sábado, 15 de febrero de 2020

El hambre socialista

Fragmento de un libro que acabo de terminar: "Nuestra hambre en La Habana"


El hambre no era un hambre Knut Hamsun, ese noruego al que le dieron el Premio Nobel por contar, entre otras cosas, sus relaciones con el hambre. La nuestra no era hambre de andar por la ciudad rodeado de gente más o menos satisfecha, viendo embutidos a través del cristal de las carnicerías o pasteles de crema a través del cristal de las dulcerías. No era una asquerosa hambre capitalista. No señor.

Era la pulcra, organizada e igualitaria hambre socialista. Te ahorraban el espectáculo de los embutidos, de los señores sentados en un café, tomando chocolate caliente con bizcochos mientras se te cae la baba de puro anhelo. Todos pasábamos hambre por igual. Donde único veíamos manjares suculentos era en el cine o la televisión en alguna película que habían programado por descuido o alevosía. O en la mesa de algún restaurante para turistas pero en ese caso debíamos entenderlo: los turistas venían de otro mundo, un mundo con mucha menos capacidad para el sacrificio y sin principios que defender a golpe de ascetismo. Los turistas venían —como nos explicara el gran líder— a dejarnos las divisas con la que comprábamos la leche en polvo de los niños ahora que nuestras vacas ya no tenían pienso socialista que consumir.

La palabra “socialista” andaba por todos lados. Como una plancha de metal con la que tapar las goteras que iban apareciendo.

Se hablaba de la democracia socialista, de la economía socialista, de la cultura socialista pero —curiosamente— ningún dirigente habló nunca del hambre socialista aunque eso es lo que era.

Ayunar sincronizadamente para luego comer la misma mierda. Papas si eran papas lo que tocaba. Coles si coles. Nabos. Una o dos cosas a la vez. Más de dos sería incurrir en un despilfarro inadmisible.

martes, 11 de febrero de 2020

"Lo mejor del año" o "vaya gallego"

La escritora y traductora Anna Sylvia me envía desde Barcelona, donde disfruta de una beca fotos de la edición de diciembre de la conocida revista Qué leer que en un artículo correspondiente a los mejores libros del año 2019 incluye mi novela Turcos en la niebla. Lo hace en el apartado de "Narrativa española" lo que seguro es un malentendido debido, supongo, a que el libro ganara un premio español. Y justo ahora comienzo a dudar qué pueda ser bien entendido luego de que me hayan acusado de cubano, cubano-americano y hasta de americano a secas. Nada, que me siento como aquel personaje de "Vampiros en La Habana" al que le decían a cada paso "vaya gallego...". Y se me frustra una vez más el viejo sueño de ser extranjero… aunque sea en España. Como dice el dicho: quién fuera blanco aunque fuera catalán! (Todo para no reconocer la alegría que me da que en algún lugar del mundo consideraran mi libro entre los mejores del año que pasó).



lunes, 10 de febrero de 2020

Oscars-tristas 2020

Mejor guion adaptado: "Constitución cubana del 2019"
Mejor guion original: Miguel Díaz Canel "Somos continuidad"
Mejor escenografía: Eusebio Leal por "Casco histérico de la Habana Vieja"
Mejor vestuario: Lis Cuesta en "Andar La Habana Vieja"
Mejor documental de largometraje: familia Castro por “Parásitos”
Mejor película extranjera: Donald Trump por “Échame a mí la culpa de lo que pase”
Mejor actriz secundaria: Viceministra de educación por “No tienen derecho a criticarnos"
Mejor actor secundario: compartido entre Fernando Rojas por “Te espero en la esquina” y Eduardo del Llano por “Respeten, cojones”
Actriz revelación: Alicia Alonso por "La muerte del cisne"
Mejores efectos especiales: "La batalla de Cuatro Caminos"
Mejor banda sonora: Javier Caso "La quinta mejor policía del mundo"
Mejor canción original: Orishas por "Donde dije digo digo ‘Ojalá pase’"
Mejor acompañamiento musical: Silvio Rodríguez por “¡Parásitos!”
Mejor fotografía: Fernando Rojas "De rojo y negro en la esquina de G y 17"  
Mejor corto de ficción: Abel Prieto por "En Cuba nunca se prohibió a los Beatles" y Miguel Díaz Canel por “La coyuntura”
Mejor película de dibujos animados: El Minint por "Deja que te coja (el 349)"
Mejor edición: Eduardo del Llano por “Una gran clase media”
Mejor actor protagónico: Miguel Díaz Canel por “Miguel Díaz Canel, presidente”
Mejor dirección: Raúl Castro por “Miguel Díaz Canel, presidente”

