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sábado, 1 de agosto de 2026

Diálogo papayéutico



El otro día sostuve un diálogo socrático con la jeba, o con mi señora esposa, como debe decirse en momentos tan sensibles como este. Un diálogo real, no de los que me invento a cada rato. Cualquiera que no la conozca, mujer delicada y sensible donde las haya, pensará que ella es un pretexto para ponerle en su boca palabras mías. O para el que la conozca superficialmente y la piense incapaz de abordar esos temas. Pero da igual ahora que ya nadie cree nada.

Yo: ¿Viste lo último de Luis Manuel?

Ella: No.

Yo: Hablaba de las diferencias de sabor entre las vaginas cubanas y las vaginas extranjeras. O las mismas vaginas en Cuba y en el extranjero.

Ella: ¿Y?

Yo: Que la gente está indignada.

Ella: ¿Qué gente?

Yo: La gente.

Ella: ¿La misma gente que le aplaude a la Diosa la papaya de 40 libras? 

Yo: Más o menos.

Ella: Es que los cubanos nos creemos muy relajados pero en el fondo somos muy solemnes y muy hipócritas.

Yo: Algo de eso hay.

Ella: ¿Esos son los mismos que dicen que cuando la Diosa habla de papaya es una señal de empoderamiento?

Yo: Supongo.

Ella: Allí el único problema que veo es que la Diosa acuse a Luis Manuel de plagio.

Yo: No, lo acusan de chovinismo. De andar diciendo que las vaginas cubanas saben mejor.

Ella: Pues déjenlo que lo piense. Las pobres con el calor y los apagones, de algo deberían sentirse orgullosas.

Yo: Lo que no me queda claro si es una cuestión genética o climática. Si las vaginas cubanas saben mejor por porque son así de fábrica o es una mezcla del calor con la falta de jabón.

Ella: No sé, para gustos se han hecho los sabores. Mira a Generoso.

[Se refiere a Generoso Jiménez, el trombonista de Benny Moré, famoso por sacar a sus parejas a pasear por el mediodía habanero para ponerlas en el punto que deseaba. La anécdota la cuenta muy bien Paquito D’Rivera].

Yo: Entonces ¿no te ofende el comentario vaginal de Luis Manuel?

Ella: ¿Por qué iba a ofenderme? Ya te dije, si la papaya de la Diosa fue un éxito…

miércoles, 23 de julio de 2025

¿Quién le teme a Fernández Era?*


«El humor no tumba ningún sistema», ha dicho en estos días el actor y humorista Osvaldo Doimeadiós y no seré yo quien lo contradiga. No conozco ningún régimen que haya sido derrocado por un chiste aunque existan evidencias de caricaturas que iniciaron el declive de algunos políticos.

Está el caso del corrupto William «Boss» Tweed, al mando de la maquinaria electoral demócrata en Nueva York a mediados del siglo XIX, a quien las caricaturas de Thomas Nast terminaron sacándolo de sus cabales y de su aparentemente inamovible puesto. A Tweed, las sátiras de Nast lo hicieron exclamar: «¡Paren esas malditas caricaturas! Me da igual lo que digan los periódicos sobre mí. Mis electores no saben leer, pero no pueden evitar ver esas malditas caricaturas».

Entiendo lo que intenta hacer Doimeadiós: tratar de disipar la permanente sospecha de peligrosidad social que recae sobre los humoristas cubanos apelando al sentido común. ¿Qué pueden hacer los humoristas frente a un régimen armado hasta los dientes que, encima, controla los principales medios de difusión, la prensa, el sistema educativo y un infinito etcétera? Pero al régimen cubano, especialmente paranoico en cuanto a todo lo que pueda amenazar su poder, no se le puede hacer entrar en razones.

Puede que el totalitarismo cubano haya retrocedido un tanto con respecto a cuando monopolizaba toda la vida social, económica y política del país; pero su lógica de funcionamiento sigue siendo estrictamente totalitaria. Según esa lógica, incluso cuando el régimen no controle todo, hará lo posible por aparentarlo. Por hacerle creer a sus súbditos que todo lo sabe, todo lo ve, todo lo controla, de manera que aquello que lo contradiga también parezca obra suya.

Cierto que el humor nunca podrá derribar un sistema como el cubano, pero puede —aun si no se lo propone— ayudar a desinflarlo, a hacerlo aparecer menos poderoso y temible de lo que aparenta. La risa siempre ha sido un moderado instrumento de subversión, aunque sea como indicador de que le tememos menos a un régimen de lo que este pretende. Cuando un Estado totalitario no tiene más esperanzas que ofrecer, no cuenta con más sistema operativo que el miedo: ya sea el miedo directo y elemental a ser castigado por disentir o aquel bastante más difuso —pero eficaz— que lleva a los súbditos a justificar al sistema por pura inercia o por el recelo que le impone la posibilidad de cambios.

El humor, cuya mejor versión se dedica a desnudar los automatismos mentales y sociales, puede ser un instrumento para sacudirnos la herrumbre mental. No derriba ningún sistema, pero —y que Doimeadiós me perdone— aceita la mente oxidada por tantos años de automatismo totalitario.

No obstante lo anterior, la agresión que sufriera en días pasados el escritor humorístico Jorge Fernández Era excede el asunto de las relaciones entre el humor y el poder. Si en un principio el escritor fue perseguido y castigado exclusivamente por burlarse del régimen por escrito, desde el momento en que Fernández Era pasó a la protesta cívica exigiendo de manera pacífica y casi siempre en solitario «la liberación de todos los presos políticos, el cese del acoso contra los que disienten de las políticas oficiales, la convocatoria a una Asamblea Constituyente, y el no olvido por parte del Estado de aquellos que con los anunciados aumentos de pensión solo serán un tin menos pobres que ahora», se excedió en sus deberes como humorista aunque no en sus derechos como ciudadano.

Fernández Era posee el suficiente coraje intelectual para ver en la censura que trataba de coartarlo el mismo mecanismo que suprime los derechos de todos sus conciudadanos, envía cientos a prisión por expresar su opinión libremente y mantiene al país en una miseria espantosa —empezando por los menos favorecidos por las dádivas del poder—. Un pequeño paso para el humorista y un gran salto para la sociedad.

Conozco a Fernández Era hace casi cuatro décadas y me sorprendió que diera ese paso que lo convertía en enemigo predilecto del Estado y en paria social al punto de ser expulsado por la publicación —dizque independiente— en la que colaboró durante años. En cambio, no me sorprendió en absoluto la tranquila y risueña firmeza con que ha hecho frente desde entonces a la sistemática persecución a la que lo ha sometido la Seguridad del Estado y la persistencia con que cumple su promesa —junto con la profesora matancera Alina Bárbara López— de manifestarse el 18 de cada mes en defensa de los derechos de sus compatriotas. Un gesto, que por quijotesco y desesperado que parezca, tiene una resonancia inusual en calles desoladas por años de exilios, represión y miseria. 

La que sufrió Fernández Era el pasado 18 de julio de 2025 no es una agresión más. Que un teniente coronel con la ayuda de un acólito golpeara a una figura pública en el interior de una estación de Policía y que lo amenazara con asesinarlo con métodos subrepticios indica un salto en la escala represiva. Más, sabiendo que la víctima iba a ser liberada poco después y que —con su habitual osadía — no tardaría en difundir las agresiones de que fuera objeto.

En un país donde la violencia de Estado obedece a una calculada estrategia de amedrentamiento de la población, agresiones como la que sufrió Fernández Era no son asunto de rutina ni debe atribuirse a la iniciativa personal de un esbirro especialmente entusiasta. Si no cumplía instrucciones superiores, el oficial que agredió al escritor lo hizo con la firme convicción de que sería respaldado. Esta agresión no es una prueba más de la maldad intrínseca del régimen sino, sospecho, síntoma de que este ha alcanzado un estado de desesperación tal como para necesitar de esos actos públicos de intimidación. De que se siente débil y de que esa debilidad lo ha vuelto mucho más agresivo y peligroso.

La desproporción entre la amenaza que podría representar Fernández Era y el dispositivo represivo montado a su alrededor invita a considerar lo absurdo del asunto. Pero cuando sucede que un poder ha sido montado y sostenido con base en esas desproporciones, difícil será convencer a los represores de renunciar a lo que les ha dado tan buenos resultados; 66 años seguidos en el poder son la mejor publicidad de los métodos de un régimen cuya única prioridad es esa: controlar un país aun al precio de su misma existencia.

Se llega al punto vergonzoso y fatal, siendo cubano, de citar a Martí: «Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana». Porque de eso se trata, de dignidad.

No creo que Fernández Era se haga ilusiones sobre las posibilidades de que un sexagenario armado solo de la palabra —inteligente y cáustica, es cierto— pueda derrocar a una dictadura no menos sexagenaria. Si ha resistido el acoso, las detenciones, las golpizas, las amenazas contra él y el resto de su familia, no es porque crea que sus continuos actos de valor apacible alcancen resultados concretos. Simplemente, intenta defender su dignidad, ese pacto que ciertos humanos establecen consigo para respetarse mejor, para no ser instrumentos más que de sí mismos.

Ese es un lenguaje incomprensible para un régimen acostumbrado a usar a sus súbditos como medio para algo: carne de cañón, fuente de ingresos, combustible y hasta como mera escenografía. Contra ese señor físicamente endeble que persiste cada semana en escribir su columna de humor, en salir a protestar en silencio cada 18 y en contar por escrito y a detalle los maltratos y amenazas que recibe sin que lo abandone la sonrisa ni la inteligencia, el todopoderoso Estado totalitario se siente extrañamente indefenso, frágil, fuera de sí, incapaz de comprender la extraña lógica de un ser humano decidido a defender su dignidad hasta las últimas consecuencias.

Entiendo la desesperación de los represores que acosan a Fernández Era. Bastante más incluso que el tozudo coraje del escritor. Una desesperación que los puede llevar a cumplir las amenazas de muerte que le hicieron el pasado 18. De cualquier cosa que le pueda suceder a Fernández Era —por accidental que parezca— habrá que culpar en primerísimo lugar al Estado cubano que ha dirigido la represión contra él y al mismo tiempo desatendido sus meticulosos reclamos legales. Y en segundo lugar, deberá culparse a quienes siendo testigos de este circo represivo hemos sido incapaces de asociar la heroica defensa de su dignidad a nuestro propio decoro.  


