martes, 30 de junio de 2026

Haaland: de la conversión al cristianismo a ser él mismo

 


Era un encuentro de segundones en sus respectivos grupos: Noruega vs Costa de Marfil. Los marfileños eran como un cuchillo de mesa, sólidos, compactos, pero les faltaba filo. Noruega tiene uno de los mejores delanteros del mundo Haaland con un equipo mediocre detrás: era más como el puñal de un presidiario, punta nada más. Así fue buena parte del primer tiempo. Los depredadores de elefantes asediaban la portería vikinga sin mucha suerte mientras los vikingos se daban escapadas que cada una parecía más peligrosa que la anterior. Así llegó el primer gol, nacido de la bota izquierda de Nussa, noruego atípico donde los haya, bajo, oscurito y habilísimo con los pies para dejar a su equipo adelantado en el minuto 38.

El segundo tiempo no era muy distinto, con Noruega en ventaja entregada a la extraña estrategia de confiar en la incapacidad de los marfileños para meter un gol. Hasta que Diallo (que es como decir Gonzalez en Costa de Marfil) luego de despejar un balonazo a punto de entrar en su portería se fue al área contraria y tras regatear a dos postes vestidos de blanco que eran parte de la alineación noruega metió un zapatazo con la izquierda que empató el partido al minuto 74.

Fue entonces que al parecer a Noruega le llegó el reporte de ancestry.com que confirmaba que, de hecho tenían sangre vikinga y por fin decidieron arrinconar a Costa de Marfil en su propia portería. Once minutos después a Haaland, la punta del ataque vikingo, que hasta ese momento estaba jugando a ser Cristiano Ronaldo, o sea, a no hacer nada, se encontró con un pase frente a la portería y remató. Bueno, quizás no remató. Quizás lo que intentó hacer fue controlar el balón para entonces rematar. El hecho es que la pelota salió en dirección a la portería con una calma desesperante que le dio tiempo al portero Fafana de dar un estirón desesperado en dirección al balón que no consiguió detener pero que en la repetición le da un tono más dramático. “La definición de inevitable” dijo una locutora inglesa y pareció ser así.

Lo que quedaba de partido los cazaelefantes lo gastaron lanzando ataques febriles contra la portería vikinga incluyendo un tiro libre del propio Diallo que el portero Noruego consiguió despejar con la punta de una uña. Ahora dirán que era inevitable pero los vikingos terminaron rezando porque se acabara el partido que Costa de Marfil intentaba alargar a toda ídem. Porque la otra opción que les quedaba es lo que están haciendo ahora: las maletas.

lunes, 29 de junio de 2026

Borges, fútbol y meritocracia


El pronóstico del partido entre Países Bajos y Marruecos era más reservado que una operación de cadera de la abuela. Países Bajos venía con la historia de ser la selección que ha perdido más finales (tres, 1974, 1978 y 2010). Marruecos en cambio, trae un pedigrí más fresco. Cuarto lugar en el 2022 y un empate a uno en su primer juego con Brasil este año. Lo mismo la abuela podía salir bien de la operación que no acordarse del nombre de sus hijos.

Y el juego fue más o menos así. Marruecos atacando más, aunque sin exagerar y Países Bajos esperando tener suerte en un contragolpe. Como dos rivales que reconocen la pegada del otro y prefieren no arriesgarse demasiado a que le rompan la cara. O como cuando crees que te has encontrado con la mujer de tu vida pero piensas que es demasiado temprano para dejar de usar condón. Luego de un primer tiempo con el marcador virgen, contra lo que cabía esperar, Países Bajos golpeó primero. En un saque del portero neerlandés alargado por un cabezazo a mitad de cancha, Sommerville, uno de los más esforzados jugadores de Países Bajos, sale corriendo entre dos defensas, cae (o lo tumban, eso ahora no es importante) y desde la yerba le pasa la pelota a Gapko que la mete en la portería con la furia de quien se desquita de algo terrible.

El gol fue en el minuto 71 y los neerlandeses lo celebraron como si ya estuvieran en octavos. Pero 19 minutos más descuento es demasiado tiempo. Pero Marruecos ni siquiera tuvo que aprovechar un descuento generoso. Justo rayando el minuto noventa un centro desde tres cuartos de cancha fue cabeceado por esa torre llamada Issa Diop sin que Verbruggen, el arquero neerlandés, pudiera hacer nada.

Si el fútbol fuera una meritocracia Marruecos debió haber ganado en el tiempo extra. Pero no lo es. Borges, el Messi de la literatura, habría dicho de haberle gustado el fútbol: "ciego a los méritos el fútbol puede ser despiadado con las mínimas distracciones". Y Países Bajos no acumuló méritos pero tampoco se distrajo. Los saharianos campeaban por el área de Países Bajos a sus anchas sin apenas ser molestados y cuando Rahimi se plantó en la portería y disparó a bocajarro todos cantamos el gol para descubrir que no. La pelota no había entrado en el arco holandés gracias a la rodilla milagrosa de Verbruggen que, de haber pasado su equipo a octavos, debería exhibirse como reliquia en las iglesias del futuro.

