Blog personal y casi tan íntimo como una enfermedad venérea pensado también para liberar al pueblo cubano, aunque sea del aburrimiento. Contribuyentes: Enrisco (autor de “Obras encogidas” y “El Comandante ya tiene quien le escriba”), su alter ego, la joven promesa de más de cincuenta años, Enrique Del Risco. Espacio para compartir cosas, mías y ajenas, aunque prefiero que sean ajenas. Quedan invitados a hacer sus contribuciones, y si son en efectivo, pues mejor.
miércoles, 15 de julio de 2026
A Argentina le gusta Netflix
El partido entre Inglaterra y Argentina fue un malentendido. Inglaterra pensó que se trataba de un juego de fútbol pero en realidad era un capítulo más de la miniserie que está filmando Argentina desde el principio del campeonato. Hollywood puro, puro Netflix. Una miniserie en la que los capítulos llevan por título los equipos rivales “Cabo Verde”, “Egipto”, “Suiza” y el guion es siempre más o menos el mismo: un equipo guiado por un jugador veterano que han desahuciado por su avanzada edad se enfrenta a rivales feroces que luego de ir ganando un tramo del partido son derrotados por la astucia del veterano y sus compinches en los minutos finales del juego, casi siempre con la ayuda del hada Fifa que lo mismo anulaba goles que expulsaba jugadores contrarios. Pero eso último es pura maledicencia de los peores enemigos que hayan existido nunca en la historia de Argentina, los bicholovers, fanáticos de una bruja tan vanidosa como la de Blancanieves pero con el pelo más corto. Pero si Inglaterra no se enteraba de esos detalles era por el peso de sus propios traumas tras dolorosas derrotas en los mundiales que sus héroes Harry Kane y Jude Bellingham se aprestaban a vengar de una vez y por todas.
Para adobar el capítulo “Inglaterra” había otro detalle todavía más morboso: hacía cuarenta y tantos años Inglaterra y Argentina se habían enfrentado en fiera batalla por unas islitas minúsculas en la que había sido derrotada la segunda. (Curioso que la guerra desatada por la malvada junta militar para distraer al personal siga teniendo tantos seguidores hasta hoy). Pero cuatro años después, el prócer Maradona, san Juan Bautista de Messi, el actual líder de la selección argentina, había vengado a su país con el legendario Gol del Siglo y la no menos legendaria Mano de Dios.
El asunto es que en el primer tiempo ambos equipos se desentendieron del balón y se dieron toda la caña que pudieron obligando al apacible árbitro a cantar el doble de faltas que en un juego promedio y hasta repartir tres tarjetas amarillas. A nadie le extrañó que la primera mitad del partido terminara empatado a cero. Sobre todo, teniendo en cuenta el detalle de que no se hizo un solo disparo a ninguna de las dos porterías. Raro hubiera sido lo contrario, aunque peores cosas se hayan visto. Y hablando de ver, desde su palco observaba el juego el ex futbolista y exitoso hombre de negocios David Beckham con el corazón partido entre la selección de su país y la de Messi, su mejor inversión.
La segunda parte del juego, con un renovado interés de los futbolistas en la pelota, vaya usted a saber por qué. Pero de esos primeros intercambios sacó mayor partido la pérfida Albión que al minuto 54, aprovechó la primera vez que daba tres pases seguidos para clavar el primer gol de la pierna de Anthony Gordon. “El que da primero da dos veces”, dijo mi padre, que no sabe mucho de fútbol pero sí de refranes pero Thomas Tuchel no parece saber ni una cosa ni la otra. El DT de Inglaterra creyó que ese era el único tanto iban a anotar esa tarde y tomó una decisión que se va a estar discutiendo en todos los pubs ingleses hasta el siglo XXII o hasta que Inglaterra vuelva a ser campeón, lo que ocurra primero: replegó a su equipo para defender la ventaja mínima en los 35 minutos que le quedaban al juego. Más el descuento.
Eso era lo que estaban esperando los de Scaloni para montar un asedio en toda regla a la portería inglesa. Tiraron con todo: flechas, lanzas, catapultas, aceite hirviendo, obuses y misiles de medio y largo alcance. Pickford, de vacaciones en el primer tiempo, hacía lo que podía, rechazando lo que le tiraban, que no era poco. Pasaban los minutos y mientras Tuchel retiraba del terreno a Gordon, el autor del primer gol del juego, para imponer una formación algo más conservadora de diez defensas, Scaloni mandaba al frente todo lo que le quedaba en la reserva.
Quedaban cinco minutos de tiempo oficial por jugar. El que no hubiera visto los capítulos anteriores de la miniserie argentina creería que a los de la patria del bife de chorizo no les quedaba esperanza. Pero ahí estaba el guion repetido en el que luego de mucho sufrir los hijos de la pampa resuelven el partido justo en el momento de mayor drama, como cuando llegas desesperado a un baño público y te dicen que no puedes pasar porque están limpiando. Y fue justo en el minuto 85 que Messi dio un pase aparentemente inocente a Enzo Fernández y este disparó un misil a la portería de Pickford que se encajó junto al palo derecho del portero empatando el partido.
Pero ahí no paró la cosa. Argentina estaba apurada por entrar en la final o le faltaba presupuesto para filmar el tiempo extra. De manera que en el primer minuto del descuento Messi volvió a cumplir su papel de ángel de la guarda de su equipo y dio un pase perfecto que Lautaro Martínez no supo cómo desaprovechar. A esa hora fue que los ingleses se dieron cuenta al fin de que no había nada que defender y retomaron el ataque ya sin fuerzas, sin suerte, sin nada. Habían añadido nueve minutos de descuento más el descuento del descuento pero ya nada de eso podía impedir que el domingo se juegue la segunda final de mundial completamente hispanohablante, como el concierto de Bad Bunny en el Super Bowl. Una victoria argentina sin que tuviera que echar mano a ningún hada y con Beckham que no sabía si llorar por la derrota de su equipo o saltar de alegría por la victoria de su mejor inversión.
Sin plumas y cacareando
Luego de la demostración ofrecida por Francia en los primeros seis partidos con 16 goles a favor y dos en contra parecía que apenas le bastaba con ir a recoger el trofeo de campeones. Ah, pero le tocaba enfrentarse a España, que con diez goles y solo uno en contra había pasado de empatar a cero con Cabo Verde a eliminar a Austria, Portugal y Bélgica como Jason a los jovenzuelos sapingos de Viernes 13. El ataque vistoso del león francés contra la táctica meticulosa y asfixiante de la anaconda española.
Antes dije que si a Francia lo derrotaba alguien sería ella misma, producto de su soberbia, la hibris de los griegos, de creerse mejor que nadie. Me equivoqué. Ayer a Francia la derrotaron Deimos y Fobos, los hermanos gemelos con que los griegos explicaban el miedo paralizante ante algo terrible. Y ese algo terrible fue la selección española. En dos semifinales consecutivas (la Eurocopa del 2024 y la UEFA Nations League del 2025) los franceses habían caído eliminados ante España y en la de ayer, lo que parecía el penúltimo paso en la marcha triunfal de Francia hacia el campeonato, se convirtió en una visita al sicoanalista para hablar de traumas infantiles.
Desde el pitazo inicial el Papá España jugaba a acaparar el balón mientras Francia Hijo no se atrevía a pedírselo. O cuando lo conseguía recuperar lo perdía en menos tiempo que una tregua en el Medio Oriente. Y así transcurrieron apacibles los primeros 19 minutos de partido sin un simple disparo a ninguna de las dos puertas. Entonces que el árbitro, para romper el hielo, pitó un penalti a favor de España. Un penalti tonto o astuto, según se mire desde el punto de vista de Digne que lanzó una patada al balón sin ver a Lamine Yamal -que ha decidido entrar en cuerpo y alma al mundial antes de que se le acabe- que venía como una flecha; o del delantero español, que supo colarse a tiempo entre los tacos del francés y la pelota. Y Oyarzábal, delantero español de carácter poco dado a la caridad, puso la pelota donde Maignan, el portero francés, no pudo ni decirle adiós.
El resto del partido transcurrió más o menos en ese mismo tono. Con España controlando el balón, el juego, el marcador y el sistema de mantenimiento del estadio y Francia encangrejada en su miedo escénico que no hacía pensar en un empate, para no hablar de remontada. Y, en efecto, en el minuto 57, con una triangulación de toda la vida entre Dani Olmo y Pedro Porro este último marcó el segundo gol para España. Y unos minutos después Yamal marcó otro más anulado por un fuera de juego muy ajustado.
domingo, 12 de julio de 2026
Cenicienta se va a casa
Todos los mundiales tienen una Cenicienta, o varias. Selecciones de las que se espera poco y llegan lejos aunque casi nunca más allá de cuartos de final. Equipos que se ganan la simpatía del respetable por la audacia con que se cuelan donde no les toca y el presagio de una despedida temprana retratado en la camiseta. Porque los mundiales son así de aristocráticos, con el derecho de admisión a semifinales reservado para campeones y Países Bajos, cuyo título nobiliario consiste en haber perdido tres finales. (A veces se cuela algún eléctrico aunque este año no va a haber ninguno gracias a la depuradora labor del VAR).
Esta vez el encargado de cobrar el impuesto Haaland fue Schjelderup, un joven a quien no le auguro un gran futuro como delantero a menos que se busque un nombre más pronunciable, como Messi o Haaland. Fue su zurdazo clavado al segundo palo el que abrió el marcador en el minuto 35 y reactivó las ancestrales temblequinas de los ingleses.
