lunes, 31 de julio de 2023

¿Por qué importa Habana Abierta?

Artist Profiles: Habana Abierta | World Music Central 

Por Enrique Del Risco

“Las grandes músicas del mundo son tres: la norteamericana y la cubana” afirmó el escritor Antonio José Ponte en una conferencia reciente. Apartando la injusticia por omisión con la música brasileña, allí hay una verdad más asumida que reconocida: no hay músicas populares más expansivas y determinantes en el último siglo y pico que el resultado de esos tres grandes encuentros de la tradición africana con la modernidad que se dieron en Estados Unidos, Cuba y Brasil. Incluso los otros dos grandes focos creativos, el Reino Unido y Puerto Rico pueden verse como derivados de la música norteamericana y cubana. Si, por algún motivo, Cuba se ausentara del planeta, la principal razón por la que la echarían en falta no sería el azúcar o el tabaco ni la poesía o la pintura, sino por la incesante creatividad de sus músicos.

La convicción anterior me anima a insistirles a mis amigos de Habana Abierta sobre la importancia de su obra: dejar un hito en una de las músicas más importantes del planeta no es poca cosa. Hacer un aporte significativo a una tradición que ha engendrado la habanera, la contradanza, el danzón, el son, la guaracha, la conga, la rumba, el mambo, el chachachá, el jazz afrocubano, el songo, la timba y el reparto, te hace poco menos que inmortal, independientemente de cuántos discos se vendan por el camino.

Pero para hablar de los aportes de Habana Abierta es conveniente comenzar reconociendo lo que no han aportado. Porque cuando de música cubana se trata, parece inevitable hablar de la invención de géneros nuevos, ritmos distintivos y con paternidad demostrada. Visto así, no es mucho lo que puede decirse en favor de los músicos de Habana Abierta. Aparte de las variantes nacionales del funk y el rap que esbozaron en su momento Vanito Brown y Luis Barbería, o híbridos como la conga-rock de Boris Larramendi o el rockasón de Alejandro Gutiérrez, poco se puede decir de ellos en cuestión de géneros originales. Que vinieran a llenar tardíamente el vacío de géneros que, como el rock o el funk, habían engendrado variaciones locales por todo el mundo no parece razón suficiente para elevarlos al santoral de una de las grandes músicas del planeta.

Porque a mi entender, el gran aporte de ese grupo de artistas —que excede el elenco agrupado en torno a la etiqueta “Habana Abierta” con que intentaron promocionarlo las disqueras españolas— ha sido el de retomar la visión más esencial y creativa de la música cubana. Me recuerdan el caso de otro artista imperfectamente valorado en la historia de la música nacional y universal: Arsenio Rodríguez. Pese al empeño del Ciego Maravilloso por atribuirse el mambo, o por introducir ritmos con poca suerte comercial como el capetillo y el quindembo, el impulso gigantesco que le dio a la música cubana no consistió en patentar un nuevo género. El gran aporte de Arsenio fue el de sacar al son de su estado cuasi folklórico para igualarlo en complejidad a las grandes músicas del momento y crear un aparato —el conjunto— capaz de llevar a cabo las más importantes revoluciones posteriores de la música afrocubana y afrolatina, incluida la aparición de la llamada salsa. Otro tanto podría decirse del fílin que, más que género nuevo fue manera novedosa de interpretar géneros preexistentes, introdujo complejidades armónicas en la música popular cubana que la mantuvieron en la competencia con las otras grandes músicas del mundo.

Para entender la gran novedad que supuso la irrupción de estos músicos desde la segunda mitad de la década de los ochenta del siglo pasado hay que entender en qué estado se encontraba la música cubana por entonces. Días en que, si se compara con la maravillosa eclosión de los años cincuenta, no podría catalogarse de otro modo que de lamentable. Ya el estremecimiento provocado por Óscar D’León en los escenarios cubanos en 1983 dejó a los músicos locales preguntándose qué habían estado haciendo hasta entonces y, sobre todo, qué deberían hacer en lo adelante. Pero la parálisis nacional iba más allá de la música bailable y la preocupación sobre qué nuevo género inventarse. Lo crucial era reimaginar el modo de entender la música en aquellos tiempos.

En la década del ochenta los consumidores y productores de música en la isla se dividían en tres grandes tribus: la de los pepillos, la de los guapos (o cheos) y la de los faranduleros (o trovadores). Los pepillos se concentraban en consumir y en reproducir los grandes éxitos de la música rock y pop norteamericana o inglesa, los guapos preferían la música popular bailable y, si acaso, el R&B afroamericano, y los faranduleros iban de los neotrovadores del patio a la nueva canción sudamericana y el rock argentino y, ocasionalmente, algo de la música popular brasileña posterior a la bossa nova. Funcionaban todos como compartimientos estancos y cualquier incursión en los gustos de las otras tribus era vista como una traición a la tribu de origen y, más que nada, una imperdonable falta de swing.

A este fraccionamiento no era ajena la obsesión del Estado por controlar la música que consumía la juventud. De ser un país con acceso privilegiado a la música internacional y en especial a la norteamericana, el celo ideológico del régimen instaurado en 1959 había limitado el acceso musical del exterior —y en especial desde el mundo anglófono— al mínimo. Si el impetuoso desarrollo de la música nacional en la primera mitad del siglo se había dado en medio de un intenso intercambio y competencia con la música norteamericana tanto el uno como la otra se habían visto frenados en seco. 

No obstante, a mediados de los ochenta acababa de pasar el momento más alto de la guerra contra el llamado diversionismo ideológico (“camisa estrecha, pelo largo y pantalón campana, me abrigan la cabeza como ideas de lana” canta Vanito Brown” para definir la época) que en la práctica pasó por la prohibición de facto del rock y de buena parte de los baladistas en español más exitosos de la década del setenta. La dinámica que generaron aquellas prohibiciones en los jóvenes fue muy diferente a la del mundo no comunista de la época y merece un estudio separado. Aunque que la fragmentación de los melómanos en tribus separadas y contrapuestas podía obedecer a pautas similares a las del Occidente capitalista el modo semiclandestino en que debía circular buena parte de la música más atractiva reforzaba resentimiento y recelo entre cada una de las tribus musicales dándole a esa hostilidad un sentido político. Si el rechazo de los rockeros al Estado que los perseguía se extendía a la música cubana, los “guapos” despreciaban alegremente a los que consumían una música que la propaganda oficial catalogaba de extranjerizante y nociva (aunque al mismo tiempo la salsa neoyorquina y boricua, tan afín a la música bailable cubana, fue excluida de los medios cubanos por largos años). En algo coincidían todos, sin embargo, incluida la propaganda oficial: no había nada anterior a la Revolución digno de atención. La consecuencia más visible fue que en aquellos tiempos ningún joven escuchaba música anterior a 1959 a menos que se tuviera la precaución de amarrarlo previamente a una silla.