Los titulares ya hablan de una tanda de penales para la historia con lo que estoy de acuerdo siempre que se empiece reconociendo que la historia es esa cosa horrible de la que, como en las relaciones con la ex que te engañó, recuerdas solo lo peor. Pocas veces se ha ejecutado una tanda de penales más chapucera, con tan mala puntería y hasta con mala suerte en el caso de Verbruggen. El primer marroquí en tirar incrustó la pelota en el travesaño, el segundo neerlandés en el poste izquierdo, al segundo marroquí Verbruggen le paró la pelota para luego meterla dentro con la pierna, el cuarto de Países Bajos la echó afuera, el cuarto lanzador marroquí, Hakimi, el capitán incansable, volvió a golpear el poste izquierdo con el balón y al quinto neerlandés Bono, el arquero marroquí le paró el disparo con una mano sin siquiera tener que lanzarse de cabeza.

Así hasta que por fin, el golpeado y ensangrentado Saibari de hacía unos minutos, por pura piedad con Países Bajos, con su propio equipo y con el público tuvo a bien acabar con aquella vergüenza que ahora quieren pasar por tanda histórica de penales.

“Ah, pero Alá es más sabio” habrá dicho Sherezada al ver que la noche concluía con los jugadores marroquíes arrodillados sobre la hierba y con los culos apuntando a la Meca pero por la vía más distante. Eso si la tierra es una esfera, como las pelotas de fútbol.

Auf Wiedersehen, Deutschland!






El partido entre Alemania y Paraguay era una magnífica oportunidad para presenciar ese extraño espectáculo que es encontrar a más de diez paraguayos juntos. Como el juego entre Brasil y Japón el más modesto de los dos se le adelantó al favorito Alemania en el primer tiempo con remate de cabeza del pequeñajo de Enciso. Y a principios del segundo tiempo la favorita empató. Hasta ahí un calco exacto del partido nipo-brasileño. Pero ya fuera por miedo a que los brasileños lo demandaran por plagio en el guion o por pura incapacidad Alemania fue incapaz de irse arriba en el descuento del tiempo reglamentario. Y tuvieron que irse a tiempo extra.

Si un equipo estuvo cerca de anotar en el tiempo extra fue Alemania. De hecho en el minuto 9 del primer tiempo extra el alemán Tah consiguió poner adelante a su equipo de un cabezazo tras un corner. Ya festejaban, ya se veían en octavos de final tras haberse desembarazado de aquellos pequeñajos sudamericanos tan ineptos para atacar como pegajosos en defensa pero tuvo la palabra el camarada VAR y se descubrió que hubo una falta previa al cabezazo de Tah y anularon el tanto. Luego siguieron veinte minutos más de exhibición de incapacidad mutua para anotar goles y luego, los penales.

Tal parece que los alemanes nacieron para tirar penales. Ahí está la historia de los mundiales. Ahí está el experimentado Neuer, quien esta debajo de los tres palos desde la época en que las porterías las cubrían con redes de pescador y Cristiano era un novato. La historia de los paraguayos con los penales era menos esperanzadora pero tenían al portero Orlando Gill, un grandulón que al parecer se comía toda la merienda escolar de Paraguay él solo y con su corpachón bastaba para tapar buena parte de la portería. Y en efecto, con la ayuda desinteresada de los pateadores alemanes Gill consiguió tapar dos de los primeros cuatro disparos mientras que los paraguayos habían acertado con los tres primeros.

Sin embargo Paraguay, tan sudamericano en el gusto por el drama y las emociones fuertes hizo lo que no había hecho hasta entonces y fallaron el penal. No uno sino dos seguidos. Pero la vieja Meryl Streep estaba decidida a perder a como fuera y Tah mandó la pelota a la grada como souvenir a sus seguidores. Hasta que se apareció Canale, cansado de tanta telenovela y encajó su disparo donde anidan las arañas, fuera del alcance de Neuer. A Alemania le toca hacer las maletas y a los paraguayos, pase lo que pase en lo adelante saben que podrán regresar a Asunción como los héroes que sacaron del campeonato a la chocha de Meryl Streep.

