Este mundial de
tres cabezas inauguró la segunda de ellas, la canadiense, en Toronto con un
choque entre el equipo local y Bosnia Herzegovina. Los canadienses habían
participado en dos copas mundiales (1986 y 2022) sin haber siquiera empatado un
dichoso juego. Mientras, Bosnia venía de eliminar a la tetracampeona Italia.
Eso vendría a ser un indicador de la potencia balcánica o de que Italia anda con
la capa más caída que el imperio romano en tiempos de Atila. Por lo visto en el
juego más bien pareció lo segundo.
Porque si Canadá le ganaba en diversidad a Bosnia, cuyos jugadores llevan todos apellidos terminados en “ic”, los bosnios les ganaban en altura lo cual hacía presumir que tratarían de ganar a puro cabezazo. Y así lo pareció al principio porque Bosnia necesitó dos cabezazos a un saque de corner y aprovechar que la defensa canadiense era tan generosa como la política migratoria del país para que un “ic” (Lukic) anotara su gol en el minuto 21. Un gol que bastaría para silenciar al público anfitrión por más de una hora. No es que Canadá no se empeñara en jugar pero sus pases eran más imprecisos que un reloj de sol en una tormenta y las oportunidades que tenía las desperdiciaba como África la ayuda humanitaria.
Bosnia parecía
tener bastante con el 1 a 0 mientras Canadá insistía en no quedar mal ante su
público y ganar aunque fuera un punto, ahora que ponían estadio y hotel. Así
fue hasta que el entrenador canadiense recordó que tenía más jugadores en el
banquillo. Unos minutos después de entrar, Cyle Larin a aprovechó la primera pelota
que le dejaron tocar para meterla en la portería contraria recordando que es en
lo que, en definitiva, consiste el fútbol. Los canadienses no se conformaron
con eso y trataron de convertir el empate en victoria, pero los bosnios le
hicieron suficiente resistencia para que el juego terminara así, como empezó:
empatado, aunque a uno y bastante más sudados. Todos debieron regresar al
vestuario razonablemente contentos. Los bosnios por evitar la derrota luego de
ir ganando buena parte del partido y los canadienses porque luego de tanto
esfuerzo por organizar el mundial a seis piernas y tres cabezas al menos
conseguía su primer puntico. “Pudo ser peor” deben haberse dicho.
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