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viernes, 22 de marzo de 2013

La música, de luto

Un fragmento de "Siempre nos quedará Madrid" donde reproduzco mi encuentro con la música de Bebo:


Esa misma mañana, a la salida de la reunión con la abogada volví a encender la radio para encontrarme con una música que no había escuchado nunca y que al mismo tiempo la sentía como si alguna vez la hubiese soñado: de la radio salía un sonido alegre, potente y lascivo que conseguía a la vez alcanzar la limpieza y elegancia de una partitura de Mozart. Esperé a que acabara la música para enterarme de quiénes eran los autores de aquella maravilla por la voz de un locutor que evidentemente disfrutaba muchísimo con su trabajo. Anunció que lo que acabábamos de escuchar era la pieza “A Mario Bauzá” de un disco que acababan de grabar el saxofonista Paquito D’Rivera y un viejo pianista también cubano radicado desde hacía décadas en Suecia, Bebo Valdés. Desde entonces me dediqué a buscar ese sonido donde quiera que estuviese con la misma perseverancia con que Evelio emprendía sus cacerías de libros.
Post Data: La pieza que oí aquel día:


lunes, 11 de junio de 2012

Teófilo Stevenson (1952- 2012)

Murió Teófilo Stevenson para algunos el mejor boxeador amateur de todos los tiempos, para otros el que enseñó a pensar a los cubanos (por aquello de que la técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica), ídolo de la niñez de muchos entre los que me incluyo:

miércoles, 4 de abril de 2012

Heriberto Hernández Medina

Esta mañana supe de la  muerte del poeta villareño afincado en Miami Heriberto Hernández Medina. Todo parece indicar que fue un suicidio aunque los que conocíamos de la intensa vitalidad del poeta estamos de acuerdo que era uno de los peores candidatos para una solución así. Reproduzco abajo parte de la nota que le dedicara Diario de Cuba en su edición de hoy:


El poeta y crítico de arte Heriberto Hernández Medina ha muerto en Miami a la edad de 48 años, confirmaron a DIARIO DE CUBA fuentes allegadas.
Las circunstancias de su fallecimiento aún no han sido aclaradas.
Su esposa y uno de sus dos hijos viven en Miami. El otro permanece en la Isla.
Hernández Medina, colaborador de este diario, se graduó de Arquitectura en 1987. Publicó los libros Poemas (Ediciones Matanzas, 1991); Discurso en la Montaña de los Muertos (Ediciones Unión, 1994); La Patria del Espejo (Ediciones Unión, 1994); Los Frutos del Vacío (Ediciones Matanzas, 1997; Linkgua Ediciones, 2006 y Bluebird Editions, 2008), Verdades como templos (Iduna Ediciones, 2008), y Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno (Bluebird Editions, 2009).
Recibió el Premio DAVID de la UNEAC en 1988 y el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén en 2006.
La poesía es "el único lujo humano al cual no se accede más que por la gracia o la ira de dios", dijo en una entrevista publicada en 2009.
Hace varios años se unió al poeta George Riverón y Carlos Pintado para llevar adelanteBluebird Editions, un proyecto destinado a publicar libros de escritores cubanos en Estados Unidos.
El escritor cubano William Navarrete, exiliado en Francia, lamentó en su blog la muerte de Hernández Medina.
"Sé que estamos de paso. Sé que cualquiera se va y que las empresas humanas y nosotros mismos somos tan fuertes como tan frágiles. Sé que hay misterios insondables que mejor dejamos sin respuestas. También sé que hay quienes sufren más que yo porque ellos sí se quedan sin respuestas que le son muy necesarias. A quienes llegamos a ti por tus libros, por Blue Bird, por tu poesía, nos dejas con infinitas respuestas", dijo Navarrete, a quien el poeta fallecido había enviado recientemente su libro Otros filos del fuego.

viernes, 9 de marzo de 2012

Mario

Mario se fue de Cuba con diez centavos en el bolsillo. Eran las normas de la aduana nacional en 1963 con los que habían decidido marcharse del país. Una muda extra de ropa y diez centavos para hacer un par de llamadas por teléfono desde el lugar de destino. Era esa la medida exacta de la generosidad de la Revolución para los que la despreciaban. No más dinero, ni ropa, ni objetos familiares. Ni siquiera los anillos de compromiso. Así salió con su esposa americana y sus dos hijos pequeños. Dueño de una joyería había recibido el triunfo de la Revolución con el entusiasmo del que ve un buen pretexto para salir de parranda pero luego había visto cómo su antigua vida, una vida alegre y despreocupada por casi todo, incluso por quién se encontraba en el poder en ese momento se fue erosionando hasta desaparecer. La esposa americana aclimatada al país al punto en que era imposible distinguirle cualquier acento extraño ya no podía hacer los mandados sin que el mero hecho de pararse en una cola no se convirtiera en un acto de repudio al grito de “¡Cuba sí, Yankis no!”