Brasil suda frío



Así, por afuerita, el resultado entre la pentacampeona Brasil y una escuadra, la de Japón que nunca ha llegado a cuartos de final parecía cantado antes de que el árbitro soplara el silbatazo inicial. Ah, pero los brasileños estaban nerviosos y con razón. Tradicionalmente Brasil ha sido la Marilyn Monroe del futbol, tremendo talento natural pero con graves problemas de personalidad. Eso explica sus derrotas en 1982, 1990, 1998 o 2006. Pero eso era antes. Ya Brasil no tiene talento que le sobre (un ejemplo: mientras Japón solo tiene en su alienación los dos porteros suplentes y un veterano que no juegan en Europa en Brasil son siete los jugadores que no se ganan la vida en las ligas más competitivas) pero conserva la misma falta de carácter de siempre.. Y si se le añade el detalle de que Japón había derrotado a Brasil 3 a 2 en su último choque amistoso luego de estar abajo 0-2 se entiende el frío que recorría el espinazo brasileño antes de iniciar el partido.

El primer tiempo fue una confirmación de los peores temores. Mientras Brasil desarrollaba un acoso lento a la portería de Brasil, quizás con la esperanza de los defensas contrarios se durmieran y aprovechar la oportunidad para anotar los hijos del sol naciente estaban atentos al menor pestañazo de los inventores de la feijoada. Y hubo pestañazos, abundantes y uno de ellos lo aprovechó Sano para avanzar y meter el balón donde el portero Allison solo pudo estirarse para salir bien en la foto pero no para alcanzar el balón. Así Japón se adelantó 1 a 0 en el minuto 28 del primer tiempo.

Brasil vino este mundial a sufrir, como viene al mundo la gente acomplejada. Se alivió un tanto a los diez minutos del segundo tiempo cuando Gabriel colgó un centro frente a la portería que pudo cabecear si estorbos el experimentado Casemiro para empatar el juego. Pero todavía necesitaba Brasil irse arriba para evitarse la angustia del tiempo extra y hasta de los penaltis y gastarse los honorarios de este mundial en psicoanalistas. Ancelloti, que estará preguntándose por qué aceptó un cargo tan ingrato movió los caracoles -es decir, le dio entrada a Endrick y a Martinelli mientras dejaba sentado a Neymar al que parece que han traído al mundial como se trae una pata de conejo, para atraer la buena suerte pero sin ninguna utilidad práctica.

Pero si la tradición y el prestigio sirven de algo fue para empujar a Brasil a no dejarse ganar por un equipo que es carne de octavos de final. Y al minuto 95, cuando ya el tiempo extra y los penaltis eran una realidad tangible funcionó la táctica del aburrimiento y un pase filtrado de Bruno Guimaraes pasó entre los pies japoneses para llegar a los de Martinelli quien remató al segundo palo. Así fue que Brasil se libró de su tercera mayor vergüenza en mundiales (la primera es el Maracanazo y la segunda el 7 a 1 que le propinó Alemania en el 2014 aunque el orden es discutible) y a sus jugadores de un abono permanente a la consulta con el psicoanalista.

sábado, 27 de junio de 2026

Predicciones

 




A unos partidos de terminar la fase de equipos y ya con más claridad en los cruces entramos en la tentación de hacer predicciones, conservadoras, cobardes predicciones. Por la cantidad de talento acumulado y la capacidad de expresarse colectivamente, Francia apunta a llevarse el título sin esforzarse demasiado. Pero si el fútbol se redujera a talento y capacidad de expresarlo y no a una compleja combinación de estrategia, perseverancia, concentración y estado anímico entre otras cosas ya le podrían haber dado la copa a Hungría en 1954, a Holanda en 1974 y 1978 y a Brasil de 1982 al 2006.

Visto lo visto aventuro a adelantar que los cuartos de final se jugarán entre Países Bajos vs Francia, España vs Estados Unidos (tengo en cuenta aquí el factor de jugar en casa, para lo que tendría que derrotar antes a Bosnia y a una Bélgica menos temible que años anteriores) Brasil vs Inglaterra y Argentina vs Colombia y las semifinales Francia vs España, e Inglaterra vs Argentina. Y una final entre Inglaterra y Francia que sería como un remake de la Guerra de los Cien años. Demasiado riesgo apostarle a ese manojo de nervios que es Inglaterra, ya sé, pero aunque preferiría que ganara, el Brasil de ahora cada vez se parece menos a aquella selección que enamoró a tantos durante tantas décadas.

