sábado, 24 de noviembre de 2007

No todo fueron pérdidas

Según informa El Nuevo Herald no todo fueron pérdidas para el equipo cubano en el mundial de Taiwán. Algunos peloteros del equipo campeón eterno (el presidente del INDER dijo en el recibimiento del equipo que para Cuba, ellos eran "campeones del béisbol en el mundo") trataron de consolarse con la derrota en el terreno de juego vendiendo prendas deportivas, algo sobrevaloradas dada la dificultad de conseguirlas en el mercado: una manera de disfrutar de las ventajas del capitalismo, el socialismo y el bloqueo al mismo tiempo. Y claro que no está mal que vendan lo que quieran, al menos para mí. El problema es que temo que alguien del INDER termine acusándolos de lucrar con la propiedad social que es más o menos lo mismo que dicen cuando algún pelotero se va a jugar a una liga profesional: que son peloteros porque la revolución les enseñó a jugar pelota. Me imagino que el momento más doloroso para un pelotero cubano que “deserta” es aquél en que decide arrancarse la chapilla de inventario.

Les añado como lectura complmentaria un texto perteneciente a Leve Historia de Cuba donde aparecen como temas principales la pelota y la economía escrito en pleno periodo especial.

POST-ÉPICA
Pero a pesar de todo las masas están en movimiento y no hay nada que las detenga.
Federico Engels, 11 de enero de 1890.

Nadie negará que el espíritu que animaba nuestro empeño de construir un mundo nuevo se ha esfumado. Se deteriora la unánime virtud alcanzada tras tanto esfuerzo y no existe voluntad capaz de restaurarla. A nostalgias se reducen los tiempos en que, regidos por el idealismo y el desinterés, veíamos hasta en la aceptación de una propina un acto inmoral. El quebranto de nuestra ética se distingue, incluso, en los menores detalles de la vida cotidiana, como si cada gesto llevara consigo el germen de su disolución. En este estadio, por ejemplo, se puede ver en el desgano de los jugadores una escenificación de la ausencia nacional de deseos. Se nota sobre todo en el equipo anfitrión, con el que simpatizo. Juega éste con un desánimo increíble para una segunda entrada, por mucho que los contrarios hayan marcado ocho carreras al comenzar el partido.
-Apuesto cinco pesos a que da un jonrón- dice uno a mi lado con evidente afán de lucro.
Analizo la situación. Aunque ese jonrón represente dos carreras a mi equipo, no significará un cambio considerable en la situación del partido. Por otra parte, quien batea en este momento atraviesa una mala racha.
-Acepto -respondo mientras observo cómo la actual obsesión monetaria se apresta a dar fin a mi antiguo desinterés.
Por su parte, el jugador, sumido de lleno en la actual crisis de valores, se poncha. Mientras me guardo los cinco pesos en el bolsillo, me quema el alma comprender que mis ganancias se asocian a la desgracia de mi equipo. El de al lado insiste:
-Apuesto diez a que éste sí la bota.
Me avergüenza su optimismo aunque no se me oculta que en él hierve el deseo de recuperar sus pérdidas. Consciente de dar un paso definitivo hacia mi degeneración total, acepto la nueva apuesta. Aunque vuelvo a ganar, mi vecino de gradas insiste en la próxima oportunidad ofensiva de nuestro equipo en la que, a costa del decadente juego de éste, vuelvo a ganar. Sin embargo, no debo acusarme de avaricia si se tiene en cuenta que nuestra moneda ha perdido mucho de su antiguo valor.
Ahora, a la altura de la quinta entrada, a pesar del ensanche de la ventaja adversa, mis ganancias consiguen animarme un poco. Buscando mayor comodidad, he encaramado mis pies sobre el espaldar de la luneta delantera, con lo que de paso proclamo mi renuncia al respeto que me inspiraban la propiedad social y las buenas costumbres. Mi vecino, en cambio, encubre su despecho por las pérdidas, exagerando su descontento con la actuación de nuestro equipo. Como ya no tiene dinero para las apuestas exhibe sus intenciones de discutir. Me pregunta:
-¿Estás contento, eh? ¿Tú no le irás a los otros?
Tranquilo respondo:
-No te imaginas el dolor que me ocasiona todo esto. Pero no por eso dejo de ser realista ni de analizar las cosas tal y como son. Por tu bien te aconsejo que reserves tu optimismo para mejores momentos.
Él, en cambio, vocifera :
-Pues sabrás que este juego se ganará por razones que emanan de mi más viril intimidad (Reconozco que la frase original era más ruda pero ya no le atribuyo al realismo estricto las virtudes que antes le concedía). Alguien que veía el juego frente a nosotros se vuelve y le dice con desenfado a mi vecino:
-¿No me digas? ¿Con el juego doce a cero, a qué tú aspiras?
Esto da inicio a una discusión bastante fuerte. El rival de mi vecino se declara fanático del equipo contrario. Para su desgracia es el único dentro de una compacta agrupación de seguidores del equipo local, quienes se desentienden del juego para enfrentársele. Por el manoteo cada vez más cercano a los rostros contendientes, es de prever la inminencia del choque físico.
Ya comienza. Me parece lógico que cuando una sociedad queda huérfana de objetivos supremos se abran paso las bajas pasiones de las que este chovinismo estúpido es sólo una muestra. Así vemos cómo, por la fuerza de las circunstancias, la estupidez se impone al ideal de fraternidad humana. Todos a mi alrededor le han propinado algún golpe al contradictor. Ahora yace en el piso, justo frente a mí. Para no hacerme sospechoso de simpatizar con los contrarios, le doy unas patadas, que es lo primero que se me ocurre debido a la posición en que está. Luego, recordando mis pasadas apuestas, insisto. Llega la policía con la premura que no demuestra cuando se la necesita de verdad. Me esposan. Como en los momentos actuales descreo profundamente en toda posibilidad de justicia, no intento defenderme. Ni siquiera menciono el hecho de que no he sido el único en pegarle a ese ciudadano y de que, por tanto, todos los que lo hicieron deben acompañarme, pues ya hace rato que dejé de creer en la igualdad. Los policías me conducen sin muchos miramientos. Es sabido que éstos, por alguna perversa razón, se reclutan en la región de origen del equipo contrario. Yo me dejo llevar mansamente. Lo único que puede tomarse como acto defensivo es el ofrecimiento de mis ganancias en las apuestas a cambio de mi libertad. Uno de ellos me rechaza con energía. De todas formas lo entiendo. Nada tiene que ver en esto la integridad moral, improcedente a estas alturas, sino una sana desconfianza hacia nuestra moneda nacional. Es lógico, y además, no me interesa porque, ¿puede afectarme acaso la prisión cuando se tiene la certeza de que la libertad es sólo una quimera?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No me vas a decir que esos peloteros se hicieron peloteros unicamente debido a su talento. Solo algo tan tremendo como la revolucion ha podido actuar como revulsivo y exprimir de cada rincon del pais todo el talento del cual ha sido capaz de dar. si la unica manera de medir el talento son los dolares estas muy jodido porque dudo que a pesar de todo tu esfuerzo por hacerte notar te paguen mucho.

