domingo, 23 de junio de 2019

“El problema de la verdad no es que sea inalcanzable sino a veces invivible y cuesta aceptarla”*


El escritor cubano analiza algunos temas clave de su novela 'Turcos en la niebla': el derrumbe de las ilusiones, el autoengaño, la verdad y la paternidad. "Todo el mundo tiene su propia postverdad. Hablar de verdad ahora es reaccionario" 

“Tuve una bonita infancia en Cuba. Mis padres eran profesionales: mi padre era botánico en La Habana, uno de los más importantes del país, y mi madre profesora en varias escuelas. Crecí en un barrio que está justo al lado de Buena Vista, un barrio muy popular de casas confiscadas de gente que se había ido de la isla y que se las dieron a personas como mi abuelo. Mi padre tenía un coche con el que recorrimos Cuba, fui un muchacho más o menos privilegiado. Viví en una dicotomía entre la ciencia por parte de mi padre y las letras por parte de mi madre. Al final estudié Historia y empecé a escribir con una mirada sobre la historia. Aunque empecé con el humor. Darme cuenta de lo que era Cuba fue un proceso lento. Incluso cuando con unos veinte años leí 1984, de ‘Orwell’, no me convencía mucho la transformación de Winston tan repentina. Al final, en 1995 salí de Cuba y ahora vivo en Nueva York”.
Y es allá donde Enrique Del Risco (La Habana, 1967) ha escrito sus principales libros. Aunque desde los primeros creados en La Habana ya miraba la revolución cubana con distancia y la brecha en la sociedad que llevaron a que fuera vigilado. Un día se dio cuenta de que no había ninguna voluntad de cambio. En 1995 logró una invitación a Alemania y a su pasó por Madrid decidió pedir asilo, vivió un buen tiempo sin lograrlo hasta que terminó en Nueva York.
En esta primavera ha vuelto por Madrid, la ciudad donde empezó su nueva vida. Vino a recoger el XX Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones por Turcos en la niebla (Alianza). Del Risco creó un mosaico de la historia política y cultural reciente del continente americano y de una comunidad latina en Nueva York a través del drama de un carpintero cubano en Estados Unidos que un día se atrinchera armado para impedir que lo embarguen. Mientras llega la policía la historia se entrecruza con las voces del carpintero y tres amigos: un crítico de arte, un buscavidas y una psicóloga argentina. Voces en el exilio. Países solo en el corazón de cada uno.
Desde la primera línea el lector asiste a un torrente de palabras de un lenguaje rico y con desparpajo y buen ritmo esparcido de humor. Enrique Del Risco aborda temas como el derrumbe de las ilusiones, las dificultades de conocer la verdad o de preferir la vida de espaldas a ella, las máscaras que potencia Internet y la crisis de la paternidad.
Turcos en la niebla llega después de nueve años de que el escritor estuviera dedicado a ella, y de casi tres décadas de escribir. Incluso antes de salir de Cuba escribió con un amigo una historia de su país en cuento que no se publicó. Del Risco sale del país, entre otras cosas, con la ilusión de verla publicada y lo logra en 2007.

“Estoy publicando libros desde el 93, 92… En Cuba publiqué dos libros y gané un premio a nuevos valores.  En aquellos años también tuve mucha vinculación con un movimiento humorístico que hubo en los años 80 y siguen siendo las figuras más importantes en el humor de Cuba. Entonces escribía mucho teatro para esos humoristas. Mi seudónimo era Enrisco, que es como muchos todavía me conocen.

Los dos primeros libros los firmé como Enrisco. Luego empecé a ponerme serio en el sentido de que no escribía para ser cómico, sino que escribía y el texto salía cómico. Entonces decidí firmar con mi nombre completo, Enrique Del Risco”.
En 1995 salió de Cuba. Lo hizo después de varios años de detectar las costuras a un sistema que creía modélico. Tras su paso por Madrid llegó a Estados Unidos donde al comienzo tuvo trabajos de pura supervivencia hasta que entró en una fábrica, después en almacenes y a partir de 1998 empezó a estudiar e hizo un doctorado en la Universidad de Nueva York. A partir de ahí, dice, su vida es sencilla en la universidad.

