lunes, 26 de septiembre de 2016

José Fernández (1992-2016)

Nunca un jugador cubano tuvo comienzo más impresionante y prometedor en las ligas mayores. Debutó con veinte años con los Marlins de Miami y meses después ya participaba en un partido de todos estrellas. Al final de la temporada resultó siendo al mismo tiempo candidato a novato del año y al premio Cy Young al mejor pitcher del año por la Liga Nacional terminando primero y tercero en las votaciones, respectivamente. Tras dos temporadas reducidas por las lesiones y la convalecencia de una operación Tommy John en la del 2016 volvió a ser el lanzador dominante que asombró al mundo del béisbol y que desde ya lo mencionaba como uno de los mejores de todo el deporte, llamado a desarrollar una carrera a la altura de su talento monstruoso, incalculable. Cada salida suya al terreno de juego en las que desarrollaba una energía, competitividad y alegría muy poco comunes era una fiesta en la que entraba y disfrutaba todo el que deseara ser parte de ella. Calculo que muchos fueron los niños que se acercaron al deporte por seguir sus hazañas a juzgar. Y lo calculo por la devoción con que yo mismo seguía sus actuaciones, comprobaba sus estadísticas o seguía sus lanzamientos hipnóticos y devastadores: con ese interés que uno solo le dedica al deporte en la infancia.
No me quedan dudas que su muerte ha sido una de las mayores catástrofes de un deporte –el cubano- tan abundante en tragedias. Y lo más triste es que allá en la isla de la que escapó siendo adolescente nunca se darán por enterados de todo lo que se perdió la pasada madrugada: todo el orgullo equívoco y la alegría genuina que nos debía una carrera que apenas comenzaba.

P.D. Como no podía ser de otro modo la página deportiva del Granma ha ignorado olímpicamente la noticia de la muerte del lanzador.


Leonardo Acosta (1933-2016)

Siempre me ha resultado sorprendente y penoso que en un país con tanta música como Cuba  haya tan pocos escritores que se ocupen de ella. Alejo Carpentier era una excepción (como lo fue Guillermo Cabrera Infante) pero esa miopía que le impedía sopesar la importancia decisiva de la música popular limitó muchísimo su famoso libro. De ahí que sea tan apreciable el esfuerzo de Leonardo Acosta por dotar de una historia coherente y bien escrita al jazz cubano. Una que se pueda leer al mismo tiempo con interés y placer. Con la sensibilidad y el conocimiento de primera mano del músico que fue y la elegancia y precisión del escritor que terminó siendo (recibió el premio nacional de literatura en el 2007 y el de la música en el 2014) dotó a la música popular cubana de libros que por fin conseguían estar a su altura. Difícil imaginar empresa mas útil o elogio mayor.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Del fascismo como una de las bellas artes

