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martes, 28 de diciembre de 2010

Ah, que tú escapes

La noticia la da el Granma aunque parece cosa de Guamá:


El Comité de Defensa de la Revolución "Carlos Aponte", situado en la calle Trocadero entre Consulado e Industria del municipio Centro Habana en la capital del país ha decidido unirse a las celebraciones que se llevan a cabo en todo el país por el centenario del escritor José Lezama Lima cambiando su actual nombre por el del afamado escritor. Se decidió hacer el cambio teniendo en cuenta que el autor de "Paradiso" residió en esa cuadra durante los últimos 47 años de su vida y que en ella se encuentra la casa museo que lleva su nombre. “Fue por esa razón, y para evitar redundancias, que valoramos la posibilidad de cambiarle el nombre a nuestro CDR por el de Orígenes o el de José Cemí pero decidimos finalmente darle el nombre de este conocido mártir de nuestra revolución” declaró Tamara Segarra, presidenta de la asociación vecinal. “Además, hemos tenido conocimiento que había otros comités en la ciudad que compartían el mismo nombre que el nuestro mientras que con el paso que hemos dado seremos el primero en llevar el nombre de Lezama y con mayor derecho que cualquier otro”.

Como parte de la celebración del centenario del poeta en la misma reunión en que se decidió cambiar el nombre del CDR también se determinó donar a la casa museo una antigua libreta de guardias cederistas en la que aparece la firma de Lezama. De esta manera –argumentan los miembros del comité- se contribuirá a completar la imagen del autor de “Muerte de Narciso” como vecino de ese popular rincón habanero y a darle un relieve más profundo a su figura como hombre de su tiempo.

H/T: El Tono de la Voz

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Celebraciones

Mientras los listillos de Habaguanex celebran el centenario del nacimiento de Lezama con una cena de ficción Manuel Sosa escoge una experiencia más cercana a la vida del poeta:



ESCRITOR EXILIADO VIAJA A LA HABANA




(para experimentar ostracismo oficial)


Por Yodelsis Cadalso


Con motivo del centenario del insigne poeta José Lezama Lima, las autoridades cubanas han efectuado una serie de homenajes, y han desarrollado múltiples actividades que pretenden celebrar el importante hecho: reediciones, reaperturas de museos, devolución de ejemplares robados a Trocadero 162, blanqueamientos de tumbas, musicalización de poemas, cenas lezamianas, entre otras. Sin embargo, la más inusual de todas corresponde a la “experiencia en carne propia de ostracismo oficial”, llamada así por reflejar lo que fueran los últimos años de la vida del escritor, sumido en el olvido y la indiferencia por parte del gobierno y la jerarquía cultural.


Por la módica suma de 800.00 CUC, y durante todo el mes de diciembre, algunos creadores exiliados podrán revivir la misma suerte del autor de Paradiso. Según Manuel Sosa, escritor residente en Atlanta y hasta ahora el único que ha viajado para probar suerte, la experiencia consiste en mudarse para la capital de la isla, sobrevivir ese mes a base de 120 pesos y cartilla de racionamiento, recibir visitas esporádicas de otros escritores y cultivar la ironía como recurso de salvación.


Este peculiar homenaje, propiciado por el Ministerio de Cultura en coordinación con el Ministerio del Interior, ofrece la posibilidad de asumir una perspectiva más traumática sobre el destino del artista como contrapartida al Poder. “Encerrado en mi casa provisional, miraré al mundo del mismo modo que lo hacía el Maestro”, explica Sosa, “descubriendo relaciones inusuales entre las cosas, convirtiendo el asedio de la realidad en imagen redentora”.
Seguir en La Primera Palabra.

jueves, 23 de octubre de 2008

El peregrino inmovilizado [y actualizado]


[Fotocopia de la pagina cortesia de Tejuca. Pinchar para ampliar]