De la maledicencia como una de las bellas artes*

«Tendrá que ver cómo mi padre lo decía: la República», escribió Eliseo Diego para que pudiéramos imaginarnos cuánta esperanza cabía en ese concepto cuando apenas daba sus primeros pasos en la realidad. Perdida la república y los intentos posteriores por suplantarla había que ver cómo decíamos «La Lengua Suelta», cuando sus primeras entregas comenzaron a asomarse a las páginas digitales de La Habana Elegante, la revista que, desde Texas, editaba Francisco Morán. Había que estar ahí para entender lo que significó leer de primera mano y en tiempo real las meteduras de pata y los chismes de la cultura oficial cubana en la prosa precisa y despiadada de Fermín Gabor.
Cuando nos recuperábamos de la sacudida producida por el «qué», comenzamos a preguntarnos por el «quién». ¿Quién sería ese Fermín Gabor que firmaba las columnas de «La Lengua Suelta»? ¿Quién ese escritor sin obra previa que tan bien conocía el paño literario de la isla y encima se atrevía a enjuiciarlo con la misma soltura que el Che Guevara durante su breve (pero productivo en lo que a fusilamientos se refiere) reinado en la fortaleza de la Cabaña? ¿Quién reunía en aquella isla (porque era indudable que no se trataba de la «mafia de Miami» sino de un inside job) dosis suficientes de conocimiento, audacia y talento para acometer esas ejecuciones textuales? Porque aquel en quien «La Lengua Suelta» se ensañara no podría circular por la ciudad letrada con el prestigio intacto. En un país donde el Estado consideraba ilegal el sacrificio de ganado vacuno, incluso a manos de su propietario, un desconocido como Fermín Gabor se dedicaba alegremente al sacrificio de vacas sagradas. Gabor empezaba por preguntarse qué hacían en el panteón de la cultura patria, o, en su defecto, en los máximos puestos de la burocracia artístico-literaria, aquellas bestias que poco o nada habían aportado a dicha cultura. Luego sentenciaba, por ejemplo, que «La literatura cubana no cuenta con mayor escritor ágrafo que Ambrosio Fornet» o, puesto a describir la composición del Walhalla literario cubano que es la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), nos contaba que «Hubo un tiempo en que para hacerse miembro de la sección de escritores bastaba con publicar un folleto. Títulos como Escambray 63: peine contra bandidos, Nido de infiltrados, Misión Chalatenango o Con la hamaca a cuestas consiguieron introducir a sus autores en la sociedad de escritores. Satisfechos con su membresía, nunca más intentaban una letra y se sobresaltaban ante cualquier novedad». A un periodista y al escritor entrevistado por éste, perpetradores a dúo de un libro, los califica de «matarifes de la vaca del recuerdo. La mata uno, mientras el otro le aguanta la pata». A un poeta de la generación del 50 lo presenta como contemporáneo «del nacimiento de la televisión, mitad Tongolele y mitad Gina Cabrera» que «parece dotado lo mismo para el cabaret que para el drama». A una poeta octogenaria que insiste en versificar su erotismo la llama «geisha jurásica». Después de sufrir tales embates cuesta no entrever en los mayores cumplidos que te hagan tus colegas rastros de sarcasmo. Era fácil suponer que «Fermín Gabor» era un pseudónimo destinado a proteger a su autor de la furia de los afectados habitantes de la dictadura (del proletariado) de las letras. Y de la mala fama que gozan los humoristas en tan engoladas tierras.
Convertidas en libro, las columnas de «La Lengua Suelta» exigen que se las considere de otro modo. Que se las lea sin el aliento de los rencores frescos que despierten tales o cuales figuras. Más de uno de los escarnecidos por Fermín Gabor no se encuentra entre nosotros. Ni siquiera entre ellos. La lectura que pide el editor del libro y autor del diccionario de personalidades mencionadas en las columnas que acompaña el volumen, el escritor exiliado en España Antonio José Ponte, es otra, más reposada y vasta. En la introducción del libro, Ponte propone una genealogía a La lengua suelta cuyos ancestros incluyen las Vidas para leerlas y Mea Cuba de Guillermo Cabrera Infante, Necesidad de libertad y El color del verano de Reinaldo Arenas o incluso los epitafios de escritores que alguna vez hicieron circular anónimamente los poetas Luis Rogelio Nogueras, Guillermo Rodríguez Rivera y Raúl Rivero. (Yo añadiría Cabezas de estudio, libro con el que Jesús Castellanos somete a los políticos de la misma república que emocionaba al padre de Eliseo Diego a tratamiento similar al que Ponte aplica a las personalidades incluidas en el «Diccionario de La lengua suelta»). Hay en La lengua suelta un esfuerzo sistemático por delinear un retrato de familia del estamento cultural cubano surgido a la sombra del Estado —esfuerzo secundado por las casi doscientas cincuenta páginas de fichas biográficas que añade Ponte— que obliga a extender su genealogía a libros aparecidos en otros contextos geográficos, pero afines al tema que ocupa en primer lugar a La lengua suelta, que es el del funcionamiento del batey de las letras bajo las condiciones del totalitarismo tardío. En ese sentido, La lengua suelta se emparentaría con El maestro y Margarita de Bulgákov cuando describe el funcionamiento del sindicato de literatos proletarios MASSOLIT; o con Asistencia obligada de Borís Yampolski e Ilyá Konstantínovski cuyo subtítulo en la edición española es «Un testimonio de las reuniones de la Unión de Escritores de la URSS»; o con ciertas escenas recordadas por Nadezhda Mandelstam y Adam Zagajewski. Recuentos de ese teatro del absurdo interpretado por intelectuales cuyo guión de comportamiento lo conforman a partes iguales el dogma y el miedo bien aprendidos. Un juego de simulaciones y mutua repartición de elogios y méritos que se establece sobre la base de ignorar, al mismo tiempo, la represión estatal y qué significa escribir o conducirse con un mínimo de gracia y vergüenza. Lo que Gabor retrata y Ponte remacha es la infinita capacidad de abyección y ridículo a que puede llegar este matrimonio de conveniencia entre un poder político desmesurado e intelectuales mediocres. Para recordarnos que, por dañino que sea ese enlace para la cultura de un país, visto con la necesaria perspectiva, puede resultar comiquísimo.
Pero el libro con el que más afinidad guarda La lengua suelta es, a mi parecer, El pensamiento cautivo de Czeslaw Milosz. Si en el suyo el polaco intentaba explicarse cómo y por qué intelectuales de los más diversos temperamentos y procedencias terminaron abrazando la causa del comunismo triunfante en su país, asignándole a cada uno de los escritores-modelo sucesivas letras del alfabeto griego, en este volumen el dúo Gabor-Ponte viene a explicarnos a dónde ha venido a parar el gremio de los escritores del establo totalitario medio siglo después. Si Alfa ha perdido toda la dignidad católica que le quedaba y bendice fusilamientos, Beta en cambio marchó al exilio para desde allí admirar mejor al gran líder que había fusilado a sus amigos guerreros. Porque, como ni Gabor ni Ponte dejan de recordarnos, por debajo de la ridiculez infinita de las cabezas parlantes de la UNEAC corre sangre real de gente concreta. A lo que asistimos aquí es a la degeneración final de lo que ya había nacido con los visibles signos de perversión que apuntara el Nobel polaco. Donde Milosz propone cuatro prototipos básicos signados por las cuatro primeras letras del alfabeto griego (les llama «el moralista», «el amante decepcionado», «el esclavo de la Historia» y «el trovador»), el dúo Gabor-Ponte exhibe un montón de tipos con sus nombres, apellidos, obra concreta y miserias específicas. Toda una fenomenología de la mediocridad ética o estética.
Con La lengua suelta, lo que podría pasar por simple costumbrismo de la abyección literaria es también la mirada a un momento histórico muy concreto. El de un régimen que, forjado al calor del «internacionalismo proletario» y «la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética», como consignaba la constitución de 1976, se ha terminado aferrando a un discurso eminentemente nacionalista y a los subsidios venezolanos que han financiado la reconstrucción del Estado estremecido por la caída del bloque soviético. Donde antes se excluía de la cultura oficial a todo intelectual o artista que se marchaba del país, ahora el ministro de Cultura anunciaba que la ídem cubana era una sola, incluida la que se produjera fuera siempre que respetara las reglas impuestas por el cacicazgo isleño. Por otra parte, las peleas por recibir premios estatales o por integrar delegaciones oficiales eran si acaso más feroces que en tiempos de la indestructible amistad con la Unión Soviética: los premios muchas veces se pagaban en dólares y los viajes eran usualmente a una Caracas cuyos mercados estaban mucho mejor surtidos que los de La Habana o el Moscú soviético. Y en todo esto se ceba el inmisericorde dúo Gabor-Ponte.
(Si hablo de dúo Gabor-Ponte es por la perfecta simetría de sus desempeños. La usualmente contenida prosa de Ponte aquí se desata para seguirle el juego a Gabor. Si el pseudo-húngaro catalogaba a la veterana poeta erótica de «geisha jurásica», Ponte describe a un escritor de ciencia ficción que se pasea por el reino de este mundo orlado de cueros y remaches como «pinguero de la Guerra de las Galaxias»; a un poeta pseudo-primitivo lo acusa de componer «bagazo rimado»; y de la canción en que un trovador proclama preferir «hundirnos en el mar que antes traicionar la gloria que se ha vivido», comenta que es «la letra ideal para himno nacional de la Atlántida»).
Si La lengua suelta fuera sólo una de las colecciones de sátiras más salvajes e ingeniosas que se hayan lanzado nunca contra el gremio intelectual, ya justificaría su lectura. Sucede además que pese a la naturaleza fragmentaria que le impone su estructura, La lengua suelta constituye, a su modo jodedor y pudoroso, un incisivo ensayo sobre las relaciones entre intelectualidad y poder en medio de un sometimiento casi absoluto. Su aproximación burlesca al tema no embota sino más bien afina sus conclusiones. Al describir los textos editados en Cuba sobre José Martí comenta Ponte que son «libros de una secta criminal, hechos para justificar crímenes de Estado. Se imprimen para justificar la complicidad de José Martí con Fidel Castro, para propiciarle una coartada a este último. Suponen el arreglo funerario donde el monolito castrista se encuentra pegado al mausoleo donde reposa Martí». Al comentar el Informe contra mí mismo de Eliseo Alberto, (hijo de aquel que evocaba a su padre exclamando «la República») Ponte resume la debilidad esencial del libro en un defecto compartido por sus colegas contemporáneos. «Su autor pertenece a una generación de narradores (Senel Paz, Leonardo Padura, Abel Prieto, Arturo Arango) que no han llegado a entender el mal. O con mayor énfasis: el Mal. No son capaces de aguantarle la mirada al Mal ni por un segundo». Escritores —se sobreentiende— que han aprendido que la mejor fórmula de sobrevivencia en una tiranía crepuscular y mendicante como la cubana es encarnizarse en males menores a costa de ignorar aquel que los resume y les da sentido. Pero, al referirse a los escritores del exilio, el dúo Gabor-Ponte insiste en que no basta con aguantarle la mirada al mal. Escribir sin rodeos sobre el mal no exime de hacerlo bien. De ahí que la lengua de Gabor-Ponte no pierda filo con los escritores de extramuros. La afinidad política al abordar el mal no supone tregua ética o estética. Más que de un soberbio ejemplo de sátira política sobre la aldea letrada parece tratarse del juicio final de cierto momento de la cultura cubana (que como sabemos es una sola). No obstante, lo afilado y eficaz de la sátira de La lengua suelta hace sospechar que se trata de instrumento más demoledor que justo: que ante su potencia cáustica no hay carrera intelectual que, por impecable que sea, soporte su ataque. Ciertas salidas de tono en unos casos, ciertos titubeos en otros, nos recuerdan que, después de todo, la lengua también es humana y que la justicia humana es, por mucho que se esfuerce, un modo de injusticia.

