martes, 28 de octubre de 2014

Publicidad para la nueva era


Desde La Habana alguien me envía el video que reproduzco arriba y a petición mía reconstruye las circunstancias que llevaron a su realización y posterior descarte por los mismos que lo habían encargado:


"Yo trabajo como creativo independiente y pertenezco a la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (equivalente a la UPEC de los periodistas, y ambas bajo el ala del Olimpo), que reúne especialistas de mercadotecnia, relaciones públicas, fotografía, diseño, realización audiovisual, etc. Hace 2 años, el Departamento Ideológico del Partido me convocó  con mi equipo, a colaborar en los audiovisuales para las elecciones de ese año 2012. Para variar, contrarreloj. Iban destinados a los jóvenes, porque los números de intención de voto, ya sabes, eran de risa. Esa misma noche nos pusimos a trabajar. Para cuando la persona que enviaron con el encargo llegó a su casa, tras la reunión inicial, ya estaban resueltos creativamente los 3 materiales, en menos de una hora. Sólo quedaba planificar la producción, cosa que hicimos también muy rápido, y nos dieron el ok para presentar la primera maqueta. Fue aprobada en la segunda reunión y fuimos a rodaje. El día de la 3ra reunión, ya con las personas que supuestamente decidían, vino el shock. El spot "transgresor", porque así pasó a la historia, era algo que se salía de lo que tenían en mente. Lo pasamos 2 veces y cuando encendimos la luz, ahí aprendí lo que significaba "lívido". El "jefe" de la reunión estaba como Gorbachov cuando Yeltsin le quitó el micrófono, tieso. Y de pronto comenzó a dar manotazos en la mesa: "ustedes están locos", "eso está muy lái (light)", "esa no es la media de la juventud", y la clásica "este no es el momento indicado". El tipo se ofuscó tanto que en un momento nos preguntó si no tenía sonido. Se quedó tan en blanco que nunca oyó nada. Claro, él tampoco iba a enterarse nunca que la música que usamos fue un arreglo que hizo un dj cubano de la partitura original del tema principal de Good Bye Lenin, el filme alemán. Si se entera nos fusila. Demasiada neurosis. Al final nos dijeron que "cambia este plano aquí y allá", y no era demasiado, en verdad. Pero luego de los arreglos, tampoco lo pusieron. Ni siquiera llegamos a realizar los otros 2 materiales, porque ya viste cómo fue con el primero que te confieso, era en verdad el más ligero. El segundo tenía un tono más alto. Y el último plano del tercero, era el cuño en la visa al calabozo, jajaja. Nada, hasta ahí la anécdota. Más detalles de la película, te los hacemos un día en vivo, porque son muchos y muy sabrosos, y tiene que ser en 3D, el papel no traslada eso. Nos tomamos un café, coño, pero sin chícharos. Un abrazo. H. 

PD: Para mí vale tan sólo como experiencia. Entrar aledificio del Comité Central, de noche, no es muy alegre. Pérez Benitoa se lacomió con los interiores esos. Cuadros de Tomás Sánchez por donde quiera. Todomuy loco.
PD2: pero lo que duele es que habríamos podido poner en losmedios algo que por lo menos llamara la atención de los muchachos de algúnmodo. Algo que aunque pírrico, alivie de alguna manera la sensación de vacío,falta de impulso, inercia, que hay en este país, tan alegremente triste"

lunes, 27 de octubre de 2014

Fue Cuba


El escritor César Reynel Aguilera publica hoy una reseña sobre el libro recién editado "Fue Cubadel escritor y periodista argentino Juan Bautista Yofre donde trata de reconstruir la trama detrás de la creación de movimientos guerrilleros en toda Latinoamérica alentados desde La Habana y Moscú valiéndose de información inédita sacada de los archivos de la inteligencia checoslovaca. (No está de más recordar que era la capital checa una suerte de bisagra entre el mundo capitalista y el comunista en los años 60's). Le agradezco a César Reynel Aguilera la extremada cortesía de hacerme llegar su texto. El libro lo pueden comprar acá.