No hay ningún país africano ni asiático en mi predicción, aunque no descarto para colarse entre los ocho primeros ni a Marruecos (que ya lo hizo en el mundial pasado y tendría que derrotar a Países Bajos) ni a Japón (que tendría que derrotar al desmejorado Brasil). El 19 de julio veremos cuánto me equivoqué.

jueves, 25 de junio de 2026

El regreso de los cuerpos vivientes

 


Ilusionante el debut en la copa de Ecuador contra Alemania. Ya sé que un equipo con ese mismo nombre jugó ya contra Costa de Marfil y Curazao pero teniendo en cuenta los resultados sospechamos que los jugadores originales fueron abducidos por extraterrestres y sustituidos por la AI de hace dos años, esa que todavía se notaba que era fake. Contra Alemania el aire olía a masacre. Pero ya con un pie fuera del Mundial, los jugadores ecuatorianos regresaron a sus cuerpos. Y de paso parece que se tomaron la fórmula mágica de Astérix. Porque después de estar 180 minutos sin anotar contra marfileños y holandeses con doble nacionalidad Angulo le marcó un gol a la tetracampeona a Alemania a los nueve minutos de juego. Solo que los germanos se les habían adelantado con gol de Sané al minuto 2 por mucho que los ecuatorianos habían protestado por una falta. Y sin embargo se dictaminó que el defensa de Ecuador había golpeado con la cabeza el zapato del jugador alemán.

El inicio del segundo tiempo empezó con una noticia buena y otra mala. La mala es que le pitaron un penalti en contra. La buena es que los alemanes habían cometido una falta anterior y el penal fue anulado. Pero los ecuatorianos, animados -que para algo de ahí salió alma- por los compatriotas que repletaban el estadio insistieron hasta que en un corner Plata aprovechó que Neuer, portero alemán desde que la mayoría de los espectadores tiene uso de razón, en vez de despejar el balón quiso acunar la pelota en su regazo y adelantó la punta del zapato para meter el gol que ponía en ventaja a los del medio del mundo. Era el minuto 76 lo que quiere decir que, contando el descuento, pasaron 21 minutos de angustia ecuatoriana en la que se temía que la camiseta de los tetracampeones terminaría pesando más. Pero ni Alemania es lo que era hace unos años ni Ecuador lo que fue en los dos primeros partidos del Mundial.

Da igual quien le toque a Ecuador en la próxima ronda. Ya pueden soñar ahora que el alma les ha vuelto al cuerpo.

Volver a Oslo: de Richard Gere a Rosa María Payá*


«En el mundo hay dos tipos de problemas —le decía en Oslo a un funcionario de la National Endowment for Democracy, la famosa NED, porque después de tanto cubanexplaining que uno ha tenido que sufrir hay que desquitarse con alguien—: los problemas de los que se puede culpar a Estados Unidos y de los que no. Solo los primeros son importantes».

A Thor Halvorssen Mendoza, el fundador y arquitecto de Human Right Foundation y de su evento estrella, el Oslo Freedom Forum (OFF), no parece importarle estar a la moda, al menos en cuestiones políticas. O sí, pero para llevarle la contraria. Por eso, al OFF invitan a activistas opositores y a perseguidos por regímenes consentidos tanto a la izquierda como a la derecha del espectro político. Y hasta otros que no aparecen en el mapa de la geopolítica de los pesos pesados pero que reprimen a sus ciudadanos tanto como los otros.

Este año en el OFF, lo mismo podía escucharse un discurso de perseguidos por los regímenes de Putin, Xi Jinping, los ayatolas o el chavismo de tercera generación que el de una de las tres únicas voces que disienten en el parlamento salvadoreño dominado por el aplaudido Bukele, la de Claudia Ortiz. Y la eritrea Yirgalem Fisseha vino a informarnos que en su país la poesía todavía importa, si no a los lectores, al menos al régimen que la encerró en la cárcel, la torturó y suprimió el poemario que intentaba publicar.

Pero nada de eso me sorprendió. Ya había asistido al Oslo Freedom Forum en 2025 en calidad de orador. Fui a dar cuenta de la catástrofe humanitaria en que el régimen cubano había hundido a sus ciudadanos, de su minucioso plan de vaciamiento de la isla y extracción concienzuda de sus ya escasos recursos. Sin embargo, este año regresé a un clima distinto. No me refiero al de la indecisa primavera noruega —menos fría y lluviosa que el año anterior—, sino al clima político. Luego de la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela y la ofensiva de Trump y Netanyahu en el Medio Oriente la temperatura causada por la fricción de fuerzas en pugnas se ha elevado unos cuantos grados. Si en 2025 el OFF se anunciaba con el soñador título «Imagine», el de este año era más bien belicoso: «Dismantling Dictatorship» (desmantelando la dictadura).

Pero sin importar cual sea el clima político en el Oslo Freedom Forum, el mundo siempre anda de cabeza. A los poderosos se les ridiculiza y a los perseguidos se les da tratamiento de estrellas de Hollywood. Y cuando aparece una verdadera estrella de Hollywood, como fue este año el caso del actor Richard Gere, exhibe una modestia inimaginable en los semidioses de nuestras pantallas. Gere, budista practicante desde su juventud, fue invitado en atención a su sostenida defensa en favor de los derechos del Tibet, ocupado por el régimen chino desde 1959. Fue Gere quien, en su relajado diálogo con Halvorssen, insistió en una fórmula sorprendente, pero al mismo tiempo elemental, para resistir la opresión: humildad y humor. Justo aquello que los opresores menos tienen. Richard Gere, al ser sorprendido con el Premio Vaclav Havel a la disidencia creativa, (el mismo que el año pasado recibiera Luis Manuel Otero Alcántara) hizo uso activo del primer componente de su fórmula —la humildad— y dijo que solo podía aceptar el premio en nombre de quienes, a diferencia de él, habían tenido que sufrir represalias de todo tipo por decir lo que piensan.

En el Oslo del Freedom Forum, las voces más escuchadas son las de quienes han sido silenciados por más tiempo y de peor manera. Como la joven Lia Gazi, quien habló en nombre de los tártaros de Crimea, víctimas primero de la furia genocida de Stalin y ahora de la de Vladímir Putin contra un pueblo que nunca ha renunciado a su cultura y a su memoria. También dio testimonio Abdullah Ibhais, antiguo director de medios de la Copa de Fútbol de Qatar 2022, quien se atreviera a denunciar los abusos cometidos contra los trabajadores migrantes que construyeron los estadios donde se jugó el Mundial. Y el periodista nigeriano Steven Kefas, quien denunció las atrocidades cometidas contra los cristianos en su país ante la pasividad cómplice de su Gobierno; y Carmen Lau, activista pro derechos humanos de Hong Kong; y Salomé Zourabichvili, primera mujer presidenta de Georgia, quien ha debido enfrentar terribles presiones antidemocráticas tanto desde dentro como del exterior.


De limitarse a lo anterior, podría inferirse que el Oslo del Freedom Forum es un maratón de la denuncia, una internacional del masoquismo. Pero OFF es bastante más que eso. Los talleres que se impartieron sobre el uso de la inteligencia artificial y las criptomonedas en la lucha contra el autoritarismo y los encuentros formales e informales entre los activistas convirtieron el evento en un laboratorio de la libertad. Las amistades que surgieron en esos días darán paso a complicidades duraderas y a alianzas de todo tipo. Se llegó rápidamente a consensos como que no basta con desmantelar dictaduras sino que es necesario tener preparados los mecanismos e instituciones que las sustituyan para evitar el caos y la crisis, el camino más seguro a nuevos Gobiernos autoritarios.

Diferentes ponentes explicaron en esos días cómo los autoritarismos buscan nuevas formas de reforzar su poder en campos tan dispares como los deportes o la tecnología. Varios talleres sobre inteligencia artificial señalaron, por un lado, el crecimiento monstruoso de esta en los últimos meses y, por otro, el acortamiento de la distancia entre las compañías punteras y el resto. Así predijeron un futuro en que el más poderoso de los dictadores y el último de los activistas tendrán acceso a inteligencias artificiales de similar potencia.

OFF 2026 contó incluso con una princesa, o algo parecido, en Noor Pahlaví, hija del príncipe Reza Pahlaví y nieta del último sha de Irán. Al entrar al escenario, Noor fue recibida con aplausos frenéticos por la nutrida representación iraní en el evento. Porque el desespero iraní es tan notorio que se asemeja al cubano. De un lado, los iraníes desean mayoritariamente la invasión al país para deponer a un régimen al que ninguna de las revueltas anteriores ha conseguido derrocar. Por otra parte, están dispuestos a perdonarle a los herederos del sha los pecados de su patriarca. Los crímenes que cometiera el sha mientras estuvo en el poder fueron convertidos en peccata minuta (se habla de 3 000 a 5 000 asesinados durante el régimen del sha) por los más de 120 000 ejecutados por el régimen de los ayatolas.

Si Noor Pahlaví era aplaudida como princesa de facto, María Corina Machado fue la reina extraoficial del cónclave en Oslo. La última premio nobel de la paz, de vuelta en la ciudad que le había otorgado el galardón, sonriente y accesible, compartía con el resto de sus compatriotas venezolanos la convicción de que este año será el de la libertad para su país. «Y también de Cuba», me insistió ante mi visible escepticismo. Pero hay dos diferencias esenciales con Venezuela —insistí en los encuentros formales e informales que compartí con los invitados latinoamericanos—. Por una parte, nuestra oposición y nuestro exilio carecen de la representatividad que tiene la oposición venezolana con una elección presidencial ganada de su lado. Por otra, el ejército cubano —aunque incapaz de repeler una invasión extranjera— tiene fuerza suficiente para reprimir a su pueblo para defender su control sobre la mayor parte de la economía del país, control que perderían con un cambio de régimen. Por ese control, la cúpula militar castrista está menos dispuesta a morir que a matar.