Turcos en la niebla empecé a escribirla en 2010… El problema es que yo soy un escritor de veranos. Los veranos míos son largos, la universidad termina en mayo y empieza de nuevo en septiembre. Esto es parte de una trilogía. Iba a empezar en orden cronológico, con el siglo XIX, pero no tenía toda la información que necesitaba de Cuba y los cubanos de aquel periodo. Lo que hice finalmente fue empezar a escribir este libro, mientras iba investigando para el otro. Entre medias salieron dos libros más: Siempre nos quedará Madrid, en 2012 que son mis memorias de esta ciudad; y Enrisco para presidente, en 2014, que forma parte de la colección de mis ensayos humorísticos.

Una vez escribo lo que hago mucho es revisar. El proceso de la novela fue bien laborioso, lo hice con cuatro voces, y cada una la escribí por separado para poder mantener el nivel y el tono y después trenzarlas”.
Cada una de las voces es muy diferente y tienen una identidad propia y sólida. Se caracterizan por el desparpajo y la fluidez y la claridad que Del Risco no sabe muy bien de dónde le viene, o sí:

Nunca me he preguntado de donde me viene este estilo, pero a lo mejor viene de que nunca estuve en un taller literario (y lo dice sonriendo). Soy de los pocos autores de mi generación que no pasó por un taller literario. Primero porque no me cogí muy en serio el oficio de escritor hasta tarde. Este es el libro menos yo en el sentido de que le pongo unos personajes”.


El escritor Enrique del Risco, en la primavera de 2019, en Madrid. /Fotografía de Lisbeth Salas
En Turcos en la niebla uno de los temas que destaca es el derrumbe de las ilusiones, de los ideales de la gente a la que de pronto la atropella la realidad.

Haber sido un país que durante tantas décadas ha hecho culto a la revolución, que supuestamente es el cambio, ha convertido a ese país en un país de reaccionarios. Porque además de los contrarrevolucionarios de toda la vida están los reaccionarios que dicen estar con la revolución pero al mismo tiempo están en contra de todo cambio. Ahí es muy difícil, en ese medio, hacerse ilusiones… La gente piensa en un cambio y piensa: ‘¿Para qué voy a hacer otra revolución y ver lo mismo que ya pasó?’

Hay miedo a repetir el ciclo y eso ha paralizado a la sociedad muchísimo. Es el miedo a que un cambio lleve a lo mismo que ya se tiene…

Imagínate hacer la revolución, que te maten y termine otro Fidel Castro instaurado”.
Cuba, las ilusiones, la verdad, las mentiras, las máscaras, el anhelo de salir adelante sin perder el carácter caribeño tienen sus ecos en la novela. Otro de los temas es el de la verdad y su manejo. Donde la verdad es que nadie sabe nada.

“Este es un libro de mentirosos. A lo largo de la novela hay un autoengaño de todos. Más difícil que acceder a la verdad es aceptarla y vivir con ella. El personaje principal, Wonder, durante mucho tiempo se da cuenta de que su padre ha sido alguien que no es lo que dice y él lo sabía, pero no lo quería aceptar… Ocurre en la vida.

Hay muchas maneras de enmascarar la verdad y el mundo se está haciendo mucho más sofisticado y, además, está esto de la postverdad. Todo el mundo tiene su propia verdad. Hay un relativismo a escala universal muy fuerte… Hablar de verdad ahora es reaccionario porque la verdad implica que alguien la ha descubierto o que hay una verdad. Mientras que si hay montones de verdades ninguna es verdad del todo, entonces esa relativización de la verdad la convierte en algo evanescente. Pero con lo que estoy trabajando no es con esa idea de que la verdad es inalcanzable, el problema de la verdad no es que sea inalcanzable sino muchas veces invivible y a mucha gente le cuesta trabajo aceptarla”.
Es una idea que a este historiador de formación y escritor en la práctica le interesa. En su novela se aprecia que es el momento de una era, apoyada en internet, que potencia las máscaras y el narcisismo. En Turcos en la niebla el protagonista que se atrinchera armado para que no lo saquen cuenta en su Facetime su historia a quien quiera escucharlo.

