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viernes, 27 de diciembre de 2024

Virgilio Piñera revisitado, no para bien



Por Jacobo Machover

Estas lecturas críticas de Virgilio Piñera son fundamentales para entender su itinerario literario y político, lejos del mito que nosotros hemos podido establecer sobre la figura del escritor quien, al confesar su miedo en 1961, se ha ido transformando en una suerte de héroe contra la política cultural del castrismo.

Los ensayos académicos contenidos en Noticias para Ulises nos obligan desde ahora a revisar nuestros juicios: Piñera, a pesar de haber sido ostracizado luego, mantuvo antes, en efecto, una actitud de sumisión, cuando no de complicidad temprana, con la política cultural del gobierno revolucionario.

Es eso lo que resalta del estudio contundente del escritor Enrique del Risco, titulado “Un breve rapto de fe”, contenido en el volumen coordinado por Gersende Camenen y Armando Valdés-Zamora. Enrisco, tal como se le conoce en los ambientes del exilio cubano, es a la vez novelista, autor, entre otras muchas, de la notable obra Turcos en la niebla, y humorista.

Pero aquí no tiene ganas de reírse ni de hacer reír a nadie. Su propósito es acabar con el mito de un Piñera que habría sido un crítico velado del castrismo, al menos durante los primeros años de la Revolución (hasta 1964, por lo menos). Nada de eso: por los escritos publicados en Cuba, que el también académico en New York University analiza sin complacencia alguna, el autor de Cuentos fríos se muestra vehemente con los escritores cubanos que no están dispuestos a seguir las consignas revolucionarias.

Piñera escribe lo siguiente:

Los así llamados escritores, no teniendo otra meta que las letras por las letras (meta muy respetable, pero invalidada de antemano por faltarle el respaldo de una realidad nacional) se hundían en su propia inseguridad.

Parece como si uno estuviera leyendo aquello del Che Guevara de 1965 en su panfleto El socialismo y el hombre en Cuba sobre el “pecado original” de los intelectuales por no haber sido lo suficientemente revolucionarios. ¿No es cierto?

Parece mentira. El crítico que había leído atentamente La mente cautiva del Premio Nobel polaco Czeslaw Milosz y había escrito sobre ese libro anticomunista, el dramaturgo que había acuñado la obra de teatro Los siervos, una bomba antiestalinista (antes de tener que retirarla de la edición de sus propias obras con la llegada al poder de la revolución castrista), se sumía en el fango del dogma, por puro oportunismo, para conseguir un puesto normalmente remunerado al principio y para ser nombrado, por obra y gracia de Guillermo Cabrera Infante, director de las Ediciones R.

Hay algo peor:

Una oda al tractor, o si prefieren algo más insólito, por ejemplo, una elegía a una tuerca puede ser una explosión poética tan efectiva como una explosión nuclear.

¡Qué estupidez! El realismo socialista de El Don apacible de Mijaíl Sholojov, de la película La línea general de Eisenstein, de la novela Tungsteno de César Vallejo, en aquellos años 60, época en que ya ni los soviéticos ni sus discípulos cubanos creían en eso, abriéndose a otras formas literarias y artísticas.

Pero hay algo todavía más indigno:

¿Y sabe lo que le espera por palabra incumplida, por acto no realizado, por impostura manifiesta y por engaño en descampado? Pues nada menos que el paredón. Es decir, el paredón del desprecio.

Aquí Piñera alude al “contrarrevolucionario”. Y pronuncia la palabra maldita: PAREDÓN. La misma que escribían entonces sus superiores en el diario Revolución, Carlos Franqui, y en su suplemento cultural Lunes, Cabrera Infante, en imperdonables llamamientos a los crímenes.

Sin embargo, Piñera, tal vez consciente de la posteridad que podrían alcanzar sus palabras, matiza su propósito al hablar solamente de “paredón del desprecio”.

Menos mal. Fueron tantos los escritores que pidieron la muerte de esa pobre gente inocente, condenada por los tribunales revolucionarios. Hasta el mismísimo Severo Sarduy, en su cuento “El torturador”. Es difícil concebir que seres tan dulces y pacíficos como Piñera o Sarduy se volcaran en esa violencia verbal, que traía o justificaba a menudo siniestras consecuencias: fusilamientos a mansalva.

Al leer este ensayo deslumbrante de Enrique del Risco, Piñera dejó de ser para mí Virgilio, aquel fantástico escritor del absurdo, kafkiano por antonomasia, disidente y rebelde, tal vez sin saberlo, homosexual sometido al odio y a la vindicta de los “hombres nuevos” del castrismo, el que expresaba su miedo, en un paradójico acto de valentía, ante el comandante en jefe Fidel Castro en la Biblioteca Nacional, en junio de 1961.

La desmitificación llevada a cabo por mi amigo Enrique me agrada sobremanera, ya que yo había realizado algo parecido con quien fuera mi maestro, Guillermo Cabrera Infante, atrayéndome terribles anatemas por su parte, ya que fue en vida de él, así como descalificaciones de todos los que, en el exilio, creían que no se podía cuestionar a personeros de la disidencia, so pretexto de hacerle el juego al castrismo.

Pienso, por mi parte, que son esos deslices iniciales los que han impedido la unidad de los exiliados, los de fuera y los de dentro también, ya que muchos de ellos tuvieron que sufrir de esos escritos insensatos, que sus autores intentaron ocultar. Enrique del Risco, con ese escrito, les rinde justicia a las víctimas.

Otro ensayo, más parcial, de este compendio, viene a confirmar esa extraña actitud de Virgilio Piñera: el de Gersende Camenen, que analiza una mínima correspondencia (dos cartas) con Severo Sarduy, ya residente en Francia, quien aún no había cortado sus lazos con la Revolución (nunca lo hará del todo, al menos públicamente).

Lo que podía unir a ambos escritores era el miedo a la persecución contra los homosexuales, puesta en práctica durante la “noche de las tres P” (de “proxenetas, prostitutas y pederastas”) que se abatió en 1961, entre otros, contra el propio Piñera, al que fueron a detener en su casa de Guanabo y que sólo fue liberado gracias a la intervención de personalidades revolucionarias de alto nivel.

Lo que resulta incomprensible es que el otrora tan lúcido dramaturgo se dejara embaucar por la mística revolucionaria. No fue capaz de entrever, a pesar de haber oído (y de habérselo contado a Sarduy) a la multitud gritar en una reunión “Hombres, sí; locas, no”, que se aproximaba el tiempo de la UMAP, esa sigla que significaba la instalación, sobre todo en la provincia de Camagüey, de verdaderos campos de concentración para homosexuales, católicos, adeptos de las religiones afrocubanas, fans de los Beatles y de Elvis Presley…

Piñera seguía firme en su ceguera, incluso después de un viaje por Europa, durante el cual tuvo la oportunidad de no regresar a Cuba y, sin embargo, regresó. De hecho, se puso a criticar violentamente a Sarduy, soltándole, en un francés malo (según Gersende Camenen a la manera del Père Ubu, el personaje de Alfred Jarry): “Paris, merde”.

Sarduy no le guardó rencor a Piñera. Llegó incluso a escribir un poema, que pasó a la posteridad, mucho más que sus despiadados ataques, titulado: “Pido la canonización de Virgilio Piñera”.

Finalmente, después de ese relativamente largo período tristemente revolucionario de Virgilio Piñera, nos quedan pocos testimonios. El más valioso es sin duda el de su amigo y discípulo, el gran escritor hoy exiliado, Abilio Estévez. El volumen de ensayos concluye con una fina entrevista a este último realizada por Armando Valdés-Zamora, en la que esboza un retrato literario de quien fuera condenado, al igual que José Lezama Lima, al ostracismo y a un relativo anonimato, hasta el año de su muerte, en 1979.

Los coordinadores de la obra realizan un trabajo de investigación académica nada pesado (al contrario de la inmensa mayoría de ellos), al negarse a descartar los elementos más molestos sobre su vida y su obra.

Entre las demás contribuciones, hay que señalar, entre otras, la del amigo alemán Christoph Singler, catedrático en la universidad francesa, sobre la huella de Franz Kafka en su escritura, así como las de los escritores cubanos exiliados: Gerardo Fernández Fe y Ernesto Hernández Busto, cuya propia obra ha recibido, a lo largo de los años, la influencia literaria y moral de Virgilio Piñera, al menos las más sugestivas, la de antes de la Revolución y la de la época del ostracismo.

Espero que su recepción llegue mucho más allá de los círculos académicos, ya que su objetivo es restablecer la verdad, aunque nos duela.

viernes, 17 de julio de 2015

Aire frío en Nueva York

Definitivamente vale la pena ver "Aire frío", una de las piezas más importantes de la dramaturgia de Virgilio Piñera presentado por el Repertorio Español de Nueva York: tanto por con el esmerado e inteligente montaje de Leyma Lopez como por una Zulema Clares excepcional en su papel de Luz Marina. Dedicar una noche a adentrarse en los vericuetos de la familia Romaguera y convencernos de eso, de que todos somos Romaguera, que el genio de Virgilio sigue intacto.

Las actuaciones son bastante disparejas, el decorado escueto (aunque funcional) pero la puesta en escena recuerda por qué los griegos se reunían con tanto fervor hace dos milenios y pico a ver a actores dándole vida a textos ajenos. Allí, apenas sin darnos cuenta nos sumergimos en la experiencia catárquica de ver a una familia que es todas a la vez de reconocer y experimentar al unísono demonios comunes y cotidianos: el padre aferrado a su (falsa y risible) autoridad, la madre a su papel de víctima, el hermano que vive del aire, el hermano que te lo cobra y la hermana justa e infeliz que consigue que todo (en la vida y en la obra) funcione.

Preparando a mi hijo para lo que iba a ver en escena le puse esta adaptación de 1999 para la televisión cubana. Les confieso que aquellos primeros minutos me resultaron tan falsos y deprimentes como para reconsiderar la visita al teatro aquella noche. Si ese era el resultado contando con un elenco que incluía a Isabel Santos, Verónica Lynn, Raúl Pomares y Fernando Echavarría qué esperar de actores (cubanos pero también dominicanos, españoles, venezolanos) que ni siquiera comparten un acento común que le dé cierta credibilidad a una trama cubana.

Pero al fin y al cabo se consigue el milagro no solo por la fuerza de la actuación de la protagonista sino porque esta y la directora entendieron algo muy elemental de “Aire frío” que vale también para toda la obra de Piñera o para buena parte de la realidad cubana. Y ese es algo es el tono con que se mira e interpreta una tragedia a la que siempre le falta algo incluso para ser una tragedia con pleno derecho. En este caso el motivo central es la falta de un ventilador, que más allá de toda la simbología existencial que se le pueda exprimir ilustra soberbiamente la concepción de Piñera sobre la “Nada por defecto”, la tragedia que se construye sobre una ausencia ridícula en apariencia pero devastadora en su rutinaria y desesperante insistencia.

Lo único que puede salvar a una tragedia así del más profundo ridículo es el tono. El tono de una tragedia que no se toma así misma demasiado en serio para hacerse comprensible a un nivel más sutil, ese que entienda la risa no como alegría hueca sino como una especie de estoicismo. Porque lo más trágico de esta tragedia –valgan aquí todas las redundancias- es justamente su dificultad para ser tomada totalmente en serio, para ser comprensible. Eso parecen entenderlo perfectamente Leyma Lopez y Zulema Clares para convertir esas noches de “Aire frío” en el Repertorio Español en un acto de purificación mediante la inmersión profunda en lo más denso y esencial de nuestra socialidad con la ayuda del espíritu de ese muerto oscuro (y a la larga claro) que fue Virgilio Piñera.      

miércoles, 22 de abril de 2015

Virgilio en la ciudad celeste

A continuación comparto el documental sobre Virgilio Piñera "Virgilio en la ciudad celeste" (2006) que contiene una larga entrevista a Yonny Ibañez, nieto de Juan Gualberto Gómez en cuya casa y familia el escritor encontró acogida y refugio en algunos de los años más terribles de aquello que llamó su "muerte civil" hasta que la Seguridad del Estado también cancelara esta posibilidad. Una grabación del poeta se escucha -cosa rarísima- en el minuto 10:45 leyendo el poema "En el duro". Primera parte:



Segunda parte del documental:




sábado, 1 de diciembre de 2012

La Habana Elegante rinde homenaje a Pinera


La Habana Elegante dedica en su número de invierno del 2012 un nutrido dossier a Virgilio Piñera que incluye textos de Jesús Jambrina, Juan Carlos Quintero Herencia, Juan Carlos Flores, Antonio José Ponte, Severo Sarduy, Thomas F. Anderson, Yonni Ibáñez, Noel Luna, Pedro Márquez de Armas entre otros y en sección aparte un texto poco conocido del propio Piñera como es “Once consejos a un turista ávido”. El dossier incluye además un texto mío sobre Piñera ("Piñera y profecía”) del que he dado algún adelanto. Ahí va pues el primer párrafo:  


Piñera y profecía

Primera proposición dramática: Con el grupo que fundara la revista Orígenes la poesía cubana se convirtió en una rama de la geografía que a su vez tenía mucho de astronomía.
“La ínsula distinta en el Cosmos, la ínsula indistinta en el Cosmos” predicaba una de las antecesoras de Orígenes, Espuela de Plata, consignando que la isla de Cuba era o debía ser a un tiempo excepcional y universal. Que Virgilio Piñera proclamara en su famoso poema La isla en peso la obviedad de que Cuba estaba justo donde estaba y no en otro sitio no podía ser recibida desde el seno de los futuros origenistas más que como herejía y traición a su credo poético. De ahí las continuas pedradas lanzadas por Cintio Vitier, escudado tras las anchas espaldas de Lezama, contra el poema. En la más famosa de aquellas pedradas acusaba a Piñera de “convertir a Cuba, tan intensa y profundamente individualizada en sus misterios esenciales por generaciones de poetas, en una caótica, telúrica y atroz Antilla cualquiera” (Vitier. 1970. 480). En una carta personal al propio Piñera, Vitier sería más específico y enjundioso en su acusación. "Lo único que sí no puedo compartir de tu poesía es la descripción general de una isla — ¿en qué siempre lejanísimo trópico? — donde yo nunca he vivido ni quiero vivir. Porque mi patria, que está formándose y yo estoy formando en mi medida, nada tiene que ver con esa pestilente roca de la que hablas. Y no es que no haya pestilencias y mediodías como un ojo imbécil aquí, ni que yo deje de comprender que lo que nos falta para parecernos a la Guayana o a la Martinica (si es que son tan infernales, o, pero [sic], como sugieres, sólo fango) lo añade tu innecesaria fantasía, tu desenfrenada vocación de cáncer — ya que en última instancia no hay lección que no sea vocativo —, tu pasta, en fin, de persona infausta" (Piñera. 2011. 55).
Para leerlo completo pinchen aquí.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Piñera en Nueva York



Los pasados días 8 y 9 de noviembre se celebró en Nueva York la conferencia “The Accursed Circumstance” organizada por la State University of New York (SUNY) consagrada a la vida y la obra del escritor Virgilio Piñera como parte de las celebraciones por el centenario de su nacimiento. Una oportunidad magnífica para compartir con algunos de los estudiosos más inteligentes y dedicados de la obra del escritor cubano. Y para comprobar no sólo que la obra de Piñera suscita más inquietudes que nunca sino que la propia tribu de los piñerianos está compuesta por gente aguda y agradable a partes iguales. Eso no evitó exhaustivas discusiones y ataques a los mitos que rodean la vida del autor. (For the record: El biógrafo de Piñera Thomas Anderson aclaró que el cuento “La carne” no salió publicado en un periódico habanero como editorial, con su nombre suprimido, por lo que todos los incidentes que se cuentan derivados de esa falsedad y que han sido repetidos por varios autores no son menos falsos).

El escritor Abilio Estévez cerró el evento rememorando su amistad con Piñera durante los últimos cuatro años de la vida de este: desde el deslumbramiento que le produjo su encuentro juvenil con uno de los más grandes escritores cubanos que para entonces purgaba una dolorosa marginación (algo así como “Fresa y chocolate pero en serio) hasta las persecuciones que sufrieron en esos años. Estévez contó de una citación a Villa Marista a Virgilio Piñera en 1975 donde fue interrogado un día entero o cómo el propio Estévez fue obligado a firmar una carta en que declaraba que Piñera corrompía a la juventud y se comprometía a no verlo más y cómo desde entonces se tenían que encontrar en secreto. Contó también que poco antes de sufrir el infarto que acabó con su vida había recibido una llamada que lo afectó profundamente y dejó entrever que sospechaba que podía haber sido una llamada parecida a la que recibiera cuatro años antes para citarlo a Villa Marista. La leyenda de Piñera no da muestras de agotamiento.

A continuación el párrafo final de la ponencia que presenté:

Lo que propone Piñera no es ni el angelismo del espíritu ni la barbarie de la realidad sino la resistencia a ambos desde la letra con todo su poder, con toda su debilidad. Cuando el aluvión de realidad no parece dejar espacio para la poesía, cuando la realidad por excesiva, parece menos real, es bueno tener a Piñera a nuestro alcance. Como el de la hecatombe que se describe en el cuaderno “Hosanna! Hosanna…?” de 1975 en que puede leerse una puntual descripción de la Cuba actual cuando en última instancia es una defensa de los poderes de la ficción. El mismo Piñera que en esos años había bautizado su marginación oficial como “muerte civil” describe un mundo “hecatombizado” en el que muertos y muertovivos esperan por “el milagro de la resurrección de la carne”. Allí hace decir a uno de los personajes: “A la verdad que es de lo más molesto esto de estar muerta; […] No se puede hablar, ni caminar, ni ver, ni oír, ni tampoco pensar. En cambio, se pueden hacer otras cosas que uno ignoraba hasta el momento de morir, pero que de nada sirven en vida. Por ejemplo: se puede no dormir ni soñar, y, cuando no hacemos ni lo uno ni lo otro, entonces muerteamos. Otra cosa que puede hacer un muerto es esperar”. Pero aquél por el que deben esperar no serán los “dioses desdeñosos” ni el tirano de turno. El que “Habla por nosotros” y “nos lleva, como bueyes, por el narigón, de acá para allá” no es otro que el Autor. Estos relatos son una de las tantas maneras que encontró Piñera de decirnos que una literatura “necesariamente teológica” como la prefería Vitier niega su propio sentido como eso mismo, como literatura, da igual si marcha al encuentro del Espíritu Santo o de la realidad. Su mundo no tiene más realidad que la que le puedan ofrecer un material tan frágil como las palabras. Como se había preguntado un joven Piñera incluso antes de escribir su famoso poema: “¿No he dicho yo mismo que la geografía del poeta es ser isla rodeada de palabras por todas partes?”


     

domingo, 4 de noviembre de 2012

La maldita circunstancia (programa completo del evento)


Abajo el programa del jueves 8 de noviembre y el viernes 9 de la conferencia “The Accursed Circumstance”. 

The Department of Hispanic Languages and Literature at Stony Brook University presents:
“The Accursed Circumstance”: Virgilio Piñera Centennial Conference at Stony Brook University

Thursday November 8, 2012
Wang Center, Lecture Hall 1
1:00 PM | Antonio José Ponte and Ana María Dopico: A Conversation
Ponte and Dopico will discuss the vital importance of Virgilio Piñera’s work and life to genealogies of political dissent and the protection of artistic freedom. Antonio José Ponte is an internationally known Cuban fiction writer, consummate essayist, and poet living in exile in Madrid.

Ana María Dopico is Associate Professor of Comparative Literature at New York University, where she teaches comparative studies of the Americas with special emphasis on Cuban and Caribbean contexts and the Global South.

2:30PM | Provostial Lecture with Thomas F. Anderson: “Virgilio Piñera Lost in Translations: A Cuban Author’s Struggle to Create an International Legacy”

Thomas F. Anderson will address the anxiety-ridden final years of the life of Cuban author Virgilio Piñera (1912-1979), with a special focus on Piñera’s hapless efforts to have his works translated into major European languages. Departing from information gleaned largely from some 100 unpublished letters by Piñera to a life-long friend, Anderson will discuss how translation projects gone awry with prestigious publishing houses such as Alfred A. Knopf in the U.S., Feltrinelli Editore in Italy, and Éditions Gallimard in France, contributed significantly to the Cuban author’s legacy of oblivion.

Reception to follow
……………………………..


Friday, November 9th, Stony Brook-Manhattan
387 Park Ave. South, 3rd floor (entrance at 101 East 27th Street)
9:30   Desayuno continental

9:45   Bienvenida.Lena Burgos-Lafuente, Stony Brook University

10:00-12:00   Terribilia meditans: Reflexión y disentimiento en la obra de Piñera
Moderador y comentarista: Paul Firbas, Stony Brook University

Jorge Brioso, Carleton Collage: “¿Cómo nacen y mueren los conceptos? Literatura y filosofía en la obra de Virgilio Piñera”

Mariana Amato, University of Kentucky, Lexington: “Una época eminentemente carnal: Virgilio Piñera y la modernidad”

Enrique del Risco, New York University: “Piñera y los avatares de una isla imposible”

12:00-1:00   Almuerzo

1:00-3:15   Contra y por la palabra: Poesía y política en Virgilio

Moderador y comentarista: Arcadio Díaz Quiñones, Princeton University

Noel Luna, Universidad de Puerto Rico: “Virgilio Piñera contra la poesía”

Gerard Aching, Cornell University: “In Praise of Insularity”

Juan Carlos Quintero-Herencia, University of Maryland, College Park: “La Patria adentro: Natura política de Virgilio Piñera”

Rafael Rojas, Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE): “Piñera y el Caribe”
      
3:15-3:30   Café

3:30-5:30   Un teológico atracón: Piñera y los saberes de la carne

Moderadora y comentarista: Licia Fiol-Matta, Lehman Collage and the Graduate Center, CUNY

Javier Guerrero, Princeton University: “Carnicería Piñera”

Modesto Milanés, Cubaliteraria.com: “Las pequeñas fugas: el mundo novelístico de Virgilio Piñera”

Aurea María Sotomayor, University of Pittsburgh: “La soberana nada da fe (Bataille en Piñera)”

5:30-6:00   Café

6:00-7:30   Closing keynote event: Abilio Estévez en diálogo con José Quiroga, Emory University.Moderadora: Lena Burgos-Lafuente, Stony Brook University

7:30   Recepción

viernes, 16 de enero de 2009

Piñera en reciclaje

En el Guamá primigenio apareció ayer la noticia de un coloquio sobre la obra de Virgilio Piñera. Abajo les transcribo los primeros párrafos:

Homenaje a escritor y dramaturgo cubano Virgilio Piñera
Sobre la personalidad del dramaturgo, poeta y narrador cubano Virgilio Piñera (1912-1979) disertó hoy la poetisa Mireya Piñeiro, una de las invitadas al III Concurso Literario La Isla en peso, que sesiona en esta ciudad.
El Centro de Arte y Literatura Regino E. Boti acogió la conferencia, que rindió homenaje al escritor Premio Casa de las Américas de 1968, una de las voces mayores de las letras cubanas contemporáneas, y considerado el máximo dramaturgo del siglo XX en la Isla.
Durante el coloquio se revelaron interesantes anécdotas -contextualizadas en la década del 40 del siglo XX- que describen la naturaleza intransigente y controvertida de Piñera y su crítica contra la mediocridad, el favoritismo y los cánones de la época.
Su encontronazo con la hipocresía y las falsas promesas de la república imperante entonces trascendieron en el encuentro, en el que se relataron incidentes, como el de 1942, cuando tuvo que empeñar sus dos únicos trajes para poder publicar su revista Poeta.
Virgilio Piñera pertenece al grupo de escritores cubanos de la pasada centuria que encabezaron, en un ambiente de desintegración nacional, una tradición literaria orientada a recobrar la esencia de lo cubano.
Callan por supuesto que desde 1961 hasta su muerte lo persiguieron y marginaron algo por otro lado era comprensible puesto que Piñera siempre fue para ellos un gusano irredento. Pero de ahí a convertirlo en una especie de Blas Roca del teatro va un largo trecho. Sacan la historia de los dos trajes otra vez de la casa de empeño (nacionalizada hace mucho tiempo) y la airean esquivando dos realidades incómodas que delata esta historia:

-que Piñera llegó a tener dos trajes.
-que podía publicar revistas por su cuenta sin pedirle permiso a nadie.

Callan que poco antes de la muerte de Piñera el presidente del ICAIC Alfredo Guevara en un acto público afirmó que:
"En este momento, según mis noticias (...), Virgilio no tiene una actitud militantemente contrarrevolucionaria, pero él la ha tenido por mucho tiempo activa. Cuando digo activa no digo pertenecer a una organización contrarrevolucionaria, pero sí digo tener una actividad de lucha política con sus medios, con sus instrumentos intelectuales, contra el proceso revolucionario". 
Tampoco hay que convertir a Piñera en Pedro Luis Boitel aunque para los policías de los setenta no hubiera mucha diferencia. Si ahora quieren ofrecer una imagen de tolerancia que publiquen al gusano, al marginado, pero ya convertirlo en compañero de lucha es bastante feo. Exigir respeto a los muertos a los que siempre se han alimentado de ellos es utópico, ya sé, pero se hace difícil aceptar que todavía actúen con tanta impunidad.

Incluyo dos contribuciones de Cubasno (hasta la muerte) al tema:

Dice Virgilio Piñera
que nuestro Alfredo Guevara
sigue siendo un ave rara:
el maricón compañera.
Pa que no lo dejen fuera
en público se convierte
en insulso culo inerte
pero Abel, que lo conoce
sabe que grita en el goce:
Comandante, Pinga o muerte!

Y ésta de homenaje al Guayabero:

Dice el compañero Angulo
director de reciclaje
que es un verdadero ultraje
lo de Guevara y su culo.
Si usted quiere se lo pulo
pa maquillar el exceso
pero no sea travieso
acuérdese que a Mandinga
le confiscaron la pinga
por mucho menos que eso.

viernes, 4 de julio de 2008

Cita a ciegas con el futuro: La conexión polaca de Virgilio Piñera (II)

La opacidad de la experiencia totalitaria permitió a Piñera asumir sin suspicacias la Revolución Cubana de 1959 a pesar de los cínicos consejos que le dirigiera Gombrowicz en las primeras semanas del triunfo revolucionario: "¿Qué tal el embriagador aire de libertad y el fervor patrio? Aprovechen para condenar a los infames y alabar al gran jefe." Por dos años la Revolución pareció derrocar el miedo de Piñera ¿No era aquella una revolución para los humildes? Piñera podría enumerar su larga familiaridad con el hambre y las precariedades, o la cantidad de trajes que tuvo que empeñar en el pasado para pagarle al impresor que publicaba una de sus revistas. ¿Acaso la Revolución no venía a destruir un orden que siempre había visto como insufrible y patético y que había ridiculizado en casi todos sus textos? Piñera no había luchado con las armas en la mano pero su obra se podría ver como precursora de un arte revolucionario. Su hoja de servicios como artista contestatario del régimen de puesto –aunque muy lejos de la oposición política- tenía una sola mancha y esta era precisamente Los Siervos. Por ello en una entrevista ficticia con Jean Paul Sartre en 1960 a la pregunta “¿Cómo justificaría a su pieza Los Siervos?” Piñera responde.
Comenzaré por desacreditarla, y con ello no haré sino seguir a aquéllos, que con harta razón, la desacreditaron. A pesar de ser un hijo de la miseria, me daba el vano lujo de vivir en una nube... Por otra parte, el ejemplo de la Revolución rusa seguía siendo para mí un ejemplo teórico. Fue preciso que la Revolución se diera en Cuba para que yo la comprendiese.

Si todos debían sacrificar algo en la obra magnífica de la Revolución –si algunos habían perdido la vida, un amigo o un brazo- no creo que a Piñera le temblara el pulso al deshacerse de Los Siervos y al hacerlo debió creer estar a la altura de las nuevas convenciones, del nuevo sentido común que imponía la Revolución. Dejándose llevar por ese sentido le advierte a su Sartre imaginario sobre el destino del descreído protagonista de La nausea: “Frente a un tribunal revolucionario Roquentín sería fusilado en el acto”. Un año después, cuando con motivo de la censura al documental PM Piñera manifiesta su preocupación por la posibilidad de que el Gobierno vaya a dirigir la cultura no invoca la libertad de expresión o los derechos individuales, conceptos que pertenecían al vocabulario del antiguo régimen. El escritor parece asumir sin dificultades las convenciones del nuevo sistema (sólo tienen derecho a opinar aquellos que se sientan identificados con la Revolución) cuando tras anunciar su preocupación le dice al primer ministro: “Así, como dijo el compañero Retamar, aquí no hay ningún compañero contrarrevolucionario. Todos estamos de acuerdo con el Gobierno y todos estamos dispuestos a defender y a morir por la Revolución, etc, etc. Pero esa es una cosa que está en el aire y yo la digo. Si me equivoco, bueno, afrontaré las consecuencias”. Sin embargo en la asunción de esos nuevos modales pueden notarse ciertas fallas como esa simpática paradoja de “compañero contrarrevolucionario” o en ese “etc, etc” que denota más que la disposición real a estar dispuesto a morirse por nada la aceptación de una nueva convención retórica, un nuevo lenguaje, un nuevo sentido común.
Aquella reunión concluyó con un discurso del primer ministro resumido en la consigna: “Dentro de la revolución todo contra la revolución nada”. La frase, y a Piñera no le debió resultar difícil comprenderlo, no estaba dirigida a proteger la libertad formal mientras limitaba la libertad política ni se limitaba sólo a la creación intelectual. Resultaba más bien del código genético del totalitarismo cubano. La revolución, ese ente indefinible y cambiante iba a ser en lo adelante la medida de todas las cosas, el espacio en el que podría transcurrir todo lo permisible. Mientras los optimistas hacían énfasis en el “dentro” y en el “contra” pero Piñera no era un optimista. Alguien que siempre se había definido desde el “contra” y el “afuera” sabría que en aquella frase no había conceptos más importantes que los de “revolución” el “todo” y la “nada”. Para Piñera la frase significó el regreso del miedo en una escala desconocida hasta entonces.
Una vez dentro del totalitarismo este debio parecerle irrepresentable a Piñera. A pesar de las predicciones de Orwell dos más dos seguía siendo cuatro (siempre que no se tratara de una estadística oficial) y el sexo, los deportes, las obras de teatro, las bodas y los divorcios, los programas de cocina por televisión y las palabras podían seguir existiendo pero a condición de cambiar de sentido, un sentido dirigido hacia un mismo punto vacío y móvil al que se llamaba revolución. “es una cosa muy seria/ que el mundo tanto se mueva” escribió Piñera en su poema “En el duro” de 1962. El sentido común se iba así transformando en sentido único. Los partidos de canasta a los que tanto se había aficionado Piñera pasaban a ser un entretenimiento burgués y por tanto contrarrevolucionario. Y las palabras sin cambiar de significado alteraban amenazadoramente su sentido: “ya las palabras son balas/ y las miradas hogueras”.
De repente el más revolucionario de los escritores cubanos pasaba a la peligrosa categoría de "los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sienten tampoco revolucionarios". Piñera empezaba a ser visto como desfasado, anacrónico, culpable del pecado original de que hablaba el Che Guevara que no era otro que el de ser portador del sentido común del antiguo régimen por mucho que se hubiera empeñado en desequilibrarlo. Piñera, de acuerdo con la metáfora botánica que había empleado Guevara en su famoso texto “El socialismo y el hombre en Cuba” era un olmo en el que habría que injertar perales. O como en la algo menos famosa anécdota protagonizada por Guevara en presencia de Juan Goytisolo: un maricón que no merecía ser leído.
Piñera se veía enfrentado no sólo al anacronismo que representaba su obra con respecto al nuevo ideal de arte revolucionario sino frente a una realidad que había abolido ciertos problemas y presentaba otros totalmente distintos. Un anacronismo no muy diferente del que le achacara a Gombrowicz su compatriota Czeslaw Milosz en una carta de 1953: el actuar a veces “como si Polonia hubiera sido barrida por una catástrofe lunar y tú vinieras con tu revulsivo para una Polonia inmadura y provincial de antes de 1939 (...) Es un problema difícil que se basa en el hecho de que el marxismo elimina ciertos problemas (mediante el mismo principio de que el bombardeo de una ciudad elimina disputas matrimoniales, preocupaciones sobre el mobiliario etc.)” (Diario.15). No especialmente interesado en el proyecto de horticultura del Che Guevara de dedicarse a producir peras para la nueva sociedad, Piñera regresó a los mismos temas que lo habían obsedido durante su carrera: representar “la rebeldía contra las fuerzas oscuras que cada hombre lleva en su ser” y dar cuenta de la fricción entre individuos y sociedad, entre espacio público y el privado. A Piñera Europa Occidental, Estados Unidos o América Latina le ofrecían pocas herramientas para representar las manifestaciones particulares del totalitarismo caribeño. Por otra parte, y por razones que no creo necesario mencionar, el bloque soviético no era muy prolífico en tales representaciones. Fue en Polonia –uno de los hermanos países socialistas donde el totalitarismo se manifestaba con menos rigor- donde Piñera volvió a encontrar referencias afines, un espacio en el que el sentido común totalitario había desplazado al del antiguo régimen. La evidencia más clara de este encuentro es la edición que hizo Piñera de una antología de Teatro del absurdo. En esta selección junto a figuras consagradas a nivel mundial como Samuel Beckett, Eugene Ionescu y Harold Pinter incluye dos piezas en un acto del dramaturgo polaco Slawomir Mrozek. Tanto la elección del autor como de las piezas (Karol y En alta mar, ambas de 1961) no ofrecen muchas dudas sobre su intencionalidad. Por una parte cumplían con el requisito de haber sido escritas por un representante del campo socialista. Pero no era un representante cualquiera sino uno –como Piñera se encarga de aclarar en la nota biográfica del autor- que había arremetido “con toda su fuerza contra las bases de la convención en el fondo burguesa, del drama de los años 1949-1956”. Nótese que esa alusión al “drama de los años 1949-1956” es un circunloquio para referirse al realismo socialista. Por otra parte, y aunque de manera muy discreta, las obras elegidas funcionan perfectamente como parábolas del establecimiento de un régimen totalitario. Lo que en occidente se veía como una ruptura con las convenciones y el sentido común en los países del socialismo real se percibían como cuidadosas analogías del funcionamiento del sistema. La pieza Karol es especialmente interesante en cuanto tiene no pocos puntos en común con La niñita querida obra escrita por Piñera un año antes de la publicación del Teatro del Absurdo. En Karol se cuenta la historia de la visita a un oftalmólogo de un padre y un hijo. El hijo le informa que su ancianísimo padre quiere hacerse unas gafas para poder dispararle con la escopeta que lleva al hombro a Karol. No sabe quién es Karol porque nunca lo ha visto pero está seguro de que en cuanto el padre lo vea lo reconocerá y lo matará en el acto. Entonces cree reconocer en el oftalmólogo a Karol y luego de una tensa escena en que este, aterrado, trata de convencerlos de que no es Karol y ni siquiera sabe de su existencia para salvar la vida termina diciéndoles que Karol es cliente suyo y está a punto de llegar. Al llegar el cliente el padre lo mata y luego el oftalmólogo y el hijo llegan al acuerdo de que cada vez que aparezca un nuevo Karol en la consulta el oftalmólogo les avisará para que el padre y el hijo vengan a eliminarlo.
La obra de Piñera La niñita querida también está dominada por la presencia de un arma y la intimidación que produce. El arma es empuñada en este caso por una niña a la que su familia ha educado con esmero y adulación excesivos. Sin embargo la niña Flor de Té (un nombre que aborrece ya que prefiere el de Berta, su madre) en lugar de convertirse en pianista como es el deseo de los suyos prefiere disparar con su ametralladora “hasta que se le caiga el brazo”. En la fiesta de cumpleaños molesta por su nombre y renuente a que le quiten el arma ametralla a toda su familia. La última escena presenta a Flor de Té ya adulta con su hija a la que le da un ataque porque no le gusta el nombre que le han puesto (Berta) sugiriendo el reinicio de un terrible círculo vicioso.
Los parecidos, la complicidad entre ambos textos son obvios. Ambos utilizan contextos típicamente burgueses (una consulta de oftalmología o una fiesta por los quince años) a los que la violencia hace estallar con la atemorizada complicidad de las víctimas. Alegorías muy discretas que utilizan las convenciones del teatro del absurdo para facilitar el encuentro entre el sentido común liberal y el del totalitarismo y los mutuos malentendidos que generan un nuevo sentido como muestra este fragmento de La niñita querida:
BERTA: […] ¿En qué mundo tu vives Pancha? ¿No sabes que la metralleta es el arma de los gángsteres?
PANCHA: Será el arma de los gángsteres pero cuando un desfile militar yo veo que los soldados las llevan.
BERTA: Son otras metralletas y las usan para la defensa del territorio nacional. Pero los gángsteres las usan para matar gente.
FLOR DE TÉ: Mami, Paquito no es un gángster. (…)
BERTA: Entonces será un defensor del territorio nacional.
FLOR DE TÉ: No mami. Tiene mi misma edad y va al tiro al blanco.
BERTA: Pues es un pichón de gángster.

Ya fuera por coincidencia o influencia entre las piezas de Mrozek y las de Piñera hay un fondo común de complicidad, complicidad que compartirían sus respectivos públicos de tener acceso a ellas. Esta última conexión polaca debió confirmarle a Piñera que el totalitarismo no era inexplicable del todo y de que en su nueva experiencia no estaba completamente solo. Este último eslabón de su conexión polaca le sirvió a Piñera para traducir un mundo que se le iba haciendo progresivamente extraño a su propio sistema de absurdos, rebeldías y círculos viciosos.

jueves, 3 de julio de 2008

Cita a ciegas con el futuro (I)


La semana pasada estuve en Puebla. Fui a un congreso de literatura donde presenté una ponencia sobre Virgilio Piñera y la influencia que tuvieron en cierta zona de su obra ciertos escritores polacos. Lo que les presento a continuación es una versión muy reducida del trabajo original peor que les puede dar una idea de los principales temas que estuve trabajando en relación a la idea no explícita de que los parentescos literarios deben buscarse a veces en los lugares menos esperados y que se forman a veces menos por la pertenencia a ciertas tradiciones que por el enfrentamiento a problemas comunes. Esta noche les pongo la segunda parte.

Cita a ciegas con el futuro: La conexión polaca de Virgilio Piñera
El principio activo de estas páginas son las preguntas que me provocara la lectura de una obra de teatro de Virgilio Piñera que fuera rechazada dos veces por su autor –la primera en un artículo en 1960 y la segunda al excluirla de la edición de su Teatro Completo en ese mismo año. Todavía sería negada una tercera vez por el encargado de la nueva edición del Teatro Completo (2002). ¿Por qué -y esta sería la primera pregunta- insistir entonces en una obra que ha sido negada tres veces?
Los Siervos, obra publicada en la revista Ciclón en 1955 cuenta la historia de la anómala rebelión de Nikita Smirnov, filósofo oficial del partido en un mundo en el que ha triunfado la Revolución mundial comunista y “Toda la tierra y todos los hombres están comunizados”. Es entonces, “cuando se ha llegado a la cima del mejor de los mundos” que el filósofo del partido decide rebelarse de la única manera que es posible en un mundo en el que todo tipo de explotación y opresión ha sido oficialmente eliminada. Nikita, el filósofo, ha decidido declararse siervo y anda en busca de un amo que le propine patadas en el trasero. Tan servil gesto llena de preocupación a las más altas esferas del Partido Comunista. “¿Pero quién tomaría las armas contra la felicidad?” se pregunta Kirianin, general del ejército a lo que responde Nikita con el argumento último de la libertad individual allí donde la felicidad es una obligación social: “no me place la felicidad colectiva. Prefiero la felicidad personal de ser el humildísimo siervo de tan grandes señores”. La rebeldía de Nikita no apela a la violencia o más bien consiste en ofrecerse como blanco de ésta pero su servilismo conlleva una firmeza reservada para los grandes heroísmos. Por declararse siervo está dispuesto a morir. Es el momento de hacerse una segunda pregunta: ¿por qué escribe Piñera en 1955 una obra tan alejada de sus temas habituales y de su propia experiencia? Es tentador ver en Los siervos un texto profético que predice el fenómeno totalitario tal y como se implantaría en el propio país del autor y al mismo tiempo anticipa la rebeldía débil que ciertos intelectuales -pensemos en el caso del propio Piñera- le opusieron. Como las profecías son en sí inexplicables intentemos otro acercamiento. De todas mis sospechas sobre el origen de esa obra la más verificable es la relación que estableciera Piñera con el escritor exiliado polaco Witold Gombrowicz a su llegada a Buenos Aires en 1946. Mucho se ha hablado de la presencia de Piñera en la traducción al español de Ferdydurke. Bastante menos de la influencia que pudieron tener el uno en el otro más allá de aquella colaboración. Más que por los comentarios que dejaron los autores sobre aquella experiencia es en la propia obra de ficción de ambos, anterior y posterior a aquella colaboración que podemos sopesar su afinidad e influencias mutuas. Había mucha más afinidad entre ellos que su condición de expatriados; o la libre asunción de sus sexualidades; o su marginalidad compartida respecto al campo literario en el que se habían formado; o el lugar excéntrico que ocupaban en relación a sus respectivas tradiciones literarias. La distancia geográfica y cultural entre Cuba y Polonia se disolvía en la común condición de ser culturas nacionales problemáticas y subalternas. “Ferdydurke -declara Piñera en un diálogo radial con Gombrowicz- nos abre el camino para conseguir la soberanía espiritual, frente a las culturas mayores que nos convierten en eternos alumnos. Mi trabajo literario persigue el mismo fin y creo que aquí nos encontramos –Polonia, la Argentina y Cuba- unidos por la misma necesidad del espíritu”. Pero por si fuera poco Gombrowicz le traía noticias frescas a Piñera sobre las dos variantes del totalitarismo que se habían impuesto sobre la nación polaca en los años anteriores: el nazismo y el comunismo. No es arriesgado suponer que Piñera estuviera especialmente dispuesto a prestar atención a informaciones de ese tipo. Los miedos, las fobias, el chovinismo furioso y vulgar y el entusiasmo por el absurdo que habían estado bajo el constante examen en su literatura cobraban a través del totalitarismo un sentido brutal y pesadillezco y al mismo tiempo, literal. En los textos que escribió Piñera desde entonces es fácil constatar su atracción por el comunismo como tema literario. Éste le ofrecía la posibilidad llevar hasta el absurdo las restricciones y convencionalismos que condicionaban la existencia de los individuos en la sociedad burguesa así como los contrasentidos de los proyectos de emancipación que se ofrecían transformarla radicalmente.
En su libro Totalitarianism and the modern conception of politics el teórico Michael Halberstam rechaza la idea de sociedades fundadas en órdenes ideales objetivos y apela al concepto de sentido común no universal “que emana de entendimientos y compromisos compartidos por cada sociedad”. En cambio –sigue diciendo Halberstam- el totalitarismo tiene la capacidad de conseguir un total condicionamiento de sus sujetos y de destruir toda comunidad, toda experiencia compartida y todo entendimiento compartido. En ese sentido Halberstam percibe el totalitarismo en sus diferentes representaciones occidentales como una proyección de los temores de las sociedades liberales sobre su propia capacidad para proteger al individuo como sujeto autónomo mas que como una comprensión del fenómeno totalitario en sí. De acuerdo con Halberstam el constructivismo cultural “entiende al individuo no como un originador de posibilidades sino condicionado por su particular situación en una comunidad particular y por tanto refleja y reproduce prejuicios que emanan de un orden social dado” (Halberstam.115) Los héroes de Piñera como el barbero Jesús García, como René o como el propio Nikita Smirnov están hechos a la medida de esa impotencia. Rechazan participar o conducir un cambio en el que no creen apelando a la más radical de las rebeldías: la de resistirse a actuar allí donde toda la sociedad los empuja a la acción. Los héroes de Pinera no se rebelan contra un orden político sino contra el sentido común en el que este orden está enmarcado y que lo condiciona y al mismo tiempo es manipulado por ese orden. “Yo no creo en los sueños –dice uno de los personajes piñerianos- pero creo en la fatalidad”.
Considerar Los Siervos solamente como una obra anticomunista o incluso antitotalitaria es reducir buena parte de su sentido. Ciertamente una de las líneas maestras de la obra parte del cuestionamiento del comunismo como proyecto de emancipación. La conversión de Nikita en siervo no sólo contradice la anulación absoluta de toda explotación sino que delata su encubierta persistencia en el nuevo régimen. No obstante la obra intenta algo más que exponer los contrasentidos del comunismo. Con Los Siervos Piñera enjuicia el comunismo desde el sentido común liberal según el cuál la explotación y el deseo de dominio son consustanciales a la condición humana de manera que cualquier proyecto emancipatorio concluirá convirtiéndose en un nuevo sistema de dominio de unos hombres sobre otros. Al respecto Orloff, uno de los dirigentes del partido concluirá:
Orloff: Una vez instaurada la república de los siervos, estos por puro espíritu de emulación se esforzarán por devenir señores. (Pausa.) No, nada de eso sirve de nada. La única verdad es la que tenemos nosotros: un Estado comunista con absoluta nivelación social, pero también con siervos y señores, se entiende, unos y otros encubiertos, a fin de salvar la contradicción. He ahí la verdadera igualdad.
El Piñera de aquellos días no le atribuía ninguna novedad esencial al comunismo. Cuando reseña “El pensamiento cautivo” de Milosz (y aquí tenemos el segundo eslabón de su conexión polaca) no reconoce en el totalitarismo un régimen radicalmente distinto: más bien apunta a la identidad que existía entre Este y Oeste en cuanto a su “concepción de la muerte”. No iba, en este sentido, más lejos que su mentor en estos temas, el propio Witold Gombrowicz quien consideraba que descripciones del totalitarismo -como las de su compatriota Czeslaw Milosz- no eran más que una exageración. Gombrowicz rechazaba considerar el totalitarismo como algo extraordinario, nuevo o chocante. “Ese acercamiento es irreconciliable con la madurez que, conociendo la esencia de la vida, no se permite sorprenderse con estos eventos. Revoluciones, guerras, cataclismos –¿qué significan cuando se les compara con el horror de la existencia?” (17). Piñera no pensaba en el fondo de manera muy distinta y en un cuento su protagonista llega a decir una frase cuasi gemela de la anterior: “Mi miedo es mi propio ser y ninguna revolución, ningún golpe de fortuna adversa podrá derrocarle”(168). Escribir Los Siervos no podía hacer a Piñera especialmente consciente del fenómeno totalitario. La brecha entre los sentidos comunes del liberalismo y el totalitarismo de que habla Halberstam sugiere indirectamente la imposibilidad de representación del totalitarismo desde un punto de vista liberal y viceversa. Dicho de otro modo esa diferencia de sentidos comunes no compartidos los hace intraducibles, opacos uno al otro.

miércoles, 11 de junio de 2008

Gombrowicz

No he tenido tiempo de postear en estos días ni lo tendré en buen rato pero quería compartir con ustedes unos fragmentos del prólogo que Witold Gombrowicz, el escritor polaco amigo de Virgilio Piñera escribió para su novela Trans-Atlántico. Amigo es una manera simple de describir una relación que seguramente fue bastante más complicada: desde escritor-traductor, maestro -discípulo pasando por continuas solicitudes de dinero del polaco al cubano o que en la propia novela Trans-Atlántico Gombrowicz tomara a Piñera como modelo de uno de sus protagonistas. Estos fragmentos del prólogo nos dan una pista sobre las coincidencias entre Gombrowicz y Piñera al menos en cuanto al tema del “ajuste de cuentas con la conciencia nacional” tema sobre el que los cubanos siempre hemos tenido mucho de qué hablar.

Hagamos evidente, legalicemos el otro polo de las percepciones que obligan al individuo a la actitud defensiva en relación con la Nación, como ocurre en el caso de cualquier violencia colectiva. En fin, lo más importante es que conquistemos la libertad en lo referente a la forma polaca: aunque sigamos siendo polacos, busquemos ser algo más amplio y superior al polaco.
(…) Se trata, por consiguiente, de una revisión bastante profunda de nuestra relación con la nación (…) Le sugeriría lo mismo a las personas pertenecientes a otras naciones, ya que el problema se refiere no tanto a la relación entre un polaco y Polonia, sino entre un individuo y la nación a la que pertenece. Revisión, en fin, estrechamente ligada a toda la problemática moderna, ya que pretendo (como he pretendido siempre) reforzar y enriquecer la vida del individuo, haciéndola más resistente al abrumador predominio de la masa.