jueves 29 de julio de 2010

Ogguere

Esto suena bien. Me refiero a la música, por supuesto. De la letra lo más profundo es el estribillo que dice "como está el yogurt":

Celebración

Esto es celebrar un gol y lo demás bobería:

Ariel Sigler Amaya en Miami

Imágenes de su arribo al aeropuerto:

Déjalo que sufra, asere

Como parte del plan vacacional de verano de la UNEAC (que al parecer proyecta enviar de visita al Norte Revuelto y Brutal a todos sus miembros que hayan pagado su cuota de asociado y se portaron bien en el último semestre) aterriza en Miami Albertico Pujol en su reciente avatar de pintor. Hasta ahí santo y bueno y hasta agradecidos a los de Vigilia Mambisa por no confundirlo con un policía encubierto que salía por televisión en los noventa. El problema es que no viene solo. Lo acompaña un catálogo firmado por Rufo Caballero. Y es que se entiende mejor que un actor se transforme en artista plástico que un tipo intente convencernos de que es crítico durante veinte años seguidos sin parecer otra cosa que un canchanchán que escribe enredado. Rufo es difícil de leer, es cierto, pero si se traduce lo que escribe el Caballero a alguna lengua reconocida por la UNESCO su grado de elaboración hace pensar en cuánto CVP está malgastando su talento en pedir identificación cuando podría estar rellenando catálogos. De la pintura de Pujol dice que “le sirve para encauzar la eticidad de una conciencia crítica que se muestra con una sorprendente responsabilidad cívica” lo que dicho en cristiano significa que no sólo es crítico con la realidad sino que también lo asume o trasvasado al dialecto de Párraga “el tipo está pitando regao y no come miedo con nadie”.

O si no ver esta oración deslumbrante desde cualquier punto de vista, incluso el de José Feliciano:
“Con envidiable claridad, Alberto tiene presente la certeza de que en el arte contemporáneo lo fundamental es la idea, la comunicación, y luego, la idoneidad de la morfología que se convoca para vehicularlas”
Castellano: Alberto piensa que el contenido viene primero que la forma, que es más importante que el continente.
Cederista: devuelva el vacío para que no falte el lleno.

Pero donde el crítico se nos revela en toda su dimensión es justamente cuando intenta el triple salto mortal de acercarse a la variante del español que se practica tanto en Párraga como en Jayalía. Porque cierta gente alcanza su mayor cuota de libertad no cuando se desnuda sino cuando se disfraza. En este caso Rufo hace honor a su nombre y se incrusta un diente de oro, una cadena del mismo material en el cuello, un peine enorme en el bolsillo y habla con un pañuelo doblado junto a la boca igual que hacían los guapos que le agitaban la merienda en la escuela al campo. Y a la pintora Antonia Eiriz la llama Ñica, como si fuera su vecina en el reparto Juanelo. O como conclusión suelta un “déjalo que sufra. Asere, déjalo”. Como para convencernos de que la falsedad habitual de sus textos es mucho más real que sus ataquitos de populismo. Algo que hace añorar sus giros tan vacuos como insistentes (“destaca la excepcionalidad”) o esos neologismos con los que, un párrafo sí y otro también, se baja el Caballero (“impregnante”). Rufo Caballero no sólo inventa la palabra sino hasta es capaz de usarla en oraciones como “el mundo del pintor es impregnante”. Aunque tambien podría decirse: “Rufo es tremendo impregnante”.

Suerte al actor con sus pinturas. Lo que no entiendo por qué tuvo que traerse esas palabras para su catálogo con tanto escritor desempleado y CVP aburrido que hay en Jayalía. Y encima los de Vigilia Mambisa comiendo mierda.

miércoles 28 de julio de 2010

Arrolla cubano...

El grupo de jóvenes cubano americanos Raíces de Esperanza ha sacado este video que gentilmente me envían. La música, por si me lo preguntan, debe ser del Septeto Nacional con María Teresa Vera como voz solista y un impagable coro: “Arrolla cubano, que esto es tuyo”. La versión en español aquí.

martes 27 de julio de 2010

Discursos

El discurso de este año versión Guamá que por supuesto es más explícita y enjundiosa que la original. En El País se anuncia que "Cuba hará cambios a su ritmo y sin presiones extranjeras". Si tenemos en cuenta que ayer la prensa italiana anunciaba la recogida de cien mil firmas pidiendo la libertad de los presos políticos cubanos posiblemente el próximo paso del gobierno cubano sea el retorno a la esclavitud, un gesto, que por otro lado estaría lleno de coherencia.

El Granma trae noticias otro discurso, el del Señor muy viejo con unas babas enormes que, dicho sea de paso, se ha hecho de una curiosa corte:

Fidel avanza. Saluda a familiares del Comandante de la Revolución Juan Almeida, al reverendo Lucius Walker, a integrantes de la Caravana Pastores por la Paz, al reverendo Raúl Suárez. También, a Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, Sara González, Frank Fernández, Vicente Feliú, los pintores Nelson Domínguez, Kcho, Zaida del Río, Rancaño, Flora Fong. Bromea con unos, agradece a otros. Va de verdeolivo. Ya está sentado frente al auditorio, junto a una mesita sobre la que aguardan unas carpetas. Randy Alonso, el director del programa de la Televisión Cubana, Mesa Redonda, modera el intercambio de preguntas y comentarios, que comienza con Alexis Leyva Machado (Kcho).

El Señor habla de sus dos temas favoritos: el fin de la humanidad y lo poco que se arrepiente de lo que ha hecho:

"Lo he dicho y lo repito, si tengo que hacerlo otra vez, lo haría todo igual, excepto prestarle atención a la Posta cosaca. Debí seguir. Si yo sigo, aquella gente no dispara sobre los que están en la posta, y yo no me habría dejado llevar por la tentación de tomar aquellas dos ametralladoras, que era consecuencia de la escasez de armas. Éramos suficientes hombres. Yo diría que no hacía falta más. Llevábamos como tres veces más hombres de los que hacía falta para tomar aquel objetivo. Estoy convencido de eso."

Poco faltó para decir lo mismo de la zafra de los diez millones. Que todo fue culpa de la posta cosaca. Pero al parecer algún pensamiento –dile a fragancia- le dedicó a los presos y su liberación cuando habló de “seres humanos separados de sus familias. Y los van a tener que soltar". Hablaba de sus espías en Estados Unidos pero que los cuente entre los seres humanos -que se llueven y se mojan como los demás- ya es bastante.

