sábado, 2 de enero de 2021

Una cuestión sentimental

 


Siempre hubo dos Cubas. Una: alegre, risueña, bailadora, inconstante, romántica, desconcentrada, permisiva, sentimental, espontánea, abierta, indiscreta, liberal, rebelde, desenfrenada, frívola. Pero también estaba la otra: la amargada, triste, negada al baile, severa, sin sentido del humor, terca, antimusical, intolerante, reservada, discreta, reaccionaria, sumisa, contenida y frugal. Miento. Siempre hubo muchas más. Recombinaciones de las virtudes o defectos mencionados líneas atrás. Sentimentales sin sentido del humor. Bailarines intolerantes. Románticos discretos. Risueños reaccionarios. Sentimentales sumisos. Fue el castrismo, con su fundador a la cabeza, quien pretendió conformar todo un país a su imagen y semejanza. Y para ello eligió una serie de defectos y virtudes capitales. La nueva nación (porque de eso tratan los totalitarismos, de refundar la nación, y si se puede, todo el universo) debía parecerse a su fundador y hacer de cada uno de los cubanos un Fidelito bonsai.

“Socialismo con pachanga”. Esa era la imagen que todavía predominaba en Europa sobre Cuba a mediados de los noventas, cuando por primera vez puse mis pies allá. Imperaba la creencia de que en aquella isla exótica la ideología igualadora del comunismo había tenido que adaptarse al carácter nacional cuando lo que ocurrió fue lo contrario. El socialismo con pachanga, si es que alguna vez se consiguió ese extraño híbrido, fue apenas un instante inicial en el proceso de domesticación del carácter de todo un pueblo. Las revoluciones, como las nuevas religiones confían en las virtudes inhibidoras de la austeridad, en lo útil que resulta como instrumento de control. (Cierta escena de “Dantón”, la película del polaco Andrzej Wajda lo describe con la precisión del que ha pensado mucho sobre el tema: Danton recibe al incorruptible Robespierre en su casa con música, mujeres, un banquete. Robespierre corresponde a la recepción con un silencio y una contención que a cada segundo se vuelve cada vez más acusadores, actitud a la que Dantón se va plegando progresivamente. Primero despide a los músicos y las mujeres. Luego vuelca toda la comida al piso, como intentando igualarse al otro, al modelo de austeridad que ha triunfado sin siquiera pronunciar palabra).   

Lo que en Cuba todavía llaman “actitud revolucionaria”, “moral socialista” tiene mucho de ese reduccionismo. La consigna “seremos como el Che” -ese ser incapaz de bailar o de bañarse con frecuencia que según las anécdotas era modelo de austeridad- resume ese modelo educativo tanto como las sucesivas campañas contra el “diversionismo ideológico”. Tiempos en que divertirse constituía una traición al menos inconsciente a cierto ideal de pureza “con tantos motivos para no reírse como hay”. Pero esa imposición de riesgos rasgos a toda una nación, de reducirla a su lado más inhibido y reservado no podía ser eterna. Ni tenía por qué serlo. Bastaba con que cumpliera con su misión de sometimiento. Una vez domesticado el carácter nacional podía permitírsele pequeñas erupciones de su antigua naturaleza siempre que se mantuviera dentro de límites fijados de antemano. Ese estado de “fiesta vigilada” que tan bien describió el escritor Antonio José Ponte en libro homónimo. Ahora se permitirían de nuevo, cubanos bailarines o bromistas siempre que abonaran su debida cuota de sumisión. Para el nacionalismo, al que el castrismo echó mano en los noventa para salvarse de la debacle que había arrastrado al resto del mundo comunista, ese regreso a los viejos tics idiosincráticos eran a la vez un alivio tras décadas de abstinencia y un atributo de su nueva ideología.

Si antes se reprimía al son de himnos y marchas pseudomilitares (de las que Osvaldo Rodríguez -que en la paz de Miami descanse- fue su Homero) ahora se acosa a los nuevos rebeldes al ritmo de congas. Un cruce impensable en la Cuba de mi infancia: la represión rumbera.
En aquellos años los rituales políticos y la manifestación autóctona de alegría eran incompatibles. Alguna vez Juan Formell se quejó de que a sus Van Van los excluyeran de los actos políticos, en aquel entonces terreno exclusivo de la Nueva Trova. Y no creo que lo hiciera por un indemostrable celo ideológico sino porque Formell sabía que marginar a su orquesta de aquellos rituales era una forma de apartarlo de la foto de familia de la Nación, esa en que, cada cual con su mejor atuendo, figura en algún espacio prominente de la casa.

Ahora, en cambio, la banda sonora de las palizas actuales lleva su sello de autoctonía, como para aligerar el siempre duro gesto de maltratar al prójimo. Tarea complicada frente a la oposición más diversa que haya habido nunca en la isla, una disidencia que desde ahora anuncia y defiende su multiplicidad, la de la Cuba de siempre que tal vez nunca fue pero que deberíamos desde ahora imaginar así.

viernes, 1 de enero de 2021

Rompan (casi) todo: Cuba y un documental sobre el rock en Latinoamérica

 


 Instructivo ver Rompan todo: la historia del rock en América Latina, documental de Netflix que intenta resumir la historia del rock hispanoamericano (no latinoamericano como anuncia el título, sospecho, porque de incluir el brasileño habría que cuestionarse la condición rockera de lo que se hacía en el resto del continente. Y hasta la musical). Sobre todo los dos primeros capítulos, un tercio del total de la serie. Aquel que abarca las dos primeras décadas de recorrido del género. Allí la historia del rock gira alrededor del eje que se intenta construir entre los dos focos rockeros de la América Hispana. De un lado México y del otro Argentina. Para ello se entrevista a miembros de las bandas que protagonizaron el movimiento: El Tri, Café Tacuba, Botellita de Jerez, Los Shakers, Los Gatos, Pappo’s Blues, Serú Girán, Pescado Rabioso. Y en el medio bandas venezolanas, peruanas, chilenas, colombianas. Instructivo el intento de reproducir el rugido de generaciones que se reconocieron a sí mismas en el retumbar de guitarras eléctricas y de baterías y el largo del pelo. Todo eso.

Impresiona, sobre todo, la amplitud de la pesquisa. Su ambición de darle una dimensión continental a lo que fue, al menos en las primeras dos décadas de evolución rockera, asunto local. Se insiste en identificar el rock con la rebeldía y la resistencia de generaciones que buscaban un cambio social. Un cambio que empezaba por su necesidad de expresarse y ser escuchados. Y tales expresiones de rebeldía y resistencia serían contestadas por las sociedades, reacias a cualquier insinuación de cambio, con desprecio o brutalidad, según fuera el caso. (La excepción sería Chile donde el rock local se muestra aupado por el gobierno de la Unidad Popular y perseguido tras el golpe de Estado de Pinochet con el asesinato de Víctor Jara como su apoteosis.)

Tanto en esos dos primeros capítulos como en el resto de la serie llama la atención una ausencia, la de Cuba. Da la impresión de que la isla no forma parte del continente musical y social que se está describiendo. La única alusión que se hace es demasiado marginal para tomarla en serio: el grupo chileno Los Jaivas cuenta cómo en sus experimentales inicios llegaron a usar el disco de un discurso de Fidel Castro haciéndolo girar al revés. “Parecía ruso”, comenta uno de ellos, divertido. Tal ausencia, la de Cuba, está más que justificada en esta historia. Como cuando faltábamos a clase, pero llevábamos al día siguiente una nota escrita por el médico. En el caso de la inasistencia cubana a la historia del rock continental la nota diría: “Cuba no puede asistir debido a que en ese momento estaba enfrascada en cosas más importantes como la construcción de la sociedad socialista”.

La nota del doctor podría ser mucho más explicativa pero no hace falta entrar en detalles. A Gustavo Santaolalla, productor ejecutivo de la serie de Netflix y autor de la música de Diarios de motocicleta –esa tierna road movie guevarista–, no habrá que explicarle la ubicación geográfica de Cuba. O su pertinencia musical. Su empeño en mostrar el hostil contexto político y social en que se desarrolló el rock hispanoamericano nos revela, sin querer, una realidad incontestable: por brutal que fuera la represión sufrida por los rockeros del subcontinente –y lo fue, mucho–, resultó bastante menos eficaz que la que llevó a cabo el Estado socialista cubano que aquellas generaciones latinoamericanas usaron como referencia. Una eficacia demostrada en el hecho de que el silenciamiento del naciente rock cubano en las décadas del sesenta y setenta fue casi absoluto. Después de todo al Poder cubano le asistía el doble de razones que a sus similares en el continente: el rock era en el peor de los casos una excrecencia de la decadente sociedad burguesa –como la homosexualidad– o, en el mejor, una rebeldía redundante y contraproducente –como el feminismo– donde todos los problemas sociales habían sido resueltos. Para la nueva fe que enarbolaba la Revolución cubana el rock era o blasfemo o inquietantemente superfluo. Así, donde los rockeros de todo el continente pueden mostrar con orgullo una obra original tocada, grabada y difundida en medio de autoritarismos hostiles, los isleños apenas pueden dar testimonio de un rock de catacumbas donde no hubo rebeldía mayor a su alcance que copiar nota a nota las grabaciones producidas por norteamericanos e ingleses.

(No menos llamativa resulta la ausencia del rockero hispano más conocido y exitoso de todos los tiempos: Carlos Santana. Apenas uno de los pioneros del rock mexicano cuenta que entre los asistentes de sus conciertos iniciales improvisados solía estar Santana para luego no ser vuelto a mencionar en toda la serie. Tengo mi propia teoría doble sobre ausencia tan escandalosa. Una de las razones es la misma que serviría para excluir el rock de Brasil: al lado de Santana o de los brasileños casi todos los rockeros hispanoamericanos parecen de juguete. Todavía hace más llamativa la ausencia de Carlos Santana en Rompan todo que todos en el documental tomen como referencia a Woodstock un festival donde, aparte de Jimmi Hendrix, nadie brilló más que Santana. La otra razón es la fortísima influencia afrocubana de la música de Carlos Santana tanto en los temas, los arreglos. como en músicos cubanos que tocaron con Santana como Armando Peraza u Orestes Vilató. Y es que mencionar a Santana es mencionar indirectamente a Cuba y sería reconocer que, de no ser por la Revolución, su música habría tenido lugar antes en Cuba, hecha por músicos cubanos. Hablar de Santana equivaldría a reconocer que ninguna influencia latina impactó tanto la historia del rock con mayúsculas como la afrocubana. De ponernos pesados la omisión de Carlos Santana viene a ser hasta racista.)

Sobra pedirle a Santaolalla que haga espacio para su comprensión histórica de Latinoamérica al “caso cubano”, un caso que tanto impacto tuvo –a nivel político– en el imaginario colectivo de su generación y posteriores. De mencionar a Cuba su discurso se vería obligado a asumir una complejidad para la que no está preparada la izquierda elemental de Latinoamérica. Apenas me atrevería a sugerirle que, cada vez que mostrara un mapa del continente en su serie, el espacio correspondiente a la isla de Cuba lo rellenara con el agua del Caribe que lo circunda. Eso, de paso, ayudaría a fijar la imagen del Che Guevara que aparece en cada rincón del documental como la de un pionero del rock argentino, en vez de eficaz organizador de pelotones de fusilamiento en la Cabaña.


Tomado de Rialta

jueves, 31 de diciembre de 2020

Resumen del 2020: el año más cubano de todos

 El 2020 será un año inolvidable. Por desgracia. ¿Cómo olvidar los cientos de miles de muertes por COVID-19? ¿Cómo olvidar la vida paralizada, los negocios en bancarrota, los millones de desempleados, las calles, los estadios, teatros, bares y salas de conciertos vacíos?

