu a orillas del Hudson
6.- Igualdad transversal
7.- Pronósticos
8.- El realismo (socialista) como regularidad
9.- Historia y masoquismo
10.- Servicio público: el decreto anti-reguetón

sábado, 20 de octubre de 2018

Otro 20 de octubre

Cada 20 de octubre tomo nota de este especial cumpleaños mío. El que marca mi salida de Cuba. Ese segundo nacimiento en el que estaba más consciente y ávido que en el primero. Y casi tan esperanzado. Porque a excepción de esas cosas que forman parte de la patria del amor y la memoria (ustedes saben: la familia, los amigos y esos rincones que dejan de existir en cuanto uno los deshabita) dejaba atrás el minucioso infierno de la Cuba de aquellos años. 
Infierno al que, por cierto, le debo la cura perfecta para la nostalgia y de otros subproductos de cualquier fuga más o menos definitiva. Suena feo (y sobre todo viejo) decir que a diferencia de la gente de ahora esto y lo otro. Porque en mi caso -si me comparo con los que ahora salen de Cuba- poco puedo oponerle a mi indigencia de aquellos días que no sea una ignorancia mucho más perfecta que la de ellos. Porque mi ignorancia ni siquiera conocía de los paliativos de la internet y el wifi como para hacerme ilusiones con ella. Mi mayor riqueza en aquellos días –y posiblemente en estos- era tener la convicción socrática del que se sabe salido del mismísimo culo del mundo: saber que no sabía.

lunes, 6 de noviembre de 2017

La Noria número 12


Sale número 12 de la revista santiaguera La Noria que incluye textos de Oscar Cruz, Carlos A. Aguilera, Néstor Díaz de Villegas, Javier Marimon, Fernando Villaverde y un servidor, entre otros. IN-CUBADORA  se ha encargado de convertirla en PDF. Acá adelanto mi texto:

Semana negra
Semana negra. Primero Picó, luego Robby y para rematar Cavallero. A Picó lo vi en casa de Eltico. Ahora en verano a Eltico le ha dado por los barbiquiúses. Con Eltico se puede hacer una novela. Al padre lo cogieron preso (político) cuando él acababa de nacer, luego estuvo en una bronca famosa contra la seguridad frente a la embajada americana en el 80 y ese mismo año vino para acá. Marielito. Bueno como un santo pero le encanta meterse en problemas. Tuvo un go go con mujeres que bailaban con las tetas al aire en Elizabeth hasta que a los dos muertos se decidió a venderlo. Repara casas y las alquila en los peores barrios de negros de New Jersey donde al menor descuido te roban las ventanas, la plomería, te queman el carro o te matan. A él le ha pasado todo eso varias veces, excepto lo último, claro. Estuvo de manager de un supermercado en Baltimore. Era en un barrio peor todavía: la policía patrullaba en helicópteros porque no se atrevía a andar por tierra. Sus amigos en New Jersey rezábamos porque no lo mataran. Y salió vivo pero con una deuda enorme que no acaba de sacarse de arriba porque el negocio en el que está ahora, el de vender casas, no da ni para tomarse un café en la gasolinera de la esquina. Así y todo Eltico celebra religiosamente sus barbiquiús y recoge a cuanta alma sola y atormentada deambula por el barrio. Al Cenizo, a Orestico y ahora a Picó. Con el Cenizo también se puede escribir una novela. Y Orestico da al menos para un buen cuento. Un cuento sobre un alma firme y sencilla enfrentada a la fatalidad (en su caso la fatalidad es una forma de inercia que le impide reaccionar ante nada). Pero el personaje de esa noche fue Picó. Pintoretto estaba de visita desde México. Lo invitaron a una exposición y me preguntó si se podía quedar en la casa. Le dije que sí, que por supuesto. Al principio pensé dejarlo solo para que recorriera Nueva York a su aire pero Pintoretto es de los que se pierde en una cuarta de tierra. Para él uptown y downtown son intercambiables así que me dediqué a llevarlo a todos lados. El día del barbiquiú de Eltico le di un paseo por Williamsburg y Brooklyn Heights. Al regreso le expliqué que conoceríamos a Eltico y le hablé de él. También le hablé del Cenizo. De su acento vagamente español. De las conspiraciones en las que había estado metido cuando la dictadura de Batista. De sus veinte años de prisión que le regaló Fidel por interceder por alguien que ya estaba muerto. De su estoicismo zen en medio de las palizas, sus sesiones de yoga entre los presos, su rechazo a la violencia. Todo eso unido a su tendencia a aparecerse en cualquier rincón de la cárcel donde estuvieran repartiendo palos. Su erudición casi infinita y un tanto anticuada, como le toca ser a la verdadera erudición en tiempos de google. Su antiamericanismo irredento, sus grandes planes para Latinoamérica, sus teorías de las conspiraciones de los nexos entre el fascismo, el peronismo y el castrismo y sobre todo su infinita paciencia para con el mundo en cada una de sus manifestaciones incluido el cáncer que estuvo a punto de matarlo el año pasado. Menos mal que le conté todo eso a Pintoretto porque al llegar donde Eltico apenas tuvo tiempo de hablar con el Cenizo.
Allí estaba Picó.
A Picó se lo encontró Eltico no hace mucho. En un supermercado. Estudiaron juntos en el preuniversitario, se cayeron a golpes unas cuantas veces pero Eltico lo recuerda con cariño. Eltico recuerda con cariño a casi todo el mundo. Basta con que no sea demasiado hijo de puta. Cuando se trata de un canalla más allá de toda redención dice simplemente: “Ese tipo es un saquito de mierda”.  Y para la cantidad de gente que conoce ha repartido muy pocos saquitos de mierda. Apenas tres o cuatro. Eso le da a los saquitos un peso enorme, aplastante. De Picó siempre hablaba con cariño pero para nosotros era apenas eso, un personaje de las historia de Eltico. Hasta ese día. Picó se apareció en el barbiquiú solo un momentico, dijo, porque iba camino al gimnasio. Pero no se movió del asiento hasta tres horas después, cuando ya la mayor parte de los invitados de Eltico se habían ido. Durante esas tres horas monopolizó la conversación. No es que no dejara hablar a los demás sino que todo el tiempo que estuvo no se habló de otra cosa que de Picó y sus problemas. Mi proyecto de conversación entre Pintoretto y el Cenizo se frustró. Enfocamos nuestra atención en Picó, empeñado en explicarnos lo terrible que era su vida manejando un camión catorce horas al día. Trabajar para mandarle dinero a su familia en Cuba y llegar a la conclusión de que la vida es, aquí y en Cuba, la misma mierda.
Esa misma semana, un par de días después del encuentro con Picó vimos a Robby. Era el cumpleaños de la mujer. No soporto a la mujer de Robby, y el mismo Robby, si uno no está totalmente decidido a seguirle la corriente, es abrumador. Porque la corriente que hay que seguirle es siempre la misma: tan espesa y profunda que si tratas de remontarla te ahoga. Lo mejor con Robby es mantenerse en la orilla, bebiéndose un mojito y fumando un tabaco en el balcón de la casa que da para un parqueo horrendo. Por la gente que se reúne en las fiestas de Robby y Adriana pensé que sería bueno llevar a Pintoretto a esa fiesta y así de paso conociera otro tipo de personajes que nos gastamos por aquí. Porque es un ambiente muy diferente al de los barbiquiús de Eltico. Robby nació aquí en Nueva Jersey, de padres cubanos, pero consideraría altamente ofensivo que no se lo considerara tan cubano como a cualquiera