Por suerte Inglaterra cuenta con un tipo como Bellingham cuyo ADN no incluye el tan inglés gen del pánico. Era el minuto 46 del primer tiempo y Belly, valiente y decidido, se internó en el área chica vikinga y cruzó al portero con otro zurdazo que le devolvió el alma al cuerpo a los desvanecidos ingleses que se fueron al descanso algo recompuestos.
Pero con el regreso al terreno volvieron las penalidades inglesas frente a los embates vikingos. Y el gol que debía decidir el partido llegó en el minuto 54 cuando Heggen cazó un rebote de Pickford, el meta inglés, tras el remate de un córner. Pero en eso se apareció el super VAR, siempre al auxilio de los favoritos en apuros para determinar que justo antes del córner Haaland había enviado al césped a un inglés con uno de sus empujoncitos.
Así terminó el tiempo que marca el reglamento, con empate a uno. Pero Bellingham, al parecer, volvió a tomar la poción mágica de Asterix en el descanso porque apenas iniciado el tiempo extra marcó un gol de rebote tras un trallazo de Morgan Rogers desde fuera del área. El resto de los 28 minutos del alargue hubo de todo, incluido un penalti a favor de Inglaterra curiosamente anulado por el VAR y el retiro del campo de Haaland, agotado tras tener que cargar con su enorme corpachón más minutos de lo que permite el sindicato de futbolistas XXXXXL. Pero nada que interfiriera con esa ley no escrita que dicta que Cenicienta debe irse en cuartos de final que viene a ser la medianoche de los mundiales.
jueves, 9 de julio de 2026
Francia gana por no presentación
Dado el desempeño hasta ahora de ambos equipos del Marruecos-Francia se esperaba un partido feroz. Y sin embargo el encuentro pareció más manso que parlamento norcoreano. Marruecos, que no se quiso arriesgar a la pegada de los Mbappé y Dembelé, montó una defensa paraguaya. Habrán calculado que si con los paraguayos Francia no pudo pasar del 1 a 0 (y eso, por penal) a Marruecos, que ha demostrado saber dónde está la portería y cómo meter la pelota dentro, le iría mejor.
Francia también andaba cauta, no fuera a ser que, entregados al ataque, le metieran un gol y luego no encontraran la cerradura de la puerta contraria. Así y todo, Francia consiguió un penal de los de ahora, con los que ni siquiera hay que fingir demasiado. Sin embargo a Mbappé no pareció gustarle el regalo y pateó el balón a las manos de Bono. Por cierto, el portero marroquí, entre el penal y unas cuantas paradas en el primer tiempo, ya se pagó el pasaje de avión al mundial.
Con el segundo tiempo, el sol empezaba a ocultarse y los pistoleros franceses de pronto recordaron para qué estaban ahí. En el 59 Mbbapé, rodeado por cuatro marroquíes, aprovechó el medio metro que tenía libre a su derecha y pateó una comba que Bono no la pudo parar. Y si Spiderman hubiera estado ahí, tampoco.
Seis minutos después los defensas todavía se estaban preguntando qué había pasado con el primer gol cuando en una jugada por el centro del terreno Dembelé colocó la pelota al palo derecho. Bono la tocó con la punta de los dedos, pero sin poder impedir el 2-0. Si hasta ese momento los marroquíes habían sido cautos ya a partir de ahí se desplomaron. Pudieron hacer algo más con una Francia que se permitía distracciones impensables minutos atrás pero los de Marruecos tenían la mente en otra parte. Posiblemente en si todo lo que habían comprado en el viaje cabría en las maletas que tendrían que hacer esa noche. Mbappé salió del juego, adolorido de un tobillo y por él entró Matetá que demostró con sus jugadas por qué lo han tenido sentado en el banquillo todo el campeonato.
martes, 7 de julio de 2026
De entre los muertos
Se enfrentaban el
vigente campeón mundial y uno de los dos sobrevivientes africanos. (Solo
quedaban en el torneo dos equipos africanos y dos sudamericanos. Ninguno de
Asia o de la Concacaf. O sea, los cuartos de final serán una Eurocopa con
invitados). Pues sin detenerse en las presentaciones Egipto empezó atacando el
arco argentino y ya a los diez minutos había marcado un gol. Luego los egipcios
se replegaron y al rato Argentina consiguió un penalti. Ya los locutores
hablaban de a cuánto se elevaría el récord de Messi en goles en los mundiales
tras cobrar el penal cuando Messi, a quien nadie le discute el turno para tirar
cobrar cualquier tipo de faltas, incluidas las de ortografía, aumentó su récord
en penaltis fallados en los mundiales.
Argentina seguía
dominando el balón pero ese dominio no se traducía en goles. O ni siquiera en
disparos decentes a puerta. Existe la idea bastante arraigada de quien domina
el balón merece ganar que es como pensar que porque pagas la cuenta en el
restaurante mereces que te inviten a subir a la casa. Pues Argentina se cansaba
de pagar cuentas de restaurantes pero al llegar a la puerta (de Egipto) todo se
trababa.
A poco de empezar
el segundo tiempo Egipto armó un ataque relámpago que remató Ziko para el 2-0 a
favor de los faraones. Pero apareció el VAR para chivatear un pisotón egipcio
en el otro extremo del campo y anular el gol. Así que ya saben, si antes de
tomar el avión para el mundial dejaron el carro mal parqueado en el aeropuerto
puede que les anulen un gol anotado tres semanas después.
A los egipcios no
pareció importarles mucho porque en el minuto 66 el mismo Mostafa Ziko anotó un
clon del gol anulado anteriormente, esta vez sin ningún roce previo detectable
por el VAR. Luego pasaron doce minutos más en los que Argentina se veía muerta
clínicamente con la película de su vida pasándole por los ojos mientras los
egipcios la embalsamaban, que en eso tienen experiencia. Pero en el 78,
sin apenas aviso, un centro de Messi colgado al área chica fue cabeceado sin contratiempo
por Cuti Romero para el 2 a 1 de la ilusión. Y cuatro minutos después nuevo
centro de Messi al área, un par de rebotes y el propio Messi que toma cartas en
el asunto para empatar el partido de un zapatazo.
¿Completaría
Argentina la remontada? ¿Respondería Egipto? ¿Se irían a los tiempos extras?
¿El Messías tendría que hacer todo? Pero ya por el minuto 921 un contraataque
argentino llevó la pelota hasta el área egipcia para que finalmente Enzo
Fernández cabeceara la pelota al fondo de la red. Fue entonces que los egipcios
se indignaron porque al inicio de la jugada par de compatriotas habían caído en
el área contraria y Dibu Martínez había dejado el carro mal parqueado en el
aeropuerto. Penalti a favor y anulación del gol argentino pedían los egipcios pero
esta vez el VAR, tan hablantín durante el partido hizo silencio. El berrinche
faraónico subía de tono cuando por fin sonó el silbatazo final que determinaba el
regreso oficial de Argentina del reino de los muertos. Y el triunfo gracias al empuje de los campeones, la convicción de los
Masacre en Seattle
De ponernos memoriosos el partido Estados Unidos vs Bélgica de octavos de finales tenía sabor a revancha. Hacía doce años, en el mundial de Brasil, Bélgica había derrotado a los yumas en un partido que solo el récord de 16 atajadas del portero Tim Howard pudo mantener el marcador en un decente 2 a 1.
Pero ahora los yumas no serían el muchachito enclenque que los belgos habían vapuleado en el 2014. Habían hecho la tarea, le habían ganado 4 a 1 a Paraguay al comienzo del campeonato y a Bosnia (que cuenta como rival europeo) 2 a 0 a pesar de haber jugado la mitad del juego con un hombre menos.
Y hablando del hombre menos, esa era la verdadera historia previa al partido: la tarjeta roja que le habían sacado a Folarin Balogun había sido suspendida por la intercesión del mismísimo Donald Trump que, siempre atento a los asuntos de la patria, había llamado a su socito Infantino. Me gustaría decir que eran “rumores por confirmar” pero la confirmación provino del mismísimo Trump en una de sus tantas exhibiciones de modestia. Los bélgicos protestaron por el trato preferencial de Infantino hacia los anfitriones y el Team USA se convirtió de modesto aspirante eterno a cuartos de finales en representante del imperialismo yanki y embajador de Trump en el estadio de Seattle. Un equipo que todos querían ver derrotado a manos de Bélgica, representante de los pobres de la tierra para vengar el abuso imperial.
Lo que pasó en Seattle fue otra cosa. Aquella Estados Unidos que hace años pedía permiso para entrar en el terreno de los grandes tuvo una regresión freudiana. El equipo sólido y veloz de juegos anteriores exhibía la misma torpeza de los policías en las películas de Buster Keaton o del gabinete de Trump. Errores elementales, desatenciones, pases a ninguna parte. Pulisic, su jugador estrella literalmente no daba pie con bola, el perdonado Balogun no hacía nada para justificar la llamada presidencial y en general todo el equipo yuma parecía estar compuesto de hologramas sobre los que pasaban los jugadores contrarios rumbo a la portería. Como si los supermanes de los primeros partidos hubieran sido empanizados en kriptonita.
El primer gol belgo llegó apenas a los 8 minutos del inicio, nacido de una pierna de De Ketelaere que entró en la portería yuma como una Kardashian por la alfombra roja. Un tiro libre en el minuto 30 ejecutado por Malik Tillman y desviado en la barrera bélgica empató el marcador y dio el único momento de felicidad que los dirigidos por Pochetino tuvieron en todo el partido. Pero la felicidad en casa del pobre dura dos minutos, los mismos que necesitó De Ketelaere para anotar su segundo gol, este de cabeza, a pase de Trossard.
