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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Trascendencias

Roberto González Echevarría eminente profesor y crítico literario cubanoamericano de la universidad de Yale publica libro con una editorial provincial en Cuba (Capiro, de Santa Clara) con una humildad digna de imitarse. Recibe Premio Nacional de la Crítica por dicho libro y no cabe otra cosa que felicitarlo incluso cuando se trate de un premio menor entre otros galardones más vistosos que ha recibido el crítico. En cambio su declaración de que la decisión del jurado “revela que hay gente que se da cuenta de que mi trabajo trasciende la política” sorprende –por ingenua- precisamente en alguien cuya profesión se basa en la lectura e interpretación de textos. Cualquiera sabe que en un país que ha definido una y otra vez su política cultural por lo que esté “dentro de la Revolución” no puede existir nada capaz de trascender la política.


Post Data:


Por otro lado el escritor español Javier Marías se cree bastante menos trascendente. En estos días afirmó una vez más que no estaría dispuesto a recibir el premio Cervantes. “Cuando rechacé el Premio nacional de Narrativa ya dije que no aceptaría ningún galardón, ni invitación del Gobierno. ¿Quién paga el Cervantes? Pues ya tiene su respuesta"

lunes, 27 de enero de 2014

Igualdad

Un exiliado, sagaz como pocos, insinúa que un disidente es alguien de "no muy claros procederes y procedimientos" (para el que ande lento de entendederas: que es un agente de la seguridad del estado) y para demostrarlo observa que:
"Quienes lo arrestaron lo llevaron cargado (ojo, no lo  arrastraron como a los otros disidentes) al auto patrullero de la policía, mientras que los otros disidentes en la manifestación, sí eran zarandeados, golpeados, humillados, vituperados por la multitud, pateados y arrastrados"
Nada, que al final hemos terminado siendo exquisitamente igualitarios. Que al menos las patadas sean repartidas sin la menor discriminación para que la prédica guevarista no caiga en saco roto.

martes, 26 de noviembre de 2013

Libertad

Artistas e intelectuales residentes en Cuba, compatriotas en general: cuando escuchen decir que allí hay una dictadura no se apresuren a desmentirlo. Primero piensen que tanto tartamudeo, tanto miedo, tantas verdades a medias y mentiras completas, tanta complicidad, tanta miseria en suma no van a parecer irremediables sino que ustedes optaron –libremente- por ellas. 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Recordatorio

A los que se dedican a atacar a los opositores cubanos gratuitamente: recuerden que hay gente a la que le pagan por ello y hasta mantiene a sus familias. Por favor, sean respetuosos con el trabajo ajeno. ¿O es que ese era el plan desde el inicio?

lunes, 3 de junio de 2013

Advertencia

No nos engañemos. Mientras en América Latina a “El lado oscuro del corazón” se le considere cine, a las viñetas de Eduardo Galeano, literatura, a las canciones de Silvio, poesía; mientras a Benedetti se le reverencie como poeta, Ricardo Arjona sea considerado compositor, mientras nos conmovamos con los peores versos de Neruda, mientras tantos farsantes y propagandistas subvencionados sean tenidos por intelectuales, mientras sigamos, digo, ofendiendo el buen gusto y el sentido común no deberá sorprendernos el éxito de esos delincuentes que tenemos por líderes políticos en la América Nuestra. O el de los delincuentes a secas. Es algo así como el karma. No se puede ser tan cursilón impunemente.

Post data: No hay que exagerar ni tomarse demasiado en serio lo que digo. Ni pretendo erigirme en arbitro de las estética sino mencionar ejemplos bastante evidentes; ni trato de decir que este o aquel no haya escrito de vez en cuando buenas canciones o buenos versos (no excluyo ni a Arjona ni a Buena Fe aunque en dichos casos si lo han hecho lo han mantenido en secreto). Tampoco digo que Videla o Sendero Luminoso existieron por culpa de la (mala) literatura o la (peor) música. Apenas trato de señalar que hay cierta falla en la percepción colectiva latinoamericana que hace que la alternativa a un horror sea un horror aún mayor. Huyéndole a los malos cantantes populares nos regodeamos con cantautores infames como mismo creímos que la alternativa a Batista pudo ser un Fidel Castro, o el camarada Gonzalo a Alan García. Lo que digo es que no hemos superado la edad mítica, infantil que convierte en escandaloso que por ejemplo alguien se atreva a señalar el ridículo profundo de una manifestación cultural o política. Digo –en fin- que en Latinoamérica estamos tan inclinados a la idolatría que cualquier critica suena a blasfemia.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Estadísticas

Las estadísticas nos dicen que Cuba es el mejor país de Latinoamérica para tener hijos, o que la dieta cubana es más balanceada que la de cualquier otra parte. 