Post Data: Sosa da su propia versión del discurso.

lunes 26 de julio de 2010

A la espera de órdenes

Un muy buen artículo de Yoani Sánchez sobre el nuevo dilema que se le presenta a las brigadas de respuesta rápida y a la población en general:

A la espera de órdenes

Una conocida de mi madre —que vive muy cerca de una Dama de Blanco— le cuenta que les han bajado orientaciones de no agredir a estas mujeres de ropa clara y gladiolos en las manos. La misma señora, que hasta hace poco ponía un rictus de desagrado cuando contaba sobre las misas en Santa Rita y las peregrinaciones por la 5ta Avenida, hoy está a punto de estrecharle la mano a Laura Pollán y pedirle un autógrafo. Quizás aquella otra vecina que gritó, en marzo pasado, ante la tele nacional: “¡La gusanera está revuelta!”, ahora se muestre confundida y aguarde por nuevas órdenes para volver a vociferar. Los mecanismos de la falsa espontaneidad han quedado al descubierto con esta tregua: lo fabricado de aquella supuesta respuesta popular se confirma con esta interrupción de las agresiones.
Desde el punto de vista del discurso oficial, las personas que han sido excarceladas en las últimas semanas estaban merecidamente presas. Usando este argumento y ciertas conocidas presiones, fueron movilizados los militantes del partido y los miembros de los Comités de Defensa de la Revolución para que participaran en los llamados “mítines de repudio” donde escupían, insultaban y zarandeaban a las Damas de Blanco. Ahora, los briosos alborotadores que acudían a “defender la revolución ante los mercenarios a sueldo del imperialismo” deben estar esperando alguna explicación que justifique las excarcelaciones. Sería interesante entrar a una reunión de un núcleo partidista para ver qué secreta revelación les hacen, porque si no terminarán por verse a sí mismos como títeres de ocasión a los que se les azuza un día y al otro se les manda a callar.
La conocida de mi madre no esconde su desconcierto: “A éstos no hay quien los entienda. Ayer nos llamaban a insultarlas y hoy no se les puede tocar ni un cabello”. Lo cierto es que aquí, donde parecía que nunca iba a pasar nada, estamos de pronto en la situación de que puede ocurrir cualquier cosa. ¿En qué punto comenzó a cambiar la historia? Tal vez en la húmeda, oscura y pestilente celda de castigo donde Orlando Zapata Tamayo decidió inmolarse, o en la estéril y refrigerada sala de terapia intensiva donde Guillermo Fariñas ratificó su decisión de morir si no había liberaciones, o en las calles habaneras, en las que unas indefensas mujeres desafiaron un poder omnímodo gritando la palabra libertad, donde no la había.

• La tregua —breve y frágil— parece estar circunscrita a la Ciudad de La Habana, pues en Banes Reina Tamayo sigue siendo víctima de los mismos métodos.

Yoani Sánchez

Siempre en 26

Este texto de más abajo lo escribí hace ocho años y encima ya lo he republicado en este blog hace tres. Lo pongo ahora más bien como pie de esta excelente caricatura de Garrincha:



Ultimas horas en la granjita Siboney
(Grabación realizada por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) el 25 de julio de 1953 en la Granjita Siboney.)


Juan Almeida: ¿Cuándo salimos para el carnaval?

Fidel Castro: No hay que apurarse. Para que las cosas salgan hay que prepararlo todo muy bien.

Juan Almeida: ¿Por qué hay que estar preparado para divertirse? La gozadera mientras más espontánea mejor.

Fidel Castro: ¿De qué gozadera tú hablas? Esto es algo muy serio.

Juan Almeida: ¿Tú no dijiste que esto era un viaje de estímulo para los que mejor habían salido en las prácticas de tiro? ¿Por qué tú crees que yo no fallé ni una vez?

Fidel Castro: Ah sí, el viaje de estímulo. Pero es que antes tenemos que resolver un asuntico. Queremos darle una sorpresita a una gente ahí.

Juan Almeida: Pero que sea rápido Fidel, que no me quiero perder una sola noche de carnaval. Fíjate que tengo hecha una cancioncita y todo. Dice: "dame un traguito ahora cantinerito/ dame un traguito ahora que nadie mira/ dame un traguito ahora que me da pena/ dame un traguito ahora que estoy contento/ dame un ..."

Fidel Castro: Está bien Juanito. Está buena la canción, pero ahora hay que hacer otras cosas.

Juan Almeida: El problema es que todavía no sé qué título ponerle.

Fidel Castro: ¿Y qué te parece "Dame un traguito"?

Juan Almeida: Oye Fidel, tú sí que eres un genio. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¿Quieres que te ponga de coautor?

Fidel Castro: Mira Juan, tenemos cosas más importantes que perder tiempo con esa cancioncita de relajo. Mira a Cartaya como ha compuesto una canción con tremendo contenido. Cartaya, ¿cómo dice esa parte de la sangre?

Agustín Díaz Cartaya (canta): "La sangre que en Cuba se derramó/ nosotros no debemos de olvidar...".

Fidel Castro: ¿Ves? Eso sí es una canción...

Juan Almeida: Bueno, eso es verdad. Cuando el carnaval está bueno de verdad, la sangre corre como si fuera cerveza. Yo tengo un primo que bailaba con la comparsa de los Dandys que le sacaron un riñón de una puñalá y nadie de la familia lo olvidó.

Fidel Castro: ¿Todavía le llevan flores a la tumba?

Juan Almeida: No. Hasta que no tasajeemos al tipo no paramos.

Fidel Castro: Coño Juan, ¿ahora te vas a poner a hablar de puñaladas? Recuerda que nuestro objetivo...

(Se oyen ruidos de alguien que entra).

Renato Guitart: ¿Qué pasa caballero? Esto parece el teatro Alhambra en sus buenos tiempos. El negrito y el gallego discutiendo.

Almeida se ríe mientras Fidel Castro dice en tono cortante: Renato, ¿no te había dicho que hay cambio de planes? Tú vas a ir en el primer carro. Tú conoces la ciudad mejor que nadie.

Renato Guitart: Fidel, tú también conoces la ciudad. Además, yo...

Juan Almeida: Hombre, no se ponga así. Yo estaría encantado en ser el primero en entrar en la bachata.

Renato Guitart: ¿Bachata?

Fidel Castro: El quiso decir batalla. Almeida, ¿por qué no te vas a buscar tu fusil?

Juan Almeida: ¿Fusil? Con lo complicado que debe ser meterse en un carnaval con un fusil sin que te vea la policía y bailar y todo eso. Mejor sería llevar una navaja envuelta en un pañuelo y fuera catarro. Fidel, ¿a ti alguien te la tiene guardada de algún carnaval anterior?

Fidel Castro: Ve a buscar el fusil y no jodas más. Ah, y también pide que te den un uniforme.

Juan Almeida: Claro, cómo se me había ocurrido que íbamos a ir al carnaval sin uniforme... Jesús, ¿de qué vamos a ir disfrazados?

Jesús Montané: ¿De qué vamos a ir disfrazados? Por supuesto que de soldados.

Juan Almeida: ¡Esa sí que es buena! ¡La comparsa de los guardias! Mira, se me ocurre un nombrecito para la comparsa: Los Guardias de la Salación. Esa sí es buena. Y un estribillo que diga: "cuidado que ahí vienen los guardias/ los guardias de la salación/ muchacho no te pongas pesado/ o te bajamos un pescozón/ o te bajamos un pescozón/ eso sí somos nosotros/ los guardias de la salaciooooon". ¿Qué te parece?

Jesús Montané: No creo que a Fidel le guste mucho ese bonchecito. Tú sabes que él es muy serio para estas cosas.

Fidel Castro: ¿Qué pasa que no se oyen esos pollos, Pedrito?

Pedro Miret: ¿Qué pollos?

