Después de pasarme años teniendo que contentarme con el primer disco del grupo Palo! me empato de un golpe con concierto en vivo y nuevo disco el pasado domingo en Gonzalez y Gonzalez. Timba con funk, letras sencillas pero con la gracia de antaño: la fórmula es sencilla pero tremendamente refrescante y todo arropado por la voz de Leslie Cartaya. La cantante de Palo! en sus registros más agudos recuerda nada menos que a La Lupe pero siempre ofrece una dicción clara, elegante y sabrosísima. Un producto elaborado con la maña de Steve Roitstein quien le saca toda la música que puede a los cuatro instrumentistas de la banda: Ed Calle en el saxo tenor, Raymer Olalde en los timbales, Philbert Armenteros en las congas y el propio Roitstein en los teclados. Una buena noticia para la música y los bailadores en general y para los miamenses en particular: pronto la banda comenzará a ocupar plaza fija todos los sábados en el restaurant Yuca de Lincoln Road.
Blog personal y casi tan íntimo como una enfermedad venérea pensado también para liberar al pueblo cubano, aunque sea del aburrimiento. Contribuyentes: Enrisco (autor de “Obras encogidas” y “El Comandante ya tiene quien le escriba”), su alter ego, la joven promesa de más de cincuenta años, Enrique Del Risco. Espacio para compartir cosas, mías y ajenas, aunque prefiero que sean ajenas. Quedan invitados a hacer sus contribuciones, y si son en efectivo, pues mejor.
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miércoles, 15 de octubre de 2014
jueves, 20 de junio de 2013
Ogguere: Solar
En el tardío y
discreto esplendor del funk cubano a comienzos de este milenio (Interactivo,
Free Hole Negro, algo de Qva Libre y paremos de contar) es Ogguere el caso más
representativo. Menos pretencioso su proyecto que el de Interactivo ha
explorado el género con más insistencia, más frescura, más gracia. Aunque “Solar”,
su último álbum ganó el premio a mejor grabación en la categoría Rap Hip Hop la
propuesta de Ogguere viene más funky que nunca. No hay que dejarse distraer por
el rapeo de los cantantes o por títulos como “No dejes que la rumba se te acabe”:
“Solar” es el producto más consciente y acabado de lo que las futuras
enciclopedias musicales podrían llamar “funk cubano” sin remordimientos. Y no
lo hace desde una perspectiva unidireccional y machacona destinada a instituir
un sello más en un género demasiado establecido en otros sitios sino que lo
empuja para sacarlo de quicio, averiguar qué más puede dar de sí. Desde el
soul, el jazz, la rumba o el mambo pero sobre todo desde el perfecto
acoplamiento de los músicos. (El funk no es, después de todo, terreno para
virtuosos aunque en “Solar” se dejan escuchar agradecibles solos de trompeta –cortesía
de Alexandre Abreu- o de trombón). Es un disco –y esto es algo que se puede
decir de pocas grabaciones actuales- que se deja oír de principio a fin sin impaciencias
aunque haya piezas que destaquen por encima del resto como “Mi chocolate
caliente”, el homenaje a Chano Pozo que es “Llegó la manteca a Santos Suárez”, “Mataron
a Freddy” o la musicalmente apabullante “Voy a hablar con Fidel”.
No es un disco
perfecto porque allí además de hacer muy buena música se cantan unas letras tan
ridículas que si se toman sin pedanterías pueden resultar divertidísimas. Debo
advertirle a los puristas del idioma –de cualquier idioma- que en “Solar” se intenta
la complicada rima de “caliente” con “caliente” (“mi chocolate caliente/ para
que tú te caliente(s?)) pero también se consigue rimar con todo éxito “así” con
“éxtasis” (hacerlo así/ en el sofá/ siempre es más/ un extasí”) o “Hemingway”
con “everyway” (“yo quiero ser libre como Hemingway/ viajar a everyway). Y todo
esto se le perdona a los cantantes supongo que porque alguien tiene que salir en la portada
de los discos, o en los videoclips bailando con chicas en tangas, o dejarse
reconocer en la calle por los fans y firmar autógrafos, hacer el trabajo duro
del grupo, en suma. El resto es música. De cualquier manera aparte de la advertencia Miranda -de
que cualquier cosa que digan puede ser usada en su contra- poco se le podría
recomendar a los de Ogguere que no sea que sigan por los caminos que adelanta
este disco.
