miércoles, 3 de febrero de 2016

La máquina del Tiempo

En los inicios de la inversión y el turismo masivos de los españoles en la última década del siglo pasado circulaba un chiste para burlarse de la fricción entre el viejo discurso nacionalista antiespañol y el de la nueva alianza económica. Hablaba de un español en un restaurante al que le servían una botella de cerveza Hatuey y al preguntar quién era ese señor que aparecía en el envase el camarero, alerta ante la posibilidad de ofender al visitante, repondía:
-Ese es un indígena que se prendió candela por problemas personales.
Pues ahora, con la "normalización" de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha llegado el momento de que se "normalicen" las historias personales y colectivas. Emigrados por problemas personales, balseros por problemas personales, gente que perdió los negocios y las tierras por problemas personales, fusilados por problema personales, ciudades o un país entero destruido por problemas personales.
Si el pasado anda por ahí estorbando a la hora de resolver ciertas cosas en el presente, pues se cambia. Está visto que es mucho más fácil cambiar el pasado que el presente.
Llegará el momento en que va a ser más difícil predecir el pasado que el futuro de Cuba. Ya se sabe que el futuro será una mierda pero el pasado, en cambio, está lleno de sorpresas.

martes, 2 de febrero de 2016

Jorge Valls: entre el mito y la realidad

Texto que leyera el martes pasado para un evento dedicado a la vida y obra de Jorge Valls y que hoy, día de su cumpleaños quiero dedicárselo:

Jorge Valls: entre el mito y la realidad 
Más que de herramientas los humanos somos ante todo seres fabricantes de mitos. Aunque sólo sea porque los mitos nos sirven más que las herramientas para interactuar con la realidad. Sobre todo la realidad que no entendemos, esa para la que no basta un martillo. Ni un discurso lógico y literal. Téngase esto en cuenta cuando nos reunimos para homenajear a alguien como Jorge Valls. Alguien tan especial, tan cercano para muchos de los que nos reunimos esta noche, pero al mismo tiempo tan incomprensible, tan inasible. Porque repasar los principales hitos de su biografía no servirá, lo sabemos de antemano, para explicar a un ser sobre el que ya se empieza a forjar cierta forma de leyenda, una mitología que sobrepasa con mucho esa biografía. Para entenderlo no nos bastará con saber que nació en La Habana en 1933 hijo de un humilde comerciante catalán y una cubana. O que con el tiempo y su esfuerzo personal se convirtió en una de las personas más cultas y al mismo tiempo más políticamente inquietas de su generación, saber que durante su juventud participó tanto en la creación y desarrollo de varias instituciones culturales y que al mismo tiempo fue uno de los fundadores y principales dirigentes del famoso Directorio Revolucionario. No será suficiente con saber que luego del triunfo de la Revolución a la que tanto había contribuido se apartó discretamente de honores y cargos y luego se opuso con firmeza aunque sin violencia a la dictadura totalitaria en que había derivado esa revolución. Tampoco bastará saber que cayó preso por defender a un amigo en cuya inocencia creía aunque supiera que ya no tendría salvación ni defensa posible. O decir que tras pasar más de veinte años de una prisión dignísima y ejemplar pasó otros treinta años de exilio, un exilio no menos digno, no menos ejemplar. Decir eso no sería faltar a la verdad y sin embargo es tan insuficiente que nos parecería que falseamos la realidad que tratamos de describir. Sobre todo si se trata de una realidad tan indefinible y compleja, tan ejemplar y deslumbrante como fue ese ser llamado Jorge Valls Arango.De ahí que haya comenzado mi discurso hablando sobre la mitología. Porque si bien la inclinación mitológica está inscrita en nuestro código genético frente a alguien como Valls se potencia. No se trata de darnos importancia ante quienes no tuvieron la suerte de conocerlo, de sentirnos especiales por ello y de paso de restregarle al resto de la humanidad su mala fortuna en contraste con la nuestra. No. Se trata de algo distinto. Se trata no solo de hacerle justicia a la memoria de nuestro amigo muerto, o de rellenar el vacío que nos ha dejado, la voz que nos falta. También se trata de reevaluar –frente al ejemplo que nos dejó- nuestra idea del bien y de lo bueno, humanamente posible, tal y como la vimos hecha carne, magra, en la figura triste y radiante al mismo tiempo de ese caballero que fue Jorge Valls.
Pero debemos cuidarnos del mito porque el mito también, debemos reconocerlo, confunde y adormece. Y quizás frente al recuerdo de Valls, frente al vacío que nos deja, sea mejor no adormecernos. Tal vez sea preferible pellizcarnos y convencernos de que ese ser que conocimos era tan real como nosotros mismos. Que no es mentira que se pueda ser tan superior y tremendamente humano. Que no debemos resignarnos a nuestra humana pequeñez porque otra altura de humanidad es posible. Y es que ante alguien como Valls es fácil caer en excesos tanto si se le mitifica como si se trata de describirlo del modo más exacto.  Ante esa tarea, la de describirlo y entenderlo, no comprendo cómo es que me eligieron para hablar de Valls esta noche cuando hay personas que lo conocieron en circunstancias mucho más extremas de aquellas en las que lo conocí yo y quizás más reveladoras de su carácter. Pero si debo ser fiel a su memoria me veo en la obligación de recordarles que de estar aquí Jorge Valls sería el primero en sabotear este homenaje. En parte porque los homenajes lo ponían auténticamente incómodo pero en parte también porque esa su naturaleza: la de un antagonista de los lugares comunes, la de un pensador a contracorriente, la de enemigo de cualquier complacencia. Por eso su pensamiento era en sí un hervidero de contradicciones que lo mantenían continuamente despierto: Valls fue católico, antimperialista, estoico, socialista con toques anarquistas, revolucionario, terrorista (o al menos confiesa en sus memorias: “tomé parte en todo tipo de lucha, desde la agitación y propaganda al terrorismo”), pacifista, budista, nacionalista o humanista, tendencias estas que no tenían más coherencia entre sí que la que les daba el incansable inconformismo de Jorge Valls. Porque lo que le imprimía sentido a ese complejo todo era la indómita humanidad de Jorge Valls, su compasión sin fingimientos hacia casi cualquier prójimo. No puede ser casualidad que yo nunca haya escuchado a nadie como a Jorge Valls emplear palabras como “persona” o “gente” con la seriedad y devoción con que él lo hacía. Su sabiduría, su inteligencia, su cultura y la tranquila elegancia de cada uno de sus gestos, de cada una de sus decisiones, lo acercaba a su humanidad y al mismo tiempo lo distinguía del resto de nosotros. Porque en todos estos años no pocos cubanos se han enfrentado a tiranías con armas o sin ellas, han defendido hasta las últimas consecuencias a un amigo, han soportado con dignidad los maltratos más terribles pero me atrevo a decir que ninguno lo hizo como él. Si debiera definir a alguien como Valls –con lo de atrevido e injusto que tiene tal intento- diría que era ante todo un estilo: un estilo de actuar en toda circunstancia, de no doblegarse ante ella, de elevarse incluso por encima de esas circunstancias pero sin llegar a desentenderse de ellas. Un estilo que era, por supuesto, un estricto e irrenunciable código ético que empezaba por el cuestionamiento constante y la ausencia de cálculos. Nunca entraba en una batalla de las tantas desesperadas batallas que emprendió en su vida porque hubiera algo que ganar. Con que la considerara necesaria le parecía suficiente. “Si uno no puede triunfar en una causa justa al menos puede sufrir por ella” dijo en su testimonio de la cárcel y tal pareciera que fuera el lema que guiaba su vida, paso a paso: no renunciar a la justicia incluso cuando todo lo que quedara fuese sufrir.Otra de las tentaciones al tratar de definir a alguien como Valls sería la de proclamarlo