nacido en La Habana o en Mayarí Arriba. Fue a Cuba a realizar el trabajo de campo de su doctorado en etnomusicología y en Holguín conoció a su mujer, un ser paliducho e histérico tan difícil de resistir como un cigarro encendido dentro de los calzoncillos. Antes me compadecía de Robby pero ahora comprendo que, cada cual a su modo, son igual de insoportables. Lo alivia, por suerte, el que Robby conozca un montón de músicos que, si están de buenas y Robby lo permite, sacan los instrumentos y arman descargas memorables. El problema es que Robby suele echar mano a un tema serio de conversación que casi siempre es el mismo: el derrumbe de la República Americana bajo el peso de sus propias insuficiencias. Lo que consigue es que todo el mundo se le aleje: empezando por su mujer y terminando por mí. La excepción son, por supuesto, los novatos que, a falta de una advertencia oportuna, se le acercan atraídos por su porte elegante, su voz profunda, sus ademanes lentos. Esta vez le tocó a Pintoretto.
A Cavallero fui a verlo por culpa de Pintoretto. Nunca había ido a su casa. Y habría mantenido toda la vida esa virginidad pero temí que en medio de la noche Pintoretto se perdiera en Manhattan y fuera incapaz de llegar a New Jersey. Pintoretto tiene una relación mágica con las cosas y como encima tiene la suerte de que esa idea equivocada de la vida le funcione con bastante frecuencia anda convencido de que la razón lo acompaña. Siempre. Eso explica también su relación con Cavallero, un tipo sinuoso y calculador que sin embargo tiene en Pintoretto una especie de guía espiritual. O más bien como su espejo mágico particular. Como Pintoretto orientó sus primeras lecturas serias lo considera, si ya no un mentor, al menos un punto de referencia para determinar cuánto ha trascendido en su incesante búsqueda de la inmortalidad como crítico de arte. Desde que Pintoretto le comentó que su último libro le parecía fallido no deja de acosarlo para convencerlo de que está equivocado. Pero si bien su acoso es sofocante no es agresivo. Como si temiera romper con la más fiel referencia que ha encontrado para establecer su valor real. Pintoretto es la única persona a la que le profesa un verdadero respeto. Al resto de la humanidad la trata o bien con un insondable desprecio ―si es esa inmensa mayoría que considera por debajo de él― o, si se trata de aquellos a los que quiere sacarles algo, con total sumisión. Sólo Pintoretto habita ese desolado término medio. Yo, en cambio, soy uno de los tantos que desprecia y a los que, si tiene oportunidad de encontrarlos a su merced, les pisará los dedos. Vive convencido de que: a) los conocidos de hoy pueden ser los enemigos de mañana; b) y de que los escrúpulos sólo sirven para impedir actuar de la manera que más le convenga. En la galería de arte en que lo encontramos insistió en que lo acompañáramos a su casa. En un aparte le dije a Pintoretto que fuera y se quedara esa noche en casa de Cavallero y así me quitaba la preocupación de cómo regresaría a mi casa. Pero Pintoretto si a algo teme más que a perderse en Manhattan es al extraño sentido de la hospitalidad de Cavallero (ya una vez lo dejó en la calle en medio del invierno) me rogó que lo acompañara.    
Fuimos a su apartamento en Lexington y la 25 y nos sentamos en la terraza del penthouse. Se acababa de mudar. La terraza tenía una vista preciosa del Gramercy Park y de los edificios más emblemáticos de Manhattan. Alguien que lo conocía desde el preuniversitario me había dicho: “Cavallero solo se dirige a ti por estas tres razones: para pedirte algo, para sacarte alguna información o para restregarte algo en la cara”. A falta de que otra razón se revelara a lo largo de la noche Cavallero nos había llevado hasta allí para restregarnos el apartamento que acababa de conseguir.
El tema principal que tenía preparado para disertar esa noche en la terraza era el racismo en los Estados Unidos. Un racismo según él omnipresente y asfixiante. Y lo que lo hacía peor que el racismo cubano es que no se detenía ante las diferencias de tonalidades. “Una gota de sangre negra basta para que te consideren negro” decía y en sus palabras se sentía el crepitar de las cruces de fuego del Klu Klux Klan.
Cavallero es mulato. Tiene la piel de un chocolate muy claro y el pelo rizado.
La piel de Robby es mucho más oscura. De un negro cerrado y mate.
Picó es la noche misma.
Quizás esos detalles ayuden a aclarar un poco sus obsesiones. Pero no del todo.
Picó dice que apenas duerme. Solo unas cuatro horas al día. El resto del tiempo lo pasa manejando el camión y mandando paquetes para su familia. Todo para que al visitarlos en Pinar del Río darse cuenta de que ellos allá viven mejor que él aquí. Cuenta que acá un hermano inválido para el que no encuentra suficiente atención médica. Y aclara que no se considera un inmigrante político sino económico. Cuba y Estados Unidos son parte de la misma mierda. El que está arriba siempre está tratando de joderte y no puedes hacer otra cosa que aguantar.
Robby dice que la república norteamericana ha perdido su propio sentido de legalidad. Que presionada por sus necesidades imperiales viola a cada minuto las bases sobre las que se constituyó. No tiene sentido compararla con Cuba porque Cuba es un caso anómalo en el que la propia idea de república, de constitución y de leyes está fuera de lugar.
Cavallero no encuentra otro ejemplo concreto de racismo que el recuerdo del día en que se mudó a un edificio (otro, no ese en el que vive ahora) y alguien lo tomó por un empleado del lugar. Y Cavallero achaca esa confusión al color de su piel.
