Era un encuentro de segundones en sus respectivos grupos: Noruega vs Costa de Marfil. Los marfileños eran como un cuchillo de mesa, sólidos, compactos, pero les faltaba filo. Noruega tiene uno de los mejores delanteros del mundo Haaland con un equipo mediocre detrás: era más como el puñal de un presidiario, punta nada más. Así fue buena parte del primer tiempo. Los depredadores de elefantes asediaban la portería vikinga sin mucha suerte mientras los vikingos se daban escapadas que cada una parecía más peligrosa que la anterior. Así llegó el primer gol, nacido de la bota izquierda de Nussa, noruego atípico donde los haya, bajo, oscurito y habilísimo con los pies para dejar a su equipo adelantado en el minuto 38.
El segundo tiempo no era muy distinto, con Noruega en ventaja entregada a la extraña estrategia de confiar en la incapacidad de los marfileños para meter un gol. Hasta que Diallo (que es como decir Gonzalez en Costa de Marfil) luego de despejar un balonazo a punto de entrar en su portería se fue al área contraria y tras regatear a dos postes vestidos de blanco que eran parte de la alineación noruega metió un zapatazo con la izquierda que empató el partido al minuto 74.
Fue entonces que al parecer a Noruega le llegó el reporte de ancestry.com que confirmaba que, de hecho tenían sangre vikinga y por fin decidieron arrinconar a Costa de Marfil en su propia portería. Once minutos después a Haaland, la punta del ataque vikingo, que hasta ese momento estaba jugando a ser Cristiano Ronaldo, o sea, a no hacer nada, se encontró con un pase frente a la portería y remató. Bueno, quizás no remató. Quizás lo que intentó hacer fue controlar el balón para entonces rematar. El hecho es que la pelota salió en dirección a la portería con una calma desesperante que le dio tiempo al portero Fafana de dar un estirón desesperado en dirección al balón que no consiguió detener pero que en la repetición le da un tono más dramático. “La definición de inevitable” dijo una locutora inglesa y pareció ser así.
Lo que quedaba de partido los cazaelefantes lo gastaron lanzando ataques febriles contra la portería vikinga incluyendo un tiro libre del propio Diallo que el portero Noruego consiguió despejar con la punta de una uña. Ahora dirán que era inevitable pero los vikingos terminaron rezando porque se acabara el partido que Costa de Marfil intentaba alargar a toda ídem. Porque la otra opción que les quedaba es lo que están haciendo ahora: las maletas.