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domingo, 20 de marzo de 2022

Carta abierta a directores de Meliá

 

Señores Gabriel Escarrer Juliá y Gabriel Escarrer Jaume:

Como deberían saber, Cuba, el país en el que su compañía tiene importantes intereses económicos es una dictadura desde hace más de seis décadas. Durante todo ese tiempo se le ha vedado a sus ciudadanos expresarse libremente, prohibición que se desestimaba ante la creencia generalizada de que todos los cubanos pensaban de forma idéntica a su gobierno y estaban totalmente contentos con cada una de sus decisiones.

Desde el 11 de julio de 2021 esa creencia -absurda donde las haya- ha perdido todo asidero con la realidad. Ese día decenas de miles de ciudadanos salieron a las calles de la isla a protestar contra su gobierno y este reaccionó de la manera más brutal posible: reprimiendo violentamente a los manifestantes y deteniéndolos por centenares. Desde entonces buena parte de estos detenidos siguen en prisión habiendo sido condenados muchos de ellos a largas penas de cárcel por cargos fabricados: hasta esta semana han sido 128 los condenados a penas que suman 1916 años de cárcel. Otros esperan en prisión —en condiciones terribles— a ser enjuiciados sin las mínimas garantías procesales.

No acusamos a Meliá Hotels International de reprimir al pueblo cubano ni de encarcelar a cientos de sus ciudadanos incluidos mujeres, niños y personas en delicado estado de salud. Sí acusamos a Meliá en cambio de ser cómplice de los represores y carceleros del pueblo cubano. Como representantes de una compañía que ha prosperado en una sociedad democrática —basada en el derecho elemental de sus ciudadanos de expresarse libremente— debería repugnarle la sola idea de hacer negocios en países que les nieguen tal derecho a sus propios ciudadanos. Como no parece ser así, hemos decidido recordarle al mundo democrático que Meliá Hotels International colabora con un régimen que encarcela a sus ciudadanos por expresarse libremente. A partir de ahora lanzaremos una campaña de protestas contra su empresa que no cesará hasta ver libres a todos los prisioneros de conciencia en la isla.

Firman

Cubanos libres por el mundo

domingo, 2 de mayo de 2021

Protestas en Nueva York

Por dos días consecutivos (viernes 30 de abril y sábado 1ro de mayo) los cubanos nos manifestamos en Nueva York en defensa de la vida y los derechos de Luis Manuel Otero Alcántara y el resto de cubanos que defienden su derecho a ser libres en la isla. 


























domingo, 27 de enero de 2019

Grafitti en Nueva York

El viernes pasado frente a la sede de la Misón de Cuba ante la ONU un grupo de personas estuvieron manifestándose y el artista Geandy Pavón hizo uno de sus performances:







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viernes, 11 de diciembre de 2009

Jama y libertad, segunda parte




Esta vez no se trata de un borracho. Ahora son estudiantes del Instituto Superior de Arte. Empiezan protestando por la comida. No se atreven a darle nombre a la protesta. “¡Esto no es una huelga!” dice uno. Tantos años de aprendizaje del miedo que ni siquiera el miedo tiene nombre. ¿Cuántas veces no ha pasado antes? Se preguntará cualquiera que asistió a una de las tantas micro huelgas por el mismo asunto en los últimos cincuenta años. Pero hay diferencias. Primero es que tenemos las imágenes y las voces no mucho después de haberse producido. No es el grito aislado que sólo nos llega a través de rumores. Luego está lo rápido que salta la palabra “derechos” para pasar sin transición a hablar de libertad de expresión, de recordar -por ejemplo- el por qué alguien estudia arte.

No es ese el comienzo de una revolución, ni falta que hace. Es simplemente el síntoma compartido de muchachos que se sienten frustados y que no han tenido miedo a expresarlo. Que se dan cuenta que caen fuera de las prioridades del gobierno y que los futuros deportistas y represores cibernéticos comen mejor que ellos. Que están en el sitio de los no privilegiados. Justo en la posición en que los derechos empiezan a importar. “No pueden botar a toda la escuela” dice una y está en lo cierto. No lo harán. Les bastará con expulsar a los cabecillas –o asustarlos lo suficiente- y mejorar la comida durante unas semanas para que todo se disipe. Pero de cualquier manera bendita sea la era digital que no permite que esto quede en una gritería en un comedor. Que los derechos que esos muchachos exigen no quede únicamente como asunto de ellos.