En el segundo tiempo Pochettino hizo cambios pero no mejoró la cosa para su equipo. El único que pateaba fuerte era el propio Pochettino: las botellas de agua del banquillo cada vez que sus jugadores volvían a cagarla. Y ninguna cagada mayor que la de Freese, el portero, quien hizo de Muslera e intentó despejar un balón por el extraño método de patear el césped, permitiendo a los de Bélgica ampliar el marcador a 3 a 1.
Quedaba entonces más de media hora por jugar, pero más que oportunidad para que los yumas empataran era la de que los bélgicos completaran la masacre. Y en efecto, el veterano Lukaku, quien ya había marcado en el fatídico juego del 2014, reverdeció laureles anotando el 4 a 1 en el minuto 92.
Minutos después Trump volvió a llamar a Infantino. Se barajaron varias posibilidades, incluida la de enfrentar a los belgas con los Seahawks de Seattle en un partido de fútbol americano (“pero a Lukaku me lo dejan en el banquillo”). Al final quedaron en que sea quien gane la copa se la deberá entregar a Trump en la ceremonia final del campeonato. Que está muy feo eso de organizar un mundial para quedarse solo con las ganancias.
lunes, 6 de julio de 2026
España pasa (de puntillas, para no depertar a nadie)
España sigue ganando, pero no enamora (excepto, claro, a los enamorados de España de toda la vida, que no se van a desencantar ahora que está ganando de nuevo). Como el tipo bien peinado, bien vestido y con la billetera llena, que todo lo que hace es contarle a la muchacha lo bien que le va en la vida mientras ella se pregunta si al menos piensa tocarle una teta. Enfrente España tenía a Portugal, que se ha gastado una generación brillante tras otra a mayor gloria del cristianismo (de Ronaldo) sin que haya ganado otra cosa que la Eurocopa del 2016, (aprovechando que a Ronaldo lo habían retirado en camilla del terreno de juego).
Esta vez hay que reconocer que al jebito de Georgina se le vio más envuelto en el desempeño del equipo, más solidario, menos Cristiano, en fin. Pero too little too late. España controlaba el juego pero sin convertir el control en la única moneda de cambio que entiende el fútbol: los goles. Y pese a las ocasiones falladas en una y otra portería el juego se iba volviendo uno de esos que te invita a ver que hay en el teléfono. Y te das cuenta que las opiniones de un viejo cascarrabias sobre un juego del que ya nadie se acuerda te interesa más que lo que está pasando en el terreno.
Así fue hasta que los portugueses se quedaron dormidos en el minuto 91 y Merino, que había entrado hacía nada, recibió la pelota solo ante Diogo Costa y no perdonó todo lo que había perdonado España en los minutos anteriores. Los portugueses despertaron entonces para darse cuenta que estaban fuera del mundial. Pero por mucho que se esforzaron por regresar a él en los minutos que había agregado el árbitro Taylor ese tren se les fue una vez más.
Lo cierto es que con todo y su fútbol somnífero no ha aparecido en este mundial otro equipo que parezca -desde el control del juego y la solidez de las líneas- capaz de ganarle a la favorita Francia. Si lo consiguen poco les importarán los bostezos. Quizás hasta sea parte de su estrategia.
Crónica de una muerte anunciada
El día en que la iban a matar la selección mexicana se levantó más entusiasmada que nunca. Llevaba cuatro victorias al hilo en este mundial, no había recibido ningún gol, jugaba en el Estadio Azteca donde nunca antes había sido derrotada y ya había ofrecido los sacrificios humanos que exigían sus dioses: cuatro personas murieron aplastadas durante las celebraciones por la victoria frente a Ecuador.
México tenía todo a favor excepto el pasado y el presente. En el pasado está la historia de una selección que solo una vez alcanzó los cuartos de final y su paso por los mundiales está marcado por derrotas que aparecen bajo la etiqueta “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. En el presente un equipo modesto pero esforzado con casi todos los jugadores jugando en la liga local rankeada en el lugar 22 a nivel mundial enfrentado a los inventores del fútbol. Estos, con todo y su tendencia a la histeria en los momentos difíciles no estaban dispuestos a dejarse derrotar así como así por un equipo cuyos jugadores ganaban un salario colectivo ocho veces menor que el suyo.
En lo que sí México exhibe una superioridad absoluta es en el terreno de la publicidad: cada cuatro años consigue venderle a 135 millones de mexicanos la idea de que esta vez con un equipo de octavos de final van a conseguir ganar el mundial. Y ya sea por la habilidad de los publicistas o por la credulidad de su público lo consiguen una y otra vez. Aunque hay que reconocer que esta vez el grito de guerra mexicano era más bien cauto: la pregunta del desengañado que quiere ilusionarse una vez más. “¿Y si sí?”.
Los primeros 35 minutos de juego parecían confirmar la ilusión colectiva con un equipo mexicano que controlaba el balón. Y generaba más oportunidades de gol las cuales fueron derrochando puntualmente una a una. Fue entonces Bellingham, especialmente inspirado en una noche que lo mismo marcaba que despejaba un balón enfrente de su portería, cabeceó de palomita un centro lanzado por Saka para abrir el marcador. Y dos minutos después repitió la dosis, esta vez con la pierna derecha a pase de Harry Kane. Como un boxeador con buena esquiva y pegada demoledora Inglaterra aprovechaba la oportunidad para ponerse al frente 2 a 0.
No obstante, Julián Quiñones, que importado desde Colombia no juega bajo el efecto de las supersticiones aztecas, cazó un rebote frente a la portería inglesa y aproximó a México en el marcador, 2 a 1. Al cierre del primer tiempo si no la confianza en la victoria mexicana al menos quedaba la posibilidad de ofrecer un bonito espectáculo.
Pero el árbitro Alireza Faghani, un terrorista del silbato que a los 30 segundos del partido había sacado la primera tarjeta amarilla, tenía sus propias ideas sobre cómo equilibrar el partido: a los siete minutos del segundo tiempo expulsó a Jarell Quansah por una falta que los propios locutores mexicanos de Telemundo reconocían que no era para tanto. Y si en el minuto 58 decretó penalti sobre una falta sobre Gordon (que cobró Harry Kane con la calma asesina que lo caracteriza) nueve minutos después Faghani cantó penalti a favor de México. Una supuesta falta de Kane en el área inglesa de la que los propios narradores de Telemundo renegaron con más ímpetu que Pedro a Cristo después de la última cena. La cobró sin temblores Raúl Jiménez: 3 a 2.
A continuación el equipo mexicano hizo lo que pudo para al menos empatar el partido pero no fue suficiente. Lo mismo se puede decir de Faghani. Quedó fuera así el segundo anfitrión de este mundial al que lo único que se le puede reprochar son sus expectativas. Sigue en la batalla otra selección con una historia casi tan triste como la de México pero en inglés, encomendada ahora a sus dos santos tutelares: San Jude y san Harry.
Eutanasia
Aburre. Tener que describir una vez más cómo la selección que antes era la favorita para ganar todos los mundiales desde el 2010 es la gran favorita para ser eliminada en cuartos de final. Una sola vez logró pasar de allí, en el mundial del 2014 a condición de ofrecer alpiste y revolcadero al resto del mundo para caer frente a Alemania con un marcador que sonrojaría al mismísimo Pelé, 7 a 1. Ahora tocaba quedar fuera en octavos.
¿Han oído de la teoría conspirativa de ”El Gran Reemplazo” según la cuál la población europea está siendo sustituida por la inmigración tercermundista? En Europa no sé pero en Brasil ya ocurrió. Así la misma tierra que dio a Garrincha, Rivelino, Zico, Sócrates (el futbolista), Romario, Bebeto Ronaldo, Ronaldinho, Kaká, Rivaldo, Cafú y Roberto Carlos (el futbolista) ahora tiene que conformarse con los Neymar y los Vinicios de este mundo. Juegan a un nivel inferior, pero al menos rezan y lloran con más entusiasmo. En fin, que es mejor invitarlos a un velorio que a un campeonato de fútbol.
Ya antes de empezar el juego de ayer contra Noruega tenía mucho de velorio. Sobre todo teniendo en cuenta las nuevas reglas de la FIFA que permite que junto a los humanos compitan androides como el noruego Haaland. De entrada, los brasileños sabían que para ganar debían anotar dos goles porque de que Haaland te va a meter al menos un gol es tan seguro como de que el sol sale por la mañana y la luna por la noche.
Tuvieron su oportunidad los brasileños con un penalti que les concedió el árbitro en el primer tiempo, pero ya este Brasil no está ni para aceptar regalos: Guimarães pateó flojito y previsible como una comedia romántica un disparo que el portero noruego despejó como si fuera la x en una ecuación de primer grado: sin despeinarse. A Endrick, al que los brasileños se aferran como si fuera el nuevo Pelé, Ancelloti le dio entrada a los 12 minutos del segundo tiempo para revolucionar el partido pero, para estar a la altura del Brasil post 2006, el jovencitod e 19 años falló limpiamente. Porque los inventores del jogo bonito han adoptado el principio del México de toda la vida: al fútbol se va a sufrir.
Así fue hasta que aburrido de un juego tan insulso el androide Haaland decidió terminar con tanta agonía en el minuto 78 y aplicarle la eutanasia a Brasil con un cabezazo luego de alzarse sobre el pobre defensor brasileño que le tocó en desgracia. Y once minutos después el propio Haaland lanzó un disparo con el pie desde el borde del área para poner el juego 2 a 0. Dieron diez minutos de alargue y tras tanto esfuerzo infructuoso (rodríguez) el árbitro se apiadó de Brasil y les pitó otro penal. Esta vez Neymar pateó bien el balón para maquillar el resultado y pareciera que aparte del de Haaland había otro equipo en el terreno.