Esta vez no hubo ningún cubano entre los oradores oficiales del Oslo Konserthus, pero la isla estuvo presente de muchas maneras. Como en la instalación de celdas a la entrada del concierto a cargo de Alian Collazo y la Cuban Freedom March que incluyó la dedicada a Luis Manuel Otero Alcántara, todavía en prisión, (otras celdas simbólicas fueron la dedicada a los hermanos Gao Zhen y Gao Qiang —el primero de los cuales está en prisión desde mayo—, la de la artista siria Azza Abo Rebieh y la del nicaragüense Pedro X. Molina). Cuba también estuvo en las estadísticas que se ofrecían sobre países con menos libertad de prensa, con mayores restricciones de todo tipo y en el nuevo atlas del Tyranny Tracker de la Human Rights Foundation.

Pero sobre todo, la isla se hizo presente en las palabras de Rosa María Payá, recién llegada del Foro DDC «Para la Cuba de mañana» con la buena nueva de los avances que se habían logrado en términos de unidad de las fuerzas democráticas del exilio. Payá, quien recordó una vez más el asesinato de su padre a manos de la dictadura cubana, denunció la desesperada situación cubana que describió con la palabra genocidio, luego de perder 3 millones de habitantes en los últimos años. Payá aclaró que tal descenso poblacional no se debe solo a la emigración masiva sino también a la crítica situación alimentaria y sanitaria del país, controlado por un régimen más preocupado en enriquecerse y perseguir la iniciativa privada que por procurarles los servicios básicos a sus ciudadanos. No estaba de más este recordatorio cuando muchos insisten —soy testigo— en que la catastrófica situación de la isla se debe a las recientes presiones del Gobierno norteamericano antes que a la rapacidad y la ineficiencia del cubano. Como si un año atrás en ese foro yo mismo no hubiera hablado de la terrible situación que atravesaba el país antes de que a Trump se le ocurriera tomar medida alguna.

El Freedom Forum de Oslo intenta no solo ofrecer un diagnóstico ante la fiebre de autoritarismos que sacude al planeta. También trata de recetar curaciones. Atrás quedó el futuro profetizado por Francis Fukuyama en que el mundo tendería natural y unánimemente hacia la democracia liberal. Contrario a la optimista idea de progreso, hoy vivimos en un planeta más autoritario que el de dos décadas atrás. Y más represivo. El ideal de convivencia armoniosa y jurídicamente igualitaria tiende a evaporarse cuando la incertidumbre y el miedo asumen la forma de esperanza autoritaria: el hombre fuerte y la ideología impecable en vez de los agotadores ajustes democráticos.

De vuelta de Oslo traigo una noticia buena y otra mala. La mala es que los malos están ganando. La buena es que los buenos no dan señales de rendirse.

*Publicado en El Toque

martes, 23 de junio de 2026

La noche de los pelados infames



Se enfrentaban en Guadalajara, Colombia equipo que ya ha ganado la competencia por los peores pelados del Mundial y República Democrática del Congo que corre el peligro de convertirse en el país de al lado (República del Congo a secas) si se descubre que no es democrático. Durante buena parte del partido este parecía una definición leninista: los de arriba (en el escalafón de la FIFA) podían pero no querían y los de abajo querían pero no podían.

No los aburriré con la descripción de un partido caracterizado por la ineficacia ofensiva. Tuvo un solo gol y este lo anotó (¿adivinan?) el del pelado más feo en todo el terreno, el colombiano David Muñoz. Con veinte minutos por jugar Luis Suárez, el mejor jugador sobre la cancha, anotó dos goles pero fueron anulados por fuera de juego o pelado incorrecto, no estoy muy seguro.

El Fénix portugués renace en Houston


A los seis minutos de iniciado el partido entre Portugal y Uzbekistán Cristiano Ronaldo, quien se había ido en blanco en su primer compromiso, finalmente se encontró con la solución a todos sus problemas, su sedante, su terapia con el psicoanalista, que no es otra que un gol producto de un centro que cazó enfrente de la portería ex soviética. Aplacada la ansiedad de goles y reconocimiento público Cristiano se encontró con el padre, freudianamente hablando y por fin el resto del equipo se pudo dedicar a lo que mejor sabe hacer, que es jugar futbol.

Tan exultante estaba Cristiano con su primer gol en Mundiales en mucho rato que hasta se sintió súbitamente generoso y aunque se paró frente al balón para cobrar un tiro libre a última hora permitió que lo hiciera un compañero, despistando por completo al portero contrario que reaccionó tardíamente al disparo del portugués. Porque resulta, como sospechábamos, pero no habíamos tenido oportunidad de confirmarlo, que Portugal contiene enormes reservas de talento que el agujero negro en que se había convertido la presencia de Cristiano en el equipo no permitía expresarse.

