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martes, 22 de noviembre de 2016

Cirilo Villaverde en Nueva York (II)

El escritor en movimiento
Luego de su estancia en el número 59 Oeste de la calle 24 de Manhattan los directorios anuales de la ciudad recogen diferentes direcciones como residencia de Cirilo Villaverde hasta su muerte, ocurrida en 1894: 136th Alexander Avenue en el Bronx (1875-1877), y en Manhattan 42 E. 126th Street (1882-1883), 39 W. 24th Street (1883-1884) o el 1730 Broadway (desde 1890 hasta su muerte).

Una imprenta masónica
No obstante de todos los sitios asociados a la extensa presencia de Cirilo Villaverde en Nueva York ninguno más relevante que el marcado con el número 4 de la calle Cedar. Allí radicó durante décadas la imprenta El Espejo, la misma que publicaría en 1882 la versión completa y definitiva de “Cecilia Valdés”. Si bien acogida al principio con cierta reserva ya al año siguiente la novela recibiría elogios de Benito Pérez Galdós y en 1885 sería aclamada por Manuel de la Cruz como "obra maestra en el género" que "señala el máximo perfeccionamiento que hasta ahora ha alcanzado nuestra literatura". El novelista Ramón Meza haría notar el extraño mérito de conseguir reproducir con tal intensidad la sociedad cubana de 1830 a tanta distancia espacial y temporal:



"Nadie al recorrer muchas de las mejores páginas de esta obra magistral pudiera sospechar que se escribieran en lugar apartado, en medio distinto y extraño, después de dilatados años de ausencia. Hay tanta frescura en el trazado de los paisajes de la naturaleza cubana que en el libro abundan, hay tanta verdad, tanta realidad, hasta en los más nimios detalles de esta obra vasta y complicada, que no pudiera creerse que fuera escrita al calor de los recuerdos sino con la observación inmediata, directa, de un original que está a la mano y por tanto se ve, se toca"


La imprenta El Espejo estaba dedicada a imprimir una publicación periódica en español del mismo nombre “filled with advertisements for U.S.-made export products. Locomotives, wheelbarrows and pianos were the standard fare in the columns of El Espejo” (Lazo. 172). 



La publicación salió por primera vez a la luz como “El Espejo Masónico” a fines de 1865. Su director era André Cassard un destacado masón santiaguero de origen francés quien a su vez había sido el “fundador de los altos cuerpos del Rito Escocés de la masonería regular cubana” (Torres Cuevas, 108). 
Tiempo más tarde “como [la revista] ya no podía dedicarse al asunto especial de la Masonería, [Cassard] le quitó el adjetivo del título con que lo principió, dejándole solo el de El Espejo, que es en el día [1873] el periódico más grande y más hermoso de cuantos se publican en castellano [en Nueva York]” (Hyneman. XII). Interrumpida su publicación en 1869 por enfermedad de su dueño y director “El Espejo” no volvió a salir a la luz hasta noviembre de 1872.

"Trabajo por una bicoca"
Hacia 1874 Cirilo Villaverde entra a trabajar en la redacción de El Espejo que primero estuvo radicada en el 67-69 William Street y más tarde en su dirección definitiva del número 4 de Cedar Street. “Escribo a V. en la oficina del Espejo donde hace algunos meses que trabajo por una bicoca” (Cairo. 132) le cuenta a su amigo José “Pepe” Gabriel del Castillo y Azcárate (1824-1910) en una carta del 23 de junio de 1874. Allí trabajará Cirilo Villaverde hasta inicios de la década de 1890. Primero estuvo a las órdenes del susodicho Cassard hasta que en el otoño de 1881 El Espejo formalmente pasa a manos de Narciso Villaverde, primogénito del novelista.  
Negocios que no marchan bien
Pese a su carácter “puramente económico y mercantil” que le impedía “reproducir nada literario o novelesco” El Espejo no parece haber sido un negocio muy próspero. Mientras Villaverde insiste en sus cartas que de El Espejo es “de donde yo saco con qué sostener la familia” los informes de la firma R. G. Dun & Co., dedicada a investigar la rentabilidad empresarial dan una imagen más bien desesperada de su estado económico: muy escasas ganancias, sin nadie que les concediera crédito y teniendo que pagar al contado todas sus transacciones. 

Esquina de la calle Cedar correspondientes a los números 2 y 4 poco antes de ser demolido para ceder paso a la construcción de City Services Building

De acuerdo con los informes de esta compañía (de cuyo acceso le agradezco la gentileza al historiador Alberto Rafael de la Cova) al ser traspasada de Cassard a Narciso Villaverde El Espejo ya se encontraba en serias dificultades. Hacia 1888 la propiedad pasa de manos de Narciso Villaverde -que había aceptado un puesto en otra casa editorial- a su hermano Enrique recién alcanzada la mayoría de edad. A juzgar por el informe de R. G. Dun & Co. del 31 de enero de 1891 el cambio de propietario no mejoró la suerte económica de la empresa:
“El padre de Enrique Villaverde [Cirilo Villaverde], quien en la ausencia de este se encarga de los negocios nos dice que su hijo es todavía el propietario pero ha estado enfermo por varias semanas. En consecuencia el número de enero del periódico todavía no ha sido publicado pero saldrá en poco tiempo. Admite que no se ha hecho mucho dinero durante el pasado año pero dice que su hijo no tiene excepto por moderadas facturas a corto plazo. Hasta donde puedo determinar aquí eso es cierto. Personas que le han vendido a Villaverde nos dicen que los pagos han sido satisfactorios y aunque lo creen honesto no piensan que el periódico rinda más que ganancias moderadas”(“The father of Enrique Villaverde, who in the latter's absence looks after the business, tells us that his son is still proprietor, but has been ill for several weeks. In consequence the January number of the paper has not yet been issued, but will be out in a short time. Admits that not much money has been made during the past year but says that his son has no debts except for moderate short time bills. As far as can be ascertained here this is true. Parties who have sold Villaverde tell us that payments have been satisfactory and although they believe him honest, they do not think that the paper is yielding more than a moderate income”). 
Así fue hasta que la “empresa cerró después de que el cubano A.R. Govín ganara un acuerdo judicial contra esta por $1,726” (de la Cova) el 14 de octubre de 1897.
Certificado de defunción de Cirilo Villaverde (tomado de http://www.latinamericanstudies.org/)
El extraño silencio del Apóstol
Cirilo Villaverde no llegó a presenciar el final de la empresa a la que había dedicado sus últimas dos décadas de vida: el 23 de octubre de 1894 moría en Nueva York a los 82 años de edad. En un famoso panegírico que le dedicara José Martí días más tarde lo llama "patriota entero y escritor útil [...] que dio a Cuba su sangre, nunca arrepentida, y una inolvidable novela". Y supone que debe haber muerto  "con el inefable gozo de no hallar en su conciencia, a la hora de la claridad, el remordimiento de haber ayudado, con la mentira de la palabra ni el delito del acto, a perpetuar en su país el régimen inextinguible que lo degrada y ahoga". Llama la atención, no obstante que esa mención, póstuma, fuera la única que Martí publicara sobre un compatriota con el que compartía ideales y exilio y cuyas oficinas estaban separadas por apenas unos pocos centenares de metros.


El último desafío
En lo que parece su último desafío al dominio español sobre su tierra natal su esposa Emilia Casanova lo hizo embalsamar y enviar a La Habana para ser enterrado en la Necrópolis Cristóbal Colón donde se congregaron los admiradores que tenía en la capital de la isla. Emilia no lo sobreviviría mucho más de dos años muriendo en la propia ciudad el 4 de marzo de 1897 siendo enterrada en el cementerio de St. Raymond en el Bronx. Sus restos serían trasladados a Cuba medio siglo después, en 1947.


Desaparece una casa
La propia dirección de 4 Cedar Street desapareció décadas después de la muerte de Villaverde cuando en la manzana en que se hallaba fue construido entre los años 1931 y 1932 un edificio art deco de 67 pisos conocido en principio como City Services Building, luego como American International Building y actualmente por la dirección 70 Pine Street.
Vista actual del edificio por el costado que debe haber ocupado la fachada de 4 Cedar Street




Bibliografía


Cairo Ballester, Ana. [compiladora] Letras. Cultura en Cuba. Volumen 4. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1987

Cova, de la, Antonio Rafael. Review of Lazo, Rodrigo, Writing to Cuba: Filibustering and Cuban Exiles in the United States. H-LatAm, H-Net Reviews. October, 2005.

Hyneman, Leon. Cincuenta años de la vida de Andrés Cassard. Nueva York: George L. Lockwood, 819 Broadway, 1873.

Lazo, Rodrigo. Writing to Cuba. Filibustering and Cuban Exiles in the United States. The University of North Caolina Press, 2005.