Entrados a los ochenta, cuando el rock apenas salía de su prohibición y el pop en televisión quedaba limitado a una hora semanal, la radio sostenía un rígido sistema de cuotas para favorecer a los músicos afincados en la isla, si es que no habían tenido algún tropiezo con el Estado y flotaban en el extenso purgatorio de los “castigados” (de Marta Strada o Los Zafiros a Mike Porcell o Meme Solís pasando por otros que recibieron castigos menos extensos como Silvio Rodríguez). En esos años, los principales representantes de la Nueva Trova pasaban —tras el éxito de Silvio y Pablo en la Argentina post-dictadura— de ser sospechosos habituales a convertirse en los voceros oficiales del sistema; los rockeros seguían prefiriendo la tortura antes de que los vieran bailando casino o cantando en español; los bailadores de casino rechazaban el rock por exótico y a la Nueva Trova por aburrida; y los faranduleros se limitaban a acompañar las canciones de sus ídolos sentados en el piso. Planificada o no, tales divisiones empobrecían la producción musical, indigencia que se reflejó en la tardanza con que aparecieron variantes nacionales del rock o el estancamiento en que cayó la música bailable.

La división es esquemática y no sobrevivió demasiado tiempo a medida que avanzaba la década: los rockeros se aburrieron de tararear canciones que no entendían y comenzaron a componer y a escuchar canciones en español; los casineros no quedaron inmunes a la aparición del rap norteamericano y la expansión de la salsa; y los faranduleros empezaron a preguntarse si no valía la pena levantarse del piso y bailar, eso que le parecía tan divertido al resto de sus contemporáneos. De esos años y actitud nacieron los conciertos en vivo del grupo Síntesis que, añadiendo hitos del rock argentino a su habitual repertorio afrocubano, juntaban a pepillos y faranduleros. O la timba de NG La Banda que, dándole un toque de modernidad a la anquilosada música bailable, hizo bailar a los que escuchaban con desdén los ritmos locales.

En el frente cantautórico esos años produjeron la llamada “generación de los topos”. Esta incluía a Carlos Varela y a Santiago Feliú, caompositores especializados en la crítica constructiva (“sé con qué canciones quiero hacer revolución”), pero que eran tratados como poco menos que como agentes enemigos (“a veces me pasan en la radio, a veces nada más”). Pronto ambos se hicieron acompañar de guitarras eléctricas, sonido al que la Nueva Trova había rehuido hasta entonces como invención diabólica. (Si se exceptúa al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC que fue precisamente eso: un producto de laboratorio dedicado a crear música para cine, ajeno a la evolución natural de las corrientes musicales del país).

También eran parte de esa “generación de los topos” Gerardo Alfonso y Frank Delgado cultivadores de géneros populares bailables. Delgado se ocupaba del son tradicional, aunque incursionaba en otros géneros como su famoso “Blues del apagón”. Gerardo Alfonso en cambio conseguía una compleja y atractiva síntesis entre reggae, música brasileña, el pop norteamericano y géneros tradicionales cubanos como la rumba y el son, fórmula que anticipaba musicalmente la aparición de un fenómeno como el de Habana Abierta, pero al que las grabaciones que ha hecho el músico apenas le hacen justicia.

Lo que ahora conocemos imperfectamente como Habana Abierta tuvo su origen, como se sabe, en aquella peña sabatina del Museo Municipal de El Vedado conocida por el cruce de calles donde estaba ubicado el museo: 13 y 8. Sus inicios correspondieron al típico esquema farandulero: un grupo de adolescentes congregados alrededor de una guitarra. El programa se complementaba con lectura de poemas, cuentos y ocasionales representaciones teatrales, pero el plato fuerte eran aquellos trovadores que cada sábado competían por el favor del creciente público: Vanito Brown, fundador de la peña, Boris Larramendi, Alejandro Gutiérrez, José Luis Medina, Jorge Luis Estrada y Eugenio Said (futuros integrantes del dúo Cachivache), Mario Incháustegui, Luis Barbería, Carlos Santos, Andy Villalón, Athanai Castro, Pepe del Valle y la revulsiva presencia de Raúl Ciro y Alejandro Frómeta.

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Los tres años que duró la peña (1987-1990) fueron testigos de la evolución del homo trovadorescus sedentarius al músico cada vez más homo erectus y consciente de que tenían algo nuevo que decir (y hacer) en escena. En unos años se pasó de las típicas misas cantadas de las peñas de entonces (hasta hubo un “Padrenuestro” de Alejandro Frómeta que solía cerrar las veladas: “Padre Nuestro, que estás en la isla, no santifiques tu nombre”) al mayor interés por la música que debía acompañar a aquellas letras, siempre sofisticadas y ocasionalmente desafiantes. Alguna vez apareció un trompetista de la mano de Raúl Ciro, o Frómeta tocó el piano, pero todavía quedaba por descubrir la percusión, sin la que es impensable el baile entre cubanos. Apartando el talento de los congregados en aquellas citas, la variedad de orígenes y referencias de los cantautores —desde la música tradicional bailable y la trova al fílin, del rock y el pop norteamericano e inglés a la música brasileña y argentina— fue ampliando tanto su perspectiva como la del público que congregaba. El cierre de la peña en 1990 “por motivos ajenos a su voluntad”, justo cuando alcanzaba su definición mejor, trajo la dispersión momentánea de aquel núcleo, pero no interrumpió las búsquedas que el contacto mutuo y la competencia habían alentado entre sus integrantes.

Los años que van del 90 al 95 fueron los de la expansión creativa de músicos cada vez más ajenos a su orígenes de cantautor de guitarrita y banqueta. Esta expansión cristalizó en varios proyectos colectivos: Vanito Brown y Alejandro Gutiérrez se juntaron en el proyecto Lucha Almada y grabaron un único CD “Vendiéndolo todo” que vino a ser la primera grabación oficial de miembros de la antigua peña. Boris Larramendi grabó demos con su proyecto Debajo y también acompañado por Estado de Ánimo, la magnífica banda que dirigía por entonces Roberto Carcassés y que contaba con los jovencísimos Descemer Bueno en el bajo y Elmer Ferrer en la guitarra. Alejandro Frómeta y Raúl Ciro se reunieron en el dúo Superávit que luego se amplió a un proyecto más ambicioso que incluía al también integrante de 13 y 8, Carlos Santos, y que produjo, años más tarde, el originalísimo álbum Verde Melón. Espíritus afines que no habían conocido la extinta peña como el de Kelvis Ochoa se acercaron a la órbita de artistas que compartían una concepción de la música cada vez más compleja y definida.