“Hablar de verdad suena demodé. En la universidad ya nadie habla de la verdad, ya no se habla de verdad en la academia. La novela también trabaja esa idea del narcisismo. Y es verdad que ahora podemos escoger el medio que nos va a decir exactamente lo que queremos. Más Facebook… el Facebook es el lugar de tu nuevo periódico, vienen tus amigos a decirte lo bonito que tú eres, a aplaudirte, a no sé qué y si no te gusta lo bloqueas. Es el lugar de la autocomplacencia”.
Sobre la verdad de Cuba, Enrique Del Risco lo tiene claro. Lo dice con ironía y una sonrisa:

“La verdad es muy sencilla: la verdad es que llevan más de sesenta años con la misma gente en el poder, es una dictadura… No sé hasta qué punto ahí puede haber autoengaño. Ocurre lo mismo en Venezuela con Nicolás Maduro y otros países…

La cuestión ya no es tanto descubrir la verdad y aceptarla, sino la vergüenza de haber perdido tu vida en eso. En el caso de Cuba algunos amigos cuando uno los confronta con la realidad de sus ilusiones lloran y dicen ‘coño, para que me has roto ese sueño; yo necesitaba ese sueño’.

Uno puede entrar en detalles y decir bueno… Cuba es un sistema fallido, represivo, autocrático y totalitario… Y esa es la verdad. Pero esta novela no trata de mostrar eso”.
Turcos en la niebla lo trasciende, es una aproximación a unas vidas fuera de sus países. También está la paternidad.

En la paternidad está el tema de las generaciones, de las tensiones generacionales, el tema del modelo, de si el padre constituye un modelo o no, está el tema del paso del tiempo, la idea de un conocimiento acumulado, una experiencia. Y está el tema de la autoridad. Todo eso está en cuestión en la novela. Todos los personajes tienen algún tipo de problema con el padre.

Yo no tuve que esperar a que viniera esta ola feminista para ver el patriarcado como error. Toda esa gente, de alguna manera, es víctima de ese patriarcado. Si hay extremismo feminismo por otro lado ese es otro tema… Y si se dice que todos los hombres son malos por ser hombres eso me parece un horror y me parece la repetición de todos los racismos y todos los sexismos. Fuera de eso, el patriarcado es un modelo fallido y con eso de que los hombres no lloran pero sí maltratan pues…”.
De todo esto trata Turcos en la niebla que desde sus primeras líneas recoge el pasado, el presente y aventura el futuro:

“Wonder:

Mi vida podría terminar en unas horas, pero lo que me calienta la sangres e sla sensación de que no ha empezado todavía. Que nunca va a empezar. Así que, cuando un francotirador de los SWAT consiga reventarme la frente de un balazo, va  a ser una especie de aborto. Como matar a alguien que no ha nacido todavía”.

Tomado de WMagazín.

viernes, 14 de junio de 2019

"Chernobyl" y la lengua

Otro que piensa más o menos lo mismo que decía yo el otro día sobre "Chernobyl":

"In the USSR, power was a direct product of language, and language was the only tool that could convince someone to talk about themselves as lacking freedom. The writer of 'Chernobyl' has, understandably, failed to catch the narrative structures that programmed Soviet people – their reality was not only a matter of official documents or chronology. A person born to freedom could never imagine the motives of somebody who was born in fear and slavery. Such a screenwriter can make actors repeat what was said or done, but they will never understand why it was said or done like that"

jueves, 6 de junio de 2019

“Chernobyl” y la normalidad


Por fin la vi. “Chernobyl”, la serie de HBO de moda en estos días. Angustiosa, abrumadora. Inmensa fábula sobre la verdad, las mentiras. La cobardía y el heroísmo cotidianos, anónimos casi. Una historia que siempre viene a cuento, narrada con una precisión, extraña en Occidente, sobre acontecimientos ocurridos al otro lado del antiguo Telón de Acero. Difícil de imaginar el trabajo monstruoso que habrá costado reproducir la insidiosa textura material del comunismo, su escandalosa chapucería, sus lujos grotescos.