Lo que nunca van a explicar las estadisticas es la tendencia de los cubanos a irse a cualquier pais con peores estadisticas. 

(Para no hablar de los haitianos que por muchas estadísticas cubanas que les enseñen prefieren irse a República Dominicana un país -en lo que a estadísticas respecta- infinitamente peor).

sábado, 4 de mayo de 2013

Patria es inutilidad

Uno de los mayores logros del régimen cubano ha sido la producción de personas incapaces de funcionar en otro sitio, perfectamente inútiles para ganarse la vida normalmente: en ello radica no sólo buena parte de la nostalgia de muchos emigrados sino la resistencia de la sociedad cubana a un cambio.

(Más curioso todavía es cómo muchos cubanos asocian esa incompetencia a su condición nacional y terminan sintiéndose orgullosos de una ineptitud que los trasciende y a la que confunden con el patriotismo)

jueves, 2 de mayo de 2013

Fábula

La verdad que hay que estarle agradecidos a los Castros con esto de la descendencia ganando campeonatos de golf por darle un final tan ejemplar a esa fabulita llamada Revolución Cubana. Hay una novela de Kurt Vonnegut en que toda la Historia de la Humanidad -desde la crucifixión de Jesús hasta las guerras mundiales- era un sistema de señales creado por un extraterrestre para explicarle a los de su planeta que se le habia roto la nave y necesitaba una pieza de repuesto. Pues esto está casi al mismo nivel. Toda una revolución para que el hijo del líder pueda dedicarse a jugar golf.


[En la imagen: Fidel Castro diseñando el trazado de un campo de golf de 18 hoyos en Varadero]


sábado, 27 de abril de 2013

LASA y Cuba (con postdata)


El Nuevo Herald publica un artículo sobre las siempre extrañas relaciones de sobre la Asociación de Estudios Latino Americanos (LASA) con Cuba. El título (“Espías cubanos se infiltran en grupo académico en EEUU”) es tremendista y distrae de algo mucho más importante: entre la complicidad o negligencia de LASA hacia la dictadura cubana y el cuidado que pone esta última en decidir la composición de las delegaciones cubanas y en intimidar a los académicos menos complacientes LASA ha funcionado durante décadas en caja de resonancia de la propaganda de dicha dictadura. (No me mencionen las excepciones: esta generalización en injusta como cualquiera pero es básicamente cierta). Al artículo le falta mencionar detalles como que ante la torpeza de la administración de Bush de negarle la entrada a una delegación cubana en pleno el siguiente encuentro fue celebrado en Canadá con la intención exclusiva de asegurar la asistencia de los académicos residentes en Cuba. Incluso si fuera verdad la equidistancia de LASA hacia todos los académicos cubanos sin excluir “a nadie de la membresía en base a sus opiniones políticas” tal como dice su presidenta Evelyne Huber eso sin duda favorece la participación no sólo de académicos oficialistas sino hasta de agentes de la seguridad cubana con fachada académica y de simples propagandistas de la dictadura, unos y otros incapaces de ejercer un pensamiento crítico (valga la redundancia) que es lo menos que se espera de un académico. La neutralidad ante el mal siempre es parcial y para un académico un régimen que no respeta la libertad de pensamiento debería ser el mal encarnado. Y la verdad es que no es tan difícil distinguir a un policía o a un vocero de un estudioso.

Post Data: Duanel Díaz abunda en Diario de Cuba sobre las relaciones entre la academia y la Revolución Cubana en el plano teórico. Haroldo Dilla Alfonso se ocupa en Cubaencuentro directamente de LASA y la "delegación cubana".

Y nunca está de más recordar un clásico sobre el tema: el poema "Blanco mojoncito" del sin par Reinaldo Arenas.