En serio, no es una pregunta retórica. ¿Saben de alguna fórmula para olvidar el 2020? ¿Cómo olvidar que la gente se peleaba por sacar al perro de la casa a orinar, para alejarse por un segundo del calor familiar? ¿Acaso lo compensa la posibilidad de asistir a una reunión de la empresa en calzoncillos? ¿Cómo olvidar la cantidad de veces que tuvimos que regresar a la casa por olvidar la mascarilla?

En Cuba, en cambio, el 2020 se conocerá apenas como "Año del Nasobuco", que es como  llamaron a la mascarilla en la patria de la parametración, el fricandel, las afectaciones y el picadillo texturizado. Por lo demás en Cuba fue un año de lo más normal. Es más, hasta se puede decir que en el 2020 el resto del planeta se hizo más cubano: descubrieron lo que significaba la ausencia de papel sanitario, los placeres de hacer cola por cualquier bobería y de no poder viajar a ninguna parte, por mucho que lo desees. Cualquiera pensaría que luego de pasar un año practicando tímidamente el modus vivendi cubensis el resto del planeta tendría alguna idea de lo que significa la normalidad cubana, pero lo dudo. Para ilustrarlos, ahí les va un resumen.

Enero

-Tras anunciar la Letra del Año, el Presidente de la Asociación Cultural Yoruba, brazo espiritual del Ministerio del Interior, explica que las catastróficas predicciones anunciadas se refieren al resto del mundo porque "hacia lo interno no ocurrirá nada". Que no haya ocurrido antes, le falta añadir. "Los problemas son en otros países", añadió el presidente del oficialismo yoruba y oficial él mismo de la Seguridad porque en Cuba (cita textual) "la religión y el Estado protegen y educan a la población".

-El actor Andy Vázquez es expulsado de la televisión cubana. Los medios oficiales aclaran que Vázquez no fue expulsado por criticar al Gobierno sino por hacer uso para ello de la personalidad de "Facundo", personaje del popular programa televisivo "Vivir del cuento", y que, como todos saben, tanto el personaje, el programa, la televisión cubana y la opinión personal de los cubanos son propiedad intelectual del Estado. O sea, que al sancionar al actor el Estado no está coartando su libertad de expresión sino haciendo respetar los derechos de propiedad del Estado. La próxima vez que Vázquez salga en televisión será en un canal de Miami, de propiedad privada.

-Fernando Rojas, viceministro de Cultura, luego de cumplir su horario laboral censurando artistas, hace horas extras guapeando en las redes. "La Habana entera sabe que me muevo a pie y me cito en los parques", tuitea homéricamente. Ya lo saben. Si ven a los habaneros temblando no es por la llegada de un frente frío sino por alguna muestra de valor digital de Fernando "Navajas" Rojas.


-Gracias a la grabación que hace el fotógrafo Javier Caso del interrogatorio al que lo sometió la Seguridad del Estado descubrimos que la cubana es la quinta mejor policía del mundo, pero ni aún así ha logrado averiguar que fuera de Cuba nadie necesita de licencia para ser artista. Ni que los están grabando para lo que será uno de los grandes hits del año.

-Y hablando de grabaciones, el grupo Orishas publica el tema "Ojalá pase", una mezcla 60% Silvio Rodríguez y 40% poliéster. Silvio se queja de que se violen sus derechos de autor para criticar a la única dictadura latinoamericana por la que siente verdadero afecto. Alborotada por el asunto, una nieta de Raúl Castro, recordando que su generoso tío abuelo le cedió los derechos de autor del asalto al Moncada a José Martí, llama "parásitos" a Orishas. Algunos señalan que nadie tiene más derecho a ser llamado "parásitos" que la familia que más se ha aprovechado del esfuerzo ajeno en la historia del continente.

-Millones de giardias y oxiuros protestan indignados al ser asociados con los Castro.

Febrero

-Circula en las redes el documental Sueños al pairo tras ser excluido de la Muestra de Cine Joven del ICAIC. El documental, que cuenta la vida del músico Mike Porcel y la persecución que sufrió al intentar marcharse del país, se regodea en una etapa felizmente superada y que no volverá a repetirse, ya que el artista vive hace años en Miami.

-El ICAIC argumenta que excluyó el documental porque utiliza imágenes de actos de repudio cuya propiedad intelectual pertenece a dicha institución. La propiedad intelectual de las imágenes. Los derechos de autor de los actos de repudios y palizas, en cambio, son propiedad del MININT.  

-Silvio Rodríguez se disculpa por su participación en un acto de repudio ocurrido hace 40 años diciendo que él apenas susurró sus exclamaciones de desprecio a Mike Porcel. Expertos explican que habrá que esperar al 2043 para que Rodríguez se disculpe por la carta que firmó apoyando los fusilamientos del 2003.

-El periódico Granma, primero reconoce la existencia del Covid-19 en el universo exterior para de inmediato explicar que se trata de un invento de la CIA al que se le mantendrá a raya como a los disidentes, los documentales incómodos o la realidad en general.

Marzo

-Como parte del esfuerzo del Estado para proteger a la población de los macabros planes elaborados por la CIA, es detenido el autotitulado artista Luis Manuel Otero Alcántara. Se le acusa, aparte de portar un nombre excesivamente largo, de "ultraje a los símbolos nacionales" al pasearse durante semanas con una bandera cubana sobre los hombros. Con esta detención se reafirman una vez más los derechos de autor del Estado cubano sobre Cuba y sus símbolos patrios, incluidos la palma real, el tocororo y la cola de la luz brillante.

-Mientras el planeta Tierra cierra sus puertas para evitar la expansión del Covid-19, el Ministerio cubano del Turismo lanza una campaña para invitar a turistas del mundo a que se refugien en Cuba, único territorio libre de Covid-19, de libertad de expresión y de cualquier otra cosa que se le ocurra inventar a la CIA.

-Ante la presión internacional y, por increíble que suene, la de los artistas locales, es liberado Luis Manuel Otero Alcántara. No obstante, las autoridades instan al artista a dejar su cepillo de dientes en prisión por si acaso.

-Se producen los primeros casos importados de Covid-19, cortesía de tres turistas italianos. El ministro de Salud Pública promete que pronto se sustituirán las importaciones del virus por casos producidos en la Isla para así alcanzar la soberanía infecciosa.

-El Estado insta a los cubanos a fabricar mascarillas ya que se trata de una tecnología muy complicada para producirla él mismo. No obstante, ante el peligro de que "mascarilla" sea una palabra inventada por la CIA, la substituye por la palabra "nasobuco".


-Como terrible efecto secundario de la expansión del Covid-19 desaparece el papel sanitario de los supermercados mundiales causando un estado de alarma total.

-En Cuba, muchos se preguntan qué es el papel sanitario ese, cuya desaparición ha causado tanta alarma.

-El Ministerio de Salud Pública promete que, en el remoto caso de que se propague la epidemia de Covid-19 por el país, producirá el milagroso interferón para todo el que lo necesite.

-Muere el realizador de dibujos animados Juan Padrón, llevándose a la tumba la fórmula del vampisol, un fármaco del que se dice que es bastante más eficaz que el interferón.

-Vecinos de La Habana Vieja salen a protestar tras pasar semanas sin agua potable. El Ministerio de Salud Pública dice que no está entre sus capacidades la de producir agua, pero si necesitan interferón lo ofrece con gusto a todo el que lo necesite.



-Tras semanas ofreciéndose como el único territorio libre de Covid-19, el Gobierno cubano por fin accede a cerrar las fronteras del país.

Abril

-Se aprueba el Decreto 370 que considera punible "hospedar un sitio [web] en servidores ubicados en un país extranjero" y "difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas". Es una manera de rendir tributo a las famosas Palabras a los intelectuales de Fidel Castro con la consigna renovada de "dentro de nuestros servidores todo, fuera de nuestros servidores, nada".

-Clandestina, "primera marca independiente de moda sostenible de Cuba" y nave insignia del castrismo hípster ha descubierto que el gran problema de Cuba es… Marco Rubio, senador 40% cubano, 40% americano y 20% algodón.

Mayo

-Con motivo del Día de los Trabajadores, el presidente Miguel Díaz Canel declara que, aunque el desfile oficial por la Plaza de la Revolución ha sido suspendido debido a la pandemia, "el pueblo ya está generando las más bellas iniciativas para desfilar desde el aislamiento social". Entre otras iniciativas, muchos cubanos decidieron trasladar el desfile a la cola del pollo y el plátano, lo que convirtió la compra de estos productos en verdadera demostración de entusiasmo proletario. Una vecina de Alamar que desfiló desde el refrigerador hasta el televisor afirma que fue una de las experiencias más estimulantes que ha tenido en los últimos tiempos. "Es como ir desde el presente al futuro luminoso, sobre todo cuando están dando el noticiero". Por esas mismas razones no recomienda hacer el recorrido en sentido contrario.

-Y hablando del Noticiero Nacional de Televisión: en uno de los esfuerzos más conmovedores para elevar el espíritu de la población en la Isla, la periodista Irma Shelton habla de la escasez de alimentos que azota a España y a EEUU. Su gesto altruista es incomprendido y las redes colapsan con la avalancha de fotos de refrigeradores atiborrados de comida que llegan desde Miami y Madrid.


-Campaña desde Bélgica pide Premio Nobel de la Paz para médicos cubanos.

-En otro gesto lleno de altruismo —esta vez hacia los humoristas cubanos dispersos por el mundo— Mariela Castro, actual recordista de memes del país, mejora sus marcas personales declarando que las "UMAP fueron como una escuela al campo" y luego, como manera de celebrar el Día de África, se pone un turbante. En su deseo compulsivo de imponer nuevos récords de memes se ve tentada a decir que la trata de esclavos africanos fue "ir a la escuela al campo" pero ante la posibilidad de que la gente averigüe qué fueron en realidad las escuelas al campo cambia de tema.

-Tratando de darle alcance a Mariela en el campeonato anual de memes, el presidente Díaz Canel declara: "Tenemos que tener limones en el país, la limonada es la base de todo". Al verse momentáneamente en primer lugar de la competencia intenta aumentar la ventaja preguntando "¿Cuándo vamos a tener guarapo por la libre en este país?".

-Campaña desde Dinamarca pide Premio Nobel de Química para Díaz Canel.

-Intelectuales cubanos se indignan con el brutal asesinato del afroamericano George Floyd a manos de la policía de Minneápolis. Clandestina aprovecha el momento para culpar a Marco Rubio.

-La humanidad descubre que el confinamiento bajo la pandemia se corresponde con lo que en Cuba llaman "normalidad" y cae en un estado de depresión profunda.

Junio

-Avanza el proceso de reformas en Cuba: los periódicos en la Isla empiezan a publicarse en colores, aunque el público se queja diciendo que con que cambiaran el papel por uno más suave sería suficiente.

-Rosita Fornés fallece a los 97 años en Miami, pero el Gobierno cubano reclama su propiedad intelectual sobre la veterana vedette para enterrarla en Cuba. Al descubrírsele a la Fornés una chapilla de inventario del MINCULT pegada en una pierna se la envía sin dilación a La Habana no vaya a ser que "Navajas" Rojas se aparezca a reclamarla.

-Circula la petición para cambiar el nombre del teatro Karl Marx por el de Rosita Fornés, pero la propuesta es desestimada ante el peligro de que, de seguir esa tendencia, la Plaza de la Revolución termine llamándose Plaza Juana Bacallao.

-Policías cubanos matan a tiros al ciudadano negro Hansel Ernesto Hernández Galiano: la intelectualidad cubana vuelve a indignarse con la policía de Minneápolis y Clandestina con Marco Rubio.  