*Reseña aparecida en la revista Cuadernos Hispanoamericanos.

El libro La lengua suelta puede encontrarse en el sitio de la Editorial Renacimiento y próximamente en Amazon.

viernes, 7 de febrero de 2020

Cubanos en la diáspora: «Beautiful losers»*

Por Jacobo Machover

Turcos en la niebla, de Enrique del Risco, es mucho más que una novela: es una summa desilusionada del exilio cubano. Del Risco ha hecho de ese tema la esencia de su obra, con Siempre nos quedará Madrid, ¿Qué pensarán de nosotros en Japón? o, incluso (pero ese ensayo fue pensado antes de su partida), Leve historia de Cuba. Algunos críticos hablan de “primera novela” pero esta última producción es tan difícil de clasificar como sus anteriores. Y eso es digno de elogios, ya que su escritura es una de las menos convencionales de la literatura cubana actual.

El libro parte de una anécdota trágica: un cubano exiliado en New Jersey, Wonder Recio, se atrinchera, armado, en su taller porque las autoridades pretenden confiscárselo. Una simple historia de impagos como hubo miles, debido a la crisis de los subprimes y sus consecuencias. Aquí se trata de un mero olvido, simplemente porque Wonder tenía la mente en otra parte, en sus problemas personales, de pareja, y en Cuba, por supuesto. De ahí transmite su triste historia en directo, por medio de Facetime. A su alrededor gravitan tres personajes que vienen de la isla: Eltico, el socio fiel, British, profesor de Historia del Arte en la universidad, y Alejandra, su novia hasta poco antes de los sucesos, una “psico-argentina”, cubanizada por haberse refugiado sus padres en el “paraíso” socialista durante la dictadura militar del general Videla y compañía. Voces, más bien, que van alternando sus relatos, cruzándolos unos con otros, hasta el punto de dar una unicidad al conjunto, confundiendo sus nostalgias pasadas y sus esperanzas en el exilio. Una pandilla que recuerda a otras famosas en la literatura, de mosqueteros o de tigres. Sólo que sus integrantes no están en su elemento natural, La Habana, sino a orillas del río Hudson, a poca distancia de Manhattan, centro alrededor del cual gravitan. New Jersey puede ser un lugar tan literario como New York, donde se pueden esparcir a la vez la comedia y la tragedia. Véase la obra de Philip Roth, particularmente la última novela que escribió, Némesis.

Los Cuban-Americans de Enrique del Risco son como los judíos americanos de Roth, Portnoy o Nathan Zuckerman o Bucky Cantor: viven en un limbo. Sus actos y sus herencias son incomprensibles para los demás americanos, los que los rodean, y de los cuales no obstante parecen tan alejados, porque llevan consigo unas vivencias, casi como una religión, incomprensibles por los demás. ¿Cómo explicar la paranoia, la de la vigilancia, la que Del Risco supo compilar con tanto éxito en El compañero que me atiende, y de las traiciones, inherentes a un exilio de… ¡seis décadas! Nadie que no sea cubano es susceptible de entender lo que significa el mayor enemigo de su libertad: el tiempo.

Hay otros libros críticos sobre los exilios latinoamericanos, por ejemplo El jardín de al lado, del gran novelista chileno José Donoso, muy criticado en su época (los años 80) por haber desdibujado un retrato nada complaciente de sus compatriotas desterrados. No es fácil ir contracorriente, no mostrar a los que tuvieron que abandonar su país bajo un prisma compasivo o heroico. Nadie se salva en este retrato sin concesiones, donde los padres, incluso los más valientes, dejan de ser modelos a los que tendrían que imitar los hijos en una lucha que ya no es la misma. Nadie, excepto una figura: la de un expreso político, apodado “El Cenizo”, en la que se puede reconocer a Jorge Valls, quien tanto impacto produjo en Enrique del Risco (y en mí), quien a pesar de haber pasado más de 20 años en la cárcel, o precisamente por ello, pudo llegar a ser un maestro inconformista, esotérico a veces, para los que tuvimos la oportunidad de conocerlo en su periodo de libertad, hasta su muerte, que sobrevino poco antes de la de Fidel Castro, a quien él se negaba a nombrar (demasiado se había hablado de él).

Pero hay otros parecidos al Comandante en jefe regados por el mundo, incluyendo al padre de una joven paciente de Alejandra, tan tiránico como él, y que viene a ser nombrado, por pura metonimia, con el seudónimo de Fidel Castro. Enrique del Risco cree, como el difunto dramaturgo y titiritero René Ariza en el documental Conducta impropia, de Néstor Almendros y Orlando Jiménez-Leal, que lo peor es “el Castro que cada uno tiene dentro”. La trama abarca un largo periodo, como es natural, y casi todas las temáticas contradictorias (demasiadas, tal vez) de nuestra diáspora. Llega hasta la muerte del Innombrable, pasando por el paréntesis del acercamiento entre Barack Obama y Raúl Castro (clausurado por la elección de Donald Trump), tan esperado por los americanos que rodean al grupito de cubanos, a los que estos no pueden siquiera intentar responder con su propio escepticismo, porque para los que no han vivido el castrismo en carne propia significaba el final del enfrentamiento y, casi casi, la libertad. Esa vida está ritmada por las crisis migratorias, la del Mariel en 1980 o la de los balseros de 1994, consecutiva al “periodo especial” que vuelve una y otra vez como una obsesión para el grupo. Y también por acontecimientos mundiales como el 9/11, el 11 de septiembre de 2001, el que esos jóvenes han tenido que padecer, como americanos que se han vuelto a fin de cuentas.
La literatura de Enrique del Risco se caracterizaba por una mirada irónica, sarcástica, divertida, sobre la historia de Cuba, contemporánea o no. Con el pasar de los años ha adquirido otra dimensión, más dura pero imprescindible. Turcos en la niebla se aleja de la inmediatez de lo cubano para ofrecer las primicias de una saga que no tiene fin: la de unos beautiful losers, todos los protagonistas de este relato, cuya conclusión es sorprendente, en los cuales todos nos podemos reconocer, de una manera o de otra. Este libro es nuestro, de todos los exiliados, de todos los países, de todos los continentes.