Blanco Mojoncito
(a un profesor norteamericano en la universidad de Tulane, Nueva Orleans)

Blanco mojoncito,
quisieras ser guerrillero, pero cómo renunciar a
los productos Shaklee, a la loción después del baño,
a la nevera bien surtida ni (oh, de ninguna manera)
a la lectura del New York Times que tan puntualmente
llega a tu puerta.

Blanco mojoncito,
te arroban los desfiles militares y las marchas multitudinarias,
pero tu pie opta por el confortable 
Adidas y no por la bota rusa, y tu culo no cambiará
jamás (a pesar de su férrea ideología) el suave
papel sanitario por las cuatro hojas del Granma,
cuya tinta (dicho sea de paso) te dilataría las
hemorroides

Blanco mojoncito,
admiras las vastas plantaciones colectivas (¿koljós
o granjas del pueblo?) donde los jóvenes ya no tienen
que pensar ni soñar, pero permaneces acá en
tu espaciosa habitación refrigerada, armoniosamente
invadida por plantas ornamentales que se 
detienen junto a la biblioteca bien surtida donde
un afiche, EL FUTURO PERTENECE AL COMUNISMO,
domina el conjunto.

Blanco mojoncito,
ligeramente bronceado, consistente y pulcro,
comedido y escultórico, residuo casi final de una
dieta rica en proteínas y carreritas en short por
todo el parque, por mucho Baron Dandy o Air
Freshener ("shake well before each use") que
esparzas en tu impecable apartamento nada podrá
impedir que tu olor te condene.

Blanco mojoncito,
para ti todo marchará admirablemente mientras
esa teoría que defiendes y tan bien te alimenta
(¡Me dicen que ya tienes hasta el tenure professor!)
no se te aplique en la práctica, matándote de
hambre.

(Reinaldo Arenas, Nueva York, 1984)

miércoles, 24 de abril de 2013

El legado de Alfredo Guevara

La famosa anécdota que cuenta que cuando al Primer Ministro chino Zhou Enlai le preguntaron qué pensaba de la Revolución Francesa respondió que todavía era demasiado pronto para opinar de ella no aplica para el caso de Alfredo Guevara por las mismas razones que en los de Fidel Castro o Alicia Alonso: su larguísima existencia más que física, geológica, ya permite tomar la suficiente distancia para evaluar sus acciones. A esta altura puede determinarse que la herencia más duradera del fundador del ICAIC no es ni dicha institución, ni esa mezcla de pretensiones “artísticas” y chabacanería que es el cine cubano o ni siquiera su manera singular de colgarse la chaqueta de los hombros que pese a su insistencia nunca llegó a adquirir el rango de moda. Su mayor legado, el que sospecho más persistente y duradero, es de cierta concepción de la cultura cubana o más valdría decir de la Alta Cultura de la Revolución Cubana (dicho sea con mayúsculas para que ese conjunto de meras palabras parezca importante) que puede notarse en polémicas tan apartadas en el tiempo como las que rodearon al documental “PM” en 1961 o al reguetón al inicio de la segunda década del siglo XXI.

La famosa polémica que precedió las “Palabras a los intelectuales” fue, además de una lucha por el poder (cinematográfico) entre el grupo de Lunes de Revolución y el del ICAIC, una riña estética: la de cineastas forjados en una de las escuela europeas más pujantes del momento, la italiana, a donde habían ido a estudiar el núcleo de fundadores del ICAIC frente la más anglosajona o directamente filonorteamericana lidereada por Guillermo Cabrera Infante, Néstor Almendros y otros que habían pasado fructíferas etapas de formación en los Estados Unidos. Si fue Fidel Castro quien se encargó de fijar de una vez y para siempre los límites de la política cultural (el dentro y el contra, el todo y la nada) fue este Guevara quien se encargó de infundirle un tono: ese que se pretendía refinado pero que encarnó en la forma más vulgar del elitismo, la que representa al pueblo por el curioso procedimiento de darle la espalda y suplantarlo con una versión épica o romántica pero escandalosamente falsa.