El mito –mito al fin- es viejo pero persiste: ese que para disimular la marginación que sufrió Lezama en sus últimos años de vida insiste en que si no respondió a las múltiples invitaciones que se le hicieron sobre todo a raíz de la publicación de Paradiso fue porque le daba miedo viajar. Tanto han insistido que han convertido a Lezama en una especie de doble de Pablito Milanés con aquello de que “jamás podría pisar tierra firme porque me inhibe” (se supone que a Lezama porque Pablito hace rato que tiene apartamento en tierra firme: Madrid, calle Relatores por más señas). Si la correspondencia con su hermana Eloísa no fuera suficiente ahora salió en La Habana un libro de Reynaldo González “Lezama sin pedir permiso” donde –entre muchas cosas- se reunen las reiteradas quejas de Lezama en dicha correspondencia sobre su imposibilidad de salir. Ahí va este botón de muestra:
Ahora recibo otra invitación del Ateneo de Madrid, para dar unas conferencias. Siempre acepto pero el resultado es previsible.
Yo estoy en un momento de mi vida en que me hace falta viajar, ver un poco de otro paisaje. La resonancia que ha tenido mi obra en el extranjero, me permitiría hacerlo. Pero la Ananke, la fatalidad está ahí, con su ojo fijo de cíclope.

Ya me dirán que sigo revolviendo papeles y problemas viejos, que la culpa la tenía el famoso Luis Pavón. Y luego nos tratarán de convencer que Yoani Sánchez no viaja porque le tiene miedo a los aviones. Y ese es el problema, que la fatalidad sigue ahí, con su ojo fijo de cíclope.

P.D.:Este último libro de Reynaldo González, “Lezama sin pedir permiso”, es al parecer una rectificación de su anterior “Lezama: el ingenuo culpable” que se podría retitular como “Lezama pidiendo permiso”. Allí resume la vida de Lezama post- hecatombe en estos términos:
[Lezama] Con alegre pasión, se incorporó a trabajar en los organismos culturales creados por el Estado revolucionario, con la misma lucidez que en el pasado despreció ofrecimientos del Estado burgués, en perfecta coherencia con si extracción social de clase media, una de las capas poblacionales que habría de ser beneficiada por la política de rescate de las riquezas nacionales y por la socialización […]
Ser de atmósfera propia, de contumaces fijezas amatorias, raigal, auténtico y obstinado, había pagado muy cara su honestidad intelectual a toda prueba: la que lo llevó a desechar un mecenazgo culpable y lo sostuvo en Cuba frente a reclamos y requerimientos externos…

Ese era el Lezama raigal e intransplantable que trataron de vendernos durante mucho tiempo cual si fuera un boniato, todo raíz. Ahora hasta el mismo González reconoce que Lezama no era alérgico a otros paisajes. (No es el caso de Cintio Vitier, a quien le correspondía la ciudadanía norteamericana por haber nacido en Cayo Hueso y renunció a ella- ¿qué pensarán los nietos?-). En realidad no importa mucho si a Lezama le gustaba viajar o no, lo interesante es ver como se aferraban y se aferran a esa mística del nacionalismo boniatero para intentar convencernos de que la creatividad e incluso la vida cubana dependen del contacto directo con el suelo natal. Un contacto que ellos administran. Nunca es tarde para sacudirse de una buena vez esa superstición.

miércoles, 16 de abril de 2008

Aldabonazo lezamiano


Cuba al Pairo anuncia la salida de un nuevo libro del incansable William Navarrete. En este caso se trata de una recopilación de textos sobre Lezama y se titula “Aldabonazo en Trocadero 162” para el que me pidió un texto. Todavía no he tenido el libro en mis manos pero aparte del desliz de William de incluir la lista de autores es prometedora. Ahí les adelanto el texto mío que aparece allí.