*Reseña aparecida originalmente en Zenda Libros

jueves, 6 de febrero de 2020

Martí, gusano*

Mi relación con Néstor Díaz de Villegas comenzó por un elogio envenenado. Cuando todavía no habíamos intercambiado palabra alguna, dije de él que era “el Martí de estos tiempos”. Incómodo será siempre para un cubano, si tiene un mínimo sentido de las proporciones, que se le compare con nuestro superhéroe local más socorrido. Sea poeta o no, la aplastante comparación suele hundir en el ridículo a su objeto como si de una piedra atada al cuello se tratara. Tuve, no obstante, cuidado de aclarar en qué consistía el parecido entre ellos. Escribí que los textos de Néstor “contienen esa intensidad pasada de moda, anacrónica pero no obsoleta, en su intento desesperanzado por inscribir la ligereza cubana en la pesadez del mundo” que caracterizaba al supermán de la calle Paula.
Una vez que conocí a Néstor, lejos de desdecir la comparación, insistí en ella. Porque –le remaché con alevosía– el parecido entre ellos iba mucho más allá del impulso redentor de su poesía. Estaba también la cuestión de sus biografías. Tanto Martí como Néstor fueron enviados a prisión en plena adolescencia por la tiranía correspondiente. En ambos casos el pretexto del encierro había sido un escrito privado. En el de Martí, la carta a un condiscípulo reprochándole haberse enrolado en la milicia proespañola. En el de Néstor, un poema inédito en que se disculpaba con un monarca español porque una calle consagrada a su nombre la hubiesen rebautizado con el de un mártir reciente del panteón latinoamericano. Tanto Martí como Néstor arrostraron su presidio con entereza y salieron de este (Martí después de unos meses, Néstor tras cinco años) más aferrados a sus convicciones que cuando entraron. Y salieron sin escalas hacia el exilio donde transcurriría prácticamente el resto de sus vidas.
Tales simetrías invitaban a buscar otras entre el autor de Ismaelillo y el de Confesiones del estrangulador de Flagler Street. También los acercaba el modo en que ambos se habían servido de la modernidad norteamericana para entender los asuntos cubanos. O en cómo se valieron de su calvario personal para entender el universo. Las reseñas de cine de Néstor eran, siguiendo esta lógica, el equivalente de las crónicas de la vida norteamericana de Martí, tanto unas como otras empeñadas en “trenzar nuestra desflecada nacionalidad con la trama del mundo”. Mientras se lo decía, Néstor, que a diferencia de Martí tiene un formidable sentido del humor, soportaba a pie firme la comparación, sabiendo que era lo bastante irónica para que no se la tomara con literalidad y lo bastante seria para que no la desdeñara del todo.
Porque si algo delataba mi seriedad al compararlos era la conciencia de que en todo lo demás Martí y Néstor divergen profundamente. Cuando decía que Néstor era “el Martí de estos tiempos” tenía en cuenta que tiempos tan distintos debían producir Martíes igualmente distantes. Para empezar por lo más obvio, Martí tuvo la suerte de no haber vivido en “la patria que Martí soñó”. Néstor, en cambio, nació en un país en el que los mandatarios se proclamaban seguidores de Martí, encarnaciones de su prédica. En la Cuba de Néstor se educaba martianamente, se reprimía martianamente, se chivateaba martianamente, (¿recuerdan En silencio ha tenido que ser?) martianamente se fusilaba. La excentricidad martiana, una excentricidad heroica, patriótica y revolucionaria en tiempos en que el heroísmo ya era incivilizado, el patriotismo anticuado y la revolución descortés, tuvo que ser replicada por la excentricidad de Néstor, antiheroica, apátrida y contrarrevolucionaria. El Martí de estos tiempos no se empeña en fundar partidos, conducir pueblos, ni sacrificarse en el campo de batalla, sino que se amuralla en su extrañeza, atento a desinflar cada una de las idolatrías a las que su pueblo se entrega. Malos tiempos, lo sé, pero es lo que hay. Si Martí se ofrecía en sus Versos Sencillos como sencillo Mesías para que los Pete Segeers del futuro lo cantaran con la melodía de la “Guantanamera”, Néstor, en sus Palabras a la tribu, increpa y escarmienta a los suyos sobre los peligros del mesianismo.
Cuando Néstor Díaz de Villegas decidió regresar a Cuba treinta y siete años después sin que el motivo de su destierro se hubiese tomado siquiera un respiro, muchos lo vimos como una suerte de traición. Néstor era, más que ciudadano o poeta, un símbolo y los símbolos no pueden permitirse ciertos lujos. Lujos como el de confiar en la bondad de sus antiguos verdugos. Si regresaba el poeta al que en su adolescencia le habían hecho cumplir cinco años de cárcel, qué hacíamos el resto jugando todavía el juego del exilio, negándonos a regresar a donde nos habían maltratado bastante menos que a él. Eso pensé hasta que Néstor comenzó a publicar aquellas crónicas bellas y demoledoras en su blog. Porque en ellas, lejos de justificar su presencia allí, analizaba todo lo que veía y sentía con la mayor honestidad de que es capaz un escritor, casi con sadismo, sin negarse siquiera las inesperadas alegrías que encontraba a su paso, sus encuentros breves pero reveladores con “lo noble y verdaderamente humano” de la isla.
Cuando aparecieron aquellas crónicas cubanas se lo dije: el Martí de estos tiempos estaba dando a la luz su “Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos”. Ciertamente no acababa de iniciar una guerra ni describía una deslumbrada marcha por los montes patrios hacia su muerte. El reencuentro de Néstor con Cuba treinta y siete años después, más que a guerra, suena a capitulación. Más que a muerte, a nuevos planes de vida. No se oculta allí que el motivo principal del viaje, más allá de lo sentimental, es reparar la casa de la familia de su esposa para ponerla en condiciones de alquilarla a turistas alebrestados tras el pacto entre la dictadura cubana y el Gobierno de Obama.
En De donde son los gusanos, libro en que recoge sus crónicas de viaje, el intento de Néstor Díaz de Villegas de auscultar a Cuba deriva en autopsia. No disecciona la isla para determinar la causa de su muerte, bastante obvia, sino para definir su estado de putrefacción y estudiar la fauna que anida en sus restos. Porque, ya lo advierte el título, este es un libro sobre gusanos. Allí se revive la vieja ofensa que identificaba el rechazo a la revolución con el animalejo blando, rastrero y parásito que anida en la podredumbre. Ante esa Cuba putrefacta que describe Néstor, todos son un poco gusanos. Téngase en cuenta que Néstor habla de los gusanos con amor y que si un sentimiento predomina en este libro es justo el amor. Amor, en primer lugar, por lo que queda de una Nación: por las ruinas excelsas de La Habana y por las más humildes de pueblos y ciudades de provincia. Amor por su naturaleza, por sus maltratados animales. Si Martí marchaba decidido a construir la libertad de la Nación, Néstor pugna por resucitarla, por reconstruirla a partir de lo mejor del ADN patrio que busca y recupera como si fuera uno de los científicos fundadores de Parque Jurásico.
Ya a esta altura todo nos devuelve al modelo mencionado, el del diario de campaña de Martí. De donde son los gusanos no comienza con algo que remede al célebre “Lola jolongo. Llorando en el balcón. Nos embarcamos”. A la entrada del libro no están la poesía, la síntesis y el misterio de aquellas frases. En su lugar está el propio Martí en su avatar de aeropuerto: “Tras media horita de vuelo, el Estrecho, la Isla, el verdor y el aeropuerto José Martí (aquel verso martiano de «pasó un águila por el mar…» podría ser hoy el lema de American Airlines).” Pero ya al siguiente párrafo irrumpe la poesía desastrada y sin misterio, del gusano. “Pistas primitivas, cuarteadas y remendadas. Burdas escalerillas, cubiertas de pintura de óxido. Un tono rosado socialista prevalece en las paredes de estructuras terminalmente dilapidadas […] y los fuselajes abandonados en terraplenes recuerdan las antiguas escenas bélicas de Bahía de Cochinos.”
Pero, por debajo del espanto descrito, a Néstor lo traiciona la exaltación que le produce el encuentro. En medio de la podredumbre descubre cosas vivas, disfrutables. Por el camino hacia su provincia natal encuentra “puestos de comida, y se nos acercan vendedores de fruta. Compro mamoncillos gordos, carnosos. Los mangos tienen un sabor fuerte y un perfume exquisito”. Una descripción que nos recuerda esta otra: “[llega] Cada cual con su ofrenda-buniato, salchichón, licor de rosa, caldo de plátano.–Al mediodía, marcha loma arriba, río al muslo, bello y ligero bosque de pomarrosas; naranjas y caimitos. Por abras tupidas y mangales sin fruta llegamos a un rincón de palmas, y al fondo de dos montes bellísimos”. Néstor y Martí, deslumbrados por la maravilla del reencuentro con aquello a lo que han dedicado su vida. Porque así lo dicta hasta la propia necesidad de respirar los aires patrios. Martí ha convocado toda la violencia que cabe en sus compatriotas para liberar su isla. Néstor no consigue, a pesar de la distancia que interpone (“el primer mecanismo de defensa del cubano es olvidar, olvidar a Cuba”, nos dice al final de su libro), disuadirnos de que no le importa Cuba, de que conserva, al menos durante buena parte del libro, la esperanza de alguna redención. Y para ello invita incluso a las voces que lo antagonizan, ya sea la de un guevarista zen (como llama a un descendiente furtivo del Rey de las Camisetas), la de turistas externos e internos que celebran la ausencia bucólica de McDonald’s o Google, o hasta a la propia Razón de Estado. Aunque ninguna, por previsible o por frívola, consiga convencernos.
Al final, su diagnóstico resulta tan desalentador como para cuestionar el propio sentido del viaje. “Regresar a la patria, para un expatriado, es un proceso antinatural y contraproducente –concluye– y no lo recomiendo, a no ser que usted sea escritor y se deba a sus lectores”. Néstor se presenta así como una suerte de Cristo que va a Cuba para que no tengamos que hacerlo los demás. Pero el desencanto de esta antiguía de turismo es engañoso. Su persistencia en reparar la casa de la familia de su esposa, en salvar perros moribundos en medio de la más radical desidia, es –pese a sus desoladoras moralejas– una admisión de fe en algún tipo de redención. Escribir y publicar este libro, otra. Un libro que viene a decirnos que cuando la isla ya no produzca ni siquiera ilusiones seguirá procreando gusanos. A decirnos que, –parafraseando el viejo lema partidista– la Nación muere pero el gusano es inmortal.
*Versión revisada y extendida del texto que leí la semana pasada en NYU para presentar "De donde son los gusanos" de Néstor Díaz de Villegas, tal como la acaba de publicar Rialta Magazine.


