Blog personal y casi tan íntimo como una enfermedad venérea pensado también para liberar al pueblo cubano, aunque sea del aburrimiento. Contribuyentes: Enrisco (autor de “Obras encogidas” y “El Comandante ya tiene quien le escriba”), su alter ego, la joven promesa de más de cincuenta años, Enrique Del Risco. Espacio para compartir cosas, mías y ajenas, aunque prefiero que sean ajenas. Quedan invitados a hacer sus contribuciones, y si son en efectivo, pues mejor.
jueves, 18 de junio de 2026
Cuando el coraje no basta (pero entretiene)
El partido Inglaterra -Croacia sonaba prometedor con sus resonancias de Primera Guerra Mundial y asesinatos de archiduques, sobre todo si te da lo mismo Serbia que Croacia, Luka Modric que Slobodan Milošević. De un lado Inglaterra, inventora del fútbol y eterna candidata a campeona que la única vez que ganó una final yo no había nacido. Del otro, Croacia, que se coló contra Francia en la final del 2018, ayer como quien dice. E ingleses y croatas cumplieron y sobrecumplieron las expectativas, como una fábrica comunista de expectativas, si las estadísticas comunistas alguna vez se hubieran correspondido con la realidad.
El partido empezó medio chungo, con un penalti pitado contra Croacia en una jugada en el área que no iba para ningún lado por una patada mal dada por el prócer Luka Modric que ya está para que le hagan un monumento, no sin antes advertirle que las estatuas no juegan fútbol. Encima Harry Kane cobró el penalti y se lo paró Dominik Livakovic (quien estuvo soberbio en el partido y aun así se fue con un saco de goles en contra: imagínense si hubiera estado flojito) pero el árbitro decidió que había que repetirlo. Imagínense: ¡pararle un penalti al delantero más en racha del momento y que te hagan repetirlo! Livakovic debió sentirse como si a Ulises luego de sacarle el ojo a Polifemo lo obligaran a reponérselo y tratar de engañarlo de nuevo.
De más está decir que Kane anotó el penalti en el segundo intento, pero apenas 25 minutos después los croatas ya habían empatado con gol rabioso de Martin Baturina. Minutos después los ingleses se adelantaron de nuevo con otro gol de Kane pero los croatas no parecieron achicarse con ello. Es que esa mezcla de jugadores jóvenes con veteranos que empezaron a patear el balón cuando todavía existía Yugoslavia no se arruga ante nadie, ni siquiera ante los inventores del fútbol.
Cuando Bellingham anotó el 3 a 1 ya parecía que los ingleses se llevaría el croata al agua pero apenas tres minutos después Petar Musa puso el marcador 3 a 2 para hacer que los balcánicos soñaran con una remontada. Sin embargo, justo entonces el juego se les puso cuesta arriba a los croatas con los ingleses más dispuestos a marcar el marcador que aquellos a achicarlo. Cuando Rashford en el 84 dejó el marcador definitivo en 4 a 2 los inventores del fútbol y eternos aspirantes parecían más aspirantes que nunca y los croatas, un monumento a glorias pasadas (lo que no les evitó sentar en el banquillo al inmortal pero añejo Modric: ¡aprendan portugueses!). Con la demostración de talento que dieron los ingleses podrían considerarse aspirantes serios a campeones siempre que les pidan a los croatas un poco de su coraje. Ese coraje que los ha hecho llegar más lejos que los ingleses en los últimos sesenta años.
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