Lezama: el calamar y su tinta
Me es difícil entender a los que lamentan que Lezama Lima fuera un incomprendido en su época o en cualquier otra. Tan difícil como encontrar un escritor que cultivara la incomprensión con tanto ahínco. Quien lea cualquier texto de Lezama verá por todos lados desafíos abiertos al entendimiento dócil y fascinado que muchos reclaman para él. No se puede escribir –y escojo esta frase al azar entre muchas otras- “Retrocede el colmillo hasta la última encina, donde el fulminante de sus músculos rastrilla, saltando sobre el Adonai o sobre el jovenzuelo Carlos IX. ” y tratar de convencernos al mismo tiempo que ser inteligible es parte de los desvelos de su autor. Y es que Lezama no nos propone el trámite de la simple o compleja comprensión sino más bien una huída escandalosa y permanente de todo lugar común de la palabra, la frase, el pensamiento y el lenguaje todo. Ante esto unos lo declaran a voz en cuello el dios mayor de las letras cubanas mientras otros murmuran en los pasillos de esa misma literatura que se trata de nuestro más acabado ejemplar de farsante literario. Unos se postran ante la majestad de su nombre y su obra dispuestos a acusar de ignorante o insensible a todo el que le recorte un centímetro a su admiración mientras otros se muerden la lengua que pugna por gritar que el emperador, como el del cuento, está desnudo porque de permitírselo serían expulsados del Reino de lo Sensible.
Sus excesos verbales, su cincelada oscuridad, son para unos la mejor prueba de un genio que a duras penas podía contener el aluvión de imágenes que le provocaba el más leve de los detalles. Deberemos sopesar estos excesos aparentes –nos dicen- hasta tanto demos con la pregunta a las respuestas que Lezama adelantó. Donde antes no había nada –o desde donde esa nada parecía negar su sola existencia, insisten – Lezama levantó un castillo de palabras en el que reina desde entonces. Los otros se refieren a ese castillo como una alucinación colectiva alimentada por una vocación mistificadora nacional y un insoportable horror vacui allí donde los escritores totalmente entregados a su labor podían contarse con los dedos. Acusan su escritura de artificiosa como si escribir fuera –literalmente- un proceso fisiológico. Sospecho que el antagonismo de estas posiciones responden al carácter intimidante -menos por su extensión que por su abrumadora consistencia- de la obra lezamiana. Yo prefiero mientras tanto instalarme en el -en este caso incómodo- punto intermedio entre el fanatismo y el rechazo. Dios mayor de nuestra república de las letras o su más sofisticado estafador son descripciones que no le hacen justicia a su obra ni son convenientes para asentar el laicismo que debe imperar en toda república. Prefiero usar la imagen del calamar, tan grata al propio Lezama para describirlo. El calamar -ya lo sabremos por algún documental visto en la infancia- es un ser que para defenderse de sus enemigos expulsa chorros de tinta que enturbian todo a su alrededor y le permiten escapar. De ahí que la turbiedad de la lengua de Lezama sería una manera de reclamar “el respeto que exige toda persona de la que se ha apoderado el espíritu, y que lo sabe, haciéndose fuerte”. Sus excesos, un modo de desorientar al enemigo de su literatura, de toda literatura –el rechazo, el desdén o la burla- mientras se inventaba el personaje tan extraño a los trópicos del escritor totalmente consagrado a su literatura. ¿Le preguntaban sobre la importancia de tal congreso de escritores? Expulsaba un chorro de tinta en la cara del entrevistador usando las mismas palabras con que explicaba el desarrollo del barroco americano sólo que dispuestas en orden algo distinto. Ese también era su modo de proteger la inocencia con que escarbaba en los clásicos españoles, los pensadores franceses, la sabiduría oriental o el patio idealizado de su infancia. Esa inocencia con que a sus cuarenta y seis años se aproximaba con el mismo goce a una lectura poco precoz de “La guerra y la paz” que a escuchar a unos adolescentes norteamericanos cantar un rock and roll presumiblemente infame. Tal inocencia, encubierta a veces de sabiduría apocalíptica y facilona era, de acuerdo a sus convicciones, el fundamento de toda su poesía: “La poesía sólo es el testigo del acto inocente –único que se conoce- de nacer […] Es estúpida la frase de la madurez poética”. (Luego tendría oportunidad de comprobar que madurez poética no era una estupidez sino una amenaza, un estado demasiado cercano al anquilosamiento y a la muerte). Uno de esos chorros de tinta quizás haya enturbiado las aguas en torno al calamar Lezama más que otros. Me refiero a la manoseada frase que reza que “un país frustrado en lo esencial político, puede alcanzar virtudes y expresiones por otros cotos de mayor realeza”. De lo que podría como entenderse una hábil publicidad a su ideal de autonomía poética en ocasiones se toma –sin forzar el sentido de sus palabras- como insinuación de que la poesía podría emerger como sustituto de lo político. De ahí a convertir a Lezama en profeta, y no sólo literario, no hay más que un paso. Un paso que no pocos ya han dado, siendo Cintio Vitier, -sacerdote mayor de su culto- el más señalado pero no el único. Incluso reduciendo su importancia al campo literario, la colosal obra lezamiana corre el peligro de ser convertida en origen y destino de toda la literatura nacional, lo que a la larga no haría otra cosa que perjudicar la sobrevida poética de nuestro molusco. Se arriesgaría, en fin, a ser en lo literario lo que Martí para la vida de la nación: una presencia que de tan abrumadora termine siendo un estorbo.
Lezama es tan culpable o inocente de la tribu de los lezamianos que suele agobiarnos en publicaciones y congresos como lo es Martí de la tribu de los martianos. Como el héroe decimonónico las tácticas con que sacó adelante su laborioso apostolado van convirtiéndose en artículos de fe. La obra de Lezama suele confundirse con algunos de sus gestos –de los que nunca sabremos con cuanta seriedad se los tomaría- al punto que para dicha tribu cualquiera de esos gestos termina pesando más que todos sus versos. Esa inclinación me recuerda la fábula china de la niña fea que quería parecerse a la hermosa Xi Shi y lo único que conseguía era fruncir el entrecejo como ésta con lo que acentuaba todavía más su fealdad. “¡Pobrecilla!”, nos dice el fabulista Zhuang Zi, “Podía admirar el ceño de Xi Shi pero no sabía por qué era hermosa”. Sí, antes que los imitadores oficiales de Lezama prefiero a sus seguidores secretos, esos que comparten su detallado saboreo de las palabras, su empecinada defensa de la poesía frente a las exigencias de la Historia, su entrega absoluta a la literatura, su universalismo tan deliciosamente provinciano, su minuciosa decencia. Entre ellos encontraremos nombres impredecibles –invoco sólo difuntos- como los de Cabrera Infante (que alguna vez lo atacó) o Reinaldo Arenas (que en su cólera ecuménica milagrosamente lo respetó) que encontraron modos muy personales de ser lezamianos, algo que en Cuba para bien y para mal –ya lo he dicho- se va convirtiendo en sinónimo de escritor. Me refiero a escritores a los que la tinta no los distrae de la búsqueda del calamar. Será por eso que pocas veces disfruto más a Lezama que cuando puedo escuchar su poesía en su propia voz. Nada como ese habanero apenas domado por las lecturas y el asma con el que masculla imágenes imposibles para disfrutar a plenitud al calamar en su tinta.