*Publicado en El Toque

sábado, 18 de enero de 2025

El enano y el cake




Terrible amanecer con la muerte. Con la noticia de la muerte de un amigo quiero decir. Hacía treinta años que no veía a José Tellez, El Enano, pero a falta de una ofensa imperdonable, El Jose, sin acento, es de esa gente a la que tienes por amigo hasta el fin de los días.
Lo conocí como parte de Los Hepáticos ese grupo fantástico donde estaban Omar Franco, Otto Ortiz, Luis Simpson, Carlos Vázquez (Rikimbili) y El Jose. En medio de la sofisticación que imperaba entre los grupos teatrales de humor de la época (La Seña, La Leña, Nos-Y-Otros, Salamanca, Onondivepa, La Piña, Lengua Viva etc) Los Hepáticos preferían un humor más popular, más directo pero igual de inteligente. El sketch de “Los guapos” de Otto y Omar hizo época en aquellos espectáculos en el Carlos Marx a finales de los ochenta a donde los humoristas acudían a entretener al público pero también a ponerse a prueba y deslumbrar a sus colegas.

Luego de la marcha de Omar y Otto del grupo Los Hepáticos se mantuvieron en esa élite del humor teatral cuyo escalafón no aparecía publicado en ningún sitio pero todos los que pertenecíamos al mundillo revisábamos con celo. Un gesto, una exclamación después de cada presentación, la elocuente telegrafía de las cejas, equivalía a un pulgar hacia arriba o hacia abajo en el coliseo romano: “Estos sí”, “estos no”. Los Hepáticos siempre fueron “sí”. Todavía recuerdo de esa época un chiste de Carlos que ya no lo es: “Cuba pertenece al Tercer Mundo con grandes posibilidades de pasar al Cuarto”.

En un principio las apariciones de El Jose en escena eran menores (no pun intended) pero efectivas. A la corrección de las maneras le faltaba décadas por llegar al teatro pero las rígidas reglas del ICRT censuraban la aparición de un enano en pantalla porque supuestamente promovería la burla a los defectos físicos. Jose debía conformarse con exhibir su talento en los escenarios y Los Hepáticos no se cortaban para usar a un enano que le bastaba pararse en el escenario para arrancarle carcajadas al público. Hasta que un día en el teatro Mella El Jose salió solo a escena para soltar un monólogo que nadie esperaba, el de la tragicómica existencia de alguien como él. Alguien a quien la mayor parte de las veces veían más como un protecto de persona. Todas las carcajadas que desató aquel monólogo no bastaron para disimular el estremecimiento de entender que, chistes aparte, El Jose nos hablaba con el corazón en la mano de heridas y humillaciones reales. Ni impidieron que nos metiéramos en su piel de enano negro. No creo que luego de ver ese monólogo con aire shakespereano -como el de Shylock en El mercader de Venecia en versión de enano habanero- alguien siguiera viendo a El Jose -o a los enanos en general, fueran actores o no- del mismo modo.

Ya en mis últimos años habaneros entablamos una relación más cercana. Carlos y Jose buscaban renovar el repertorio del grupo y fueron a visitarme a La Víbora donde vivía con Eida. O alguna vez los fui a ver a una termoeléctrica donde trabajaban como técnicos con uniforme y una seriedad que no haría sospechar que su verdadera vocación era hacer reír. 

No perteneciendo a la plantilla de ningún grupo no era extraño que buena parte de estos en algún momento me pidieran algún texto para representar. Lo distinto fue el tremendo agradecimiento que me mostraron Carlos y Jose cuando les escribí un par de sketchs (creo que uno iba sobre un circo romano y otro sobre un juego de pelota ¿o eran uno los dos?) ese agradecimiento que distingue a la gente bien nacida y bien criada -disculpen el anacrcronismo- del resto. Carlos, al notar que colábamos el café con un calcetín viejo al rato nos trajo una cafetera italiana. Hablo de la época más oscura de la república de Cuba hasta que la de ahora mismo le ganara en oscuridad, cuando la entrega de una cafetera era el equivalente medieval de regalar medio reino.

Pero El Jose subió la parada. Se apareció nada menos que con un cake hecho por su madre cuyos ingredientes bien podían equivaler a meses de racionamiento. Solo que El Jose no contaba con una cosa: hacía semanas que Eida y yo llevábamos separados. “Cuando se lo dije se puso más chiquito de lo que era” me contó Eida por teléfono. Hacía rato que yo había aprendido a medir a la gente más allá de su estatura. Gestos como ese, un cake en medio del apocalipsis, son el mejor epitafio de cualquiera.

No volví a ver a Jose desde aquellos días y ahora es tarde para agradecerle de nuevo lo mucho que me conmovió su regalo. Ahora, cuando la muerte debe haberlo encogido más que cuando se apareció en La Víbora con un cake en las manos, sobra todo lo que no sea el agradecimiento de haberlo tenido entre nosotros. Sobra incluso la última pregunta que tenía pendiente: Coño Jose, ¿por qué no contestas mis mensajes?


P.S. de Armando Tejuca: "Hoy estaba recordando algo que quizás olvidaste. En tus últimos días en Cuba me pasaste varios amigos. Nos veíamos con algún amigo y como si se tratara de una herencia me decías "tu sigue la amistad con este que ya me voy". Un día me llamaste y me dijiste que tenías el compromiso de escribir un monólogo para Tellez, "el enano" y que ya no te daba tiempo, me dejabas su teléfono y su amistad y el compromiso de que yo le escribiera algo. Y en unos días te piraste. Lo llamé y nos vimos dos o tres veces en varios lugares y me lo encontraba a cada rato y lo primero que hacía era preguntar por tí. Siempre en bicicleta. Comencé a escribir algo, Tellez era Hitler. Odiaba a los hombres imperfectos y a los negros. Escribí dos o tres párrafos para darme cuenta que me había metido en tremendo rollo. Aquello del racismo y el poder se me fue de las manos y preferí quitarme del humor escrito. O sea, tus herencias fueron amigos y de frente contra el poder. Cada vez que vi a Tellez después en tv o las redes recordaba aquellos días de bicicletas y Aquelarres. Sé cuánto le apreciabas y lo siento mucho. Un abrazo".

martes, 14 de mayo de 2024

Discurso de graduación de Jerry Seinfeld en la Universidad de Duke, 2024

 




¡Ay dios mío! ¡Qué hermoso día! ¡Qué hermosa clase! ¡Los amamos chicos!

Estoy aquí hoy por la gentil invitación del Presidente Price y de la Junta Directiva de Duke. Después de pasar cuatro años en la que se considera una de las mejores instituciones de educación superior del mundo, aparentemente sienten que tal vez un poco de entretenimiento ligero los ayude a ustedes a darse cuenta por fin: “¿Sabes? Creo que ya he estado lo suficiente en este lugar”.

“¡Traigamos a un comediante! Rebajemos un par de niveles la sofisticación y la erudición de la experiencia Duke”.

Y pensé, “tal vez eso tenga sentido”. Tal vez la idea fue: Lo que realmente queremos es que estos muchachos se vayan de aquí. ¿Cómo darles un último empujón?

Porque lo que tal vez no sepan es que durante todo el tiempo que han estado en esta maravillosa universidad, hemos estado conociendo y hablando con otros muchachos con los que nos gustaría reemplazarlos. No porque no estuviéramos contentos con ustedes. Para nada. Han sido magníficos. Solo queríamos ver qué podemos encontrar por ahí. No quiero decir exactamente con cuántos muchachos hablamos. . . son aproximadamente esta cantidad. Y conocimos a muchos muchachos maravillosos, muchísimos. ¿Hubo algún momento en el que nos emocionó que vinieran aquí para aprender, crecer y florecer? Por supuesto que lo hubo. Pero ese tiempo ha pasado. Ofrecemos programas de posgrado en varias disciplinas diferentes si ustedes y sus padres quieren estirar su tremenda inutilidad durante unos años más.

No puedo imaginar lo hartos que están de oír hablar de seguir su pasión. Yo digo, al diablo con la pasión. Encuentren algo que puedan hacer. Eso sería genial. Si intentan algo y no funciona, también está bien. La mayoría de las cosas no funcionan. La mayoría de las cosas no son buenas. Esto ya lo han aprendido durante su corta vida. Salen de casa. Vuelven. ¿Cómo estuvo la fiesta? Eh... no estuvo mal.

Por eso todo el mundo se esfuerza tanto por entrar aquí. Duke en realidad es buena. La universidad es el botón cuadrado para discapacitados que abre las puertas a la vida. A menos que sean esas pesadas puertas de madera de Western Union, porque esas te matarán. Dejen de lado esta idea de que tienen que encontrar esa gran cosa que es “mi pasión, mi gran pasión”, con la camisa abierta y los pectorales hinchados. Eso da pena. Simplemente estén dispuestos a hacer su trabajo lo más duro que puedan con toda la capacidad que tengan. No necesitamos la respiración agitada y los brazos extendidos de la pasión. No incomoden a los compañeros de trabajo del cubículo de al lado. Busquen algo que los fascine. La fascinación es mucho mejor que la pasión. Y no hace sudar tanto.

Les daré mis tres verdaderas claves en la vida. Esta parte es en serio. Las claves son: Número uno, rómpete el culo. Número dos, presta atención. Número tres, enamórate.

El número uno, obviamente ya lo conocen. Hagan lo que hagan (no me importa si es el trabajo, un pasatiempo, la pareja o conseguir una reserva en M Sushi), hagan un esfuerzo. El simple esfuerzo puro, estúpido, sin tener una idea real de lo que están haciendo, siempre produce un valor positivo, incluso si el resultado es lo opuesto de lo deseado. Esta es una regla de vida. “Hazle swing a la pelota y reza” no es un mal enfoque para muchas cosas.

Número dos. Presten atención. Si están en un pequeño sumergible que parece una ocarina gigante y van a visitar el Titanic, a siete millas de profundidad en el fondo del océano, y el capitán del barco está usando un controlador de Game Boy, presten atención a eso. ¿Qué están mirando ahí abajo? Oh, ya veo lo que pasó: este barco se hundió. Ahora entiendo por qué nunca llegó a puerto. Si los peces a tu alrededor tienen los ojos como Shelley Duvall y una linterna de seguridad colgando de la cabeza, no deberían estar allí. Si los peces dicen: "No puedo ver nada", ustedes tampoco lo verán.

Número tres. Enamórense. Es fácil enamorarse de la gente. Sugiero enamorarse de cualquier cosa, cada vez que puedan. Enamórense de su café, de sus zapatillas, de su plaza de parqueo para discapacitados. Me he divertido mucho en la vida enamorándome de objetos físicos estúpidos y sin sentido. El objeto que más me gusta es el bolígrafo Bic transparente: 1,29 dólares la caja de diez. Puedo enamorarme del interruptor del intermitente de un automóvil, de una masa de pizza que se hunde con la cantidad justa de presión. Realmente he pasado mi vida enfocándome en las cosas más pequeñas imaginables, completamente ajeno a todos los grandes problemas de la vida. Encuentren algo en lo que les gusten las partes buenas y no les importen demasiado las malas. Busquen una tortura con la que se sientan cómodos. Este es el camino dorado hacia el triunfo en la vida. El trabajo, el ejercicio, las relaciones, todos tienen un componente de pura tortura, y todos valen la pena al mil por ciento.