lunes, 20 de enero de 2020

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No, éste no es el capítulo destinado a emitir anuncios, el momento que usted aprovecha para ir a orinar o para buscar cualquier chuchería en el refrigerador o en la despensa. Aquí se habla del medio más elemental y barato de que se vale la mercadotecnia: darle un paquete de volantes a alguien que los distribuirá a los peatones, los echará en los buzones del barrio o por debajo de las puertas. Porque en algún momento empecé a alternar los ocasionales trabajos como ayudante del Tigre con la repartición de volantes. Conseguí ese empleo gracias a Silvia, en la academia de computación donde trabajaba. En aquella época estaban de moda las academias y la competencia entre ellas se dirimía en el frente de la publicidad. Las que apenas podían permitirse una docena de profesores acudían a la distribución de impresos a la entrada de institutos de enseñanza media y universidades. Por lo general  era sólo una hora al día, de ocho a nueve de la mañana en el horario de entrada de los estudiantes. Pagaban mil pesetas la hora. Si la repartición era más de una vez el mismo día en el mismo sitio el precio de la hora bajaba a las setecientas cincuenta pesetas.

Lo peor del trabajo era el frío y el deseo de los estudiantes, condensado en miradas y gestos, de que te evaporaras en el acto. Con el frío no había otra opción que abrigarse bien y dar saltitos a cada rato para que no se te congelaran los pies. Con las malas miradas –más bien escasas― no había mucho que hacer. En general, los estudiantes eran bastante educados. Tomaban su papelito y seguían camino e incluso con cierta frecuencia llegaban a mascullar las gracias. Una buena parte echaba los volantes en el cesto más cercano aunque a algunos no les alcanzaba la paciencia para llegar hasta él y los soltaban a medio camino. En realidad nada de eso me incomodaba mucho. Lo único desagradable que llegaban a hacer era tomar el volante en la mano, estrujarlo con furia frente a ti y luego arrojarlo a tus pies. Todo sin decir una palabra. Por suerte eran muy pocos los que se tomaban tanta molestia en aquellos intercambios mudos de gente amodorrada a primera hora del día. Lo que me fastidiaba era tanto esfuerzo en demostrarle su desprecio a gente que ―con tanto derroche de papel― sólo le hacía daño a los árboles. Puede que lo hicieran en un arranque de conciencia ecológica. Nunca me quedó claro. 

No era un mal trabajo después de todo y no requería de ninguna habilidad especial. Sólo la de llegar a tiempo y aguantar la hora correspondiente en el lugar que nos asignaran. Gracias a ese empleo conocí buena parte de los alrededores de Madrid y sus respectivos centros de enseñanza: un instituto de economía en Vicálvaro, varias facultades de la Complutense, la Universidad Autónoma de Madrid y algunos sitios más que no recuerdo. Si se exceptúa una conferencia que di en la Complutense sobre literatura a los estudiantes de Ana, ese fue todo mi contacto con el mundo educativo durante mi estancia en España.

Lo mejor del trabajo era la compañía. La academia nos enviaba en parejas a repartir volantes. Casi siempre íbamos Ricardo y yo, pero prefería hablar con los que repartían volantes por otras academias. Se trataba de aquellos mismos que, según las leyes de la competencia, debíamos derrotar en el campo de la publicidad de infantería, pero con quienes, una vez llegados al frente, enseguida pasábamos a confraternizar. Por lo general eran españoles y duraban poco. Ganar mil o mil quinientas pesetas al día no era atractivo para nadie por alta que estuviese la tasa de desempleo. El único que permaneció repartiendo volantes todo el tiempo que estuve era un español que rozaba los cincuenta. Era el factótum de una academia rival y no le pagaban por horas. Ésa era una de las tantas obligaciones que requería su empleo. Y fue una suerte porque era un tipo de conversación fluida y repleta de detalles interesantes. Una suerte de erudito de la cotidianidad española. Hablábamos de músicos, futbolistas y otras celebridades locales, de costumbres españolas, historia reciente o del origen de alguna frase que estuviese de moda. Por él me enteré de las letras alternativas al himno de España una vez anulado el texto original compuesto por José María Pemán en tiempos de Franco. O de las ocurrencias del entrenador de fútbol Helenio Herrera, el autor de la célebre frase “con diez se juega mejor”. O del origen de ciertas costumbres que ni siquiera habían adquirido el rango de tradición. Por él tuve acceso a mucha de esa trivia que los libros suelen desdeñar, pero que es decisiva para comprender la vida de un país e irla asumiendo con cierta conciencia.

Yo tenía muy poco que ofrecerle. Cuando me preguntaba por alguna tradición cubana equivalente a las de España, muchas veces tenía que confesarle que había sido reemplazada por algún ritual diseñado por el gobierno. Al principio se esforzaba por entender cómo era la vida en mi país, pero la minuciosa retahíla de miserias que componían la rutina cubana lo abrumaba y enseguida cambiábamos de conversación. La miseria suele ser aburrida incluso si se conoce de segunda mano. Sin embargo, siempre nos buscábamos para continuar nuestro palique sobre cualquier pequeñez que se me ocurriera preguntarle y él respondía con gusto y detalle. Con las intermitencias a que obligaba el curso escolar, la repartición de volantes fue el trabajo más constante que tuve entre semanas hasta que comenzó mi aventura como editor de una revista en noviembre de 1996.