-Se estrena el primer robot autónomo cubano, llamado Palmiche Galeno Plus, encargado de trasladar comida a 100 metros de distancia. A juzgar por el despliegue en la prensa cubana tal parece que se acaba de instalar un telescopio espacial en Neptuno.


-La prensa cubana tarda tres días en dar la noticia de la muerte de Hansel Ernesto Hernández Galiano y aprovecha la demora para cambiar la trayectoria de las balas que lo mataron.

-Se estrena en Netflix La red Avispa, película sobre un grupo de espías cubanos en EEUU. El llamamiento de un grupo de exiliados a hacerle un boicot a la película se estrella contra el hecho de que hasta a los propios espías los 123 minutos del filme se les hacen más largos que los años pasados en la cárcel.

-El viceministro de Cultura ofensivo, Fernando Rojas, ante el peligro de quedar fuera de la competencia de memes, declara que hasta los cubanos emigrados "deben su desarrollo espiritual" a Fidel Castro.

Julio

-Como parte de la campaña de promoción de La red Avispa se revela que uno de los espías reales chivateó a un taxista cubano que le habló mal del Gobierno y pidió prohibir la entrada a Cuba de artistas exiliados como Sandoval, D'Rivera o Maggie Carlés. Fernando Rojas amenaza con aplicarle el Decreto 349 por intrusismo profesional: en cuestiones de censura nadie debe usurparle ese privilegio a su Ministerio.

-"La red Avispa" real, no la de la película, sigue alborotada. Uno de sus integrantes, el vicecoordinador nacional de los CDR, Gerardo Hernández, propone que cada CDR siembre una piña, con lo cual se producirían 138.000 piñas en todo el país. O sea, una piña por CDR o un 0.012avo de piña por cada cubano. O 79.7 cubanos por cada piña. Si bien los cubanos no van a consumir mucha piña seguramente se harán expertos en matemáticas.



-Miguel Díaz Canel se enorgullece de la manera en que ha manejado la epidemia de coronavirus. "A nosotros sí nos interesan las personas, no como al neoliberalismo, que solo le interesa el dinero. Aunque bueno, si las personas tienen dinero, pues mejor. Sobre todo, si son turistas y nos pueden visitar. Y dejarnos sus… sus experiencias. Dinero no. Porque el dinero es cosa de los neoliberales".

-Para demostrar que no le interesa el dinero, el Gobierno cubano propone a sus ciudadanos "adquirir productos demandados sin cola" a cambio de que donen sangre primero.

-Mientras se anuncia que el Covid-19 está totalmente bajo control, aumentan las muertes por afección respiratoria con entierro instantáneo, una misteriosa enfermedad que reduce el dúo de Yomil y el Dany a su mitad más impronunciable.

-Se filtra una grabación donde una alta funcionaria del ICRT llama a expulsar de los medios a aquellos que tengan "voces platinadas". De esta manera, "voces platinadas" pasa a formar parte de una ilustre genealogía de eufemismos como "elvispreslianos" y "seres extravagantes" que la Revolución ha usado para perseguir a los homosexuales. El CENESEX interviene diciendo que "los prejuicios no se superan rápidamente", achacándole la responsabilidad del incidente al Gobierno de Fulgencio Batista.

Agosto

-El Gobierno elimina la lista de actividades permitidas por el sector privado. Esto puede ser confuso porque la propia lista fue en su momento saludada por el corresponsal de El País, Mauricio Vicent, como un gran paso de avance. Asimismo, Vicent interpretará la eliminación de la lista que representaba un paso de avance como un paso más avanzado todavía. Conclusión: de acuerdo con el sistema de medidas de Vicent, Cuba ha avanzado tanto que ya debe de andar por Urano.

-Lanzan campaña contra los organizadores de colas —más conocidos como coleros—, a quienes se hace responsables, junto al embargo y la realidad, de la difícil situación económica que atraviesa Cuba. Sin embargo, la campaña se queda estancada en la primera cola que encuentra porque el pollo no lo van a sacar hasta el día siguiente.

-Luego de unas declaraciones críticas, el músico Descemer "Jugo" Bueno es proclamado Enemigo Número Uno del Estado, mientras a Celia Cruz, prohibida desde antes de que Descemer naciera, la presentan en televisión como partidaria de la Reforma Agraria. El próximo paso será entregarle el carnet del Partido Comunista a título póstumo y considerar su exilio como una misión internacionalista vitalicia.

Septiembre

-El director nacional de Béisbol declara que los peloteros repatriados no podrán participar en la Serie Nacional si "hablaron mal de Cuba" aunque no especifica en qué consiste hablar mal de Cuba, si se refiere a los mosquitos, el clima o el Gobierno. Seguramente se refiere a los mosquitos.

-Ante los llamados de la disidencia a celebrar el día de la Virgen de la Caridad, Mariela Castro declara que "Oshún no aceptará ofrendas de mercenarios y traidores" y de paso anuncia que alternará sus funciones como directora del CENESEX con las de portavoz del panteón yoruba.

-El Gobierno presenta en la Mesa Redonda sus planes para una "soberanía alimentaria y cultura nutricional" que incluyen la "superproducción" de croquetas y "gallinas decrépitas". De momento la única "superproducción" constatable ha sido la de memes que sirven como alimento espiritual de los cubanos en las siguientes semanas.

-Mientras el resto del mundo busca angustiado una solución ante la pandemia, en Cuba se anuncia la creación de la vacuna Soberana, que garantizará no solo la protección ante el coronavirus y la soberanía inmunológica sino también propiciará una nueva superproducción de memes.

-Ante la amenaza de una disminución en la producción de memes, el ministro de la Industria Alimentaria en Cuba declara que "Se han logrado recuperar dos millones de metros de tripas de la res y del cerdo": durante la siguiente semana el pasatiempo nacional cubano es imaginar qué platos podrán cocinar con las tres pulgadas de tripa que le tocarán a cada cubano y si las deben mezclar con el 0.012avo de piña que les correspondería por persona.

Octubre

-El hasta ahora desconocido pelotero cubano Randy Arozarena rompe todos los récords ofensivos posibles en los play offs de las Ligas Mayores del béisbol norteamericano convirtiéndose de la noche a la mañana en una estrella para la prensa deportiva en todo el mundo excepto para la cubana, la cual no tiene idea de quién es ese traidor.

-Montan acto de repudio simbólico-artístico frente a la sede del Movimiento San Isidro en La Habana Vieja, con reguetón y danza con machetes incluidos. Los machetes son un elemento simbólico: apenas pretenden que la represión de la que es objeto San Isidro parezca cosa de mambises. La simbología del reguetón todavía está por desentrañarse.

-El Gobierno, siempre atento a las necesidades de la población y comprensivo con las dificultades, declara que a los cubanos que se hayan visto atrapados en el exterior a causa de la pandemia se les perdonará la tardanza en regresar si a cambio pagan la multa correspondiente a cada mes que falten. En el caso de los que estén en EEUU, la multa será el triple de lo que les toca pagar a los que se encuentren en Europa. La metáfora que encierra esta diferencia es todavía más oscura que la del reguetón en el acto de repudio.

-Se anuncia que los salarios en Cuba crecerán cuatro veces, "aunque no de manera lineal", lo cual es una manera de anunciar indirectamente que los precios crecerán más que Hulk cuando se pone verde.

Noviembre

-Las elecciones presidenciales más importantes en la historia cubana reciente tienen lugar en donde siempre: en EEUU. El Gobierno cubano públicamente apoya la candidatura de Biden pero en secreto apuesta porque Lex Luthor dé un golpe de Estado y amenace con invadir Cuba mientras envía furtivamente contenedores de pollo congelado y de dólares acabados de imprimir.

-Joe Biden gana las elecciones cubano-americanas mientras Trump reacciona igual que el Granma ante los éxitos de los peloteros cubanos en Grandes Ligas: negando su existencia.  

-El espía retirado y chivato en funciones, Gerardo Hernández, el mismo que instó a sembrar piñas en julio, reparte regaderas cuatro meses después a los CDR de todo el país. Muchos cederistas se preguntan mentalmente si no es un poco tarde para regar las piñas, pero ninguno se atreve a decirlo.

-En menos de 48 horas un miembro del Movimiento San Isidro (sí, los mismos a los que les dieron el concierto simbólico de reguetón y machetes), Denis Solís, es detenido, condenado a ocho meses de prisión y encarcelado. En protesta, el resto de los miembros del MSI entra en huelga de hambre. La huelga —que según los medios gubernamentales es falsa— es interrumpida cuando un grupo de médicos con corpulencia y técnica de campeones de lucha libre, división superpesada, irrumpe en la sede del movimiento con el pretexto de que uno de los visitantes es sospechoso de estar contagiado de Covid-19.

-Conscientes de la condición capilar y comunicante del poder en Cuba, un grupo de artistas se reúne frente al Ministerio de Cultura para protestar por el allanamiento de la sede del MSI. Fernando Rojas, segundo al mando y primera navaja del Ministerio, los recibe y habla de diálogo. Los artistas afines al Ministerio hablan de diálogo. Clandestina habla de diálogo (aunque nunca con Marco Rubio). Mientras tanto, la calle que pasa frente al Ministerio de Cultura se convierte en el lugar más concurrido de toda la república. Así, hasta que los concentrados eligen a un grupo de representantes para reunirse con la primera navaja del MINCULT, Fernando "Bruce Lee" Rojas. Al final de la reunión y ante la expectativa de los congregados se les informa que el Ministerio se compromete a interesarse por sus demandas y a conceder una tregua, una manera indirecta de reconocer que lo que está en marcha es una guerra.

-Muchos empiezan a preguntarse cuál es el significado que tiene la palabra "tregua" en el diccionario oficial del MINCULT. Porque en este caso la tregua consiste en el acoso continuo de los artistas, con policías apostados frente a sus casas, detenciones y bombardeo mediático donde se les acusa de todo lo malo que le ha pasado a la Isla, con la única excepción de la Revolución Cubana.


-Ese mismo fin de semana se produce un mítin espontáneo de apoyo al Gobierno en el parte Trillo en el que participa, espontáneamente, el presidente Miguel Díaz Canel, vestido de bandera cubana marca Puma y con un reloj Rolex Yacht Master 42 cuyo precio aproximado equivale al presupuesto del MINCULT. Por si no lo recuerdan, la acusación por la que había sido condenado en marzo el artista con el nombre más largo de la república, Luis Manuel Otero Alcántara (24 letras) era la de "ultraje a los símbolos nacionales", acusación frente a la que la marca Puma, los relojes Rolex o el cargo de presidente ofrecen más inmunidad que la vacuna Soberana.

-El símbolo de Puma, los relojes Rolex y el adverbio "espontáneamente" dominan los memes más populares de los próximos días.

Diciembre

-Por fin encuentran la definición de "tregua" que tienen en el MINCULT. Solo que la definición no aparece en español sino en árabe y es la palabra "yihad".

-Como parte de la tregua acordada con los artistas, brigadas de Boinas Negras se manifiestan espontáneamente en las calles de La Habana.

-Sir Abel Prieto, más conocido como "el Caballero de la Melena Cuadrada", hace un llamado a "defender las jerarquías".



-La televisión cubana revela —¡en serio!— que el Movimiento San Isidro es el culpable de varios descarrilamientos ocurridos en los últimos años. Y de un par de terremotos.

-Por si los congregados el 27 de noviembre no habían captado las indirectas, el MINCULT anuncia que el diálogo con ellos queda roto y que, en su lugar, van a hablar con artistas amaestrados o perritos de juguete de esos que mueven la cabeza. Lo que aparezca primero.

-Contra todo pronóstico aparecieron primero los artistas amaestrados que los perritos de juguete.

