El otro día sostuve un diálogo socrático con la jeba, o con mi señora esposa, como debe decirse en momentos tan sensibles como este. Un diálogo real, no de los que me invento a cada rato. Cualquiera que no la conozca, mujer delicada y sensible donde las haya, pensará que ella es un pretexto para ponerle en su boca palabras mías. O para el que la conozca superficialmente y la piense incapaz de abordar esos temas. Pero da igual ahora que ya nadie cree nada.
Yo: ¿Viste lo último de Luis Manuel?
Ella: No.
Yo: Hablaba de las diferencias de sabor entre las vaginas cubanas y las vaginas extranjeras. O las mismas vaginas en Cuba y en el extranjero.
Ella: ¿Y?
Yo: Que la gente está indignada.
Ella: ¿Qué gente?
Yo: La gente.
Ella: ¿La misma gente que le aplaude a la Diosa la papaya de 40 libras?
Yo: Más o menos.
Ella: Es que los cubanos nos creemos muy relajados pero en el fondo somos muy solemnes y muy hipócritas.
Yo: Algo de eso hay.
Ella: ¿Esos son los mismos que dicen que cuando la Diosa habla de papaya es una señal de empoderamiento?
Yo: Supongo.
Ella: Allí el único problema que veo es que la Diosa acuse a Luis Manuel de plagio.
Yo: No, lo acusan de chovinismo. De andar diciendo que las vaginas cubanas saben mejor.
Ella: Pues déjenlo que lo piense. Las pobres con el calor y los apagones, de algo deberían sentirse orgullosas.
Yo: Lo que no me queda claro si es una cuestión genética o climática. Si las vaginas cubanas saben mejor por porque son así de fábrica o es una mezcla del calor con la falta de jabón.
Ella: No sé, para gustos se han hecho los sabores. Mira a Generoso.
[Se refiere a Generoso Jiménez, el trombonista de Benny Moré, famoso por sacar a sus parejas a pasear por el mediodía habanero para ponerlas en el punto que deseaba. La anécdota la cuenta muy bien Paquito D’Rivera].
Yo: Entonces ¿no te ofende el comentario vaginal de Luis Manuel?
Ella: ¿Por qué iba a ofenderme? Ya te dije, si la papaya de la Diosa fue un éxito…
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