viernes, 7 de mayo de 2021

Experimentando con la libertad

En la protesta frente a la Misión de Cuba ante la ONU del sábado pasado en apoyo a los perseguidos en la isla no había nadie más entusiasta que una perfecta desconocida. Debo aclarar que el mundo de los cubanos que participa en estas manifestaciones en estos lares no abunda en sorpresas. Las caras suelen ser conocidas y a las nuevas les toma un par de protestas hasta sentirse cómodas del todo. Esta no. La mujer en cuestión era rabia en estado puro, desfogándose contra la fachada de ladrillos que representa en Manhattan el rostro de nuestra dictadura.

Averigüé hasta enterarme que la desconocida había sido invitada por un amigo a quien le gustan los experimentos sociales. En este caso quería saber cómo respondería alguien que todavía reside en Cuba a una experiencia tan rara como protestar contra su gobierno. El experimento había sobrepasado todas las expectativas de mi amigo. Aquella señora gritaba como si le fuera la vida en ello, o mejor, como si en unos días no fuera a ser atendida en la aduana cubana por representantes del mismo gobierno contra el que protestaba en medio de Lexington Avenue. Pero nadie podía sacar mejores conclusiones del experimento que la propia desconocida quien en algún momento se giró para nosotros y dijo entre entusiasta y desoncertada:

-Yo no sabía que tenía tantas ganas de gritar.

lunes, 3 de mayo de 2021

Gardel en Nueva York



Mucho antes de que la humanidad enloqueciera con la rumba, otro ritmo latino ya la había arrebatado. Me refiero al engendro de raíces gitanas, africanas y gauchas conocido como tango. Como suele suceder, al principio en Argentina la alta sociedad despreció el impetuoso baile.

Pero al llegar a París en 1908, su ritmo se hizo contagioso, y en 1913 en los salones de Europa no se bailaba otra cosa. En Londres lo mezclaban con el té y en Rusia el zar le pidió a sus sobrinos que le enseñasen unos pasillitos.

En el invierno de ese año, el tango, convertido en pandemia, arrasó Estados Unidos y gracias a la naturaleza comercial del país pronto se vendían zapatos, ropa, sombreros y maquillaje dedicados exclusivamente al tango. Pero ninguna fiebre es eterna.

Para 1915 París decretó la expulsión de varios maestros de tango, el baile fue ilegalizado en varias ciudades norteamericanas y el Papa condenó la inmoralidad de restregarse con tal violencia con el pretexto de bailar. Para fines de ese año la pandemia parecía estar controlada. La segunda ola del tango fue menos violenta pero más insidiosa.

En lugar de baile instrumental el tango empezó a cantar amores perdidos, mujeres perjuras, madres abandonadas y carreras de caballos.

Y no tuvo mejor representante que Carlos Gardel quien ayudado por la difusión del gramófono triunfó en 1917 con “Mi noche triste” acompañado de guitarra sin importar que la canción abriera con puro lunfardo: “Percanta que me amuraste”.

Gardel, ahora considerado más argentino que el bife de chorizo o creerse Dios, había nacido en Tolosa, Francia con el nombre de Charles Romuald Gardès.

Su madre, la lavandera Berthe Gardès, cansada del desprecio que entonces le dedicaban a las madres solteras se fue a Argentina cuando el niño tenía tres añitos, justo a tiempo para que no hablara español arrastrando la erre.

El resto es leyenda.

Si al principio la fama del rebautizado Carlos Gardel viajó a lomos de las grabaciones y la radio, lo último en tecnología hasta el momento, con la aparición del cine sonoro alcanzó unos límites desconocidos para cualquier artista latino anterior a la invención de los video clips.

Video clips extendidos fueron sus películas con una trama inventada para justificar la transición de canción a canción.

Todos sus largometrajes sonoros Gardel los filmó para la Paramount entre 1931 y 1935. De los ocho la mitad fueron filmados en las afueras de París y el resto en Nueva York: “Cuesta abajo” (1934), “Tango en Broadway” (1934), “El día que me quieras” (1935) y “Tango bar” (1935).

O sea, el Buenos Aires donde Gardel derretía a nuestras abuelas cantando “Por una cabeza” o “Volver” era una copia en cartón armada dentro de un estudio en Astoria, Queens.

Pero mientras cantara a nadie parecía importarle si Gardel se paseaba por una ciudad de ladrillo o de cartón corrugado. Buena parte de los actores de sus películas en Nueva York también eran de attrezzo: ante la falta de sudamericanos en la ciudad Gardel tuvo que convencer a los diplomáticos de Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y Perú para que rellenaran la escenografía.

Daba igual. A los estrenos de sus películas la gente acudió en hordas y hasta obligaba a los proyeccionistas a volver a proyectar las mismas canciones una y otra vez convirtiendo al cine en un antecedente del karaoke.

Sin apenas hablar inglés Gardel conquistó Nueva York, ciudad a la que había llegado el 28 de diciembre de 1933 y donde pasaría la mayor parte del resto de su vida. Que no sería mucha.

Gracias a las películas neoyorquinas la fama de Gardel terminó de arrasar todo el continente. Tras verlo en pantalla, ahora Latinoamérica se moría por escucharlo en vivo.

El cantante partió de Nueva York para iniciar su gira latinoamericana el 28 de marzo de 1935. Apenas tuvo tiempo para actuar en Puerto Rico, Venezuela, Curazao, Aruba y Colombia. El 24 de junio, mientras despegaba de Medellín rumbo a Cali, su avión chocó con otro muriendo el cantante y dejando a todo un continente huérfano de su grandeza.

domingo, 2 de mayo de 2021

Protestas en Nueva York

Por dos días consecutivos (viernes 30 de abril y sábado 1ro de mayo) los cubanos nos manifestamos en Nueva York en defensa de la vida y los derechos de Luis Manuel Otero Alcántara y el resto de cubanos que defienden su derecho a ser libres en la isla. 


























miércoles, 28 de abril de 2021

La Revolución y los árboles

 




    
                A Mabel Cuesta, ella sabe por qué

Siempre fue una relación tensa, como todas las relaciones desiguales y mal correspondidas
. Mientras los árboles daban sombra, oxígeno o frutos con la misma parsimonia con que los habían entregado a regímenes anteriores la Revolución más que devolverle los favores condicionaba su relación a objetivos mucho más vastos. Si había que llevarse la mitad de los bosques por delante para sembrar caña para la zafra de los 10 millones, el Cordón de La Habana u otro eslabón de la cadena de ilustres fracasos revolucionarios, se hacía. Si se ponía de moda el ecologismo y la repoblación de bosques, también se hacía. Pero lo que nunca permitía la Revolución era que su relación con los árboles la distrajese de sus objetivos estratégicos. Y, como su máximo líder siempre lo dejó claro, para una Revolución no hay mayor objetivo que mantenerse en el Poder.

Mi padre, ingeniero forestal, botánico, ecólogo que ha consagrado su vida al estudio de los bosques cubanos siempre me lo dejó claro: la existencia de los árboles en Cuba está condicionada al bienestar del poder. Cuando participaba en los planes de repoblación forestal en la Sierra del Rosario o en cualquier otra parte del país le dejaban claro que más importante aún que la conservación y el crecimiento de los bosques en Cuba era asegurarse que nadie se volviera a alzar en montaña alguna. La siembra de nuevas posturas podía ser todo lo improvisada e ineficaz que se podía esperar en aquel sistema pero lo realmente importante era garantizar las vías de acceso de tropas y tanques a las montañas cubanas en caso de necesidad. Si es que no se habían plantado, junto con los nuevos árboles, discretos asentamientos militares por los alrededores.