"Por amor se está hasta matando" (“Cuba va”); "te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar" (“Te doy una canción”); "se aprende que matar es ansias de vivir" (“Un hombre se levanta”). Es lo que llamo una educación sentimental fascista, esa que tuvimos nosotros. Porque mientras el discurso más oficial se atenía a la letra de “La Internacional” que abogaba por eliminar la opresión los compositores de aquellas canciones que acompañaron nuestra infancia y adolescencia como discurso al mismo tiempo oficioso y contestatario no se hacían ilusiones. No bastaba con abolir una abstracción, la de la opresión misma. Había que matar. A los opresores, a sus sirvientes y, si era posible, a todo el que le pasara cerca. Aquellos cantautores venían a subsanar una de las mayores limitaciones del discurso comunista: no hablar claro. Cuidadoso de las formas y con toda la humanidad como público potencial el comunismo apenas se resignaba a buscarse enemigos de clase: todo el resto de la humanidad era su natural beneficiaria. El fascismo -nacido justamente para contrarrestarlo- es un comunismo cínico. Un comunismo que se asume con sus limitaciones y su violencia esencial y sin hacerse demasiadas ilusiones: más le valía a la humanidad que se alineara a su lado porque con el resto iba a ser implacable.
De ahí que en los márgenes del discurso comunista del castrismo clásico empezara a surgir este discurso sin ambages. Donde el buenismo comunista (atenuado por el pragmatismo rabioso de Lenin) no llegaba se apelaba al discurso de regusto fascista. Donde el “Proletarios de todos los países ¡Uníos!” o el “Pioneros por el comunismo: seremos como el Che” se tornaban difusos e impotentes se apelaba a la barbarie del “Si avanzo ¡sígueme!, si me detengo ¡empújame!, si retrocedo ¡mátame!” o el caudillista “Cuando sea, donde sea y para lo que sea Comandante en Jefe: ¡Ordene!”. La letra chiquita del nuevo contrato social incluía ingentes cantidades de sangre, una sangre que solo el discurso fascista podría conciliar a plenitud. (Ojo: esas frases con las que hoy identificamos al stalinismo al estilo de “La muerte de un hombre es una tragedia. La muerte de millones, estadística” son falsas atribuciones, o en el mejor de los casos, lapsus al margen del habla pública). El fascismo, ese romántico intento de conciliación entre el asesinato y la esperanza tenía que provenir desde sus márgenes. Ya fuera de la boca de ese paladín descartado que fue alguna vez el Che Guevara antes de integrarse de lleno al culto una vez muerto (“el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar") o en el de intelectuales tratados por mucho tiempo con suspicacia y desprecio.
De esos últimos el cantautor Silvio Rodríguez es sin dudas el caso más ejemplar. Su destierro -temprano aunque provisorio- del favor oficial no solo creó a su alrededor de un halo de rebeldía y resistencia un tanto exagerado. Silvio, luego de ser aceptado inicialmente como ejemplo de hombre nuevo descubrió muy pronto que en ese mundo nuevo “vivirle a la vida su talla tiene que doler”, que ser uno mismo es una tortura (en otra canción bajaría "el precio de ser uno mismo" a simple angustia), y que “nuestra vida es tan alta, tan alta/ que para tocarla casi hay que morir/ para luego vivir”. O ese final de la propia “Oda a mi generación” que transmuta la obediencia absoluta en acto heroico al proclamar: “sé que hay que seguir navegando/ sigan exigiéndome cada vez más/ hasta poder seguir, hasta poder seguir,/ o reventar”. A ese Silvio atormentado acudíamos los jóvenes y revueltos creyentes en la altura inalcanzable de esa vida a buscar todo lo que el discurso oficial nos negaba: el sexo, la muerte, las dudas, la desesperación, la rebeldía. Una rebeldía que resultaba a la larga una reconciliación de todo lo inconciliable: el paraíso y el miedo; la esperanza y la delación; la alegría y el crimen; el ansia de libertad y la sumisión. Dicotomías que solo podían resolver el masoquismo y la esquizofrenia. O la poesía. Soluciones oficiosas al gran problema del comunismo: cómo imponer cierta idea de la armonía universal al mayor número de gentes sin necesariamente contar con ellas.
El fascismo es la solución a dicho problema en la forma de romanticismo cínico. Uno que concilia contrarios sin hacerse ilusiones: o sea sometiéndolos unos a otros. Esa alquimia táctica que es la poesía en tiempos de Revolución se encargará de mutar una cosa en su contrario: la muerte en vida, el odio en amor, la cobardía en valor, la opresión en libertad. A cambio se le permite mencionar libremente la muerte, el odio, la cobardía y la opresión con la convicción y el desenfado de los profetas. (En nuestro contexto fue el poeta Emilio García Montiel de los primeros en desnudar tal operación en aquellos reveladores versos: "yo imitaba a los héroes con la vieja confianza que da la mansedumbre/ con su oscura prudencia"). Ese comunismo descarnado que es el fascismo -una vez convenido que relaciones de propiedad e ideología son la epidermis de un mismo afán de dominación- es lo que en medio de la aridez del comunismo original atrae a los elementos más díscolos y los ímpetus menos controlables de cada sociedad. (Visto al revés el comunismo vendría a ser un fascismo hipócrita). En favor de las autoridades cubanas hay que reconocer qu se requiere de cierta dosis de pragmatismo, cierta amplitud de miras, para que aceptaran, en medio de la ortodoxia ideológica que alguna vez reinó, la morbosa franqueza de este discurso. Sin embargo una vez que desde el poder se reconoce que esa alquimia fascista no es más que la lógica secreta de su discurso público se entiende al fin que es el medio más eficaz para reemplazar los viejos mandamientos por las nuevas normas que él mismo promueve. Sobre todo aquellos mandamientos que nos prevenían contra impulsos tan antiguos como codiciar bienes ajenos, robar o deshacerse del tabú que persiste en contra del asesinato. Es el sentimentalismo brutal de las metaforas que citaba al principio el que consigue que el sometimiento a la férrea lógica del totalitarismo suene como algo indómito y glorioso.

Fragmentos de "Los comandos del silencio", la serie "infantil" dedicada al movimiento Tupamaro que usó como tema principal la pieza "Un hombre se levanta":

sábado, 13 de agosto de 2016

Serenata

(Lo que empezó como un simple saludo al aniversario 90 del Innombrable, mi humilde contribución al "Happy Birthday" que la humanidad entonará a coro agradeciéndole a Lina la idea de traerlo al mundo, se ha convertido sin querer en una pequeña antología que reúne parte de las canciones que ha inspirado en términos no necesariamente elogiosos. Les agradezco especialmente sus contribuciónes a este post a Boris Larramendi, Manuel Sora y Roger Acosta).
Los orígenes del género anticastro son difíciles de precisar. Lo cierto es que con su imperio absoluto sobre la conciencia de los cubanos la referencia máxima del castrismo propició el surgimiento y circulación de la canción anticastrista. No sólo por la inagotable fuente de inspiración que representó. El silenciamiento de toda crítica o burla terminó consiguiendo que la más remota alusión a un ente poderoso, asfixiante, opresor, mentiroso o perverso fuera entendido como alusivo a su persona. Un silencio rellenado a golpe de complicidad. Como en toda dictadura que se respete. Yo –a falta de ejemplos anteriores arrancaría este género donde menos se suele buscar: en uno de sus mayores aduladores de la últimas décadas, ese que pasó de ser una voz disonante de esa apoteosis de la uniformidad que era el castrismo a convertirse en rimador de amor con horror ¿o es que siempre lo fue? Efectivamente: Silvio Rodríguez cuya famosa “Ojalá” fuera entendida de inmediato como condena “a tu viejo gobierno de difuntos y flores”. (El uso que le dio la oposición a Pinochet a esa canción se basa tanto en las posibilidades políticas de dicha canción y en la similitud de la paranoia interpretativa que provoca toda dictadura). Algo más franco –y por ello difundido clandestinamente durante décadas hasta que decidió grabarla en el 2002 es el texto de “Ese hombre”
En sus estrofas más críticas dice: “Ese hombre que por hechos o por dichos/ es amado tanto/ ese hombre que por dichos o por hechos/es alabado tanto/ se cuide de sí, se cuide de él sólo/ porque hay un placer perverso en creer/ merecerlo todo/se cuide de sí, se cuide de él sólo/ porque el mismo don que lo levantó/puede ahogarlo en lodo”.
Incluso perteneciendo a lo que se da en llamar “la crítica constructiva” su difusión pública era impensable en aquellos tiempos en que alusiones mucho más tímidas eran tipificadas como delito.
En 1970 el fracaso de la zafra de los 10 millones anunciado en un discurso raramente autocrítico por el padre del proyecto precedió del estreno por parte de Tata Guines y sus Tataguinitos de una composición de Jorge Poso Sayú en los carnavales de ese año: “Perico no llores más”. Decía en una de sus versiones "Tápale la boca a ese perico que está llorando/ con la maraña que ha hecho se está embarcando":


En cambio los compositores extranjeros contaban con la ventaja de no tener que contar con tales subterfugios para expresar una idea bastante elemental. Fuera de la isla el Innombrable tenía nombre como ocurre en el caso de War (me lo hace notar el poeta Manuel Sosa) la banda funk-rock norteamericana y su “Fidel’s Fantasy” en la que Fidel sueña con un tiempo en que la gente lo quería y era libre. “Are they really happy there, having left/ Their homes and families... ha, ha, ha... Fidel?/ They're not free, your land's not free, your not free”.
Ahí está el compositor colombiano José María Peñaranda (1907-2006) autor de las conocidas “Se va el caimán” (que en su tiempo también supuso un doble sentido político anunciando la caída de algún dictador) y Me voy pa' Cataca (más tarde grabado por La Sonora Matancera como Me voy pa' La Habana). En 1974 Peñaranda graba acompañado de su conjunto “En Cuba no falta nada” con un estribillo que hoy sería considerado políticamente incorrecto y en aquel tiempo también aunque por otras razones:
En Cuba se vino a escuchar dicha canción (en condiciones de discreción extrema) bastante tiempo después cuando en 1985 Tommy Olivencia decidió hacer una doble versión: una que recogía íntegra la letra original y otra en que sustituía el vocablo ofensivo por “el del tabacón”.  