El primer año en los Estados Unidos Mario estuvo en shock, sentado en un sofá, con la vista perdida, sin ánimos para inventarse una nueva vida. Vivían del sueldo de la mujer que a la madrugada que siguió a su llegada a Nueva York consiguió trabajo en una compañía de teléfonos. Fue así hasta que un amigo lo llamó para que lo ayudara en el negocio. Mario reaccionó como quien acaba de despertarse y desentumeció sus músculos de hombre de negocios para empezar una nueva vida a sus casi cuarenta años. Con el tiempo fundó negocios, compró y vendió propiedades, recorrió todo el mundo habitable unas cuantas veces, abrió oficina en la calle 47, en el famoso Diamond District de Nueva York, por donde entonces circulaba el 70% del mercado mundial de brillantes. No le guardaba rencor al castrismo, apenas un desprecio elemental por haber llevado un país próspero a la ruina. Incluso decía agradecerle a Fidel Castro el haberlo obligado a salir de su provinciana vida habanera y obligado a conocer mundo. El asunto del rencor se lo dejaba a la mujer quien podía perdonarle todo al castrismo menos no haberle permitido sacar del país las fotos de sus hijos. Todavía, cuando décadas más tarde evocaba la noche anterior a su salida de Cuba, la noche en que tuvo que quemar el album familiar entre lágrimas en el patio de su casa, la voz le temblaba de rabia.

Mario no tenía buena opinión de la humanidad. “El humano, eso es lo peor que hay” decía como si esa fuese la suma del saber que había alcanzado en su larga vida. Sin embargo esa convicción no le impidió dedicarse a ayudar a todo el que pudiera como quien se resigna a una debilidad especialmente vergonzosa. Su bondad y generosidad las practicaba, por tanto, con el ceño fruncido, como si no se perdonara actuar de un modo contrario a su más profundo credo, como para disuadir de antemano a cualquiera que se atreviese a sugerir que lo hacía porque en el fondo y hasta en la superficie, enmascarada tras una mueca de disgusto, era bueno. Fue así que ayudó a salir de Cuba y a asentarse fuera de ella a medio centenar de personas, y se sorprendía sinceramente si recibía a cambio alguna muestra de gratitud. Aunque su consigna vital fuera “piensa mal y acertarás” y la noción del mejoramiento de la raza humana le resultaba una de las ideas más ridículas que pudieran concebirse le parecía repulsivo que hubiese gente condenada a vivir en el infierno.

Fueron él y su esposa quienes nos recibieron en el aeropuerto JFK hace casi quince años. Ellos quienes nos tuvieron en su casa de ventanales que enmarcaban a toda la isla de Manhattan durante el mes que nos tomó encontrar un alquiler. Quienes nos aconsejaban y mostraban los alrededores mientras accedíamos a esa nueva vida como quien ha nacido en una cápsula espacial y debe adaptarse a la fuerza de gravedad. “Marielito” me decía cuando por accidente le disparaba las alarmas de su casa para calificar y justificar de algún modo mi infinita torpeza. “Marielito” me dijo desde la cama del hospital mientras salía de las nieblas de un coma para hacerme saber que aún podía reconocerme. Hoy amanecí con la noticia de su muerte. La acogí con el mismo alivio con que asumo que debió aceptarla un cuerpo demasiado maltratado en los últimos meses por dolencias que no se habían atrevido a molestarlo durante ochenta y siete años de vida plena y buena. Lo inaceptable es saber que su muerte no vino sola sino que vendrá acompañada de un vacío que duele nada más que imaginarlo. Y a esa traición le correspondo con otra que es la de dejar claro que no obstante todos los honestos esfuerzos que hizo para no enterarse de su bondad, porque no la sospecháramos, quien murió anoche fue un hombre bueno.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Convergencia

Ha muerto Vaclav Havel, aquel cuyo nombre era la respuesta más socorrida y fácil cada vez que me preguntaban si conocía un politico decente y hasta admirable. Un poco más tarde me entero que por las mismas horas murió Kim Yong Il su exacto reverso. Como para ponerse a buscarle razones a esa rara convergencia pero la verdad es que no se me ocurre ninguna.

Sus despedidas, una junto a otra pueden dar idea de la diferencia:



domingo, 20 de noviembre de 2011

Muere Elena Tamargo


Después de una larga agonía ha muerto la poeta cubana Elena Tamargo quien este domingo debía presentar su poemario Días ya vacíos en la Feria Internacional del libro en Miami. Cada vez que la veía en Miami me dejaba la misma impresión: la de ser una persona fuerte y sensible y al mismo tiempo sentirse terriblemente desamparada e indefensa a pesar del cariño que le profesaba un gremio -el de los poetas- que la veneraba como si fuese su reina. La noticia y el poema que pongo a continuación me llega a través del blog El exegeta que escribe Ena LaPitu Columbié:









Compás de espera


Mi pasado está invadido
y lloro lentamente.
Me ha llenado de miedo una noche en el Neva
me ha llenado de fe una tarde en Bakú.
Se quedó Samarcanda como alguna promesa
y la calle de Arbat para soñar a Eszenin
siempre, siempre.
Erré como torcaz
aplastada en la calle por un caballo ciego.
Me dan miedo mi pueblo y sus hombres
mientras Jesús del Monte se derrumba en silencio.
Una ciudad de espejos y banderas
y su empinada ronda de tenores.
Yo regreso a mis pájaros
al pequeño amarillo que no canta.
Ya no tengo balcón ni noches junto al mar
y otra campana traza mis compases de espera.
Estorbo como estorban los almendros
y en el farol se queman algunas mariposas.
Ciudad y almendro y yo
ay, qué desgracia.


Elena Tamargo

jueves, 20 de octubre de 2011

Reunión


Luego de meses de mostrarse un tanto reacio a hacerlo (suponemos que por tener la agenda un tanto cargada) por fin Muamar el Kadafi decidió ir a celebrar un encuentro de líderes revolucionarios junto a Saddan Hussein, Osama bin Laden, Nicolae Ceaucescu, entre otros, bajo la atenta mirada del compañero Satanás.

miércoles, 19 de octubre de 2011

David Lago González

Ha muerto en Madrid el poeta David Lago González (1950- 2011), autor de los blogs El Penthouse de Heriberto, Indicios de desorden y Strawberry Fields Forever. Abajo uno de sus últimos poemas:

Una noche del año de 2006


para Isabel



Una noche del año de dos mil seis

yo estaba para morir.

Cerca ya de abrirse la madrugada

Isabel limpiaba las decadencias

de mis años que se iban.

.

Al sentir tantas cosas inusuales

le pedí que llamara a la doctora M…

La doctora contestó que su guardia terminaba

y que mejor esperara a la entrada del nuevo turno,

frialdad y rutina de fábricas.

Yo pensé, con tan pobre disposición

poco puede hacer por mi cuerpo y sus anclajes.

No insistí. No me puse pesado.

Isabel me arropó y me besó en la frente,

o yo creí, o yo vi que me besaba

y me decía “Hasta mañana.”

Entonces me morí por un rato,

pero al cabo de unas horas

volvieron las mismas decadencias a devolverme la vida.


(Hospital “Ramón y Cajal”, Madrid, 1 de septiembre de 2011)

sábado, 15 de octubre de 2011

La evidencia del crimen


No soy partidario de las teorías conspirativas, ni siquiera cuando me dan la razón, porque las considero como un modo de asumir la misma paranoia que las engendra. En el caso de Laura Pollán, sin embargo, el apresuramiento en cremarla apenas unas horas después de muerta, a una hora tan alevosa como las tres de la madrugada, excede el habitual desprecio de la dictadura cubana por la dignidad de sus oponentes, estén vivos o muertos, su rutinaria grosería. Si sospechosa era una muerte tan oportuna para el régimen tanta premura en desintegrar su cuerpo, en no dejar prueba material que pudiese esclarecer las causas de esa muerte, es la evidencia más clara –que no prueba- de que estamos ante asesinos borrando las huellas de su crimen.

[La imagen de este post es de Armando Tejuca]

viernes, 14 de octubre de 2011

Muere Laura Pollán

Muere Laura Pollán, el rostro más conocido de las Damas de Blanco. El cubano de a pie hoy dirá que no sabe quien es. Algún día se enterará que el poquito de libertad que ahora tiene se la debe a gente como ella. Porque si a la libertad y al valor hay que darle un nombre cubano el de ella le sirve a la perfección. Hasta hoy era esperanza de los cubanos por esa libertad. A partir de mañana será su compromiso.

P.D.: P.D.: Como era de esperar se ha lanzado un operativo para impedir que disidentes en todo el país le rinda homenaje a Laura Pollán y se han apresurado a cremarla (3:00 am). ¿Qué se puede esperar de un gobierno que reprime a los vivos y le teme a los muertos?

martes, 4 de octubre de 2011

Carlos Ripoll, in memoriam


Ha muerto Carlos Ripoll, importante intelectual del exilio cubano, uno de los estudiosos mejor informados y más inteligentes y atrevidos de la obra de Martí, autor de un arroz con pollo legendario y de uno de los más lúdicos experimentos literarios que haya conocido la literatura cubana. Lo recuento en un fragmento de mi libro "Elogio de la levedad":

A principios de los 70 desde el exilio Carlos Ripoll, estudioso de la obra de Martí había desarrollado un curioso experimento literario consistente en una exquisita réplica del inquisitorial proceso por el que había pasado el poemario Fuera de juego de Heberto Padilla. En este caso se trataba de un cuento inspirado directamente en la figura de Martí atribuido a un autor apócrifo al que se acompañaba un anexo que contenía las declaraciones del jurado premiando el cuento, las de la institución que había convocado el concurso condenando el autor (Casa de las Américas), la nota de arrepentimiento del propio autor y una nota que comunicaba su suicidio.
El cuento en sí resulta lo menos atractivo de un libro que replica en diseño, formato y tipografía las publicaciones de los Premios de Casa de las Américas hasta convertirse en una perfecta parodia editorial, tan perfecta que podría confundir a más de uno. El texto en cuestión versa sobre el encuentro entre Fidel Castro y un joven, Julián Pérez, (que se corresponde justamente con el segundo nombre y el segundo apellido de Martí) que encabeza una rebelión desarmada al más puro estilo cristiano. Este ha sido arrestado después de dirigir un discurso a la multitud. Julián Pérez se limita a escuchar mientras el autor pone en boca de Castro un discurso que sería cínico si no resultara a la larga autoinculpatorio. En algún momento Fidel Castro le grita al prisionero: “ahora haces el papel de Cristo ante el Gran Inquisidor”. La alusión no es casual. El monólogo de Castro tiene demasiado en común con aquél que desarrolla el Gran Inquisidor en Sevilla en un relato que cuenta Iván Karamazov en la famosa novela de Dostoievski. En ambos casos el agente del poder reconoce al mesías para a continuación recriminar su reaparición. Gran Inquisidor: “¿Por qué has venido a molestarnos? Pues has venido a molestarnos y eso lo sabes bien” Castro: “¿A qué has venido? ¿Por qué te empeñas en destruir nuestra obra?” El Gran Inquisidor desde el poder acumulado tras milenio y medio por la Iglesia puede decir que “el mismo pueblo que hoy ha besado tus pies, mañana, a una señal mía, se precipitará a echar carbón a tu pira”. Fidel Castro en cambio pide un plazo de diez años para que el pueblo madure “y verás, verás, que en menos de una semana el pueblo te quema en la plaza pública junto con tus papeles y tus sueños” (Ripoll.1971.29). Descartada la casualidad tanta coincidencia tiene un sentido. Ripoll ha usado como modelo para este encuentro entre Castro y Julián Pérez el de la narración de Dostoievski por ser esta un arquetipo acabado del enfrentamiento entre una utopía y el poder que dice encarnar dicha utopía y a su vez una representación del cinismo del poder. Fidel Castro, como el Gran Inquisidor de Dostoievski, reconoce la superioridad espiritual de aquél que dice seguir para a continuación señalar su incapacidad práctica.
Yo mismo he ayudado, hasta donde es posible, a fomentar el recuerdo de tu vida, porque creo que mereces un lugar en la Historia… Aun puedo decir que alguna de las consignas de la revolución nos las enseñaste tú, pero nosotros tuvimos que darle una dinámica que no tenían en el marco de tu pensamiento... (31)
Antes había dicho: “hiciste bien en morir entonces para que la Historia no te escupiera en el rostro por tu prédica pueril”.
En su Crítica de la razón cínica Sloterjdik hace un análisis del pasaje de Los hermanos Karamazov. Del monólogo del Gran Inquisidor nos dice que “se trata de la réplica del político al fundador de una religión; mirado algo más profundamente es un arreglo de cuentas entre la antropología y la teología, la administración y la emancipación, la institución y el individuo” (Sloterjdik.287) Para Sloterjdik el Gran Inquisidor “se vanagloria de su realismo” mientras que Jesús “no ha aprendido a pensar políticamente y no ha comprendido lo que constituye desde su punto de vista político, la naturaleza del ser humano, a saber, la necesidad de dominación.” Por su parte el Castro recreado por Ripoll le dice a Julián Pérez (Martí):
Preferiste hacer tu revolución en vez de aprovecharte de la que ya hemos hecho, preferiste andar al revés de los tiempos, no quisiste comprender nuestra obra porque está amasada con sangre y con odio, porque hace falta cierta condición que nunca has tenido para pasar sobre algunas cosas, para meter las manos en el cieno y allí formar un pueblo. Tú lo hubieras hecho de nubes. Tú convertirías en gasas y tules un pueblo que yo he querido hacer de hierro. (Ripoll.1971.31)
A continuación del monólogo tanto el Gran Inquisidor como Fidel Castro ordenan ejecutar a sus respectivos mesías. Sin embargo el autor apócrifo que ha imaginado Ripoll, Benjamín Castillo es bastante más ingenuo que Dostoievski, ingenuidad que lo lleva a escribir un relato que enviará a un concurso oficialista. Julián Pérez pasa a ser una alucinación personal de Fidel Castro que termina enloqueciéndolo y llevándolo a la muerte al tiempo que espíritu colectivo que solivianta al pueblo dominado por un ansia repentina de libertad. El mito martiano sigue intacto e incluso reforzado. Más allá de su uso el espíritu de Martí escapa a los que intentan dominarlo, trasciende las circunstancias y está llamado a terminar imponiéndose y seguir guiando a los cubanos eternamente hacia su destino nunca alcanzado. La frase final del relato sin embargo hace un guiño irónico al proceso de fabricación del mito, guiño que escapa a la ingenuidad del autor apócrifo. Luego de que los subordinados de un Castro enloquecido por el espíritu de Martí han terminado matándolo deciden dar la noticia de que ha muerto “a manos de los agentes del imperialismo yanki y combatiendo a los enemigos de la revolución”. Dice entonces el jefe de los conjurados: “Preparen los funerales más grandes que ha conocido Cuba. Ahora es un mártir. Mañana empezamos a ganar la guerra.”(44)

H/T: Penúltimos Días y La Loca del Blog (por las imágenes)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Miguel Angel Loredo (1938- 2011)

Ayer sábado por la tarde murió el padre Miguel Angel Loredo, sacerdote franciscano que pasara una década en prisión (1966- 1976) tras un proceso amañado desde el comienzo. (Puede leerse en las Memorias de un soldado cubano de Dariel Alarcón cómo agentes de la seguridad, haciéndose pasar por anticastristas, lo convencieron de que diera refugio al frustrado secuestrador de un avión para así tener un pretexto para allanar su iglesia y enviarlo a la cárcel). Fue un ser ejemplar que sin abusar en los detalles de su propio calvario representó lo más noble y puro de la iglesia cubana. Una de esa gente por la que uno se siente honrado de haberlo conocido.  

sábado, 2 de julio de 2011

Israel Kantor: se cumplen cinco años

Esta nota me la mandó ayer Emilio García Montiel pero no la pude subir hasta hoy:

Hoy se cumplen cinco años de la muerte de Israel Kantor. Ni su nombre artístico, ni su nombre real (Wilfredo Israel Sardiñas Domínguez) se registran en ese laberinto que es el Diccionario Enciclopédico de la Música Cubana de Radamés Giró; omisión, tal vez, menos sorprendente que el hecho de que su única mención en Wikipedia sea en alemán. Aunque se le recuerda mayormente por sus éxitos con Los Van Van –con quienes, hasta su exilio en 1983, cantó unos cuatro años- para esa época ya había pasado por otros conjuntos como el de Meme Solís y Neosón. En 2006 fue nominado al Grammy Latino por su disco Tradición, con su Tropicana All Star, galardón que finalmente sería otorgado a Bebo Valdés. Su homenaje al Benny sigue siendo, sino el mejor, uno de los mejores que alguna vez se le haya hecho al Bárbaro del Ritmo. Fuera o dentro de isla, su voz es, a mi juicio, uno de los lujos del son cubano.
Video Seis semanas


(Por cierto, encontré esta nota necrologica de Pedro de La Hoz sobre Kantor,y me llamó la atención cómo sutil -y contradictoriamente con lo que supuestamente sería su adscripción gubernamental- admite el éxito comercial en el exilio como rasero para determinar el provecho ( o no) de haberse ido de la isla. Obviedad elemental del concepto de libertad. Eso, entre otras cosas, pero ya no quise ponerme a comentarla) 

jueves, 2 de junio de 2011

La última lección de Antonio Calvo

Hace unas semanas el suicidio del profesor Antonio Calvo tras su expulsión injustificada y grosera de la Universidad de Princeton donde trabajaba sacudió la comunidad académica norteamericana aunque solo fuera porque la muerte de Calvo ponía en cuestión esa propia idea de comunidad. Ahora veo un buen artículo del profesor Alberto Moreiras buen conocedor de un medio usualmente viciado por una turbia competencia que recuerda las tramas más sórdidas de Shakespeare. Del artículo extraigo un par de párrafos. Pueden leerlo completo aquí:


Ignoro hasta qué punto la relativa ausencia de comunidad —la inamistad colegial, la falta de interés, la rivalidad generalizada, el desdén por el apoyo mutuo, la caída del compromiso primario con el saber y la competencia a favor de la toma de posición ideológica, la cesión a intereses espurios de poder interno— caracterice también a otros campos de saber universitario. Una de las consecuencias de la evolución corporativa del mundo académico norteamericano es precisamente la tendencia a un aislamiento personal que ninguna “interdisciplinariedad” desbanca—no es imposible pasarse media vida en el departamento de algún sitio sin tener idea alguna de lo que pasa en el departamento vecino, y a veces sin conocer siquiera al personal. En los departamentos de estudios hispánicos lo lamentable es que, en la mayor parte de los casos, tal ignorancia no está causada por lo bien que uno lo está pasando en casa. Responde a otras causas que no son tampoco derivables de la felicidad teórica—la felicidad por la teoría—que Aristóteles recomendaba. Algo huele a podrido en espacios de saber y enseñanza donde ni la excelencia profesional ni la calidad humana se han mantenido como objetivos dominantes. Y a veces ya ni se cree en ellas. No es una situación sana, y produce tensiones a veces extremas e insoportables. Los celos, la envidia, el resentimiento, el abuso, aun sin razón aparente, se hacen visibles y densos. El impacto de todo eso en la vida diaria del departamento puede imaginarse sin dificultad. No ocurre en todas partes: las excepciones saben que lo son. Es la generación presente —los mismos cuya temprana experiencia profesional ha quedado ya marcada por la historia de Calvo— la que puede y debe cambiar el estado de cosas que prevalece. […]
Pero no sabemos todavía qué pasó en Princeton y no es bueno llegar a conclusiones infundadas y mucho menos acusar a nadie injustamente. La estructura de la historia, a falta de que Princeton hable, apunta desde luego a un fallo de la administración, a quien competía en última instancia la ayuda y defensa de Calvo antes de que las cosas llegaran a la cercanía de su desenlace. Ahora nadie quiere hacerse responsable, y nadie se hará. Eso es más de lo mismo. Eso es lo de siempre, lo que siempre viene pasando, pero ojalá no haya pasado en Princeton: abuso por parte de algunos, protección del que abusa, complicidad institucional, traición y placer inconfesable en la destrucción del otro, quizá reacción desesperada del acosado, refugio en la hipocresía administrativa, e impunidad final para los responsables de la destrucción.

martes, 30 de noviembre de 2010

Leslie Nielsen, R.I.P.

Murió Leslie Nielsen el fin de semana. Con nadie me he reído tanto incluso con los chistes más bobos. Esa cara de héroe dramático de películas B en las situaciones más disparatadas bastaba para arrastrarme por el piso. Y así seguirá siendo por los siglos de los siglos, amén.

jueves, 3 de junio de 2010

Roberto Friol, R.I.P.

Murió Roberto Friol, poeta e investigador. Su muerte me ha sorprendido como puede asombrar la aparición de un fantasma y es que hacía mucho tiempo que lo suponía muerto. Tuvo entre otros méritos el de inspirar un magnífico poema de Juan Carlos Flores: “Oración por Roberto Friol”*. Yo lo conocí de pasada cuando, estudiante universitario, coincidí con él en la Biblioteca Nacional durante una de aquellas “prácticas de producción”. Un hombre callado. Más no se podía decir de él. Luego, años después, en mis tiempos de empleado del Cementerio Cristóbal Colón, decidí que un siglo ya era bastante para que los restos del novelista Cirilo Villaverde reposaran en la tumba de la familia de su esposa sin una lápida que lo señalara. Ya con la lápida en camino –la búsqueda de ese trozo de mármol en 1994 merece cuento aparte- me dirigí a Friol como la principal autoridad que había en el país sobre el novelista. Se sabía que desde hacía años trabajaba en un libro sobre el autor de Cecilia Valdés, el proyecto más ambicioso sobre un escritor al que se recurre a cada rato pero al que apenas se le ha dedicado alguna que otra colección de artículos breves y superficiales. Decidí aparecerme en su casa a pedirle que inaugurara la colocación de la lápida aunque Antonio José Ponte me había aconsejado no hacerlo: "Friol no quiere saber nada de nadie".

El viejo poeta me invitó a entrar en su apartamento pero apenas me dejó hablar. De nada valió que le dijese que no venía a nombre del gobierno o la UNEAC. Que la colocación de la lápida era algo que hacía por mi cuenta, sin el menor contacto con la oficialidad cultural. En la breve excursión por su apartamento me mostró el techo del que a cada rato goteaba un trozo de concreto. La noche anterior, sin ir más lejos. “Cualquier noche un pedazo de esos me va a matar”, dijo. También me enseñó el colchón derrengado donde apenas podía acomodarse la hermana con la que vivía; el sillón donde el viejo poeta dormía cada noche, sentado, como si velara a un muerto. Luego me llevó hasta el balcón: allí había una bolsa plástica transparente repleta de papeles amarillentos y rotos. “Ese era mi libro sobre Cirilo Villaverde”. Lo había destruido como última declaración de rebeldía contra el mismo sistema que lo tenía viviendo en ese agujero sin siquiera una cama para dormir. Donde acaso un pedazo de techo le haría el favor de interrumpirle la contemplación de su miseria. Me mostró la destrucción de su esfuerzo acumulado durante años para explicarme del modo más contundente que no participaría en ningún acto público, estuviera organizado por el gobierno o fuese una iniciativa maniguera como la mía. No tenía sentido insistir y me despedí como quien ofrece sus condolencias.

Varios años después supe que Friol empezaba a ser reconocido oficialmente. Que había recibido, de aquellas mismas autoridades de las que nada quería saber, algún premio nacional. Y que por gestiones de su viejo amigo Cintio Vitier le habían dado un apartamento que, supongo, contenía una cama donde al fin podía reposar sus achaques sin miedo a ser aplastado por el techo. Luego no supe nada más y en ese silencio debe haberse colado la impresión de que ya había leído la noticia de su muerte, esa que ahora me sabe a redundancia. Aunque sospecho que su verdadera muerte ocurrió el día que destruyó la que, se decía, era la obra de su vida. Que el que me abrió la puerta de su apartamento aquel día ya era un fantasma. Decepcionado y rabioso pero fantasma al fin.

*“Oración por Roberto Friol”


Roberto Friol era un poeta muy menor.


Su llama me aseguran, es la de un fósforo.


En una antología de poetas menores (los del 50, en Cuba) no aparece.


Si alguno presentara su candidatura a esa piñata, el Nobel, lo tomarían por loco.


Si un niño le regalara una flor, como a Casal


lo tomarían por niño, eso en el mejor de los casos.


Estoy seguro que en torno a él no revolotean


las muchachas, las noctílocas, las buscadoras de.


En su vejez sin fama ha de estar solo


o lo que es lo mismo ha de estar náufrago cloqueante


y le abrasará la sed, a él, amolador que repartió


cuál mano le alcanzará la copa, la para aciervados labios.


Yo lo he leído en las noches, y en el atardecer cianótico


cuando el país es una gota de sangre en mi mantel.


Su palabra me dijo el resplandor de la estrella de Cristo


que había olvidado y está ahí como él dice


brillando sobre el polvo, matando sobre el polvo,


pedernal o brújula o resaca con que frotarse el pecho.


No soy cristiano, ni burro, ni bueno


pero algo se podrá hacer con esa luz


a la hora de construir una casa.


Alzo sus libros a la altura de un monte, en el estante del alma


y eso es más que suficiente para que Friol


se iguale a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Friol.


Juan Carlos Flores (1962), de Los pájaros escritos (1994).

 

P.D.: El Granma, conciso y esencial resume así su biografía:
Friol quiso ser médico, pero los recursos de una familia negra y pobre no daban para ello. Con gran espíritu de superación se hizo maestro normalista. Al triunfo de la Revolución participó en la preparación metodológica de la Campaña de Alfabetización y luego consagró su vida a la catalogación y la investigación en la Biblioteca Nacional José Martí, donde compartió faenas y recibió el estímulo de Fina García Marruz, Eliseo Diego y Cintio Vitier.

sábado, 8 de mayo de 2010

Francisco Aguabella R.I.P.