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Los músicos Pavel Urkiza y Gema Corredera tuvieron una importancia decisiva para que el fenómeno de 13 y 8 se convirtiera en algo más que un conjunto de jóvenes promesas. Primero al incluir en su repertorio varias canciones de músicos del grupo e invitarlos a sus presentaciones y conciertos. Luego cuando se aparecieron en La Habana con el encargo del sello español Nube Negra de grabar una antología de la música underground que se hacía en Cuba. Para entonces ya estos músicos estaban preparados para ser algo más que una colección de curiosidades marginales. Pasar del disco que salió de aquel proyecto, Habana Oculta, a los más ambiciosos Habana Abierta y Habana Abierta 24 horas con BMG y bajo la supervisión del propio Pável Urkiza fue un paso considerable pero no sorprendente dada la potencialidad reunida. Estas grabaciones con los integrantes del grupo ya asentados en España, conservaron el impulso y la frescura traídas desde Cuba más todo lo absorbido de su contacto con los medios musicales europeos. Se podía escuchar, como en “Máquina de amar”, pasar de un blues a un chachachá trufados con frases de viejos sones y guarachas (el “Buchipluma na’ ma” del boricua Rafael Hernández o “esa cosa que me hiciste mami me gustó” de Arsenio Rodríguez); o comenzar con la melodía de un animado soviético en “Hace calor en La Habana” para desembocar en una cumbia con aires flamencos; o una canción  como “Corazón desabrochado” que podrían firmar Paul McCartney y Juan Formell si alguna vez hubiesen decidido colaborar; o canciones de género indefinible como “La algarabía”, “La natilla” o “24 horas” pero que llevan el sello definitivo del grupo.

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Los motivos por los que el éxito comercial en España no se correspondió con los logros artísticos de estas grabaciones no son asunto de este texto. (Aunque el éxito de la banda sonora de la película Habana Blues, donde el espíritu de Habana Abierta se diluye hasta niveles que pudieran ser asimilados por el público español, nos sugiere que lo separaba a Habana Abierta del éxito es lo mismo que lo que separaba su música de la de Habana Blues).

En Cuba, con su inexistente mercado discográfico, nunca se vendieron los discos de Habana Abierta y el Estado, suspicaz con la irreverencia del grupo, tuvo mucho cuidado en negarles la promoción que le daba a otros músicos. Y era perfectamente comprensible. Habana Abierta, con su frescura, su irreverencia, su libertad musical y política eran la negación de un sistema que mientras vivían en Cuba le habían negado el agua y la sal. Casi sin esfuerzo Habana Abierta proveyó de consignas a generaciones de cubanos sin voz para airear sus disgustos y deseos.

Las letras de esa generación de músicos sin ser eminentemente politizadas tocaban todos los temas que más urgían a la juventud cubana de entonces: la miseria económica y espiritual en “Ritmo sabroso” (“Está el poder ahogándose entre la verdad/ Está la bolsa negra cerrando la llave/ Está una madre llorando qué cocinar/ Está un viejo borracho tirado en la calle/Está hablando en la tele quien tú sabes) o en “Rocasón” (“el hambre aprieta duro el espinazo […] y el pesito que me diste, ya no alcanza pa’ na corazón […] nada peor que un sueño hecho pedazos”); la opresión política en “¡Enfermera!” (“los puercos toman el poder gritando no sé que y nunca se les ve la cara”) o en “Marchen bien” (“marchen bien, mira, marchen bien/ y cuidado no se me calienten/ que si vamos a estar aquí/ no hay donde escoger/ así que no inventen”) o en “Basta que lo digas tú” (“Basta que lo digas tú, pa que yo me calle”); el consumo de marihuana en “24 horas” (“si yo le doy las 24 horas”); el desafío a los intentos de control político en “Divino guion” (Yo viajo recto aunque no soy flecha/ Yo te lo firmo y te le pongo fecha/ Por si sospechas, por si sospechas, por si sospechas (“¡Chivaton!”). Y la esperanza, porque si bien las letras de Habana Abierta están llenas de desasosiego también están llenas de una esperanza distinta a la que propone el poder: “la gente sabe bien lo que no quiere” (Rocasón”), “ojalá que todo vuelva/ a ser como no era ayer” (“¡Enfermera!”).


A diferencia de generaciones anteriores de músicos emigrados con Habana Abierta desde Cuba el Poder ensayó modos de acallamiento más sutiles. El lanzamiento del grupo coincidió con el ascenso de Abel Prieto, el más sofisticado de los mayorales culturales que ha conocido la historia cubana. Creador de la doctrina de “La cultura cubana es una sola” —en referencia a aceptar la producida por los emigrados, tradicionalmente excluida por mayorales anteriores, siempre que no cuestionaran las bases del poder establecido— el “caso Habana Abierta” lo abordó con especial cuidado. Afincados en España y no “en el Norte revuelto y brutal” a los de Habana Abierta no convenía tratárseles directamente como enemigos. No se les prohibió absolutamente —como se hacía de oficio hasta entonces con todo artista que emigraba— pero se les excluyó de los principales medios cubanos durante años. No estaba en juego poca cosa: de la domesticación de la generación más rebelde de cantautores cubanos dependía que se diera un final educativo a la fábula urdida por Prieto: “la cultura cubana es una sola, pero solo cuando se asienta en suelo patrio estatal puede florecer a plenitud”. (No descarto que para que funcionara esta fábula el gobierno cubano hiciera algún tipo de presión discreta y hacer que los de Habana Abierta regresaran al redil. Sé del envío de emisarios durante años a Madrid, como mismo hicieron con artistas dispersos por todas partes del mundo en la llamada “operación retorno”. Por otra parte, cuando Fidel Castro condecoró a Teddy Bautista, presidente de la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE) algo me decía que no era solo en agradecimiento por la promoción de la música cubana. Si algo nos dice la biografía de Fidel Castro es que le estaría más agradecido a Bautista por la música cubana que no promovió que por la que promovió).   

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Cuando por fin la oficialidad accedió a que regresaran a tocar como grupo los de Habana Abierta ya no volvían como triunfadores sino como hijos pródigos que regresan escarmentados por los rigores del capitalismo, buscando el encuentro con su público natural como tabla de salvación. Sin embargo, como demuestra el apoteósico concierto de la Tropical del 2003, Habana Abierta había sido escuchada en Cuba con atención por nuevas generaciones de compatriotas, sobre todo por los músicos, que es lo que aquí importa. Algo parecido ocurrió en América Latina y en España. No solo Ana Belén o Ketama grabaron “Tú me amas” de Andy Villalón. No se entienden esos aires vaga, pero inequívocamente cubanos, del éxito “A gustito” de Ketama si no se han escuchado las grabaciones de Habana Abierta de esa época. Con el “toque Habana Abierta”, al que contribuyeron tanto sus miembros como los músicos acompañantes, arreglistas y productores, se han beneficiado en el mundo hispanohablante muchos más músicos de los que están dispuestos a reconocerlo. A fuerza de ser usados sin recibir crédito Habana Abierta se ha convertido en parte esencial del sonido contemporáneo cubano. El proyecto posterior del grupo, “Boomerang” (2005), grabado exquisitamente con el sello Calle 54, era una confirmación de aquella mirada desprejuiciada y voraz que había arrancado de La Habana y que a su vez se había enriquecido con su experiencia española. No obstante, si bien “Boomerang” está plagado de canciones que trascenderán como clásicos, (“Corazón boomerang”, “Son iguales”, “Lo bueno no sale barato”, “Chocolate con churros”, “La novia de Supermán”, “Como soy cubano”, “Asere ¿qué volá?”, “Siempre happy”) tampoco alcanzó el éxito tan febrilmente buscado.