*Capítulo del libro Siempre nos quedará Madrid. El volante que ilustra el texto es uno de los que repartía en aquella época y que acabo de encontrar.

viernes, 17 de enero de 2020

Cuando grabas a los compañeros que te atienden

Cuando grabas a los compañeros que te atienden, como ha hecho el fotógrafo cubano Javier Caso (hermano de la actriz Ana de Armas) durante el interrogatorio que le hicieran dos agentes de la Seguridad del Estado (uno de ellos supuestamente teniente coronel) estos resultan más absurdos, ridículos, torpes y matones que como uno se lo imaginaría en la peor de las caricaturas. 

Gracias a esta grabación tenemos pruebas de:
-Que los policías cubanos se creen que pertenecen a uno de los cinco mejores cuerpos policiacos del mundo.
-Que creen que la ley los autoriza a amenazar y chantajear a quien quieran.

-Que no entienden la diferencia que existe entre ley y terrorismo: "[si no te gusta] Cambia la ley. Sube para la Sierra con un fusil".
-Que la Seguridad del Estado recluta ninjas en sus filas.
-Que en Cuba hay una sola institución (la Seguridad del Estado). 
-Y dentro de la institución todo y fuera de la institución nada.
-Y por tanto es la Seguridad del Estado la que decide quién es artista.
-Que creen que en el resto del mundo se necesita de una licencia para ser artista.   
-Que pretenden que Cuba es un país normal pero de alguna forma tienen conciencia de que "Cuba is different".
Impresionante la manera de resumir 60 años de historia de un país en apenas once minutos.

jueves, 16 de enero de 2020

Allá en Cuba

"Allá en Cuba", lo último de Boris Larramendi con colaboración de Amaury Gutierrez y Luis Bofill.
Ay Cuba: "Ojala no me importaras tanto, ojalá no me importaras na!"



ALLÁ EN CUBA



Queridos amigos, gente de solar, vecinos de los repartos, jóvenes y viejos, quietos y paraos, rehenes del dinosaurio.
Díganme ahora cuándo va a pasar
lo que va a acabar pasando
aunque no lo crean, aunque estén mareaos, aunque sigan desfilando allá en Cuba, donde el tiempo se paró, allá en Cuba, donde el sueño se acabó, allá en Cuba, donde el alma se perdió, allá en Cuba...
Turicomunistas superjineteaos, hiperrevolucionarios, ceros a la izquierda, chivas y arrastraos, amantes del dinosaurio.
Díganme ahora cómo salvarán lo que ya está putrefacto, aunque no lo crean, aunque estén cegaos, aunque sigan acabando allá en Cuba, donde el tiempo se paró, allá en Cuba, donde el sueño se acabó, allá en Cuba, donde el alma se perdió, allá en Cuba...
Niñitos nacidos en la libertad, sonrisa del exiliado, flores del destierro que nunca tendrán un dinosaurio sagrado.

No me regresen, no miren atrás, no se sientan obligados por una promesa, por una traición, no olviden que se ha matado 
allá en Cuba, donde el tiempo se paró, allá en Cuba, donde el sueño se acabó, allá en Cuba, donde el alma se perdió, allá en Cuba...
En cada salto de mi esperanza
En cada paso que doy
Como una espina aquí en mi garganta
En cada latido de mi corazón
Así te siento yo
Así te siento yo
Ojalá no me importaras tanto
Ojalá no me importaras ná
Y aunque los años siguen pasando mami
No se cura este mal
Tú vas conmigo dondequiera que esté
Tú vas conmigo como quiera que esté
Siempre conmigo
Aunque el tiempo me esté matando
Yo no te olvido
Tú vas conmigo dondequiera que esté
Tú vas conmigo como quiera que esté
Siempre conmigo
Aunque el tiempo me esté acabando
Yo no te olvido
Tú vas conmigo dondequiera que vaya
Tú vas conmigo dondequiera que esté
Siempre conmigo
Tú vas conmigo en mi corazón,
Mi tierra santa yo no te olvido no, no.
Ay mi Cubita la bella, yo no te olvido
Y mi bandera y su estrella yo no la olvido
Como cantaba mi abuela yo no me olvido
Yo no te olvido
Yo no te olvido

Yo no te olvido
 
credits
released January 10, 2020
Cantan: Boris Larramendi, Amaury Gutiérrez y Luis Bofill.
Bajo, guitarras, coros y chékere : Boris Larramendi./ Drum, congas y campana: Armando Arce./ Teclados: José Alabre./ Trombones: William Paredes./ Coros: Yusely Sierra y Néstor Jiménez.
Voces de Boris, Amaury y Bofill, trombones y chékere grabados en Tu Casa 305 Estudio por Mario Careaga./ Teclados grabados en SonArt Studios por José Alabre./ Drum, congas y campana grabadas por Armando Arce en Su Gao Estudio./ Bajo, guitarras y coros grabados por Boris en Mi Gao Estudio.
Mezclado y Masterizado por Oscar Autié en El Cerrito Studio.
Portada: Koniec Producciones sobre una ilustración de Alen Lauzán.
Agradecimientos especiales Pepe Cápiro y Abel Senra (ese bajo!!!)



lunes, 13 de enero de 2020

Facundo y la opinión por cuenta propia


Suspenden a un actor de un programa humorístico porque en su cuenta personal de youtube se burla de alguno de los tantos ridículos que hace el gobierno a diario. Pero no lo expulsan del programa por sus críticas: eso sería un acto de censura política, algo que se desconoce en el país desde los malhadados tiempos del tirano Batista. La sanción obedece a que el actor utiliza para expresar sus opiniones personales el mismo personaje que representa en la televisión. O sea, se le castiga por infligir las leyes de copyright, una sanción que puede entenderse en todo el mundo. Y por todo el mundo se sobreentiende el universo capitalista que consiste en todo el planeta con la excepción de Corea del Norte y la isla mayor del Caribe.

Pero en la expulsión del susodicho actor no intervienen, que sepamos, ni el director, ni el guionista, ni el productor del programa con lo que asumimos que quien hace las veces de propietario de la imagen del personaje que interpreta el actor es el Instituto Cubano de Radio y Televisión al completo. O sea, que más que infligir las leyes de derecho de autor al actor se le castiga por el uso de la propiedad social para fines privados. Con esto se concluye que todos los personajes de la televisión nacional son, lo que se dice, medios básicos de esta, concepto incomprensible en el universo capitalista. Como incomprensible debe ser para el universo socialista el concepto de “opinión personal”.

Porque no es la primera vez que en Cuba se usan personajes de la televisión o el cine para expresar opiniones extrañas a dichos personajes. Alguna vez hemos visto el famoso personaje de un soldado del ejército independentista del siglo XIX llamando a votar en elecciones del siglo XXI y nadie ha sido cuestionado por ello. Pero, dirán con toda lógica (socialista) que las opiniones del personaje-medio-básico, las del pueblo cubano y las del gobierno son una y la misma porque, después de todo, los medios de producción y de difusión masiva están en manos del pueblo que es lo mismo que decir gobierno o Estado. Así que tomemos las opiniones personales en Cuba como lo que son: opiniones veladas del enemigo capitalista. Porque, por mucho que los que aspiran a cuentapropistas de la opinión pública cubana nos quieran convencer de lo contrario, cuando el pueblo (o si lo prefieren, el Estado) es el único propietario de los medios de difusión masiva no hay espacio para otra cosa.       