Acaba de morir el legendario percusionista cubano asentado en San Francisco, Francisco Aguabella. A continuación repito un post publicado en agosto pasado sobre su colaboración con el saxofonista Joe Henderson en el disco "Canyon Lady". Más abajo un video sobre la obra de Aguabella.



En octubre de 1973, de regreso a la costa oeste el saxofonista Joe Henderson graba en los Fantasy Studios de Berkeley “Canyon Lady”, uno de sus discos con un acento latino más marcado. En él están las piezas que les pongo a continuación: “Las Palmas” y “All things considered”. Esta última participa el percusionista cubano Francisco Aguabella, "el John Coltrane de las congas" de acuerdo con Dizzy Gillespie.


Las Palmas





All things considered


 

miércoles, 7 de abril de 2010

Muere Graciela

Graciela Pérez Grillo, cantante estrella de la legendaria orquesta Machito & his Afrocubans y hermana de su director ha muerto en Nueva York a la edad de 94 años. Desde hace días se esperaba el desenlace. Llegó a la ciudad como parte de la orquesta Anacaona en 1942 y varias de sus interpretaciones con dicha agrupación se pueden escuchar aquí. En este blog ha parecido varias veces mencionada en sus trabajos con los Afrocubans y otros artistas. Puede verse aquí, aquí, aquí y aquí.  Abajo cantando con Machito "Changó ta vení"

Tragedia


Ayer un amigo me llamó para informarme de la muerte de Adrián Leyva, periodista y activista por los derechos humanos quien vivía en Miami hace algún tiempo. Lo conocí a finales del año pasado en México, en un congreso sobre Juventud y Cultura en Cuba. No era fácil hablar con él. O sí. Después de todo era un tipo cálido y conversador. Lo difícil era seguirlo por las circunvoluciones de su obsesión cuyo centro era Cuba. Como aquellos fanáticos de The Beatles que nos hacen parecer a todos los demás simples curiosos en el tema.

Ahora me entero que su obsesión era más intensa de lo que pensaba: terminó matándolo. Habrá que esperar a lo que dicen sus compañeros de viaje, ahora encerrados en Villa Marista donde más que interrogarlos estarán instruyéndolos en los bocadillos que deberán decir una vez que vuelvan a la luz. Pero no hay que esperar a ellos para imaginar los trazos básicos de la tragedia. Un amigo que cansado de las quejas de Adrián decide llevarlo de vuelta: el interesado sólo pagará el precio de combustible. Ya cerca de la costa son interceptados por los guardafronteras. Adrián no quiere dejarse atrapar y se lanza a nado a la isla de sus insomnios. Nada hasta no poder más. Los guardafronteras, inocentes como niños, recogen el cuerpo hinchado.

La culpa será en todo caso la convergencia entre las leyes que prohíben a un exilado volver a residir en su país y una obsesión más allá de cualquier ley. Lo que se dice una tragedia fiel a sus definiciones clásicas: una historia “en la que su protagonista enfrentado de manera misteriosa e inevitable contra el destino se mueve hacia un desenlace fatal movido por una fuerza ciega”. La fuerza ciega era cosa de Adrián. En cambio el destino al que se enfrentó es el de todos los cubanos que alguna vez decidieron vivir fuera de Cuba y no somos lo suficientemente mansos o viejos para que nos lo perdonen.

sábado, 3 de abril de 2010

Mike Cuellar

Se me había pasado la muerte ayer de Mike Cuellar, uno de los grandes pitchers cubanos de todos los tiempos y el único que ha conquistado el Cy Young en Grandes Ligas (Adolfo Luque sin dudas lo hubiera conquistado en 1923 de haber existido ese premio en aquella época). En las mayores tuvo una carrera no muy extensa (15 temporadas) con 185 triunfos y 130 derrotas y en cuatro campeonatos conquistó 20 o más triunfos (empatado en ese aspecto entre los cubanos con Luis Tiant). Tenía 73 años al morir.
De su ultima entrevista:

-Pero creo, señor Cuellar, que debemos rescatar sus historias, la de peloteros que pusieron un día el nombre de Cuba en alto. Si el régimen los ha querido sepultar, eso no debe quedar así.

“No me preocupo por eso, la verdad. Alguien se acuerda. Siempre alguien se acuerda”.