Y luego, claro, Haaland y el resto de sus vikingos se pusieron a remar mientras los brasileños se dedicaban a lo mejor que saben hacer: llorar.
domingo, 5 de julio de 2026
Francia o con los santos no se juega
Tras el 3 a 0 de Francia contra Suecia me preguntaba cómo podía ser derrotado un equipo así, con tantas habilidades, tantos recursos, tanta fuerza. Y la respuesta que me di -porque tengo la cortesía de responderme cuando me hago una pregunta- era que solo podrían ser derrotados por ellos mismos. Solo el desprecio por el rival y la arrogancia sobre sus propias capacidades podían derrotar a un equipo tan superior al resto en todo. Hibris le llamaban los griegos a esa modalidad de la prepotencia que veían como “intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales”, de creerse mejores que todos, incluso de los orishas del Olimpo.
El caso es que contra Paraguay los franceses se vieron bastante más terrenales, vulnerables, derrotables incluso. No es que a los paraguayos se les viera la más mínima posibilidad de marcarle un gol a Francia pero su plan de juego parecía claro: aguantar 120 minutos sin que les marcaran y encomendarse en la tanda de penales al inmenso -literalmente hablando- a San Orlando Gill. Eso y sacar de sus casillas a los franceses, a los que se les vio provocables, descarrilables.
El plan paraguayo funcionó hasta las vísperas de la segunda pausa de hidratación (o finales del tercer cuarto del juego, como debería decirse). Fue entonces que los del VAR, negados a estirar su jornada laboral hasta los 120 minutos, trajeron a colación un penal que el árbitro principal había pasado por alto. La falta era clara y dentro del área. Y conveniente, porque ya los franceses se estaban poniendo nerviosos ante la posibilidad de que no cediera la muralla paraguaya y tuvieran que jugársela en los penales.
Sin mucha ceremonia ni nervios Mbappé cobró el penalti, fuerte y alto a la izquierda de Gill que se había lanzado al lado contrario. Y luego, no mucho más que reseñar. Excepto quizás que Mbappé no quiso saludar al portero contrario al final del juego y celebró escandalosamente la ajustada victoria delante de este. Hibris dirían los griegos. Una manera de provocar a los dioses del fútbol, tipos caprichosos donde los haya.
sábado, 4 de julio de 2026
Una tarde martiana para Marruecos
Después de despachar limpiamente a Países Bajos en 16avos el partido contra Canadá resultó trabado y bronco, como subir a una 400 rumbo a Guanabo, cuando todavía los conceptos transporte urbano y playa se podian conjugar (con dificultad) en la misma oración. Un juego correoso y combativo, como los bailables de La Tropical. (Ah, esas metáforas que emanan de un tiempo legendario que vemos con la misma nostalgia con que entonces nuestros padres recordaban los bisteces).
Fue entonces, a los cinco minutos del segundo tiempo que Marruecos, aprovechando que yo todavía estaba en la cocina preparándome un gazpacho anotó su primer gol. (La FIFA o la NASA deberían estudiar la correlación directa que hay entre los momentos en que me levanto a hacer cualquier cosa y la anotación de goles en los partidos. Como si con premeditación y alevosía los jugadores afinaran su capacidad goleadora para hacerme rabiar cuando regreso a mi puesto frente al televisor).
Ese primer gol fue suficiente para destrabar el partido. Así, mientras los canadienses se esforzaban por no ser expulsados en 16avos de la Copa que habían coauspiciado con tanto mimo Marruecos iba aprovechando los espacios que se abrían ante sí para ampliar su ventaja a dos y tres goles. Porque por mucho que suene feo mandar a casa a uno de los tres anfitriones de esta copa se veía que los norteafricanos lo estaban disfrutando. Era como si te brindaran hospitalidad, techo y comida y la única manera que se te ocurriera de agradecer el gesto a tu anfitrión fuera acostarte con su mujer. Exactamente lo mismo que hizo Jose Martí con su hospedero Manuel Mantilla, ahora que lo pienso. Y si se lo hemos consentido al apostol (o peor, lo hemos embarajado diciendo que María Mantilla no es hija suya) no veo por qué no hacerlo con los marroquíes.
Réquiem por Cabo Verde
“Yo recuerdo a los hombres en el momento mejor de su caída/ Cerca ya de la noche/ Cuando apenas ya se advierte una sombra, una nostalgia,/ un temblor hacia el fin”. Eso escribió el gran poeta Emilio García Montiel en un poema para celebrar al pelotero Rey Vicente Anglada, víctima de una acusación infame de la que ya ni el ex deportista quiere acordarse. Lo mismo vale decir de la selección de Cabo Verde que irrumpió en el mundial con un empate a cero ante la favoritísima España a lo que le siguió otro pero a dos con Uruguay (con la ayuda desinteresada del arquero Muslera) y otro más a cero ante Arabia Saudita para pasar a los 16avos sin haber ganado y con la menor cantidad de puntos posibles. Pero nunca brilló más una de las pocas selecciones que se estrenaba en el mundial este año que en su derrota ante Argentina.
Ahora no se trataba para los de Cabo Verde de defender un cero a cero como ante España o la más saudita de las Arabias, o de aceptar los regalos de Muslera, sino de sobreponerse a la desventaja inicial frente a un Dibu Martínez, el arquero argentino, tacañísimo en cuestión de errores. Pues luego de intentarlo antes los caboverdianos al minuto 9 del segundo tiempo tiraron un caño doble a través de la defensa argentina para crear un goleaducto por el que llegó el empate salido de la pierna derecha de Deroy Duarte. Luego llegó la hora Voizinha, el portero caboverdiano, serio y seguro como una inspección de hacienda, para recordarle al gobierno de Cabo Verde por qué deben erigirle una estatua a la entrada del estadio de Praia. Gracias a eso el tiempo reglamentario terminó con el campeón del mundial pasado y el sentimental de este empatados a cero.
Pero por mal que jueguen los argentinos la vergüenza de ser eliminados por un debutante en copas mundiales tenía que servir de algo. Y justo al comenzar el tiempo adicional, luego de que McAlister cabeceara un corner Lisandro Martínez aprovechó para acribillar la escuadra del primer palo de Voizinha y poner delante a Argentina. Ahí fue cuando el conjunto de Cabo Verde lució en toda su grandeza. Porque en vez de arrugarse y encomendarse a un contragolpe o a un penalti favorable fue a cercar a Argentina en su propia madriguera, la que defendía el Dibu Martínez. Fue allí que Sidney Lopes Cabral, Cindy Lauper para sus amigos, pateó una slider con la derecha que entró junto al segundo palo donde ni el super Dibu podría llegar.
A los vigentes campeones, cuyas zapatillas cuestan más que toda la plantilla contraria no tuvieron más remedio que volver a marcar o de lo contrario estarían condenados a ver a su familia en Argentina solo por zoom. Y el gol llegó a diez minutos de tener a ir a la ruleta de los penales con un corner sacado por Messi y cabeceado por Cuti Romero. Pero los vigentes campeones sentimentales del mundial querían demostrar que no estaban en Miami para comerse la merienda o hacer compras. E insistieron en empatar el partido y forzar los penales hasta que el silbatazo final sonó como tiro de gracia o toalla lanzada al centro del cuadrilátero.
Disculpando la infinita chealdad -porque recuerden que de acuerdo a Pessoa las cartas de amor tienen que ser ridículas- si según las reglas el fútbol debe ser jugado con los pies a veces la pelota se juega con el corazón u otros órganos que mejor me callo. Y esas nunca se olvidan.
miércoles, 1 de julio de 2026
Tener o no tener (fe)
“Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti” dijo Martí en el prólogo del “Ismaelillo”. Y dijo lo del mejoramiento humano porque no vio jugar a la selección inglesa en los últimos 60 años, o sea, desde que ganó su único mundial en 1966 hasta ahora. Porque si Alemania ha perdido carácter con los años Inglaterra nunca lo ha tenido. No bien entra en la tensa atmósfera de los partidos de eliminación directa Inglaterra se descompone, como el Challenger, y lo que parecía una selección rutilante llena de estrellas se derrite en vivo y en directo. Da igual si tenemos delante la generación de Lineker, la de Beckam o la de cualquiera de sus sucesores.
Este año son un Harry Kane o un Bellingham los que hacen creer por un ratico en el mejoramiento humano. Pero entonces viene Cipenga, extremo izquierdo de la República Democrática del Congo, y en el minuto seis mete un gol junto al primer palo, el mismo en el que Pickford estaba parado. Porque el nerviosismo inglés nace desde la portería propia para extenderse sobre el resto del campo. Pues desde ese momento y durante todo el primer tiempo ya la selección de Su Majestad británica no se encontró a sí misma. Y hablando de majestades, especialmente penoso era el caso de Rashford convertido en un rey Midas a la inversa, cada balón que tocaba lo convertía en mierda. Los congoleses democráticos por su parte, luego de irse delante en el marcador parecieron tener suficiente con esa mínima ventaja. Mientras los ingleses ametrallaban al portero M’Pasi convirtiéndolo en héroe del partido, los congoleses desde que marcaron el gol, en 90 minutos restantes tiraron a la puerta inglesa solo una vez más.