“Chernobyl” me informó de lo lejos que estuvimos de enterarnos en Cuba del peligro que corrió buena parte de la humanidad en aquellos días mientras el resto del planeta, algo más informado que nosotros, se persignaba. Y de lo mucho que nos evitamos el día en que por fin el proyecto de central nuclear de Juraguá, corroída por defectos similares o peores a la de Chernobil, fue abandonado.

Y sin embargo, desde una de las primeras escenas, esas que intentan representar la normalidad de una ciudad soviética de provincias justo antes de la catástrofe, puede percibirse cierta falla. Una que crea un distanciamiento aún mayor que el del acento británico con que hablan los personajes soviéticos. No es difícil detectar que la falla está justo en la misma idea de normalidad. Porque la normalidad es un hecho desconocido en el mundo totalitario, o al menos como se la concibe en el Occidente liberal. La normalidad totalitaria está atravesada por una constante tensión que ya la desnaturaliza. La conciencia de que algo falta, de que algo hay que buscar, de que lo que lo que debería ser normal no lo es.

Luego, cuando la catástrofe estalla, descubrimos que la falla alcanza no solo a la representación de la normalidad totalitaria sino también la de sus dramas. Quedan fuera de las relaciones entre los personajes esa mezcla de rigidez, fatalismo y de cinismo ingenuo y desinformado que nos caracteriza a los productos del totalitarismo. Y el miedo asentado en nuestros reflejos más elementales. Quedan fuera los sobreentendidos mutuos sobre tantas cosas sobre las que no vale la pena hablar. Y la resignación ante el caos y la arbitrariedad para el que la civilización occidental no está preparada y que es lo único que en el totalitarismo se asume con naturalidad. Le faltan a los personajes de “Chernobyl” esa camaradería hueca, esa inhibición permanente ante la realidad que es la constante cuando se tiene claro que la libertad no está entre los productos que el Estado asigna para tu bienestar. O la rabia salvaje de los que han decidido no aceptar tales inhibiciones.

El personaje de Legasov, el científico encargado de coordinar la operación de rescate, con todo y lo bien que lo encarna Jared Harris, es la mejor muestra de esas limitaciones civilizatorias. El Legasov de “Chernobyl” sufre su destino terrible como lo haría un occidental envuelto en circunstancias semejantes, no como un ciudadano soviético que de pronto descubre que le ha entregado su vida entera a un sistema infame: con la angustia de las conversiones religiosas y con similar fervor.
Llama la atención que en toda la serie no se hayan pronunciado ni una sola vez las palabras "perestroica" y "glasnost". Y se entiende. Ni el productor más entusiasta puede esperar que el público promedio de HBO haya escuchado esas palabras en su vida ni consiga entenderlas aunque se las expliquen. Que entiendan lo que significó aquella apertura para los que habían crecido bajo la propaganda soviética de que aquel era el sistema más justo del mundo y sus líderes nunca cometían errores. La URSS de "Chernobyl" parece sacada de la gris era de Brezhniev y no del momento en que muchos creyeron al fin posible conjugar comunismo y verdad. En una Unión Soviética ahistórica como la de "Chernobyl" el coraje de un Legasov dentro de las mismas instituciones soviéticas era impensable.   

Si señalo estas limitaciones en una obra tan perfeccionista como “Chernobyl” no es por lo mucho que se notan sino justamente por lo contrario. Es el cuidado que han puesto sus realizadores en los detalles lo que hace notar más la falta de ese elemento intangible. Y es un defecto que “Chernobyl” comparte con los mejores ejemplos del cine occidental sobre el totalitarismo comunista como “La vida de los otros”, “The same sky”, “The Death of Stralin”. 
Huyéndole al tópico de una sociedad robotizada y uniforme han tratado de humanizar el mundo comunista poniendo personajes normales en circunstancias anormales. Se les escapa que un sistema de ese tipo termina marcando de manera esencial a cada individuo. Que las criaturas totalitarias somos seres humanos, sí, pero de una humanidad modificada para funcionar en la normalidad totalitaria, una humanidad fácil de reproducir en películas checas, rumanas, rusas o polacas pero que resulta, desde el punto de vista occidental, perfectamente inalcanzable. Que el totalitarismo -y el miedo que engendra- no es asunto solo de la policía secreta o el Partido sino que contamina la sociedad con la misma ubicuidad con que la radiación del reactor dañado contaminó todo a su alrededor. Que es un fenómeno que cada ser bajo su influencia lo hace suyo de alguna manera y lo transparenta en los más impensables detalles de su existencia. 
No se trata, por supuesto, de reprocharle a los realizadores de “Chernobyl” algo que escapa a su comprensión y su experiencia. Intento apenas dejar constancia de la grieta insalvable entre dos mundos, dos modos distintos de ser.

lunes, 3 de junio de 2019

Etica y estética

Cuando se ve la indignación que provocó la represión a la marcha LGTBI el mes pasado entre los bienpensantes cubanos en contraste con el silencio sistemático ante el detalle de vivir en una dictadura no queda otro remedio que asumir que fue una reacción estética antes que ética. Que lo que les molestó no fue el hecho que coartaran a un grupo de personas su derecho a manifestarse. Después de todo, ese derecho -el de manifestarse libremente- le es coartado todos los días a todos los cubanos. Lo que parece haberles molestado no es la represión sino la vulgaridad de que en pleno siglo XXI, cuando las marchas del orgullo gay son habituales en todo país que se respete, se ande reprimiendo una en La Habana. No parece indignarles la falta de libertad. Lo que los sulfuró es que luego de los desfiles de Chanel, las visitas de las Kardashians, los diseños de Clandestina y de las noches en la Fábrica de Arte un puñado de policías se basten para devolver a La Habana al siglo XX, ese sitio tan cheo.

sábado, 1 de junio de 2019

El aduanero y yo


Aparecerme en el aeropuerto de Montreal por segunda tarde consecutiva luego de la cancelación del vuelo el día anterior. Pasar por las rutinas del control de seguridad, ya sin los artículos inadmisibles que me confiscaron ayer. Cambia el rostro del agente de aduana pero las preguntas son las mismas. Que si llevaba semillas, productos del agro, todo eso que habrá que negar tres veces si es necesario. Que cuántos días estuve. A qué vine.

-A visitar amigos. -miento vagamente. El tipo de respuesta que, lo sé por experiencia, no es seguida por nuevas preguntas.

Me equivoco.

-La Habana. Cubano. ¿Hace cuánto tiempo vives en Estados Unidos? -me pregunta en español, para mi sorpresa.

-Veintidós años. -respondo en inglés. No porque me hable en español voy a abandonar la etiqueta que rige las relaciones agente- pasajero.

-¿Cuándo saliste de Cuba? -su español tiene acento gringo pero sin exagerar. Pronuncia las vocales castellanas con bastante pulcritud.

-En el 95. -persisto en el inglés. -Pedí asilo en España. Luego fui a Estados Unidos por un programa de refugiados de ustedes.

-Hace años estuve trabajando en la Florida.

Ya eso no tiene nada que ver con el interrogatorio aduanero, pienso. Como si insistiera en humanizarse tras el uniforme. Un señor en sus sesentas. Coloradote, irlandés, de bigote y pelo canoso. “McMahon” -o algo parecido- dice la placa que lleva sobre el bolsillo izquierdo de la camisa.

-¿Dónde aprendió español? ¿En Miami? -pregunto al fin en español, en son de paz.

-Trabajé en el servicio guardacostas en los noventa. Estaba allí cuando muchos cubanos salieron.

-Sí. En el 94. Debió ser terrible. -me digo, le digo.

-Sí, mucha gente murió. -comenta y el rostro le retrocede al tiempo en que vio aquello con sus propios ojos.

-Muchas gracias -le digo y le extiendo la mano. Alarga la suya, cuadrada, áspera, recia.

El apretón es fuerte. Como si acabáramos de sellar un pacto.  

sábado, 25 de mayo de 2019

Un Granma bicéfalo

Eso de guardar las apoariencias de tener nuevo presidente pero a la vez no dejas de recordarle a la gente quién es el que manda a veces resulta más complicado de lo que parece. Como esta portada del Granma más norcoreana que el Granma norcoreano: tanta simetría que parece un test de Rorschach. 


Pero más alucinante aún resulta la comparación de los textos, ilustración perfecta de lo que es una prensa totalitaria: lo de menos son los lectores sino la idea exacta que el Poder transmite de sí mismo con independencia absoluta de la realidad.

 Busque siete diferencias entre este texto: 

"El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, recibió en la tarde de este jueves al compañero Ri Su Yong, vicepresidente del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea y miembro del Comité de Estado de la República Popular Democrática de Corea, quien realiza una visita de trabajo a nuestro país.

Durante el cordial encuentro ambas partes dialogaron sobre el excelente estado de las relaciones bilaterales y los tradicionales lazos de amistad que nos unen. El Presidente cubano agradeció la hospitalidad recibida en su visita oficial el pasado año a la República Popular Democrática de Corea y rememoró con satisfacción el intercambio sostenido con Kim Jong Un, presidente del Comité de Estado y del Partido del Trabajo de Corea.

El distinguido visitante estuvo acompañado por Pak Myong Guk, viceministro de Relaciones Exteriores; y Ma Chol Su, embajador en La Habana."

Y este: 


"El General de Ejército Raúl Castro Ruz y el compañero José Ramón Machado Ventura, Primer y Segundo Secretarios del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, recibieron en la tarde de este jueves al compañero Ri Su Yong, vicepresidente del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea y miembro del Comité de Estado de la República Popular Democrática de Corea, quien realiza una visita a nuestro país.

En el fraternal encuentro ambos dirigentes intercambiaron sobre el excelente estado de las relaciones que unen a nuestros pueblos, partidos y gobiernos, y ratificaron la voluntad de continuar profundizándolas. También abordaron temas de la situación internacional.

Al distinguido visitante lo acompañó Ryu Myong Son, vicejefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea"


Aparte de los nombres propios, quiero decir. 

Acá otro ejemplo de la creatividad totalitaria de hace unos años: 





H/T: Ernesto Fumero
 

viernes, 17 de mayo de 2019

Los turcos en "El Nuevo Herald"


El escritor Carlos García Pandiello escribe en El Nuevo Herald una una reseña de Turcos en la niebla donde dice entre otras cosas: 

De esa pluralidad de perspectivas, donde las voces diferenciadas de los personajes van tejiendo una amplia red de significados en torno a la experiencia cubana del totalitarismo y el destierro, se deriva la excepcionalidad de esta novela: la primera apuesta por escribir –y si no es la primera seguramente es la más lograda– una historia sobre el destierro cubano que se adscriba al concepto de “novela total”.

Read more here: https://www.elnuevoherald.com/vivir-mejor/artes-letras/article230391119.html?fbclid=IwAR3u9AnAE-LFh23KACvnIu16dh5YAlUW4HAGiu904cu8_UbY3pjUu6E-3QY#storylink=cpy

jueves, 16 de mayo de 2019

Homosexuales por cuenta propia


En Cuba está autorizado ejercer unas doscientas actividades por cuenta propia pero el activismo social no es una de ellas. El activismo por cuenta propia es considerado una actividad enemiga y como tal es perseguido y sancionado por las autoridades pertinentes. Pero los activistas LGTBI en cambio no tenían que preocuparse. Mariela Castro directora del CENESEX se encargaba de protegerlos. ¿Qué su padre como ministro de las fuerzas armadas fue el principal responsable de las UMAP? ¿Y qué? Después de tantos palos que te ha dado la vida no hay que ponerse exquisitos.

Y así cada año los homosexuales cubanos tenían su conga con la que pasearse en grupos coloridos por medio de la ciudad a la luz del día, a ser divinamente escandaloso sin miedo. Como esclavos el día de Reyes. ¿Qué siempre le enganchaban algún tipo de publicidad política? Pero ¿acaso los futbolistas no juegan anunciando marcas de zapatos?  Pues en Cuba no hay mayor producto comercial que la (obediencia) política. Un trato como otro cualquiera. Tú me proteges y te cedemos los derechos de representación para viajar por el mundo anunciando que en Cuba, si alguna vez se persiguió a los homosexuales, es cosa del pasado. Y que gracias al CENESEX y la Revolución los homosexuales cubanos tienen privilegios que no se conocen en ningún otro lugar del planeta, etc, etc. Y la eterna zanahoria del matrimonio igualitario al que nunca se llega pero del que siempre se habla.

Y el CENESEX funcionaba como una corporación, como parque nacional protegido en un mundo ferozmente antiecológico. Faro luz y guía para muchos. Hasta la semana pasada. Porque de repente el Ministerio de Salud Pública decidió suspender el día de Reyes gay, la conga anual de Mariela. El comunicado vino a recordar algo que muchos querían olvidar. Que el CENESEX se debía al MINSAP, al Estado, al Partido y a la Revolución. Y que las prioridades de la Santísima Trinidad no eran esos coloridos desfiles. El imperialismo acecha y puede aprovechar la menor oportunidad para sacar sus zarpas. En fin, una magnífica oportunidad para que Mariela exhibiera sus prioridades. Y las exhibió. ¡Y de qué manera!

Mariela no solo apoyó la suspensión de la conga sino que tildó a la marcha alternativa a la que convocaron quienes no querían renunciar a su día bajo el sol habanero de “show convocado desde Miami y Matanzas" [sic]. Y a los que marcharon "enemigos de la libertad" y "masa de ignorantes”. El hada madrina de los homosexuales desdoblándose en represora. Dejando ver que su protección tenía poco que ver con la de Bartolomé de las Casas y mucho con la de Don Vito Corleone.

Pero tenía razón Mariela. En la marcha del sábado confluyeron libertad y conocimiento. Al parecer los convocantes a la marcha temían que lo que estaba en juego era mucho más que el espacio simbólico de la conga anual. Que la desaparición del artículo 68 del proyecto constitucional que dejaba la puerta abierta al matrimonio entre personas del mismo sexo y otras señales no menos preocupantes eran parte de una tendencia. Que podía presagiar la pérdida irrecuperable del espacio ganado. Así que decidieron desobedecer a su madrina mafiosa y no permanecer en sus casas en nombre de la Revolución que tanto les ha dado. Si la Revolución ha sido la prioridad del país en las últimas seis décadas, si todos los intereses de los cubanos debían cederle el paso en cada uno de los momentos de sus vidas esta vez los activistas LBGTI decidieron ser su propia prioridad.

Algunos declararon que no marchaban contra nada, que seguían fieles a la Revolución, Fidel, el Socialismo etc etc. Pero eso no bastó para disimular la profunda rebeldía que significa actuar y vivir por cuenta propia en un país donde el Poder ve a sus ciudadanos como mera extensión de sus designios y sus derechos como reglas que cambia a conveniencia. Esa rebeldía casi casual entre tantas rebeldías conscientes que protagonizan a diario grupos disidentes, artistas contestatarios, activistas por-derechos humanos o periodistas independientes parecía tener un aire distinto. Aunque fuera por el mero hecho de marchar durante unas cuantas cuadras a lo largo en medio de cierta calma, (tensa eso sí), disfrutando por unos minutos de algo que no sabremos llamar de otro modo que libertad. Una libertad que, como se vio pronto, terminaba justo al final del Paseo del Prado pero ocho cuadras de libertad más o menos apacible y múltiple en un país preso sabe a maratón.

Debemos advertir que dentro de la marcha avanzaba otra rebelión. La de un grupo de activistas de derechos humanos y periodistas independientes que se saltaron la línea imaginaria pero generalmente infranqueable que separa a la disidencia consciente de sí misma del resto de la sociedad. Y por si ese milagro fuera poco al tropezar con los límites fijados por la policía sobrevino otro. El milagro de la solidaridad. Porque cuando policías de civil cargaron contra los que consideraban elementos “externos” a la marcha -porque si la libertad le resultaba extraña a los marchantes ¿cómo le resultaría a sus represores? hubo quien salió a defenderlos, dispuesto a correr su misma suerte. Quien entendió que si la vida debe vivirse por cuenta propia la libertad es asunto de todos los humanos.