La falta de aceptación comercial de Habana Abierta no es indicador de la importancia musical del grupo como no lo fueron las numerosas grabaciones que hizo Arsenio Rodríguez al emigrar a Estados Unidos en 1950. El grupo que tuvo sus inicios en 13 y 8 tuvo el gran mérito de devolver la música cubana a la modernidad que ella misma había ayudado a fundar retomando una perspectiva que había sido constante en lo más creativo de la música cubana durante toda su existencia: la falta de inhibición para asumir todo tipo de influencias sin miedo a desnaturalizarse, la infinita confianza en su propia fuerza, su afán de modernidad y, al mismo tiempo, el arraigo profundo en su compleja tradición. Esa fue la misma visión que incitó a José Urfé a incluir aires chinos en sus danzones o a Enrique Peña a introducir el novedoso ragtime en los suyos; o a Antonio María Romeu a recrear en sus composiciones piezas de Mozart o Rossini, para no hablar del plagio de Perucho Figueredo a Mozart en el himno nacional cubano. El descaro de Habana Abierta replica el de los Hermanos Castro cuando en 1931 grabaron la famosa “St. Louis Blues” insertándole fragmentos de “El manisero”. O el de Pérez Prado cuando llevó un ritmo desarrollado como danzón a la potente sonoridad de una big band. O el del propio Arsenio Rodríguez cuando mezclaba alegremente “In the Mood” de Glenn Miller con uno de sus sones. O el de Paquito D’Rivera al hacer su versión jazzeada del adagio del concierto para clarinete de Mozart. (Ahora caigo en cuenta, parafraseando a Néstor Díaz de Villegas, que Mozart es “más cubano que la carne con papas”).

Ese descaro que parecía la esencia misma de la música cubana había desaparecido prácticamente en las décadas previas a la aparición de la peña de 13 y 8. En tiempos en que buena parte de la música extranjera circulaba de contrabando y la música tradicional cubana era ignorada o despreciada preocupaban menos las posibilidades de la música que se intentaba hacer que adscribirse a las inhibiciones de una tribu, un género, un movimiento, un país. Cuando Silvio Rodríguez se resignó a los potentes acompañamientos de Afrocuba o Irakere no estaba cambiando la música cubana sino apenas arropando la suya un poco mejor, de la misma manera en que los neotrovadores no introdujeron cambios radicales en su música cuando conectaron la guitarra la electricidad la actitud solemne ante lo que se venía a decir apenas sufrió variación. Los músicos de Habana Abierta y alrededores vinieron a destruir el prejuicio que exigía mantener apartadas la inteligencia, el desafío y el goce, y demostraron que se podía bailar al son de una letra que fuera algo más que ingeniosa. Piezas como “Marchen bien” y “Divino guion” cumplían la doble función de arrasar viejos escrúpulos musicales o políticos y de abrir nuevos rumbos en la canción cubana. Lo cubano —que por entonces se veía como una suerte de fatalismo musical, una condena al son, la salsa o la trova— se ofrecía como infinita posibilidad de combinaciones. Nadie expresa mejor esta comprensión fecunda de lo nacional que Luis Barbería cuando dice “Como soy cubano te mezclo/ este funky blues con guaguancó”. Lo cubano no como resignación sino como llamada a la invención y el atrevimiento constantes. A Habana Abierta se le puede acusar de casi cualquier cosa menos de ser inconscientes de la novedad que proponían. Ya en el propio "Divino guion" la anuncian al estilo de los viejos pregones: "Qué rico suena un rocanrol con timba/ Habana Abierta te lo trae de pinga". Pero justo ahí Vanito comete un pecado de lesa publicidad. Al introducir la extremidad masculina más sensible distraía tanto a los oyentes que eran pocos los que reparaban que además de grabar por primera vez en la historia la palabra "pinga" (con lo que también se les puede acusar como precursores del cubatón) ofrecían la igualmente inédita mezcla de timba con rock.

El abandono de aquellos prejuicios, gesto que ahora se ve como una obviedad, no habría sido posible sin el talento y la integridad artística de sus creadores. Y sin las especiales circunstancias que les permitieron conectarse con el mundo de una manera en que no habían podido hacerlo generaciones anteriores de músicos cubanos. Fue ese cambio de percepción lo que hizo posible, lo sepan o no, el surgimiento de músicos que veían como natural lo que en mi época se consideraba una imperdonable falta de gusto o traición a determinada tribu musical o a la patria. Habana Abierta representa un salto evolutivo que hizo posible la mejor música cubana de las últimas décadas: de Interactivos y Free Hole Negro a Cimafunk y Toques del Río. De Qva Libre y Ogguere al Funky, Maikel Osorbo y Oscar Sánchez. Cuando se busquen explicaciones al nuevo despertar de una de las tres músicas más grandes del mundo los músicos de ese fenómeno que resumimos aquí como Habana Abierta no pueden ser excluidos. Nadie ha hecho más en la última mitad de siglo por conectar “la bomba al coco” —el corazón al cerebro— de la música cubana. Y porque el resultado de esa conexión terminara fluyendo hasta los pies.

martes, 25 de julio de 2023

¿La Bobería? de Zumbado o de qué hablábamos cuando hablábamos de humor


Durante mi remota infancia allá por los años setenta, cuando los juegos olímpicos los ganaban países que hace rato no los encuentras en los atlas, la sección de humor de la revista Bohemia daba más pena que risa. Aparte de la página de “Humor internacional” -con sus caricaturas de náufragos y mujeres celosas que esperaban al marido detrás de la puerta con un rodillo- era difícil incluso intuir que se trataba de una sección de humor. Estaban las caricaturas de Ñico de un viejo con su perro y los insuperables artículos de un tal Mongo P.: no recuerdo haber superado nunca el primer párrafo. ¡Y miren que es fácil entretener a un niño con ganas de reírse! Esas crónicas supuestamente costumbristas de Mongo P. se bastaban para cuestionar el sentido de la campaña de alfabetización. ¿Para qué aprender a leer si en lugar de un Eladio Secades tenías que espantarte al tal Mongo P.? Así y todo uno, como mismo hay nostálgicos de los muñequitos rusos, uno se aficionaba a aquellos bodrios al punto de tener la costumbre de empezar a leer la Bohemia por las últimas páginas. Si no te reías con los pocos chistes al menos podías descubrir alguna curiosidad ortográfica o un chisme de Hollywood. Cualquier cosa era mejor que el resto de una revista dedicada a comentar la maldad imperialista y a entrevistar a obreros ejemplares y directores de la pujante industria especializada en producir artículos que nunca verías en las tiendas.

Aunque pareciera imposible llegó el momento en que la sección de humor de Bohemia empeoró. Ni siquiera Ñico ni Mongo P. Así hasta el 24 de octubre de 1986. En el número correspondiente a esa fecha apareció una nueva sección “¿La Bobería?” -usando como logo una imagen de El Bobo de Abela- a cargo del más atrevido y talentoso escritor humorístico de entonces, el siempre recordado Héctor Zumbado. Allí estaba con su columna “Una de cal y una de sal”, la entrega semanal de “La Bobocracia” del caricaturista Arístide, la sección de caricaturas internacionales renovada con dibujantes argentinos y el añadido de escritos satíricos sobre la cotidianidad socialista que era la misma que en Cuba solo que los nombres rusos tienen el inconveniente de que se te olvidan de un párrafo al siguiente. También había textos de humoristas cubanos, entre ellos los de Nos-Y-Otros, que eran de lo mejor del humor escrito del momento, pero que hasta entonces no habían aparecido en las páginas de la venerable revista dedicada a combatir la codicia yanki y exaltar los logros de una economía concentrada en reproducción de artículos invibles a los ojos pero no al corazón.