Historia y archivos
Por César Reynel Aguilera  
Acaba de salir publicado un libro que, creo, será imprescindible para el estudio de la revolución cubana. Me refiero a “Fue Cuba”, del escritor y periodista argentino Juan Bautista Yofre. Un libro que desmonta, fecha a fecha y dato a dato, una buena parte de los cuentos de hadas que el castrismo y la academia liberal estadounidense han propagado con fruición durante décadas. 
Apoyado en los archivos de la antigua Inteligencia checoslovaca, Juan Bautista Yofre reconstruye la participación cubana en cuanta guerrilla —supuestamente autóctona— floreció en Latinoamérica después de enero de 1959. El énfasis del libro —en razón de la nacionalidad del autor y sus profundos saberes de la Historia argentina— se centra en la figura de Ernesto Che Guevara y en la famosa “Operación Manuel”.Creo que es un libro del que se hablará mucho. Su fuerza radica en las fuentes de información que utiliza. Ya no se trata de las anécdotas, de la extrapolación, o de las deducciones. Los datos que este libro ofrece son incontrovertibles porque están basados en los registros fríos, descarnados y profesionales, que dejaron cientos de hombres y mujeres, muchos de ellos simples burócratas, sin pensar que hacían Historia. 
Varias cosas que leí en este libro me han dejado pensando después que terminé de leerlo. Una de ellas es la falta de profesionalidad —rayana en la chapucería— del personal cubano encargado de la famosa “Operación Manuel”. Las pifias y novatadas de esa tropita —comandada por Ramiro Valdés y Manuel Piñeiro— fueron tantas y tan variadas que uno termina preguntándose si esa Operación nunca pasó de ser algo más cercano a un ejercicio de entrenamiento que a cualquier otra cosa.
Algo que habla en ese sentido es la ausencia, en la documentación reportada por el libro, de personal cubano que ya en el momento de la Operación Manuel tenía años, algunos de ellos décadas, de trabajo clandestino y entrenamiento de inteligencia en la URSS. Llama la atención la ausencia de nombres como los de Isidoro Malmierca, Fabián Escalante, Emilio Aragonés o —si hubieran querido un asesor de altos quilates— Ramón Nicolau. Es como si los soviéticos le hubieran ordenado a los checos ocuparse de los improvisados mientras dejaban para ellos, para la KGB, el trabajo con los verdaderos profesionales. De ser así, entonces, el nombre más adecuado para esa Operación bien podría haber sido “Manuela”.               Otra cosa que demuestra este libro es la psicopática capacidad que tiene Fidel Castro para mentirle a los cubanos y a la opinión pública internacional. Los años de la Operación Manuel coinciden con la supuesta época de alejamientos y desencuentros —a partir del bochornoso desenlace de la Crisis de los Misiles— entre el castrismo y la URSS. 
Durante esa época era raro el discurso de Castro I que no llevara una crítica, velada o abierta, a la Unión Soviética. Esos fueron los años de la “tronadera” de viejos comunistas y de la reafirmación, con gritos y deditos estirados, del camino “independiente” de la revolución cubana y del compromiso inquebrantable del “pueblo cubano” para con los revolucionarios Latinoamericanos. 
Hoy los archivos demuestran que mientras Castro I formaba sus aspavientos los soviéticos autorizaban a los checos para que todas esas tonterías de la revolución mundial, el foquismo, las guerrillitas de tres por kilo y el socialismo de abracadabra, se orquestaran desde Praga y bajo un asesoramiento y un apoyo logístico que solo parecen haber garantizado, a fin de cuentas, el más rotundo de los fracaso.                 Eso me lleva a pensar en la que quizás sea la mayor roncha que este libro levantará dentro de la trasnochada izquierda Latinoamericana. Me refiero a la posición tonta, rayana en el patetismo, en la que deja a Ernesto Che Guevara. Un hombre que se llenó la boca criticando a la Unión Soviética para después dejar que todos los detalles de sus grandiosos planes pasaran bajo la supervisión, y “ayuda”, de los servicios de Inteligencia de un país —Checoslovaquia— que no eran más que una sucursal de la KGB.   No en balde, parece decirnos Juan Bautista Yofre, Manila nunca contestó.

viernes, 24 de octubre de 2014

Ranfis Suárez: El recolector de datos ridículos

La obra del artista plástico Ranfis Suárez hace de la irreverencia y el juego una profesión de estilo. Cuando todo eso se mezcla con la Historia y sus próceres y gestas en un país tan hipócritamente idólatra como Cuba se adquiere de manera automática fama de escandaloso.

Tómese por ejemplo la pieza "Pinky Arrow" de la serie "Muela bizca" donde con una flecha rosada señala la aparición de una mosca en una foto icónica de José Martí.



Detalle:



O esta pieza medicinal de Canabis terapéutico que sale a la venta con el nombre comercial de Alegría de Pío:


O esta obra sobre el guerrillero asmático que lleva por título "Salbutamol" que como podemos ver también es un arma de la Revolución.