martes, 4 de marzo de 2008

Nuevo libro y opinión


William Navarrete responsable entre otras cosas del blog Cuba al pairo anuncia la próxima aparición de “Aldabonazo en Trocadero 162”, una recopilación de poemas y ensayos de escritores cubanos contemporáneos sobre Lezama Lima. El libro es publicado por la editorial Aduana Vieja con sede en Valencia. William también publicó hace unos días su opinión sobre la renuncia del Compañero en Jefe en la que dice cosas como estas:

-Porque, después de todo, tras casi 50 años de mangoneo y humillación (caso único en el continente americano y única cosa de la que sí podríamos jactarnos) merecíamos (?) otro final. La única caída que padeció no pasó de un traspiés público en Santa Clara. Por eso, la noticia no me da ni frío ni calor. Vamos, que yo esperaba, como esperaron mis antepasados en la Isla, el grito de júbilo callejero, tan cubano, de se cayó Fulano. Pero ni eso.
-Quiere esto decir que no hay nada que podamos hacer para que pague el daño. El terrible daño. El doloroso daño. La frustración de miles y miles de cubanos que han visto a los suyos morir lejos, morir humillados y, para colmos, morir como perros y gatos.
-Una vez más la burla nos acecha. Retirarse después de 48 años de poder deleznable lo dignifica ante los ojos del mundo. Es su mejor coartada. Para que digan: "¡mira qué juicioso!, ¡qué comprensivo y generoso!" "¡Miren qué bien, qué magnánimo, él que hubiera podido pagarse el mismo lujo que Franco!" Y una vez más el mundo encontrará pretextos para ensalzarlo, ese mismo mundo que ya lo dignificaba desde antes, aunque se pavoneara revólver en mano y látigo en alto sembrando la discordia en todas partes.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Cumpleaños


Hoy, nos recuerda José Prats Sariol, se cumplen 97 años del nacimiento de Joé Lezama Lima. Para el que quiera oírlo leyendo un fragmento de Paradiso puede hacerlo aquí.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Lezama

Debo agradecer a Armando Tejuca el haber sido el primero en poner una grabación de Lezama Lima leyendo un poema suyo. Se trata de “Ah, que tú escapes” uno de los poemas más conocidos de Lezama.



Ah, Que Tú Escapes

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no querías creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.