Fidel Castro: ¿Qué pollos van a ser? ¿No se supone que esta es una granja de pollos? Pues tiene que haber pollos. Pollos que se oigan por todas partes para no despertar sospechas.

Pedro Miret: Fidel, el problema es que como tuvimos que esconder las armas y los uniformes en las jaulas de los pollos no tuvimos donde traer los pollos de verdad.

Fidel Castro: Pues ahora me coges a 10 hombres y los pones a hacer como pollos para distraer la atención de los posibles delatores.

(Se escucha a varios hombres tratando de imitar a unos pollos. De repente se oye el sonido de un guanajo)

Fidel Castro: Oye, Pedrito, ¿y ese guanajo que estoy oyendo qué cosa es?

Pedro Miret: Es Machado Ventura, que quiere darle clases de idioma a los pollos.

Fidel Castro: Bueno compañeros. Los que no estén en labores de enmascaramiento los necesito aquí, que quiero decirles una cosa.

(Se escuchan rumores de gente reuniéndose en la habitación).

Fidel Castro: Bien compañeros, seré breve. Primero que todo quería hacerles una aclaración. Por razones de seguridad he tenido que decirles a muchos de ustedes que hemos venido hasta la ciudad de Santiago de Cuba para asistir al carnaval como estímulo por los buenos resultados que hemos tenido en los entrenamientos. Sin embargo, la razón por la que estamos aquí es algo distinta.

(Exclamaciones de desagrado).

Juan Almeida: ¿Más entrenamientos?

Fidel Castro: No Juanito. Compañeros, ha llegado la hora de la verdad. El momento de libertar a nuestra patria de la tiranía ha llegado. La patria ha depositado su última esperanza en nosotros y no debemos defraudarla. Esta madrugada, más exactamente a las cuatro de la mañana, tomaremos por sorpresa el Cuartel Moncada y con las armas allí obtenidas llamaremos al pueblo para dar la batalla final a la dictadura.

Juan Almeida: Eso está muy bien, ¿pero con qué armas atacaremos el cuartel?

Fidel Castro: ¿Cómo que con qué armas? Con las que tienen en sus manos.

Juan Almeida: Fidel, ¿y se puede saber a quién se le ocurrió la idea de asaltar el segundo cuartel más importante del país con fusiles 22 y escopetas de matar patos?

Fidel Castro: Yo soy un simple ejecutor del plan que les acabo de exponer. El verdadero autor intelectual de este plan es nuestro apóstol José Martí.

Juan Almeida: ¡Ave María Purísima!

TODOS: ¡Sin pecado concebida!

Juan Almeida: Fidel, no te conocía esa faceta. ¡Así que te has metido a espiritista! Mira que escondido te lo tenías...

Fidel Castro: Todos tenemos nuestro lado oculto. ¡Micaela, ya puede entrar!

Juan Almeida: Madrina... ¿qué usted hace aquí?

Micaela: A mí también me dijeron que iba al carnaval de Santiago y mírame aquí en una granja de pollos. Pero ya tú sabe mijo que uno está en esta tierra para ayudar.

Fidel Castro: Y hablando de pollos, ¿qué pasa con ese coro que no se oye?

CORO: Pío, pío, pío, pío...

Fidel Castro: Bueno Micaela, comuníquenos con el apóstol, que no hay tiempo que perder.

Micaela: A ver (empieza a emitir frases incomprensibles, gritos y aullidos hasta que por fin habla). Hay interferencia. Con Martí siempre tengo problemas con la interferencia. Mucho muerto oscuro por medio. Y él escondido atrás de ellos. A ver. ¡Sal de ahí Martí! ¡Sal de ahí Martí! Vamos, ayúdenme.

TODOS: ¡Sal de ahí Martí! ¡Sal de ahí Martí! ¡Sal de ahí Martí!

Juan Almeida: Oye, está bueno eso para una conguita... Formamos la comparsa Los Apóstoles de la Salación y acabamos con malanga. ¡Sal de ahí Martí! ¡Sal de ahí Martí!

Micaela: ¡Cállense que ya lo tengo! Necesito alguien que me dé la mano. El más macho que haya aquí.

Fidel Castro: ¡Raúl, tú mismo!

Raúl Castro: No, mejor Melba. Melba, ve y dale la mano a la señora.

Micaela: Ya lo veo. Está hablando...

Fidel Castro: ¿Y qué dice?

Micaela: Dice que "los niños nacen para ser felices".

Fidel Castro: Eso quiere decir que cuando ganemos debemos convertir el cuartel en una escuela. Pero del asalto, ¿qué dice?

Micaela: Ahora dice que "nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino".

Fidel Castro: Quiere decir que todos los soldados van a estar borrachos y ése va a ser el mejor momento para atacarlos. ¿Y qué más? Pregúntale por dónde debemos atacar.

Micaela: Dice: "Está Alberto el militar/ que salió en la procesión/ con tricornio y con bastón/ echando un bote a la mar".

Fidel Castro: Bueno este... ya lo tengo. Si Alberto está montando en un bote es que es marinero, marinero es el tres en la charada. ¡Está diciendo que ataquemos por la posta tres!

Juan Almeida: Micaela, ¿puedes decirme cuál es el número que va a salir en la charada mañana.

Fidel Castro: Miren compañeros, vamos concentrarnos en lo que nos interesa.

Juan Almeida: Entonces, ¿vamos por fin al carnaval?

Fidel Castro: Me refiero a la libertad de la patria. Esas dudas que están planteando ustedes sobre las dificultades que tendremos en el asalto al cuartel pueden parecer muy razonables, pero este no es el momento ni el lugar para plantearlas. Con el enemigo casi al alcance de nuestras manos no podemos perder tiempo en discusiones inútiles. Yo propongo que los que tengan algo que plantear lo planteen mañana al mediodía, cuando el asalto haya terminado. Por otra parte, debemos considerar que en estos momentos un 10% de la guarnición está descansando en sus casas, un 50% está movilizado por los carnavales, un 5% debe estar en el hospital, otro 30%, debe estar durmiendo y un 4% debe haberse escapado para estar con una noviecita o cosas por el estilo. Nos queda un 1% que será fácilmente neutralizado por el 100% de nuestros hombres, que a su vez estará reforzado por el factor sorpresa, lo cual representa un 20% adicional y si a ello añadimos...

(Las siguientes 4 horas de grabación no están disponibles debido a un error técnico. Lo que se presenta a continuación son los últimos minutos que se han salvado).

Fidel Castro: ... lo que sumando a la baja moral combativa del enemigo representa otro 35% por ciento a nuestro favor, lo que significa unas posibilidades de éxito de 1500%.

Juan Almeida: Si eso es así, ya deben haberse rendido. Fidel, ¿por qué no nos vamos directo al carnaval a celebrar la victoria? Ya tengo el estribillo: "qué esperan pa' la rendición/ o les va a caer arriba una salación..."

Pedro Miret: Los que estamos rendidos somos nosotros. Son las cuatro de la mañana y no hemos podido dormir. Entre tú hablando y esos tipos haciendo pío, pío...

Jesús Montané: Fidel, ¿el asalto no era a las 4 de la mañana?