Torres Cuevas, E. Historia de la masonería cubana Seis ensayos. Segunda Edición. La Habana : Ediciones Imagen Contemporánea, 2005.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Cirilo Villaverde en Nueva York (I)

Poco se discute el sitio privilegiado que ocupa Cecilia Valdés en la novelística cubana del siglo XIX. O incluso en la conformación del imaginario nacional cubano. Bastante menos conocido es que su autor, Cirilo Villaverde (1812- 1894) viviera la mayor parte de su vida adulta (de 1849 a 1858 primero y luego de 1860 hasta su muerte en 1894) en los Estados Unidos y que su obra cumbre fuera publicada en Nueva York ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida adulta. Tras participar en el movimiento conspirativo dirigido en la isla por el general venezolano Narciso López fue detenido y condenado “a 10 años de presidio y en revista, a muerte en garrote vil”. El 31 de marzo de 1849 se fuga de la prisión en compañía de otro preso y un guardián de la cárcel al que había sobornado y se embarca hacia los Estados Unidos “oculto en la bodega de una goleta costera” (Calcagno, F. 689). Al llegar a Nueva York se incorporaría de inmediato al movimiento que por aquellos días organizaba Narciso López para arrancar la isla de Cuba del dominio español con la intención declarada de anexarla a los Estados Unidos. Villaverde como secretario personal de Narciso López asistiría al complejo proceso conspirativo que llevó a las sucesivas y fallidas expediciones que el general venezolano llevaría a Cuba y a la creación de los emblemas que terminarían siendo los del futuro estado nacional: el escudo y la bandera cubanos.
Aparte de diferentes estancias en Nueva Orleans entre 1850 y 1854 y su estancia entre 1854 y 1855 en Filadelfia (ciudad en la que conocería a Emilia Casanova y se casaría con ella) Villaverde desarrolló casi toda su vida norteamericana en Nueva York. Allí nacerían dos de sus hijos, participaría en la redacción de publicaciones como La Verdad (1852-1854) La América de 1861 a 1862 y La Ilustración Americana de 1865 a 1869 y junto a su esposa fundaría colegios en Oak Point, Bronx, NY y Weehawken, NJ, proyectos que aparentemente tuvieron poca duración. 
Al estallar la gesta independentista de 1868 desarrollaría junto a su esposa una intensa campaña de apoyo a la insurrección independentista de 1868. Emilia Casanova, nacida en la ciudad de Cárdenas había llegado a presenciar el desembarco en dicha ciudad de Narciso López y desde entonces había estado consagrada a la causa de la independencia del yugo español. La revolución de Yara de 1868 hizo de Emilia una de las figuras más visibles del exilio cubano al punto que la prensa integrista la convirtió en blanco predilecto de sus ataques. 
Hija del inmigrante canario Inocencio Casanova, que a través de diversas empresas y propiedades en la ciudad de Cárdenas llegaría a ser uno de los hombres más ricos de Cuba Villaverde Emilia Casanova puso su fortuna a disposición de la causa independentista. Durante un tiempo ella y su esposo vivieron con su padre en el Bronx en el llamado Castello Casanova, una de las residencias particulares más impresionantes del país. De aquella residencia se dice que durante la guerra del 68 se almacenaron armas para la contienda independentista y desde la que partieron envíos de armas hacia Cuba. “Senor Casanova’s mansion became a secret cache for Cuban arms to be used in a revolution, and local lore tells of mysterious ships that ventured up the creek on moonless nights, with cautiously sounding the channel” (McNamara. 29).
La calle 24 vista desde la sexta avenida hacia 1930
Hacia 1872 Emilia y Cirilo se mudaron al número 59 Oeste de la calle 24 de Manhattan, sitio que se transformaría en centro del exilio político cubano en la ciudad de Nueva York en aquellos años. Cuando en octubre de 1873 las autoridades españolas capturaron el barco expedicionario Virginius y comenzaron a ejecutar a sus tripulantes un periodista de The New York Times acudió a dicha dirección para conocer las reacciones de Villaverde, de Emilia Casanova y del resto de los concurrentes. “La residencia del señor Villaverde estuvo abarrotada a lo largo del día de ayer. Entre los presentes se encontraba un capitán que había participado en tres expediciones a la isla y que dijo estar preparado para partir en otra expedición en cualquier momento y un gran número de hombres, tanto cubanos como ciudadanos norteamericanos dijeron estar listos y ansiosos para incorporarse como voluntarios a la causa. La señora Villaverde y su esposo conocían a la mayoría de las víctimas de la expedición del Virginius personalmente y contribuyeron grandemente a la preparación de esa y de otras expediciones previas”.
Recorte correspondiente al 15 de noviembre de 1873

Vista actual de la calle 24 vista desde la 6ta avenida

Bibliografía

Calcagno, Francisco. Diccionario biográfico cubano, N. Ponce de León-D.E.F. Casona, New York-La Habana, 1878-1886.

McNamara, John. McNamara's Old Bronx. Bronx, N.Y. : Bronx County Historical Society; 1989