Privilegio es una palabra que ha sido vapuleada últimamente. El privilegio hoy parece ser lo peor que puedas tener. Me gustaría tomarme un momento para defenderlo. Una vez más, muchos de ustedes estarán pensando: No puedo creer que hayan invitado a este tipo. Demasiado tarde. Les digo: usen su privilegio.

Crecí siendo un niño judío en Nueva York. Ese es un privilegio si quieres ser comediante. Si contaba una historia graciosa a mis familiares, ellos decían: “¡Así no se cuenta ese chiste! ¡La prostituta tiene que estar detrás de las cortinas cuando entre la esposa!”

Vinieron a Duke. Ése es un privilegio increíble. Ahora tengo un doctorado honorario en humanidades y, si puedo descubrir cómo usarlo, lo haré. No lo he descubierto todavía. Creo que es tan útil en la vida real como este batilongo de graduación que llevo puesto. ¿Y qué? Me lo llevo. Mi punto es que nos avergonzamos de cosas de las que deberíamos estar orgullosos y orgullosos de cosas de las que deberíamos avergonzarnos. Cuando estaba escribiendo mi serie de televisión, teníamos muchos chicos de Harvard. Eran fantásticos, pero nunca pude entender por qué estos chicos estaban tan avergonzados de haber estudiado en Harvard. Nunca hablaban de eso. Nunca lo mencionaban. No me refiero a Harvard ahora, me refiero a como era antes. No lo creerán: Harvard solía ser una gran universidad. Ahora lo es Duke.

No oculten su fabulosa educación. Se la han ganado. Estén orgullosos de ella. No se lo digan a la gente con quien juegas al pickleball justo antes del sacar: "¡Hey, ahí va un saque de Duke '24!" Pero si surge algo, si alguien les pregunta, no lo digan mirando hacia abajo, hundiendo el dedo gordo del pie en el suelo. Cuando alguien pregunte: "¿A qué universidad fueron?" digan: "Fui a Duke". Observen bien cómo tragan en seco.

La IA, por otro lado, es lo más vergonzoso que jamás se haya inventado durante el tiempo que lleva la humanidad sobre la Tierra. Oh, no pueden hacer ese trabajo. ¿Es eso lo que me están diciendo? ¿No tienen idea? Ésa parece ser la justificación de la IA: no podemos hacerlo. Esto es algo de lo que avergonzarse. La campaña publicitaria de ChatGPT debería ser lo opuesto a la de Nike: simplemente no puedes hacerlo. Hacer cerebros falsos es arriesgado. Frankenstein lo demostró. Era tan tonto que pensó que un monstruo necesitaba una chaqueta deportiva. Y no se trataba de una cata de vinos: estaban aterrorizando a los aldeanos. Nadie les diría: "Lo siento, señor Stein, esta noche sólo pueden entrar con chaqueta". Lo que me gusta es que somos lo suficientemente inteligentes como para inventar la IA, lo suficientemente tontos como para necesitarla y más estúpidos todavía como para no poder determinar si hemos hecho lo correcto.

Hacer el trabajo más fácil, ese es el problema. Estar obsesionados con llegar a la respuesta, completar el proyecto, producir un resultado, cosas válidas todas. Pero no es ahí donde radica la riqueza de la experiencia humana. Las únicas dos cosas a las que debes prestar atención en la vida son el trabajo y el amor. Cosas que se autojustifican con experimentarlas, y ¿a quién le importa el resultado? Dejen de apresurarse hacia lo que percibe como un fin exitoso. Aprendan a disfrutar del gasto de energía que puede o no hacerse en la dirección correcta.

Ahora, si han estado en este increíble lugar durante cuatro años y aún no tienen idea de lo que les gusta, lo que les interesa o lo que quieren hacer en la vida, son los más afortunados de todos. Aquellos de ustedes que piensen que saben lo que quieren hacer probablemente estén equivocados y tal vez incluso sobreestimen su capacidad para hacerlo. Están convencidos de que saben quiénes son y qué está pasando en el mundo, pero no lo saben. Cuanto menos seguros y confiados se sientan en la dirección en que van, más sorpresas y emociones tendrán. Eso es bueno. Entonces, cuanto más pronto hayan conseguido encontrar su camino, más aburrida y predecible será su vida. Si hoy están sentados aquí completamente confundidos, sintiéndose perdidos, a la deriva y totalmente abandonados, es posible que incluso sean unos barcos. Yo los felicito. Son los ganadores de la graduación de Duke de 2024. Están a punto de emprender un viaje increíble.

Respecto al trabajo, ¿saben lo que siempre dicen?: “Nadie mira hacia atrás en su vida y desearía haber pasado más tiempo en la oficina”. ¿Por qué? ¿Por qué no lo hacen? ¿Adivinen qué? Depende del trabajo. Si aceptan un trabajo estúpido que odian y no lo dejan, es culpa de ustedes.

No culpes al trabajo; el trabajo es maravilloso. Definitivamente no recordaré mi vida deseando haber trabajado menos. Si no es así como te sientes en el trabajo, renuncia. En tu hora de almuerzo, desaparece. Haz que la gente diga: "¿Qué le pasó a ese tipo?" "No sé. Dijo que salió a buscar algo de comer y nunca regresó”.

Lo único que sé sobre la pandilla que está aquí: todos ustedes son abejas obreras. Y lo digo como el mayor cumplido. Amo las abejas. Sociedad hermosa, asombrosa y elegante. Hice una película de dibujos animados sobre abejas que quizás hayan visto cuando eran niños. Si alguno de ustedes se sintió un poco incómodo con el trasfondo sexual en la relación entre Barry the Bee y Vanessa, la florista que le salva la vida, me gustaría disculparme ahora. Puede que no lo haya calibrado perfectamente. Pero yo no lo cambiaría.

Y este es probablemente el punto más importante que me gustaría plantearles hoy aquí en relación con el humor. Voy a intentar comunicarme con un par de generaciones para contarles lo más importante que sé sobre la vida. Tengo 70 años. Ya estoy de salida. Ustedes recién están comenzando. Sólo quiero ayudarlos. La sensación un poco incómoda que causa el humor está bien. No es algo que deban arreglar. Admiro totalmente las ambiciones de su generación de crear una sociedad más justa e inclusiva. Creo que también es maravilloso que se preocupen tanto por no herir los sentimientos de otras personas en millones de maneras en las que todos lo hacemos, cada segundo de cada día. Es lindo querer arreglar esas cosas, PERO—todo en mayúsculas—PERO, hay algo que necesito decirles como comediante: no pierdan el sentido del humor. No pueden tener idea en este momento de su vida de cuánto van a necesitarlo para salir adelante. La vida no tiene suficiente sentido para que puedan sobrevivir sin humor. Y sé que todos ustedes aquí van a utilizar todo su cerebro, músculos y alma para mejorar el mundo, y sé que van a hacer un trabajo excelente. Y cuando estén al final de sus vidas, como lo estoy yo ahora, apuesto que el mundo, gracias a ustedes, será un lugar mucho mejor. Pero incluso así no tendrá mucho sentido. Será un desastre mejor, diferente, pero aún así será bastante loco. Y vale la pena soportar alguna incomodidad para a cambio de unas risas. No pierdan eso. Incluso si es a costa de resentimientos ocasionales, está bien. Tienen que reírse. Eso es lo único que al final de sus vidas no desearán haber hecho menos. El humor es la cualidad más poderosa y esencial para la supervivencia que jamás tendrán o necesitarán para navegar a través de la experiencia humana.

La otra cosa que veo que desconcierta a mucha gente hoy en día es pensar: "Tengo que ganar tanto dinero como pueda". Personalmente creo que el verdadero juego es: quiero tener el mejor trabajo. Cuando comencé como comediante, no pensaba que fuera gracioso. Pensé que era un poco gracioso, pero que tal vez no tendría que ser tan gracioso. Sólo tenía que ser lo suficientemente divertido como para alimentar a una persona. Y podía hacerlo con una barra de Wonder Bread y un frasco de mantequilla de maní. Una barra de pan y un poco de mantequilla de maní. Ese era mi plan real. Eso es lo que piensas cuando no tienes una educación de Duke. Sólo quería tener este trabajo cool. Y cool es una palabra que no se define fácilmente. Realmente es lo que crees que es cool. Simplemente elijan lo que crean que es mejor. Eventualmente ganarán dinero, de alguna manera. Intenten no pensar tanto en ello. Veo que esto confunde mucho a la gente. Déjenlo un poco a un lado. No piensen en tener, piensen en llegar a ser. Tener está bien, pero concéntrense en llegar a ser. Ahí es donde está todo.

Y sé que ni siquiera están escuchando este discurso. Está bien. Yo tampoco lo haría. Se están graduando, están pensando en ustedes mismos o revisando el móvil para ver por dónde anda el camión de mudanzas, y todo eso está bien. Pero no pierdan el humor. Olvídense del resto, del título y del privilegio. A todos los que están aquí les irá fantásticamente bien sin nada de eso. Todos ustedes, sin lugar a dudas, son los mejores de los mejores. Simplemente no pierdan el humor. No es un accesorio, es la botella de agua en el largo y brutal camino de la vida. Y el humor nos da la verdadera perspectiva de la tontería de todos los humanos y de toda la existencia. Por eso no deberán perderlo. Intenten disfrutar algo la tontería de todo esto. Y les deseo suerte y amor. ¡Gracias por el título falso y el batilongo ridículo!

¡Felicitaciones, Duque 2024!

jueves, 14 de diciembre de 2023

E.B. White y el humor

 



E.B. White no fue solo el autor de libros para niños como Stuart Little y La telaraña de Carlota. También fue en su época el m’as importante colaborador de la famosa revista The New Yorker y editor de una de las más importantes antologías del humor en Estados Unidos conocidas hasta la fecha A Subtreasury of American Humor (1941) para la cual además de escoger los textos escribió el prólogo. Una versión modificada de dicho prólogo fue incluida en una colección de sus ensayos bajo el título “Some remarks on Humor”. Hasta donde sé nunca ha sido traducido al español de manera que traduzco a la carrera algunos fragmentos que me parecen especialmente interesante. Dejo fuera sus referencias a humoristas concretos de la época y me concentro en las consideraciones generales del autor sobre el tema.

Algunos comentarios sobre el humor

Por E.B. White

Los analistas la han tomado con el humor y he leído alguna de sus intentos interpretativos, pero no parecen estar muy bien preparados para ello. El humor puede ser diseccionado como una rana, pero al igual que esta muere en el proceso y sus entrañas son muy desalentadoras para cualquiera que no tenga una mente científica pura.