-Expulsan a periodista de Juventud Rebelde por cuestionar la campaña mediática contra el MSI. Luego del escándalo que se produce en las redes reponen al periodista en su puesto diciéndole que solo querían darle un susto para que se le pasara un ataque de hipo que tenía.


-El Granma afirma: "En Cuba nadie es sancionado por su forma de pensar", y recibe a continuación el Premio Nacional de Humor compartido con Juana Bacallao. Muchos se preguntan qué hace la Bacallao recibiendo ese premio.

-Numerosos artistas y periodistas independientes apenas salen de sus casas son detenidos con pretextos que van desde el uso indebido de sus piernas y el ultraje al suelo patrio hasta afear el ornato público.

-Rompiendo todas sus marcas anteriores, el corresponsal de El País, Mauricio Vicent, consigue producir el alucinógeno titular "El diálogo y la tolerancia política agitan Cuba".

-Luego de insistentes anuncios comparece en televisión el presidente del reloj presupuestario y el pulovito Puma. A su lado aparece el general de ejército Raúl Castro, propietario intelectual y material del país, para dar equilibrio a la escenografía. Si alguien esperaba que la comparecencia era para anunciar el fallecimiento de Raúl de entrada quedó decepcionado. El único fallecido es el CUC, tras larga y penosa enfermedad. Por lo demás, El Puma comunica el inicio de la Tarea Ordenamiento que consiste —como los lectores de este resumen ya sabrán— en la multiplicación de los salarios por cuatro. Lo que no dice el presidente felino es que esos sueldos cuatriplicados ahora servirán para comprar la mitad de lo que se compraba antes. Se acerca el fin de un año como el 2020 en el que estaría muy feo amargárselo a la gente todavía más. Ya se enterarán cuando lleguen a la bodega en enero.

-Pero no hay que esperar a enero. La publicación de las tarifas eléctricas, donde un kilovatio hora será más caro que en Nueva York y habrá que pagarlo con sueldos de Burundi, dispara las alarmas. Es un decir. En Cuba las alarmas disparadas provocan mayores secreciones de la hormona de la resignación, cualquiera que esta sea, que es la manera en que el cubano ha logrado sobrevivir hasta ahora.

-Declaran al Puma el depredador nacional.

-El Banco Nacional de Cuba anuncia que los cubanos podrán convertir sus CUC en euros o dólares, pero con restricciones. La principal restricción a la que se refiere es que no podrán ver ni tocar el dinero cambiado.

-Se estrena videoclip en el que un grupo de músicos enmascarados canta en el Paseo del Prado una conga contra Trump. En realidad apunta mucho más cerca, contra los rebeldes del barrio de San Isidro que, además de descarrilar trenes, provocar terremotos, derretir glaciales y aumentar el nivel del mar, parecen estar preparando una invasión para que Trump desembarque en la bahía de La Habana antes de que se entere de que perdió las elecciones.

-Las perspectivas económicas para Cuba en el próximo año pueden calcularse a partir de un reportaje que pasan en la televisión sobre las virtudes gastronómicas del curiel. De acuerdo a un veterano espectador de la televisión cubana, "cuando veas un reportaje sobre las cualidades nutritivas del curiel pon tus gatos en remojo".

-El Granma, ignorando que el Premio Nacional del Humor sólo se concede una vez en la vida anuncia "El Gobierno revolucionario, siempre atento al pueblo, reduce tarifas eléctricas y el precio del gas licuado". La gente se pregunta que si el Gobierno es tan atento al pueblo qué hace todavía en el poder.

-A pesar del anuncio de que la vacuna Soberana "avanza de una manera importante" una encuesta informa que los cubanos son el único pueblo del planeta que le tiene más miedo al 2021 que al 2020.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Rompan (casi) todo

 


Acabo de ver los dos primeros capítulos de “Break It All: the History of Rock in Latin America”, documental de Netflix que intenta resumir la historia del rock hispanoamericano (no latinoamericano como anuncia el título, sospecho, porque de incluir el brasileño habría que cuestionarse la condición rockera de lo que se hacía en el resto del continente. Y hasta la musical). Un tercio del total de la serie. aquel que abarca las dos primeras décadas de recorrido del género. Muy interesante el eje que se intenta construir entre los dos focos rockeros de la América Hispana. De un lado México y del otro Argentina con entrevistas a muchos de los protagonistas del movimiento: El Tri, Café Tacuba, Botellita de Jerez, Los Shakers, Los Gatos, Pappo’s Blues, Serú Girán, Pescado Rabioso. Y en el medio bandas venezolanas, peruanas, chilenas. El intento de reproducir el rugido de generaciones que se reconocieron a sí mismas en el retumbar de guitarras eléctricas y de baterías y el largo del pelo. Todo eso.

Impresiona, sobre todo, la amplitud de la pesquisa. Su ambición de darle una dimensión continental a lo que fue, al menos en las primeras dos décadas de evolución rockera, asunto local. Se insiste en identificar el rock con la rebeldía y la resistencia de generaciones que buscaban un cambio social que empezaba por su necesidad de expresarse y ser escuchados. Rebeldía y resistencia que sería contestada por las sociedades reacias a cualquier insinuación de cambio, con desprecio o brutalidad, según fuera el caso. (La excepción sería Chile donde el rock local sería aupado por el gobierno de la Unidad Popular y perseguido tras el golpe de Estado de Pinochet con el asesinato de Víctor Jara como su apoteosis).  

Llama la atención una ausencia, la de Cuba. Da la impresión que la isla no forma parte del continente musical y social que se está describiendo. La única alusión que se hace es demasiado marginal para tomarla en serio: el grupo chileno Los Jaivas cuenta cómo en sus inicios experimentales llegaron a grabar el disco de un discurso de Fidel Castro haciédolo girar al revés. “Parecía ruso” comenta uno de ellos, divertido. Tal ausencia, la de Cuba, está más que justificada en esta historia. Como cuando faltábamos a clase pero llevábamos al día siguiente una nota escrita por el médico. En el caso de la inasistencia cubana a la historia del rock continental la nota diría: “Cuba no puede asistir debido a que en ese momento estaba enfrascada en cosas más importantes como la construcción de la sociedad socialista”.  

La nota del doctor podría ser mucho más explicativa pero no hace falta entrar en detalles. A Gustavo Santaolalla, productor ejecutivo de la serie de Netflix y autor de la música de Diarios de motocicleta -esa tierna road movie guevarista- no habrá que explicarle la ubicación geográfica de Cuba. O su pertinencia musical. Su empeño en mostrar el hostil contexto político y social en que se desarrolló el rock hispanoamericano nos revela, sin querer, una realidad incontestable: por brutal que fuera la represión sufrida por los rockeros del subcontinente -y lo fue, mucho- fue bastante menos eficaz que la que llevó a cabo  el Estado socialista cubano que aquellas generaciones latinoamericanas usaron como referencia. Una eficacia demostrada en el hecho de que el silenciamiento del naciente rock cubano en las décadas del sesenta y setenta fue casi absoluto. Después de todo al Poder cubano le asistía el doble de razones que a sus similares en el continente: el rock era -como la homosexualidad- una excrecencia de la decadente sociedad burguesa o, en el mejor de los casos -como el feminismo- una rebeldía innecesaria donde todos los problemas sociales habían quedado atrás. O blasfemo o superfluo. Así donde los rockeros de todo el continente pueden mostrar con orgullo una obra original tocada, grabada y difundida en medio de autoritarismos hostiles los isleños apenas pueden testimoniar un rock de catacumbas donde no había rebeldía mayor a su alcance que copiar nota a nota las grabaciones producidas por norteamericanos e ingleses.

Sobra pedirle a Santaolalla que haga espacio para su comprensión histórica de Latinoamérica al “caso cubano”, un caso que tanto impacto tuvo en el imaginario colectivo de su generación y posteriores. De hacerlo su discurso se vería obligado a asumir una complejidad para la que no está preparada la izquierda elemental del continente. Apenas me atrevería a sugerirle que cada vez que muestre un mapa del continente en su serie el espacio correspondiente a la isla de Cuba lo rellene con el agua del Caribe que lo circunda. Eso, de paso, ayudará a fijar la imagen del Che Guevara que aparece en cada rincón del documental como la de pionero del rock argentino en vez de la verdugo en la Cabaña.


P.D.

Para una historia testimonial del rock cubano recomiendo el documental de Jorge Solino A contratiempo.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Héctor Santiago conversa sobre Reinaldo Arenas: “I Love NY era nuestro himno”*

 


Por Enrique Del Risco 

Héctor Santiago es un personaje de novela que escribe obras de teatro. Una de esas obras, Vida y pasión de La Peregrina, basado en la biografía de la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda ganó el respetado Premio Letras de Oro correspondiente a los años 1995-1996. Pero volviendo al personaje de novelas, Héctor Santiago lleva viviendo más de cuatro décadas en el corazón de Manhattan con la misma intensidad con que nació y vivió en Cuba. En su país fue testigo y víctima del tránsito de la “homofobia cultural” republicana a la “homofobia de Estado” de la Revolución o la Involución, como prefiere llamarle con su idiosincrático vocabulario. Santiago puede ser, a la vez que escurridizo y púdico en ocasiones, un fabuloso conversador. En estos años he tenido la fortuna de poderle hacer un par de entrevistas. Esta, la más breve de las dos, está centrada en la vida de su amigo Reinaldo Arenas.

Primero que todo háblame de ti mismo. ¿Cómo fueron tus primeros años de vida?

Yo nací marcado por el inconformismo, la rebelión y la libertad de elegir. Esto es como un novelón. Mi madre era una rubia, blanca, de clase media, descendiente de franceses y gallegos. Los Ruiz-Valladares vivían entre la ciudad de Matanzas en la calle Terry y San Juan de Dios y también en La Habana, donde vacacionaban en la Playa de Santa Fe. Allí se encontró con un hermoso negro pescador muy pobre. Afortunadamente, como el amor no tiene color ni riquezas, el flechazo fue inmediato y su única opción fue secuestrarla. Ella se negó a regresar con su familia y la desheredaron. Allí nací en una covacha de huecos con algunas tablas. Pero con la felicidad inmensa que da el mar sin fronteras, y como un cervatillo salvaje andaba libre por la costa, el pueblecito y entre pescadores. Nos mudamos a Santiago de las Vegas donde vivían los Armenteros-Moreno mi familia negra. Era un pueblito encantador de la periferia habanera, con bastante clase media negra, algunos exesclavos centenarios y mambises veteranos de la guerra de independencia, la herencia de los vegueros que se rebelaron durante la colonia y los ahorcaron, las vegas de tabacos y los pequeños talleres familiares de los torcedores del tabaco. Y el tejar donde se fabricaban objetos de barro, y a donde venían a trabajar desde La Habana Amelia Peláez y otros artistas plásticos de la República, y yo recogía las piezas rotas de las cerámicas que no les gustaban. Luego mi madre me llevó a vivir a la capital, pues al divorciarse de mi padre los Valladares la perdonaron. ¡Se había vuelto blanca de nuevo! Pero yo siempre sería “el hijo del negro”. Así que mi formación fue viviendo entre negros y blancos –los negros siempre me han sido más fascinantes e interesantes–. Vivía en el barrio de Los Sitios, que era un bastión de la cultura popular, la religión y el marginalismo afro-blanco. De eso, el mar, los pescadores y sus mitos, los guajiros tabaqueros con su respeto a la Naturaleza y las deidades del monte, los negros pobres, los refinados, y mulatos profesionales, la grandeza, dignidad y alegría que acompaña a la penuria de nuestro pueblo, la exquisitez bretona y el ímpetu gallego, se ha nutrido mi vida-obra, este vicio de no soportar la maldad ni poder vivir sin libertad, la lengua inquieta ante la hipocresía, mi desprecio por la complicidad con las injusticias y el rechazo al veneno de la egolatría del carácter del cubano, que tanto daño nos ha hecho dividiéndonos en tribus.