La renovación de la sección humorística de Bohemia era parte de la pequeña y breve revolución en los medios que se vinieron dando en aquellos tiempos en que los aires de reformas soplaban nada menos que desde Moscú. Cuatro páginas de cien: ese era el alcance de la revolución encabezada por Zumbado: como si en la toma del Palacio de Invierno los bolcheviques apenas hubieran podido conquistar la garita del portero. (Esa revolución discreta también ocurrió en otros medios -la sección “El látigo con cascabeles” de la revista Alma Mater, El Programa de Ramón, en Radio Ciudad de La Habana- pero nunca en el Granma o en la televisión que a la que lo único que la distinguía del Granma era la telenovela brasileña). Ahora podías atreverte a lanzar críticas indirectas al sistema, siempre tímidas y ensañadas con la proverbial cadena, en lugar de con el mono: los burócratas de baja estofa en lugar de los que decidían su contenido de trabajo o las croquetas en lugar del Ministerio de la Industria Alimenticia. Pero incluso esas minucias se veían como un gran atrevimiento y hasta tenías que invocar los cambios que estaban ocurriendo en la Madre Patria del comunismo para asegurarte, si no inmunidad, al menos no conocer de primera mano el decorado interior de Villa Marista.

Pero Zumbado sabía que para llevar adelante una sección como la que tenía en mente no podía contar con los Mongo P. del momento, firmes aliados del analfabetismo. Ni bastaba con publicar cuentos soviéticos con aquellos nombres que se te olvidaban tres líneas después. De ahí que en el propio número de octubre del 86 en “¿La Bobería?” apareciera una convocatoria para que los humoristas “profesionales o aficionados, viejos o jóvenes, literarios o gráficos, solteros o infelices” mandaran sus colaboraciones a la sección. Y en efecto, en los siguientes meses y años desfiló por las últimas páginas de Bohemia lo mejorcito que iba surgiendo de las nuevas generaciones de humoristas: Nos-Y-Otros, los miembros de la Leña del Humor (Carlos Fundora, Pible, Eduardo Triana y Bao), Jorge Fernández Era, Camilo Hernández, Pablo H., Garrincha y Alexis Núñez Oliva, que escribía y publicaba más que todos los demás juntos. En “¿La Bobería?” también aparecía lo mejor del humor en español del momento como el colombiano Daniel Samper y hasta clásicos europeos como Alphonse Allois. Como para que la gente se enterara de qué hablábamos cuando hablábamos de humor.

También había mucha morralla en “¿La Bobería?”, todo hay que decirlo. Porque aquel llamado democrático atrajo a cuanto carcamal pujón o nuevo aspirante a viejo carcamal pujón había en la isla. Me imagino las acrobacias que tuvo que hacer Zumbado para disimular que su apuesta era por el humor más atrevido y punzante porque entonces no lo salvaría ni el mismísimo Gorbachov. Y publicó a todo el que pudo. Por publicar me publicaron hasta a mí, orondo de ver mis textos en la más antigua y venerable de las revistas cubanas, reino de administradores socialistas y obreros vanguardias en cuyas páginas habían aparecido alguna vez los artículos de Jorge Mañach y Mongo P.. A los 20 años te perdonan muchas cosas, gracias a que la gente todavía espera que estés a tiempo de no echarte a perder del todo.

 



El asalto al cielo de las últimas cuatro páginas de Bohemia no duró mucho. El del 3 de marzo de 1989 apareció por última vez “¿La Bobería?” bajo el cuidado de Zumbado (Ecured se equivoca al decir que Zumbado trabajó en Bohemia del 86 al 88). A partir de entonces 
“¿La Bobería?” apareció bajo la supervisión del caricaturista Cecilio Avilés a quien al parecer el sentido del humor se lo cercenaron en la infancia y nunca consiguieron reimplantárselo, uno de los fracasos más vergonzosos de la medicina revolucionaria. Se siguieron publicando textos y caricaturas de humoristas jóvenes y talentosos pero, sin la aguda inteligencia de Zumbado para elegir cierto humor y defenderlo ante sus superiores a “¿La Bobería?” le iba quedando cada vez menos. Al mes siguiente pasó Gorbachov por La Habana, nuestro particular Mr. Marshall, y no pareció tener mucha química con el cacique local. Unos cuantos generales y coroneles fusilados después quedó claro que la cosa iba en serio. Y cuando la cosa va en serio no hay oficio más peligroso que el de hacer reír: allí donde fusilan Héroes de la República a los Bufones de la República los desaparecen sin que nadie pregunte por ellos.


Columna de Zumbado publicada el 16 de febrero de 1990 tres días después de la golpiza que lo dejara incapacitado para escribir de por vida

Luego de dejar la dirección de “¿La Bobería?” Zumbado siguió publicando allí su columna “Una de cal y una de sal” casi por un año. El 13 de febrero de 1990 una misteriosa golpiza -que Ecured no menciona en su ficha biográfica- lo dejó incapacitado para escribir o hablar con propiedad por los próximos 26 años, hasta su muerte en 2016. Como sus columnas siguieron siendo publicadas tiempo después de la golpiza, asumo que las tenía escritas de antemano. La noticia de lo ocurrido con el fundador de “¿La Bobería?” no se dio sino hasta el 9 de marzo para anunciar el motivo por el que se interrumpía la publicación de sus columnas. Decirle noticia es decir mucho. Apenas se anuncia que "en días pasados el compañero Héctor Zumbado sufrió un accidente que provocó que le intervinieran quirúrgicamente" y se desea que pronto "pueda deleitarnos con su buen humor".




Extraña manera de comportarse con quien años después lo abrumaran con homenajes y hasta el "Departamento de Personalidades Afectadas" del Mincult se dignara a asignarle pensión de 40 CUC mensuales. Porque, eso sí, la generosidad de la Revolución es infinita.


lunes, 24 de julio de 2023

Polina Martínez Shvietosova (1976-2023)

 Polina Martínez Shviétosova se había retirado en los últimos años de la vida pública. (Facebook)

Ha muerto la escritora Polina Martínez Shvietosova a los 46 años. Murió en la mesa de operaciones de un hospital de La Habana mientras le extraían un fibroma. Es toda la información que ha llegado a mí a través de su amigo Orlando Luis Pardo Lazo quien en vida me facilitó el contacto con ella. No conocí a Polina en persona pero nos comunicamos profusamente a raíz de su participación en la antología El compañero que me atiende, dedicada, como su título sugiere, a rastrear la huella de la Seguridad del Estado en la literatura cubana como amenaza y escollo, pero también como turbia fuente de inspiración.