santo. Así, con su canonización, nos ahorraríamos el engorroso problema de definirlo en su singularidad. Pero debemos pensar que la santidad, por excepcional que parezca, es una categoría que cuenta con suficientes ejemplares como para no presumir demasiado de ser exclusivo. La canonización es honrosa, sin dudas, pero también es una manera amable de domesticar con la rutina y los rituales a seres humanos que fueron desaforadamente únicos. Y no es eso lo que queremos para nuestro amigo. Si queremos mantener con vida su legado hablemos de ese estilo con el que Jorge Valls conseguía aunar en su persona, como lo más natural de mundo, la firmeza, la delicadeza, la austeridad, la inteligencia, la lealtad, la seriedad, el desenfado, la humildad y una profunda defensa del bien que incluía por supuesto el rechazo sin dobleces de cualquier variante del mal. Debemos pensar cómo ese ascetismo, esa rebeldía incansable o ese rechazo por la violencia respondían a su idea irreductible del bien. Una idea del bien, por otro lado, que no tenía nada de soberbia y sí bastante de angustiosa. La angustia de saberse imperfecto. Su temor de que toda comodidad física o mental no fuera más que una invitación a desistir en esa persecución sin reposo del bien y de su propia salvación. Que las últimas palabras hayan sido de preocupación por el destino de su alma –un alma que nosotros imaginamos perfecta e impoluta- nos da una idea de cómo acercarnos a su legado: con la misma inquietud y mismo rigor de la persona que lo ha producido.No sé qué piensan los que conocieron a Jorge Valls Arango de la definición que he intentado dar. Solo sé que para el que no lo haya conocido no será suficiente porque por mucho que me esfuerce ninguna palabra puede sustituir lo que significaba gozar de su presencia. Ni siquiera sus propias palabras conservadas en libros conseguirán sustituirlo. Pero debe intentarse. Yo mismo, luego de varios días digiriendo la noticia de su muerte, de convencerme que ya no podría acudir a él a consultarle cualquier duda que tuviera sobre esa parte de la historia cubana a la que estaba trenzada su propia biografía, me puse a leer un libro suyo. Ese libro fue precisamente “Veinte años y cuarenta días”. O sea, el libro que narra su estancia, por el período de tiempo que anuncia el título, en el desmesurado complejo carcelario del castrismo. Confieso que sustituir su voz por su escritura fue un ejercicio extraño. Y es que esa personalidad exuberante, esa voz de Zeus radiofónico con que hipnotizaba a sus interlocutores es sustituida en “Veinte años y cuarenta días” por una mucho más sobria, notarial casi. Una voz que se limitaba a informar y tratar de entender el horror que había presenciado durante aquellos años y aquellos días. Esa contención es uno de los mayores aciertos del libro y su recurso dramático más contundente. Nada como la mesura de esas páginas para que nos llevemos idea de los niveles de crueldad a que eran sometidos los presos políticos en aquellos años, del absoluto desprecio de sus captores. Nada como el contraste entre el recuento meticuloso y la mosntruosidad que narra para entender que el horror real era mucho más terrible que el de cualquier mitología. Es desde esa sobriedad donde consigue reconstruir escenas como aquella en la que describe el supuesto plan de reeducación que se emprendió con parte de los presos:
Algunas de estas lecciones se impartían de noche, en la galería que se utilizaba como comedor, justo al lado del foso de ejecución. El “profesor” utilizaba un micrófono para que le oyeran los que estaban en el patio [o sea, los que como Valls no se habían integrado al plan de reeducación]. Unas veces la lección tenía que ver con la política; otras trataba otros temas relacionados con ella.Recuerdo una noche en la que los pobres presos tenían una conferencia sobre las culturas indígenas de Cuba. Su voz salía, estridente, por los altavoces: «los guanacahíbes (sic) vivían en la provincia que hoy se llama Pinar del Río. Pertenecían a la edad paleolítica, o la edad de la piedra no pulimentada». Su voz sonaba como un martillo neumático en el silencio forzoso de la noche. Luego oímos el ruido de los coches que traían a los condenados que iban a ser fusilados, y al pelotón que marchaba hacia el foso. El conferenciante continuaba: «los guanacahíbes vivían en cuevas y se alimentaban de la caza». Oímos la voz de mando: «¡Preparados!». «Los guanacahíbes utilizaban trozos de concha como ralladores.» «¡Fuego!» Se oyó la descarga. El pobre hombre seguía hablando de los indios. Trajeron otro condenado al paredón. Nos retorcíamos en el suelo, incapaces de hablar, llorar o salir corriendo. El altavoz continuaba: «Los guanacahíbes enterraban a sus muertos en montículos, una primera capa con los cuerpos y otra capa de conchas y piedras». Parecía que continuaría siempre. Murmurábamos una oración, sin saber si íbamos por el principio, el final o estábamos repitiendo el mismo verso. Solo Dios sabe cuántas veces lo hicimos aquella noche. Otra descarga. No sé cuántas veces pasó. No sé cuándo acabó o cuándo me quedé dormido"
Un horror, como acabamos de ver, acentuado por el intento grotesco de pretender educar a los mismos seres a los que se les tortura con el asesinato sistemático de sus compañeros. Y esa escena horrorosa constituye una de las mejores metáforas para describir a un régimen que ha utilizado durante casi seis décadas el pretexto de la educación para exterminar la libertad de un pueblo. Pocas veces se ha retorcido de manera más perversa el noble acto de educar. Imaginemos por un momento la revulsión de Valls al escuchar a este remedo de profesor soltar la sarta de idioteces que pretendía hacer pasar por conocimiento mientras asesinaban a sus compañeros, imaginemos su exquisita sensibilidad sometida a tanta abominación. De ahí que este libro valga todavía más como defensa insobornable de la dignidad humana y de la verdad. La dignidad que intentaban defender entre todos los presos en medio del horror. Una dignidad que es replicada por otra, la de esa narración serena y estoica en la que Valls evita cualquier gesto de auto-conmiseración, cualquier hipérbole. Estoy convencido que esa misma serenidad y contención servirían para entender la vida y la obra de Jorge Valls Arango. Como dije antes, la tentación de la mitología es fuerte pero ante una realidad tan poderosa no necesitamos mitos. Ante casos como el de Valls la pura verdad es más que suficiente. 