¿Cómo te diste cuenta de que el régimen castrista y tú no tenían nada que ver? ¿Quién se dio cuenta primero? ¿El régimen o tú?

Yo. Mi madre empleaba a una lavandera llamada Patria Reyes. Cuando se vislumbraba la carestía, mi madre se dio cuenta que muchas ropas no eran retornadas y cuando comprobó que Patria las robaba la despidió. Un día de enero de 1961, a las dos de la madrugada, irrumpió la Seguridad con unos milicianos, sin orden judicial, rompiendo las paredes del baño a culatazos, con bayonetas cortando los colchones. regándolo todo, etcétera. Buscaban las supuestas armas, explosivos y panfletos, pues Patria acusaba a mi madre de pertenecer a la organización contrarrevolucionaria La Rosa Blanca y se la llevaron pese a no encontrar nada. Durante un mes y medio recorrimos todas las dependencias policiacas y nos decían que no sabían nada. También de madrugada la abandonaron como un trasto en la puerta de nuestra casa, sin una explicación ni disculpa. Era un guiñapo: flaca, miedosa, enferma de los nervios. Moriría enajenada –sin que mis compatriotas me dieran permiso para regresar a Cuba a despedirla–. Así que pronto vi lo que se avecinaba. Pero soñador, por gracia y desgracia, como solemos ser los creadores, y esperanzado como la mayoría del pueblo tras salir de la dictadura de Batista, creía en un mundo mejor y esperaba que la maldad se rectificaría a sí misma. Y como tantos, mariposa de la luz, su llama me quemaría. Ávidos de poder, controlar a la sociedad cubana y hacer desaparecer a la República, la Involución avanzaba a pasos rápidos: la separación de la familia, el control de la educación, los fusilamientos y el “con la revolución todo, sin la revolución nada”. Yo, que como un sabueso husmeo todo lo que es a contracorriente y siempre me meto en líos, pertenecía a las malditas Ediciones El Puente y practicaba abiertamente la Santería de mis ancestros, escribiendo prosa y teatro afrocubano que pronto me censuraron y prohibieron.[1] Fue en 1961, cuando la Operación de Las Tres P: Pájaros, Putas, Proxenetas. Dos policías me recogieron en el área marica del Malecón frente a la embajada americana, me violaron, y sin causa, fianza, ni juicio, sin avisarle a mi familia, me internaron en la Galera 16 del Vivac de la Prisión del Castillo del Príncipe que era para los maricones. En su inmenso patio redondo con una brújula en el piso de granito, entre los más de mil recogidos, estaba Virgilio Piñera temblando y llorando. Allí con diecisiete años me volví un viejo, sosteniendo frente a una vieja cámara de trípode Kodak del 1955 un cartel con un número. De donde comenzó mi trauma con no dejarme fotografiar ni dar entrevistas en vivo, que más o menos tras mucha terapia estoy manejando.[2] No por mí, sino para ser una de las voces de nuestra Historia oculta.

Uno de los mandamases de la galera era Juan Baró, un legendario mulato del submundo habanero conocido como Juana Picadillo, que se apiadó de mí y me hizo tragar jabón amarillo de lavar para que me diera diarrea, pues como “carne fresca” me iban a “vender”, para que me violaran los matones de la galera de delincuentes comunes. Allí descubrí el submundo marica, la cultura carcelaria y una Habana desconocida, que enriquecieron al creador y rebelaron a mi espíritu, decidiendo para siempre pertenecerle. Mi madre buscó a un abogado que me localizó e hizo que me soltaran al cabo de un mes y medio.

Algo que nunca he olvidado y quizás recordarán los que entonces transitaban por la Avenida de los Presidentes y estudiaban en la Escuela de Letras de la Universidad es que al bajar las escaleras de la loma del Príncipe había una inmensa valla que decía: “La Revolución es el mayor acto humanitario” y firmaba El Supremo. Ese expediente me acompañaría, como a tantos, marcándome como maricón y por ende contrarrevolucionario, y serviría para que me enviaran a la UMAP. Así se me fue muriendo el sueño de otra Cuba, sustituido por la otra Cuba que tantos ni imaginábamos: el infierno. El golpetazo definitivo fue cuando, como al apóstol san Pablo, se me cayó la venda en el camino del asco. En 1963 o 1964 se celebraba otro aniversario de la creación de la UNEAC y lo celebrarían con un espectáculo. La Sección de Danza invitó a la independiente Compañía Dionea que yo dirigía y donde bailaba.[3] Montaron un escenario en el jardín con una enorme mesa con el banquete. Al final todos bebían más que comían, con sus mundos intelectualoides circulando al cuadrado. En la acera había una parada de ómnibus, y todos miraban por las rejas. Yo cogí una bandeja y comencé a darles los ya desaparecidos camarones y rollitos de jamón con queso y aceitunas. El Administrador de la UNEAC, un negro llamado Bienvenido del que no recuerdo el apellido, que era el esposo (¿?) de la cantante tortillera Doris de la Torre, me vio y dio la voz. Vino nuestro Poeta Nacional comunista, defensor de los negros y los desposeídos –¡nada más ni nada menos que Nicolás Guillén!–, quien me armó una bronca tremenda y puso fin al banquete del pueblo revolucionario. Desde entonces me quedé marcado en la UNEAC y finalmente me prohibieron la entrada –lo que no me importaba, porque desde entonces me prometí no pertenecer a ninguna institución y lo he cumplido–. Estaban echadas las cartas sobre la mesa: la Involución me aplastaría. Y yo la denunciaré más allá de mi muerte.

Hay quienes achacan las persecuciones contra los homosexuales por parte del Estado como reflejo y resultado de la tradicional homofobia cubana mientras otros hablan de una instrumentalización totalitaria de bajas pasiones del vulgo con las que el Estado y su líder trataban de reforzar su poder (tal y como ocurrió en otras sociedades totalitarias). ¿Cuál de estas dos visiones te parece más acertada? ¿Notas alguna diferencia entre la homofobia anterior y la “revolucionaria”? ¿Sabes si había “recogidas” masivas antes de 1959? ¿Se diferenciaban en algo de las que hubo después?

Por razones ajenas a mí mismo, te contesto esto muchísimo tiempo después que me lo enviaste. Porque se cumple otro aniversario de la muerte de Reinaldo Arenas. Soy muy callado para mis cosas personales. Menos a la hora de hacerle saber al mundo lo que hemos pasado, porque la neutralidad no existe, el silencio es parte de la complicidad, y ayuda a los verdugos y las versiones de sus sátrapas por todo el mundo –incluidos los del exilio que no son exiliados–. De eso he dado testimonios: “Demystifying las UMAP”, de Joseph Tahbaz; “El trabajo los hará hombres”, de Abel Sierra Madero; en un trabajo Félix Luis Viera en Cubaencuentro, en tu blog Enrisco; en el blog de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio del maestro Eduardo Loló. Menos Tahbaz todos heterosexuales. ¡Gracias en nombre de los que ya no están! Allí explico la Homofobia Cultural hasta 1958, y la diferencia con la Homofobia del Estado y sus métodos después de 1959. Quien indague en lo que se ha escrito sobre eso, descubrirá, pese a sus imperfecciones, cuán tolerante era la república y el sadismo del homoodio de la Involución. Baste leer las Memorias de Christine Jorgensen, la primera trans del mundo: “Nunca me sentí tan respetada y bien tratada como en Cuba”. Allí modeló vestidos de Dior en el cabaret Tropicana entre otras apariciones públicas y no lo detuvieron, ni tampoco a los maricones que fueron a recibirlo al aeropuerto habanero con una pancarta dándole la bienvenida. Y la orquesta Aragón le escribió un chachachá: “Yo no voy a Dinamarca porque me cambian la marca”, algo que el gobierno de Batista no censuró ni prohibió. Y en contraste, cuando regresó a Miami, bajándose del avión la Escuadra del Vicio la apresó por inmoral. Y del mundo nocturno habanero di un testimonio “De Fuller a Musmé” en el blog TransCuba. Cuando se hizo demasiado frecuente la aparición de los travestis en la televisión, es cierto que se emitió una ley prohibiéndolo, pero no se extendía a los teatros ni a los cabarets, y los travestis estaban sindicalizados en el Sindicato de Actores y cubiertos por la Ley de Protección al Artista Cubano. También había una Ley contra la Ostentación Pública que dejaba al criterio de la policía aplicar una multa o que limpiaran la estación de la policía, y los soltaban, sin juicio alguno, ni un dosier, ni implicaba la expulsión del trabajo o la Universidad. Ni nunca se cerraron los más de quinces clubs gays que había en La Habana, ni encarcelaron en el cabaret Montmartre o en Tropicana a las modelos travestis, o los prohibieron en las congas en los carnavales como en Las jardineras y Las bolleras, ni entraron en las oscuridades de los cines gay como El Duplex, el Cinecito y Radio Cine, ni cerraron los tres prostíbulos masculinos que habían, ni hubo recogidas masivas, ni cerraron los bares de ligues de la Avenida del Puerto, entre otros: La Campana, para los marines yanquis, y el Helena, para los marineros griegos. Ni se abrieron campos de concentración para Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Luis Carbonell, Felo Bergaza, y tantos creadores homosexuales que el público adoraba. Datos que hablan por sí mismos y son irrebatibles. Desmantelando la justificación de que el homoodio de la Involución, era la continuidad del mismo en la república.

Fuiste testigo y víctima de la sistemática represión de Estado contra los homosexuales como relatas en “Reinaldo Arenas, las cucarachas y yo”. ¿En qué medida te afectaron personalmente?

Fue una mezcla de espanto, al ver cómo en situaciones extremas se puede perder lo que nos distingue como humanos. Y una epifanía, el descubrir también que como humanos, se puede alcanzar lo más luminoso del espíritu aún en las más terribles circunstancias. Allí continuó forjándose mi carácter, se alimentó el creador y descubrí el orgullo de ser intransigente contra todo lo que sea enemigo de nuestra esencia humana. Como le dije a una de esas rojas académicas feminofascistas, que han secuestrado al digno movimiento feminista, “Si el mundo no hubiera sido intransigente con Hitler, usted y yo estaríamos hablando en alemán, yo tendría en mi camisa un triángulo rosado y California sería un estado nazi”. Nos acusan de parcializados y maniqueístas. Pero cuando te han metido en un campo de concentración, te han cazado como a un animal por maricón, te han destruido como creador, no quedan más colores que el blanco y el negro: el gris queda para los verdugos y los que defienden lo que no conocieron.

También de mi mundo UMAP di un testimonio en Cubaencuentro. Después de un año al poeta José Mario y a mí nos sacó Mirta Aguirre, una comunista de la vieja guardia desgarrada entre su feroz estalinismo y su lesbianismo, pero que a escondidas detrás de su máscara de hierro ayudó a muchos. Me han criticado por comparar a la UMAP con Auschwitz. Fue mi error creer que eso estaba implícito en lo que escribía. Jamás he pretendido crear un símil con el Holocausto judío: ese horror no tiene parangón con nada sucedido en la historia de la humanidad. Es que la UMAP cabe en la categoría de campo de concentración acordada por la ONU. Reclusión forzada, negación de los derechos civiles y procedimientos judiciales, internamiento por orígenes étnicos, credos religiosos, ideas, afiliación política, etcétera. El uso del trabajo forzado, la similitud del funcionamiento de sus campamentos, con la vigilancia armada reforzando el confinamiento, con los castigos, los procedimientos represivos, las torturas, la pobre atención médica, la escasa alimentación, la degradación física y psicológica, el aislamiento de los demás internados –con los triángulos rosados de Auschwitz y el escudo nacional de la UMAP–. Además de que sus instalaciones eran idénticas en sus componentes físicos, rodeadas de alambradas, incomunicadas y aisladas de los pueblos y ciudades. Ser judío o maricón no es per se un delito criminal.

¿Tienes idea de cómo afectó esta represión a Arenas en los sesenta? ¿Disfrutaba de cierta protección institucional a través de la UNEAC o estaba tan expuesto como el que más?

Él, como todos nosotros, compartió la misma represión brutal: expulsándote de las becas, escuelas y universidades, botándote de los trabajos, las recogidas policíacas, algunos fingiendo una falsa heterosexualidad, casándose y teniendo hijos, otros convirtiéndose en colaboradores y en el maricón-antimaricón. Era una tremenda presión psicológica y social. Imagínate lo que es cada día convertirte en tu propio represor, autovigilándote las ropas que te ponías, tus gestos, de qué hablabas, evitando los lugares “de antisociales”. Vivías vigilado todo el tiempo –con el peligro de que te denunciaran por pedófilo para quitarte la casa o tu puesto en el trabajo–, imposibilitado de tener una relación abierta: en fin, dejando de existir para existir como te imponía el Estado Comunista. La UNEAC no protegía a nadie, simplemente utilizaban tu talento y capacidad, tolerándote mientras fueras un cordero. Era una cueva de leones donde se espiaban unos a otros, se traicionaban vendiéndose como unas rameras intelectuales, por un viaje al extranjero, una publicación o una exposición. La lista de los que expulsaban cuando no querían ser marionetas, tiene bastantes nombres como los de José Mario, Heberto Padilla y Belkis Cuza Malé. Estabas en la nómina de la UNEAC, así que tenías que cumplir con lo que te exigían, como a un trabajador estatal, y a la vez soportar que una entidad cultural te dictara el comportamiento político. Aunque detestaras a la maquinaria estabas forzado a ser parte de ella y servirle. ¡Puro Maquiavelo!

¿En qué circunstancias conociste a Arenas? ¿Qué impresión te causó al principio?

Las clases del Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional, al que yo pertenecía, se daban en la Biblioteca Nacional, donde él trabajaba. También se reunían allí los miembros de las Ediciones El Puente. La biblioteca poseía una maravillosa sección de discos, de música clásica y popular desde el 1950 y donde todavía se podían escuchar a los que ya comenzaban a marcharse, y allá íbamos a oírlos antes de que desaparecieran, igual que los libros de los escritores exiliados, y la sección Homosexualismo. Por la noche todos nos íbamos a disfrutar la bohemia y el encanto de los sitios de las noches marginales habaneras. Todo ese mundo que ya se presentía marcado para desaparecer. En 1963, con el pretexto del ciclón Flora, cerraron todos los centros de entretenimiento e impusieron una Ley Seca, enviando a los cantantes, músicos y empleados a trabajar en el campo, y después algunos no reabrieron. Realmente en ese tiempo había muchas personalidades fascinantes, entre los monstruos sagrados de la generación del treinta y los interesantes de la del cuarenta. La nuestra del sesenta buscaba su voz, era muy variada, joven, romántica, pretenciosa e inexperta. A mí me había marcado mucho el poeta José Mario, otro valiente maricón público. Pero Reinaldo fue una avalancha inesperada. Y su escritura un terremoto sin precedente alguno.

¿Dónde veías a Arenas? ¿De qué hablaban?

Estábamos sitiados. Así que la persecución misma iba creando sus refugios por toda la ciudad. Reinaldo y yo éramos hombres del mar y nos veíamos a menudo en la Playita 16 en Miramar, nos fascinaba la decadencia de los cabarets de la Playa de Marianao y la bohemia de los bares de La Rampa, comandados por el Gato Tuerto del inconmensurable Felito Ayón. Nos íbamos con la pandilla de los negros –Nicolasito Guillén Landrián, Sara Gómez, Nancy Morejón, Rogelio M. Furé, Maguie Prior, Manolo Granados, Ángel Acosta León y otros– a los toques de tambores en Regla y Guanabacoa, y las rumbas en los solares. Con los de El Puente y otros periféricos, comíamos en las fondas nocturnas por toda la ciudad, en el Barrio Chino, íbamos a los bares gays y al mundo mezclado del puerto con sus calientes marineros y las putas divinas, perseguíamos en los viejos cines los dramones mexicanos de los cincuenta. Había muchos Reinaldos, buenos y malos. Y nunca sabías cuál te iba a mostrar. Si echabas a un lado el malestar por sus puñaladas, al final su complejidad te resultaba fascinante y entretenida. Además, tenía el don de una conversación locuaz e incansable, una gran cultura que se deslizaba amenamente sin que fuera pretenciosa, ostentosa ni insoportable. Poseía ese rasgo cubano de ser una cotorra perpetua, muy locuaz, barroco, cantinfleando, entremezclando los tópicos, interrumpiéndolos y regresando a ellos para terminarlos. Carpentier con su garraspado español-cubano-francés era único, Lezama una amena enciclopedia sin pretensiones. Gastón Baquero era fascinante con su amena cubanidad. Y el desparpajo de Reinaldo era desconcertante.

Reinaldo Arenas en las Cataratas del Niágara (FOTO René Cifuentes / Univisión)

¿Cómo era Arenas?

Reinaldo era un personaje de su propia picaresca. Con un sentido del humor muy inventivo y ácido. Podía destruirte y ridiculizarte en un segundo. Y al siguiente te acogía muy cálidamente. Siempre se interesaba por lo que estabas creando. Tenía una gran necesidad de afecto y te hablaba de sus proyectos y te leía lo que había escrito. Cuando escribía se encerraba y no existía más mundo que ese momento. Le encantaba que se rieran de sus burlones desparpajos. Creo que cubría su desamor con su lado más agrio. Su infancia, el peso de su madre y el abandono de su padre, lo cargaba por siempre. Pero no vacilaba, a veces, en mostrarte su cariño –si entendía que te lo habías ganado–, porque era muy desconfiado y no se entregaba fácilmente. La vida injusta que le dieron la llenaba con el sexo, y su desesperación espiritual con escribir, que era su urgencia y el único propósito de vivir. Coincidiendo en eso con otros a los que ya había matado el Estado, pero que sin escribir sí se morían: Lezama Lima, Virgilio Piñera, Dulce María Loynaz, Carilda Oliver Labra… Los que lo conocieron saben, eso espero, de la intensidad que emanaba de lo que yo llamaba “sus ojos gitanos”. En Nueva York la playa nos quedaba lejana en Coney Island o el Bronx, pero teníamos en el barrio en Manhattan el río Hudson. Él era ateo como Virgilio, pero apreciaba la intensidad y belleza de la obra religiosa de Lezama, Dulce María Loynaz y Baquero. Yo fui a echar unos girasoles en sus aguas por el día de Ochún, y nos sentamos a ver la puesta del sol en la ribera de New Jersey. Entonces le vi en el rostro el espíritu trascendido del cual hablan los místicos. Se dio cuenta y se me escapó con una frivolidad.

¿Cómo te fuiste de Cuba?

Yo tenía un dosier bien amplio. Había estado detenido varias veces por mis escritos, en recogidas de antisociales, porque no ocultaba mi identidad homosexual, por practicar abiertamente la Santería cuando era un delito sin ninguna ley en contra, por mis reuniones con los grupos marginales afines, y a cada rato me registraban la casa confiscándome los manuscritos. Siempre estaban presionándome para que colaborara y denunciara a los homosexuales y “desafectos” del mundo de la cultura. En 1970, una bondadosa amiga que trabajaba en una de las oficinas de Cultura en el Palacio del Segundo Cabo, me vio en la lista de la parametración de los teatristas y me advirtió. Ya llevaban mucho tiempo en algo macabro que llamaban La Bolsa de Valores, donde botaban a los que no querían en los grupos y cobrabas por años sin trabajar, salvo que alguien te pidiera para reforzar de segundón alguna puesta en escena o un espectáculo. Había pasado por muchos grupos y hecho de todo, así que tenía pocas opciones y llevaba en la frente la cruz de ceniza como “desafecto al Sistema”. Había pedido varias veces la salida del país y me habían concedido una beca en un grupo de teatro francés –eso está en mis papeles en la Universidad de Miami–. Y por esos absurdos de la Involución, aunque era el “enemigo”, no me la concedían. Así que me decidí, junto con otros tres, a lanzarme al mar en una balsa por la costa del pueblo habanero de Tarará. Nos descubrieron y cumplí tres años en una granja de trabajos forzados en Taco-Taco en Pinar del Río y en la cárcel Cinco y Medio de la Carretera Luis Lazo en la galera de los maricones. En 1979 cuando el presidente Jimmy Carter propicia “el diálogo” de la Comunidad y comienza la Reunificación Familiar, tras toda una aventura picaresca pude exiliarme como expreso político en España, con la categoría de parole que me concedió la ONU.

Al llegar a los Estados Unidos ¿Qué hiciste en aquellos primeros tiempos?
Agradecido de lavar platos y limpiar casas. Por un encuentro fortuito con Elizabeth Taylor, comencé a trabajar como decorador por contrato en Bloomingdaleʼs. Después dando clases de danza y ejercicios aeróbicos, y otras sobrevivencias hasta mi retiro. En La Habana, en el cine Payret, había visto la película La comezón del séptimo año con Marilyn Monroe, que me descubrió a Nueva York. Y me dije: allí quisiera vivir. Mi tiempo en Madrid, viendo a los cubanos que llegaban, me hizo comprender que, si vivía en Miami, sería como no haber salido de Cuba y yo quería ampliar mi mirada. Así que en la embajada norteamericana pedí la visa para Nueva York, aunque no tenía a nadie aquí. Y tras las odiseas propias del acomodamiento, terminé viviendo en el barrio Hell’s Kitchen en el midtown de Manhattan, con una comunidad cubana formada por muchos creadores de los sesenta en adelante –y los hermanos teatristas puertorriqueños y dominicanos–. Además, estaba en el centro teatral de Broadway y en el conglomerado del teatro off Broadway en la Calle 42. Lo que me propició regresar al teatro en español y con mi inglés trabalenguas al neoyorquino.

¿Cómo te conectaste con Arenas en Estados Unidos?

Cuando llegaron a Nueva York los refugiados del Mariel. Vivíamos a unas cuantas manzanas. Había entre los cubanos que ya estaban aquí y los del Mariel una gran necesidad de conocerse. A unos y a otros les habían arrebatado una historia en común, los amigos querían llenar el vacío entre ellos, y al filo de la libertad se produjo una gran euforia creativa.

Se habla mucho del impacto de la llegada de los marielitos a los Estados Unidos. ¿Qué recuerdas de la llegada de los marielitos a Nueva York?

El Mariel fue sangre fresca para el exilio. Y les destruyó a los defensores de la tiranía roja, la versión del apoyo incondicional del pueblo y de la perfecta utopía que el mundo debería copiar a sangre y fuego. Al fin y al cabo, eran los hijos jóvenes de la Involución, los viejos que lucharon por ella, sus militantes, funcionarios, creadores y artistas, los pobres, y los negros que eran uno de los pilares de su propaganda. ¿Y si venían unos enfermos mentales? ¿No era porque los sacaron de los hospitales y manicomios, para deshacerse de ellos como una basura, abandonándolos a su suerte, botándolos en los barcos y forzando a este país a ocuparse de ellos? ¿Ese es el humanismo revolucionario? ¿Y si venían delincuentes? ¿Cómo era posible que tras veinte años de paraíso rojo hubiera delincuentes? ¿No era porque los sacaron de las cárceles? ¿No era porque cualquiera podía ser un delincuente, por comerse una piña en una cooperativa agrícola te condenaban a tres años de cárcel? Si a los campesinos se les moría una res tenían que llevarla a las autoridades y después de certificarlo debían arrancarle la piel y entregárselas o te echaban hasta cinco años. En Santa Fe a uno de mis amigos le encontraron una langosta que no había declarado y le echaron cuatro años de prisión, porque eran para “producir divisas” –pagar las guerras internacionalistas alrededor del mundo o que las comieran los compañeros extranjeros que venían a solidarizarse–. Así que esos cientos de “delincuentes” los fabricó la misma Involución. Además de que era imperioso robarle a la cúpula lo que ellos le robaban al pueblo. En esas apariencias, desconocimientos y complicidad, se basó la propaganda de los neoyorquinos rojos para desprestigiarlos –que aún continúa con otros rojos por todo el mundo–. Eso les hizo muy difícil que los respetaran y hacerse de un sitio en este país. ¡Pero lo lograron donde quiera que se asentaron, creando trabajos y haciéndose profesionales!

¿Cómo fue el encuentro entre los intelectuales cubanos que salían de Cuba y el exilio intelectual que ya existía acá?

Fue un gozo reencontrarnos con los creadores que borraron de la historia cultural de Cuba por haberse exiliado. A los que reverenciábamos de oídas y en la clandestinidad nos prestábamos sus libros, los discos, las fotos y los programas de sus exposiciones: Lydia Cabrera, Gastón Baquero, Carlos Montenegro, Agustín Acosta, Cabrera Infante, Celia Cruz, La Lupe, Olga Guillot, Bebo Valdés, Cachao, Rafael Carruana, José Gómez Sucre, Cundo Bermúdez, Natalio Galán, Aurelio de la Vega, Ernesto Lecuona, Armando Oréfiche. La lista es larga. Pero antes tuvimos que luchar. Teniendo que demostrarles a los americanos rojos, que apenas con treinta años no éramos asesinos batistianos, ni latifundistas, explotadores capitalistas, delincuentes, ni racistas. Ni tampoco los comunistas que las torpes divisiones del mal llamado “exilio histórico” crearon. Éramos un ciclón, ansiosos de vivir, recuperar todo lo que perdimos del acontecer mundial, rescatar nuestra sexualidad, deseosos por crear, trabajar para hacernos un futuro, conocer las tendencias artísticas y técnicas desconocidas. También éramos bastantes irreverentes, engreídos y combativos. Por lo que hubo miedos, rechazos y distanciamientos. Pero todos tuvimos la humildad de acomodarnos y la relación terminó por ser muy buena. Respetándoles el sufrimiento, lo que habían contribuido a nuestra cultura y aceptándolos como nuestros maestros. Y ellos respetándonos lo que habíamos sufrido, comprendiendo nuestras ansias e inmadurez. Lo que allanó el camino cuando sucedió lo del Mariel y pudimos unirnos para ayudarlos.

Reinaldo Arenas en Nueva York (FOTO René Cifuentes / Univisión)

¿Cómo era la relación de Arenas con Nueva York? ¿Cuáles eran sus lugares favoritos? ¿Qué grupos frecuentaba?

Realmente el “I Love NY” era nuestro himno. Esta ciudad nos es fácil y en ella habitan Dios y el Diablo. Pero la libertad que le ofrece al espíritu, sus variados personajes y su inspiradora riqueza creativa, son únicas. Sobre todo, para los que veníamos sin mundo ni libertad. Realmente era una magia indescriptible caminarla, sin que te estuvieran espiando los Comité de Defensa ni que la policía te recogiera. Su grandeza es ese respeto a las manifestaciones de la humanidad del individuo, que para algunos puede ser su frialdad. Si te desnudas en la Quinta Avenida con una flor metida en las nalgas, siempre que por la ley te cubras los genitales, nadie hará de eso un gran rollo porque esa es tu elección y siempre el próximo está en camino. Siendo una ciudad tan vasta y rica, por camadas le íbamos descubriendo sus sitios interesantes y fascinantes. Nos gustaba mucho descubrir las comidas de otros países. Reinaldo gozaba mucho del Barrio Chino, la Pequeña Italia en Manhattan, el Barrio Árabe en Brooklyn y el Indio en Queens. Le gustaba mucho reunirse con los primeros exiliados de los sesenta de Nueva York y Nueva Jersey, para hablar de la Cuba desaparecida. Frecuentaba las dos librerías hispanas en la Calle 14, y la Librería Francesa en el Rockefeller Center. Devoraba los museos sobre todo el Metropolitano. En Cuba nos gustaba caminar por el cementerio habanero de Colón. Yo le descubrí el fabuloso Greenwood en Brooklyn. Se extasiaba con el Jardín Japonés en el Jardín Botánico de Brooklyn, y con el del Bronx, con su victoriano palacio de cristal del Conservatory, y el molino colonial Stone Mill junto a la cascada del río Bronx. Por eso lo afectó muchísimo la falta de movilidad y energía cuando se enfermó. Aunque estoicamente en esos tiempos no hablaba mucho del sida y lo ocultaba por el estigma y el rechazo.

¿Cambiaron los gustos personales de Arenas en Nueva York? Por ejemplo, ¿qué música le gustaba oír?, ¿qué películas le gustaba ver?

Nueva York nos invitaba a quitarnos la piel vieja, recobrar el tiempo perdido y vivir nuestro homoerotismo. Los ochenta fueron los años del delirio, que se pagaron de mala manera con el sida. Escribía oyendo música clásica, canciones en francés y le gustaban los boleros y Celia Cruz. Devoraba todas las películas de la Edad de Oro de Hollywood, y las que nos perdimos por prohibidas durante los sesenta y los setenta. Y fue una borrachera descubrir el archivo del Performance Arts del Lincoln Center. Si alguien tenía películas mexicanas de las rumberas cubanas allá corríamos.

Tengo entendido que Arenas era un gran conversador ¿De qué temas le gustaba hablar contigo?

Él nunca se fue del campo. Se llamaba a sí mismo “un guajiro”. Le fascinaba ir al Parque Central. Cuando lo llevé a Fort Tryon en el uptown, donde está el museo de los Cloisters, cayó en trance. Hablaba de su infancia y de Holguín. De cuando la UNEAC lo mandó al campo a cortar caña y fue su inspiración para el poema El central. Lo atraía la literatura colonial cubana, desde que hizo la investigación para la reescritura de Cecilia Valdés y utilizó a Gertrudis Gómez de Avellaneda, pero en general sus tópicos eran muchos y variados.

¿Le gustaba tanto la maledicencia como dicen?

Yo encontraba su maledicencia ingeniosa, temible y a la vez entretenida. Ese fue el origen de todos los enemigos que se buscó y las puertas que le cerraron. Muy pocos nos acostumbramos a ella. A veces se pasaba de la raya y los encontronazos eran muchos, y la mala fama lo fue siguiendo. Desde mi mundo yo consideraba que era como un payaso solitario que con el látigo trataba de hacerse notar. Obligándote a la dicotomía de tener que elegir entre la persona y el creador. Yo he conocido a grandes creadores que como personas son una mierda. Y a grandes personas que como creadores son una mierda, defendiendo la inhumanidad de la Involución cubana. Me era un enigma, que pese a todos los problemas que eso le ocasionaba, Reinaldo continuara con esas maneras que lo demeritaban.

¿Recuerdas anécdotas que reflejen la relación de Arenas con Nueva York?

Fuimos a una institución gay, The Center, en la Calle 13 en el West Village, que agrupaba a muchas organizaciones rojas, donde unos latinoamericanos del mismo color iban a hablar de los dones del paraíso cubano y lo horrible de este país, donde vivían. Cuando terminaron, Reinaldo les dijo: “El pájaro que tenemos en la casa, tiene asegurado el pan y el refugio. Pero sigue estando en una jaula”. Era exhaustiva la batalla porque te escucharan en una ciudad que es un bastión rojo, pero él no se cansaba. Le cerraron muchos caminos y se hizo de muchos enemigos, porque su lengua era libre y no perdonaba la mediocridad o la complicidad con la maldad. Todo esto lo compensaba el que disfrutara mucho la variedad de la ciudad, su vida nocturna y el hecho de que no durmiera. Además de la excitación de los peligrosos retos de los lugares prohibidos del sexo.

¿En privado Arenas era tan burlón como en público? ¿Qué recuerdas al respecto?

Reunía la mala leche de Francisco de Quevedo, Cervantes, el desenfado libertario del mundo homosexual y el desparpajo defensivo de las locas cubanas: todo eso era parte de su obra y su personalidad. Tenía la capacidad de que, con pocas palabras y razones precisas, iba al directo y destrozaba a cualquiera. Como con Bola de Nieve. Bola de Nieve partía de su dura experiencia como negro en Cuba, lo que lo hizo un fanático defensor del régimen, por lo que Virgilio Piñera lo llamaba La viuda de Robespierre. Y aunque Bola estaba al tanto de la UMAP y la represión odiofóbica y tenía miedo, él sabía que su apoyo lo blindaba del homoodio y fabricaba excusas. Incluso cuando estaba en México se cuidaba de no tratar a sus antiguos compañeros exiliados como Olga Guillot y Celia Cruz. Un día Arenas y yo estábamos en una fiesta en El Soho y le preguntaron si era amigo de Bola de Nieve y contestó: “Bola Roja, querrá decir”. Solía crearles apodos a sus amigos y enemigos, muy inventivos, graciosos y demoledores. Y escribirles todo tipo de cosas en tarjetas que les daba o enviaba. Con él no había término medio: te peleabas a muerte, lo combatías por siempre, lo ibas vadeando o participabas con él.

Arenas tiene dos artículos muy diferentes entre sí: uno en que manifiesta su entusiasmo inicial por Nueva York y otro que era una especie de despedida de la ciudad que recoge una visión mucho más amarga y sombría de la ciudad. Hasta donde lo conociste cuál fue tu impresión, ¿nunca se adaptó a la ciudad u ocurrió un proceso de desencanto progresivo

A él no le gustaba esa herencia de la hipocresía anglo, la superficialidad, el localismo y la incultura del modo de ser de muchos americanos. Pero reconocía su afabilidad, su inventiva, su libertad y el goce por la vida, entre otras cosas. Así que veía a Nueva York entre la aceptación y el rechazo. Él buscaba en la ciudad gay una relación afectiva que lo condujera al amor, pero en el desenfreno de esos tiempos sólo había sitio para el placer –en los antros del sexo las gentes ni se preguntaban el nombre y apenas se hablaban–. Viniendo de la afabilidad cubana eso le costó mucho trabajo asimilarlo, pero se fue adaptando, comprendiendo que en esas circunstancias nunca encontraría el amor. Otra cosa que lo desesperaba por incomprensible, era que en el mundo de la democracia lo atacaran sin piedad por su posición libertaria, que más que política era filosóficamente humanista y universal, aunque enfocada hacia Cuba, que era su misión. Mientras las instituciones culturales y educativas norteamericanas les abrían las puertas a los creadores oficialistas de Cuba ofreciéndoles becas, conversatorios pagados, publicaciones, eso mismo se lo negaban a los exiliados. También le preocupaba el paso del tiempo y no ser gustado –en una ciudad con un desmedido culto a la juventud y la belleza–. Puede que, junto con las dificultades económicas, todo esto comenzara a ensombrecer la mirada que tenía de la ciudad. Tristemente, al final de su vida fue que comenzó a recibir buenos pagos por su obra. También lo afectó mucho la paulatina desaparición de la ciudad gay y la muerte de sus amigos por el sida. Y finalmente su contagio. Nueva York ya no era su Nueva York.