El otro día, en un noticiero, vi a un hombre que había desarrollado las pompas de jabón hasta un punto nunca antes alcanzado. Se había convertido en el as de las pompas de jabón de Estados Unidos. Había perfeccionado el negocio de hacer burbujas, lo había refinado, multiplicado e incluso había conseguido crea él mismo una manera conveniente de hacer espuma. El efecto no fue bonito. Algunas de las pompas eran demasiado grandes para ser hermosas, y el soplador siempre estaba saltando dentro o fuera de ellas, o haciendo algún tipo de truco poco atractivo con estas. Era, en todo caso, un espectáculo bastante repulsivo. El humor es un poco así: no soportará mucho que lo inflen, y no soportará muchos pinchazos. Tiene una cierta fragilidad, una elusividad que uno debería respetar. Esencialmente es un completo misterio. Un cuerpo humano convulsionado por la risa, una risa que va volviéndose histérica y sin control, está tan desequilibrado como el de alguien sacudido por el hipo o en medio de un ataque de estornudos.

Una de las cosas que comúnmente se dice sobre los humoristas es que son gente realmente muy triste: payasos con el corazón roto. Hay verdad en ello, pero está mal expresada. Sería más exacto, creo, decir que hay una profunda vena de melancolía que corre por las vidas de todos y que un humorista, quizás más sensible a ello que otros, lo compensa de forma activa y positiva. Los humoristas engordan con los problemas. Hacen que el problema siempre termine pagándola. Pasan trabajo de buena voluntad y soportan el dolor alegremente, sabiendo bien cómo eso les va a servir en el futuro. Los encuentras luchando con lenguas extranjeras, peleándose con tablas de planchar y cañerías reventadas, sufriendo la terrible incomodidad de unas botas demasiado ajustadas. Ellos ahogan sus penas rentablemente en una forma que no es ficción pero tampoco es la realidad. Debajo de la brillante superficie de estos dilemas fluye la fuerte marea de la congoja humana.

Prácticamente todo el mundo es de alguna manera maníaco depresivo, con sus altas y bajas y no tienes que ser humorista para saborear la tristeza de una situación y estado de ánimo. Pero, como todo el mundo sabe, a menudo hay una línea bastante fina entre la risa y el llanto, y si un escrito humorístico lleva a la persona al punto en que sus respuestas emocionales no son confiables y parecen propensos a convertirse en lo opuesto es porque el humor como la poesía tiene algo extra. Juega cerca de ese gran fuego caliente que es la Verdad. Y a veces el lector siente el calor.

Al mundo le gusta el humor, pero lo trata con condescendencia. Se condecora los artistas serios con el laurel y sus bromistas con coles de Bruselas. Se siente que si algo es divertido se puede suponer que no es del todo grandioso, porque si fuera verdaderamente grandioso sería totalmente serio. Los escritores lo saben, y quienes se toman su personalidad literaria muy en serio se esfuerzan mucho por no asociar nunca su nombre con nada divertido, frívolo, sin sentido o "ligero". Sospechan que perjudicaría su reputación, y tienen razón. Muchos poetas hoy firman con su nombre real sus versos serios y con un seudónimo sus versos cómicos, no estando dispuestos a que el público los conozca más que en sus momentos pensativos y pesados. Es una prudente precaución. (De los que a menudo son también malos poetas).

Cuando estaba leyendo algunos de los diarios paródicos de Franklin P. Adams, me encontré con esta entrada, del 28 de abril de 1926:

Leído el libro de H. Canby, Better Writing, muy excelente. Pero cuando dice: "Para cualquier escritor, el sentido del humor vale oro", no estoy de acuerdo con él con vehemencia. Porque los escritores que tienen mayor valor no tienen, me parece a mí, ningún sentido del humor; y creo también que si lo hubieran tenido, habría sido algo terrible para ellos, porque los paralizaría tanto que no escribirían nada. Porque al escribir, la emoción debe ser más atesorada que el sentido del humor y ambos suelen entrar en conflicto".

Ésa es una buena observación. El conflicto es fundamental. Existe constantemente, para cierto tipo de persona de alto control emocional que trabaje creativamente, el peligro de llegar a un punto en el que algo se resquebraje dentro de sí mismo o se quiebre dentro del párrafo en construcción y se convierta en una risita. He aquí, pues, el meollo mismo del conflicto: la forma cuidadosa del arte y la forma descuidada de la vida misma. Lo que hace un hombre con esta risita no solicitada (que puede parecer un sollozo, por cierto) decide su destino. Si la resiste, la esconde, la destruye, puede mantener intacto su esquema arquitectónico y salvar su edificio, y el mundo nunca lo sabrá. Si cede, se convierte en humorista, y el borde afilado de la gorra del tonto dejará una marca para siempre en su frente.

Estoy seguro de que no hay ningún humorista vivo que no recuerde ese día, en las primeras etapas de su carrera, cuando alguien a quien amaba y respetaba lo arrinconó ansiosamente y le preguntó cuándo iba “a escribir algo serio”. Ese día es memorable, porque le da al hombre una pausa para darse cuenta de que la estrella brillante que está siguiendo no es de primera magnitud.

Creo que la estatura del humor debe variar un poco con los tiempos. El bufón de la corte en la época de Shakespeare no tenía un estatus social y no era mejor que un lacayo, pero tenía cierto estatus artístico y era escuchado con considerable atención, habiendo una bien fundada creencia de que tenía la verdad escondida en algún lugar de su persona. Artísticamente es probable que estuviera por encima del humorista actual, quien ha ganado en posición social pero no el oído de los poderosos. (¡Piensen en los problemas que el mundo se ahorraría si le prestara atención al sin sentido!) Un poeta narrativo en la corte, cantando grandes hazañas, disfrutaba de una posición más alta que la del bufón y se le permitía vestir bien; sin embargo, sospecho que el cantante de baladas era más a menudo un títere de segunda categoría, halagando líricamente a su monarca, mientras que el bufón debe a menudo haber sido un personaje de primer nivel, dando buenos consejos a su monarca con malos juegos de palabras.

jueves, 26 de octubre de 2023

¿QUÉ ES MASOQUISMO? ¿Y TÚ ME LO PREGUNTAS?*


Por Ramón Fernández-Larrea

En la noche del pasado sábado 21 de octubre, ediciones Furtivas, en coordinación con la Fundación Cuatro Gatos, presentó el libro Historia y masoquismo, del narrador, ensayista y humorista Enrique del Risco, en la sala Artefactus. Esta este es el texto sintetizado de esa presentación, que estuvo a cargo de Ramón Fernández-Larrea.

Yo iba a acusar a Enrique del Risco por ponerme triste. Pero es mi amigo, lo admiro y he comprendido que lo único que hace es ponerse triste él mismo analizando la realidad cubana y transmitirlo. Porque la realidad cubana afecta más que un virus inventado en un laboratorio chino, tal vez porque Cuba, a partir de 1959, se convirtió en el laboratorio de un científico loco que se amaba a sí mismo y odiaba a la humanidad, incluyendo al chino de su hermano.

Al final, uno entiende que Enrisco, o Enrique del Risco, no es dueño de sí mismo, como tampoco lo somos nosotros, y que nos gobiernan, dirigen, orientan desde arriba nuestras obsesiones, que son las de analizar, enterarnos y comentar “la cosa”, esa cosa que llevamos más de 64 años mencionando en voz baja, siempre con la muletilla final de lo mala que está o qué mala se está poniendo la cosa.

Esa “cosa” nos reúne hoy en torno al autor de esta compilación de análisis de la cosa, que él, alejado esta vez de la mirada incendiaria del humor, ha titulado Historia y masoquismo, que nos hace pensar a qué parte pertenecemos nosotros: si a la historia o al masoquismo, o, tal vez, a un masoquismo que ha hecho historia, porque todos vivimos bajo, en medio, chapoteando en aquella “cosa”. Así que le echo mano a un poeta como Gustavo Adolfo Bécquer y digo, parafraseándolo: “¿Qué es masoquismo? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Y tú me lo preguntas? Si te gustaba la cosa y también que te clavaran esa pupila, y fuiste capaz de gozar con eso, masoquismo eres tú”.

¿Qué es el tan mentado síndrome de Estocolmo? Si alguien muy elemental pensara que es que a uno le gusta mucho Estocolmo en particular y Suecia en general, y no quiere moverse de allí, puede ser una buena interpretación. Pero si en tu Estocolmo personal te dan constantemente patadas por salva sea la parte y lo denuncias o te marchas, eso formará parte de la historia, pero si te llega a gustar y te quedas, o te vas y regresas porque las extrañas, ya eso es masoquismo.

“El cubano puede seguir arrogante como siempre, pero la autoestima la siente lesionada”, ha dicho Enrisco en una reciente entrevista. Y vemos con horror cómo aún funcionan el triunfalismo más elemental y la desastrosa idea de que los cubanos sufrimos más que nadie, pero somos lo mejor en todo: bailando, haciendo chistes o en el combate y el sexo. Como si fuéramos una civilización importante en la historia de la humanidad. No habitamos en la antigüedad en el valle del Nilo; sin embargo, el Nilo vino a nosotros y se instaló en nuestro lenguaje cotidiano con pesimismo después del accidente de 1959, y todos nos decíamos: Ni lo pienses, ni lo intentes.

Del Risco insiste en que miremos en esa desconfianza que sembró el régimen en nosotros para hacernos sentir culpa. “De esa desconfianza, dice, se nutren sistemas como el cubano para conseguir que la gente dependa de ellos y para que no se ponga de acuerdo para actuar de manera diferente”. Recuerdo la idea de un proyecto burlesco sobre una organización considerada contra revolucionaria formada en su totalidad por miembros del ministerio del interior infiltrados en ella, que espiaban a cada uno de los otros miembros sin saber que todos eran agentes.

¿De dónde nacen los regímenes totalitarios como el comunismo, el más letal de todos? El autor se pregunta y se responde: “¿Qué tienen en común alemanes, italianos, rusos, polacos, cubanos, venezolanos, albaneses, checos, húngaros, chinos, coreanos del norte o camboyanos? Para mí lo único que los une son esos momentos de crisis -no necesariamente económica- que han sabido aprovechar individuos, partidos o potencias con muchas ambiciones y muy pocos escrúpulos”.

Enrique Del Risco nos invita a que hurguemos en la trastienda, aclarado ya que no es en lo sexual, “aquello que solo se revela en negativo -las dosis de humillación que esconde el anhelo por lo perfecto- de los regímenes totalitarios”. Porque, para compartir una experiencia, dice él en su introducción, una experiencia tan atroz como la del comunismo, primero hay que entenderla, y nos facilita claves no solo para entender qué pasado vivimos y qué futuro pudiéramos desear, si es que existe, porque “en realidad nos obsesiona saber cuánto de aquel régimen que despreciamos fue erigido por nosotros mismos, cuánto de él llevamos dentro”.