Anónimo dijo...

revulsivo,va
1. adj. y m. farm. [Medicamento o agente] que produce el vómito o sirve para purgar el estómago.

ahora me doy cuenta por qué los peloteros con talento en otros países no llegan a nada, es por falta de una revolu. será por eso que Sri Lanka nunca ha dado un buen bateador designado. y martín dihigo, con el talento que tenía, si hubiera nacido en la revolu olvídense de alex rodríguez ni de hank aaron. es por eso que en las mayores ya sólo juegan los pocos cubanos que se le han escapado al manager en jefe, y la temporada que viene sólo habrá dos equipos, Kva contra realidad virtual. y es por eso que la revolu es glande, porque no sólo exprime todos los rincones del país, sino que saca de ellos omares, linares y no linares, a los que no les da dólares sino Ladas, que en eso se medía el talento por allá, y encima actúa como revulsivo. pero como decía alguien hace unos cuantos posts, si el éxito de la revulu se mide por la calidad de sus peloteros entonces dominicana y puerto rico son los verdaderos faros de la humanidad, y hacia allí deberían encaminarse los buscadores de alternativas al orden mundial. qué les parece ignecio re-monete publicando su sensacional Cien horas con Roselló, o frei Vade Retro sacando Leonel y la religión? qué espera Carilda para tirar un Canto a Balaguer? en lo que sí coincido con el compañero que atiende este blog es en lo de que la revulsu exprime el talento nacional (sobran los ejemplos de talents exprimidos), y hasta el necional, del que es buena muestra. Pero no e lo mimo, niño, y saca la manito del cenicero, sel un ecretor y no ganal dolare que sel un pelotero, y tómate el cerelá, porque lo pelotero bueno ganan millone y lo ecretore en general no, y loj que ganan mucho por ecribir tienen casi siempre memoria de putaj tristej, e normal que un ecretor sea pobre y e hajta sano, mijito, pero lo pelotero bueno ganan millone, niño, y no te haga caca fuera el tiborcito que dejpué Lage viene y me regaña.