La nueva cruzada oficial contra el reguetón cubano plantea (al menos para mí) un caso típico de
libertad de conciencia y de expresión: defender el derecho a otros a expresarse
aunque no te guste lo que digan. O más exactamente cómo suenen. Porque lo
doloroso del reguetón no son las letras sino el ritmito ese de tortura china apenas
atenuado por la graciosa grosería de las letras. Esta cruzada de los talibanes
caribeños se hace en nombre de una cultura que -si se mira bien- siempre fue
agresiva y grosera para los oídos más exquisitos (es un decir) pero por ello
mismo tremendamente viva. El paradigma de estos talibanes de cultura cubana legítima
vienen a ser los neotrovadores que en su momento fueron perseguidos por estos
mismos censores o sus antecesores inmediatos (o los timberos, que también
fueron regañados públicamente por la madre de Mariela Castro) y la verdad que nada
desentona más con la realidad cubana actual que Silvio o las cancioncitas de
ese dúo angélico con nombre de escuela misionera o toro semental, los muchachones
de Buena Fe a los que por supuesto defendería la libertad de expresarse aunque
en “mi privacidad” me reservo el derecho de admisión. Ese es el problema de
esta gente, que tratan el país como si fuera la sala de su casa.
Blog personal y casi tan íntimo como una enfermedad venérea pensado también para liberar al pueblo cubano, aunque sea del aburrimiento. Contribuyentes: Enrisco (autor de “Obras encogidas” y “El Comandante ya tiene quien le escriba”), su alter ego, la joven promesa de más de cincuenta años, Enrique Del Risco. Espacio para compartir cosas, mías y ajenas, aunque prefiero que sean ajenas. Quedan invitados a hacer sus contribuciones, y si son en efectivo, pues mejor.
Mostrando entradas con la etiqueta intolerancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta intolerancia. Mostrar todas las entradas
viernes, 30 de noviembre de 2012
miércoles, 15 de octubre de 2008
Aldeanos v.s. Orientales
Uno de los logros de la Revolución Cubana que sospecho persistirá por mucho tiempo es el odio interprovincial. Sobre todo entre orientales y habaneros. Al uso de los orientales como carne de cañón en La Habana el habanero responde con esta nueva versión del racismo lo que confirma una vieja teoría: el racismo arraiga sobre todo entre los de abajo. Esos que no tienen otra seña de distinción que el color de la piel o (como en este caso) el lugar de nacimiento y centran su odio no contra los causantes de sus males sino contra aquellos a quienes pueden darse el lujo de despreciar. Y entonces descubren una variante modesta de la libertad. Ya que no pueden hablar mal del gobierno atacan a los orientales. Y como muestra vean esta canción de Los Aldeanos. Y lo jodido es que hasta tiene su gracia con su bajo de "Fever".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)