Ahora me llega desde La Habana una explicación para la furia arboricida que ha atacado a la ciudad en los últimos meses: necesitan despejar la ciudad para facilitar la circulación de drones encargados de la vigilancia de disidentes y otras especies perniciosas. O limpiarle el campo visual a las cámaras de vigilancia. Suena paranoico, ya lo sé. ¿Como en medio de la crisis mayúscula que está llevando al país a un nuevo medioevo es posible que se dediquen tantos recursos a abrirle camino a esos heraldos de la represión posmoderna? La explicación empieza a parecer más racional si se piensa que lo que siguió al levantamiento pacífico del 27N frente al MINCULT fue justamente la tala de los árboles de la cuadra en la que se enclava el ministerio. Puede haber otras explicaciones al actual ensañamiento contra los árboles habaneros pero dado el orden de prioridades de la Revolución no sería extraño que se trate de otra medida estratégica para salvaguardar la gloriosa Madre de Todos los Poderes de la isla. Esa que supedita cada brizna de yerba que crece en la isla a su existencia.

martes, 27 de abril de 2021

La sombra de Padilla


En el 50 aniversario de la famosa "autocrítica" Heberto Padilla la artista Coco Fusco acaba de estrenar un performance consistente en la lectura colectiva de su texto por un grupo de artistas, activistas, escritores e intelectuales cubanos de la isla y el exilio. En dicha lectura participamos Carlos Aguilera, Lupe Álvarez, Katherine Bisquet, María Antonia Cabrera Arus, Sandra Ceballos, Armando Correa, Mabel Cuesta, Néstor Díaz de Villegas, Rafael Díaz-Casas Julio Llópiz Casal, Eilyn Lombard, Martica Minipunto, Yanelys Nuñez Leyva, Amaury Pacheco, Orlando Luis Pardo Lazo, Alexis Romay, Iris Ruiz, Abel Sierra Madero y un servidor. El diseño es de Hamlet Lavastida.
Se han hecho eco del performance medios como Index on Censorship, The Show Room, HyperallergicDiario de Cuba, El Nuevo Herald,  Clarín (Argentina) etc.

Para ver el performance hacer click aquí.

De exilios y diásporas


 Ver el video del conversatorio aquí. (Hablo sobre la hora y 18 minutos y luegoa las 2 horas y 3 minutos).

domingo, 25 de abril de 2021

Discurso de Isaac Bashevis Singer en el banquete del Premio Nobel, 10 de diciembre de 1978


Sus Majestades, Altezas Reales, damas y caballeros:

La gente me pregunta a menudo: "¿Por qué escribes en un idioma moribundo?" Y quiero explicarlo en pocas palabras.

En primer lugar, me gusta escribir historias de fantasmas y nada se adapta mejor a un fantasma que un idioma moribundo. Cuanto más muerta es la lengua, más vivo es el fantasma. A los fantasmas les encanta el yiddish y, hasta donde yo sé, todos lo hablan.

En segundo lugar, no solo creo en los fantasmas, sino también en la resurrección. Estoy seguro de que millones de cadáveres que hablan yiddish se levantarán de sus tumbas algún día y su primera pregunta será: "¿Hay algún libro nuevo en yiddish para leer?" Para ellos, el yiddish no estará muerto.

En tercer lugar, durante 2000 años el hebreo se consideró una lengua muerta. De repente se ha vuelto extrañamente vivo. Lo que le sucedió al hebreo también puede sucederle al yiddish algún día (aunque no tengo la menor idea de cómo pueda ocurrir este milagro).

Todavía hay una cuarta razón menor para no abandonar el yiddish y esta es: el yiddish puede ser un idioma moribundo, pero es el único idioma que conozco bien. El yiddish es mi lengua materna y una madre nunca está realmente muerta.

Señoras y señores: Hay quinientas razones por las que comencé a escribir para niños, pero para ahorrar tiempo mencionaré solo diez.

Número 1) Los niños leen libros, no reseñas. Les importa un comino las críticas.

Número 2) Los niños no leen para encontrar su identidad.

Número 3) No leen para liberarse de la culpa, para saciar su sed de rebelión o para deshacerse de la alienación.

Número 4) No les sirve la psicología.

Número 5) Detestan la sociología.

Número 6) No intentan entender a Kafka ni el Finnegan’s Wake.

Número 7) Todavía creen en Dios, la familia, los ángeles, los demonios, las brujas, los duendes, la lógica, la claridad, la puntuación y otras cosas obsoletas.

Número 8) Les encantan las historias interesantes, no los comentarios, las guías o las notas al pie.

Número 9) Cuando un libro es aburrido, bostezan abiertamente, sin vergüenza ni temor a la autoridad.

Número 10) No esperan que su amado escritor redima a la humanidad. Por jóvenes que sean, saben que eso no está en su poder. Solo los adultos tienen ilusiones tan infantiles.



sábado, 24 de abril de 2021

Leyendo A Homero En La Habana



Por Enrisco

En mi juventud habanera casi todo estaba racionado: la comida, la ropa, los zapatos. Pero, sobre todo, las lecturas. Cierto que había muchos libros disponibles, pero la gran mayoría de ellos, al igual que la música y el cine, respondían al mismo sesgo ideológico o, como se decía en aquellas circunstancias, a la misma concepción científica y revolucionaria del mundo. Imposible tropezarse en las librerías con George Orwell, Mijail Bulgakov o Milan Kundera en los estantes de literatura europea, con Mario Vargas Llosa, Octavio Paz o Jorge Luis Borges en los de latinoamericana o Virgilio Piñera, José Lezama Lima, Reinaldo Arenas, Lydia Cabrera o Guillermo Cabrera Infante en la cubana. Incluso los marxistas menos ortodoxos como Gramsci, León Trotski, Althuser o Adorno estaban prácticamente vetados de librerías y aulas. Toda la literatura contemporánea había sido sometida a una minuciosa criba enfocada en excluir los libros que cuestionaran el catecismo marxista. Incluso se censuraba a los “compañeros de viaje” que, en medio de su entusiasmo por la Revolución Cubana, mostraran algún aspecto de la realidad que la propaganda oficial prefería silenciar. Lo mismo se vetaban los libros de Eduardo Galeano que el entusiasta recuento que hiciera el poeta Ernesto Cardenal de su viaje a Cuba.

A los clásicos, en cambio, esa inercia de los programas de estudio, se les consideraba inofensivos. Al modo en que la Iglesia ejercía de perdonavidas con los autores precristianos, a los autores anteriores al Manifiesto comunista se les disculpaba el haber nacido antes de las fundamentales revelaciones del marxismo. En las escuelas se los leía, eso sí, en la clave del materialismo histórico: se hacían todas las acrobacias interpretativas necesarias para que los clásicos anticiparan las epifanías del marxismo. En la Ilíada, por ejemplo, no había personaje más importante que Tersites, aunque apenas se asomara en una breve escena de sus 24 libros para salir bastante mal parado. Tersites era, según la interpretación oficial que se nos impartía, el representante de los plebeyos y, quien dice plebeyos, dice los desposeídos, los proletarios, la clase revolucionaria. Pero al margen de aquellas lecturas tuteladas, la épica de griegos contra troyanos quedaba allí, con sus espléndidos misterios, dispuesta a entregarnos el sentido que pudiéramos atribuirle.

Lo mismo valía para Platón, Dante, Cervantes, Shakespeare, Balzac o Tolstoi. (La Biblia, en cambio, se excluía de librerías y programas de estudio: la religión era el opio del pueblo y en el socialismo el consumo de estupefacientes está severamente penado). Sus libros nos permitían fascinarnos por mundos y héroes lejanísimos y cercanos al mismo tiempo. Personajes que funcionaban con una lógica muy poco marxista, pero igual de humana que la nuestra. En medio de la vida milimétricamente racionada del totalitarismo aquellos clásicos nos permitían vivir vicariamente la experiencia de la libertad. Y entendernos con seres muertos hacía tanto tiempo, nos convertía en más sutiles, mejores, lectores.

Ahora, como profesor de la democrática academia norteamericana asisto no sin asombro a la creciente ofensiva contra los textos clásicos, los mismos que hasta la celosa censura totalitaria solía respetar. Cierto que no se les arrincona por clásicos sino por ser la obra de hombres blancos. Pero ni Platón, que alguna vez fue esclavo, Dante, exiliado, Cervantes, mutilado, esclavo y preso por deudas, Shakespeare plebeyo y Balzac, escribiendo bajo el acoso de sus acreedores, pudieron disfrutar a plenitud los supuestos privilegios que venían con su género y color de piel. Para no hablar de Homero quien, según la tradición, era ciego.

Hoy se pretende escoger las lecturas como se elige un traje de bodas: hechas estrictamente a las medidas identitarias de cada cual. De ser posible el autor deberá compartir raza, género, preferencia sexual e ideología con los lectores. Pero exagero. El rechazo más radical contra los autores blancos se lo escuché a un estudiante rubio y de ojos azules. Puede que él, como otros, intente cuestionar la veneración hueca que siempre ha existido hacia la literatura de épocas pasadas. (De manera no muy diferente el sistema educativo de Occidente alguna vez superó la superstición del latín). Puede que se haya roto el consenso sobre la necesidad de leer libros con previo fervor y misteriosa lealtad, al decir de Borges. Puede que lo que me predispone hacia la actual ojeriza contra los clásicos sea mi nostalgia por aquellas lecturas libérrimas en medio del más estricto racionamiento intelectual. Preferible que sea así y no que lo que persuada a los estudiantes de dialogar con algunos de los muertos más ilustres del pasado no sea la molicie o el miedo. El miedo, se sobreentiende, a atreverse a ver el mundo más allá de la perspectiva estricta que nos pautan nuestro tiempo y nuestras circunstancias. El miedo a ser, modestamente, libres.

domingo, 18 de abril de 2021

Decálogo del guerrero (de las redes sociales)


1.-Escriba como si sus posts pudieran ser leídos en una semana, un mes o un año. O en diez. Como para evitar que lo avergüencen demasiado cuando los vuelva a leer en una semana en un mes o un año. O en diez.

2.-Si va a entrar en un debate escríbale a sus interlocutores como si fueran personas reales. Posiblemente lo sean.

3.-Respóndale a sus contradictores no solo como personas reales sino como si hubiera alguna posibilidad de encontrárselas alguna vez, cara a cara, y no tener que bajar la suya. O desviarla en alguna dirección. Tenga en cuenta que en ese momento nadie le va a estar dando “like”.

4.-Si bebe no postee. Y si postea no beba. Más importante aún: si no ha probado alcohol ese día no tiene justificación para postear como si estuviera borracho.

5.- Recuerde que la palabra “friend” quiere decir “amigo”. Y si bien a todo “amigo” de Facebook no lo une un “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato” tampoco debe llegarse al extremo de insultarlo o dejarse insultar por este. Llegado a ese punto es mejor suspender la amistad, por muy virtual que esta sea.

6.-Recuerde que no puede tener la razón siempre. Si dice una cosa un día y la contraria al siguiente lo más probable es que una de sus afirmaciones sea errónea. O  las dos. O si la noticia con la que ayer estuvo de acuerdo hoy resultó ser falsa no insista en sacar la misma conclusión que cuando la creía verdadera.

7.-Cuando una noticia parezca confirmar sus creencias más profundas no la reproduzca inmediatamente. Sospeche de ella. Compruébela con varias fuentes antes de difundirla. Recuerde que la realidad no existe para darle la razón sino más bien para quitársela.

8.-No escriba posts para sacarse la rabia de arriba. Como si estuviera tirando la basura a la calle. Piense que si todos hacemos lo mismo las redes sociales serán un basurero. Si no lo son ya.

9.- Diga las cosas como si pudiera estar equivocado. Como si alguna vez en su vida hubiera podido equivocarse. En parte porque un poco de humildad nunca viene mal. En parte porque si acierta la mitad de las veces no es un mal promedio, pero aun así queda demostrado que no es infalible. Después de todo ni siquiera el Papa lo es. (Sí Francisco, no te hagas ilusiones).

10.-Considérese de antemano un idiota si ha tenido el impulso de escribir un decálogo como este. Y actúe en consecuencia.

miércoles, 14 de abril de 2021

Locos por la rumba


Habría sido interesante viajar en algún vapor de la línea Nueva York-Habana un siglo atrás. A la ida con el barco cargado de turistas yankis deseosos de escapar del frío invernal y de la Ley Seca todo el año.

A la vuelta, con esos mismos turistas, ya resacosos, desafinando con sus maracas de souvenir y, junto a ellos, músicos cubanos impacientes por llegar a Nueva York. No solo para dejar de oír esas maracas con arritmia sino también incorporarse a la entonces lenta pero imparable invasión de música latina a los Estados Unidos y convertirse en los bisabuelos musicales de Bad Bunny.

Al principio no debieron notarlos mucho. En esa época Nueva York, como Chicago, estaba llena de tipos con estuches de guitarras. Lo extraño era que al abrirlos sacaran guitarras y no ametralladoras Thompson como dictaba la moda. O botellas de whiskey destilado en bañaderas. Si algo traían en sus estuches aquellos músicos, además de guitarras, sería ron Bacardí.

Al fin y al cabo, su negocio era el de promover productos locales. De aquellos vapores desembarcaron el Sexteto Habanero, el Trío Matamoros, el Septeto Nacional, Don Azpiazú y su Orquesta y muchos más. Su misión: grabar sus canciones (urticantes y contagiosas como ciertas enfermedades, pero más divertidas) en los estudios de Columbia, la RCA Victor o de la Paramount en Manhattan o en la vecina Nueva Jersey.

En estudios gringos María Teresa Vera añoró sus “Veinte años”, Miguel Matamoros lloró sus “Lágrimas Negras” e Ignacio Piñero recomendó “Échale salsita”.


Una vez impresas aquellas canciones en discos de goma laca viajaban a la isla para enardecer a sus ávidos bailadores y causar conflictos laborales: se cuenta que cuando el empleador de Matamoros descubrió que era el autor de los sones que enloquecían a toda la república le regaló cien pesos con una nota que decía “un artista de su calidad extraordinaria merece mejor destino y no sería justo de mi parte tenerlo de chofer en mi casa”.

Pero el éxito de aquella música no se limitó al oasis alcohólico de los gringos.

Tanta viajadera a Cuba terminó haciéndolos adictos a algo más que al alcohol local: descubrieron que cuando escuchaban aquellas grabaciones el whiskey de bañadera les sabía a Bacardí tomado a la sombra de un cocotero. O algo parecido.

La consagración llegó el 13 de mayo de 1930. Ese día Don Azpiazú y su Orquesta grabaron en la voz de Antonio Machín el pregón “El manisero” de Moisés Simons.

Fue en el estudio de la RCA Victor en el 18 West de la calle 46, en Manhattan. Su éxito dejó chiquita la palabra “apoteósico”. De aquella grabación se vendieron un millón de copias que equivalen hoy al éxito de tres o cuatro “Despacito”.

Todos querían grabar “El manisero”. Hasta Louis Armstrong cambió el “maniiiii” por “Marieeeee” y una jerigonza que le iba muy bien a su estilo improvisatorio. Todavía tres años más tarde los hermanos Marx la tarareaban en su comedia surrealista Duck Soup.

A la adicción de los gringos por cualquier música vagamente caribeña se le llamó Rhumba Craze (Locura de la Rumba). “Rhumba” le llamaron a sones, guarachas y congas porque les sonaba exótico: a Bacardí a la sombra de un cocotero y aquella “H” metida en el medio era como la sombrillita del trago.

Luego los catalanes Enric Madriguera y Xavier Cugat se dieron cuenta de que el negocio estaba en lo exótico y lo convirtieron en fábrica de chicharrones tropicales con violines y maracas.

La locura por la rumba pasó, pero en el 2001 “El manisero” entró en el Salón de la Fama del Grammy Latino.

En 2005 fue incluida en el Registro Nacional de Grabaciones entre las canciones que son “cultural, histórica o estéticamente importantes” para Estados Unidos.

Y por enseñarle a los gringos que había vida más allá del foxtrot, el charlestón y el whiskey de bañadera.

viernes, 26 de marzo de 2021

Una extraña alianza


El verano pasado fue testigo de una curiosa campaña en favor de la justicia social consistente en el sistemático derribo de estatuas. Curiosa por dos razones.

Una es que todavía no queda clara la relación causa-efecto entre la iconofobia y la justicia social: se pensaría que un movimiento que lucha por los derechos de las minorías tuviera asuntos más urgentes que ensañarse con esos glorificados cagaderos de palomas. Por otro lado, un movimiento que decía luchar contra la discriminación a la hora de elegir el blanco de su rabia iconoclasta demostró ser bastante indiscriminado: lo mismo la emprendió contra estatuas del general proesclavista Robert E. Lee que contra Ulysses Grant, el general que lo derrotó; les daba igual atacar efigies del presidente confederado Jefferson Davis que de Abraham Lincoln.

Si se trataba simbolismos es difícil desentrañar el de ataques que lo mismo se dirigían contra monumentos consagrados a la memoria de esclavistas que a la de abolicionistas. Queda más allá de mi limitado entendimiento encontrarle significado a un movimiento que atacaba lo mismo monumentos dedicados a Luis XVI que a George Washington; o a Thomas Jefferson, al abolicionista negro Frederick Douglass, a la nativa americana Hiawatha, a la virgen María y a Mahatma Gandhi. Esa fiebre de derribos parecía obedecer a la lógica por la que enjuiciaban a Joseph K. en El proceso: lo primero es derribar estatuas, que las justificaciones ya aparecerán. Ya se sabe: quien esté libre de pecado que erija su propio monumento.

De todos los ataques contra el mobiliario público ninguno más curioso que el infligido a un busto de Miguel de Cervantes en el parque Golden Gate, de la ciudad de San Francisco. El daño físico fue relativamente escaso: apenas unas manchas rojas alrededor de los ojos y una pintada en el pedestal que decía “Bastardo”. En cambio, el estrago que este ataque le hace a la lógica y el sentido común es demoledor.

Cervantes, como tengo que explicarle a estudiantes que con frecuencia ignoran hasta su nombre, escribió Don Quijote de la Mancha que es al mismo tiempo la piedra angular de la novela moderna y el mayor monumento literario que conoce la lengua española. Lo más seguro es que los atacantes del busto supieran menos del escritor que la mayoría de mis estudiantes. Les habrá bastado su bigote, su barba y su gorguera de bronce para imaginarlo esclavista, explotador, genocida. Seguramente los vándalos justicieros ignoraban que el busto atacado era el de un impedido físico que difícilmente estaría a favor de la esclavitud pues él mismo la sufrió durante casi cinco años. Tampoco debió importarles. Una vez contagiados con la fiebre justiciera la lógica es lo de menos.

Por si fuera poco, al otro lado del océano, quienes deberían ser más responsables que unos vándalos de parque -me refiero al gobierno español- decidieron quitarle a la lengua de Cervantes la condición de lengua vehicular del sistema educativo nacional. A nivel simbólico equivale a que el idioma de más de quinientos millones de personas termine convertido en su país de origen en lengua provincial. A nivel práctico reduce el castellano a un 25% de la comunicación diaria en las escuelas de media España y el dominio lingüístico de los estudiantes a un nivel que impedirá la comprensión y el disfrute de obras con la complejidad de Don Quijote. El afán justiciero alienta a la nueva ley: el desagravio retrospectivo a todas las lenguas locales arrinconadas en tiempos del franquismo lo pagará la lengua de Cervantes quien, según estas medidas, parece ser un seudónimo de Francisco Franco.

Algo me dice que cuando el escritor James Baldwin dijo que la ignorancia, aliada con el poder, es el enemigo más feroz que podía tener la justicia no pensó en la posibilidad, aún más perversa, de que la justicia buscara como aliado a la ignorancia.

martes, 23 de marzo de 2021

La Gran Depresión y la Guerra Civil de Manhattan*



Por Enrisco

La gran depresión empezó un lunes. El domingo por la tarde los ricos encendían sus puros con billetes de a cien y al día siguiente la Economía amaneció deprimida: no quería levantarse de la cama ni para cepillarse los dientes y pasó horas mirando al techo de la habitación.

En serio: el lunes 28 de octubre de 1929 la Bolsa de Wall Street perdió el 12% de su valor. Le llamaron Lunes Negro. En realidad, ya había pasado algo parecido el jueves anterior, al que también le llamaron “negro” pero los inversionistas confiaban en que la bolsa se recuperaría, se levantaría de la cama e iría al trabajo.

Pero ante la nueva caída todos entraron en pánico. Y el martes la cosa no fue mejor. Falso que manadas de inversionistas practicaran clavado desde los hoteles contra el duro asfalto de Manhattan, pero —tras una leve recuperación— es cierto que desde entonces todos los índices económicos reales cayeron en picada, como los suicidas imaginarios.

A los hispanos no les fue mejor que a los índices económicos. Los que habían llegado por miles ante la promesa de que para ganar dinero bastaba recoger el que andaba tirado por las calles, ahora hacían la cola del comedor de beneficencia.

Los ánimos estaban revueltos. Los recién llegados aprendían inglés en periódicos que llamaban a la huelga.

Nueva York se llenaba de puertorriqueños exiliados que huían de la represión contra los que en la isla pedían la independencia de los Estados Unidos. Nueva York seguía siendo parte de Estados Unidos pero los independentistas no parecían enterarse.

Eran tiempos duros y revueltos, como huevos en un desayuno, pero no dejaban de triunfar las iniciativas públicas o privadas. Entre las últimas está la de Don Prudencio Unanue, español emigrado a Puerto Rico que luego recaló en Nueva York y en 1933 fundó una empresa de importación de alimentos ibéricos con nombre de pintor sordo: Francisco de Goya, el Beethoven de la pintura.

Su empresa terminaría imperando en el mundo de los enlatados con el lema de “Si es Goya, tiene que ser bueno”. Aunque no pinte.

En política la elección del puertorriqueño Oscar García Rivera como representante por el Partido Republicano a la asamblea estatal fue todo un hito: García Rivera se convirtió en el primer nativo de Puerto Rico en ser elegido a un cargo público en Estados Unidos.

Su lema bien pudo ser: “Si es Rivera, tiene que ser boricua”. Pero pocas cosas animaron tanto aquella depresiva década como la Guerra Civil Española que estalló en 1936.

La mayoría de los inmigrantes hispanos se volcó en favor de la República: fundaron organizaciones que se fusionaron en las Sociedades Hispanas Confederadas dedicadas a crear publicaciones como Frente Popular, organizar manifestaciones, recoger dinero y vituallas para la República y reclutar voluntarios que fueran a pelear a España.

Pero no todos en Nueva York estaban con la República: la jerarquía católica irlandesa y los comerciantes españoles afincados en la ciudad apoyaron el alzamiento militar de Franco contra la República.

Los católicos por no apreciar la celeridad con que los republicanos le habían ofrecido pasaporte al paraíso a las monjas y curas españoles.

Los comerciantes por sospechar que con la República a sus negocios no les iba a ir mejor que a los curas y monjas.

Así que en 1937 crearon la Casa de España afiliada con la Falange Exterior y radicada en el Park Central Hotel. Uno puede imaginarse cómo fue la Guerra Civil Española en Manhattan, llena de miradas atravesadas, desafiantes.

Cuando la República al fin cayó ante el avance franquista todavía sus partidarios en la ciudad siguieron preocupados con el destino de los que acá buscaban refugio de la represión de Franco. O respondiendo las miradas atravesadas de los franquistas de Manhattan con otras más atravesadas todavía.

*Tomado de Nuestra Voz

lunes, 22 de marzo de 2021

Bienvenid@S Todes Y Todxs


Habrá empezado como rebeldía particular. Como rechazo a que la norma gramatical oculte a quienes no se sienten representados en el plural masculino. Comprensible, como cualquier rebeldía. Necesariamente exasperada e informe. Deseosa de un cambio que debería producirse en el plano de lo real. Pero luego la rebeldía se convierte en moda. Y de moda va camino de convertirse en obligación, ley, liturgia maquinal. Se sigue maltratando a las mujeres, (o asesinándolas si se cree necesario), despreciando a los homosexuales, marginando a los trans, pero cada vez nos sentimos más cómodos con esa parodia de rebelión que masacra el idioma y el sentido común mientras mantiene las desigualdades intactas. Sospechoso debió parecernos que alguien tan poco respetuoso con los derechos humanos como Nicolás Maduro estuviera tan dispuesto a hablar de “millones y millonas”.

La actual insurrección gramatical parte del discutible principio de que el lenguaje condiciona nuestros comportamientos. De tomarse la aserción bíblica de que “en el principio era el Verbo” con demasiada literalidad y confiar en que los cambios en el habla terminarán modificando nuestras acciones. Suele ocurrir lo contrario: son los cambios en las costumbres los que terminan haciendo inservibles ciertas inercias de la lengua.

Emprenderla contra los pronombres de género en español obedece, sospecho, a cierta equiparación simplista con el inglés. Así, la persistencia endémica del machismo hispano se atribuiría a la distinción genérica de pronombres y adjetivos. Elimínense las marcas de género del idioma —dirán— y las mujeres de Tegucigalpa gozarán del mismo respeto que las de Nueva York. Lo que equivale a suponer demasiadas cosas al mismo tiempo. Como que las neoyorquinas están especialmente satisfechas con la consideración que reciben. O que los pronombres neutros favorecen la igualdad de géneros. Esta última hipótesis padece cuando menos de anglocentrismo agudo: el de suponer que la lógica gramatical del inglés nos hará mejores personas a todos. Hipótesis que ignora que de los diez primeros países clasificados por igualdad de género solo en Nueva Zelanda (en sexto lugar) se habla inglés. O que, además del inglés, tampoco el armenio, el kurdo, el persa, el tagalo o el cantonés hacen distinción gramatical de los géneros. Habrá que preguntarles a las iraníes o turcas si la neutralidad gramatical de sus respectivas lenguas ha mejorado de alguna manera su condición de mujeres. (Si se tiene en cuenta los cuatro primeros lugares en el escalafón de igualdad de géneros son Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia sería hasta más lógico suponer que lo que inhibe la misoginia es el frío).

Pero la vida insiste en no ser sencilla. Mientras los beneficios del lenguaje inclusivo son discutibles el daño que se le impone al idioma y a su capacidad comunicativa empiezan a hacerse evidentes. Porque ya no se trata de una rebeldía puntual. A las rebeldes de toda la vida se le han sumado desde imitador@s bienintencionadxs hasta les demagogues de toda la vida. Los que no salieron en defensa de nadie cuando no estaba de moda hacerlo ejercitan su buena conciencia con la nueva calistenia gramatical. Pocas veces una rebelión fue tan poco riesgosa para sus practicantes (o para la realidad que intentaban cambiar) y, al mismo tiempo, más difíciles de entender los memos que circulan por los departamentos universitarios.

Los idiomas no son inmutables, ya se sabe. Basta leer El cantar del Mío Cid tal y como se lo transcribía en el siglo XIII. Pero ese organismo delicado y complejísimo que es el español sirve para que nos comuniquemos más de quinientos millones de personas a condición de que no abusemos demasiado de nuestras libertades como hablantes. Con independencia de nuestras buenas intenciones. Porque el lenguaje inclusivo superará su condición de moda pasajera solo si se convierte en norma. Imaginémoslo, pues, triunfante, definitivo. Cabe preguntarse si valdrá la pena escribir poesía en lenguaje inclusivo. O traducir a este a Sor Juana, a Vallejo, a Lorca, a Mistral o a Pizarnik. Tiene sentido averiguar si la nueva norma hará sus versos más bellos o parecerán aquejados de lepra puritana. Porque la estética es, junto a la utilidad, la prueba de fuego de las innovaciones.

No se trata de oponerse a toda novedad, pero tampoco de sucumbir a la superstición de que las novedades, por el simple hecho de serlo, entrañan mejoras automáticas. Tal y como se practica en estos días, el lenguaje inclusivo recuerda el tiempo decimal que intentaron imponer durante la Revolución Francesa por el que los días tendrían diez horas, las horas cien minutos y los minutos cien segundos; o el juicio por el que en 1918 los revolucionarios rusos condenaron a Dios a muerte y ejecutaron la sentencia ametrallando el cielo de Moscú. Gestos inútiles y ridículos que poco hicieron por la dignidad de causas tan atendibles como el sistema decimal o el ateísmo.

lunes, 15 de marzo de 2021

Breve historia de los actos de repudio


 

Dean Luis Reyes: ¿Cuándo y por qué el castrismo echó mano al mecanismo represivo de los actos de repudio?


Enrique Del Risco: Usar turbas violentas como arma de intimidación es consustancial a un régimen que pretende representar a la totalidad del pueblo, y que solo concibe la oposición y el disentimiento como crimen de lesa patria. Lo que eran exabruptos sociales en ciertos momentos históricos el totalitarismo lo hizo hábito recurrente. Según la lógica de los actos de repudio sus participantes actúan en nombre de todo el pueblo y cualquier exceso que cometan va a la cuenta del pueblo que, como sabemos, es inocente de lo que haga y si existe alguna culpa es de muy difusa atribución. El acto de repudio es la represión de Estado disfrazada de Fuenteovejuna.

Dentro de la propia Revolución Cubana puede verse como antecedente en un hecho del que se habla poco: el mítin al que convocó 19 de noviembre de 1955 en el Muelle de Luz la Sociedad Amigos de la República. El fundador de la SAR, el veterano de la Guerra de Independencia Cosme de la Torriente, buscaba una salida pacífica a la dictadura de Batista y con aquel acto intentaba demostrar la unidad y la fuerza de la oposición. Fidel Castro, que en ese momento se encontraba exiliado en México, dio órdenes al M-26-7 en La Habana de que reventara la concentración pública y eso fue lo que ocurrió. Miembros del Movimiento 26 de Julio lanzaron sillas y obligaron a suspender el mítin a gritos de “¡Revolución!”, “¡Revolución!”. Fue la manera en que el fidelismo dejó bien claro desde el principio que la única solución que iba a permitir para la crisis política creada por el golpe de estado de Batista era la violenta, de la que ellos eran sus principales representantes.

Luego, al triunfo de la Revolución, el nuevo régimen usó profusamente las turbas para manipular juicios (como el del coronel batistiano Jesús Sosa Blanco en la Ciudad Deportiva), silenciar medios de prensa, atacar protestas opositoras (como la que se celebró para protestar por la visita del representante del gobierno soviético Anastas Mikoyán en 1960), controlar organizaciones como la CTC o la FEU, llevar a cabo confiscaciones de propiedades, “depuraciones” estudiantiles, etc.

La justificación del acto de repudio es puro absurdo: en una sociedad sobre la que el Estado tiene un control absoluto la forma de represión más visible supuestamente corre a cargo de la voluntad espontánea del pueblo. En 1980 con la sacudida que representaron para el régimen los sucesos en torno a la embajada del Perú y el éxodo del Mariel los actos de repudio alcanzaron su expresión más masiva y terrible. Las autoridades dieron carta blanca a la gente para que desatara sus instintos más bajos contra los que se iban. En una sociedad tan represiva cuando a la gente le dan la posibilidad de desatarse se desata. Sé de lo que hablo. Participé en aquellos actos de repudio y la única disculpa que encuentro eran mis doce años de entonces. Y no me es suficiente. Conocí directamente un par de casos de dirigentes que intentaron irse y los actos de repudio contra ellos fue especialmente enconados y feroces y controlados por lo que a todas luces eran policías vestidos de civil. De una de sus víctimas -secretario general del sindicato los trabajadores civiles de las FAR- se decía en el barrio que había muerto por la golpiza que recibió frente a los ojos de todos, al salir de su casa. Y a los actos de repudio los sucedieron los llamados procesos de depuración revolucionaria que deben considerarse como actos de repudio bajo techo.

En la segunda mitad de los ochenta se reactivaron los actos de repudio, esta vez contra el incipiente movimiento de derechos humanos. Entre sus víctimas favoritas estaban el asaltante al cuartel Moncada Gustavo Arcos Bergnes y Elizardo Sánchez, ambos fundadores del movimiento pro derechos humanos en Cuba. Recuerdo una tarde que en el autobús en que viajaba por la calle Línea se subió un miembro de la Seguridad del Estado para llamar a los pasajeros a participar en el acto de repudio que se celebraba cerca de allí contra quienes intentaban “quitarles las escuelas y los círculos infantiles a nuestros hijos”. Así de sutiles eran.

Luego en los noventa, cuando los coreógrafos del castrismo comprendieron que iba a ser más difícil movilizar a la gente para que asistiera a los actos de repudio, se sacaron de la manga las “brigadas de respuesta rápida” en la que mezclan civiles pastoreados por ellos desde escuelas y centros de trabajo con represores a sueldo. Todo eso forma parte de la obsesión de hacer creer que no es el Estado el que reprime sino el pueblo enardecido, quien actúa por su cuenta mientras que la policía apenas se limita a evitar que este se exceda. No creo que engañen a nadie (aunque la credulidad del prójimo siempre es materia difícil de calcular) pero insisten en crear esa escenificación de la voluntad popular como si de ella dependiera la existencia del sistema.

En ese sentido el hundimiento del remolcador Trece de Marzo en 1994 puede verse como una especie de acto de repudio en alta mar. Así al menos lo explicó Fidel Castro al dar su versión de los hechos: en lugar de impedir el robo del remolcador mientras estaba anclado en la bahía un grupo de trabajadores del puerto decidió por su cuenta interceptar el remolcador fuera del puerto con chorros de agua en lugar de huevazos o pintadasinjuriosas. Que el remolcador se hundiera con cuarenta personas, incluidos once niños, sería un accidente del que solo se puede culpar a sus tripulantes.