 Frente a los borrachitos de “PM” el ICAIC enarbolaba campesinos infelices o jubilosos de acuerdo a la temporada de la Historia que se tratara, a milicianos enérgicos, a brigadistas dispuestos y obedientes hasta en sus desobediencias, a chivatos glorificados por el martirologio. No es de extrañar que la película más emblemática del cine cubano tenga por protagonista a un burgués frustrado y distante observador en funciones. Una cultura que se había “nacionalizado” a partir del reconocimiento de sus raíces por parte de las vanguardias locales desde las décadas del veinte y del treinta se reeuropeizaba en nombre de la batalla entre el socialismo y el capitalismo, entre el arte verdadero y el comercialismo, entre los rezagos del pasado y el futuro luminoso. Así como lo popular se rebajó a turístico y decadente, todo el cine cubano anterior a 1959 desapareció por decreto y Alfredo Guevara devino en fundador del cine nacional en un vuelo sin escalas de los hermanos Lumiere al ICAIC. De un cine sobrecargado de números musicales y cantantes y comediantes de moda se saltó al de imágenes de una severidad recién conquistada acompañadas con música electroacústica o cantautores quejosos pero combativos. Y a eso se le llamó progreso.

Habría que reconocer que como jefe de proyeccionistas Alfredo Guevara tuvo más fortuna que como pastor de cineastas. Se impuso, gracias a la intervención de su viejo cómplice en la universidad –el entonces primer Ministro Fidel Castro-, en una polémica con la ortodoxia de los viejos comunistas lo que permitió que en los años siguientes además del cine “socialista” se pudieran estrenar en Cuba producciones del capitalismo decadente. Su gran mérito fue defender que entre una y otra muestra del realismo socialista se pudiesen ver películas de Fellini o Antonioni. Pese a las potencialidades norcoreanas del comunismo criollo las pantallas habaneras fueron siempre mucho más abiertas que las de Pyongyang o hasta las de Moscú. Fue así cómo Alfredo Guevara se convirtió en un modelo a seguir de intelectual liberal sin ser lo uno ni lo otro.

En cuanto a la producción de cine se encargó de remedar los experimentos de Fidel en la ganadería con resultados parecidos: híbridos que reunían lo peor de sus fuentes de inspiración con uno que otro ejemplar que trataba de redimir a la manada. Decidir cuál sería la Ubre Blanca del cine cubano es tarea algo más difícil. En cambio si alguien le echa en cara su esterilidad cinematográfica yo seré el primero en defender su contención. Cualquiera que se haya asomado a sus libros sabe lo mucho que le debemos agradecer por tanto silencio.

El crítico Justo J. Sánchez intentó en estos días un epitafio: “Vivió en el poder absoluto la contradicción de ser Oscar Wilde en tierra de los Van Van”. La frase es sin embargo más rotunda que precisa. No sólo porque un homosexual con aspiraciones artísticas está tan cerca de Wilde como cualquier bizco con resabios filosóficos de Jean Paul Sartre sino porque Cuba antes de ser la tierra de los Van Van fue la de Matamoros, Piñeiro, Lecuona, Arsenio Rodríguez y Benny Moré. Los Van Van, Buenavista Social Club o el reguetón es lo que todavía puede producir el país a pesar de medio siglo de intervencionismo estatal, de ofensivas contra los “rezagos del pasado” y de experimentación diversa con la cultura nacional atendiendo a caprichos personales convertidos en ley.

Sería fácil y hasta útil emprenderla contra el gusto más o menos kitsch de Alfredo Guevara que propició tanta cursilería con ínfulas, contra su rechazo a la vitalidad de la cultura en nombre de la corrección (ya fuera política o estética), contra su confusión entre arte y propaganda, cultura y festivales pero todo esto oscurecería el sentido (¿profundo?) de su legado. Su herencia se hace presente cada vez que un funcionario de la cultura trata de darle un aspecto liberal a la obediencia estricta de las órdenes de los que mandan como intentó hacerlo Abel Prieto, quizás su más ajustado discípulo, hoy ya pasado a retiro. El legado de Guevara consistió sobre todo en que la destrucción de una cultura y de un país completo adquiriera un aire renovador de manera que en medio de las ruinas todavía se consiga hablar de una ganancia espiritual, la del espíritu de la Revolución o de cualquier otro. Atendiendo a sus deseos cremaron su cuerpo y las cenizas resultantes fueron esparcidas en la escalinata de la universidad de La Habana. Su espíritu en cambio está por todas partes.

martes, 16 de abril de 2013

La verdad


Las especulaciones mientras todavía se busca a los responsables de las bombas que estallaron ayer en Boston más que aproximarnos a lo que en realidad ocurrió nos informan –redundantemente- sobre la inclinación política de cada cual. Los conservadores tienden a pensar que se trata de una fuerza externa, preferiblemente islámica y alqaédica mientras que los liberales asumen que se trata de una causa endógena preferiblemente un tipo (porque hombre habrá de ser) o grupo de derechas. Un supremacista blanco o negador del estado. Espero que al menos los policías no busquen la verdad en sí mismos sino en las evidencias concretas que dejaron los terroristas –que de alguna manera hay que llamarles a quienes ponen un par de bombas en pleno maratón de Boston- tras las explosiones que han dejado a los bostonianos en un temblor. Que los encargados de investigar este crimen –ya le llamaremos “declaración política” si el culpable no era el que esperábamos- no crean que todo lo que debemos saber del mundo está en nosotros mismos, como proclamaría cualquier manual de autoayuda. 

sábado, 13 de abril de 2013

Positivismo


Un amigo a quien hace rato no veo me pregunta –así, de pronto- si le puedo decir algo bueno que haya hecho la Revolución. Y la verdad es que no se me ocurre nada o quizás alguna que otra cosa pero ninguna me convence del todo. Me pregunto si ya no puedo ser lo suficiente objetivo como para reconocerle algún gesto libre de un sentido perverso. Por fin le explico que es como si alguien -con el pretexto de liberarte de las garras de otro- te secuestrara durante cincuenta años: puedes pensar en las veces que te alimentó, que te trajo ropa, cuando te dejó ver la televisión, o te enseñó a tejer macramé pero todo eso está condicionado por la lógica del secuestro. No hay que ser demasiado suspicaz o desagradecido para pensar que incluso aquellas cosas que pudieron ser agradables o positivas las hacía para mantenerte secuestrado.

Y ya que estamos en esto les hago esta pregunta: ¿Acaso no se puede pensar en nada positivo que haya hecho la esclavitud por los esclavos?

Jay- Zhé


“I’m like Che Guevara with bling on, I’m complex” dice Jay- Z y tiene razón. Al Che Guevara, que era mucho más sencillo, le hubiera gustado Jay-Z con un tiro en la cabeza. Por pura envidia anticipada, claro. Por imaginarse desplazado en el imaginario infantil cubano por el rapero. "Pioneros por el capitalismo, seremos como Jay- Z" dirían en las escuelas entusiasmadísimos de sólo imaginarse millonarios y con Beyoncé de pareja. Pero no, el rapero complejo y profundo prefiere parecerse al Che. Con blinblín.

[La imagen cortesía de su autor Geandy Pavón]

jueves, 4 de abril de 2013

No lo defiendas compadre...


En Havana Times han aparecido varios artículos sobre el caso del escritor Angel Santiesteban en los que se señala la arbitrariedad del juicio y la intencionalidad política de la condena. Sin embargo en uno de ellos llega a decirse:
“Respecto a la señora Kenia, no sé porque motivos no impidió que Ángel fuese a la cárcel, hasta donde sé, creo que ambos tienen un hijo en común. De haber sido real la agresión debió pensar en su familia”
No me imagino peor argumento para defender el caso del escritor que acusar a la supuesta víctima de no “pensar en su familia”. Como si las mujeres fueran las únicas que debieran pensar en su familia y no el hombre en el momento en que las golpea. Como si en nombre de la familia debiera soportar todo tipo de agresiones. Porque ahí está la esencia misma de la violencia de género. No sólo en la supuesta debilidad física de las mujeres sino en su sometimiento en nombre de la familia a la cual se deben. Me niego a pedirle a su ex esposa que se calle una agresión si la hubo. ¿Cómo hacerlo –en ese caso- sin hacer causa común con el gobierno que los oprime a ella y a su supuesto agresor? Bueno, ya esa es otra cuestión bastante más complicada pero lo que sí debe estar claro es que no puede sustentarse un cambio democrático real minimizando el abuso sobre la mitad de la población.