Cada vez que comienza a hablar Picó dice “en mi criterio…” con el tono del que está convencido de que fuera de Cuba todo lo que se dice en nombre de un criterio personal es indiscutible.
“Indiscutiblemente” es la muletilla con la que Robby encabeza cada una de sus afirmaciones.    
Cavallero no usa ninguna muletilla al comienzo de sus frases. En cambio, cada vez que expone sus argumentos de por qué el racismo norteamericano es más opresivo que el cubano termina diciendo: “I’m sorry pero es así”.
Picó no llega a decir que se siente tremendamente solo. Robby no menciona el detalle de que nunca terminó la tesis por la que fue a investigar a Cuba y que, al no graduarse su ilusión de convertirse en profesor universitario está condenada a no hacerse realidad. Cavallero no menciona su puesto de profesor en Princeton ni los libros o artículos de crítica de arte que publica pero, al menor descuido, nos pone en las manos la última antología en que aparece un texto suyo. Tiene ejemplares en todas partes. En un librero junto a la terraza, en el baño, debajo de la gorra que puse en la mesa frente a la que estamos sentados.
Le comento a Picó que no se debe engañar. Si no regresa es porque sabe que si lo hace a su vida se le acabará el poco sentido que le queda. Me responde que a donde le gustaría regresar es al pasado. Al momento inmediatamente anterior a su salida. A encontrarse con todas las cosas que tenía en ese momento y no apreciaba.
A Cavallero le pregunto si no le parece tan racista considerar negro a todos los que tengan una gota de sangre negra como considerarse superior por contener menos sangre negra que otros. Cavallero se niega a la comparación: el segundo caso le parece de una sofisticación superior y, por tanto, más aceptable. Luego de eso bajo a la calle a fumar.
Robby permite que se fume en el balcón. A él solo me le acerco para preguntarle dónde están las cervezas.
Picó finalmente confiesa qué es lo que le quita el sueño: no es rico. No quiere regresar a Cuba y vivir de los ahorros o del retiro que ha acumulado en los Estados Unidos. No. Quiere tener dinero para tirar a manos llenas.  
Robby desea que los Estados Unidos retomen los ideales republicanos sobre los cuáles fueron fundados.
Cavallero aparentemente lo tiene todo. No queda claro si desea que el racismo desaparezca de raíz o convertirse él mismo en blanco, como Michael Jackson, aunque de una manera más discreta.
No es difícil ver a los tres como manifestaciones del mismo fenómeno, el complejo de la raza. La conciencia de una injusticia fundamental e irremediable. Picó posiblemente piense que si fuera blanco al menos tendría mujer. Robby no pretende ser blanco. Reivindica con energía su condición de negro y sin embargo intenta distanciarse ―en su modo de hablar, de conducirse, en los temas de conversación que escoge― de la imagen folklórica del negro ligero y divertido. Así hasta el punto en que no parece ni negro ni blanco sino una especie de robot ligeramente humanizado. Cavallero es una variante de la misma actitud. Habla de un escritor mulato que ganó recientemente el Pulitzer por escribir un libro que a él le parece insufriblemente folklórico. Como insinuando que si escribiera sobre arte tercermundista en vez de dedicarse al europeo ―o si llevara en la piel un color que no supusiera determinados temas― ya habría recibido un Pulitzer hacía rato. Su condiscípulo del preuniversitario tenía razón: invitó a Pintoretto a verlo para restregarle lo bien que le va pese al racismo imperante en el país. Para que se imagine que de no ser por el racismo ya habría ganado el Nobel.
Yo, que albergo casi la misma porción de genes africanos que Cavallero nunca he pensado mucho a qué raza pertenezco. Alguna vez le pregunté a mi abuela cuál era mi color porque ―le decía extendiendo un brazo para que la piel diera testimonio por mí― blanco no era.
-Tú eres trigueño. Color cartucho.
Y con eso dejó zanjado el asunto por las próximas dos décadas, las más decisivas para cualquiera en lo que atañe a la creación de complejos.
Bendita sea mi abuela.
Las mujeres. Ese es un tema en el que los tres vuelven a distanciarse. Robby se siente totalmente dependiente de una mujer que lo detesta por no comportarse como un ser humano en casi ninguna circunstancia. O porque ella solo estaría satisfecha con alguien que estuviera a la altura de lo que ella cree merecer. O que al menos la despreciara al punto de conseguir que ella se sintiese inferior. A Cavallero le gustaría zafarse de la rumana fría y pálida casi hasta la transparencia que tiene por mujer y unirse a cualquiera de las admiradoras de su entorno, de esas que no lo conocieron cuando era pobre y se habría camino contrabandeando obras de arte  y muebles antiguos. La obsesión de Picó con el dinero se afinca en la esperanza de que su soñada solvencia les haga olvidar a las mujeres lo feo que es.
Pero la mayor diferencia entre ellos es de carácter. Picó es un alma simple perdida en circunstancias que lo superan, circunstancias que trata de esquivar planteándose falsos problemas. Robby es un sufridor que ante el temor de no alcanzar la altísima idea que tiene de sí mismo, prefiere no hacer nada. Esa idea de sí pasa sin embargo por una alta exigencia moral que le impide hacerle daño a alguien que no sea él mismo. O quizás es al revés: quizás sean sus exigencias morales las que le impiden funcionar en un mundo que considera esencialmente sucio.
Cavallero, bueno.
Cavallero es un saquito de mierda.