martes, 31 de diciembre de 2019

Resumen del 2019, año de la Revolución sexagenaria

2019 fue el año de la mayoría de edad de la presidencia de Miguel Díaz-Canel, pieza fundamental en la más reciente ronda del jueguito de Monopoly que llevan jugando los Castro con Cuba por 60 años. Ya no se trataba de bailar casino y tocar tumbadora, como había hecho Díaz-Canel el año anterior, sino de consolar al pueblo por una catástrofe natural, estrenar Constitución, enfrentar una crisis y anotarse sus primeros muertos. Cierto que los muertos fueron perros, aunque para la sensibilidad de los millennials, era peor que si se tratara de humanos. Y el 2019 también fue el año en que la dirigencia de la ya sexagenaria Revolución Cubana ganó acceso pleno a Twitter: desde entonces no han tenido peor enemigo que esos mensajes que lanzan al mundo con la sensibilidad, la profundidad, la elegancia y la ortografía de un tatuaje de la Mara Salvatrucha.
Enero
-El 2019 empieza como debe ser: como una resaca del año anterior. En este caso se trata de la reacción a un tuit del presidente muppet Miguel Díaz-Canel en que se refería a "cubanos mal nacidos por error en Cuba" que "pueden ser peores que el enemigo que la ataca". Acostumbrado al Granma en que uno puede decir cualquier cosa impunemente, Díaz-Canel no estaba preparado para la respuesta a su repartición de actas de nacimiento de segunda clase: le dijeron de todo menos "bonito". Pero esa debacle en el mundo virtual no sería nada comparada con la que amenazaba en el real…
-… más exactamente en Venezuela donde una revuelta popular sacudía los cimientos del poder de Maduro y amenazaba con destruir uno de los principios básicos del internacionalismo proletario: el suministro gratuito de petróleo a Cuba. Con eso no se juega. De manera que los militares cubanos lucharon codo con codo junto a sus colegas venezolanos para contrarrestar una revuelta que amenazaba con dejar las casas cubanas más oscuras que las intenciones del imperialismo según el Granma. Porque al Periodo Especial no regresamos —se decían los militares cubanos— ni para coger impulso. Mientras tanto, fuerzas progresistas en todo el mundo rechazaban enérgicamente la intervención en Venezuela… del imperialismo yanqui.
-En La Habana, el Gobierno cubano se ve enfrentado a un enemigo tan peligroso como el imperialismo o Twitter (y casi tan demoledor como la misma Revolución): un tornado había atravesado buena parte de la capital arrasando todo a su paso. Pero más amenazadora que el mismo tornado fue la ayuda que algunos cubanos trataron hacerles llegar por cuenta propia a los damnificados. Por fortuna tales intentos fueron enérgicamente rechazados por las autoridades que sospechaban que tales ofrecimientos de ayuda estuvieran inspirados por el imperialismo norteamericano o por las revueltas venezolanas, si es que hay alguna diferencia. ¡Qué es eso de venirle con el cuento de la ayuda desinteresada a los inventores del internacionalismo proletario!
-El ministro de Turismo, Manuel Marrero, luego de recorrer los hoteles de la capital, tuitea que no hay de qué preocuparse. Que, a diferencia del resto de la ciudad, los hoteles funcionan a la perfección.  
-Para demostrar cuál era la manera más eficiente de responder a una catástrofe (nos referimos al tornado, no a la Sexagenaria), el Gobierno decide llevar adelante el tradicional desfile de antorchas para celebrar el nacimiento de José Martí, el Héroe Nacional, cuya casa natal no estuvo entre las afectadas por el tornado. Que las antorchas no llegaran a quemar la parte de la ciudad que quedaba en pie se considera como un nuevo triunfo de la Sexagenaria y una nueva derrota del imperialismo, que no es lo mismo pero es igual.
Febrero
-Mientras una comitiva, presidida presidencialmente por el presidente Díaz-Canel, inspeccionaba los barrios afectados por el tornado, vecinos de Regla captan con sus teléfonos celulares los instantes en que le gritan a Díaz-Canel "Descaraooooo". En las grabaciones también se puede apreciar cómo la caravana presidencial, reconociendo la profunda angustia e indignación que alienta dichos gritos, acelera y se pierde en lontananza. Esa tarde, el presidente Díaz-Canel impone nuevas marcas nacionales de velocidad y de memes.
-Un meteorito impacta la provincia de Pinar del Río pero, gracias a la rápida intervención de las autoridades, todos los restos del meteorito y los teléfonos que filmaron su caída son decomisados.
-Raúl "Tiñosa" Torres, cantautor insignia del movimiento artístico conocido como ñampiotrova, le dedica su nueva canción "Tambores de paz" al presidente venezolano Nicolás "Coñoetumadre" Maduro haciendo sospechar que el egresado suma cum laudem de la Ñico López ha fallecido.
-Alertado por la composición de Raúl "Tiñosa" Torres, el presidente norteamericano Donald Trump amenaza con invadir Venezuela y, haciendo alarde de sus conocimientos geográficos, parquea la VII Flota frente a las costas de Taiwán.  
-Alarmado por la situación de Venezuela el cantautor Silvio Rodríguez declara que "las verdaderas revoluciones son siempre difíciles" pero "para mantener el suministro de gasolina con el que hacer funcionar mi humilde automóvil hay que quemar el cielo si es preciso". Y añade "Cien mil o un millón yo pagaré", "¡Viva el harapo señor!", "Si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar" entre otras consignas.
-El evento más trascendental del mes, aparte de la celebración del Día de los Enamorados, es el referendo para aprobar la nueva Constitución cubana que, entre otras cuestiones, proponía que los homosexuales no existían pero, en caso de hacerlo, no habría que exterminarlos, algo que se ve como un gran paso de avance.  Las opciones del referéndum eran: a) dar el "SÍ" a la nueva Constitución socialista; b) responder que "NO" y —se especulaba— quedarse con la vieja Constitución socialista o regirse por el reglamento oficial del béisbol. Como era de esperar el Gobierno abogaba por el "SÍ", y parte de la oposición por el "NO". El sector más aguerrido de la oposición, en cambio, declaró traidor a todo el que votara a favor, en contra, o fuese visto esa mañana yendo a comprar pan.
-Luego de un ansioso conteo se declara oficialmente la derrota aplastante de los que optaron por ir a comprar pan.
Marzo
-Mariela Castro, a quien Dios creó para que en los resúmenes anuales no quede mes sin nada que decir, declaró a la prensa extranjera que en Cuba "no tenemos femicidios" y que eso era un "efecto de la Revolución". O más exactamente, de la prensa revolucionaria que nunca ha reportado un solo feminicidio por considerar un asunto de muy mal gusto dar noticias sobre hechos de sangre.
-En un acto de la FMC por el Día Internacional de la Mujer presidido por la federada honoraria Raúl Castro Ruz esta exclama (textualmente): "¡Viva la Federación de Mujeres que ha cumplido siempre las indicaciones del Comandante!", dando una idea bastante exacta de en qué consiste el feminismo patrio.
-Reportes de la prensa extranjera dan a conocer que el exastro del fútbol mundial y principal estímulo de la economía colombiana Diego Armando Maradona engendró al menos tres hijos con el concurso de dos cubanas distintas durante su estancia años atrás en la Isla para curarse de su adicción a consumir cocaína cada vez que respiraba (con su adicción a decir tonterías cada vez que abría la boca ni lo intentaron). De más está decir que el tratamiento fracasó, pero la noticia de su descendencia cubana resulta alentadora para el futuro del fútbol en la Isla.
Abril
-En un hecho sin precedentes para el ejercicio de las libertades públicas en las últimas seis décadas, un grupo de manifestantes desfila en La Habana en defensa de los derechos animales. Los organizadores de la manifestación declaran: "Esperamos que en un futuro no muy lejano los animales de nuestro país nos devuelvan el favor desfilando en defensa de los derechos humanos". En representación de la fauna patria, una jutía responde que los humanos no se hagan ilusiones, que no piensan dejarse arrastrar por tales provocaciones imperialistas.
