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viernes, 24 de diciembre de 2021

Diario para Luisma Día 37

Boris González Arenas me invita a participar en un diario colectivo que le están escribiendo a Luis Manuel Otero Alcántara un grupo de artistas, activistas y amigos desde hace más de un mes. De casualidad me ha tocado escribirle este 24 de diciembre.


#DiarioParaLuisma día 37


Querido Luisma:
Estos son los días en que me dedico a escribir un resumen pretendidamente humorístico del año, algo que vengo haciendo por dos décadas. Son días en los que recopilo las noticias más absurdas que ha generado Cuba en los últimos doce meses para buscarles su lado cómico, o sencillamente para reforzar su absurdo, que es lo que más produce nuestro país desde hace demasiado tiempo. Y en los últimos años, estos son días en los que pienso en ti más que de costumbre, aunque solo sea porque tu nombre se me aparece por todas partes. Porque aparentemente no se puede contar la historia cubana de estos años sin hablar del acoso al que te somete el régimen, de tus prisiones, de tus huelgas de hambre y sed con las que nunca he estado de acuerdo y que muchos vivimos como si del sufrimiento de alguien muy cercano se tratara.
En estos días se me hace más visible lo distinto que somos. O más bien lo distinto que eres a esa parte en mí que se resiste a tomarse la realidad en serio, a la que firma sus textos como Enrisco. Porque mientras Enrisco, en sus funciones de payaso, juega con el absurdo cubano tú buscas darle sentido y, lo pretendas o no, consigues infundirle un dramatismo a la realidad cubana que hacía rato no tenía. Todo lo complica más el hecho de que hoy sea 24 de diciembre. El hecho de que esta sea la noche en que nos reunimos con nuestros seres queridos a replicar el ritual del cariño y el placer compartidos mientras centenares de cubanos como tú están en prisión desde hace cinco meses y medio (si no más) por exigir libertad y derechos a un régimen que se los niega, resumiendo así el absurdo más básico de ese país nuestro: a los que más se esfuerzan por nuestra libertad es a quienes se les priva de ella.
Recuerdo la primera vez que nos pusimos en contacto, en noviembre del 2017. Estaba en el aeropuerto de Miami, de vuelta de la presentación de la antología El compañero que me atiende en una librería que ya no existe. Esperaba a que llamaran para abordar el avión cuando a mi teléfono llegó un mensaje tuyo. Me tratabas de usted. Me pedías permiso y colaboración para presentar el libro en el que llamabas entonces el Museo de la Disidencia. Una presentación simbólica en la que se repartirían copias digitales del libro. Por supuesto que accedí sin pensarlo. Ya para entonces estaba más que enterado de tus proyectos y performances. “Este chama está en la que se cayó” me dije. Acababa de lanzar el libro en Miami y ya me proponías presentarlo en La Habana. El lanzamiento se hizo días después en Damas 955, sin que los compañeros que te atendían te ocasionaran excesivas molestias. Como para llevarnos la contraria. Incluso logramos que asistieran tres de los autores que habían contribuido a la antología desde la isla.


Luego participamos en otros proyectos, pero para entonces ya no nos tratábamos de “usted” sino de “hermano”, una palabra que hablaba de una cercanía mayor sin ser del todo justa. Porque luego de unas cuantas décadas oponiéndole a aquel régimen la consciente debilidad de los bufones la rabia la conservaba intacta pero no la esperanza. Son ustedes, los jóvenes que creen en que esa tierra todavía puede ser redimida, los que nos han devuelto la esperanza que la razón hace tiempo ha descartado. Son ustedes, los que alimentan la ilusión que ya habíamos perdido, una suerte de padres espirituales de muchos de los que, sin renunciar a la libertad, esta nos parecía una causa perdida en aquella isla. No es casual que ustedes, bajo un régimen que no desiste de ninguna de las injusticias sobre las que se erige, estén hoy presos. Solo la esperanza que ustedes mantienen viva hasta en calabozos que no es difícil imaginar horrendos puede hacernos creer que esa isla tenga algo a lo que llamarle “futuro”.
Solo falta decirte -sin que suene a demagogia- que esta noche tan especial nuestro pensamiento también está con ustedes. Que de algún modo estarán sentados a nuestra mesa.
Vaya este abrazo virtual por todos los abrazos reales que nos debemos.

lunes, 30 de noviembre de 2020

La táctica del fuera de juego aplicada a San Isidro


Entre los tantos tabúes que rompió el pacífico asedio del viernes al Ministerio de Cultura en La Habana por parte de cientos de artistas no es el menor el haberse solidarizado con un grupo -el Movimiento San Isidro- ya marcado como enemigo del régimen. Los manifestantes de la calle 2 pasaron por encima de toda diferencia -política o de cualquier otro tipo- que pudiera haber entre ellos y los represaliados para exigir su libertad y defender su derecho a expresarse, independientemente de que estuvieran o no de acuerdo con lo que hicieran con esa libertad. Los que protestaban el viernes parecían descubrir y ejercer al mismo tiempo ese principio básico de la libertad de que su ejercicio implica muchas veces contradecir la inercia y las expectativas de la mayoría pero por eso mismo debe ser defendido entre todos.

La respuesta del régimen (¿podemos llamarle de otra manera a algo que es gobierno, Estado, policía, aparato de propaganda y represivo al mismo tiempo?) ha sido, como de costumbre, aplicar una vez más la regla del fuera de juego. O sea, la redefinición, en pleno juego político, de los campos “amigo” y “enemigo”. Luego de no reportar los sucesos del viernes la prensa se ha volcado a satanizar el Movimiento San Isidro. Las acusaciones son las de siempre: agentes de la CIA, mercenarios, cabeza de playa de una invasión extranjera etc. Lo de menos es lo ridículas que luzcan tales acusaciones sino la advertencia que lanzan a los que el viernes expresaron su solidaridad con los perseguidos: quien cruce la retrazada línea que divide ambos campos -un tanto borrosa en estos días de solidaridad espontánea- pertenece al bando enemigo y será tratado como tal. Quedarán -una vez más- fuera del juego. En cambio, los que den el discreto paso atrás para desmarcarse del MSI serán tratados como los nuevos rebeldes oficiales que no buscan otra cosa que el necesario mejoramiento del régimen actual de cosas. ¿Cuántas exitosas carreras actuales no fueron erigidas sobre rebeldías abandonadas a tiempo?
Suelen ser pocos los que persisten en cruzar la línea ahora redefinida por los máximos árbitros. Porque, a fin de cuentas, quedar en fuera de juego es una situación muy delicada. Pregúntenselo a Heberto Padilla.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Sobre la imposibilidad del diálogo en dictadura


Se habla de la imperiosa necesidad del diálogo en estos días. No cuando un pequeño grupo de artistas es acosado en su sede ni cuando esta es asaltada por la policía. Se habla de diálogo cuando un grupo mucho mayor de artistas protesta frente a la sede del Ministerio de Cultura y el diálogo es una alternativa más limpia y ecológica que lanzar gases lacrimógemos.


Pero no podía haber diálogo real cuando los artistas que hablaban en nombre de todos sabían que si no aceptaban las condiciones de los funcionarios los manifestantes que habían dejado en la calle serían aplastados por la policía apostada por los alrededores, esperando la señal de ataque. Una cosa es creer en el dialogo como instrumento básico del entendimiento humano y otro es pensar que todos están dispuestos a establecerlo con solo proponérselo. En 60 años el MINCULT no había estado dispuesto a conversar con sus críticos y solo lo hicieron cuando le ocuparon la calle por sorpresa. Pero si aceptaron el diálogo no fue para saber lo que querían los manifestantes: de sobra los funcionarios del MINCULT saben lo que quieren los artistas. Quieren la libertad que les han negado con cada uno de los decretos represivos que ha respaldado. Los artistas quieren que su ministerio los respalde, no que colabore con sus represores. Pero los funcionarios del MINCULT se limitaron a usar el diálogo como una manera de manipular y confundir a los manifestantes, de ganar tiempo. De demostrarle a sus jefes reales que son más eficaces en disolver una manifestación que la propia policía.

No, mientras siga la lógica que quienes único se atreven a disentir son delincuentes, mercenarios y traidores -y tal es la lógica de un sistema totalitario tan bien resumida en la frase "dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada"- no hay forma de dialogar. Uno puede hablar con una pistola apuntándole a la cabeza. Físicamente no es inviable. Sin embargo, no me negarán que a la conversación resultante le faltará algo de naturalidad.