Pues ahora Ranfis Suárez amenaza con irrumpir en nuestras pantallas (de computadoras, teléfonos celulares etc) con su nuevo avatar El Recolector de datos ridículos que presenta este video como avance:


miércoles, 22 de octubre de 2014

"Limonov" in New York


La presentación ayer del libro “Limónov” por su autor Emmanuel Carrere en la librería “192 Books” de Nueva York fue apacible si se compara con su libro. Ayudó quizás que el autor, bastante conocido en su país y el resto de Europa reciba una atención más bien discreta por acá. Llegó puntual (para los que gusten de las modas de escritores franceses: gabardina crema, como las de los inspectores de policía de películas de Truffaut, chaqueta azul Prusia elegante y sobria, jeans y zapatos de cuero negro muy gastados, sonrisa abierta y ojos cercanos entre sí). Sin demasiadas ceremonias por su parte explicó que no se trataría de una lectura como se había anunciado sino que debido a su pobre inglés prefería hacer una presentación general del libro y que luego el público lo ayudara con preguntas. Habló entonces del libro o más bien resumió lo que puso en sus primeras páginas: cómo había conocido a Limonov, cómo se había reencontrado con él y por qué se había lanzado a la aventura de escribir un libro sobre él. (Su inglés, el de Carrere, no es malo, todo lo contrario: tiene un acento francés denso y chirriante pero su gramática es impecable y su vocabulario lo suficientemente amplio para hablar con la precisión del que tiene palabras suficientes para escoger).

Respondió sonriente todas las preguntas que se le hicieron de quienes se veía que conocían bastante bien la obra. No faltó la pincelada pintoresca del americano que se lamenta de lo poco que conocen sus compatriotas el resto del mundo y en especial el Oriente aunque Rusia no entrara de lleno en esta categoría. A la pregunta sobre si su madre –famosa historiadora especialista en temas rusos- tendría la razón al decir que a la vuelta de unas cuantas generaciones Rusia tendría más o menos la misma prosperidad y libertades que los Estados Unidos Carrere admitió que la predicción de esta –tenida como una suerte de oráculo desde que predijo la disolución del imperio soviético a principios de los 80- pecaba de optimista. Dijo por otra parte que la reacción de Limónov hacia el libro no había sido especialmente entusiasta aunque creía que en el fondo le regocijaba que estuviera dando vueltas una biografía sobre sí mismo. Sobre su reincidencia en la no ficción dijo no tener una política predeterminada: los temas de alguna manera habían salido a su encuentro más que ser el resultado de una búsqueda más o menos persistente.


Cuando le pregunté cómo había conseguido ese raro equilibrio entre la seducción que puede representar un personaje como Limónov y los prejuicios de la sociedad de la que proviene –más preocupada en dejar clara su propia inclinación ideológica que entender fenómenos que le son ajenos- respondió sin parecer entender del todo lo que le preguntaba. Y es que en el libro, con todas sus virtudes, están omnipresentes las etiquetas con las que al parecer los intelectuales parisinos clasifican cualquier realidad que le sale al paso: aquél es un socialdemócrata, este es otro es un fascista un poco más a la derecha de los Le Pen etc, algo en lo que insistió a lo largo de su presentación: que Limónov y él estaban en las antípodas ideológicas. Y si un mérito del libro resalta entre muchos es el de superar esas etiquetas y humanizar a su protagonista sin caer por otro lado en la veneración. Un señor ya mayor, al parecer con mi misma impresión de que el escritor no entendía del todo la pregunta, levantó la voz desde la segunda fila para exponer su incomodidad de que siga preocupándonos menos entender la realidad que dividirla en un asunto entre buenos y malos. O, añadiría yo, que sólo consigamos superar ese binarismo tonto con un relativismo igual de torpe. No sé cuán bien entienda este dilema Carriere pero al menos su libro sí lo entiende a la perfección y lo resuelve con brillantez. 

martes, 21 de octubre de 2014

Cogiéndole el tumbao (al New York Times)

-The New York Times detecta ciertos cambios en la política cubana y en un editorial invita a Obama a levantar el embargo (porque acelerará dichos cambios).

-El gobierno cubano envía centenares de médicos a África a enfrentarse al ébola y The New York Times lo ve como otra señal que ya ha llegado la hora de levantar el embargo (porque demuestra la inclinación del gobierno cubano a hacer el bien).

No es difícil detectar el patrón que marcará próximos editoriales de The New York Times sobre Cuba.

-José Dariel Abreu gana el título de novato del año en la Liga Americana y The New York Times publica un editorial declarándolo como otra señal  que ya ha llegado la hora de levantar el embargo (porque Cuba puede ser un buen mercado de talento deportivo).