Polina estuvo entre los escritores dentro de la isla que se atrevieron a participar en El compañero que me atiende, gesto que no deja de admirarme en el caso de cada uno de los 17 participantes. La escritora me envió dos cuentos como posibles candidatos a participar en la antología, “La escapada” y “Espacio profundo” de los cuales terminé eligiendo el segundo. Todo en los cuentos de Polina era peculiar: sus atmósferas, su cadencia, su sintaxis, su puntuación. (La escritora llegó a decir de sí misma que “podía ganar concursos pero no superar el examen de redacción y estilo”). También atravesaba sus cuentos un desespero perpetuo que se infiltraba en sus comunicaciones más intrascendentes. Palabras que andarían mejor en la despedida de un suicida. La paradoja es que Polina muriera justo cuando hacía un intento de mejorar su vida, de alargarla.

Desde la publicación de El compañero que me atiende en 2017 no había muerto ningún autor incluido en la antología hasta hace unas semanas con el fallecimiento del conocido poeta Manuel Díaz Martínez, exiliado en España desde hace décadas. La muerte de Polina, Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, 2008, resulta trágica por su juventud, su continua promesa de nuevas creaciones. La tan humana lucha contra el olvido es especialmente dramática y visible en aquellos que dan constancia de ella con su escritura. De ahí que acompañe su despedida con los dos cuentos que me envió para que considerara su inclusión en El compañero que me atiende.

 

 

La escapada

 

 Los vivos han estrangulado su corazón

 

Charles Bukowsky

 

 

En las venas de la ciudad circula un rumor de armas y sangre. El Gobierno nos  ha invitado a una Galería de Arte que se encuentra en el ático de unos de los edificios mas viejos y abstractos. Sus soportes son arcos góticos llenos de artefactos de tortura medievales (son las modernas instalaciones de la plástica) y están montadas bajo una luz tenue: porque el sol se ha perdido hace  muchos días y afuera hace una noche de mil pedazos.

 

Nosotros somos los lideres del caos mundial. Actuamos bajo seudónimos, son tiempos en que paz y comunicación se han hecho imposibles; nuestra misión es reconstruir al mundo, pero sin respaldo de Gobiernos. Por eso seguiremos llevando nuestras ideas  a través de mensajes Cabalísticos situados en una Página Web, de la cual se ocupa nuestro hermano Vodka. Extenderemos una nueva perspectiva como visión del nuevo arte, así ampliaremos las zonas aún poco desarrolladas de la evolución emocional: crearemos performances en formatos de poesías épicas, eróticas y virtuales, de este asunto me ocupo yo- Dejanira.

 

Este  planeta ha tomado  muy mal nuestra misión. Pero si ellos supieran cómo se ve su panorama  desde el exterior con la óptica pacifista. Es mucho lo que  secomenta sobre este estado: sabemos que se ha establecido un dominio de religiones neopaganas, todas ellas protegidas por el totalitarismo del Gobierno actual, los pobres niños bailan encueros frente ante la EXPLANADA UNIVERSAL, se ha masacrado con mandarriazos la estatua del héroe planetario y en su lugar han colocado el Falo del Viejo Dios Guerrero . También los curas ―los pobres hermanitos de San Francisco― andan con sotanas raídas y apestosas, vendiendo hostias por las esquinas, pero ya nadie se  las compra; y los que  desean saben que si comen una de estas hostias, el Gobierno y las religiones no le darán de comer a sus hijos .Y les suspenderán la cuota correspondiente de drogas, así como la eliminación de estatuillas de porcelana que conservan en sus casas dedicadas al Culto del Gran Falo.

 

 

Hemos viajado mucho, porque acá la situación se vuelve inaguantable y el  Mandatario Principal ordenó atacar vía Internet los pocos sitios que le quedan a las religiones monoteístas y allá en el Vaticano, en la Basílica de San Pedro, La Kaaba, El Templo de Salomón en Jerusalén se han construido Techno-tecas africanas (que ponen ráfagas de música folklórica acompañadas con pelotones armados con  lanzallamas) pero antes de esto hicieron una gran hoguera y quemaron todos los manuscritos de la humanidad,  como ofrenda a los Dioses de los Caminos, por todo eso y más estamos hoy aquí,  pero creo que caímos en una trampa...

Lisia aun no llega, ella es la líder, nos abrió los ojos para que viéramos las calamidades que el mundo está sufriendo (sin ella este movimiento, no hubiera alcanzado el empuje, que genera nuestro cambio al favor del caos.)

 

―Oye Daye!! ―me grita Samsy desde el fondo, y se acerca con su paso exigente.

―No sabemos nada de Lisia, creo que estamos atrapados.

―Tampoco tenemos  con que defendernos ―le respondo.

―Deberíamos llamar a la célula, para  formular un plan de acción.

―¿Aun sin Lisia estar aquí? ―discrepo yo.

―Sería lo mejor en este caso, espérame  unos minutos,  ahora llamo a los demás….

Después de dar varios gritos, se van acercando, aquí llega primero Rahim (especialista en Magia Negra y esoterismo), mi actual amante (Jorge), él es uno de los grandes poetas de la época ultramoderna. También viene Ángel con su paso de sombrilla (el Fouché del grupo). Él es un jugador complementario, porque de él nadie se fía, ya que es un  arma de doble filo. Nunca sabremos cuando podemos usar su técnica, conviene Álvarez, nuestro especialista en lingüística, a la vez que su porte majestuoso ayuda para infiltrarnos en las fiestas de los “intelectuales enemigos” y trocar sus mensajes, así que con este  grupo operamos en varias ramas ampliando nuestro circulo de acción.

 

Cuando de repente sentimos a unos pasos entre la bruma , alguien avanza arrastrándose. Samsy me toma por el brazo nervioso,  pero en ese instante reconocemos a Lisia. Ella toda golpeada-  Samsy la aguanta por la cabeza y yo pido urgente un vaso de agua  antes de que ella se desmorone.

 

―Muchachoss….hagan …algo por sal…varrr…

―¿Quién te ha hecho esto?- le pregunta Rahim en un jadeo                                                suspirante          

- No ..no …no sé….me    ……    tortura…ron….….me   ….sol  ..taron aquí…..vi… que…..habían…. militares….rodean…dono…sss…..no puedo… con…ti …un….ar……

-¿Qué hacemos  entonces? - Lisia, Lisia!! Parece que se ha desmayado

- lo único, luchar, seguir adelante con adelante con Lisia o sin ella- se apresura a hablar Rahim.

-  podemos excavar por todo el piso hasta que hallemos un algún conducto que nos saque a la parte oeste, y atravesar la bahía a nado si logramos salvarnos

. Así que arriba nos jugamos todo, cuando Lisia  regrese en sí sabrá guiarnos

-  Creo  recordar que en mis planos  hay algo así como  un laberinto debajo de esta construcción - comenta Ángel

Todo lo miramos atónitos, aun incrédulos y pensando que nos miente. Aun así nos ponemos en función de esta vía de solución.