Fidel Castro: No, yo quise decir que a las 4 debíamos salir de aquí. Así que todos se me van preparando para salir. ¿Qué pasa Raúl, estás llorando? ¿Tienes miedo?

Raúl Castro: No, es que me da lástima con esos soldados que tenemos que matar. Son jóvenes y llenos de vida como nosotros, altos, fuertes, marciales, viriles. Fidel, ¿si ganamos me prometes ponerme al frente del ejército? Mira que yo tengo experiencia en eso. Recuerdo que cuando niño siempre estaba jugando a los soldaditos.

Fidel Castro: Sí Raúl, pero jugabas a los soldaditos con muñecas.

Raúl Castro: Es que a las muñecas, además de ser más grandes, se les pueden hacer ropitas y esas cosas.

Fidel Castro: ¿Y cuando te dio por los rusos, que empezaste a jugar con matriuskas? Pero lo importante ahora es aprovechar la sorpresa para entrar en el cuartel sin tener que disparar...

Raúl Castro: ¡Ay, haría cualquier cosa por evitar tanto derramamiento de sangre! ¿Qué tal si los estrangulamos con un alambre y así de paso ahorramos balas? Nunca se sabe cuando las cosas van a escasear.

Fidel Castro: No me hables ahora de escasez. Ya tendremos tiempo para eso. Bueno, ¿ya están listos? Pues nos vamos.

Pedro Miret: ¿Y qué hacemos con los que están piando?

Fidel Castro: Móntalos en una de las máquinas. Cuando los guardias nos pregunten les decimos que les llevamos los pollos para el almuerzo de mañana. ¿Todo listo? ¡En marcha!

Juan Almeida: Fidel, ¿no podemos pasar antes por el carnaval? Mira que seguro que queda alguna comparsita arrollando y ahí aprovechamos y le decimos al pueblo que se nos una y no tenemos que aparecernos solos en ese cuartel. Lo importante es estar en contacto con las masas...

sábado 24 de julio de 2010

Las entregas

Los últimos dos días han sido de entregas de las firmas de la petición de la campaña OZT: Yo acuso al gobierno cubano en representaciones del gobierno dentro y fuera de Cuba (La Habana, Montreal, Miami, Nueva York, Barcelona, Madrid). Excepto en Miami, donde la entrega se hizo en el consulado español, las autoridades no encontraron otra respuesta que encerrarse a cal y canto. Vea la información sobre las entregas en La Habana, Miami y en Montreal pinchando en los enlaces.
O estos videos:
En Barcelona:



En Nueva York:



En Madrid:

viernes 23 de julio de 2010

Romancero adidas

Primer premio en el concurso de Romanceros celebrado en el Gran Teatro Falla en Cádiz el año pasado. me lo envía Emilio García Montiel.



jueves 22 de julio de 2010

El totalitarismo y la regla del off side

La más eficaz de las armas defensivas de cualquier totalitarismo es la indiscriminación del delito. No sólo se trata de criminalizar cualquier manifestación que aun inconscientemente pudiera ser considerada como política sino de igualarla en su castigo a cualquier crimen violento, sea política su intencionalidad o no. Pero ese es el totalitarismo clásico que igualaba un atentado con un chiste contra Stalin y una crítica a los productos que ofrecía una entidad estatal con una amenaza a la seguridad del Estado. El totalitarismo de supervivencia –como el que existe en Cuba a partir del período especial, o incluso antes, bajo la influencia de la perestroika- está obligado a ser más pragmático y en pretensiones ideológicas, menos totalitario. (El totalitarismo aspira a controlar totalmente la existencia de la sociedad, incluidos los pensamientos más íntimos de las personas de manera que fluyan en la misma dirección marcada por su ideología. Resignarse a dar esto por imposible es el punto de partida del pragmatismo totalitario). Renunciar en parte al control de las almas con tal de mantener el máximo dominio sobre los cuerpos: esa es en definitiva toda la apertura que pueda concebir desde sus marcos.

No convencido de que la única defensa es el ataque el recurso más refinado del totalitarismo es tirar el fuera de juego. Casi tan efectivo como la prisión y mucho menos dramático, el fuera de juego se empeña en demostrarle a toda la sociedad que lo que en otros países se consideran derechos en un mundo totalitario es un privilegio: desde la posibilidad de viajar hasta la de trabajar, desde el acceso a los medios de expresión hasta al saludo de los vecinos. Mientras el espacio en las cárceles siempre será limitado amplias porciones del país pueden ser condenadas al fuera de juego por el simple hecho de practicar algún culto que no sea el estatal o haber expresado en algún momento el deseo de emigrar. Pero cuando el totalitarismo entra en su fase de supervivencia –y ese es el genio de la táctica- las líneas suelen distenderse y de esa manera se hacen menos sofocantes al común de los mortales. Ya no se trata de perseguir a aquellos que se desentiendan o aparten de la ideología reinante sino sólo a los que directamente se atrevan a atacar el monopolio del poder que la impone. Lo importante es que para todos quede claro que aunque ha cambiado de sitio la línea del fuera de juego sigue allí, cumpliendo con su misión decisiva de separar a los que están fuera de juego de los que –a pesar de uno que otro tropiezo- siguen estando dentro.

En el caso cubano la línea pasa a lo largo de toda la nación: las calles, la televisión, la prensa, los libros, las cárceles y las diferentes variantes de la emigración que, no está de más recordarlo, alguna vez estuvo casi en su totalidad fuera de juego. No importa cuánto se proteste o se critique siempre y cuando no se cruce esa línea invisible pero fácilmente detectable -como en las repeticiones del Mundial- entre el “nosotros” y “el enemigo”. (En la imagen que nos presentan los productores: On side: Carlos Varela, Frank Delgado, Los Aldeanos, Omni Zona Franca. Off side: Yoani Sánchez, Claudia Cadelo, Porno para Ricardo, las Damas de Blanco y toda la disidencia. Pedro Luis Ferrer tiene un pie en off side). Muchos de los que permanecen en el juego deben intuir que por mucho que se esfuercen mientras no se atrevan a cruzar esa línea, el juego –y no sólo ellos- permanecerá su inalterable rutina. No perderán sus privilegios de ciudadanos pero esos privilegios seguirán siendo igual de frágiles. A los que están off side tampoco les queda mucho por hacer ante la bandera levantada del árbitro, desgajados del resto del equipo nacional. Y el árbitro es estricto porque que nada más peligroso para su poder que la solidaridad entre los que están fuera y dentro del juego, que el partido se le vaya definitivamente de las manos.