Porque, también explica puntualmente el autor: El totalitarismo -en Cuba como en cualquier sitio-, más que un régimen político, es una cultura, una civilización, una costumbre. «La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre», nos dejó escrito un pensador renacentista, y Enrisco explica y amplía: “Costumbres que persiguen a muchos donde quiera que vayan para convertirse en añoranzas atroces: se llega a extrañar las colas, las escuelas al campo, la carne y los muñequitos rusos, las series policiacas de exaltación a la chivatería, la salsa de tomate autóctona, los cantautores comprometidamente plañideros, la chusmería militante y la militancia chusma”.

Uno arrastra casi para siempre esos recuerdos, porque así vivimos y qué otra vida vamos a recordar, aunque haya sido terrible. Yo mismo, recién salido de la isla y en otra isla llamada Tenerife, miraba en derredor y bajaba la voz cuando iba a hablar de la situación cubana o mencionaba el maldito nombre de Fidel Castro. Me sorprendí muchas veces diciendo que, durante el período especial en Cuba, el apagón que más me gustaba era el de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde. Eso es masoquismo envasado al vacío, como repetir los nombres de sitios que fueron rebautizados por la revolución, o recordar con nostalgia frases de canciones como esa que pide que le cran que es feliz abriendo una trinchera, sin entender que eso es masoquismo en estado puro.

A los que estamos acostumbrados al humor brillante de Enrique del Risco, advierto que en este libro no hay humor, más allá del bisturí con el que él delimita los bordes del dolor que nos provocan los autoritarismos. Te puedes reír del dolor, pero no de gozo, porque eso sería precisamente masoquismo. Sino como una manera de abrirnos las heridas y entender cómo fue que nos fuimos acostumbrando a ellas y por qué perdonamos, de alguna manera, a quienes nos las provocaron, porque pensamos que es perdonarnos a nosotros mismos.

 *Tomado de ADNCuba

Homenaje a la revista Humor Sapiens en su X aniversario



Soy de los que piensa que el concepto de “humor inteligente” es una tautología. Como “blanca leche” o “hielo frío”. A ese nivel. Soy de los que asume que la caída de un gordo en la calle puede dar risa (siempre que el gordo en cuestión tenga seguro médico) pero no es necesariamente humor. Así de impertinente puedo ser, de machacón con la idea de que esa variante de lo gracioso que llamamos humor es más que mera contracción de músculos faciales y exhibición de dentadura. De los que viven convencidos de que para que el humor se produzca debe implicar al menos un par de sinapsis cerebrales, de neuronas que choquen, se sorprendan y hasta se alegren de haberse conocido.

Pero -a esta edad que me ha caído encima mientras hacía otras cosas- no me hago ilusiones. El mundo es como es y no como uno quiere, lo cual, dicho sea de paso, es mejor para el mundo y hasta para uno. Hoy, cuando el trabajo de los humoristas va siendo desplazado por videos minúsculos que desde cualquier parte del mundo repiten el viejo chiste del gordo que se resbala en la calle -calles cada vez distantes y exóticas, eso sí-, urge recordar que la risa no solo no está reñida con la inteligencia, sino que la segunda debiera ser condición básica de la primera. Esto es lo que hace de una manera ejemplar una revista como Humor Sapiens. Desde su título hasta cada uno de los artículos y entrevistas que publica Humor Sapiens asocia con naturalidad elementos que la inercia social va volviendo extraños y hasta excluyentes como la risa, la inteligencia y nuestra común -aunque poco ejercida- humanidad.

martes, 25 de julio de 2023

¿La Bobería? de Zumbado o de qué hablábamos cuando hablábamos de humor


Durante mi remota infancia allá por los años setenta, cuando los juegos olímpicos los ganaban países que hace rato no los encuentras en los atlas, la sección de humor de la revista Bohemia daba más pena que risa. Aparte de la página de “Humor internacional” -con sus caricaturas de náufragos y mujeres celosas que esperaban al marido detrás de la puerta con un rodillo- era difícil incluso intuir que se trataba de una sección de humor. Estaban las caricaturas de Ñico de un viejo con su perro y los insuperables artículos de un tal Mongo P.: no recuerdo haber superado nunca el primer párrafo. ¡Y miren que es fácil entretener a un niño con ganas de reírse! Esas crónicas supuestamente costumbristas de Mongo P. se bastaban para cuestionar el sentido de la campaña de alfabetización. ¿Para qué aprender a leer si en lugar de un Eladio Secades tenías que espantarte al tal Mongo P.? Así y todo uno, como mismo hay nostálgicos de los muñequitos rusos, uno se aficionaba a aquellos bodrios al punto de tener la costumbre de empezar a leer la Bohemia por las últimas páginas. Si no te reías con los pocos chistes al menos podías descubrir alguna curiosidad ortográfica o un chisme de Hollywood. Cualquier cosa era mejor que el resto de una revista dedicada a comentar la maldad imperialista y a entrevistar a obreros ejemplares y directores de la pujante industria especializada en producir artículos que nunca verías en las tiendas.

Aunque pareciera imposible llegó el momento en que la sección de humor de Bohemia empeoró. Ni siquiera Ñico ni Mongo P. Así hasta el 24 de octubre de 1986. En el número correspondiente a esa fecha apareció una nueva sección “¿La Bobería?” -usando como logo una imagen de El Bobo de Abela- a cargo del más atrevido y talentoso escritor humorístico de entonces, el siempre recordado Héctor Zumbado. Allí estaba con su columna “Una de cal y una de sal”, la entrega semanal de “La Bobocracia” del caricaturista Arístide, la sección de caricaturas internacionales renovada con dibujantes argentinos y el añadido de escritos satíricos sobre la cotidianidad socialista que era la misma que en Cuba solo que los nombres rusos tienen el inconveniente de que se te olvidan de un párrafo al siguiente. También había textos de humoristas cubanos, entre ellos los de Nos-Y-Otros, que eran de lo mejor del humor escrito del momento, pero que hasta entonces no habían aparecido en las páginas de la venerable revista dedicada a combatir la codicia yanki y exaltar los logros de una economía concentrada en reproducción de artículos invibles a los ojos pero no al corazón.


La renovación de la sección humorística de Bohemia era parte de la pequeña y breve revolución en los medios que se vinieron dando en aquellos tiempos en que los aires de reformas soplaban nada menos que desde Moscú. Cuatro páginas de cien: ese era el alcance de la revolución encabezada por Zumbado: como si en la toma del Palacio de Invierno los bolcheviques apenas hubieran podido conquistar la garita del portero. (Esa revolución discreta también ocurrió en otros medios -la sección “El látigo con cascabeles” de la revista Alma Mater, El Programa de Ramón, en Radio Ciudad de La Habana- pero nunca en el Granma o en la televisión que a la que lo único que la distinguía del Granma era la telenovela brasileña). Ahora podías atreverte a lanzar críticas indirectas al sistema, siempre tímidas y ensañadas con la proverbial cadena, en lugar de con el mono: los burócratas de baja estofa en lugar de los que decidían su contenido de trabajo o las croquetas en lugar del Ministerio de la Industria Alimenticia. Pero incluso esas minucias se veían como un gran atrevimiento y hasta tenías que invocar los cambios que estaban ocurriendo en la Madre Patria del comunismo para asegurarte, si no inmunidad, al menos no conocer de primera mano el decorado interior de Villa Marista.

Pero Zumbado sabía que para llevar adelante una sección como la que tenía en mente no podía contar con los Mongo P. del momento, firmes aliados del analfabetismo. Ni bastaba con publicar cuentos soviéticos con aquellos nombres que se te olvidaban tres líneas después. De ahí que en el propio número de octubre del 86 en “¿La Bobería?” apareciera una convocatoria para que los humoristas “profesionales o aficionados, viejos o jóvenes, literarios o gráficos, solteros o infelices” mandaran sus colaboraciones a la sección. Y en efecto, en los siguientes meses y años desfiló por las últimas páginas de Bohemia lo mejorcito que iba surgiendo de las nuevas generaciones de humoristas: Nos-Y-Otros, los miembros de la Leña del Humor (Carlos Fundora, Pible, Eduardo Triana y Bao), Jorge Fernández Era, Camilo Hernández, Pablo H., Garrincha y Alexis Núñez Oliva, que escribía y publicaba más que todos los demás juntos. En “¿La Bobería?” también aparecía lo mejor del humor en español del momento como el colombiano Daniel Samper y hasta clásicos europeos como Alphonse Allois. Como para que la gente se enterara de qué hablábamos cuando hablábamos de humor.

También había mucha morralla en “¿La Bobería?”, todo hay que decirlo. Porque aquel llamado democrático atrajo a cuanto carcamal pujón o nuevo aspirante a viejo carcamal pujón había en la isla. Me imagino las acrobacias que tuvo que hacer Zumbado para disimular que su apuesta era por el humor más atrevido y punzante porque entonces no lo salvaría ni el mismísimo Gorbachov. Y publicó a todo el que pudo. Por publicar me publicaron hasta a mí, orondo de ver mis textos en la más antigua y venerable de las revistas cubanas, reino de administradores socialistas y obreros vanguardias en cuyas páginas habían aparecido alguna vez los artículos de Jorge Mañach y Mongo P.. A los 20 años te perdonan muchas cosas, gracias a que la gente todavía espera que estés a tiempo de no echarte a perder del todo.

 



El asalto al cielo de las últimas cuatro páginas de Bohemia no duró mucho. El del 3 de marzo de 1989 apareció por última vez “¿La Bobería?” bajo el cuidado de Zumbado (Ecured se equivoca al decir que Zumbado trabajó en Bohemia del 86 al 88). A partir de entonces 
“¿La Bobería?” apareció bajo la supervisión del caricaturista Cecilio Avilés a quien al parecer el sentido del humor se lo cercenaron en la infancia y nunca consiguieron reimplantárselo, uno de los fracasos más vergonzosos de la medicina revolucionaria. Se siguieron publicando textos y caricaturas de humoristas jóvenes y talentosos pero, sin la aguda inteligencia de Zumbado para elegir cierto humor y defenderlo ante sus superiores a “¿La Bobería?” le iba quedando cada vez menos. Al mes siguiente pasó Gorbachov por La Habana, nuestro particular Mr. Marshall, y no pareció tener mucha química con el cacique local. Unos cuantos generales y coroneles fusilados después quedó claro que la cosa iba en serio. Y cuando la cosa va en serio no hay oficio más peligroso que el de hacer reír: allí donde fusilan Héroes de la República a los Bufones de la República los desaparecen sin que nadie pregunte por ellos.


Columna de Zumbado publicada el 16 de febrero de 1990 tres días después de la golpiza que lo dejara incapacitado para escribir de por vida

Luego de dejar la dirección de “¿La Bobería?” Zumbado siguió publicando allí su columna “Una de cal y una de sal” casi por un año. El 13 de febrero de 1990 una misteriosa golpiza -que Ecured no menciona en su ficha biográfica- lo dejó incapacitado para escribir o hablar con propiedad por los próximos 26 años, hasta su muerte en 2016. Como sus columnas siguieron siendo publicadas tiempo después de la golpiza, asumo que las tenía escritas de antemano. La noticia de lo ocurrido con el fundador de “¿La Bobería?” no se dio sino hasta el 9 de marzo para anunciar el motivo por el que se interrumpía la publicación de sus columnas. Decirle noticia es decir mucho. Apenas se anuncia que "en días pasados el compañero Héctor Zumbado sufrió un accidente que provocó que le intervinieran quirúrgicamente" y se desea que pronto "pueda deleitarnos con su buen humor".




Extraña manera de comportarse con quien años después lo abrumaran con homenajes y hasta el "Departamento de Personalidades Afectadas" del Mincult se dignara a asignarle pensión de 40 CUC mensuales. Porque, eso sí, la generosidad de la Revolución es infinita.


sábado, 1 de julio de 2023

Carta de apoyo al humorista Jorge Fernández Era

 


Más de cien artistas de diversos ámbitos relacionadas con el arte de hacer reír nos hemos unido para ofrecer nuestro apoyo público a nuestro colega Jorge Fernández Era, injustamente perseguido en su país por hacer su trabajo. Invitamos a los colegas que lo deseen a expresar su apoyo a la causa de Fernández Era, que es la de todos nosotros y pueden empezar firmando esta carta:

 

Hay que reír para ver


Nosotros, humoristas, artistas y escritores, denunciamos la campaña de acoso y descrédito que se ha lanzado contra nuestro colega Jorge Fernández Era. Fernández Era, una referencia para el humor cubano durante cuatro décadas ha sido editor y autor de varios libros, ha galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales a lo largo de carrera. Pese a lo anterior en los últimos tiempos el escritor ha sido excluido en todos los medios con los quecolaboraba, se le ha prohibido viajar al exterior y encima se le ha condenado aun año de arresto domiciliario por el simple delito de satirizar la realidadcubana. Consideramos que, como cualquier humorista, Fernández Era está cumpliendo con su deber: satirizar las deficiencias de su sociedad. Las autoridades cubanas no están cumpliendo con el suyo persiguiéndolo. Disculpen por recordarles su contenido de trabajo, pero es deber de un gobierno arreglar lo que no funciona en su país, sin hostigar a los que intentan hacer reír con lo que funciona mal, tarea tan difícil que lo que merece es un premio.


Se nos dirá que con la prisión domiciliaria se le evita a Fernández Era entrar en contacto con una realidad que tanto le incomoda, pero tenemos entendido que el escritor es mayor de edad y debe permitírsele salir de su casa si es su deseo, aunque sea para tropezarse con todo lo que no parece agradarle. Los humoristas son así de masoquistas, pero el masoquismo es una de las tantas opciones de las que disfrutamos los adultos. Por otra parte, creemos que si los imperialistas y sus secuaces insisten en que en Cuba no hay derechos, está muy feo que la policía y la Seguridad del Estado le den la razón al imperialismo.


Por todo lo anterior, exigimos públicamente que cese inmediatamente la persecución contra un colega que no ha hecho otra cosa que cumplir con su deber como humorista y ejercer sus derechos como ciudadano. Si no saben en lo que consisten los deberes de un humorista y los derechos de un ciudadano, prometemos explicárselo en una nueva carta, con muchas más firmas.

 

Pepe Pelayo, humorista y escritor, Cuba-Chile

Ulises Toirac, humorista, Cuba

Leo Maslíah, músico, escritor, Uruguay

Sergio Langer, humorista gráfico, Argentina

Asier Sanz Nieto (Asier), humorista gráfico, España

Alexis Valdés, actor, comediante, Cuba-Estados Unidos

Luis Pescetti, escritor, cantautor, humorista, Argentina

Lázaro Saavedra, artista visual, Cuba

Rigoberto Ferrera, actor, guionista y director, Cuba

Xavier Bonilla (Bonil), humorista gráfico, Ecuador

Évora Tamayo, escritora, Cuba-Estados Unidos

Alen Lauzán, humorista gráfico, Cuba-Chile

Rodolfo Fucile, caricaturista, Argentina

Jorge Bacallao, actor, guionista y escritor, Cuba

Ana von Rebeur, humorista gráfica y escritora, Argentina

Fermín Gabor (Antonio José Ponte), escritor, Cuba-España

Omer Padillo Cid, presidente de la Fundación Celia Cruz, Cuba-Estados Unidos

Raúl Gutiérrez Villanueva, compositor, músico, director de orquesta, Chile

Alexis Núñez Oliva, escritor, productor, Cuba-México

Yoyi Cordero, comediante, Colombia

Nelson Gudín, (El Bacán de la Vida), actor, Cuba

Guillermo Bastías (Guillo), humorista gráfico, Chile

Pavel Giroud, cineasta y escritor, Cuba, Cuba-Estados Unidos

Marilena Nardi, caricaturista e ilustradora, Italia

Alberto Jerez Benítez (JEREZ), humorista gráfico,

Omar Lameda, comediante, Venezuela

Conrado Cogle (Boncó Quiñongo), actor, comediante, Cuba-Estados Unidos

Julio Rodríguez El Nené, comediante, Colombia

Rolando Díaz, cineasta, Cuba-España

Ángel Boligán, humorista gráfico, Cuba-México

Alejandro Davalos, comediante, Argentina

Álex Costa, comediante, Costa Rica

Zulema Cruz, comediante, Cuba-Estados Unidos

Gustavo Rodríguez (Garrincha), humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Aramís Quintero, poeta, narrador, humorista, Cuba-Chile

Jota Pineda, comediante, Colombia

Santiago Cornejo (Corne), humorista gráfico, Argentina

Ramón Fernández Larrea, escritor, Cuba-Estados Unidos

David Comedia , comediante, Venezuela

Claudia Valdés, actriz, Cuba-Estados Unidos

Yoss (José Miguel Sánchez Gómez), escritor, Cuba

Ramsés Morales, humorista gráfico, Cuba-Suiza

Iván Camejo, humorista, Cuba-Estados Unidos

Camilo de Ory, poeta, narrador y articulista, España

Carlucho, humorista, Cuba-Estados Unidos

Ian Padrón, cineasta, Cuba-Estados Unidos

Igor Queipo , comediante, Venezuela

Wilmar Verdecia, humorista gráfico e ilustrador, Cuba-Francia

Joel Sánchez, escritor, actor, Cuba-Colombia

Martin Russo , comediante e imitador, Argentina

Leandro Pérez Praino, miembro de Nos y Otros, Cuba-Estados Unidos

Carlos (Pillin) Marrero, actor, Cuba-Estados Unidos

Aleanys de la Cotera (Cuqui la Mora), comediante, Cuba-Estados Unidos

Roberto Silva “Monky”, comediante, Puerto Rico

Armando Tejuca, humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Alex Pelayo, humorista gráfico, ilustrador y diseñador, Cuba-Chile-España

Enrique Gallud Jardiel, escritor, teatrista y académico, España

Omar Franco, actor, Cuba

Andy Vázquez, actor, Cuba-Estados Unidos

Ricardo Meruane, humorista escénico y audiovisual, Chile

Yin Pedraza Ginori, productor televisivo, escritor, Cuba-España

Aristides Pumariega (Aristide), humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Mariza Bafile, editora, Venezuela-Italia

Enrique Del Risco (Enrisco), escritor, Cuba-Estados Unidos

Jorge Luis Sánchez, actor, Cuba-Estados Unidos

Juan Carlos Cremata, cineasta, Cuba-Estados Unidos

Marian García, editora, Venezuela

Wilfredo Torres, humorista gráfico y diseñador, Cuba

Dayana Figueroa Artigas (Yaya Panoramix), actriz, Cuba-Italia

Luis Sánchez Verdeguer, escritor, poeta y articulista, España

Luis Felipe Calvo Bolaños, escritor, Cuba-México

Omar Santana, humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Jairo Peláez (Jarape), caricaturista, Colombia

Eliecer Jiménez, cineasta, Cuba-Estados Unidos

Lester García, escritor, Cuba

Visti Cárdenas, cantautor y guionista, Cuba

Asdrúbal Hernández, editor, Venezuela

Rebeca Ulloa Sarmiento, escritora, Cuba-Estados Unidos

Camilo Hernández, guionista, Cuba-Estados Unidos

Félix Caballero, escritor, humorista y periodista, España

Rodolfo Alpízar, traductor y escritor, Cuba

Eduardo Triana (ET), actor, escritor, Cuba-Estados Unidos

Reuben Morales, humorista y Profesor de Comedia - Venezuela-Colombia

Ernesto Chao Galbán, escritor y productor, Cuba-España

Habey Hechavarría, director teatral, Cuba-Estados Unidos

Elías Krimker, escritor y articulista, Argentina.

José Antonio Roche García, actor, Cuba-España

Brady Izquierdo, caricaturista, ilustrador y pintor, Cuba

Jorge Luis González Herrera, actor, Cuba-Estados Unidos

Karoll Williams, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Mario Barros, escritor, guionista, actor, Cuba-Estados Unidos

Luis Simpson, actor, Cuba-Estados Unidos

Francisco García González, escritor, guionista, Cuba-Canadá

Dayana Contreras, actriz, Cuba-España

Alberto Maceo, actor y fotógrafo, Cuba-Alemania

César Pérez, escritor, Cuba-Estados Unidos

Armando León Viera, escritor, Cuba-España

Roberto San Martín, actor, Cuba-Estados Unidos

Tony ExFlaco, actor, Cuba-Estados Unidos

Siro Cuartel, escritor, Cuba-Estados Unidos

Javier Marimón (Jacobo Londres), escritor, Cuba-Puerto Rico

Olivia Sofía Manrufo, actriz, Cuba-Perú

Adrián Mas, actor y comediante, Cuba-Estados Unidos

Javier Berridy, humorista, Cuba-Estados Unidos

Yoshvani Medina, dramaturgo, Cuba-Estados Unidos

Tony Benítez, presentador y comediante, Cuba-Estados Unidos

Yasser Villazán (Calderón de la Canoa), escritor, Cuba-Chile

Jorge Ferdecaz, actor, Cuba-Estados Unidos

Jorge Sotolongo, comediante Cuba-Estados Unidos

Ariel Díaz El Mayamero, comediante, Cuba-Estados Unidos

Pedro Lorenzo, escritor, Cuba

Jorge Ferrera, actor, director teatral, Cuba-España

Aldo Luberta, escritor, Cuba-Paraguay

Marcos García, actor y guionista, Cuba

Yobani Bauta, humorista, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Miguel Grillo Morales, productor y empresario, Cuba-Estados Unidos

Osvaldo Gutierrez Gomez "Osval", caricaturista, Cuba

Carlos A. Aguilera, escritor, Cuba-República Checa

Eva Badacsonyi, cineasta, Hungría

Carlos Otero, presentador de televisión, Cuba-Estados Unidos

Léster Cano, cineasta, Cuba-Alemania

Orlando Luis Pardo Lazo, escritor, Cuba-Estados Unidos

Natacha Herrera, periodista, Cuba-Estados Unidos

Ivette Falcón, músico, Cuba-Estados Unidos,

Mario Félix Lleonart, pastor, Cuba-Estados Unidos

Guillermina de Ferrari, profesora, Estados Unidos

Mabel Cuesta, escritora y profesora, Cuba-Estados Unidos

Jorge Dalton, cineasta, Cuba-El Salvador

Pablo Garit (Pible), humorista, Cuba-Estados Unidos

Ketty de la Yglesia, actriz, Cuba-Estados Unidos

Alejandro Aguilar, escritor, Cuba-República Dominicana

Vilma Vidal, profesora, Cuba-Canadá

Vanito Brown, músico, Cuba-Estados Unidos

Roberto Carcassés, músico, Cuba

Michel H. Miranda, escritor y profesor, Cuba-Estados Unidos

José Fernández Pequeño, escritor, Cuba-Estados Unidos

Jorge Luis Arzola, escritor, Cuba-Alemania

Ariel Mancebo, humorista, Cuba-Estados Unidos

Elvis Fuentes, director del Museo de Coral Gables,

Eduardo Sarmiento, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Ramfis Suárez, artista visual, Cuba

Haydeé Milanés, cantante, Cuba

Guillermo A. Belt, escritor, Cuba-Estados Unidos

Alejandro Gutiérrez, cineasta, Cuba

Rosa Marquetti, musicógrafa, Cuba

Bebo Cárdenas, músico, Cuba-Estados Unidos

Frank Padrón, escritor y crítico de arte, Cuba

Roberto Madrigal, crítico de cine, Cuba-Estados Unidos

Salvador Blanco, periodista y actor, Cuba-Estados Unidos

Laideliz Herrera, escritora, Cuba

Danay Vigoa, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Douglas Arguelles, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Sandra Cordero, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Alexis Romay, escritor, Cuba-Estados Unidos

Ernesto Menendez-Conde, crítico de arte, Cuba-Estados Unidos

Raúl Durán, actor, Cuba-Estados Unidos

Ernesto Santana, escritor, Cuba-Estados Unidos

Boris Larramendi, músico, Cuba-Estados Unidos

Naday Balbuena, productora, Cuba-Estados Unidos

Daniel Díaz Mantilla, escritor, Cuba

Paquito D’Rivera, músico, Cuba-Estados Unidos

Hilda Landrove, investigadora, Cuba-México

Esther María Hernández, profesora, Cuba-Estados Unidos

Sindo Pacheco, escritor, Cuba-Estados Unidos

Meyken Barreto, historiadora del arte, Cuba-Estados Unidos

José Delgado "Delga" caricaturista. Cuba-Estados Unidos

Jairo Alfonso, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Julio Llopiz-Casal, artista visual, Cuba-España

Inés Casal, profesora, Cuba

Gleyvis Coro Montanet, poeta, Cuba-España

Abilio Estévez, escritor, Cuba-España

Yesenia Fernández, investigadora, bailarina y coreógrafa, Cuba-Estados Unidos

Carlos Lechuga, cineasta, Cuba

Óscar Gil Gutiérrez, escritor y periodista, Colombia

Simone García Bacallao, artista visual, Cuba

Rafael Díaz Casas, crítico de arte, Cuba-Estados Unidos

George Yudice, escritor, investigador, profesor, El Salvador-Estados Unidos

Dean Luis Reyes, crítico de cine, Cuba

Rolando Sánchez Mejías, escritor, Cuba-España

Claribel Terré Morell, escritora, Cuba-Argentina

Eduardo del Llano, escritor y cineasta, Cuba

José Luis Aparicio Ferrera, cineasta, Cuba

Tania Quintero, periodista, Cuba-Suiza

Alberto Garrido, escritor, Cuba-República Dominicana

Jorge Hernández, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos

Marcial Gala, escritor, Cuba-Argentina

Andrés Pi Andreu, escritor, Cuba-Estados Unidos

Zeyda Rodríguez Santana, escritora, Cuba-Canadá

Lissette Bustamante, periodista, Cuba-Estados Unidos

Aitor Iraegui, escritor, España

Rosie Inguanzo, actriz, Cuba-Estados Unidos

Simone García Bacallao, artista visual, músico, Cuba

Legna Rodríguez Iglesias, escritora, Cuba-Estados Unidos

Alejandro Aguilera, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Luis Alberto Mariño Fernández, músico, Cuba-Argentina

Alina Bárbara López Hernández, profesora universitaria y editora, Cuba.

Cristina Obín, actriz, Cuba.

Emma Artiles, artista plástica, actriz y escritora.

Juanpín Vilar, director de televisión y cine, Cuba.

Ricardo Figueredo, productor y director de cine, Cuba-Argentina.

Alex Fleites, poeta, Cuba.

Teresa Cárdenas, escritora, Premio Casa de las Américas, Cuba.

Gustavo Arcos Fernández, profesor universitario y crítico de arte, Cuba.

Katia Siberia, periodista, Premio Nacional Juan Gualberto Gómez, Cuba.

Cirenaica Moreira, fotógrafa, Cuba.

Diana Reyes Barrena, cineasta, Cuba-Argentina.

Gerardo Fernández Fe, escritor, Cuba-Estados Unidos

Pablo Jesús Socorro, escritor y periodista, Cuba

Eddy Oña Era, profesor de Ingeniería Mecánica, Cuba-Estados Unidos.

Alexander Hall Luzardo, activista afrodescendiente, Cuba.

Laura Llópiz, diseñadora gráfica, Cuba.

Amaury Ramírez Malberti, músico, Cuba.

Marta Castillo, decoradora, Cuba.

Arturo Mesa, traductor y escritor, Cuba-Estados Unidos.

Miryorly García Prieto, historiadora del arte, Cuba.

Yelanys Hernández Fusté, periodista y publicista, Cuba-Estados Unidos.

Carolina de la Torre, sicóloga e investigadora cultural, Cuba.

Ivette García González, historiadora y profesora universitaria, Cuba.

Reinier Díaz Vega, actor, Cuba.

Héctor Zumbado (hijo), profesor universitario, Cuba-Ecuador.

Armando González Plasencia, artista plástico, artista plástico, Cuba.

Luisa Florez Madam, escritora, Cuba-Canadá.

Jorge Ángel Pérez, escritor, Cuba.

Alfredo Rivera, ingeniero eléctrico, Cuba-Estados Unidos.

Lupe Fuentes, periodista, Cuba.

Manuel García Verdecia, escritor, Cuba

José Luis Rodríguez Prieto, camarógrafo de cine, Cuba-Estados Unidos.

Laritza Camacho, actriz, escritora, locutora y guionista, Cuba.

Blanca Rosa Roldán, directora de televisión, Cuba-España.

Susana Barriga, cineasta, Cuba.

Annia Sánchez, actriz y profesora de Voz y de Actuación, Cuba-Paraguay.

Maité Hernández Lorenzo, periodista teatral y escritora, Cuba.

Jorge Méndez Calás, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos.

Lídice González Parrado, socióloga y fotógrafa, Cuba-Serbia.

Jesús Arencibia Lorenzo, periodista y profesor universitario, Cuba.

Ileana Pérez Drago, arquitecta, Cuba-Estados Unidos.

Leonardo Romero Negrín, activista, Cuba.

Nancy Granados, ONG AVNB, Cuba.

José Luis Rumbaut, periodista, Cuba-México.

Estrella Marrero, arquitecta, Cuba-Estados Unidos.

Marcos Medina, actor humorístico, Cuba.

Lisandra Martín Martín, actriz, Cuba.

Hilda Otero, profesora de Historia, Cuba-España.

Mireya Silva, ingeniera y músico, Cuba-Chile.

Gladys Rodríguez Goicuría, entrenadora deportiva, Cuba-Francia-España.

Luis Hernández Cancio, ingeniero, Cuba-República Dominicana.

Alfredo Castellanos Collazo, orfebre, Cuba.

Yamel Santana Valdés-Hernández, filósofo y fotógrafo, Cuba-Serbia.

Nelson Beatón, dramaturgo, Cuba.

Roberto Govín, actor, Cuba-España.

Tomás López, camarógrafo, Cuba.

Olga Lidia Vázquez Castellón, economista, Cuba-Estados Unidos.

Ernesto Antonio Vázquez Castro, cineasta, Cuba-España.

Yania Suárez, periodista y escritora, Cuba.

Alian Aramis, memero y actor, Cuba.

Jenny Pantoja Torres, historiadora, Cuba.

Nilda Neyra Ramos, entrenadora deportiva, Cuba-España.

Luz Virginia Chávez, seguridad en Telemundo, Cuba-Estados Unidos.

Eider Matos, director comercial Sirmec Surl, Cuba.

Andrea González, graduada Relaciones Internacionales, Cuba-Países Bajos.

Ileana Prieto Jiménez, sicóloga y escritora, Cuba-Estados Unidos.

Zenia Caridad Pardo Santos, farmacéutica, Cuba.

Andrés Pastor Jiménez, actor, Cuba.

José Luis de la Maza Martínez, médico, Cuba.

Vera Kopylov, traductora, Cuba-Israel.

Alfredo Rafael Ballesteros, realizador radial, Cuba-Guyana.

Yoany Santana González, productora de espectáculos, Cuba.

Marta Ibis López, productora de arte, Cuba.

Katherine Peña Rodríguez, defectóloga, Cuba.

Maritza Hernández Peña, memera, Cuba- Estados Unidos.

Lester Rodríguez, artista visual, Cuba.

Mirurgia Junco, especialista en Endoscopia,Cuba

Aslam Ibrahim Castellón, fotorreportero, Cuba.

Caridad Álvarez Busto, profesora de Educación Musical, Cuba.

Iván Capote, dramaturgo, Cuba.

Yanetsy Pino Reina, escritora, Cuba

Dyelsi Jiménez, presentadora y directora de TV y radio, Cuba

Diego Bas, productor de TV y podcaster, Argentina

Renata Guitart, periodista y editora, Cuba- Estados Unidos

Luis Leonel León, periodista y escritor, Cuba- Estados Unidos

Rubén Moro, músico, Costa Rica

Zenaida Aldama, periodista y editora, Bolivia

Yunior García Aguilera, director teatral, Cuba-España

Reinaldo Gutiérrez, arquitecto, Estados Unidos

Anamely Ramos, profesora y activista, Cuba

Katia Gutiérrez, escritora y editora, Cuba

Carnota, humorista, Cuba

Camilo Venegas, escritor, Cuba-Reública Dominicana

Manuel Sosa, escritor, Cuba- Estados Unidos

Lisset Martínez Harryman, historiadora del arte, Cuba- Estados Unidos

Eduardo López, científico, España

Alfredo Pong, humorista gráfico, Cuba- Estados Unidos

Rolando Arco, escritor, Cuba- Estados Unidos

Alejandro Frómeta, músico, Cuba- Estados Unidos

Kizzy Macías, performer, Cuba- Estados Unidos

Ricky Castillo, músico, podcaster, Cuba- Estados Unidos

Arturo Matute, profesor, Cuba- Estados Unidos

Luis Miguel Cruz, profesor, Cuba- Estados Unidos

Tania Bruguera, artista visual, Cuba

Mónica Simal, profesora e investigadora, Cuba- Estados Unidos

Alexander Silva, actor, Cuba- Estados Unidos

Fausto Canel, cineasta, Cuba- Estados Unidos

Alicia Alonso, músico y compositora, Cuba- Estados Unidos

Lilo Vilaplana, cineasta, Cuba- Estados Unidos

Jorge I. Domínguez, editor, Cuba- Estados Unidos

Amir Valle, escritor, editor y periodista, Cuba-Alemania.

Waldo Saavedra González, artista plástico, Cuba-México.

Wilfredo Cancio Isla, periodista y profesor, Cuba-Estados Unidos.

Mauricio De Miranda Parrondo, economista y profesor, Cuba-Colombia.

Jorge Molina, cineasta, actor y productor, Cuba.

René Arencibia, director de cine y televisión, Cuba.

Joaquín Borges Triana, Premio Nacional de Periodismo Cultural, Cuba.

Enoel Oquendo, actor y humorista, Cuba.

Rita García Morris, directora del Centro de Reflexión y Diálogo, Cuba.

Gabriel Jarquin Velázquez, artista visual, Cuba.

Nuvia Estévez, escritora, Cuba-Estados Unidos.

Yamilka Lafita Cancio, historiadora del arte, curadora y diseñadora, Cuba.

Daniela Odette Peral de la Osa, filósofa y productora de eventos, Cuba.

Belkis Perurena Lancha, médico, Cuba.

Alejandra Pino Díaz, arquitecta, Cuba.

Fernando Lobaina, escritor, Cuba-Canadá.

Hermes Entenza, pintor y escritor, Cuba.

Karla Zumbado, hija del Maestro Héctor Zumbado, Cuba-Estados Unidos.

Juan José Martínez, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos.

Rosa María Sánchez González, bibliotecaria, Cuba.

Omara Mirabal López, cibernética matemática, Cuba-Estados Unidos.

Danny Rojo, músico, Cuba-Estados Unidos

Pablo Moya, músico, Cuba-Estados Unidos

Leonardo Govín, músico, Cuba-Estados Unidos

Elmer Ferrer, músico, Cuba-Canadá

José Luis Bergantiños, humorista, Cuba-España

Juan Terrazas, humorista gráfico y director del Museo de la Caricatura, México

Gisela Labrada, escritora, Cuba-Estados Unidos

Mónica salicetti, historiadora, Estados Unidos

Luca Rego, director de marketing, Reino Unido

René Espí Valero, músico, Cuba

Lourdes Dávila, bailarina y profesora, Puerto Rico

Jorge Olivera, escritor, Cuba

Ares Marrero, escritora, Cuba-Alemania

Juan Ruiz, músico, Colombia

Yankilé Hidalgo, profesora, Cuba-Ecuador

Héctor Valdés Cocho, periodista, Cuba-Estados Unidos

Jorge Maletá Cociña, músico, Cuba-España

Salvador Casanova, periodista, México

María Cardus Moya, enfermera, España

Gina Maneri, traductora, Italia

Manuel Alvarez Junco, artista gráfico, España

Patricia Porini, activista, Francia

Agustín Sánchez González, historiador del humor, México

Gordon Poston, artista gráfico, Estados Unidos

Marialba Pastor. Profesora e investigadora, México

Eduardo Abela Torrás, artista visual, Cuba.

Alex Falco, caricaturista y artista visual, Cuba.

Esteban Insausti, cineasta, Cuba.

Carlos Quintela, cineasta, Cuba.

Mario Guerra, actor, Cuba.

Kaloian Santos Cabrera, fotoperiodista y docente, Cuba-Argentina.

Teresa Fernández de Juan, psicóloga, investigadora y escritora, Cuba-México.

Maikel Cerralvo Peñate, escritor y actor humorístico, Cuba.

Abel Tablada de la Torre, arquitecto y profesor, Cuba.

Marta Cabrera, lic. en Historia del Arte y museóloga, Cuba-Estados Unidos.

Johanna Jolá Álvarez, ingeniera y trabajadora por cuenta propia, Cuba.

Leonel Hernández Sánchez, músico y fotorreportero, Cuba.

Cary Nimia Rodríguez Tudela, profesora y trabajadora por cuenta propia, Cuba.

Ana María Popowski Lamas, actriz y sonidista, Cuba.

Norma Lilian Busquet, licenciada en Educación, Cuba-Estados Unidos.

Alina Arcos Fernández-Britto, médico, Cuba.

Sonnia Moro, historiadora y feminista, Cuba.

Pedro Manuel González Reinoso, actor y escritor, Cuba.

Orlando Silvio Silvera Hernández, artista plástico, Cuba-Estados Unidos.

Anabel Mieres Pérez, periodista, Cuba.

Yamilia Fernández Herrera, mantenimiento comunitario, Cuba-Canadá.

José Ángel Bastart Ortiz, especialista control de plagas, Cuba-Canadá.

Isabel Pérez Campos, meteoróloga, Cuba.

Elihú Pérez Campos, defectóloga, Cuba.

Omara Mirabal López, cibernética matemática, Cuba-Estados Unidos.

Ana Ivis Cáceres de la Cruz, escritora, Cuba.

Ivette Corcho, diseñadora, Cuba.

Milena Silva, economista, Cuba.

Armando Saúl Cotrina, actor, Cuba.

Ariel Alfonso, abogado, Cuba.

Manuel Somoza, ingeniero, Cuba-Estados Unidos.

Annia Faílde, diseñadora, Cuba-España.

José Nuevo Reyes, profesor de deportes, Cuba.

Carlos Daniel Sarmiento Barlet, director teatral, Cuba.

Yoenia Estrada Corpas, profesora y cuentapropista, Cuba.

Alejandro Arencibia Torres, especialista en Derecho Penal, Cuba-Brasil.

Maryanelys Pereda Pileta, médico, Cuba.

Alicia Pérez, médico, Cuba-Estados Unidos.

Liliana de Zayas Leygonier, asesora contable y fiscal, Cuba-España.

Alfredo Reyes Sánchez, licenciado en Derecho, Cuba.

Nilda Bouzo, artista plástica, Cuba.

Jorge Cervantes Álvarez, profesor de Educación Física, Cuba.

Rubén Moro, trovador, Cuba-Costa Rica.

Inés Margarita Torres Rivero, doctora en Ciencias de la Educación, Cuba.

Yobana Ferrer, bibliotecaria, Cuba.

Pedro Luis García Macías, asistente de prensa radial y librero, Cuba.

Ricardo Fernández, graduado en contabilidad, Cuba-Estados Unidos.

Cristina Noval, técnico de la salud, Cuba-Estados Unidos.

Maytee Olivera Vega, médico, Cuba.

Leonel Rodríguez Pozada, taxista, Cuba.

José Antonio de la Rosa, electricista y cuentapropista, Cuba.

Abdel Legrá Pacheco, diseñador de artículos deportivos, Cuba.

Elba C. Hernández, licenciada en Español y Literatura, Cuba-Estados Unidos.

Gloria E. García, ingeniera mecánica, Cuba-Estados Unidos.

Marlis Serrano, peluquera, Cuba.

Paulina Castillo Proenza, técnico medio en OTS, Cuba-Estados Unidos.

Kenia Rodríguez Poulout, especialista en Recursos Humanos, Cuba.

Gustavo Hernández García, maestro jubilado, Cuba.

Mirna Cruz Acosta, artesana, Cuba.

Walberto Lóriga Peña, profesor universitario y doctor en Ciencias, Cuba.

Pedro Pablo Bacallao Perdomo, dibujante y pintor, Cuba.

Raúl Mecías, economista, Cuba-Estados Unidos.

Ramses Cruz, operador de planta de agua, Cuba-Estados Unidos.

Anaivis Cáceres, poeta, Cuba-Estados Unidos

Magdalena López, investigadora, profesora, Venezuela

Yamil Liranza, humorista, Cuba-Chile

Lía Villares, artista visual, músico, Cuba-Estados Unidos

Miriela Rodríguez, fotógrafa, Cuba-España

Fe Pérez Dovale, profesora, Cuba-Estados Unidos

Pablo Simo, profesor, Cuba-Francia

María Isabel Alfonso, profesora, Cuba-Estados Unidos

Maura Candelaria, arquitecta, Cuba-Estados Unidos

Marcial Lorenzo Escudero, dramaturgo, director teatral, Cuba-Estados Unidos

Nanne Timmer, poeta, profesora, Países Bajos

Carlos Heredia, funcionario ONG, Cuba-Suecia

Jorge Luis García Fuentes, actor, dramaturgo, director teatral, Cuba-México

Maikel López, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos

Alicia García, editora, Cuba-Estados Unidos

Jorge Brioso, profesor, escritor, Cuba-Estados Unidos

Jairo Grijalba Ruiz, musicólogo, Colombia

Radosman Gutiérrez, ingeniero informático, Cuba-Suecia

Claudia Virgós, funcionaria ONG, Cuba-España

Karina Geada, traductora, Cuba-Estados Unidos

Jorge Sarduy, economista, Cuba-Estados Unidos

Yevheniia Velykdan, directora de programa, Irlanda

Iris Yermak, funcionaria ONG, Estados Unidos

 

Enlace a la peticion:

 

https://chng.it/G9Y8XyyQpG