Liberado El Bicho de sus ataduras freudianas, encontrado el gol, ese es su lema, su religión, todo empezó a fluir. Así anotó un segundo gol con el que rompía todos los récords posibles menos el que a él le interesa porque están en manos de un argentino de cuyo nombre no se quiere acordar. Tanto fluía el juego portugués que hasta los uzbekos quisieron aportar su granito de arena con un autogol, o al menos eso fue lo que decidió la FIFA en su infinita sabiduría. Y para terminar Rafa Leao, quien acababa de entrar de cambio unos minutos antes anotó el gol que completaba la manita a los uzbekos que dirige Fabio Cannavaro.

Podría verse como el inicio de la otra mitad de la vida de Portugal en el mundial si no es porque marcado su segundo gol ya Cristiano volvía a su mala costumbre de pasarse la mitad del tiempo en fuera de juego a la espera de completar el hat trick como había hecho "ustedes saben quien" en su primer juego. Y es que las malas costumbres nunca se olvidan. Los traumas tampoco.

lunes, 22 de junio de 2026

Mbappé y Haaland: su propia guerra



Esta vez el mundial se ha sincronizado con la publicidad mejor que nunca. De un lado las llamadas “pausas de hidratación” que no le gustan ni al público ni a los jugadores pero permiten intercalar el doble de anuncios y cambian el sentido del tiempo. Si antes cada partido era una película con intermedio ahora se siente como una miniserie de Netflix de cuatro capítulos: aunque son los mismos noventa minutos dan la sensación que el tiempo pasa más rápido, como en lugares con menor fuerza gravitacional o como cuando te metes en el inodoro con el teléfono en la mano.

Pero ni siquiera las pausas de hidratación (con ese nombre que parece que se lo puso el mismo de “picadillo texturizado”) son lo más notorio. Piensen en los goles anotados por las estrellas de los anuncios. Antes goleador famoso que salía en la publicidad goleador que se iba en blanco todo el campeonato, su equipo era eliminado en la primera ronda o se partía una pierna nada más empezar el campeonato. Este año, sucede todo lo contrario. Este año los jugadores que salen en los anuncios son los que marchan al frente en goles anotados lo cual sería perfectamente normal si no fuera porque casi nunca ocurre. Es como si los dioses del fútbol la tuvieran cogida con la FIFA e hicieran lo posible por joderle el negocio.

Detesto las teorías de la conspiración así que prefiero pensar que este año por fin los dioses se han decidido a complacer a la FIFA. Eso explica que después de la primera ronda de partidos sean precisamente Messi, Haaland, Mbappé y Harry Kane los que figuren tanto al frente de los goleadores como de los carteles publicitarios. Solo falta que Bad Bunny anote un hat trick. (Cristiano Ronaldo no ha anotado todavía su primer golito pero el suyo siempre ha sido un caso especial: a pesar de sus novecientos y tantos goles no acaba de caerles bien ni a los dioses del fútbol ni a sus compañeros de equipo).

Este es el contexto en el que Mbappé y Haaland salieron al terreno hoy representando a Francia y a Noruega respectivamente. Eso y que Messi había llegado horas antes a los cinco goles en el torneo lo que ha convertido en una competencia sobre cual de las estrellas publicitaria convierte más goles. Mbappé empezó bien, anotándole un gol a Iraq, que es bastante más de lo que le ha hecho Trump a ese mismo país, si se descuentan los ayatolas muertos. Uno a cero terminó el primer tiempo, pero entonces una tormenta eléctrica obligó a interrumpir el partido. Tanto se demoró como para que cuando Francia e Iraq reanudaron su partido ya Noruega y Senegal habían comenzado el suyo.

Mientras Haaland se empeñaba en alcanzar a Mbappé (Messi ya le va quedando lejos) el francés anotó su segundo gol de la tarde y cuarto del campeonato, obsequio de la despistada defensa iraquí. Alguien diría que esos regalitos son enviados por Infantino en persona, pero no lo creo. Los dioses del fútbol han demostrado tenerle suficiente cariño a Mbappé como para que se permitan ese tipo de presentes. Haaland por su parte luego de anotar su primer gol de la noche recibió un obsequio similar al de Mbappé, el cual convirtió en su segundo gol de la noche. Tal parece que los dioses del fútbol han decidido adelantar las navidades para junio.

El partido entre Francia e Iraq terminó con 3 a 0 redondeado por Dembelé. En el de Noruega vs Senegal los africanos, que al parecer no entendían de qué se trata este campeonato no dejaban alejarse demasiado a los escandinavos respondiendo a sus goles en la medida de sus capacidades. Todavía en el minuto 92 encontraron fuerzas para acercarse 3 a 2 pero por mucho que lo intentaron terminaron derrotados, una señal de que los dioses del fútbol, o la FIFA los quieren pronto de regreso a casa.