Por eso las jugadas más inteligentes y audaces de los últimos tiempos han sido aquellas tendientes a romper el fuera de juego: desde el trovador que defiende el derecho a cualquiera a expresarse y disentir, a los blogueros que irrumpen en una acción plástica atrevida pero aceptada; desde los raperos que colaboran con rockeros malditos a los poetas que invitan a una bloguera no menos excomulgada; desde los artistas que ocasionalmente reconocen la necesidad de respetar los derechos humanos hasta los -escasos- miembros de la UNEAC que firmaron la carta en la que se pedía la libertad de los presos políticos; desde el disidente o el preso que con su huelga de hambre sacude la desidia ambiente hasta las Damas de Blanco desfilando por calles céntricas de La Habana o haciéndose acompañar por las Damas de Apoyo. De ahí el celo particular de los órganos de seguridad para que no se desdibujen las líneas del fuera de juego: el secuestro de Yoani cuando intentaba participar en una manifestación contra la violencia organizada por Omni Zona Franca y las duras amenazas contra estos últimos por invitar a la primera. Las continuas advertencias ante cualquier acercamiento entre los que están dentro y fuera del juego. El comprender que era menos riesgoso sacar a los presos políticos que seguir dándole razones a las Damas de Blanco para existir y protestar. Y es que los árbitros siempre han sabido que romper el fuera de juego desde ambos lados de la línea -el acercamiento de posiciones entre el simple malestar y la oposición- es la única posibilidad de que se empiece a jugar un partido distinto.

Polémica

Los intelectuales en la isla cuando no están luchando por la libertad de expresión, por el resto de los derechos humanos o exigiendo la libertad de algún preso de conciencia establecen polémicas como esta que ahora mismo está calentando las pantallas de sus computadoras. En la esquina roja (el color fue escogido por él) Desiderio –El Ciclón de Vereda Nueva- Navarro. En la azul el retador Kid Píter Ortega Núñez. La respuesta de Kid Píter es en realidad una larga cita de un texto de Desiderio (que destaco en itálicas) con comentarios suyos. Tengan cuidado no confundirse cuando Desiderio habla de sí mismo en tercera persona, hábito en el que también incurre, entre otros, Pelé. Lo peor es que esto no termina ahi porque por lo visto ambos prometen extenderse:


El obsceno encanto del cinismo (I)



Desiderio Navarro

“¿Y quién es ese Píter Ortega?”, me preguntan amigos y colegas de distintos medios artísticos y culturales cubanos que han recibido y leído su furibunda y grosera diatriba titulada “Desiderio Navarro y el Partido de los Mocos Verdes (o La estrategia del camaleón)”, por él distribuida ampliamente vía correo electrónico con la petición “Favor de cicular (sic) a la mayor cantidad de usuarios posibles”, y hasta colgada en el sitio web KaosenlaRed, de donde, supongo que por razones éticas, fue eliminada horas después por sus administradores.

A decir verdad, es poco lo que puedo decirles: Ortega Núñez es, según dicen, un curador, al que sólo conozco por lo siguiente: por haberlo visto y oído varias veces en las actividades del Centro Teórico-Cultural Criterios que dirijo; por haber observado recientemente el lanzamiento mediático de su persona y su exposición “Bomba” –lanzamiento tan bombástico como no recuerdo que lo haya tenido nunca ningún curador novel ni la mayoría de los no-noveles--; y, por último, por haber recibido hace dos semanas por email su irrespetuoso ataque al destacado artista plástico y profesor cubano René Francisco: “Rewind (6 respuestas a René Francisco Rodríguez, a propósito de Bomba y un dominical)”, luego colocado en su blog. Sólo ahora acabo de leer la nota autobiográfica que ofrece de sí en su blog http://piterortega.blogspot.com : un currículum pobre en cantidad y calidad, pero eso es algo que el autor pudiera arreglar con el tiempo, el estudio y el trabajo.

Algunos amigos –entre ellos, “socios” de mi barrio--, al leer en dicho texto de Ortega Núñez groseras ofensas personales como “cerdo”, “papagayo que vomita”, “camaleón”, “mocos verdes”, “Babarro”, etc., me preguntan si en el mundo “intelectual” de la cultura cubana son “normales” esas faltas de respeto y chusmerías, y, al yo responderles que no, o que por lo menos hasta ahora no, entonces me reprochan que, si “el tipo ese” me faltó el respeto como cualquier “descara’o de la calle”, yo no le responda como lo haría cualquiera al que le dijeran todo eso en la calle: con “un buen pase de golpes que más nunca le den ganas de ofender así a nadie”.

Otros amigos y conocidos, por el contrario, me aconsejan no darle respuesta alguna porque, según ellos, es evidente que Ortega Núñez está escogiendo como blanco de sus críticas o ataques recientes a personas diferentes desde el punto de vista cultural, pero con un rasgo común: ser personas muy conocidas y reconocidas en el medio cultural más amplio, criticar las cuales es lanzar escandalosas “bombas” que llaman la atención sobre él: Kcho (“Ya es la hora”, ésta sin ofensas, porque Ortega Núñez sabe donde dice “Pare” en rojo), René Francisco y ahora Desiderio Navarro. En la opinión de ellos, responderle sería hacerle el juego a su ávida búsqueda de “spotlights” y “luz reflejada”, a su construcción de una imagen de “enfant terrible iconoclasta”.

Entendiendo las razones de ambos bandos, he optado, sin embargo, por reaccionar a ese ataque analizándolo como lo que realmente es: por una parte, como una expresión más del creciente deterioro moral, ideológico y educacional que experimenta nuestro país, pero una expresión que retroactúa reforzando y profundizando esa crisis al conformar y lanzar un nuevo paradigma, un nuevo conjunto de “reglas del juego” cínicas para la crítica y el debate culturales nacionales, en medio del silenciamiento o invisibilización del pensamiento crítico de izquierda; y, por otra, como una oportuna jugada al servicio de ciertas tendencias políticas nacionales que reaccionan con inquietud ante un posible y probable nuevo auge de un arte político crítico análogo al de los 80 por obra de la confluencia de cuatro factores: las crecientes necesidades expresivas no canalizadas de la esfera pública nacional, el agotamiento local del “vale todo” postmoderno y del esteticismo mercantilista del métier, el renacimiento internacional del arte político hasta en los países neocapitalistas de Europa del Este, y, last but not least, la gestación y conformación local del mencionado nuevo pensamiento crítico de izquierda.

Ante todo, debo señalar que el hecho de que Ortega Núnez haya dedicado la mayor parte de su texto y su rabia al ataque personal centrado en mi biografía y actividad pública, en conjunción con el hecho de que haya colgado su diatriba en su blog de Internet y en el sitio web KaosenlaRed, y de que, al parecer, la haya enviado también a otros blogs y páginas web del extranjero en que ésta figura, me obliga a extenderme en informaciones autobiográficas y bibliográficas probablemente desconocidas para los lectores extranjeros --aunque tal vez también para muchos nacionales.

También debo dejar en claro que los tres mensajes electrónicos con textos teóricos de Bal, Rancière y Canclini sobre el arte político, acompañados por un pasaje mío de 1989 y un nuevo texto mío de ocho líneas --que es el que Ortega Núñez tomó como “el pretexto, el momento oportuno, el pie forzado” que “no hallaba” para injuriarme--, fueron enviados por mí, el pasado 6 de julio, como una reacción intelectual --sin groserías ni injurias-- al irrespetuoso ataque de Ortega Núñez contra René Francisco, que más adelante analizaré.