 

Llevamos muchas horas rompiéndonos las manos:  ya Lisia ha vuelto a la conciencia, cuando empezamos a sentir un leve rumor y es que Jorge a encontrado una breve hendija y grita algo cansado

-¡Estamos  de suerte !!, He  encontrado la  entrada a las cloacas!!!

En esto Lisia medio que se incorpora y con una voz muy débil deja caer estas palabras, pero siempre sin perder su humor:

- ¿Ven?, hasta la mierda nos ayuda

 

Nos ponemos rápidamente en función de agrandar el agujero recién comenzado, para luego caer en las fauces del túnel que nos conducirá a la bahía y de ahí nuevamente a la libertad. Pero aun nos falta un poco. Estamos alegres en el fondo, pero en nuestras caras y manos se denota el dolor y las magulladuras.

 

Luego de interminables minutos damos con el túnel hediondo; a él llegamos arrastrándonos sin más fuerzas que la del espíritu para luego atravesarnos la bahía podrida en aves y petróleo incrustado en sus rocas que parecen fantasmas. Sin más sombras que nuestros suspiros y rezando porque Lisia siga mejor. A ella Vodka la carga; pero Samsy le sujeta los pies para que no resbalen en la podredumbre, hasta que al fin salimos a la noche; entonces Lisia más compuesta nos da las algunas indicaciones:

- Nos vemos dentro de dos semanas, la clave será 777 y ahora seguimos ¡todo sea por nosotros!

Entonces nos dispersamos como podemos. Jorge y yo corremos hacia nuestra madriguera que se halla en el corazón de la ciudad industrial

 

Las dos semanas desde que acordamos la señal 777, se han ido. Nos hemos dedicado hacer contactos con la gente adecuada, para hacer una gran fiesta-recepción - en honor a los lideres de este Gobierno. Va a estar la alta sociedad. Todo el mundo con  sus disfraces. Solo falta que llegue la hora porque el día – es hoy.

 

Suena la música, una especie de Réquiem de Mozart con “Sad but true ” de Metallica en le fondo, hemos puesto incensarios y candelabros de siete brazos por todas las esquinas, la melodía marca el paso junto con la vestimenta tatuada con el equilibrio de  las luces replicantes. El  escenario parece una vivencia cuya virtud se refugia en una poesía perdida en las lindes de un bosque Lezamiano….Aquí  la música comienza a efectuar un giro sensual y misterioso, la inercia que arrastra consigo el desplazamiento de los invitados. Es un  baile pasional como una helada si fin…qué delicia disfrutar del cabalísimo trasmitido en la esencia siete…

 

Mas el audio se detiene porque los homenajeados han decido brindar:

-¡ VIVA EL ORDEN!!!  Chin….chin…chin…..

-          Y ahora que estamos aquí brindemos también porque el grupo de pacifistas haya aprendido la lección. Por eso confiamos en ustedes, se ve que son jóvenes que siguen nuestras ideas y esperanzas- así hablaba el Mandatario Principal….bla...bla...bla..

-          Bueno señores y señoras que continúe  la fiesta…..

 

Lisia  aprisiona al M.P, el es un viejo que aun reluce sus días de esplendor en su barba que son como hebras de metal en sabiduría, su altivez queda cerrada entre  los cálidos matices de los ojos grises de Lisia, que le susurra algo en  el oído tal vez insinuándole que la penetre en su pelvis palpitante de tener abrazado  al hombre más célebre de todo un siglo; él ronronea como un eterno felino que ha encontrado la paz indisoluble en los labios de esta joven arquera de los tiempos y entonces ella toma su cordel plástico (que realmente es de C-4) y se oye estallar en mil pedazos la sangre del M.P- esa es la orden 777.

 

 

Dentro creo que voy a estallar de tanto dolor. No soportaré la idea de quedarme sola y embarazada. Justo en estos tiempos de injusticias con los fieles al amor y oigo desde un eco muy lejano una especie de techno árabe con The Gathering holandés, mientras los momentos avanzan sobre mí y los demás. Me toco el cordel…. Pero veo a mis amigos y sus parejas como vuelan sus sesos crucificados por la música, la sangre impregna las paredes formando un hermoso cuadro surrealista…veo..veo aun mas…veo a Rahim como acuchilla sin piedad a un tipo con cara de pingüino asustado y mas mas atrás veo a Samsy que asfixia con una dulzura cruel a su oponente que es un viejo chino militar y de paso le  encaja agujetas de tejer en el cuello…..todos se desvanecen….y yo aun no he hecho nada….Pero tengo atrapado con mis garras de Erzebeth Bathory al joven lobezno. Él chilla bajo mi mordaza y mi cordel anda perdido entre los encajes de mi vestido histérico. Pero en esto viene en mi salvación Rahim y lo degüella por la aorta mientras se despedaza con mis garras y se oye un grito como una última explosión. Caemos  como si estuviéramos mortalmente heridos creo….

 

.... la inconsciencia, en la memoria llevo ... el color indoloro de la muerte que se enquisto en las paredes, los trajes finamente ... brillan por doquier de sangre y sesos... una destrucción simultánea…ya no existe nadie…quedamos salvados... por obra de la... providencia.

 

Alrededor solo quedamos Samsy, Rahim y yo, nos cogemos de las manos para salir caminando en busca de la luz que puede ser el mar y los vientos del norte. Donde quizás podamos refugiarnos y llorar por los caídos. Miramos al cielo: comienza a clarear, cuando vuelan tres gaviotas que desprenden un chillido de esperanza.

 

ESPACIO PROFUNDO

La joven no sentía una forma de proceder. Se preguntó cómo escapar al consenso, como desvanecerse. Sus neuronas querían y deseaban pasar inadvertidas por el filtro del papel. Ella es poeta o hasta narradora, si la historia aparece.

Pero esta vez le resultó que la historia era, es y debía ser ese terrible momento de dar su consentimiento a algo que sabía iba más allá de su conciencia. Ella, la poeta peregrina, días atrás se había leído el Proyecto Valera, mientras esperaba la última guagua a su municipio de Provincia Habana. Ella había firmando virtualmente ese proyecto en otra dimensión y el resultado lo comentó con otro amigo.

Ella quería de todas maneras pasar inadvertida al llamado de la Patria. O, mejor dicho, de lo que otros consideraban la Patria, pero no logró ni siquiera desaparecer entre las metáforas que se construía a diario.

Sábado, 15 de Junio 2002, en la mañana

Es sábado en la mañana. Toda la cuadra ya ha dado su firma, la hija aún duerme después de un agotador viernes, y todo lo que vivió con sus amigos en la zona del Instituto Cubano del Libro. Pero la mamá la levanta y la tira de la cama para que vaya a cumplir su obligación con la Patria: argumenta que sí firmará para salvar la Nación –eso le dice a su hija. También habla de que le pedirá al CDR una autorización especial para firmar, pues ella es extranjera y no tiene los mismos derechos que los cubanos habituales. Estampar su garabato ruso para ella significa la no pérdida de la identidad cubana.

