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jueves, 20 de noviembre de 2008

¿Miedo? [ampliado]

El regreso, como alguien intuyó, ha sido duro. Siempre es igual. Falto un día a clases y me cuesta una semana ponerme al día con todo el trabajo atrasado. Si encima se le añade que he recibido la visita de amigos y parientes de Miami ya se imaginarán cómo ando de tiempo. Quería hablar en extenso de la feria pero es obvio que no tendré tiempo. Pero hay algo que no quería dejar de comentar: la sensación de que buena parte de los escritores (y los lectores) cubanos están convencidos de que una literatura nacional (o local) es un altar bien pequeñito donde sólo cabe un santo por categoría: mejor narrador, mejor poeta, mejor ensayista. El Otro no es colega. El Otro es la amenaza. Quizás la imagen del altar no sea la mejor. Quizás una imagen más precisa sea la antigua libreta de productos industriales: calzoncillo o pañuelo; básico, no básico y dirigido; lo que sí parece imposible es aceptar a más de uno por cupón. Nuestra pobreza al parecer definitiva nos impide poder disfrutar a este y al mismo tiempo a aquél. Si se felicita a un escritor el elogio no puede quedarse en puro elogio porque no es completo si no incluye el ataque a la competencia. “Qué bien escribes, qué refrescante y simpático, mucho mejor que ese que se considera muy profundo y trascendente y tan aburrido que lo están usando en las clínicas de Miami como cura contra el insomnio”. Y yo me pregunto ¿por qué tanto miedo?
Lo de menos es esa furiosa cruzada de egos. Lo preocupante es sorprender en esa furia el temor de que la cultura que tanto se exalta en realidad no tiene espacio suficiente sino para un puñado de elegidos: básico no básico y dirigido, una idea bastante miserable de la cultura. Y los esfuerzos por imponerle un tono, una matriz invariable hecha a nuestra imagen y semejanza. Es Cintio Vitier excluyendo a Piñera de un canon poético diseñado para exaltar a Martí y a Lezama. Es o Martí o Casal; o Villaverde o Meza; o Carpentier o Cabrera Infante. Es la idea minúscula y municipal de la cultura. Es no entender que no hay nichos esperando por nadie, que cada cual se va abriendo su espacio y con ello, aunque no sea su intención, ampliando esa cultura a la que pertenecemos con orgullo o resignación.

miércoles, 15 de agosto de 2007

El Chaba- Canon

En los últimos años se ha puesto de moda hablar del canon literario cubano no se me ocurre para qué puede servir salvo para discutir quienes faltan o sobran en el canon cuando la conversación se pone aburrida. Más útil seria hablar del canon de las obras cubanas perfectamente ilegibles, ridículas y cheas: el chaba- canon. Pienso tanto en las obras cumbres de autores pésimos como en obras de buenos escritores que si tuvieran una nueva oportunidad sobre la tierra tratarían de desaparecer de su bibliografía. Son títulos para como para ponerlos lejos del alcance de niños y adultos o para regalar a los enemigos. Concentrémonos en los últimos 50 años y que sean libros que hayamos leído. Aquí les dejo mi lista de diez sin encarnizarme demasiado en tipos olvidados. Son todos títulos en prosa. La poesía se la dejo a Salcedo o a Sosa, poetas que frecuentan este blog.

-“La consagración de la primavera” (novela). Alejo Carpentier.
-“La noche del aguafiestas” (novela) Antón Arrufat.
-“Canto de amor y de guerra” (cuento) Jesús Díaz
-“La última mujer y el próximo combate” (novela) Manuel Cofiño. (aunque debería haber puesto “Obras completas”)
-“Sacchario” (novela) Manuel Cossío Woodard.
-“El vuelo del gato” (novela) Abel Prieto.
-“Acero” (cuento) Eduardo Heras León.
-“La sorpresa” (teatro) Virgilio Piñera.
-“Y si muero mañana” (novela) Luis Rogelio Nogueras.
-“No hay problema” (novela) Edmundo Desnoes.