En la isla la censura liberaba a los compositores de las exigencias de la claridad. Bastaba cualquier estribillo oscuramente acusador para que el público viera una clara alusión a quien regía sus destinos como en el estribillo de la Ritmo Oriental “Aquí el que manda es Mulé” o “Mentira, quien te lo va a creer” de Alberto Herrero incluso si el resto de la canción no justificaba el esfuerzo interpretativo. Por si acaso –al menos en el caso de la primera- eso a los censores les bastó prohibieran la canción al punto que hoy se hace inencontrable.
El caso de “Ese hombre está loco” de Fernando Rodríguez popularizado por su hermana Tanya y el grupo Monte de Espuma es totalmente distinto. La canción, incluida en el disco “Latino” de 1987 alcanzó una enorme popularidad mientras la gente no paraba de relacionar el estribillo con El Hombre. Solo que esta vez no se trataba únicamente del estribillo.

El “interior” de la canción también podía leerse como una cuidadosa denuncia de la desmesura del poder castrista. No faltó quien en la estrofa que decía
“ese hombre está loco/ quiso soñar de más/ y mientras mariposas perseguía/ otro hombre moría”  

Quiso ver una alusión a la muerte del Che mientras ese hombre se entregaba a faraónicas empresas agrícolas. O quien en la siguiente estrofa vio una referencia a la paranoia bélica del fundador del castrismo y a sus relaciones con Estados Unidos:
“él creyó que la tierra/ se debía a la guerra/ él creyó en un altar/ él creó un enemigo/ que en realidad era amigo/ sólo un amigo más”

Cuando la censura reaccionó para hacer su trabajo (eran los años de la perestroika, años en que la censura andaba confusa y lejos de su capacidad de reacción habitual) la canción era demasiado popular como para hacerla desaparecer sin crear mayor escándalo aun. Lo que se intentó fue corregir la interpretación popular produciendo un video clip en el que aparecían imágenes de Hitler o Reagan (el Hitler de turno de la propaganda oficial) pretendiendo que aquellos eran a los que estaba dirigida la canción.
No obstante la gente no se dejó distraer y se cuenta de un famoso incidente en el cine Payret cuando en medio de uno de aquellos Noticieros ICAIC que reproducían largos trozos de discursos del susodicho la gente se puso a entonar el ya famoso estribillo. (Si entre los lectores de esta nota hay algún testigo presencial se agradece aportar su testimonio).
Otra composición que adquiriría condición de legendaria sería “Abuelo Paco”. Su autor, Pedro Luis Ferrer, la incluiría en su álbum de 1994 “100% cubano” pero que desde unos años antes la había hecho popular en conciertos y grabaciones caseras.
Compuesta en clave alusiva las referencias a la realidad eran bastante más transparentes al resumir la historia que va del triunfo revolucionario a la implantación de la dictadura.
Abuelo hizo esta casa, y aunque todos la vivimos
con la suerte que conlleva cuidarla en el sacrificio,
para mover un alpiste hay que pedirle permiso;
si abuelo no está de acuerdo nadie cambia el edificio


Aunque en la cuerda del reconocimiento de méritos y la crítica constructiva Ferrer entraba en el territorio de lo imperdonable al señalar la naturaleza represiva del sistema implantado por el abuelo Paco:

Ten paciencia con abuelo; recuerda bien cuanto hizo;
no contradigas su afán; ponle atención a su juicio
gasta un poco de tu tiempo complaciendo su egoísmo.

No olvides que abuelo tiene un revólver y un cuchillo;
y mientras no se lo quiten abuelo ofrece peligro.

Aunque sepas que no dile que sí;
si lo contradices, peor para ti.

Mientras tanto en el extranjero aparecía alguna que otra canción referida al Máximo Líder ya fuera en términos juguetones y burlones como en el caso de la Samba do Fidel (2009) de los brasileños Os Mutantes o en en el bastante más agresivo Anti-Castro (2000) de Brujería.

Apenas unos días antes de la repentina enfermedad que apartó del poder al ahora cumpleañero salía al mercado el disco Boomerang de Habana Abierta “Basta que lo digas tú” de Boris Larramendi y Kelvis Ochoa centrada menos en la denuncia o la acusación que en la ambivalencia entre la canción de amor y la sátira política. La tradición de la canción antifidelista regresaba a los orígenes de “Ojalá” (y de paso se conectaba con el gesto antidictatorial del brasileño Chico Buarque en “A pesar de voce”) pero 40 años después en un tono bastante más desenfadado.
Un lustro antes el propio Larramendi había compuesto en tono similar “Canallona” pieza que nunca ha grabado en disco y raramente canta en público


Y luego en el 2010 compuso “La conga del mercenario” en los días que se exigía la liberación de los presos políticos en la isla.
Pero lo que ha marcado un antes y un después en el género al punto que en ese después ha quedado muy poco que decir fue “El Comandante’ de Porno para Ricardo compuesta y grabada (mérito añadido) en la isla y que le presento en la versión que empezó a circular a fines del 2006.



Y no es que desde entonces el Comandante haya seguido las recomendaciones inequívocas que le hacían desde la banda de punk rock pero lo cierto es que desde hace rato se le escucha bastante menos. La actual decadencia del género es atribuida a la no menos profunda decadencia de su inspirador aunque se prevee que su desaparición del mundo de los vivos traerá un momentáneo repunte entre compositores más vivos todavía.

jueves, 21 de julio de 2016

Caminando

Caminaba el otro día con un amigo mientras hablábamos. De cualquier cosa, que es de lo que hablan los amigos cuando por fin encuentran tiempo para no hablar de cosas importantes.
-¿Cubanos? –nos pregunta en español un tipo con acento extraterrestre. Para el que no sepa de lo que hablo ese suele ser un inicio peligroso de conversación. Una conversación pesada, llena de los tópicos con que los extraños quieren explicarte tu país.
Pero me equivocaba. La cosa iba a ser mucho peor.
-¿Qué piensan de los cambios?
Así. Sin anestesia.
-¿Qué cambios? –respondimos haciéndonos los idiotas (esa es la especialidad de los amigos cuando se reúnen y quieren que los dejen tranquilos hablando idioteces) pero ni así. Se refería a LOS CAMBIOS. De esos que hay que hablar con mayúsculas y letra de molde. Fuimos elusivos como para que entendiera que no nos interesaba ser objetos de su curiosidad ni de su preocupación por el país que habíamos dejado atrás.   
Pero el extraño sí quería dejar bien claro que le preocupaba mucho lo que los cambios trajeran a nuestro país. Un blanco sudoroso de pantalones cortos y mochila. Bigote poblado y extenso. Una especie inédita para mí de la fauna urbana: una suerte de híbrido entre hípster y boy scout. No parecían importarle los derechos humanos de los cubanos: la libertad de expresión, de asociación, la de prensa, toda esa chatarra burguesa. Le preocupaba lo que pudiera pasar con uno de los pocos sitios en la tierra –junto a Corea de Norte pensé- todavía al margen de la influencia americana. Lo que pudiera sufrir mi pobre isla con la nefasta influencia del mercado y la cultura de masas. Muy novedoso y profundo pero como andaba en modo realmente frívolo hacía rato me había agotado las reservas de paciencia que poseo para esos casos. Así que le pregunté de dónde era.
-De Francia –me contestó como si tratara de adivinar cuál sería mi siguiente pregunta. Esta fue si él se dedicaba a decirle eso a todo el que se encontraba en su camino.
-¡Yo tengo derecho a decirle mi opinión a quien me dé la gana! –me dijo con rabia.
-Pues yo también tengo derecho a decidir a quién quiero escuchar –le respondí mientras el hípster-boy scout se alejaba dando aullidos feroces. Como si yo le hubiese pisado un rabo tan delicado como invisible.

Y de veras lo lamenté. Era una lástima que justo al final de la conversación me diera cuenta de que a él también le importaba la libertad de expresión. 

domingo, 10 de julio de 2016

La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

Desde el año pasado me aceptaron como miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Inc y este verano fui designado Secretario de Publicaciones y Redes Sociales lo que en la práctica se traduce en crear y mantener varias publicaciones digitales (blog, página de Facebook, de Twiter, etc.). Por esta vía quieron invitarlos a que visiten el blog de la susodicha academia que entre otras iniciativas pretende ir creado progresivamente un atlas histórico digital del exilio cubano y sus emigraciones. El objetivo de este atlas es dar a conocer aquellos lugares que tienen un significado especial para la historia y la cultura cubanas fuera de sus fronteras geográficas. Y esto es especialmente relevante en el caso cubano, un país en que el exilio no sólo precedió a la Nación sino que ha tenido un papel decisivo en su creación y desarrollo. Una de las primeras entradas ha sido justo un breve reporte sobre el primer lugar donde ondeó públicamente la bandera cubana (que no es donde suele pensarse) algo que va más allá del plano simbólico al ilustrar la materia compleja y multiforme con que se ha fabricado la historia cubana o -si lo pensamos de manera más amplia- cualquier otra. 

martes, 5 de julio de 2016

Antiguas y nuevas aventuras del racismo revolucionario

La revista Identidades publica en estos día un ensayo mío sobre lo que he dado en llamar el "racismo revolucionario". Los dejo con los dos primeros párrafos:
Antiguas y nuevas aventuras del racismo revolucionario
Por Enrique Del RiscoAntes de que, en medio de la conversión del castrismo a la fe capitalista, el fragor de la economía y los números terminen ahogando los ya apagados gritos de la ideología convengamos en una cosa: pocos regímenes como el inaugurado el primero de enero de 1959 ―si bien frustrado en lo esencial económico― puso de moda tantos productos del espíritu. Desde las barbas y melenas de sus héroes a la imagen de su Santidad Guerrillera atrapada por Korda y difundida por Feltrinelli; desde los logros deportivos a los educativos (por más que bastara ponerle un micrófono en frente a un deportista para empezar a dudar de la eficacia del sistema educativo que lo formó). De todos ellos pocos han tenido un impacto tan duradero en la conciencia universal ―les recuerdo que escribo desde una era hipster en la que han regresado las barbas aunque despojadas de melenas― como la llamada política racial de la Revolución Cubana. Poco importa que ―como señalara Sir Hugh Thomas― en el texto programático del castrismo temprano, “La Historia me absolverá” no hubiera la menor alusión al tema racial o ni siquiera se mencionara la palabra “negro” una sola vez, ni siquiera como parte del espectro cromático. O que en los albores de aquella Revolución nada anunciara que la cuestión racial se iba a convertir en leitmotiv de los primeros años de poder revolucionario.
Visto a cierta distancia se entiende. No se hubiera visto del todo coherente que un blanco hijo de inmigrante español llamara a una revolución en nombre de la equidad racial contra un gobernante mestizo ―negro en las estrictas categorías raciales norteamericanas― que mal que bien había llevado adelante una discreta política racial y que fue discriminado ―como insiste la versión oficial hasta el día de hoy― por parte de la burguesía cubana incluso después de haber llegado al poder. El mismísimo Fidel Castro ―a pocos días del triunfo de la Revolución que encabezara― diría a un periodista norteamericano que la “cuestión del color” en Cuba “did not exist in the same way as it did in the U.S.; there was some racial discrimination in Cuba but far less; the revolution would help to eliminate these remaining prejudices”. Pero no insistamos demasiado en declaraciones de la misma época en que el líder máximo de la Revolución insistía ―con persuasiva vehemencia― en que no era comunista. Apenas un par de meses después, en marzo de 1959 llamará a hacer “una campaña para que se ponga fin a ese odioso y repugnante sistema con una nueva consigna: oportunidades de trabajo para todos los cubanos, sin discriminación de razas, o de sexo; que cese la discriminación racial en los centros de trabajo”. Poco o mucho el racismo que hubiese en Cuba antes de 1959 a la Revolución (o a Fidel Castro, si es que hay alguna diferencia) le iban a bastar menos de tres años para declarar, el 4 de febrero de 1962, suprimida “la discriminación por motivo de raza o sexo”. Y la humanidad al completo necesitada de finales felices, parecía creerlo.
Luego de eso, el silencio.

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