Messi contra el mundo (o a favor)

 


Desde el hat-trick inaugural de Messi contra Argelia los partidos de Argentina se han convertido en otro deporte diferente al fútbol. Un deporte en el que en lugar de preguntarte ¿quién ganará? Te preguntas ¿cuántos goles meterá Messi? ¿hasta dónde llevará el récord de más goles en mundiales? Y todo bien parecía bien encaminado cuando apenas empezado el partido el árbitro, al parecer impaciente por acabar con la incertidumbre, señaló un penalti a favor de Argentina. Ya fuera porque le pareció demasiado fácil -o para desmentir los rumores difundidos por la prensa y el resto de los argentinos de que no es humano- Messi falló el disparo desde los once metros echándola fuera de esa portería que conoce mejor que a sus hijos.


El fallo de su máximo líder pareció contagiar al equipo argentino que se dejó quitar la iniciativa durante buena parte del primer tiempo. Hasta que Messi finalmente se aburrió y desde el borde del área chica metió la pelota con esa falta de esfuerzo que a otros, sobre todo si tienen nombre de creyentes, les puede resultar insultante. Con ese tanto Messi a dos días de cumplir 39 años se convertía en el máximo goleador de la historia de los mundiales de fútbol algo que a Pelé le fue inalcanzable, pero que para el argentino es como si cumpliera un deber.

El juego siguió sin muchas incidencias que reseñar hasta que Messi, que se moría del aburrimiento le puso un balón a Julián Álvarez que lo dejó solo frente al portero pero, como era de esperar, falló. Y es que los compañeros de equipo de Messi son correctos y trabajadores como el novio que uno quiere para su hija aunque al final ella prefiera alguien que simplemente la sepa meter. Messi no. Fue a buscar el rebote y el mismo disparó y falló pero como si estuviera representando una fábula en que a veces es la cigarra y otras la hormiga se empeñó en que la pelota entrara en la portería austriaca -sí, lo había olvidado decir, además de contra el récord y contra sí mismo hoy Messi jugaba contra Austria- hasta que a la pelota finalmente no le quedó otro remedio que obedecerlo.

Esta noche supongo que Messi dormirá como siempre, a pierna suelta, con la satisfacción del deber cumplido. En cambio Cristiano para dormir tendrá que esperar a que terminen que reponer la puerta de la habitación de su hotel a la que, no se sabe por qué, la destruyó a patadas.

domingo, 21 de junio de 2026

Cabo Verde no cree en camisetas



Luego de empatar a cero con España, campeona hace cuatro mundiales, a Cabo Verde le tocaba ripiarse con Uruguay. Uruguay fue dos veces campeón de cuando los mundiales se transmitían por radio y no te sacaban tarjeta aunque mataras a alguien en el terreno porque todavía no se habían inventado. Las tarjetas, digo, porque lo que es matar el copyright ya lo tenía Caín desde mucho antes. Y se sabe lo mucho que pesan las camisetas en un mundial, sobre todo si tienen estrellitas de campeón.

Pero ya desde el juego contra España los caboverdianos habían demostrado tener muy poco respeto por las camisetas con estrellitas, fueran frescas o añejas. Si contra España había demostrado que podían pasar 90 minutos sin recibir goles gracias a San Vizinha, su portero milagroso, luego de los tanteos de costumbre Cabo Verde metió la pelota en la portería de los fanáticos del mate. Los uruguayos debieron sentirse como aquel soldado americano atravesado por una lanza vietnamita en Apocalypsis Now. "¿Eh, pero esta gente mete goles?" debieron preguntarse los uruguayos. Esos que presumen de ser el país más pequeño que ha ganado un mundial (y hasta dos) acababan de recibir un gol de un país ocho veces más chiquito en su primera incursión en un mundial.

Los fans del mate se avivaron y aprovechando que los contrarios tenían un jugador en el piso empataron el juego con un gol de Araujo y ya que estaban en eso Canobbio los puso arriba con otro gol. Ya todo volvía a ser como ha sido siempre con las camisetas con estrellitas pasándole por encima a las camisetas novatas. Pero en la confianza está el peligro y en una salida del portero Muslera que hizo parecer la de la Caperucita Roja un dechado de prudencia un tal Hélio Varela marcó el gol del empate a puerta vacía. Lo que le siguió fue la desesperación de las camisetas uruguayas ante el peligro de quedarse fuera del mundial por culpa de una camiseta debutante pero sucede que las camisetas deben tener jugadores dentro y este año, con algunas excepciones parecían pasear vacías por el campo. Nada que ver con los Luis Suárez, Cavani y Forlán de hace unos años, para no hablar de Obdulio Vareal, el capitán del Maracanazo.

Ahora la única opción que le queda a Uruguay para seguir en el mundial al menos una ronda más será ganarle a España que acaba de despertarse con cuatro goles a Arabia Saudita. Y para eso necesitan bastante más que una camiseta.