-Bajan las temperaturas en la ciudad de Nueva York y The New York Times lo ve como otra señal  que ya ha llegado la hora de levantar el embargo (porque Cuba puede ser un destino turístico).


-Las autoridades cubanas apalean y encarcelan a opositores y The New York Times en un editorial invita a Obama a levantar el embargo (porque puede servirle de ejemplo de cómo tratar a la oposición republicana).

domingo, 19 de octubre de 2014

Hoy habla Néstor (a la tribu)

Hoy Diario de Cuba publica el texto que leí el pasado viernes en la presentación de Néstor Díaz de Villegas de su poemario bilingue español/ portugués "Palabras a la tribu"/ Palavras a tribo" en New York University:
Néstor Díaz de Villegas es un caso extraño en la literatura cubana: recuerda a demasiada gente y sin embargo solo se parece a sí mismo. (Lo más común es encontrarse poetas que no te recuerdan a nadie para al final parecerse a todo el mundo.) Alguna vez —cuando aquello no nos habíamos visto nunca y eso me daba ciertas libertades asociativas— lo intenté comparar con Martí. Dije que "sus textos contienen esa intensidad pasada de moda, anacrónica pero no obsoleta, en su intento desesperanzado por inscribir la ligereza cubana en la pesadez del mundo". 
Como ocurre con Martí, quien lea cualquier texto de Néstor —da igual que sea un poema o una reseña de cine— puede presentir en cualquier línea un consistente universo ético y —lo que lo hace más raro— estético. Como Martí, fue también encarcelado en la adolescencia por un delito letrado: si el llamado Apóstol de la independencia cubana fue a prisión por la famosa carta en que llamaba traidor a un condiscípulo por ingresar como voluntario en el ejército de la metrópoli, Néstor lo fue por escribir un poema en el que se "burlaba del cambio de nombre de la avenida Carlos III por el de Salvador Allende".
[Seguir aquí]

viernes, 17 de octubre de 2014

George Romero

De la espléndida presentación ayer de Néstor Díaz de Villegas de su poemario "Palabras a la tribu" en NYU comparto con ustedes el poema dedicado a George Romero, maestro del cine de horror a quien se le considera a partir de su película "La noche de los muertos vivientes" como fundador del subgénero de las películas de zombis. De Romero también se puede decir, como recordara Nestor ayer y sin ánimo de ofenderlo, que tiene ascendencia cubana. (Incidentalmente: para la lectura de las traducciones de sus poemas al portugués contó con la lectura del profesor Carlos Veloso).



(A falta de las primeras lineas que no pude grabar les transcribo el poema completo):

George Romero
Era un pueblo sencillo, de casas normalonas
y jardines cerrados, aunque comunicantes,
los parques y las rosas descendían de Marte,
distópicas auroras y atormentados ámbitos.
Cada cual en su sombra comía de las sobras
dejadas sin reservas por los fantaseadores.
En la selva había negros y en la sierra tractores
y abuelas sin cerebro y abuelos senadores.
Pero un día de otoño, al caer de una hoja,
apareció en el pueblo un muñeco de carne.
Tenía las uñas flojas y la boca de sangre.
Los ojos eran huecos rellenos de desastre.
¡Era el zombi a las puertas! ¡La Kristallnacht soñada
llegaba sin decirlo a rastrear el aroma
de los vivos! La muerte era su comadrona
y daba a luz carroña, procaz, procreadora.
El zombi comía mierda, carátulas de obras,
y todo lo que, helado, diera muestras de miedo.
El zombi era la muerte como místico enredo.
La carne sabía a gloria, y las tripas a Jell-O.
Cansado de ser gente decidió ser un perro,
y masticar cabezas. El sucio cementerio
era ahora su cueva por detrás del Imperio.
Cerramos las ventanas, nos roímos por dentro,
porque, afuera, la luna nos reía los huesos.
Salvajes en ayunas, cadáveres silentes
que supimos callarnos desde el hueco a la cuna.
¡Oh, nosotros, los muertos cansados e impacientes,
seguidores del zombi, sin voz ni voto, alzamos
los pies! (Los brazos iban al frente). Autómatas
en un pueblo sencillo, de casas normalonas,
rompíamos los huertos, causábamos estragos. . .
(Dicen que nuestra raza de asesinos a sueldo
salió de las cloacas de Santiago de Cuba:
Romero es más cubano que la carne con papas
cuando el meat and potatos es un caldo de bruja.)