martes, 11 de julio de 2017

Hablando de este blog

A propósito de mi blog y su décimo aniversario el programa 1800 Online de Radio Martí me entrevista. A Juan Juan Almeida García y a Lizandra Díaz Blanco les agradezco sus atentas e inteligentes preguntas.



domingo, 9 de julio de 2017

Y veinte, que no es nada...

Hace veinte años, el 9 de julio de 1997 era yo el que llegaba a Nueva York procedente de Madrid a empezar una nueva vida por tercera vez:
"Al llegar a Nueva York debemos hacer la cola larga y silenciosa de los inmigrantes permanentes, refugiados de todo el mundo, de los que antes desembarcaban por Ellis Island y saludaban a la Estatua de la Libertad: iraníes, judíos, yugoslavos y una familia rusa cuya matrona lleva, en lugar de la pierna, una prótesis que es en realidad un trozo de árbol con corteza y todo, a la que alguien tuvo la delicadeza de afinarle la punta con un hacha. Mientras esperamos que en nuestro pasaporte pongan el sello de residentes temporales, veo a un agente de aduanas negro revisando el tambor africano que trae un pasajero. De pronto, como si se olvidara de su condición de funcionario, improvisa una pequeña rumba en el tambor. Sigo buscando señales en un país lo suficientemente desenfadado como para que un agente de aduanas se tome su trabajo de esa manera. Cuando por fin salimos nos esperan nuestros patrocinadores, unos viejitos que hasta el día de hoy se han comportado como achacosos y discretos ángeles de la guarda. Salimos al aire libre y me golpea el olor a asfalto a punto de hervir que me recuerda a Cuba. Como me la recuerda la maleza hirsuta y requemada a los costados de la carretera. Todo eso me provee de la cuota mínima de familiaridad para empezar a agarrarle confianza a un lugar que deberé tratar de hacer mío"