Para escuchar un
par de canciones (la segunda está cortada por la mitad) pinche sobre los títulos:
Voy a hablar con Fidel
Créditos:
Tracks: Tu Chocolate Caliente; Una en un Millón; Como se Hacen; Así Soy Yo; Llegó la Manteca a Santo Suarez; Mi Solar; No Dejes que la Rumba se te acabe; Yo me lo Luché; Mataron a Freddy; Voy a Hablar con Fidel.
Personnel: Ogguere: voice; Ronny Barreto: drums; Adrián Ruíz López-Nussa: drums; Toni Rodríguez: keyboards; Jorge Luis Pacheco Campos: keyboards; Gastón Joyas: bass; David Falla: bass; Julio César Gonzáles Ochoa: bass; Edgar Martínez: percussion; Kaiser Gimenez: percussion; Ernesto Blanco: guitar; El Chino Lan: guitar; Alexander Abreu: trumpet; Julio Padrón: trumpet; David Suárez: tenor saxophone; Michael Herrera: alto saxophone; Amauri Pérez Rodríguez: trombone; Juan Carlos Marín: trombone; Diame Arocena Uribarri: vocals.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Cosas de Manteca
Lázaro Plá,
veterano bongosero cubano conocido como "Manteca" realizó a inicios de los años setenta en
Miami unas grabaciones que no salieron al mercado hasta 1978 bajo el no muy original título de “Ritmo y sabor”. Lo acompañaban en estas grabaciones los
percusionistas Nelson Padrón (timbales) y Carlos “Patato” Valdés (congas) y un
bajista que algunos suponen que sea Cachao algo difícil de aceptar aunque sólo
sea porque Cachao sería la única grabación en que tocaría el bajo eléctrico. Entre lo más sorprendente
de este disco está precisamente el sabor “funky” que le impregna a varias
piezas ese bajo rodeado de la brillantez y la potencia de los percusionistas.
Una discreta pero sólida maravilla.
Afro funky:
Cosas de Manteca:
Abacuá:
sábado, 22 de septiembre de 2012
Funk de Miami (y canta en spotify)
El disco ¡Cuban Funk Experience! Con el subtítulo “Funky Sounds from Cuba & Miami 1973-
1988" puede llevar a la falsa idea de un fenómeno único: el abrazo franco entre
la música cubana y la música afroamericana a ambos lados del estrecho de la
Florida en los años setenta. El esfuerzo de reunir esta antología no consigue
discernir la realidad de dos procesos paralelos pero distintos. De una parte
grupos profesionales de música popular en Cuba que intentaban, en medio de la
fuerte presión ideológica, mantener furtivamente sus tradicionales lazos con música
que se había convertido en enemiga dándole en ocasiones a sus experimentos
confusas etiquetas como “son” o “son onda” como ocurrió en el caso de la
Orquesta Monumental.
En Miami en
cambio se trataba sobre todo de músicos aficionados –algunos de los cuales se
profesionalizarían más tarde- que tocaban en cover bands: divididos entre la ejecución de
versiones de éxitos del momento a la que incluían percusión cubana y la de
canciones del repertorio tradicional cubano. Entre complacer a la primera generación
de jóvenes cubano americanos o a la de sus padres. Como la banda Coke que
incluía en su repertorio desde piezas declaradamente funk o rock cantadas en
inglés a clásicos como el bolero “Sabor a mí” o dejaban entrar gratis a las
chaperonas que asistían a los bailes con las muchachas. Excepciones de esta
generalización fueron Manteca (percusionista al que le dedicaré un post aparte)
y Ray & his Court conformado por Ray Fernández, sus hijos, esposa y otros
músicos con proyecciones y resultados más profesionales y varios LPs.
La mayoría de
estos grupos como Wild Wind, Clockwork, Pearly Queen y Coke apenas llegó a
producir sencillos de 45 rpm y alguno que otro LP (casi siempre para la Sound Triangle Records) pero de este fermento salieron nombres como el de Willy
Chirino o fundadores de la Miami Sound Machine. Es tentador llamarle
precursores pero la frescura y la fuerza de algunas de estas piezas se dejan
disfrutar sin tener que pensar en su lugar en la Historia. Hay varias
antologías sobre esta época pero para mí la más convincente es la menos obvia. Funk Revival: Sounds From the Subtropics. Otras
como Hialeah Social Club o Sound Triangle Records: A Miami Cuban Funk Anthology
tiene demasiado relleno de difícil consumo a estas alturas de la vida.
Les dejo varios
botones de muestra.
Ray & his Court: “Soul Freedom”
Esta versión de “Sunny”, anterior a la que a finales de los setenta se haría popular en Cuba a través de
Boney M y que Ray Fernández debe haber tomado de versiones anteriores como la
de Marvin Gaye o la original de Bobby Hebb.
Coke: “Na na”
Pearly Queen: “Jungle Walk”
Wild Wind: “Make your move”
miércoles, 25 de abril de 2012
Mandrill
Mandrill, una banda fundada por tres hermanos panameños criados en Brooklyn (Carlos Wilson (trombón), Lou Wilson (trompeta) y Ric Wilson (saxo)) en 1968 tenía todos los ingredientes para haber sido muy popular en Cuba de los setentas: cultivaban un rock con ritmos afrocubanos a lo Santana pero al mismo tiempo con una fuerte influencia funk y el jazz que los hacía especialmente distintivos. O sea, las mismas razones por las que preferíamos oír a Peter Frampton. En todo caso todavía se pueden escuchar con mucho placer.
Tocando "Hang loose" en el famoso programa de TV, Soul Train.
Y aquí tocando otro de sus clásicos, "Fencewalk" en un concierto hace diez años en Montreaux, Suiza.
Tocando "Hang loose" en el famoso programa de TV, Soul Train.
Y aquí tocando otro de sus clásicos, "Fencewalk" en un concierto hace diez años en Montreaux, Suiza.
lunes, 23 de abril de 2012
Condiciones que existen
Aquí un funk muy rico de Eddie Palmieri, "Condiciones que existen":
jueves, 19 de abril de 2012
Tower of Power
Hacía rato que quería verlos pero no fue hasta el martes que pude dar con ellos. Tower of Power, de lo mejor de la vieja guardia del funk todavía en activo.
viernes, 7 de octubre de 2011
Más sobre el funk cubano (y algo sobre el soviético)
Mi insistencia con el funk cubano tiene dos buenos motivos. Uno es por las posibilidades que le aportaba el timbre cubano a un género afín. El otro es que, como demuestran las antologías más serias del funk cubano, este género no existe. Apenas resulta un leve desvío de la norma, pura anécdota. A duras penas le he podido exprimir a la discografía de la Monumental cuatro números que son lo que más se acerca a eso que llamamos funk, piezas por otro lado no sólo de una sorprendente calidad sino muy prometedoras de haber surgido en épocas más propicias. El caso es que el surgimiento de la Monumental coincidió con el período clásico del castrismo, la época de mayor control político y el apogeo de la persecución de todo lo que oliera a diversionismo ideológico. Una de las piezas más valiosas de esa cacería era –por supuesto- la música. Sólo así se logró interrumpir la que fuera –y todavía es- una de las más largas tradiciones de la música cubana: era extraer todo lo que le interesaba de la música norteamericana (y de cualquier otro lado) e irlo adaptando a sus necesidades de desarrollo y modernización.
Ese tráfico continuo entre ambas músicas lo demuestran los danzones de Enrique Peña con aires de ragtime, los experimentos danzoneros con el jazz que desembocaron en el mambo y la adopción del formato de la big band, los acercamientos del bolero al blues que derivó en el filin, la adopción de las jam sessions en forma de descargas y luego un largo hiato en el que la música cubana iba al encuentro de la norteamericana en forma subrepticia como lo refleja lo mejor de la obra de Irakere o Los Van Van la vuelta al comercio público sobre todo en la forma todavía duradera del hip hop. O la menos visible pero igualmente constante influencia cubana en la música norteamericana que a partir de los 60’s tuvo que contar con intermediarios.
El caso de la Monumental es sintomático porque se trataba menos de una orquesta con pretensiones de renovar la música local que de una agrupación que trataba de satisfacer las demandas de los bailadores. Así que en tiempos en que a la música norteamericana y en concreto el soul y el funk se le llamaba “la onda” lo de la Monumental se dieron a inventar el son onda que no era otra cosa que un funk muy cubanizado. El invento no debió ser visto con buenos ojos cuando la palabra “onda” desapareció de la contraportada de sus discos y empezaron a anunciar las piezas más cerca de la sensibilidad funk con la más tradicional denominación de son. Es por esa tenaz persecución de los años 70’s que hoy es más fácil hacer antologías de funk local en Brasil o en varios países africanos (Nigeria, Ghana, Benin, Sudáfrica o Mali) que en Cuba, con el curioso contrasentido de que varias de las bandas o piezas asociadas con ese sonido usaban nombres cubanos. Incluso en la Unión Soviética, nuestra severa tutora de aquellos años, el jazz y el funk circulaban con más holgura que por su imitadora caribeña:
Ese tráfico continuo entre ambas músicas lo demuestran los danzones de Enrique Peña con aires de ragtime, los experimentos danzoneros con el jazz que desembocaron en el mambo y la adopción del formato de la big band, los acercamientos del bolero al blues que derivó en el filin, la adopción de las jam sessions en forma de descargas y luego un largo hiato en el que la música cubana iba al encuentro de la norteamericana en forma subrepticia como lo refleja lo mejor de la obra de Irakere o Los Van Van la vuelta al comercio público sobre todo en la forma todavía duradera del hip hop. O la menos visible pero igualmente constante influencia cubana en la música norteamericana que a partir de los 60’s tuvo que contar con intermediarios.
El caso de la Monumental es sintomático porque se trataba menos de una orquesta con pretensiones de renovar la música local que de una agrupación que trataba de satisfacer las demandas de los bailadores. Así que en tiempos en que a la música norteamericana y en concreto el soul y el funk se le llamaba “la onda” lo de la Monumental se dieron a inventar el son onda que no era otra cosa que un funk muy cubanizado. El invento no debió ser visto con buenos ojos cuando la palabra “onda” desapareció de la contraportada de sus discos y empezaron a anunciar las piezas más cerca de la sensibilidad funk con la más tradicional denominación de son. Es por esa tenaz persecución de los años 70’s que hoy es más fácil hacer antologías de funk local en Brasil o en varios países africanos (Nigeria, Ghana, Benin, Sudáfrica o Mali) que en Cuba, con el curioso contrasentido de que varias de las bandas o piezas asociadas con ese sonido usaban nombres cubanos. Incluso en la Unión Soviética, nuestra severa tutora de aquellos años, el jazz y el funk circulaban con más holgura que por su imitadora caribeña:
viernes, 30 de septiembre de 2011
El funk de la Monumental
Empeñado en encontrar ejemplos de funk cubano en los setentas lo mejor que he encontrado (y casi lo único) han sido cuatro piezas del Grupo Monumental (conducidas por la voz de Arturo Clenton, aspirante a James Brown cubano) un grupo al que suele recordársele más por merengues como “El mechón”, “El paraguas” y “Debajo de la cama está el majá”. Lo demás, como diría aquél ingles sabichoso, es silencio.
Quiero agradecerle al poeta Manuel Sosa –impresionante coleccionista de la música de aquella época- toda la ayuda que me ha brindado en estas búsquedas.
Nadie se siente cansado
Quiero agradecerle al poeta Manuel Sosa –impresionante coleccionista de la música de aquella época- toda la ayuda que me ha brindado en estas búsquedas.
Nadie se siente cansado
miércoles, 29 de junio de 2011
Anoche: EW&F
Anoche, plan de última hora, noche libre y sin muchachos. Busqué en internet y descubrí que Earth, Wind & Fire tocaba en el Beacon Theater. Uno de los pocos grupos de la adolescencia a los que regreso con gusto y que todavía no había conseguido ver. Las entradas estaban por supuesto, agotadas pero, esperamos hasta que los scalpers se empezaran a desesperar. Valió la pena. Phillip Bailey con la voz prodigiosamente intacta, un repertorio sin veleidades, un viejo éxito tras otro y la desalentadora energía que despegan por el escenario casi todos (Ralph Johnson -baterista de toda la vida y ahora cantante- no, que parece más bien que anda de inspección en una fiesta a la que de mala gana decide sumarse), bastan para dar la noche por buena. Y hasta la semana. Los dejo con un viejo video de una de mis favoritas de la banda: “Serpentine fire”.
viernes, 29 de octubre de 2010
Brasil: dos contemporáneos
No me extenderé demasiado en un par de músicos brasileños contemporáneos que han cultivado el funk, el soul (en su acepción norteamericana) y otros géneros afines. Marcio Local y Seu Jorge. Este último sobre todo es bastante conocido internacionalmente después de su actuación en al película de Wes Anderson "The Life Aquatic with Steve Zissou". Gracias por al atención prestada y que tengan un buen fin de semana.
Marcio Local
Preta luxo
Suingue dominou
Happy endings
Samba sem nehum problema
Seu Jorge
Carolina
Funk baby
Marcio Local
Preta luxo
Suingue dominou
Happy endings
Samba sem nehum problema
Seu Jorge
Carolina
Funk baby
jueves, 28 de octubre de 2010
Más Brasil
He tenido el cuidado de no llamarle a esta mezcla de soul, R&B y funk con samba porque en Brasil las denominaciones son un poco complicadas. El funk carioca por ejemplo es en realidad una música techno derivada del Miami Bass que nada tiene que ver con el funk americano. Ahí van estas cuatro piezas. Fijarse en el inicio de la segunda ("Sinal vermelho"), el tumbao a lo Van Van.
Y si les interesa lo que estoy poniendo sobre música brasileña díganmelo porque voy a creer que estoy hablando solo.
Tim Maia: Coroné Antonio Bento
Marilene: Sinal vermelho
Emilio Santiago: Bananeira
Bebeto: Princesa Negra de Angola
Y si les interesa lo que estoy poniendo sobre música brasileña díganmelo porque voy a creer que estoy hablando solo.
Tim Maia: Coroné Antonio Bento
Marilene: Sinal vermelho
Emilio Santiago: Bananeira
Bebeto: Princesa Negra de Angola
miércoles, 27 de octubre de 2010
Más de Brasil
Siempre he lamentado que el soul y el funk, géneros claves en el desarrollo de la música urbana afroamericana no fuera un poco más consecuente con su propio prefijo e incluyera una percusión algo más compleja. Para eso hay salirse de los Estados Unidos y buscar otras tradiciones afroamericanas o en la misma Africa con el afrobeat del cual pienso hablar en estos días. En Cuba hay unos tímidos intentos como se pueden escuchar en ciertas piezas de Irakere o la orquesta Monumental. En Brasil esa mezcla con la música negra norteamericana de los 60's y 70's tuvo mucho más suerte. Abajo tres ejemplos de una mezcla que justifica cualquier entusiasmo:
Os Diagonais: Nau vao chorar
Super Som Lord: BR samba
Som Nosso: Pra swingar
P.D: Una versión más reciente de la última canción:
Os Diagonais: Nau vao chorar
Super Som Lord: BR samba
Som Nosso: Pra swingar
P.D: Una versión más reciente de la última canción:
jueves, 29 de julio de 2010
Ogguere
Esto suena bien. Me refiero a la música, por supuesto. De la letra lo más profundo es el estribillo que dice "como está el yogurt":
jueves, 24 de diciembre de 2009
Mi primer forro
Cuál había sido la primera canción que canté en mi vida lo tenía claro: aquella que habla de una niña y un árbol que me enseñó mi abuela junto con otras que supongo que harían furor en los treinta. (Ella me hablaba de Pedrito Junco y su “nosotros que nos queremos tanto” como si hubiese estado junto al lecho de muerte del compositor tuberculoso). Pero de mi primer forro sólo tenía una vaga idea. De la primera canción en inglés que había tratado de reproducir con aproximaciones fonéticas que sonaban a swahili sólo sabía que la cantaba James Brown y que en mi dialecto sonaba algo así como “yiiiimi guattusé, yimi tusé, guattusé”. Debo haberlo oído en el radio de uno de mis vecinos. Esos de los que todos en la cuadra sabíamos que esperaban estoicamente su salida para el Norte, el mismo sitio desde donde venía aquella canción llena de energía y sonidos extraños. Cuando aquello el Yuma todavía no era el Yuma o apenas empezaba a serlo. Era simplemente el Norte, territorio enemigo, pero esa canción venía a confundirlo todo. Lo siguiente que recuerdo es a mí y a mi hermano con unos bolos plásticos berreando “yiiiimi guattusé”. De esos intentos queda una foto pero no fue hasta hace unos días que me decidí a dar con la canción. Descubrí que el título es “My Thang” y se grabó en 1973 como parte del disco “Hell”. Que el estribillo machacón en realidad decía “gimmi, what you say, gimmi my thang, what you say”. Y que esa música compuesta para malos guitarristas y buenos metales me sigue gustando casi tanto como cuando intentaba cantarla empuñando un bolo plástico como si fuera un micrófono.
Y ahora que estamos en confianza ¿Cuál fue tu primer forro?
Y ahora que estamos en confianza ¿Cuál fue tu primer forro?
sábado, 13 de junio de 2009
Funk cubano
La música cubana con su personalidad definida, fuerte, y sus circunstancias no siempre favorables, es también un recuento de sus posibilidades frustradas. La rebambaramba del 59 impidió, entre tantas cosas, que se verificaran evoluciones naturales como la aparición de un rock nacional en los sesentas o del funk cubano en la década siguiente. La antología inglesa Sí, para usted con su intento de rescatar un sonido funk entre los músicos cubanos de los setentas nos entrega una colección más bien decepcionante. En mi opinion lo más cerca que se llegó de ese funk cubano fue, con diferencia, en estas dos piezas del Grupo Monumental mucho más conocido por sus meringues. Sí para usted y Qué felicidad insinúan lo que pudo haber sido ese género en un medio algo más libre donde la influencia de la música norteamericana no fuera vista como una alianza con el demonio. Una música que pudo haber tenido un desarrollo similar al del afrobeat de Fela Kuti con el que tiene muchos puntos en común. Escuchen y me cuentan.
Sí, para usted
Qué felicidad
Sí, para usted
Qué felicidad
sábado, 10 de enero de 2009
Los Reyes 73
Los Reyes 73 es uno de los pocos grupos de los 70's cubanos que revisitarlos no causa verguenza ajena sino mas bien lo contrario. El video es atroz, lo se, pero la experiencia de oirlos es mucho mejor.
martes, 22 de enero de 2008
La Monumental
Andar por acá, por la parte de afuera de la isla es estar expuestos al asalto alevoso de la nostalgia, eso ya se sabe. Algo –ligeramente- distinto es descubrir algo que en su momento uno no entendía ni le interesaba y ahora adquiere una dimensión perfectamente nueva. La diferencia entre lo que adquiere valor como suma y clave de lo que echamos en falta y lo que nos propone una posibilidad que dejamos pasar de largo porque sus propias el mismo medio en que apareció (sus condiciones de existencia dirían los teóricos) nos impedía hacer otra cosa. Todo esto para hablar de la Orquesta Monumental de la que sólo recordaba unos cuantos merengues que sigo sintiendo más o menos ajenos y unas extrañas piezas empapadas de funky que en mi memoria de los 70’s me parecían más o menos impensables. Una de ellas es Qué felicidad yo tengo y también están estas otras que ni siquiera sé el título. Si entran a esas páginas pueden escuchar fragmentos de las piezas que dejan a uno con deseos –intensos- de escuchar el resto. Si alguien tiene las piezas completas le propongo un canje: eso por una grabación de Los Reyes 73 que poseo que para mí es uno de los experimentos más interesantes de su época en Cuba.
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