Desde el mundo gay, latinoamericano e intelectual de la ciudad ¿cómo se le percibía a Arenas? Cuando hablas de “ostracismo académico por consideraciones políticas”, ¿a qué te refieres?

Él era el blanco preferido de los utópicos rojos, que controlan las instituciones académicas y culturales y los medios de información. Sobran los ejemplos de cómo ellos cercenan a los que no piensan igual. No importaban las irrefutables evidencias que les presentaran: siempre preferían ignorar la realidad del descalabro cubano. Además de que sus luchas por la libertad individual y el derecho de expresión no se extendían a nosotros. Luchaban por los derechos de los homosexuales, siempre y cuando no fueran homosexuales cubanos exiliados. Te contaré tres historias.

Una. Reinaldo y yo estábamos en una recepción en una galería de pintura en el Soho. Por no desentonar conversábamos en inglés y el acento nos delató. Nos preguntaron de dónde éramos y al responder que de Cuba nos convirtieron en las estrellas de la noche; todos querían hablarnos, preguntarnos sobre Cuba y contarnos sus experiencias e impresiones a lo Walt Disney de un país que no reconocíamos. Cuando nos preguntaron que cuándo regresábamos y les dijimos que éramos exiliados, fabricaron un muro alrededor de nosotros y nos ignoraron durante el resto de la noche.

Otra. El Victory es un teatro en la Calle 42 de Manhattan que se especializa en teatro infantil y juvenil. Trataban de llenar la cuota “latina” para un festival y me solicitaron una obra. Les envié El día que se robaron los colores, les gustó y aceptaron montarla. Me pidieron una biografía, donde yo siempre incluyo mi represión en Cuba y mi condición de exiliado. Una semana después me llamaron, diciéndome que lo sentían, pero la obra no se adecuaba a la línea artística de la institución.

La tercera. Estaba en una universidad de California, donde recibí un segundo premio por Camino de ángeles, una obra sobre el sida –de la lista de los premiados me desaparecieron, pero el diploma está entre mis papeles en la Universidad de Miami–. Era un conversatorio sobre el teatro “latino”. Y al hablar del teatro cubano en los Estados Unidos, un director chicano de teatro dijo: “Cuando me cae en las manos una obra de esos cubanos la boto a la basura”. Lo gracioso, o terrible, es que el tema de la mesa era: “¡La censura del teatro latino en el ámbito teatral norteamericano!”

¿Qué nos puedes decir de “la loca desenfadada y quevediana que le pone los pelos de punta a los moralistas del exilio? ¿Cómo fueron sus relaciones con ese exilio tradicional y viceversa?

Esos “viejos del exilio que afortunadamente se están muriendo todos”, como dicen. Se trajeron la Cuba de sus tiempos con ellos. Y encerrados en sus pasados construyeron el difícil momento de un exilio, que tuvo que luchar contra el racismo sureño de la “Cuban invasión” y el “No dogs, no Cubans”. Y contra la maquinaria roja que los presentaba a todos como batistianos torturadores y asesinos, explotadores, reaccionarios, agentes de la CIA. Con los medios de información fabricando el Robin Hood barbudo que este país se creyó. Ya cómodos, lograron convertir un cementerio para viejos jubilados en la ciudad de Miami, al margen de los norteamericanos, obligándolos a ser bilingües, y construyendo su propia economía.

Entonces suceden los hechos del Mariel, creando una nueva realidad que los desequilibra y a la que responden creando el “exilio histórico”. Lo cual fue un tremendo error divisorio, porque la libertad no conoce purezas de grupos, exclusivismos, ni épocas. Ni siquiera se les acercaron a los del Mariel, no les dieron tiempo a que se acomodaran al cambio brutal del comunismo al capitalismo y a la periferia norteamericana, no los ayudaron con la transición para vivir de una nueva manera. Hubieran descubierto en ellos a las víctimas del mismo monstruo que los pisoteó. Se creyeron el discurso de los mismos rojos, que los habían desprestigiado a ellos como reaccionarios, gusanos y contrarrevolucionarios. Reinaldo no sólo era la presencia testimonial de la persecución, también era la valiente voz pública homosexual en ese nido tradicionalista, que le respondía con el homoodio cultural de la república, nuevamente coincidiendo con sus enemigos. Reinaldo respondió prescindiendo de ellos, viéndolos como la copia de la realidad de la cual salió huyendo. Así que salieron perdiendo, Reinaldo, ellos, y la idea de un exilio unificado. Fue un gran triunfo para los rojos en ese momento.

A Arenas le chocaba bastante el mundo gay norteamericano: “Locas que buscaban otras locas”, según escribió él. Percibiste algo así en tu trato con él. ¿Recuerdas alguna circunstancia en que esto se puso de manifiesto?

El mundo gay latinoamericano sigue enclaustrado en la copia del mundo hetero de la relación mujer-hombre. Con el papel tradicional del pasivo-mujer-penetrado y el activo-hombre-que penetra. Lo cual ha cambiado en la comunidad homosexual norteamericana, donde todos los papeles se intercambian y nadie subyuga absolutamente a nadie, y el bugarrón y el bisexual han quedado en la periferia del acontecer gay. Porque este gay de ahora busca en otro gay lo que estos no pueden darle: enamorarse del otro, mantener un hogar juntos, crear una economía en común y una personalidad civil en cualquier comunidad donde vivan –ahora casarse y tener hijos–. Reinaldo no entendió eso. Siguió buscando al macho perenne para entregársele sometido. Su error fue salir a buscarlo por los cines, los baños de vapor y las oscuridades. Quejándose de la inconexión entre los cuerpos musculosos y viriles, y la sexualidad sin códigos. No comprendiendo que una cosa era la piel y otra la esencia del ser homosexual.

¿Llegaste a colaborar con la revista Mariel? En caso afirmativo, ¿qué nos puedes decir de la experiencia?

No. En aquel momento me construía el futuro exiliado: con dos trabajos, estudiando inglés y metiéndome en la piel del “American way of life”. Es ahora que se está reconociendo su tremenda importancia, y todo el talento que estaba reprimido en Cuba. Crearon una sólida obra que nada tiene que ver con lo que se hacía en Cuba. Continuaron la herencia, impuesta por la represión, la economía y la necesidad del salir de la aldea, de nuestros forjadores de la identidad nacional en el siglo XIX: Heredia, Villaverde, La Condesa de Merlin, Félix Valera, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Martí y otros, que crearon el grueso de su obra en la emigración y el exilio, en español, inglés y francés.

Tengo la impresión de que viviste bastante de cerca la fase en que fue un “aterrado enfermo de sida enfrentado a su mortalidad” ¿Qué nos puedes decir de aquel Arenas?

Eso está en el testimonio “La larga muerte de Reinaldo Arenas” en Internet.

De la muerte de Arenas hubo varios testigos: Lázaro Gómez Carriles, la traductora Dolores Koch y tú. ¿Puedes contarnos en detalle cómo ocurrió todo?

Te refiero a lo mismo.

Luego del éxito inicial de sus dos primeras novelas a su salida de Cuba no consigue publicar en las grandes editoriales de la lengua hasta su muerte. Sin embargo, al morir, su autobiografía, Antes que anochezca, se convierte en best-seller. ¿Crees que ese éxito póstumo, aunque merecido, fue una manera de malentenderlo?

Fue la maldita ironía de ignorarlo desde que salió por el Mariel hasta su muerte. Y la complicidad de los que nunca quisieron escuchar las pesadillas que traía consigo, leerlas, ni reconocer sus valores como escritor: los tontos útiles de siempre. Los ciegos que siguen sin vernos.

¿Qué piensas de la película de Julian Schnabel Before Night Falls y de otros recuentos sobre Arenas? ¿En qué medida se alejan y en qué medida se acercan a la idea que tú mismo tienes de Reinaldo?

A los grandes hombres les echan muchas sombras las luces de sus mitos. La obra de Reinaldo no es la totalidad de su persona. Y cuando no se conoce personalmente a un creador se suele recurrir a las referencias de otros. Son muchos Reinaldos de los que queda bastante por desentramar. La película, la ópera, los estudios, los ensayos y análisis son válidos para mostrar su riqueza y muchas facetas. Son las fuentes y la invitación al público para que lo investigue y reconstruya. El tiempo modifica la memoria y cada cual elige lo que le es más afín y le interesa. Lo realmente importante es que la persona y el mito sigan cumpliendo su misión fundamental. Demostrar que la Involución cubana es el desastre de los tiempos soñados, que impusieron las masas manipuladas y manipuladoras. Ciclo eterno que se repite con otras involuciones, y la necesidad que tiene la manada del lobo Alfa de imaginar y ansiar lo que no tenemos, y esperar que la utopía nos regale los frutos fáciles que nos promete.

¿Cómo valoras la importancia de Arenas para la literatura cubana y la cultura en general?

Nunca un maricón isleño se reveló tan maricón en su obra, haciendo del desenfado y el choteo cubano un estilo. Reinaldo fue La Voz. Te le puedes acercar, pero ni siquiera imitarlo, porque la copia se delata por ella misma. Él entró en la esencia de Cuba sin populismos ni folclorismos. Desde adentro, con una manera de narrar que plasma la esencia caribeña-cubana. Y desde allí, con la pluma barroca del buen español, lo descompone, juega con él, lo hace popular y culterano, ameno, entretenido, a la vez, que nos desgarra. Maravillados de los mundos que nos entrega y lo que desconocíamos, lo seguimos hasta la última página. Con la cualidad de narrarnos el espanto de una manera que nos saca risas. Salimos perdiendo con la desgracia de su temprana pluma rota. Salimos ganando con el regalo de su buena tinta.

Exilio, Nueva York, diciembre 1 de 2020


Notas:

[1] Llevaba al Seminario el libro El Monte de la gusana Lydia Cabrera y se los prestaba a todos los negros dramaturgos que lo desconocían. Seguía la tradición de vestirme de blanco los jueves Día del Santísimo Sacramento e ir a las clases con los collares del Santo. Un día me estaba esperando el rojo dramaturgo argentino Osvaldo Dragún que era el director del Seminario, con un mitin de repudio urdido por mis compañeros dramaturgos que me expulsaron. Cuando la Crisis de los Cohetes crearon unas brigadas artísticas a la soviética, para entretener a las tropas, ir a las fábricas, etcétera. Yo monté mi guion “A Míster Bombita se le cayó el tabaco”. Que tuvo mucho éxito. Dragún me propuso regresar, pero decliné el volverme a sentar entre mis verdugos. Años después me lo encontré enfermo en el aeropuerto de Madrid y me dijo quiénes habían urdido. Escribí aquella obra porque entonces, como ahora, pienso que de la misma manera que desconocieron a los cubanos con el Tratado de París en 1898, la enmienda Platt en 1901, el fracaso del Diálogo Cívico dirigido por Don Cosme de la Torriente para salir del atolladero de la dictadura en 1958, y desecharon a Batista abriéndole el camino a las barbas, el gobierno americano no debía de entrometerse en nuestros destinos y dejarnos a nosotros mismos luchar por nuestra libertad. Una vez más, con la Crisis de los Cohetes. sin contar con los cubanos de la oposición, como lo hizo el presidente Obama. Porque donde hay tiranos hay oprimidos y se merecen que los escuchen.

[2] Debo, en parte, el fin de este silencio a mi amigo José Abreu, que me forzó pidiéndome una foto para una entrevista que me hizo en El Nuevo Herald. Y también a mi amigo Luis de la Paz cuando participé en sus Viernes de Tertulia en Miami. Eso no quiere decir que aún no tiemblo cuando me tiran fotos.

[3] El programa de ese día está en la Universidad de Miami, en el Cuban Heritage Collection.



*Tomado de Rialta Magazine