Trataré de hacer lo más productiva posible esta respuesta, mostrando los mecanismos pseudopolémicos que se han ido propagando en nuestra crítica y debates, especialmente toda clase de ataques a la persona sin el menor fundamento y en absoluto desprecio de todas las evidencias contrarias conocidas: insinuaciones denigrantes, falsas imputaciones, atribución falaz de afirmaciones, etc.

Para respetar al máximo la integridad, literalidad y contextos de las afirmaciones de Ortega Núñez, y facilitar cualquier eventual comprobación de los lectores, reproduciré su texto integramente (en letras negras Times New Roman) y me limitaré a insertar mis observaciones (en letras azules Arial, en párrafos con sangría izquierda) inmediatamente después de los pasajes que son objeto de las mismas (destacados en letras rojas).


Y el contragolpe:


Desiderio Navarro y el Partido de los Mocos Verdes
(o La estrategia del camaleón)


Por Píter Ortega Núñez

Siempre he creído que Desiderio Navarro es un tipo de mucho cuidado. Una suerte de farsante que navega en todas las aguas. Un simulacro de personaje valiente, rebelde y contestatario, detrás del cual se esconden muchas historias pasadas bien “rojas”, oficialistas a ultranza.

Si Ortega Núñez no deseara quedar como el típico difamador criollo que medra en las lagunas, indefiniciones y benignidades de la ley cubana en lo que respecta al delito de difamación, lo éticamente correcto y debido sería que él des-escondiera todas esas “muchas” historas pasadas “oficialistas a ultranza” que dice conocer (y tal vez así me diera la ocasión de contar, en respuesta, unas cuantas historias autobiográficas muy instructivas).


Pero si con esas palabras se refiere a afirmaciones mías, mediante escritos o actos, de mi nunca ocultada vinculación al marxismo y al socialismo desde los trece años de edad, sin carnet de pionero, AJR, UJC o PCC, le adelanto que estoy orgulloso de ser “bien rojo”, a mi manera, por mi cuenta y riesgo, como en cada momento me lo dicte mi conciencia, y orgulloso sobre todo de haber seguido siendo “rojo” --en medio de tantos cambios de casaca, lavados de autobiografía y reciclajes políticos de “rojos” con carnet-- cada vez que por mis ideas político-culturales me dejaron “oficialmente a ultranza” sin trabajo en el Conjunto Dramático de Camagüey de los 60, la revista Cuba, La Gaceta de Cuba, la Dirección Nacional de Literatura y la UNEAC de los 70.

Por cierto, esa vinculación ideológica la conocen muy bien los patrocinadores y colaboradores extranjeros de Criterios. Jamás he hecho reticencia o concesión alguna en ello, y jamás me han pedido que la haga. Ortega Núñez debería aprender que lo que “navega en todas las aguas”, excepto en las del mercantilismo y la politiquería, es el trabajo cultural altruísta realizado con profesionalidad, dedicación, honestidad y apertura a lo teóricamente valioso, venga de quien venga; eso lo respetan, y hasta lo premian, las personas e instituciones serias de muy diverso signo político en todo el mundo.


Alguien que se ha construido todo un aura de “teórico del arte”, cuando no es más que un editor y traductor, un individuo que repite lo que han escrito otros, pues ciertamente son muy pocos los trabajos de su autoría que tengan trascendencia.


La imagen que Ortega Núñez tiene del editor y del traductor, así como el desprecio con que la rodea, dicen mucho de la visión inculta y primitiva que tiene de los procesos de circulación social nacional e internacional de las ideas.


En primer lugar, al igual que muchos funcionarios nacionales, sobre todo de los años 70, Ortega Núñez considera que se puede ser un editor de teoría –y hasta de la publicación que Documenta y el Jurado internacional del Prince Claus Fund han considerado “una de las revistas teóricas más destacadas del mundo”-- sin saber de teoría, sin conocer la producción y los debates teóricos internacionales actuales con igual o mayor amplitud y profundidad que un teórico. Las consecuencias prácticas de esa extendida visión explican el nefasto balance de las ediciones cubanas durante largos períodos en materia de teoría internacional actual sobre todas y cada una de las ramas del arte y la cultura.

En segundo lugar, no hace falta ser un semiótico o un culturólogo --basta la cultura general-- para saber que un editor no “repite” todo lo que han escrito todos los que han hecho teoría en el mundo entero, sino que dentro del corpus desigual e inabarcable de cualquier disciplina teórica actual opera, según múltiples y heterogéneos criterios, con mayor o menor competencia y perspicacia, una selección y composición de textos que da origen a una antología o a una serie editorial, las cuales no por gusto están tan protegidas por los derechos autorales como los textos individuales que las integran, mientras que los nombres de editores prestigiosos en las cubiertas funcionan desde hace mucho como una garantía de calidad y un “gancho” editorial.


La visión primitiva y despectiva que Ortega tiene de ese oficio, se vuelve como un boomerang contra el suyo propio, el de curador, pues éste no hace más que lo mismo que el editor: presentar lo que han hecho otros --en este caso, los artistas plásticos-- y, eventualmente, acompañarlo de un “prólogo” propio o ajeno en el catálogo. Todavía en la lengua italiana “curatore” y “curare” designan por igual la profesión y la actividad del editor y el curador.


Cuando Ortega Núñez descalifica al editor y al traductor por ser, según él, “un individuo que repite lo que han escrito otros” (y podría haber agregado también al profesor), deja ver que su “postmodernismo” no es más que una fachada, una coartada siempre lista para justificar cualquier falta a la verdad o la ética, esos “resabios modernos”. Y es que, como bien saben los intelectuales cubanos desde hace décadas, uno de los principales axiomas del postmodernismo, en contraste con el culto moderno de la innovación y la originalidad, es que repetir lo ajeno –sea en citas, pastiches, remakes, parodias, plagios, apropiaciones y otros recursos postmodernistas por excelencia— es no sólo lícito y aprovechable, sino esencial para el acto artístico postmodernista o incluso para la creación artística y la actividad cultural en general. De ahí el título de aquel clásico trabajo de Umberto Eco: “Innovación y repetición; Entre la estética moderna y la postmoderna” (1985). Y de ahí también que para los pensadores postmodernistas haya sido un fascinante opus magnum el libro, hecho de textos e imágenes recolectados, Das Passagen-Werk (La obra de los pasajes) de Walter Benjamin (Gesammelte Schriften, vol. V, 1982, Frankfurt, Suhrkamp; ed. inglés, 1996), inconcluso por su muerte y presentado por él así: “debe desarrollar en el más alto grado el arte de citar sin comillas. Su teoría se vincula de la manera más íntima a la del montaje”. “El método de esta obra: el montaje literario. No tengo nada que decir, sino sólo que mostrar”.


Por cierto, es preciso reconocer que Ortega Núñez fue más generoso que otros en Cuba al reconocer a Desiderio Navarro al menos como traductor, pues en el contexto cubano, donde, independientemente de la cantidad, calidad y reconocimiento nacional e internacional de la obra propia, muchos consideran que uno “es” o “no es” lo que las correspondientes instituciones y organizaciones locales deciden, Desiderio Navarro tampoco es traductor: a pesar de ser el autor de más de cuatrocientas traducciones publicadas de textos teóricos de quince idiomas --según dicen las buenas lenguas, algo que no abunda en la historia de la cultura cubana y de otras--, no se lo consideró incluible entre los más de cien traductores cubanos invitados al Congreso Mundial de Traducción Especializada, celebrado en La Habana en el 2008, y dedicado a "Lenguas y diálogo intercultural en un mundo en globalización", tema con el que, por supuesto, ni Desiderio ni Criterios tienen nada que ver.