Para el segundo tiempo se esperaba que el entrenador inglés se apiadara del pobre Rashford y el penoso día que estaba teniendo pero lo dejó jugando. Así fue hasta el minuto 60 en que lo sustituyó por Gordon. Y quince minutos después Harry Kane recibió un pase de ¿adivinan?, ese mismo, Gordon, y empató el juego de un cabezazo. King Harry. Porque, como diría el apóstol, cuando hay muchos futbolistas sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos futbolistas. Y el olfato de gol. Pero Kane sabía que eso no era todo y no quería llegar a los penales, en los que no podría tirar los cinco él solo. Así que en el minuto 85, nuevamente a pase de Gordon, Kane puso por delante a Inglaterra para remontar por primera vez en su historia en partidos de eliminación directa en los mundiales.
Y ahora dígame usted: ¿tiene fe en el mejoramiento humano?
martes, 30 de junio de 2026
Haaland: de la conversión al cristianismo a ser él mismo
Era un encuentro de segundones en sus respectivos grupos: Noruega vs Costa de Marfil. Los marfileños eran como un cuchillo de mesa, sólidos, compactos, pero les faltaba filo. Noruega tiene uno de los mejores delanteros del mundo Haaland con un equipo mediocre detrás: era más como el puñal de un presidiario, punta nada más. Así fue buena parte del primer tiempo. Los depredadores de elefantes asediaban la portería vikinga sin mucha suerte mientras los vikingos se daban escapadas que cada una parecía más peligrosa que la anterior. Así llegó el primer gol, nacido de la bota izquierda de Nussa, noruego atípico donde los haya, bajo, oscurito y habilísimo con los pies para dejar a su equipo adelantado en el minuto 38.
El segundo tiempo no era muy distinto, con Noruega en ventaja entregada a la extraña estrategia de confiar en la incapacidad de los marfileños para meter un gol. Hasta que Diallo (que es como decir Gonzalez en Costa de Marfil) luego de despejar un balonazo a punto de entrar en su portería se fue al área contraria y tras regatear a dos postes vestidos de blanco que eran parte de la alineación noruega metió un zapatazo con la izquierda que empató el partido al minuto 74.
Fue entonces que al parecer a Noruega le llegó el reporte de ancestry.com que confirmaba que, de hecho tenían sangre vikinga y por fin decidieron arrinconar a Costa de Marfil en su propia portería. Once minutos después a Haaland, la punta del ataque vikingo, que hasta ese momento estaba jugando a ser Cristiano Ronaldo, o sea, a no hacer nada, se encontró con un pase frente a la portería y remató. Bueno, quizás no remató. Quizás lo que intentó hacer fue controlar el balón para entonces rematar. El hecho es que la pelota salió en dirección a la portería con una calma desesperante que le dio tiempo al portero Fafana de dar un estirón desesperado en dirección al balón que no consiguió detener pero que en la repetición le da un tono más dramático. “La definición de inevitable” dijo una locutora inglesa y pareció ser así.
Lo que quedaba de partido los cazaelefantes lo gastaron lanzando ataques febriles contra la portería vikinga incluyendo un tiro libre del propio Diallo que el portero Noruego consiguió despejar con la punta de una uña. Ahora dirán que era inevitable pero los vikingos terminaron rezando porque se acabara el partido que Costa de Marfil intentaba alargar a toda ídem. Porque la otra opción que les quedaba es lo que están haciendo ahora: las maletas.
lunes, 29 de junio de 2026
Borges, fútbol y meritocracia
El pronóstico del partido entre Países Bajos y Marruecos era más reservado que una operación de cadera de la abuela. Países Bajos venía con la historia de ser la selección que ha perdido más finales (tres, 1974, 1978 y 2010). Marruecos en cambio, trae un pedigrí más fresco. Cuarto lugar en el 2022 y un empate a uno en su primer juego con Brasil este año. Lo mismo la abuela podía salir bien de la operación que no acordarse del nombre de sus hijos.
Y el juego fue más o menos así. Marruecos atacando más, aunque sin exagerar y Países Bajos esperando tener suerte en un contragolpe. Como dos rivales que reconocen la pegada del otro y prefieren no arriesgarse demasiado a que le rompan la cara. O como cuando crees que te has encontrado con la mujer de tu vida pero piensas que es demasiado temprano para dejar de usar condón. Luego de un primer tiempo con el marcador virgen, contra lo que cabía esperar, Países Bajos golpeó primero. En un saque del portero neerlandés alargado por un cabezazo a mitad de cancha, Sommerville, uno de los más esforzados jugadores de Países Bajos, sale corriendo entre dos defensas, cae (o lo tumban, eso ahora no es importante) y desde la yerba le pasa la pelota a Gapko que la mete en la portería con la furia de quien se desquita de algo terrible.
El gol fue en el minuto 71 y los neerlandeses lo celebraron como si ya estuvieran en octavos. Pero 19 minutos más descuento es demasiado tiempo. Pero Marruecos ni siquiera tuvo que aprovechar un descuento generoso. Justo rayando el minuto noventa un centro desde tres cuartos de cancha fue cabeceado por esa torre llamada Issa Diop sin que Verbruggen, el arquero neerlandés, pudiera hacer nada.
Si el fútbol fuera una meritocracia Marruecos debió haber ganado en el tiempo extra. Pero no lo es. Borges, el Messi de la literatura, habría dicho de haberle gustado el fútbol: "ciego a los méritos el fútbol puede ser despiadado con las mínimas distracciones". Y Países Bajos no acumuló méritos pero tampoco se distrajo. Los saharianos campeaban por el área de Países Bajos a sus anchas sin apenas ser molestados y cuando Rahimi se plantó en la portería y disparó a bocajarro todos cantamos el gol para descubrir que no. La pelota no había entrado en el arco holandés gracias a la rodilla milagrosa de Verbruggen que, de haber pasado su equipo a octavos, debería exhibirse como reliquia en las iglesias del futuro.
Los titulares ya hablan de una tanda de penales para la historia con lo que estoy de acuerdo siempre que se empiece reconociendo que la historia es esa cosa horrible de la que, como en las relaciones con la ex que te engañó, recuerdas solo lo peor. Pocas veces se ha ejecutado una tanda de penales más chapucera, con tan mala puntería y hasta con mala suerte en el caso de Verbruggen. El primer marroquí en tirar incrustó la pelota en el travesaño, el segundo neerlandés en el poste izquierdo, al segundo marroquí Verbruggen le paró la pelota para luego meterla dentro con la pierna, el cuarto de Países Bajos la echó afuera, el cuarto lanzador marroquí, Hakimi, el capitán incansable, volvió a golpear el poste izquierdo con el balón y al quinto neerlandés Bono, el arquero marroquí le paró el disparo con una mano sin siquiera tener que lanzarse de cabeza.
Así hasta que por fin, el golpeado y ensangrentado Saibari de hacía unos minutos, por pura piedad con Países Bajos, con su propio equipo y con el público tuvo a bien acabar con aquella vergüenza que ahora quieren pasar por tanda histórica de penales.
“Ah, pero Alá es más sabio” habrá dicho Sherezada al ver que la noche concluía con los jugadores marroquíes arrodillados sobre la hierba y con los culos apuntando a la Meca pero por la vía más distante. Eso si la tierra es una esfera, como las pelotas de fútbol.
Auf Wiedersehen, Deutschland!
El partido entre Alemania y Paraguay era una magnífica oportunidad para presenciar ese extraño espectáculo que es encontrar a más de diez paraguayos juntos. Como el juego entre Brasil y Japón el más modesto de los dos se le adelantó al favorito Alemania en el primer tiempo con remate de cabeza del pequeñajo de Enciso. Y a principios del segundo tiempo la favorita empató. Hasta ahí un calco exacto del partido nipo-brasileño. Pero ya fuera por miedo a que los brasileños lo demandaran por plagio en el guion o por pura incapacidad Alemania fue incapaz de irse arriba en el descuento del tiempo reglamentario. Y tuvieron que irse a tiempo extra.
Si un equipo estuvo cerca de anotar en el tiempo extra fue Alemania. De hecho en el minuto 9 del primer tiempo extra el alemán Tah consiguió poner adelante a su equipo de un cabezazo tras un corner. Ya festejaban, ya se veían en octavos de final tras haberse desembarazado de aquellos pequeñajos sudamericanos tan ineptos para atacar como pegajosos en defensa pero tuvo la palabra el camarada VAR y se descubrió que hubo una falta previa al cabezazo de Tah y anularon el tanto. Luego siguieron veinte minutos más de exhibición de incapacidad mutua para anotar goles y luego, los penales.
Tal parece que los alemanes nacieron para tirar penales. Ahí está la historia de los mundiales. Ahí está el experimentado Neuer, quien esta debajo de los tres palos desde la época en que las porterías las cubrían con redes de pescador y Cristiano era un novato. La historia de los paraguayos con los penales era menos esperanzadora pero tenían al portero Orlando Gill, un grandulón que al parecer se comía toda la merienda escolar de Paraguay él solo y con su corpachón bastaba para tapar buena parte de la portería. Y en efecto, con la ayuda desinteresada de los pateadores alemanes Gill consiguió tapar dos de los primeros cuatro disparos mientras que los paraguayos habían acertado con los tres primeros.
Sin embargo Paraguay, tan sudamericano en el gusto por el drama y las emociones fuertes hizo lo que no había hecho hasta entonces y fallaron el penal. No uno sino dos seguidos. Pero la vieja Meryl Streep estaba decidida a perder a como fuera y Tah mandó la pelota a la grada como souvenir a sus seguidores. Hasta que se apareció Canale, cansado de tanta telenovela y encajó su disparo donde anidan las arañas, fuera del alcance de Neuer. A Alemania le toca hacer las maletas y a los paraguayos, pase lo que pase en lo adelante saben que podrán regresar a Asunción como los héroes que sacaron del campeonato a la chocha de Meryl Streep.