Su identidad cubana es por solidaridad o por costumbre de sobrevivir más de 24 años en la isla soñada desde las frías estepas del río Volga. Pero la hija, poeta al fin, inventó un reducto para brincar lo impostergable. Un socio del barrio la llamó para fumarse un porro. Ya antes en casa se tomó varias cervezas rusas Báltica, se vistió de negro, con pantaloneta de seda y blusa de felpa, su piel relucía aún más blanca e inmaculada, vestida como un símbolo de anarquía. Antes de salir de casa oyó al grupo alemán Rammstein para coger impulso y se fue a plasmar su muerte clínica:

_______________

R/ ES LA FIRMA QUE SEMEJA UNA MUERTE CLÍNICA

 

Ya lo había decidido en el último suspiro del porro, en la última gota de Báltica, en la última nota de Ich Will. Ella, la artista de la cuadra, la intelectual del barrio, sin residencia única ni en Miramar ni en Buenavista. La señora que atiende, le dice:

–Algún día con tu firma podrás obtener Todo.

La joven poeta ríe. Ríe a carcajadas del trance y sobre todo de lo dicho por la respetable señora del CDR. Para no agravar su situación, psicológicamente desastrosa, se aleja, pensando que aún le falta otro camino por recorrer, aún tiene que acampar donde el trabajo la reclama. También recuerda que mañana será domingo, 16 de Junio, el día que cumple 43 años Caluff, allá en Varadero.

Sábado 15 de junio, en la noche

El que no se imagina lo que significa viajar desde la capital a un municipio de Provincia Habana no sabe cuán estresante y agotador puede resultar un viaje de esa índole, más después de haber sobrevivido a la experiencia negativa de la firma ficticia y vivir en la aurora de su muerte clínica. La suerte es que también comparte esas tribulaciones con su amigo. Ellos viajan juntos y comparten la identidad híbrida, el desarrollo de la cultura en el municipio, así como tantas afinidades posibles.

Pero esa noche. Esa noche es particularmente nerviosa para ambos, nerviosa porque le cuenta a su amigo, en su casa y ya más relajados, todas las reflexiones recogidas desde antes y por el camino y como sobrevivió a ese instante.

–Cuando estuve en Varadero la semana pasada, ya este asunto venía y, por supuesto, compartí la preocupación con Caluff. Él argumenta que sí firmará, porque sabe lo que hace: hace juegos de cámaras indiscretas, algo así como filmar los momentos de debilidad de todos los involucrados, aparte de guardarse para sí esa grabación, y que en eso no hay nada equivocado.

–También él me asignó una tarea –le comenta a Dmitri–: filmar y firmar, aunque sin recursos, esta vez el lente son mis ojos y todos mis sentidos. Porque Caluff luego analizará nuestros resultados cuando yo tenga otro chance de irme a la República de Dero [Varadero?]. Aunque mi amor por él es tan metafísico que te puedo decir que, por esa simple complicidad, también lo hubiera firmado sin tanto reparo.

–En el camino al ICL, me encontré con A.M.: «Caballeros, hay que firmar esa condenación en haraquiri, porque hay muchas cosas que vivir y hacer, hacer sobre todo, de lo contrario somos muy jóvenes para ser mártires y a los mártires nadie los recuerda».

Ya afuera del Cibercafé, en la Plaza de Armas, me encontré con O. L. P.: «Para no morirnos en el hecho, hay que hacerlo de forma rápida y volcar el recuerdo a la memoria negativa, saber que lo que viviste no fue por tu propia decisión». Entonces se acerca P. M. A. y dice "que siente la humillación que le provoca el hecho en sí mismo y se debate en la acción del sí o el no, ser o no ser». Y piensa que como resultado final él podría ser un paria de la sociedad y todo para él estaría perdido.

En esos momentos nos acordamos de J.A.A.D., mi teacher del taller literario Onelio, que estará desaparecido en lo que dura este trance, pero igual en candela. Y con estas premoniciones nos despedimos hasta el día siguiente. Es domingo y hay Taller Literario, pero nadie sabe con este asunto de las firmas cómo estará la asistencia.

Domingo 16 de Junio 2002

Sin un minuto de respiro, ya me estaban tumbando la puerta, llamándome por teléfono. Exigiendo de mí en Buenavista lo que con tanto trabajo había eludido en el CDR de Playa.

Mi papá se levantaba antes que yo, pues se iba con una delegación de eslovacos y dirigentes de la Termoeléctrica hacia un viaje de placer a Viñales: algo modesto como whisky, vodka, caviar y langosta. Se dio algunos buches de ron antes de bajar las escaleras para ir a firmar. Deseaba desaparecer lo antes posible, pues de lo contrario no lo haría ni aunque lo torturaran. Se fue con sus amigos a Viñales a coger tremenda nota, a vivir su vida de cero agresivo.

Yo me fui al Taller Literario. Vinieron los de siempre: S. y R., A., A. el secretario, El Ch., M. y, claro, la novedad eran las firmas y el cómo se sintieron con eso. Leímos algunos textos nuevos, pero nos dábamos cuenta de que el día vislumbraba diferente, aunque cada cual lo irradiaba a su modo. Luego de las conclusiones, nos fuimos para mi casa. Hicimos una empaquetada en la cocina tradicional de ese tipo de apartamentos. Después nos tomamos unas cervezas Bálticas que yo había traído de Playa y comenzamos a mezclar café con alcohol de 90 grados. Para entonces ya habíamos decidido darnos un chapuzón en la costa.

Ya en la playa, bajo un sol insostenible, nos fuimos a nadar acompañados de una botella de ron que había aparecido en no sé qué momento. El caso fue que en el mar seguimos descargándole más fuerte. Yo aproveché para hacer mi ritual, que esta vez tenía un carácter especial, porque era el cumple 43 de Caluff. Me quité la pijamita que llevaba puesta, el blúmer, y me quedé desnuda con mis pensamientos. Sola y nadando, purificando alma y cuerpo: ese era mi regalo para Caluff, pero también mi resurrección después de la muerte clínica del día anterior. Y también la de los amigos y todas las personas y fantasmas que convivían en mi mente. También pensaba en cómo escribir un poema inspirado en el carácter tan provocativo y humillante que tuvo la naturaleza de esa acción nacional.

Lo que sucedió después se perdió en una laguna de amnesia histórica. Ahora solo me puedo acordar que ya de noche avanzábamos D. y yo despacio y con un carro patrullero detrás, después de habernos tomado todo lo posible y sin comer nada para olvidar, para enterrar en el espacio más profundo de la conciencia el deletreo de los nombres con sus firmas manifestando un destino invariable.

Ahora nadie nos puede distinguir. Ni las sombras, ni sus calles que fueron testigos de las lágrimas y paranoias, ni los gritos afónicos en la rockoteca que acababa con un día a la intemperie de los misterios. Ya me recogen casi dormitando entre las columnas. Mi amigo y yo nos alejamos con pasos de Katiushka con Guantanamera. Atrás de nosotros el techo de la Casa de Cultura comienza a derrumbarse y no vemos mejor alternativa que diluirnos en un grito mántrico, dando al silencio el verdadero respeto que produce la desnudez y su libertad.

Recuerdo que todo esto lo había filmado con mis ojos, para después narrarlo. En blanco. Así: