martes, 23 de junio de 2026

El Fénix portugués renace en Houston


A los seis minutos de iniciado el partido entre Portugal y Uzbekistán Cristiano Ronaldo, quien se había ido en blanco en su primer compromiso, finalmente se encontró con la solución a todos sus problemas, su sedante, su terapia con el psicoanalista, que no es otra que un gol producto de un centro que cazó enfrente de la portería ex soviética. Aplacada la ansiedad de goles y reconocimiento público Cristiano se encontró con el padre, freudianamente hablando y por fin el resto del equipo se pudo dedicar a lo que mejor sabe hacer, que es jugar futbol.

Tan exultante estaba Cristiano con su primer gol en Mundiales en mucho rato que hasta se sintió súbitamente generoso y aunque se paró frente al balón para cobrar un tiro libre a última hora permitió que lo hiciera un compañero, despistando por completo al portero contrario que reaccionó tardíamente al disparo del portugués. Porque resulta, como sospechábamos, pero no habíamos tenido oportunidad de confirmarlo, que Portugal contiene enormes reservas de talento que el agujero negro en que se había convertido la presencia de Cristiano en el equipo no permitía expresarse.

Liberado El Bicho de sus ataduras freudianas, encontrado el gol, ese es su lema, su religión, todo empezó a fluir. Así anotó un segundo gol con el que rompía todos los récords posibles menos el que a él le interesa porque están en manos de un argentino de cuyo nombre no se quiere acordar. Tanto fluía el juego portugués que hasta los uzbekos quisieron aportar su granito de arena con un autogol, o al menos eso fue lo que decidió la FIFA en su infinita sabiduría. Y para terminar Rafa Leao, quien acababa de entrar de cambio unos minutos antes anotó el gol que completaba la manita a los uzbekos que dirige Fabio Cannavaro.

Podría verse como el inicio de la otra mitad de la vida de Portugal en el mundial si no es porque marcado su segundo gol ya Cristiano volvía a su mala costumbre de pasarse la mitad del tiempo en fuera de juego a la espera de completar el hat trick como había hecho "ustedes saben quien" en su primer juego. Y es que las malas costumbres nunca se olvidan. Los traumas tampoco.

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