Negarme totalmente una u otra calificación o capacidad cultural –teórico, investigador, crítico, ensayista, editor, traductor-- , o todas a la vez, ha sido casi una cuestión de principio para las sucesivas oleadas de stalinistas, oportunistas y mediocres de la cultura cubana desde los 60, llegando a veces hasta extremos ridículos. Recientemente he contado cómo a mediados de los 70 un cuadro editorial cubano recibió a un representante oficial de un país del campo socialista, quien le sugirió publicar en Cuba un libro teórico de ese país; como el propio visitante extranjero me contó, dicho personaje le respondió que no tenía traductor de ese idioma que pudiera verterlo, y él replicó que Desiderio Navarro podría. El cuadro le dijo que Desiderio Navarro no sabía ningún idioma y que las traducciones de ese idioma firmadas por él en realidad las hacía una novia que él tenía de ese país. A lo que el visitante replicó que Desiderio no sólo traducía de esa lengua, sino de seis lenguas más, lo que daba un total de siete novias. Y concluyó suspirando irónicamente: “¡Ah, qué envidia! ¡Qué potencia sexual!”


Resulta elocuente que, a pesar de su rabia desenfrenada, Ortega Núñez haya tenido que reconocer que --aunque según él muy pocos-- “ciertamente” hay trabajos de la autoría de Desiderio Navarro que tienen “trascendencia”. Con haber logrado al menos eso en Cuba, donde la memoria cultural es tan corta, siendo yo un completo autodidacta, hijo de un hojalatero, nacido y criado en calle de tierra, ya me podría morir tranquilo, si no fuera porque el autoconformismo no es mi fuerte.


De todos modos, volvamos a los hechos: bastaría decir que en ninguno de los textos de autopresentación que he redactado yo mismo para las antologías dedicadas enteramente o en parte a la teoría del arte internacional que he editado y publicado --Image – I, Stefan Morawski, De la estética a la filosofía de la cultura, El Postmoderno, el postmodernismo y su crítica en Criterios y El pensamiento cultural ruso en Criterios-- me he presentado como “teórico del arte”, sino como “Desiderio Navarro (Camagüey, Cuba; 1948). Investigador y crítico de literatura y arte.” Y ello a pesar de que desde los años 60 escribo y publico esporádicamente en Cuba y en el extranjero textos de naturaleza exclusivamente teórica en el sentido más estricto de la palabra. Otra cosa es que tales o cuales editores e investigadores nacionales y extranjeros que han leído esos textos consideren que deben referirse a mí calificándome de “teórico”. Y otra cosa, completamente distinta, es que a menudo en presentaciones, invitaciones y otros documentos oficiales me atribuyan un Doctorado, título académico que me apresuro a aclarar que no poseo.


Por lo demás, toca a Ortega Núñez ir más allá de la maledicencia y explicar cómo puede construirse en Cuba “un aura de ‘teórico del arte’” quien no hace nada de lo necesario para tenerla, sino todo lo contrario, y habiendo, además, quienes hacen todo lo necesario para que no la tenga. Navarro no va a inauguraciones de exposiciones ni a conferencias y debates teóricos sobre arte (la excepción fue uno de la última Bienal). No da conferencias sobre teoría del arte ni siquiera en la sala disponible del centro cultural que fundó y dirige. No se le da acceso a la enseñanza de teoría del arte en ninguna institución docente cubana, ni a un programa televisivo educativo sobre arte. Los plomos intactos de su primer libro con textos teóricos y críticos sobre arte fueron fundidos al cabo de cinco años de espera en una editorial y el libro demoró aún tres años más en ver al fin la luz en otra editorial. Ése y el siguiente se reeditaron sólo veinte años más tarde. Miles de ejemplares de una importante antología de teoría del arte preparada, parcialmente traducida y prologada por él circularon en Cuba sin su nombre, luego de que sólo se borraron los créditos de la primera edición. Salvo rarísimas excepciones, los medios masivos no anuncian las actividades de teoría del arte que organiza. En más de cincuenta años de actividad cultural las publicaciones cubanas no han publicado más de dos o tres artículos que aborden sus textos teóricos, y lo mismo ha ocurrido con Criterios. No ha sido invitado jamás a formar parte de ningún jurado o panel nacional de arte, y sólo en tres ocasiones en su ya larga vida literaria ha sido invitado a intervenir en coloquios. Desde hace siete años se le niega la categoría de “Investigador de Mérito”, solicitada por la Casa de las Américas. Etc., etc. Así pues, lo único que pudiera haber construido localmente esa “aura de teórico del arte" que tanto enfurece a Ortega Núñez son precisamente los valores intrínsecos de los textos teóricos publicados por Navarro.


Ahora bien, si Desiderio sólo repite lo que han escrito otros autores mundialmente conocidos, ¿por qué lo han publicado en 17 países, lo han traducido a nueve idiomas, y lo han invitado decenas de veces a hablar en países donde no es precisamente la información teórica mundial lo que falta y, para colmo, lo han remunerado por ello? ¿Cómo logra engañar ese “farsante” lo mismo a la estadounidense John Simon Guggenheim Foundation, que lo distingue con una beca de 25,000 USD precisamente para una investigación de corte teórico, que a Manthia Diawara y el resto del Jurado internacional del Fondo del Príncipe Claus de Holanda, que le confieren un Premio de 25,000 Euros, entre otras cosas, por “his insightful writing and analysis”. ¿Cómo se las arregla para “tupir” a decenas de academias de ciencias, universidades, congresos especializados mundiales y revistas teóricas --de México a Nueva York, de Londres a Sao Paulo, de Vancouver a Varsovia, de Buenos Aires a Roma--, así como a importantes teóricos como Adrian Marino y Dionyz Durisin, que escribieron sobre sus propuestas? ¿Cómo logró, por ejemplo, que el universal erudito Étiemble incluyera su nombre en el artículo sobre comparatística en la Encyclopaedia Universalis de Francia?

Y hablando de arte político: la extraordinaria antología Art and Social Change: A Critical Reader (Arte y cambio social: Una antología crítica, 2007), editada por los prestigosos curadores Will Bradley y Charles Esche, para la Tate Publishing de Londres, reúne en sus 480 páginas una selección internacional de 74 manifiestos artísticos y textos teóricos precisamente sobre la cuestión del compromiso político y la posibilidad del cambio social. El libro está estructurado cronológicamente en cuatro secciones que corresponden a momentos de conflicto o trastorno político: 1871, que comienza con un texto de Courbet; 1917, con un texto del dadaísta Huelsenbeck sobre Dadá; 1968, con las Tesis de la Internacional Situacionista (Guy Debord et al.), y 1989… --¡oh, ingleses incapaces de distinguir el verdadero pensamiento teórico del falso!-- con un texto de Desiderio Navarro. ¿Cómo es posible que después de ese despiste el muy afamado Esche siga siendo consejero teórico de la Academia Real de Amsterdam y co-director de la revista internacional de arte Afterall?

Aunque no conozco autores de mi generación y de las posteriores que tengan mayor volumen de producción propiamente teórica que yo, sé que, en términos absolutos, sin guarecerme en ventajosas comparaciones, yo hubiera podido hacer mucho más por la cultura de mi país en la esfera teórica. Lo sé y me apena, sin que tenga que venir nadie a decírmelo. La principal razón para esa escasa producción ha sido el irresistible impulso de dejar a un lado el trabajo en mis propios textos cada vez que encuentro un texto teórico en lengua extranjera que me parece necesario traducir y publicar para que compatriotas míos lo conozcan y aprovechen en su trabajo. Ahora bien, probablemente esa producción teórica hubiera sido menos escasa si el tiempo y las energías cuantiosamente perdidos en la desgastadora lucha de décadas contra los obstáculos y ataques de “duros”, mediocres y oportunistas –como es el presente caso-- hubiera podido dedicarlos al trabajo teórico personal.

Siempre me ha indignado mucho la manera tan arrogante con que no deja hablar a sus invitados mientras funge como moderador en sus encuentros-monólogos de Criterios, momentos en que queda clara su mayor enfermedad: la del ego, la de las ansias de llamar la atención a toda costa, de ser el centro del universo.

O sea, que Núñez Ortega es un asistente habitual de “siempre” de los “encuentros-monólogos” de Criterios. Obviamente, el motivo de su asistencia no son los invitados, ya que Desiderio “no deja a hablar a sus invitados”. Entonces, ¿qué trastorno emocional explica esa masóquica atracción fatal que obliga a Núñez Ortega a ir una y otra vez al Centro Criterios a escuchar una y otra vez, indignado, el monólogo arrogante de un Desiderio Navarro cuyo ego enfermo trata de ser el centro del mundo? ¿Qué lo fuerza, una y otra vez, a someterse al papel de periferia pasiva, callada, contemplativa, de un falso teórico que le impone ideas ajenas como a un zombie?

Ahora bien, si Navarro quiere ser el centro del universo valiéndose de ideas ajenas de teóricos extranjeros, ¿por qué, entonces, en vez de aprovechar la falta de información teórica internacional reinante en Cuba y escribir él mismo cada dos o tres días exhibicionistas artículos rebosantes de información, o impartir él mismo deslumbrantes seminarios y conferencias magistrales, “repitiendo” las teorías aquí nada o poco conocidas de cientos de teóricos de fama mundial, cuyas obras tiene y lee en sus lenguas originales, se dedica a traducir de dieciséis idiomas y publicar sobre papel cientos de textos de esos teóricos que los estudiosos cubanos pueden leer entonces de primera mano en sus casas o aulas sin la presencia de Desiderio, por no mencionar los dos mil dos textos teóricos en formato electrónico que ha reunido por el mundo y ha circulado y puesto a disposición de todos los interesados en copiarlos en Cuba? ¿Y por qué se dedica, además, a conseguir financiamientos para traer a Cuba a esos teóricos, permitiendo así que esos compatriotas puedan escuchar las ideas de esos autores y hacerles preguntas y observaciones directamente, en vez de escucharlo exclusivamente a él disertar sobre las ideas de ellos? ¿Cuántas conferencias ha dado Desiderio Navarro como teórico o crítico en el Centro Criterios que dirige? Ninguna. ¿Cuántos artículos propios ha publicado como teórico o crítico en la revista Criterios que dirige? Ninguno. ¿Cuántos libros teóricos propios en la Colección Criterios que dirige? Ninguno. Obviamente, hacer que sus compatriotas puedan conocer directamente a más de doscientos teóricos de todo el mundo es la manera más segura de no llegar a ser en Cuba, como “teórico”, “el centro del mundo”.


Ahora bien, continuando con los hechos: lo cierto es que, como recordarán numerosos asistentes, Ortega Núñez sí ha hablado en las actividades de Criterios --como todo el que ha querido, y de ahí que hayan durado tres, cuatro y hasta cinco horas--, y lo ha hecho prolongadas y reiteradas veces en el marco de una misma actividad.

¿Cómo se atreve a hablar de ego arrogante, de voluntad de llamar la atención, quien, no contento con titular “Bomba” la reciente exposición por él curada, inicia el texto del catálogo “citando” la que sería una acepción de la palabra “Bomba” en un imaginario futuro Diccionario de la Lengua Española:

“Bomba. (…) Título de una exposición antológica de pintura cubana joven que dinamitó y removió los cimientos del anquilosado panorama regente.”  

¿Ha habido alguna vez una exposición de un curador cubano que desde el primer momento tuviera la megalomanía de anunciarse a sí misma como una gran conmoción demoledora inscrita ya en la futura Historia del Arte?


¿Cómo se atreve a acusar a otros de ansias de ser el centro del mundo quien no puede escribir una cuartilla destinada supuestamente a presentar obras ajenas de artistas, sin dejar de cantarle desfachatadamente a su propia curadoría egocéntrica?

“Esta es una curadoría pretenciosa, ciertamente. No hay nada de humildad en ella. Su propio título sugiere un híbrido entre dinamita y ego, entre tsunami y catarsis narcisista.”

¿Qué curadores cubanos habían llegado alguna vez a este desenfrenado mesianismo y autobombo? ¿Ha habido alguna vez alguno que concluyera las palabras de su catálogo con esta petulancia ególatra?

“He aquí una exposición que, en definitiva, marcará pautas, abrirá senderos. Y lo escribo con toda la responsabilidad e insolencia que ello implica. Con toda la vanidad del mundo. Qué más da. Será un “bombazo” y bien. Todos los implicados lo saben.”

Obsérvese, además, el modus operandi del cinismo. Si la ideología como falsa conciencia implica, como decía Marx, un “no lo saben, pero lo están haciendo”, el cinismo, por el contrario, sabe muy bien lo que hace y, a pesar de eso, lo hace. Ortega Núñez proclama su carácter pretencioso, carencia de humildad, insolencia y vanidad, pero no como una confesión autocrítica en camino a una superación, sino como una explicitación que, al presentar y afirmar obscenamente el mal moral como consciente e intencional, lo naturalizara y colocara más allá de toda crítica y repulsa.
Eso se hace aún más evidente en las líneas finales del texto con que me ataca:

“He sido grosero en estas líneas, lo sé. Pero ha sido con toda intención.”

La cuestión es si, ante este precedente y paradigma, el medio intelectual cubano, sus instituciones y personalidades, van a aprobar tácitamente como profesional y éticamente válido y admisible este simulacro cínico de crítica y debate, o sea, si a partir de ahora cualquiera –no sólo Ortega Núñez— va a poder escribir, sin ningún costo profesional ni ético, ataques injuriosos, difamatorios y groseros "a sabiendas y con toda intención" sobre cualquiera –no sólo sobre Desiderio Navarro.


Allá los que prefieren fomentar el cinismo entre los jóvenes a tolerar su compromiso crítico.

(Continuará)