Brasil suda frío
Así, por afuerita, el resultado entre la pentacampeona Brasil y una escuadra, la de Japón que nunca ha llegado a cuartos de final parecía cantado antes de que el árbitro soplara el silbatazo inicial. Ah, pero los brasileños estaban nerviosos y con razón. Tradicionalmente Brasil ha sido la Marilyn Monroe del futbol, tremendo talento natural pero con graves problemas de personalidad. Eso explica sus derrotas en 1982, 1990, 1998 o 2006. Pero eso era antes. Ya Brasil no tiene talento que le sobre (un ejemplo: mientras Japón solo tiene en su alienación los dos porteros suplentes y un veterano que no juegan en Europa en Brasil son siete los jugadores que no se ganan la vida en las ligas más competitivas) pero conserva la misma falta de carácter de siempre.. Y si se le añade el detalle de que Japón había derrotado a Brasil 3 a 2 en su último choque amistoso luego de estar abajo 0-2 se entiende el frío que recorría el espinazo brasileño antes de iniciar el partido.
El primer tiempo fue una confirmación de los peores temores. Mientras Brasil desarrollaba un acoso lento a la portería de Brasil, quizás con la esperanza de los defensas contrarios se durmieran y aprovechar la oportunidad para anotar los hijos del sol naciente estaban atentos al menor pestañazo de los inventores de la feijoada. Y hubo pestañazos, abundantes y uno de ellos lo aprovechó Sano para avanzar y meter el balón donde el portero Allison solo pudo estirarse para salir bien en la foto pero no para alcanzar el balón. Así Japón se adelantó 1 a 0 en el minuto 28 del primer tiempo.
Brasil vino este mundial a sufrir, como viene al mundo la gente acomplejada. Se alivió un tanto a los diez minutos del segundo tiempo cuando Gabriel colgó un centro frente a la portería que pudo cabecear si estorbos el experimentado Casemiro para empatar el juego. Pero todavía necesitaba Brasil irse arriba para evitarse la angustia del tiempo extra y hasta de los penaltis y gastarse los honorarios de este mundial en psicoanalistas. Ancelloti, que estará preguntándose por qué aceptó un cargo tan ingrato movió los caracoles -es decir, le dio entrada a Endrick y a Martinelli mientras dejaba sentado a Neymar al que parece que han traído al mundial como se trae una pata de conejo, para atraer la buena suerte pero sin ninguna utilidad práctica.
Pero si la tradición y el prestigio sirven de algo fue para empujar a Brasil a no dejarse ganar por un equipo que es carne de octavos de final. Y al minuto 95, cuando ya el tiempo extra y los penaltis eran una realidad tangible funcionó la táctica del aburrimiento y un pase filtrado de Bruno Guimaraes pasó entre los pies japoneses para llegar a los de Martinelli quien remató al segundo palo. Así fue que Brasil se libró de su tercera mayor vergüenza en mundiales (la primera es el Maracanazo y la segunda el 7 a 1 que le propinó Alemania en el 2014 aunque el orden es discutible) y a sus jugadores de un abono permanente a la consulta con el psicoanalista.
sábado, 27 de junio de 2026
Predicciones
A unos partidos de terminar la fase de equipos y ya con más claridad en los cruces entramos en la tentación de hacer predicciones, conservadoras, cobardes predicciones. Por la cantidad de talento acumulado y la capacidad de expresarse colectivamente, Francia apunta a llevarse el título sin esforzarse demasiado. Pero si el fútbol se redujera a talento y capacidad de expresarlo y no a una compleja combinación de estrategia, perseverancia, concentración y estado anímico entre otras cosas ya le podrían haber dado la copa a Hungría en 1954, a Holanda en 1974 y 1978 y a Brasil de 1982 al 2006.
Visto lo visto aventuro a adelantar que los cuartos de final se jugarán entre Países Bajos vs Francia, España vs Estados Unidos (tengo en cuenta aquí el factor de jugar en casa, para lo que tendría que derrotar antes a Bosnia y a una Bélgica menos temible que años anteriores) Brasil vs Inglaterra y Argentina vs Colombia y las semifinales Francia vs España, e Inglaterra vs Argentina. Y una final entre Inglaterra y Francia que sería como un remake de la Guerra de los Cien años. Demasiado riesgo apostarle a ese manojo de nervios que es Inglaterra, ya sé, pero aunque preferiría que ganara, el Brasil de ahora cada vez se parece menos a aquella selección que enamoró a tantos durante tantas décadas.
No hay ningún país africano ni asiático en mi predicción, aunque no descarto para colarse entre los ocho primeros ni a Marruecos (que ya lo hizo en el mundial pasado y tendría que derrotar a Países Bajos) ni a Japón (que tendría que derrotar al desmejorado Brasil). El 19 de julio veremos cuánto me equivoqué.
jueves, 25 de junio de 2026
El regreso de los cuerpos vivientes
Ilusionante el debut en la copa de Ecuador contra Alemania. Ya sé que un equipo con ese mismo nombre jugó ya contra Costa de Marfil y Curazao pero teniendo en cuenta los resultados sospechamos que los jugadores originales fueron abducidos por extraterrestres y sustituidos por la AI de hace dos años, esa que todavía se notaba que era fake. Contra Alemania el aire olía a masacre. Pero ya con un pie fuera del Mundial, los jugadores ecuatorianos regresaron a sus cuerpos. Y de paso parece que se tomaron la fórmula mágica de Astérix. Porque después de estar 180 minutos sin anotar contra marfileños y holandeses con doble nacionalidad Angulo le marcó un gol a la tetracampeona a Alemania a los nueve minutos de juego. Solo que los germanos se les habían adelantado con gol de Sané al minuto 2 por mucho que los ecuatorianos habían protestado por una falta. Y sin embargo se dictaminó que el defensa de Ecuador había golpeado con la cabeza el zapato del jugador alemán.
El inicio del segundo tiempo empezó con una noticia buena y otra mala. La mala es que le pitaron un penalti en contra. La buena es que los alemanes habían cometido una falta anterior y el penal fue anulado. Pero los ecuatorianos, animados -que para algo de ahí salió alma- por los compatriotas que repletaban el estadio insistieron hasta que en un corner Plata aprovechó que Neuer, portero alemán desde que la mayoría de los espectadores tiene uso de razón, en vez de despejar el balón quiso acunar la pelota en su regazo y adelantó la punta del zapato para meter el gol que ponía en ventaja a los del medio del mundo. Era el minuto 76 lo que quiere decir que, contando el descuento, pasaron 21 minutos de angustia ecuatoriana en la que se temía que la camiseta de los tetracampeones terminaría pesando más. Pero ni Alemania es lo que era hace unos años ni Ecuador lo que fue en los dos primeros partidos del Mundial.
Da igual quien le toque a Ecuador en la próxima ronda. Ya pueden soñar ahora que el alma les ha vuelto al cuerpo.
Volver a Oslo: de Richard Gere a Rosa María Payá*
«En el mundo hay dos tipos de problemas —le decía en Oslo a un funcionario de la National Endowment for Democracy, la famosa NED, porque después de tanto cubanexplaining que uno ha tenido que sufrir hay que desquitarse con alguien—: los problemas de los que se puede culpar a Estados Unidos y de los que no. Solo los primeros son importantes».
A Thor Halvorssen Mendoza, el fundador y arquitecto de Human Right Foundation y de su evento estrella, el Oslo Freedom Forum (OFF), no parece importarle estar a la moda, al menos en cuestiones políticas. O sí, pero para llevarle la contraria. Por eso, al OFF invitan a activistas opositores y a perseguidos por regímenes consentidos tanto a la izquierda como a la derecha del espectro político. Y hasta otros que no aparecen en el mapa de la geopolítica de los pesos pesados pero que reprimen a sus ciudadanos tanto como los otros.
Este año en el OFF, lo mismo podía escucharse un discurso de perseguidos por los regímenes de Putin, Xi Jinping, los ayatolas o el chavismo de tercera generación que el de una de las tres únicas voces que disienten en el parlamento salvadoreño dominado por el aplaudido Bukele, la de Claudia Ortiz. Y la eritrea Yirgalem Fisseha vino a informarnos que en su país la poesía todavía importa, si no a los lectores, al menos al régimen que la encerró en la cárcel, la torturó y suprimió el poemario que intentaba publicar.
Pero nada de eso me sorprendió. Ya había asistido al Oslo Freedom Forum en 2025 en calidad de orador. Fui a dar cuenta de la catástrofe humanitaria en que el régimen cubano había hundido a sus ciudadanos, de su minucioso plan de vaciamiento de la isla y extracción concienzuda de sus ya escasos recursos. Sin embargo, este año regresé a un clima distinto. No me refiero al de la indecisa primavera noruega —menos fría y lluviosa que el año anterior—, sino al clima político. Luego de la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela y la ofensiva de Trump y Netanyahu en el Medio Oriente la temperatura causada por la fricción de fuerzas en pugnas se ha elevado unos cuantos grados. Si en 2025 el OFF se anunciaba con el soñador título «Imagine», el de este año era más bien belicoso: «Dismantling Dictatorship» (desmantelando la dictadura).
Pero sin importar cual sea el clima político en el Oslo Freedom Forum, el mundo siempre anda de cabeza. A los poderosos se les ridiculiza y a los perseguidos se les da tratamiento de estrellas de Hollywood. Y cuando aparece una verdadera estrella de Hollywood, como fue este año el caso del actor Richard Gere, exhibe una modestia inimaginable en los semidioses de nuestras pantallas. Gere, budista practicante desde su juventud, fue invitado en atención a su sostenida defensa en favor de los derechos del Tibet, ocupado por el régimen chino desde 1959. Fue Gere quien, en su relajado diálogo con Halvorssen, insistió en una fórmula sorprendente, pero al mismo tiempo elemental, para resistir la opresión: humildad y humor. Justo aquello que los opresores menos tienen. Richard Gere, al ser sorprendido con el Premio Vaclav Havel a la disidencia creativa, (el mismo que el año pasado recibiera Luis Manuel Otero Alcántara) hizo uso activo del primer componente de su fórmula —la humildad— y dijo que solo podía aceptar el premio en nombre de quienes, a diferencia de él, habían tenido que sufrir represalias de todo tipo por decir lo que piensan.
En el Oslo del Freedom Forum, las voces más escuchadas son las de quienes han sido silenciados por más tiempo y de peor manera. Como la joven Lia Gazi, quien habló en nombre de los tártaros de Crimea, víctimas primero de la furia genocida de Stalin y ahora de la de Vladímir Putin contra un pueblo que nunca ha renunciado a su cultura y a su memoria. También dio testimonio Abdullah Ibhais, antiguo director de medios de la Copa de Fútbol de Qatar 2022, quien se atreviera a denunciar los abusos cometidos contra los trabajadores migrantes que construyeron los estadios donde se jugó el Mundial. Y el periodista nigeriano Steven Kefas, quien denunció las atrocidades cometidas contra los cristianos en su país ante la pasividad cómplice de su Gobierno; y Carmen Lau, activista pro derechos humanos de Hong Kong; y Salomé Zourabichvili, primera mujer presidenta de Georgia, quien ha debido enfrentar terribles presiones antidemocráticas tanto desde dentro como del exterior.
De limitarse a lo anterior, podría inferirse que el Oslo del Freedom Forum es un maratón de la denuncia, una internacional del masoquismo. Pero OFF es bastante más que eso. Los talleres que se impartieron sobre el uso de la inteligencia artificial y las criptomonedas en la lucha contra el autoritarismo y los encuentros formales e informales entre los activistas convirtieron el evento en un laboratorio de la libertad. Las amistades que surgieron en esos días darán paso a complicidades duraderas y a alianzas de todo tipo. Se llegó rápidamente a consensos como que no basta con desmantelar dictaduras sino que es necesario tener preparados los mecanismos e instituciones que las sustituyan para evitar el caos y la crisis, el camino más seguro a nuevos Gobiernos autoritarios.
Diferentes ponentes explicaron en esos días cómo los autoritarismos buscan nuevas formas de reforzar su poder en campos tan dispares como los deportes o la tecnología. Varios talleres sobre inteligencia artificial señalaron, por un lado, el crecimiento monstruoso de esta en los últimos meses y, por otro, el acortamiento de la distancia entre las compañías punteras y el resto. Así predijeron un futuro en que el más poderoso de los dictadores y el último de los activistas tendrán acceso a inteligencias artificiales de similar potencia.
OFF 2026 contó incluso con una princesa, o algo parecido, en Noor Pahlaví, hija del príncipe Reza Pahlaví y nieta del último sha de Irán. Al entrar al escenario, Noor fue recibida con aplausos frenéticos por la nutrida representación iraní en el evento. Porque el desespero iraní es tan notorio que se asemeja al cubano. De un lado, los iraníes desean mayoritariamente la invasión al país para deponer a un régimen al que ninguna de las revueltas anteriores ha conseguido derrocar. Por otra parte, están dispuestos a perdonarle a los herederos del sha los pecados de su patriarca. Los crímenes que cometiera el sha mientras estuvo en el poder fueron convertidos en peccata minuta (se habla de 3 000 a 5 000 asesinados durante el régimen del sha) por los más de 120 000 ejecutados por el régimen de los ayatolas.
Si Noor Pahlaví era aplaudida como princesa de facto, María Corina Machado fue la reina extraoficial del cónclave en Oslo. La última premio nobel de la paz, de vuelta en la ciudad que le había otorgado el galardón, sonriente y accesible, compartía con el resto de sus compatriotas venezolanos la convicción de que este año será el de la libertad para su país. «Y también de Cuba», me insistió ante mi visible escepticismo. Pero hay dos diferencias esenciales con Venezuela —insistí en los encuentros formales e informales que compartí con los invitados latinoamericanos—. Por una parte, nuestra oposición y nuestro exilio carecen de la representatividad que tiene la oposición venezolana con una elección presidencial ganada de su lado. Por otra, el ejército cubano —aunque incapaz de repeler una invasión extranjera— tiene fuerza suficiente para reprimir a su pueblo para defender su control sobre la mayor parte de la economía del país, control que perderían con un cambio de régimen. Por ese control, la cúpula militar castrista está menos dispuesta a morir que a matar.
Esta vez no hubo ningún cubano entre los oradores oficiales del Oslo Konserthus, pero la isla estuvo presente de muchas maneras. Como en la instalación de celdas a la entrada del concierto a cargo de Alian Collazo y la Cuban Freedom March que incluyó la dedicada a Luis Manuel Otero Alcántara, todavía en prisión, (otras celdas simbólicas fueron la dedicada a los hermanos Gao Zhen y Gao Qiang —el primero de los cuales está en prisión desde mayo—, la de la artista siria Azza Abo Rebieh y la del nicaragüense Pedro X. Molina). Cuba también estuvo en las estadísticas que se ofrecían sobre países con menos libertad de prensa, con mayores restricciones de todo tipo y en el nuevo atlas del Tyranny Tracker de la Human Rights Foundation.
Pero sobre todo, la isla se hizo presente en las palabras de Rosa María Payá, recién llegada del Foro DDC «Para la Cuba de mañana» con la buena nueva de los avances que se habían logrado en términos de unidad de las fuerzas democráticas del exilio. Payá, quien recordó una vez más el asesinato de su padre a manos de la dictadura cubana, denunció la desesperada situación cubana que describió con la palabra genocidio, luego de perder 3 millones de habitantes en los últimos años. Payá aclaró que tal descenso poblacional no se debe solo a la emigración masiva sino también a la crítica situación alimentaria y sanitaria del país, controlado por un régimen más preocupado en enriquecerse y perseguir la iniciativa privada que por procurarles los servicios básicos a sus ciudadanos. No estaba de más este recordatorio cuando muchos insisten —soy testigo— en que la catastrófica situación de la isla se debe a las recientes presiones del Gobierno norteamericano antes que a la rapacidad y la ineficiencia del cubano. Como si un año atrás en ese foro yo mismo no hubiera hablado de la terrible situación que atravesaba el país antes de que a Trump se le ocurriera tomar medida alguna.
El Freedom Forum de Oslo intenta no solo ofrecer un diagnóstico ante la fiebre de autoritarismos que sacude al planeta. También trata de recetar curaciones. Atrás quedó el futuro profetizado por Francis Fukuyama en que el mundo tendería natural y unánimemente hacia la democracia liberal. Contrario a la optimista idea de progreso, hoy vivimos en un planeta más autoritario que el de dos décadas atrás. Y más represivo. El ideal de convivencia armoniosa y jurídicamente igualitaria tiende a evaporarse cuando la incertidumbre y el miedo asumen la forma de esperanza autoritaria: el hombre fuerte y la ideología impecable en vez de los agotadores ajustes democráticos.
De vuelta de Oslo traigo una noticia buena y otra mala. La mala es que los malos están ganando. La buena es que los buenos no dan señales de rendirse.
martes, 23 de junio de 2026
La noche de los pelados infames
Se enfrentaban en Guadalajara, Colombia equipo que ya ha ganado la competencia por los peores pelados del Mundial y República Democrática del Congo que corre el peligro de convertirse en el país de al lado (República del Congo a secas) si se descubre que no es democrático. Durante buena parte del partido este parecía una definición leninista: los de arriba (en el escalafón de la FIFA) podían pero no querían y los de abajo querían pero no podían.
No los aburriré con la descripción de un partido caracterizado por la ineficacia ofensiva. Tuvo un solo gol y este lo anotó (¿adivinan?) el del pelado más feo en todo el terreno, el colombiano David Muñoz. Con veinte minutos por jugar Luis Suárez, el mejor jugador sobre la cancha, anotó dos goles pero fueron anulados por fuera de juego o pelado incorrecto, no estoy muy seguro.
El Fénix portugués renace en Houston
A los seis minutos de iniciado el partido entre Portugal y Uzbekistán Cristiano Ronaldo, quien se había ido en blanco en su primer compromiso, finalmente se encontró con la solución a todos sus problemas, su sedante, su terapia con el psicoanalista, que no es otra que un gol producto de un centro que cazó enfrente de la portería ex soviética. Aplacada la ansiedad de goles y reconocimiento público Cristiano se encontró con el padre, freudianamente hablando y por fin el resto del equipo se pudo dedicar a lo que mejor sabe hacer, que es jugar futbol.
Tan exultante estaba Cristiano con su primer gol en Mundiales en mucho rato que hasta se sintió súbitamente generoso y aunque se paró frente al balón para cobrar un tiro libre a última hora permitió que lo hiciera un compañero, despistando por completo al portero contrario que reaccionó tardíamente al disparo del portugués. Porque resulta, como sospechábamos, pero no habíamos tenido oportunidad de confirmarlo, que Portugal contiene enormes reservas de talento que el agujero negro en que se había convertido la presencia de Cristiano en el equipo no permitía expresarse.
Liberado El Bicho de sus ataduras freudianas, encontrado el gol, ese es su lema, su religión, todo empezó a fluir. Así anotó un segundo gol con el que rompía todos los récords posibles menos el que a él le interesa porque están en manos de un argentino de cuyo nombre no se quiere acordar. Tanto fluía el juego portugués que hasta los uzbekos quisieron aportar su granito de arena con un autogol, o al menos eso fue lo que decidió la FIFA en su infinita sabiduría. Y para terminar Rafa Leao, quien acababa de entrar de cambio unos minutos antes anotó el gol que completaba la manita a los uzbekos que dirige Fabio Cannavaro.
Podría verse como el inicio de la otra mitad de la vida de Portugal en el mundial si no es porque marcado su segundo gol ya Cristiano volvía a su mala costumbre de pasarse la mitad del tiempo en fuera de juego a la espera de completar el hat trick como había hecho "ustedes saben quien" en su primer juego. Y es que las malas costumbres nunca se olvidan. Los traumas tampoco.
lunes, 22 de junio de 2026
Mbappé y Haaland: su propia guerra
Esta vez el
mundial se ha sincronizado con la publicidad mejor que nunca. De un lado las llamadas
“pausas de hidratación” que no le gustan ni al público ni a los jugadores pero
permiten intercalar el doble de anuncios y cambian el sentido del tiempo. Si
antes cada partido era una película con intermedio ahora se siente como una
miniserie de Netflix de cuatro capítulos: aunque son los mismos noventa minutos
dan la sensación que el tiempo pasa más rápido, como en lugares con menor
fuerza gravitacional o como cuando te metes en el inodoro con el teléfono en la
mano.
Pero ni siquiera las
pausas de hidratación (con ese nombre que parece que se lo puso el mismo de “picadillo
texturizado”) son lo más notorio. Piensen en los goles anotados por las
estrellas de los anuncios. Antes goleador famoso que salía en la publicidad
goleador que se iba en blanco todo el campeonato, su equipo era eliminado en la
primera ronda o se partía una pierna nada más empezar el campeonato. Este año, sucede
todo lo contrario. Este año los jugadores que salen en los anuncios son los que
marchan al frente en goles anotados lo cual sería perfectamente normal si no
fuera porque casi nunca ocurre. Es como si los dioses del fútbol la tuvieran
cogida con la FIFA e hicieran lo posible por joderle el negocio.
Detesto las
teorías de la conspiración así que prefiero pensar que este año por fin los
dioses se han decidido a complacer a la FIFA. Eso explica que después de la
primera ronda de partidos sean precisamente Messi, Haaland, Mbappé y Harry Kane
los que figuren tanto al frente de los goleadores como de los carteles
publicitarios. Solo falta que Bad Bunny anote un hat trick. (Cristiano Ronaldo no ha anotado todavía su primer golito pero
el suyo siempre ha sido un caso especial: a pesar de sus novecientos y tantos
goles no acaba de caerles bien ni a los dioses del fútbol ni a sus compañeros
de equipo).
Este es el
contexto en el que Mbappé y Haaland salieron al terreno hoy representando a Francia
y a Noruega respectivamente. Eso y que Messi había llegado horas antes a los
cinco goles en el torneo lo que ha convertido en una competencia sobre cual de
las estrellas publicitaria convierte más goles. Mbappé empezó bien, anotándole
un gol a Iraq, que es bastante más de lo que le ha hecho Trump a ese mismo país, si
se descuentan los ayatolas muertos. Uno a cero terminó el primer tiempo, pero
entonces una tormenta eléctrica obligó a interrumpir el partido. Tanto se
demoró como para que cuando Francia e Iraq reanudaron su partido ya Noruega y
Senegal habían comenzado el suyo.
Mientras Haaland
se empeñaba en alcanzar a Mbappé (Messi ya le va quedando lejos) el francés
anotó su segundo gol de la tarde y cuarto del campeonato, obsequio de la despistada
defensa iraquí. Alguien diría que esos regalitos son enviados por Infantino en
persona, pero no lo creo. Los dioses del fútbol han demostrado tenerle
suficiente cariño a Mbappé como para que se permitan ese tipo de presentes. Haaland
por su parte luego de anotar su primer gol de la noche recibió un obsequio
similar al de Mbappé, el cual convirtió en su segundo gol de la noche. Tal parece
que los dioses del fútbol han decidido adelantar las navidades para junio.
El partido entre Francia e Iraq terminó con 3 a 0 redondeado por Dembelé. En el de Noruega vs Senegal los africanos, que al parecer no entendían de qué se trata este campeonato no dejaban alejarse demasiado a los escandinavos respondiendo a sus goles en la medida de sus capacidades. Todavía en el minuto 92 encontraron fuerzas para acercarse 3 a 2 pero por mucho que lo intentaron terminaron derrotados, una señal de que los dioses del fútbol, o la FIFA los quieren pronto de regreso a casa.
Messi contra el mundo (o a favor)
Desde el hat-trick inaugural de Messi contra Argelia los partidos de Argentina se han convertido en otro deporte diferente al fútbol. Un deporte en el que en lugar de preguntarte ¿quién ganará? Te preguntas ¿cuántos goles meterá Messi? ¿hasta dónde llevará el récord de más goles en mundiales? Y todo bien parecía bien encaminado cuando apenas empezado el partido el árbitro, al parecer impaciente por acabar con la incertidumbre, señaló un penalti a favor de Argentina. Ya fuera porque le pareció demasiado fácil -o para desmentir los rumores difundidos por la prensa y el resto de los argentinos de que no es humano- Messi falló el disparo desde los once metros echándola fuera de esa portería que conoce mejor que a sus hijos.
El fallo de su máximo líder pareció contagiar al equipo argentino que se dejó quitar la iniciativa durante buena parte del primer tiempo. Hasta que Messi finalmente se aburrió y desde el borde del área chica metió la pelota con esa falta de esfuerzo que a otros, sobre todo si tienen nombre de creyentes, les puede resultar insultante. Con ese tanto Messi a dos días de cumplir 39 años se convertía en el máximo goleador de la historia de los mundiales de fútbol algo que a Pelé le fue inalcanzable, pero que para el argentino es como si cumpliera un deber.
El juego siguió sin muchas incidencias que reseñar hasta que Messi, que se moría del aburrimiento le puso un balón a Julián Álvarez que lo dejó solo frente al portero pero, como era de esperar, falló. Y es que los compañeros de equipo de Messi son correctos y trabajadores como el novio que uno quiere para su hija aunque al final ella prefiera alguien que simplemente la sepa meter. Messi no. Fue a buscar el rebote y el mismo disparó y falló pero como si estuviera representando una fábula en que a veces es la cigarra y otras la hormiga se empeñó en que la pelota entrara en la portería austriaca -sí, lo había olvidado decir, además de contra el récord y contra sí mismo hoy Messi jugaba contra Austria- hasta que a la pelota finalmente no le quedó otro remedio que obedecerlo.
Esta noche supongo que Messi dormirá como siempre, a pierna suelta, con la satisfacción del deber cumplido. En cambio Cristiano para dormir tendrá que esperar a que terminen que reponer la puerta de la habitación de su hotel a la que, no se sabe por qué, la destruyó a patadas.
domingo, 21 de junio de 2026
Cabo Verde no cree en camisetas
Luego de empatar a cero con España, campeona hace cuatro mundiales, a Cabo Verde le tocaba ripiarse con Uruguay. Uruguay fue dos veces campeón de cuando los mundiales se transmitían por radio y no te sacaban tarjeta aunque mataras a alguien en el terreno porque todavía no se habían inventado. Las tarjetas, digo, porque lo que es matar el copyright ya lo tenía Caín desde mucho antes. Y se sabe lo mucho que pesan las camisetas en un mundial, sobre todo si tienen estrellitas de campeón.
Pero ya desde el juego contra España los caboverdianos habían demostrado tener muy poco respeto por las camisetas con estrellitas, fueran frescas o añejas. Si contra España había demostrado que podían pasar 90 minutos sin recibir goles gracias a San Vizinha, su portero milagroso, luego de los tanteos de costumbre Cabo Verde metió la pelota en la portería de los fanáticos del mate. Los uruguayos debieron sentirse como aquel soldado americano atravesado por una lanza vietnamita en Apocalypsis Now. "¿Eh, pero esta gente mete goles?" debieron preguntarse los uruguayos. Esos que presumen de ser el país más pequeño que ha ganado un mundial (y hasta dos) acababan de recibir un gol de un país ocho veces más chiquito en su primera incursión en un mundial.
Los fans del mate se avivaron y aprovechando que los contrarios tenían un jugador en el piso empataron el juego con un gol de Araujo y ya que estaban en eso Canobbio los puso arriba con otro gol. Ya todo volvía a ser como ha sido siempre con las camisetas con estrellitas pasándole por encima a las camisetas novatas. Pero en la confianza está el peligro y en una salida del portero Muslera que hizo parecer la de la Caperucita Roja un dechado de prudencia un tal Hélio Varela marcó el gol del empate a puerta vacía. Lo que le siguió fue la desesperación de las camisetas uruguayas ante el peligro de quedarse fuera del mundial por culpa de una camiseta debutante pero sucede que las camisetas deben tener jugadores dentro y este año, con algunas excepciones parecían pasear vacías por el campo. Nada que ver con los Luis Suárez, Cavani y Forlán de hace unos años, para no hablar de Obdulio Vareal, el capitán del Maracanazo.
Ahora la única opción que le queda a Uruguay para seguir en el mundial al menos una ronda más será ganarle a España que acaba de despertarse con cuatro goles a Arabia Saudita. Y para eso necesitan bastante más que una camiseta.