domingo, 31 de enero de 2016

El ruido del Tiempo

Es cosa sabida que el comunismo es un pésimo lugar para vivir y, sin embargo, bastante generoso como fuente de inspiración literaria. Y ni siquiera hay que pasar por el incómodo trámite de haberlo vivido en carne propia. Como ocurrió con el inglés Orwell. O ahora con su compatriota Julian Barnes quien acaba de sacar su novela "The Noise of Time", una reconstrucción de la vida del compositor Dimitri Shostakovich bajo el totalitarismo soviético. Una buena novela no porque confirme el tópico de que las desgracias que produce ese sistema son idénticas con independencia de las diferencias nacionales, culturales o climáticas en el que se desarrolle. El valor de esta novela está en el cuidado con que se rastrean las disyuntivas por las que pasa allí cualquier persona con algo de sensibilidad y con un mínimo aprecio por su dignidad humana. Véase como botón de muestra este análisis de la cobardía [La traducción es -lamentablemente- mía]:
“Pero no era fácil ser cobarde. Ser héroe era mucho más fácil que ser cobarde. Para ser héroe sólo había que ser valiente por un momento –cuando tomabas el arma, tirabas la bomba, presionabas el detonador, acababas con el tirano y también contigo. Pero ser cobarde era embarcarse en una carrera que duraba toda una vida. Nunca podías relajarte. Tenías que anticiparte a la próxima ocasión en la que tenías que excusarte, titubear, rebajarte, familiarizarte con el sabor de las botas de goma y con el estado de tu propio carácter caído y abyecto. Ser cobarde requería una pertinacia, una persistencia, un rechazo a cambiar –que suponía, en cierta manera, algún tipo de coraje”

Los cálculos de Anteo

Irse de Cuba o quedarse en ella ha sido, más que una decisión, un dilema al que se ha enfrentado cada uno de los cubanos de las últimas tres o cuatro generaciones. Para mí, tan legítima puede ser una opción como otra. Pero qué decir de los que hacen de la decisión de quedarse una apuesta estratégica y convierten en acto patriótico lo que no es más que puro cálculo. Pienso sobre todo en los artistas ya curtidos en el delicado deporte de jugar con la cadena sin que el mono apenas se entere. Que convierten en heroísmo lo que no es más que cobardía bien administrada. Que asombran a los extraños porque creen, parafraseando a Silvio (más franco en este aspecto, habrá que reconocerlo) que lo dicen todo, que se juegan la vida.

¿Qué decir? repito. Bueno, nada que no quepa en un libro que se titule "Del oportunismo como una de las bellas artes". (Y luego te dicen en la cara que no se van por temor a que se les acabe la inspiración. Y hasta se inventan la teoría de que Cuba es un país tan especial que alejarse de él te afecta irremediablemente las capacidades creativas. Como si media cultura cubana no hubiera sido creada fuera de la isla. Como si la razón por la que no se van es para que sus tan limitadas audacias adquieran algún valor en el mercado internacional o en el doméstico. Y luego se encuentra uno con gente buena –joven o ya madura, da igual- y bien intencionada sugestionada por esta versión totalitaria y tropical del mito de Anteo). Lo que jode en fin, no es que se queden o se vayan. O que hagan o dejen de hacer. Lo que me jode es ese servilismo disfrazado de audacia. O esa cobardia que quiere pasar por patriotismo.

jueves, 28 de enero de 2016

El Apóstol y la bobería

Entre las mejores caricaturas que hizo Abela de su Bobo están las que hacen alusión a Martí con una soltura que luego, durante mucho tiempo se echó en falta, tradición que ahora recuperan, entre otros, Garrincha y Lauzán.



                                
-¿Recuerda, Apóstol, cuando usted encontraba agrio nuestro vino…?
-Sí que recuerdo…
-¡Bueno, pues si usted lo prueba ahora…!








miércoles, 27 de enero de 2016

El Lele (1944-2016)

Hace unos días falleció en La Habana Miguel Ángel Rasalps, cantante conocido como el Lele, fundador y voz principal de Los Van Van desde 1969 hasta 1972, grupo al que regresó brevemente en 1980.  También fue fundador de la igualmente formidable agrupación Los Reyes 73. Su abrupta desaparición de la escena cubana fue un misterio durante años que acrecentó la leyenda que lo acompañaba desde que le diera voz a los primeros éxitos de la orquesta más famosa del país. Luego de años de marginación, vicisitudes económicas y problemas de salud se marchó a Chile 1998 de donde regresó años después donde se le acogió con esa extraña generosidad con que en Cuba se recibe a los hijos pródigos: vuelta al redil a cambio de silencio. (Aunque ahora que lo pienso, no es tan extraña esa generosidad: al fin y al cabo es el mismo trato que debe haberle propuesto la Inquisición a Fray Luis de León). Ayer Granma daba al fin la noticia de su muerte expurgando, por supuesto los detalles más incómodos de su biografía. Antes que Ricardo Alarcón declare que el Lele nunca dejó de cantar en Los Van Van o nunca vivió en Chile me permito citar partes de una entrevista que le hiciera años atrás en Chile Miguel Cabrera Peña:

"Pero mi principal problema en Cuba fue que nunca quise pertenecer al Partido. Mi partido fue y será siempre yoruba... Por cierto, que tengo que hacer Obbatalá... Todo el mundo sabe que durante mucho tiempo tener creencias religiosas estaba prohibido". […] "Los coros que yo hacía, 'sin libertad no hay arreglo' o 'la libertad es el comienzo de la vida', 'me cansé de hablar', provocaron que varios jefes de núcleos del Partido me llamaran la atención. Yo creaba esos coros con la más absoluta inocencia política. El número Mañe, mañengo, que es una frase utilizada en el oriente del país y describe a personas descuidadas y mal vestidas, lo prohibieron porque decían que así se le llamaba a los que habían bajado de la Sierra. El estribillo y el título del número lo tuve que cambiar. Pasó a llamarse Baila que baila".[...]
"En el fondo, yo no caía bien. Mi integración política distaba de ser la que de mí se esperaba. Tampoco rechacé nunca a esas personas que viven en las fronteras de la marginalidad y que suelen seguir fielmente a las agrupaciones como en las que yo participaba. Ellos forman también parte del pueblo y poseen una tremenda intuición musical. Yo era como una tuerca que no encajaba en el engranaje".
Y se agrega en la entrevista:
En 1986 creó el grupo Jibacoa, que se disolvería cerca de los noventa. "En esta etapa me sancionaron porque no quise ir a cantar a Bayamo, donde ya había actuado anteriormente. En el mes de la sanción yo había sobrecumplido la meta que imponían los reglamentos de la institución cultural para el período. En todo caso correspondía una amonestación, pero me sancionaron, y luego me llevaron a un juicio laboral". Al promulgarse la ley que daba la posibilidad de retirarse a los 25 años de trabajo en el sector cultural, se acogió a ella, aunque el salario era lógicamente más bajo y no le alcanzaba para vivir. "Mi divorcio de la que había sido mi esposa por muchos años fue por esta etapa. Así, me vi con una jubilación insuficiente y en la calle". Durante tres años, y hasta que salió para Chile, vivió en campamentos en Alquízar, Quivicán y La Salud, donde trabajaba como obrero agrícola, bastante lejos de la capital. Se trata, en realidad, de empobrecidas poblaciones rurales. Cada quince días recibía pase, y entonces dormía en casa de sus hijos o de su compadre Alfredo —"a quien querré siempre"—, ex utilero en Reyes 73.
Al Lele no debe haberle extrañado la biografía retocada que le dedicara el Granma a su muerte. Ya en vida tuvo que soportarle a un entrevistador de la televisión cubana decirle en la cara “Siempre he querido preguntarle si fue una buena y sabia decisión haberse retirado". Recuerda aquel chiste que contaba -en los años en que los turistas españoles inundaban la isla un camarero le explicaba a uno de ellos que Hatuey fue un indígena que se dio candela por problemas personales:


sábado, 23 de enero de 2016

Almendras

A ese danzón tardío que fue "Almendra" hace años que estaba por dedicarle un post. Digo tardío por ese aire perfectamente clásico conseguido en 1938 por su autor, Abelardo Valdés cuando hacía rato la música cubana andaba encaminándose por otros rumbos. Un danzón que es para muchos El Danzón, ese que primero recuerdan cuando quieren invocar a un género que conoció su momento más alto a principios del siglo XX. “Yo cambiaría nuestro Himno Nacional por el danzón Almendra que tiene raíces más internacionales y además es bailable” dijo alguna vez el crítico Carlos M. Luis en una entrevista (aunque sin tomar en cuenta que Figueredo le había tomado prestado un compás completo a Mozart con quien no se puede competir en internacional aunque sí en bailable). “Almendra” ha tenido no poca suerte con sus innumerables versiones de las que les quiero ofrecer algunas.


Quería empezar con una grabación que no es la original pero el cuidado que puso el flautista Alberto Corrales muchos años después en tocarla hace que en nuestros oídos suene al origen de todas las cosas:


No estaría mal pasar entonces al arreglo de Chico O’Farril para big band:

O este de Orlando Valle “Maraca”

Y luego a este de la Latin Percussion Jazz Enssemble, grupo ocasional que reunía talentos como los de Tito Puente, Patato Valdés y Alfredo de la Fe:

O la de  Charlie Palmieri al frente de la Alegre All Stars

O del mismo Charlie Palmieri solo en casa:

Y para terminar esta versión funky del grupo colombiano Macondo de 1972 que me encanta por esa frescura intacta tantos años después:

jueves, 21 de enero de 2016

#TodosMarchamos

De todas las maneras en que la Plataforma ‪#‎TodosMarchamos‬ (una plataforma que incluye 16 organizaciones opositoras, desde UNPACU a EStado de Sats) recaba nuestro apoyo la más accesible y elemental es dar nuestra firma a un pliego de demandas básicas cuyo cumplimiento no traería la instauración de un régimen democrático en Cuba pero significaría un paso decisivo en esa dirección. Cuando hay apenas unas decenas de firmas valdría preguntarse ¿Por qué firmar algo a lo que sé de antemano que el régimen cubano no le hará caso? Propongo otro ejercicio. El de preguntarse ¿Vale la pena que me siga quejando de esto o aquello si no me atrevo a apoyar la iniciativa más elemental y menos exigente para intentar un cambio? O ¿Si todos los que estamos de acuerdo con lo que dice el texto damos nuestra firma al menos no tendríamos una idea aproximada de cuántos estamos a dar nuestra firma, de canalizar un mínimo de energía en esa dirección? Hagamos el experimento y ya sabremos a qué atenernos.
Demandas
La sociedad civil cubana busca poder hacer su transición a una democracia representativa, con un estado de derecho, pluralismo político, independencia de poderes ejecutivos, legislativos y judicial y respeto pleno de los derechos individuales y las libertades fundamentales.
-Exigimos la excarcelación incondicional, inmediata y la anulación de condenas de todos los presos políticos, así como un decreto de amnistía.
-Exigimos la derogación de leyes y artículos que vulneran Pactos Internacionales relacionados con el respeto a las libertades de expresión, asociación, sindicación, reunión, movimiento, conciencia, religión, económicas y culturales de cada cubano, así como el establecimiento de plenas garantías para el ejercicio de las mismas.
-Exigimos la eliminación de la figura de “peligrosidad pre-delictiva”, así como de todas las normas que puedan contribuir a detenciones, reclusiones arbitrarias y actos de hostigamiento y agresión que violen los acuerdos contraídos.
-Exigimos el restablecimiento de las garantías judiciales constitucionales.
-Exigimos una nueva ley que garantice el reconocimiento y la protección de la libre asociación, el pluripartidismo y garantías para la libertad de reunión. Asuntos relacionados con uniones y asociaciones sindicales pudieran ser modelados tomando en cuenta normativas establecidas por la Organización Internacional del Trabajo.
-Exigimos una nueva ley de medios que garantice el respeto al derecho a la libre diseminación y flujo de información.
-Exigimos una nueva ley electoral (restauración de la soberanía nacional).
GRUPOS Y MOVIMIENTOS EN #TODOSMARCHAMOS

Movimiento Libertad Democrática por Cuba
Partido por la Unidad Democrática Cristiana
Frente de Acción Cívica Orlando Zapata Tamayo
Frente Nacional de Resistencia Cívica Orlando Zapata Tamayo
Movimiento Opositor por una Nueva República – Movimiento Democracia
Movimiento Damas de Blanco Laura Pollán
Movimiento Femenino por los Derechos Civiles Rosa Park
Partido por los Derechos Humanos de Cuba
Estado de Sats
Asociación de Presos y Expresos Políticos en Cuba
Coalición Central Opositora
Movimiento Nacional de Resistencia Cívica Pedro Luis Boitel
Alianza Democrática Oriental
Unión Patriótica de Cuba | UNPACU
Amigos de la Rosa Blanca
Comité de Atención a Familiares de Presos Políticos | CAAFP
[Si están de acuerdo pueden dejar su firma aquí]: