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martes, 21 de octubre de 2014

Cogiéndole el tumbao (al New York Times)

-The New York Times detecta ciertos cambios en la política cubana y en un editorial invita a Obama a levantar el embargo (porque acelerará dichos cambios).

-El gobierno cubano envía centenares de médicos a África a enfrentarse al ébola y The New York Times lo ve como otra señal que ya ha llegado la hora de levantar el embargo (porque demuestra la inclinación del gobierno cubano a hacer el bien).

No es difícil detectar el patrón que marcará próximos editoriales de The New York Times sobre Cuba.

-José Dariel Abreu gana el título de novato del año en la Liga Americana y The New York Times publica un editorial declarándolo como otra señal  que ya ha llegado la hora de levantar el embargo (porque Cuba puede ser un buen mercado de talento deportivo).

-Bajan las temperaturas en la ciudad de Nueva York y The New York Times lo ve como otra señal  que ya ha llegado la hora de levantar el embargo (porque Cuba puede ser un destino turístico).


-Las autoridades cubanas apalean y encarcelan a opositores y The New York Times en un editorial invita a Obama a levantar el embargo (porque puede servirle de ejemplo de cómo tratar a la oposición republicana).

lunes, 21 de diciembre de 2009

Dos videos

El primero: el siempre instructivo noticiero Guamañanga.



Un conversatorio con Carlos Varela en Washington D.C. como cruzado antiembargo. Para el que tenga gandinga de ver el video de hora y cuarto. Yo confieso que no pude. Pero no por su posición sobre el tema sino porque le da rienda a su vocación secreta, la de astrónomo. Que le dedique tanto tiempo del conversatorio a describir un universo que da vueltas alrededor de Carlos Varela me da mareos e inmediatamente después, nauseas. Luego la cosa se pone peor porque canta: Varela en versión mística.

viernes, 15 de mayo de 2009

Correo

Esto me acaba de llegar por correo. Suena a eso mismo.

Workshop on U.S. Global Policy
U.S. Embargo on Cuba

Mark P. Sullivan

Specialist in Latin American Affairs, Library of Congress

Legal Specialist: To be announced

Mauricio Font

Professor and Director, The Graduate Center and The Bildner Center

Ted Henken

Professor, Baruch College, CUNY*

WHEN: Friday, June 19, 2009, 4:00-6:00 PM

WHERE: The Graduate Center, 9204-9206

365 Fifth Avenue (@ 34th Street)

This workshop will cover political context, main issues, policy processes, key players, and positions. It will clarify the roles of Congress and the President in formulating Cuba policy in the United States. This workshop is provided free of charge by the Cuba Project/Bildner Center for Western Hemisphere Studies. The two-hour workshop will cover five main topics: (1) Current Political Dynamics, (2) US Policy toward Cuba, (3) Issues in US-Cuba Relations, (4) Civil Society Advocacy, and (5) Role of Congress and Legislative Initiatives.

Readings for this workshop include (available as pdf files):
Mark P. Sullivan (2009) “Cuba: Issues for the 111th Congress”

Pre-registration is required. PLEASE RESERVE by sending e-mail to cubaproject@gc.cuny.edu.

For updates and further information about this and other events, please visit www.bildner.org (click “Events”).

________________________________________________

Bildner Center for Western Hemisphere Studies
The Graduate Center, CUNY
365 Fifth Avenue, Suite 5209
New York, NY 10016
Phone: 212.817.2096 | Fax: 212.817.1540

bildner@gc.cuny.edu
www.bildner.org

lunes, 16 de marzo de 2009

Opciones

Quizás yo sea demasiado sutil pero creo que hay una distancia más o menos definitiva entre los que descartan el embargo por ineficaz para contribuir al objetivo que lo mantiene en pie (la democratización de la sociedad cubana) y atacarlo en nombre de los pisoteados derechos humanos de los norteamericanos que no pueden ir a hacer turismo a Cuba. Los primeros asumimos que renunciar al embargo implica buscar mecanismos de presión más eficaces y coordinadas entre todos los países democráticos para conseguir esos mismos cambios. Estamos convencidos que el castrismo no se concibe así mismo más que como sistema de control absoluto de la sociedad. Que cualquier opción de reformas significa básicamente una reducción de sus poderes y competencias y sólo lo aceptaría como algo temporal. Que el régimen añora aquellos años setenta en que coincidieron el mayor aislamiento internacional que haya conocido la Cuba postcolombina con el más férreo control social e ideológico sobre la población cubana y que cada nueva campana del gobierno (Proceso de Rectificación de Errores, Batalla de las Ideas) no son sino intentos por regresar al corazón de la Cuba Totalitaria.

Los que ven en el embargo la fuente de todos los males cubanos -aun cuando reconozcan que en Cuba no impera un régimen estrictamente democrático- considera que los impulsos dictatoriales del sistema son meramente defensivos y que una vez normalizadas las relaciones con los Estados Unidos el régimen finalmente cumplirá su sueño de otorgarle a su pueblo libertad, prosperidad y el resto de las palabras con rima parecida que pululan en los himnos. Repiten con el defenestrado Pérez Roque que “si mañana nos quitamos de encima el bloqueo, seremos el país más justo y libre en la Tierra”. Dudo que lo crean en realidad sobre todo ahora que el autor de la frase está tomando clases de pintura. Unos y otros nos parecemos todo lo que puedan parecer dos boxeadores con sistemas diferentes. Mientras uno decide que ya es hora de golpear por otro lado a ver si el rival termina de caer al otro le resulta molesta la idea misma de la rivalidad y cree que la mejor opción es acercarse al contrincante e invitarlo a cenar. Quieren pasar del boxeo a algo más constructivo como el tejido de macramés en parejas. Digamos que no han llegado a esa posición por ignorancia, estupidez u oportunismo. Digamos que han acumulado la fe suficiente para creer que puede enseñársele a un burro a tejer macramés, tanta es su bondad franciscana. Ya que tanto entienden deberán tolerarnos a nosotros los que armados con menos fe en la capacidad de los dictadores para reformarse preferimos seguir buscando el sitio que más les duele.

viernes, 13 de marzo de 2009

¿La alegría ya viene?

Es hora de que Estados Unidos termine el embargo contra Cuba aunque sólo sea para no tener que sufrir artículos como los de Arturo López Levi, más conocido como Armengol 2.0. Y no es que escriba mal pero siempre dice lo mismo y de la misma manera: el gran problema de Cuba es el embargo norteamericano. Y el deseo de los exiliados de apropiarse de las casas y los círculos infantiles de sus compatriotas en la isla. De leer solo los artículos de López uno sacaría la conclusion que Cuba es una nación tiranizada cruelmente durante medio siglo por el dictador George Bush. Pero los textos de López bastante menos elocuentes que sus silencios. Luchador incansable contra el embargo calló abruptamente en el 2006 a raíz de la complicación intestinal del Comandante. Cabía la posibilidad que esos problemas intestinos acabaran con el embargo pero ese no hubiera sido el modo que a él le hubiera gustado. Para alguien cuya mayor preocupación con respecto a Cuba no es la falta de libertad o de bienestar de sus habitantes sino “el fin de todas las violaciones de los derechos de viaje de los ciudadanos norteamericanos y cubanos” la solución no pasaba por los divertículos del Comandante sino por la Casa Blanca. Esa obsesión norteamericana nos hace recordar a otro López, Narciso. Narciso también pensaba que los problemas de Cuba se resolvían en última instancia en la Casa Blanca pero hay que reconocer que este estaba algo más dispuesto a hacer trabajo de campo lo que hizo que la esperanza de vida se le redujera bruscamente, justo al mismo tiempo que su cuello en el garrote vil.

López se esfuerza por parecer un analista equilibrado de la situación cubana pero no puede ocultar su alegría de monaguillo en Navidad ahora que piensa que con Obama en la Casa Blanca los días de su bestia negra –me refiero al embargo- están contados.
Es difícil asumir a López como observador imparcial cuando hasta la simple condición de observador está en cuestión. El imparcial una y otra vez demuestra ser refractario a la realidad. Habla de “un documentado informe del senador republicano Richard Lugar” cuando no hace mucho se supo que la investigación en Cuba se limitó a una visita de tres días del enviado de Lugar durante la cuál fue una noche a conversar con un grupo de muchachos en el parque de G. O cuando se refiere a la destitución de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque –algo que hasta Armengol (o sea, López 1.0) reconoce como un duro revés a las esperanzas de negociación bilateral- López lo menciona de pasada como “simples cambios de personal”. Hay que añadirle que la eliminación de las restricciones de viajes aplicadas por Bush (el Gran Separador de la Familia Cubana según López) tan aplaudida en el artículo no ha sido mencionada por la prensa oficial cubana, como todo aquello que la contraría.
Nuestro hombre en Denver puede decir lo que quiera pero los hechos son tercos. El embargo ha sido ineficaz para llevar la democracia a Cuba pero pretender que el acercamiento al actual gobierno cubano suvizará sus maneras sólo puede atribuirse a la ignorancia, la idiotez, o a la complicidad –explícita o tácita- con el castrismo. El principio enunciado por Obama en su discurso inaugural de "extender la mano si se abre el puño" que cita López con tanto regocijo no implica incondicionalidad. La destitución de Lage y Pérez Roque no es un “simple cambio de personal” sino una muestra clara de que el puño lejos de abrirse se está cerrando todavía más. Queda por saber si Obama tiene una alternativa –viable- para el cierre de puños del castrismo. De López ya sabemos que no cabe en sí de gozo.

sábado, 28 de febrero de 2009

Los nombres de la libertad


“Los embargos sólo son eficaces si son realmente multinacionales y van dirigidos contra países totalmente aislados, de monocultivo (petróleo o armas, da igual) y muy dependientes de la potencia o potencias que los imponen. Si analizamos con atención los principales en vigor (Irán, Corea del Norte, Cuba…), ninguno tiene el efecto buscado -acabar con el régimen embargado-, más bien lo contrario. El ejemplo sudafricano tampoco sirve. Sin Mandela y sin el fin de la URSS, no habría funcionado.” Esa frase la leí hace unos días en El Mundo. No me tomaré el trabajo de contradecirla porque ella se contradice a sí misma. Lo que me preocupa aquí no es discutir las razones de la ineficacia obvia del embargo sino esa comparación con Sudáfrica. Le concedo al redactor del artículo la importancia de Mandela sobre todo en calidad de símbolo. Y no es que la causa de la libertad cubana carezca de equivalentes a Mandela.
Oscar Elías Biscet, por ejemplo, no cede en ejemplaridad moral ante el luchador antiapartheid. Entregado a la lucha pacífica por la democracia y el respeto a los derechos con la excepción de unos breves meses ha pasado los últimos diez años en prisión. Ni siquiera el gobierno cubano se ha atrevido a acusarlo de los cargos de sabotaje por los que Mandela fue enviado a prisión. Sin embargo ha habido una reticencia en identificar la causa de la democracia cubana con un nombre, por limpia que sea su trayectoria como es la de Biscet. Es esa a un tiempo la reacción natural de rechazo al caudillismo que ha paralizado al país durante medio siglo y un conjuro contra la futura aparición de nuevos caudillos.
Comparto esas prevenciones pero también entiendo que a nivel sentimental y simbólico es imposible hacer atractiva la causa de la libertad y la democracia cubanas sin darle nombre y apellidos. Biscet se puede convertir en el nombre de una causa como Mandela lo fue de la suya. De Biscet sabemos poco más allá de una firmeza a toda prueba y el miedo que inspira al régimen que lo ha retenido una década en prisión y todavía le reserva 19 años más tras las rejas. Veintinueve años en prisión por oponerse pacíficamente es algo que sobrepasa lo tolerable por cualquier ser humano medianamente sensible al sufrimiento de los otros.
A lo anterior hay que añadirle un detalle decisivo. El ensañamiento contra Biscet no obedece sólo a su oposición. Todavía más imperdonable le parece al régimen el hecho de que sea negro. Al paternalismo despiadado del castrismo le resulta inadmisible que sea precisamente un miembro de una raza supuestamente liberada por ellos se les oponga con tanta firmeza. El único sentimiento admisible en un negro cubano es de un agradecimiento eterno e incondicional. El castrismo nunca ha tolerado ningún detalle desmienta ese mito con el que pretenden confundirse con Carlos Manuel de Céspedes y todos los próceres que ayudaron a ponerle fin a la esclavitud. Por todo eso el nombre de Biscet debería mencionarse en cada protesta a favor de la libertad cubana y debiera ser el centro de cada campaña por el respeto a los derechos humanos en la isla.
No se trata de olvidar al resto de los condenados en la primavera del 2003 o de los que ingresaron a prisión antes o después, pero debe reconocerse que pedir hoy la libertad de los 75 además de impreciso (hoy el número anda por la media centena) enfrenta la misma falta de atractivo de cualquier estadística. Exigir la libertad de Biscet es bastante más que un símbolo. El nombre de Biscet -junto a su imagen indómita- puede convertirse en el de nuestra futura libertad mediante la asociación persistente y reiterada entre uno y la otra y conferirle a la libertad una seducción que nunca podría conseguir esa abstracción que en Occidente suele darse por sentada.

martes, 24 de febrero de 2009

Los embargos sólo son eficaces si son realmente multinacionales y van dirigidos contra países totalmente aislados, de monocultivo (petróleo o armas, da igual) y muy dependientes de la potencia o potencias que los imponen. Si analizamos con atención los principales en vigor (Irán, Corea del Norte, Cuba…), ninguno tiene el efecto buscado -acabar con el régimen embargado-, más bien lo contrario. El ejemplo sudafricano tampoco sirve. Sin Mandela y sin el fin de la URSS, no habría funcionado.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/02/24/consejoeditorial/1235478096.html

viernes, 5 de diciembre de 2008

¿Con embargo o sin embargo?

Vuelve el tema del embargo (esta vez de la mano de Andrés Reynaldo y Ernesto Hernández Busto) entre cubanos el equivalente político al dilema del huevo o la gallina: el fin del embargo producirá la transición o sólo la transición deberá marcar el fin del embargo. A diferencia de la discusión sobre si el castrismo es bueno o malo no se basa necesariamente en cuestiones de fe. Se puede ser anticastrista y estar en contra del embargo y hasta se puede ser castrista y sospechar que el fin del embargo complicará las cosas para el régimen de sus amores. También ha sido usado por castristas disimulados para hacer avanzar su agenda anticastrista sólo en apariencia. No es el caso que nos ocupa. Yo mismo, dicho sea de paso siempre he estado en contra del embargo no sólo por su inefectividad para conseguir lo que supuestamente persigue sino por la parálisis que supone no sólo para la política norteamericana sino hasta para la oposición dentro y fuera de Cuba. Tampoco creo –y al menos en eso están de acuerdo Reynaldo y Busto- que el desmontaje del embargo va a traer un cambio decisivo en Cuba a corto plazo. No siempre fue así. Hubo un momento en que sí creía que de ser derogado el embargo el régimen cubano, incapaz de reaccionar ante una situación ante la cual no estaba preparado, terminaría desmoronándose. Eso fue en el período que va de la caída del Muro de Berlín y la aparición del salvavidas chavista, donde los retos del cambio de situación y las necesidades inmediatas del país superaban con mucho la capacidad de reacción de un sistema desvencijado y sin piezas de recambio.
Pero a pesar de coincidir con Reynaldo en lo básico (el levantamiento del embargo) debo señalarle dos objeciones a su artículo. Una es su afirmación de que “A lo largo del siglo XX, el proceso de nuestra construcción nacional estuvo enajenado por la intervención norteamericana en la guerra contra España, después de haber saboteado durante décadas la gestión autonomista e independentista, así como por la sumisión incondicional de nuestra soberanía republicana a Estados Unidos”. No es la cercanía de esta afirmación con el dogma castrista (que como los relojes parados tiene al menos la opción de tener la razón un par de veces al día) lo que me incomoda, sino lo lejos que está de la realidad histórica. Si en medio del entusiasmo que suscitó la entrada de Estados Unidos en la guerra fueron muy pocas las voces que se alzaron para pedir tímidamente que se refrenara en algo ese entusiasmo era porque existía la conciencia, --desmentida cómodamente un par de décadas después- de que las fuerzas del ejército libertador no eran suficientes para derrotar a los españoles. Sólo la demora en otorgar la independencia y las limitantes de la enmienda Platt consiguieron alguna oposición aunque sin llegar a la sangre o siquiera a la amenaza. Pero mis pruritos históricos son lo de menos. El simple hecho de invocar el pasado histórico por encima de las necesidades del presente es una manera de perpetuar el absurdo cubano. Un absurdo que aplicado por ejemplo, a México le impediría a un presidente de ese país a negociar nada con los norteamericanos a menos que le devolvieran California. Reclamar el fin del embargo sanciona de hecho la necesidad de incluir el factor norteamericano en el futuro cubano.
El fin del embargo, además de victoria propagandística –no mayor seguramente que el favor que le ha hecho a la propaganda castrista su mantenimiento- obligaría a cambios importantes en la política del exilio cubano como la del gobierno norteamericano arrellanados durante décadas en la conveniente inmovilidad que les proporciona el embargo. Marcaría un nuevo comienzo, si no promisorio al menos liberado de este complaciente estancamiento. Los cubanos debemos sentirnos responsables del destino de nuestro país, una lección que debemos aprender más de nuestro presente (ese que empezó en 1959) que del pasado: nunca han sido menos responsables los cubanos (con la excepción de los Castros) de lo que ocurre en su país que en el último medio siglo. Por decidir no hemos decidido ni quien es nuestro presidente. Pero, y esta es mi segunda objeción seria al artículo de Reynaldo, no es serio pensar que con el levantamiento del embargo “los cubanos de allá y de aquí, castristas y anticastristas, demócratas y antidemócratas, nos quedaremos con todo el peso de nuestro destino en las manos”. Los castristas seguramente exigirán compensaciones por las pérdidas provocadas por el embargo. El exilio por su parte reclamará -con razón- que con el fin del embargo no terminan las responsabilidades de los Estados Unidos con los cubanos aunque sea porque constituimos un pequeño pero no despreciable por ciento de los ciudadanos de ese país. En el más flexible de los casos un levantamiento del embargo debería tener en cuenta, mientras subsista el castrismo, limitaciones en cuanto a la concesión de empréstitos o la venta de armamentos o tecnología estratégica. Suena bonito eso de que los cubanos alcancemos por fin cierta responsabilidad, cierta independencia mental. Pero ignorar la presencia de los Estados Unidos y sus deberes para con la democracia en el continente (el mismo que le exigieron en su momento chilenos y argentinos) no nos hará ni más responsables ni más independientes.

lunes, 29 de octubre de 2007

Opiniones

Un articulo sobre los Estados Unidos de Cubazuela en inglés. Y lo que opina Andres Oppenheimer sobre el discurso de Bush. ¿La mía? No lo he leído con detenimiento como para opinar sobre el cambio que representa a posiciones anteriores. En general pienso que las medidas restrictivas éticamente son tan válidas como el embargo comercial a Sudáfrica. En cuanto al índole práctico hay una gran diferencia entre Sudáfrica y Cuba: allá había una clase económica capaz de presionar a la dirigencia política sobre la necesidad de hacer cambios antes de ser asfixiados por el embargo mientras que en Cuba la situación es bastante diferente aunque está cambiando pero no creo que al punto de existir una clase que vea afectada sus intereses con esas medidas capaz de hacer presión efectiva sobre la dirigencia política.