Dean Luis Reyes: ¿Cuáles son sus antecedentes en la historia de las revoluciones y en la historia de Cuba?

Enrique Del Risco: Donde quiera que un régimen represivo existe -se pretenda revolucionario o no- siempre hay necesidad de legitimar su violencia como expresión de la voluntad popular. Quizás estos actos de repudio nunca llegaron a una expresión más alta que durante la Revolución Cultural china. Ese fue el eufemismo con que el régimen maoísta lanzó hordas de estudiantes a reprimir cualquier símbolo del pasado capitalista con humillaciones de profesores, intelectuales y demás “representantes de la ideología burguesa” y la destrucción de todo lo que oliera a cultura Occidental en los que se dieron en llamar “sesiones de lucha”.

Pero el uso de la violencia de masas con fines políticos ha sido muy extendido: desde la Kristallnacht (o “Noche de los Cristales Rotos”) contra los judíos en la Alemania nazi hasta los progromos en la Rusia zarista; desde los linchamientos contra los afroamericanos en el Sur de Estados Unidos hasta los de la Revolución Francesa antes de que se instaurara la guillotina. La Revolución Soviética también conoció su propia variante de linchamiento popular llamada samosudy antes de que la Checa se hiciera cargo del control de la sociedad. Y durante la República Española los curas y monjas católicas fueron perseguidos, humillados y asesinados por turbas en lo que fue el preámbulo de la Guerra Civil. Siempre la brutalidad disculpándose como acto espontáneo pero cuando lo analizas a fondo te encuentras intereses políticos concretos instigando a la violencia. Como en el caso de la reciente toma del Capitolio de Washington por turbas de seguidores de Trump.

En Cuba existen dos ilustres antecedentes. Uno de ellos es la famosa Porra que utilizó el gobierno de Machado para reprimir a los estudiantes con una mezcla de policías y delincuentes. Dicha Porra fue complementada por la Porra femenina -con ese sentido tan caballeroso de la represión que reproduce hoy el castrismo- para la que utilizaban prostitutas capitaneadas por la famosa Mango Macho. En la etapa colonial tenemos como antecedente de las Brigadas de Respuesta Rápida al famoso Cuerpo de Voluntarios que se encargó de aterrorizar a los simpatizantes de la independencia en las ciudades mientras las tropas españolas se batían contra los insurrectos en el interior del país. La brutalidad de los voluntarios terminó escapando del control del propio gobierno español y alcanzó su máxima expresión con el asalto al palacio Aldama, los sucesos del teatro Villanueva y sobre todo con el fusilamiento de los estudiantes de medicina, hecho que terminó siendo una vergüenza para el propio gobierno español y que los cubanos no dejaban de recordar cada vez que podían, incluso en tiempos de la colonia.

La novedad de los actos de repudio en la Cuba actual consiste en haber dejado de ser un recurso puntual que aprovecha determinados momentos de efervescencia masiva para convertirse en costumbre ritual, como las celebraciones patrias o las caldosas cederistas. Para subrayar esa dimensión ritual, teatral y coreográfica están esos actos de repudio recientes que incluyen danzas con machetes, grupos musicales o coros escolares. Pero apenas son intentos de sublimar la barbarie, la violencia malamente contenida que recorre estos actos, violencia que el Estado permite que se desate cuando lo estima conveniente.

sábado, 13 de marzo de 2021

Leer y escribir en pandemia (entrevista) *



¿La pandemia ha modificado sus hábitos y/o sus métodos de escritura? ¿De qué modo?

Los hábitos no han cambiado su naturaleza. Apenas su volumen. Ahora tengo mucho más tiempo. Lo que sí ha variado es mi manera de interactuar con el mundo (ya sea a distancia a través de plataformas como Zoom o en persona casi siempre en grupos más pequeños) que me imagino que afecte mi visión de la realidad de algún modo.

¿Han variado este año sus hábitos de lectura? ¿Ha leído más? ¿Ha leído menos?

Antes (incómodo hablar de ese antes cuando no se sabe si regresará alguna vez) leía camino al trabajo o de regreso y antes de dormir. Ahora leo más o menos cuando se me antoja. Y sí, he leído bastante más.

¿Cuáles han sido las lecturas (títulos, autores, plataformas) más reveladoras durante esta pandemia?

Abrí la pandemia infectado yo mismo de manera que lo que mejor pude encontrar fue algo como En la belleza ajena del polaco Adam Zagajewski que es un libro hecho de fragmentos, muy a tono con la discontinuidad mental que me produjo la fiebre alta y constante durante semanas. Luego he seguido con mi viejo vicio de husmear en la literatura de Europa del Este, región que insisto en ver como un espejo más fiel que podamos tener de la experiencia cubana de los últimos 60 años. Que no nos distraigan ni la nieve ni los idiomas: la perversión y el efecto que esta tiene en los seres humanos son los mismos. Así que seguí con Zagajewski (Una leve exageración) me releí El pensamiento cautivo de Milosz, y pude leer Tierras de sangre de Timothy Snyder, El telón de acero de Anne Applebaum, La promesa de Kamil Modracek de Jiri Kratochvil entre otros. También pude releerme por orden cronológico todo lo que escribió Virgilio Piñera entre 1958 y 1965 (cuentos, obras de teatro, artículos periodísticos, cartas, poesía) que me permitió llevarme una idea muy distinta del autor y su época de la que extraje de las lecturas discontinuas que había hecho antes de esa misma parte de su obra. Tambien leí The Coddling of the American Mind de los psicólogos Greg Lukianoff y Jonathan Haidt cuyo subtítulo es bastante elocuente (“cómo las buenas intenciones y las malas ideas están preparando una generación para el fracaso”) y trata de explicar la incapacidad de la última generación de universitarios de lidiar con ideas que le son adversas o simplemente incómodas. Aprovechando el tirón de la pandemia traté de leer La peste de Camus pero no pude terminarlo mientras que releer sus ensayos sobre literatura, ética, amistad me resultó tan disfrutable como siempre. Como también lo fue El privilegio de pensar, un formidable libro de ensayos de Jorge Brioso que me ha llevado a entrevistarlo un par de veces en los últimos meses y La condición totalitaria, colección de ensayos de Rolando Sánchez Mejías. Esos últimos dos son de los mejores libros de pensamiento cubano que haya leído en mucho tiempo. También leí libros sobre la guerra civil norteamericana, literatura cubana del siglo XIX y alguna que otra rareza que me ayudaron en la escritura de una novela que casi termino. También leí la autobiografía de Woody Allen que pudo ser más interesante si le hubiera dedicado más tiempo a sus películas que a sus conflictos legales con Mia Farrow. Y hablando de Woody Allen, cumplí con el viejo sueño de Zelig, el hombre camaleón, de leerme Moby Dick.

¿La nueva situación global le inspirado algún proyecto literario?

No. Soy un escritor de digestión lenta. Rumio la realidad durante mucho tiempo antes de convertirla en literatura. Así que si toda esta situación me inspira alguna vez será en unos cuantos años. Para lo que sí me ha servido fue para adelantar unos cuantos proyectos que estaban detenidos precisamente por falta de tiempo. Yo sospecho mucho de esta pandemia como fuente de inspiraciٙón. El covid 19 ha tendido a uniformar la experiencia de la humanidad y puede crear la noción engañosa de que a partir de ahora todos nos entenderemos mejor. La pandemia ha universalizado la experiencia humana, sí, pero al más bajo nivel. Nos ha igualado en todo lo que no podemos hacer en vez de acercarnos en nuestras mejores posibilidades que es, por ejemplo, lo que logran las grandes obras de arte. Como no se cansaba de decir mi abuela: mal de muchos, consuelo de tontos.

Cuéntenos cómo es actualmente un día en su vida de escritor(a).

Frenético. En general esta situación es un desastre a nivel humano (ha matado a millones, incluidos algunos amigos, ha enfermado a casi toda mi familia, nos mantiene en un constante régimen de terror y en un sentido más personal me impide viajar, ver gente que quiero, disfrutar de la música en vivo etc) pero como escritor es un regalo. En estos tiempos he dispuesto de mucho más tiempo y trato de aprovecharlo lo mejor que puedo. Espero que esta situación acabe pronto pero mientras tanto trato de extraerle lo máximo que puedo.


*Publicado en Hypermedia Magazine

viernes, 12 de marzo de 2021

Plegaria de San Humbertico (Virgen y Mártir)

Por Pedro Lorenzo



Oh Todopoderoso que estás en las alturas

Tu Gracia Luminosa un pecador procura

Hazle la vida toda más fácil a Humbertico

Y no se la dispongas tan espinosa, chico

Haz que quienes ostenten Mercedes y denarios

Sean los repugnantes traidores mercenarios

No ovejas descarriadas de linajes augustos

Que luego se disculpan con talantes de susto

Que el Judas clarifique que el auto en que viajaba

Se lo dio a él su “handler” de la CIA en mesada

(Aquí, aunque se estropee la rima, tengo que insistir: Es muy importante que use específicamente el término “handler” porque, bueno, está en inglés y porque pertenece a la jerga del espionaje y la subversión y con eso solamente Humbertico tiene ya para un mínimo de hora y media de reflexión y análisis televisivo).

Condena a los que a Humberto difaman en las redes

A que jamás sus culos pongan en un Mercedes

Infúndeles angustia, pavor y odio artero

Tal cual si lo escuchasen en pleno noticiero

Sé que es mucho pedir pues yo mucho he pecado

Pero de Gracia eres, Señor, magno dechado

Que aquél que no ha pecado

Dé el primer golpe, insisto

Pero, por el Amor de Ti

¡Haz que esta vez no sea un ministro!

miércoles, 10 de marzo de 2021

Kulturkampf


Por Pedro Lorenzo 

-Buenos días, chicos. El tema de la clase de hoy es el área del rectángulo…

-Profe, antes de que comience, una duda…Yo opino que sus clases son muy rígidas y anticuadas. Están demasiado centradas en lo que Ud. sabe y no en lo que opinamos nosotros, los alumnos, que somos el centro y no Ud. (murmullos de aprobación) … ¿Alguna vez se le ha ocurrido preguntarnos qué opinamos como alumnos acerca del área del rectángulo? Como alumnos tenemos derecho a una opinión, ¿no? (Los murmullos se trasforman en aplausos y en #painintheclass).

-Pero es que el área del…

-Yo opino… (se aclara la voz, enfatiza y logra que el 12% de los presentes dejen de mirar sus teléfonos, nuevo récord para la clase) … Yo opino que el área del rectángulo debe ser la suma de sus tres lados por ser más fácil y así nos evitamos tener que aprendernos las dichosas tablas de multiplicar…

- ¡Eso es verdad! Lo de las tablas de multiplicar es un abuso…(#multiplicoacción).

-Pero, chicos, chicos…calma, chicos…Si desde el curso pasado y por acuerdo del Ministerio de Educación en coordinación con la Junta Estudiantil la tabla del 7 fue eliminada de los planes de estudio…

- ¡Lástima fuera! Y con eso pretenden limpiarse el techo los del Ministerio y aquí plaf y en el cielo gloria… ¡Abajo todas las multiplicaciones!

- ¡Y las divisiones también!

(¿Las qué? ¿Las qué? Se extiende el murmullo…Nada, nada… se bate en retirada el empolloncito de la clase #nerdosaurio).

-Miren, muchachos, vamos a continuar a ver si puedo terminar la clase…Lo primero es aclarar que por muy respetable que sea la opinión que puedan tener algunos de ustedes y que conste que defenderé con mi vida vuestro derecho a expresarla, un rectángulo no tiene tres, sino cuatro lados que están…

- ¡Eso sí que no! ¡Usted profesor se dice y se contradice! Mírelo bien, que aquí lo tengo anotado de la clase de la semana pasada: ¡Triángulo Rectángulo! ¿Lo ve? ¿Lo ve? (#sadomath).

-Pero eso se refiere a…

-Mis padres van a venir a protestar…

-Y los míos también…

(Y los míos… Y los míos… #parentrap)

-Yo había estado callada hasta ahora, pero no puedo más… ¡¿Hasta cuándo chicos y no chicas?! ¡¿Hasta cuándo muchachos y no muchachas?! ¡¿Hasta cuándo rectángulos y no rectángulas?! (#elpatriarcadomedapatriarcadas,  #lenguajeinclusiveya).

-Chicos y chicas…

- ¡Chiques!

-Lo siento, de veras lo siento, se me cae la cara de pena…

- ¡De pene!

- ¡Por favor! ¡Compórtense como alumnos de Tercero de Arquitectura que son!

(#arquitortura, #indocencia, #trágametierra).

#FIN

 

viernes, 5 de marzo de 2021

De carros


Cuando Fidel Castro pasó su luna de miel en Nueva York con su esposa Mirtha Díaz Balart en 1948 se compró, entre otras chucherías, un Lincoln Continental del año anterior. Con el carro recorrió en compañía su esposa, su cuñado Rafael Díaz Balart y la esposa de este, todo el país hasta Miami desde donde embarcó con su carro en un ferry hasta La Habana. Al llegar debía pagar $500 en derechos de aduana por el carro importado pero como no los tenía un amigo tuvo que pedir dinero prestado para que pudiera sacar el carro de la aduana. Al final, como era de esperar Fidel no devolvió el dinero y su amigo tuvo que vender un par de vacas para devolver el dinero prestado.


Una historia perfectamente irrelevante -excepto para los que luego le siguieron prestando dinero al futuro Comandante en Jefe- pero que en la Cuba actual parece cosa de ciencia ficción.

(La anécdota la leí en "Fidel Castro y el Gatillo Alegre: Sus Años Universitarios" de Enrique Ross pero ahora no acabo de encontrar la dichosa página)

lunes, 1 de marzo de 2021

Patria y vida: entrevista

Fotograma de "Patria y Vida" con protesta en Nueva York

Por Sarah Moreno

En primer lugar, ¿por qué el gobierno cubano ha armado tanto revuelo con la canción? ¿Por qué los pone tan nerviosos?


Creo que más que la canción en sí -que existía desde hace tiempo- lo que les molesta es que aparezcan en el video músicos de fama internacional junto a otros a los que el propio gobierno les niega la condición de artistas y hasta la de personas como Mayke Osorbo, el Funky y Luis Manuel Obrero Alcántara. Les molesta la unidad y la imagen poderosísima que proyectan ese grupo de artistas jóvenes, negros, cantándole a Cuba. Si algo había cuidado mucho tiempo el gobierno cubano era la línea que separaba la disidencia y el arte reconocido por ellos mismos. El 27 N fue un momento fundamental en la ruptura de esa línea. Este video la está rematando. Porque la ilusión que ellos siempre han querido mantener de que la disidencia y el resto de los cubanos transcurrían en mundos paralelos se ha roto.

Uno de los insultos que persisten contra los intérpretes es el que son "pagados por el imperio". Los artículos en Cubadetate y otros medios insisten en el "dinero", en lo que ganan por la canción. ¿Por qué esta insistencia de los funcionarios cubanos en la idea de algo tan normal como que un músico reciba un pago a cambio de su arte? 

Tienen que buscarle una explicación diferente a la real: como si hubiera que pagarle a alguien para indignarse con una dictadura de 62 años. Como si sus policías, militares, periodistas o políticos estuvieran haciendo trabajo voluntario.

Pensando en el énfasis que pones en todo lo humorístico, ya veo que has hecho algún comentario sobre el insulto de "jinetero", viniendo del Jinetero mayor, que es el gobierno. ¿Qué otras situaciones de humor está provocando el tema?

El régimen cubano sería muy cómico si no fuera porque tanta gente tuviera que sufrirlo. Cuando desaparezca, los humoristas lo vamos a extrañar. Mientras tanto, nunca me inhibiré de burlarme de él, justamente para subrayar el profundo ridículo que conlleva su discurso, su falsedad y manipular de tal manera la realidad. Sin embargo, creo que este es un momento muy serio donde la vida de mucha gente corre peligro real: ese sistema no está dispuesto a perder el poder porque un grupo de gente se lo pida pacíficamente y para retenerlo están dispuestos a cualquier cosa. No pierdo nunca eso de vista. 

¿Qué es para ti la frase Patria y vida?

Justo el reverso del Patria o Muerte que le han propuesto a los cubanos por seis décadas. Una opción, la de Patria o Muerte, que es falsa: los cubanos arrinconados por la pobreza y la falta de derechos cada vez tienen menos patria. La única opción real que ofrece el gobierno es una vida miserable en lo material y lo espiritual. Patria y vida no plantea una disyuntiva. Es una propuesta de vida digna y contra eso el régimen no le ha quedado otro respuesta que exaltar la muerte y al muerto que propuso la vieja disyuntiva. Como todo los buenos hallazgos la sencillez de Patria y vida es muy reveladora.

domingo, 28 de febrero de 2021

Poetas en Nueva York

 


Nueva York siempre ha inspirado a los poetas de lengua española. Es llegar y ponerse a escribir versos. Como si entraran en trance.

No es que sea una ciudad muy poética que digamos. Debe ser el contraste.

Viene el poeta con la cabeza llena de pájaros y le preguntan que a cuánto vende la libra de pájaros.

No sabe qué contestar y lo dejan con la palabra en la boca. Entonces el poeta, desolado, se aplica febrilmente a demostrar que sí tiene algo importante que decir.

Algo así le pasó al primero, el cubano José María Heredia. Llegó a la ciudad el 22 de diciembre de 1823 dispuesto a comérsela viva pero el frío y el inglés lo hicieron huir año y medio después, como el peligro a que lo fusilaran los españoles lo había hecho huir de Cuba.

Pero antes de abandonar Nueva York alcanzó a publicar su primer libro de poesía y un brinquito que se dio a las cataratas del Niágara le inspiró su poema más famoso.

Está el caso de su compatriota José Martí quien durante sus quince años en Nueva York se aburrió de escribir poemas hasta que regresó a Cuba a servirle de tiro al blanco a las tropas españolas.

Ya para entonces Nueva York era el paradigma de la modernidad capitalista que Martí se dio gusto de explicarle al resto de Latinoamérica mientras se quejaba de la falta de espíritu poético de la ciudad.

Estando todavía en la ciudad lo visitó el gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Darío acababa de ser designado cónsul de Colombia en Buenos Aires y de alguna manera consiguió convencer al que sacaba los pasajes que el camino más corto a Argentina pasaba por Nueva York y París.

También visitó las cataratas del Niágara pero le parecieron inferiores al poema de Heredia. Más húmedas, supongo. Darío visitó Nueva York dos veces más. En 1907 y en 1914.

La última visita no le fue especialmente agradable. Andaba corto de dinero y encima contrajo neumonía doble.

Archer Huntington, presidente de la Hispanic Society le ofreció dinero pero Darío solo aceptó quinientos dólares y, para mantenerse, escribió artículos para el periódico en español La Prensa.

    El New York Times lo anunció como poeta sudamericano y, en venganza Darío describió la ciudad así:

    “Casas de cincuenta pisos, Servidumbre de color,/ Millones de circuncisos,/ Máquinas, diarios, avisos,/ Y dolor, dolor, dolor”.

    En la primavera de 1905 Darío saldría para Guatemala invitado por su presidente Manuel Estrada Cabrera, un señor que ganaba elecciones y amansaba volcanes por decreto y celebraba festividades a la diosa Minerva para gloria suya.

    No es que el poeta apreciara mucho al amansavolcanes pero este prometió encargarse de los gastos de estancia y Darío se marchó de Nueva York sin saber que le quedaba menos de un año de vida.

    Al año siguiente llegó a la ciudad el poeta español Juan Ramón Jiménez para casarse con su compatriota Zenobia Camprubí en la iglesia de St. Stephens (en la 69 entre Columbus y Broadway).

    No estuvo en la ciudad mucho tiempo pero el viaje le sirvió de pretexto para escribir su Diario de un poeta recién casado en el que lo mismo llama a la ciudad “maravillosa Nueva York” que “el marimacho de las uñas sucias”, whatever it means.

    Pero el más famoso de los encuentros poéticos en español con Nueva York fue el de Federico García Lorca entre 1929 y 1930. Más que encuentro fue un choque.

    El cantante de los campos verdes y los gitanos multicolores se puso a escribir cosas como:

    “Debajo de las multiplicaciones/ hay una gota de sangre de pato; debajo de las divisiones/ hay una gota de sangre de marinero”.

    Como si hubiera confundido un tomacorrientes con su tintero y los versos le salieran electrocutados.

    Su Poeta en Nueva York no aparecería hasta después de que los franquistas lo usaran de diana y, para desgracia de la poesía, acertaran.

    sábado, 20 de febrero de 2021

    Cuando la Madre Patria se acordó de sus hijos*


     Hubo un tiempo en que el español se puso de moda en Nueva York. Fue por allá, por los tiempos de la Primera Guerra Mundial. En 1917 Estados Unidos entraba en guerra con Alemania cuando se dio cuenta de que su segunda lengua, la más frecuente en el sistema escolar, aparte del inglés era precisamente el alemán. En su lugar la lengua que encontró más a mano era el español. Era la lengua de los países latinoamericanos con los que había intensificado el comercio ahora que se hacía tan complicado hacerlo con Europa. Así fue como los estudiantes gringos aprendieron a decir ¿Dón-de es-tá la bi-blio-te-ca?” y “El pe-rro se co-mió la ta-rea”.

    Por su parte España andaba interesada en recuperar el terreno perdido tras las guerras de independencia hispanoamericana del siglo XIX y sobre todo tras la Guerra hispanoamericana en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Lo que había sido una contienda “arrancapescuezo” hasta apenas unos años antes, podía verse ahora como mero malentendido familiar. Malentendido que la Madre Patria estaba dispuesta a perdonar. Porque así son las madres, de corazón grande y generoso, comprensivas con las pataletas de los hijos. Una cosa es que los hijos se hagan independientes y otra es que ni siquiera les echen una cartica en el correo contándoles cómo les va.

    La carnada para la recuperación del amor perdido por la Madre Patria fue el idioma y la cultura comunes. Y el montón de españoles que seguía emigrando a América cada año porque a veces la Madre Patria era inhabitable para los mismos españoles. Así se pusieron de moda términos como “la hispanidad” o “la raza”. La española Unión Iberoamericana se propuso “estrechar las relaciones sociales, económicas, científicas, literarias y artísticas de España, Portugal y las naciones americanas”.

    Echaron mano, por supuesto, a Cristóbal Colón, el genovés que murió creyendo que Cuba era una isla japonesa. En 1913 Faustino Rodríguez San-Pedro, presidente de la Unión Iberoamericana, propuso celebrar la Fiesta de la Raza el día en que Colón había desembarcado en una isla de las Bahamas, el 12 de octubre. ¿No venían celebrando los italianos el Colombus’s Day desde 1909? ¿Cuál era el problema con que los hispanoamericanos celebraran el día en que sus recontratatarabuelos paternos empezaron a machacarles la vida a sus recontratatarabuelos maternos?

    O como lo dijera tan lindamente la susodicha Unión, el 12 de octubre serviría para celebrar “la intimidad espiritual existente entre la Nación descubridora y civilizadora y las formadas en el suelo americano, hoy prósperos Estados”. Mamá Patria, siempre tan generosa, recordándoles a los hijos todo lo que hizo por ellos.

    La moda de la hispanidad prendió por un tiempo en Nueva York. En 1916 Federico de Onís fue enviado a Nueva York para ocupar la cátedra de Español de la Universidad de Columbia y en 1920 se creó en dicha universidad el Instituto de las Españas que luego se convertiría en la Casa Hispánica, todavía vigente.

    Desde España trajeron intelectuales para explicar la grandeza de la cultura española pero cuando en 1929 llegó el poeta Federico García Lorca más que explicar nada quedó tan sobrecogido por la monstruosa imagen que le ofrecía la urbe norteamericana que los poemas resultantes no se atrevieron a publicarlos hasta cuando llevaba un rato muerto.

    En 1927 se hicieron planes grandiosos para propagar la idea de la Hispanidad en Nueva York. Para ello se importarían más intelectuales de España. (Una cosa era hablar de “intimidad espiritual” y otra muy distinta tener en cuenta a los boricuas de El Barrio). Para estrechar los lazos de la antigua metrópoli con sus ex-colonias se construiría una grandiosa Casa de las Españas en la capital del mundo. Pero entonces llegó la depresión. La Gran Depresión, quiero decir. Y el retorno de la grandeza española quedó, como la búsqueda de El Dorado, en puro delirio.

    *Publicado en Nuestra Voz