sábado, 8 de julio de 2017

Quince años


Mi madre es ahora quinceañera. Quince años fuera de Cuba, de vita nuova. Y los anda celebrando como sus quince originales. Hace años llegó al aerpuerto JFK, bajando la voz cuando a la conversación asomaba el nombre del innombrable. “Que ya no estamos en Cuba, vieja” tuve que decirle. Y tan demacrada que con aquellas inmensas con que la gente salía de Cuba en lugar de ir a casa decidí llevarla directamente a un buffet, all you can it, para que se vengara al instante de toda el hambre reciente. Y en efecto, la cara cara le cambió luego de comer como no la había visto nunca. (Curioso que no diga que se fue de Cuba por motivos económicos). Disfruta estos quince vieja. 

domingo, 28 de mayo de 2017

Estos son mis favoritos ¿cuáles son los tuyos?

Viendo el listado de los posts más leídos de mi blog descubro que buena parte de ellos se debe a circunstancias externas, ajenas a la calidad intrínseca de los posts o al placer que me produjo escribirlos. Que poco se corresponden con aquellos que, por una razón u otra, recuerdo con más cariño. En mi caso personal por el trabajo que me dieron están los resúmenes anuales; por cuestiones sentimentales la historia de la Agrupación 30 de febrero; por disfrute musical la serie De Machito a Irakere; por combinar diversión con el vértigo de la noticia los dedicados a los Mundiales de Fútbol del 2010 y del 2014; por la respuesta del público el post dedicado a los olores de La Habana, cualquiera dedicado a Silvio, los tests, los diálogos o aquellos dedicados a la Biblioteca y la Filmoteca Básica del Gusano. Abajo va una lista de post sueltos que recuerdo con especial cariño.











Pero ahora me pregunto, para ti amigo lector ¿cuál es tu post favorito?

sábado, 27 de mayo de 2017

Llegamos: ¡Este blog cumple diez años!

Ahora caigo: hoy se cumplen 10 años de este blog. Se dice fácil. 1,450,435 entradas de visitantes, 3,377 posts. Con un máximo de posts en su tercer año de vida, el 2009 (693), o sea, casi dos al día, se mantuvo a un ritmo de alrededor de un post diario los primeros seis años. A partir del 2013 el blog ha iniciado una lenta pero indetenible decadencia hasta llegar a su ritmo actual de dos entradas semanales. En mi descargo pudiera aducir muchas cosas pero más que explicar su decadencia debería preguntarme por qué sigue existiendo. Razones habrá unas cuantas pero ninguna más importante para mí que la lealtad de sus lectores. No es que todavía muchos sigan visitando esta página sino que buena parte de los diez posts más leídos corresponden precisamente a sus últimos tres años de existencia, aquellos en que he debido prodigarme menos. Ustedes son principal razón para tanta insistencia de mi parte. Como en aquel bolero ustedes son los culpables.

Lista de los diez posts más leídos del blog en sus diez años de vida:

2.- Firmas
6.- Sic
7.- Lo normal
10.- Conversatorio

Y esto lo que anunciaba en el primero de mis posts, hace ya diez años:

"Este va a ser un blog muy personal, dedicado a los amigos y ocasionalmente a los enemigos aunque tampoco se le niega la entrada a los neutrales o, como se pudiera decir desde una perspectiva más amplia, el resto de la humanidad. Aquí aparecerán textos de Enrisco y de Enrique Del Risco, sujeto con el que a menudo se le confunde. Pienso además utilizar el blog para compartir todo tipo de materiales que me encuentro en la red. Espero también contar con los aportes de amigos y hasta de enemigos, que uno los evita pero que son como la sal de la vida pero crean más problemas a la presión sanguínea. El énfasis mayor será en el humor pero sin exagerar, que es bueno llorar de vez en cuando para descansar de lo bonita que es la vida. Espero que lo disfruten"