-El descubrimiento de un cuarto hijo de Maradona en la Isla hace renacer la esperanza de que Cuba clasifique para el Mundial de Fútbol del 2026. O que aumente sus importaciones de productos colombianos.
-Guillermo García Frías, comandante de la Revolución y director de la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y Fauna, declara que "la jutía tiene un nivel de proteínas superior al de todas las carnes" y "estamos cultivando [sic] el avestruz […] y esta avestruz produce más [carne y huevos] que una vaca". "Estamos desarrollando siete granjas de avestruz [sic]", añade con la abierta intención de que a los televidentes se les haga la boca agua. Los expertos ven en estas declaraciones la respuesta del Gobierno a la manifestación en defensa de los derechos de los animales. Otros adivinan un desesperado intento por impulsar las dos mayores industrias cubanas de los últimos tiempos: el meme y el reguetón. (Y en efecto, al menos momentáneamente, el comandante de la Revolución destrona a Díaz-Canel como inspirador de unos y otros). En lo que todos concuerdan es que cuando en la Isla se habla del valor nutritivo de la jutía, la especie que realmente peligra es el gato doméstico.
-Con motivo de la celebración de la Bienal de La Habana el artista visual Luis Manuel Otero Alcántara convoca a una performance en la cual los vecinos de su barrio corren llevando consigo banderas norteamericanas. Haciendo uso del nuevo Decreto 349, que decide quién es o no artista en la Isla, la policía detiene a los participantes de la performance bajo los cargos de escándalo público, anexionismo rampante y tráfico de textiles a exceso de velocidad.
-En defensa de los intereses petroleros de Cuba, el pueblo venezolano, montado en una tanqueta, embiste a decenas de representantes del imperialismo que invaden, desarmados pero con las peores intenciones, las calles de la hermana república bolivariana.
-Grupos armados secuestran a dos médicos cubanos que se encontraban prestando servicios en Kenia.
Mayo
-Mariela "Encubanohayfeminicidios" Castro decide suspender la tradicional marcha contra la homofobia en La Habana temiendo que se malinterprete como un acto de complicidad con el imperialismo que invade las calles venezolanas. No obstante, un grupo de activistas LGTB deciden celebrar la marcha por su cuenta. Tras desfilar unas cuadras reciben la más enérgica repulsa de parte del pueblo uniformado (se sobreentiende que de policía), repulsa que toma la forma de cabezas partidas, detenciones y declaraciones de Mariela: se trata, dice, de "show convocado desde Miami y Matanzas, respaldado por funcionarios de la embajada de Estados Unidos y cubierto por la prensa extranjera". También llama a los organizadores de la marcha "lacayos del activismo mercenario", "enemigos de la libertad" y a quienes los secundaron "masa de ignorantes y esnobistas".  Y al redactor de este resumen lo deja sin palabras que estén a la altura de dichas declaraciones.
-Incautan en Panamá paquetes de droga procedentes de Cuba con destino a Turquía en un claro intento de demostrar una vez más que la Tierra es redonda.
-Como manera de evidenciar que los médicos secuestrados en Kenia solo se dedicaban a su profesión y no ejercían como espías, el Gobierno cubano no mueve un dedo para lograr su liberación ni vuelve a mencionar su secuestro.
Junio
-Mariela Castro, otrora ángel guardián de los gays del patio siempre que la obedecieran en todo, felicita al fundador de las UMAP y autor de sus días. "Querido papá, tengo muchas razones para felicitarte. Tu dedicación como padre en todos los momentos amables y difíciles del duro bregar de un revolucionario, son las coordenadas que recibo como tu valioso legado para la vida. No necesito más". Y a continuación ataca a Haydeé Milanés por criticar la represión a la marcha del mes anterior. Los observadores más optimistas ven en estas críticas un claro avance civilizatorio si se tiene en cuenta que, por muchísimo menos, décadas atrás el padre de Mariela, haciendo gala de su "duro bregar revolucionario", metió al padre de Haydeé en las UMAP. A eso es a lo que la hija debe referirse cuando habla de "tu valioso legado para la vida".
-Dianelys Alfonso Cartaya, cantante conocida como "La Diosa", le confiesa al youtuber Alex Otaola los maltratos físicos continuados que sufriera a manos de José Luis Cortés, músico premonitoriamente conocido como "El Tosco". La denuncia contra el músico, (quien el año anterior había tenido la precaución de soplarle un solo de flauta al monumento funerario conocido como El Mojón de Santa Ifigenia), es desestimada por colegas que destacan las cualidades de "El Tosco"… como virtuoso de la flauta. Los medios de prensa de la Isla asumen la denuncia con la misma energía que ante el secuestro de los médicos secuestrados en Kenia. O sea, ninguna.  
-Durante la Copa de Oro celebrada en Estados Unidos deserta el capitán de la selección cubana de fútbol Yasmani López. El presidente de la Federación Cubana de Fútbol llama a no sacar conclusiones pesimistas pues no descarta que sigan apareciendo nuevos hijos de Maradona en la Isla.
Julio
-Conceden indulto en Cuba a 2.604 presos. No son incluidos en el indulto ni los presos políticos (que como todos sabemos, no existen) ni los sancionados por delitos de violación, pederastia con violencia o sacrificio ilegal de ganado mayor. Las vacas suspiran aliviadas, no así las jutías ni las avestruces.
-La presidenta de la Asociación Nacional de Avestruces y Jutías de Corral (ANAJC) declara "No, no hay razones para sentirse optimistas. Mientras Guillermo García ande suelto no podremos respirar tranquilas".
-Unos mensajes homófobos intercambiados por el gobernador de Puerto Rico con algunos de sus colaboradores bastan para que los boricuas se lancen a la calle encabezados por los cantantes Residente, de Calle 13, Bad Bunny y Ricky Martin y consigan la renuncia del gobernador. Interrogado sobre los acontecimientos en la hermana isla, el presidente de la Asociación Cubana de Reguetoneros de Corral (ACURECO), Morrongón MC, declara que le parece muy bien lo que hagan sus colegas puertorriqueños (con los que espera hacer dúo en algún momento), pero que en Cuba el reguetón se considera una manifestación artística pura "como la ópera en Italia o la música clásica en Austria" y no se inmiscuye en política. Decir cosas como "Díaz-Canel es mi presidente y Raúl Castro, mi papá" es pura cuestión afectiva.
-El cardenal Jaime Ortega, luego de darle todo su apoyo espiritual al Gobierno por años y vituperar a la disidencia, hace un último sacrificio muriéndose el 26 de julio. Retroactivamente pasa a ser considerado asaltante al Moncada sin siquiera haberse acercado al cuartel en 1953. Igualito que el huésped de El Mojón de Santa Ifigenia.
-A los disidentes y periodistas independientes se les prohíbe asistir al entierro del cardenal Ortega bajo el lema de "¡El cementerio es para los revolucionarios!".
-Luego de un luctuoso silencio de dos días, el periódico Granma publica la grave noticia: tras sufrir dos derrotas consecutivas, Cuba ha sido eliminada de la competencia de béisbol de los Panamericanos de Lima. El periódico afirma: "No hay quien lleve en su pecho la cubanidad que se muestre indiferente ante la eliminación del equipo de béisbol en los Juegos Panamericanos de Lima. La pelota es sentimiento patrio, por cuyas entrañas pasan las raíces de nuestra nacionalidad, y de ahí emana su enorme responsabilidad social". De acuerdo con el Granma el béisbol, con esas entrañas atravesadas por raíces, pareciera un monstruo sacado de El laberinto del fauno  o de Alien.
Agosto
-Luego de que le pasen bareta un par de veces en el escalafón por el puesto de ministro de Cultura el viceministro Fernando Rojas anda decidido a destronar a Díaz-Canel en el campeonato nacional de memes. Tarea tanto o más dura que la de conquistar el trono ministerial. Así que cuando en las redes critican que su hija se pasee por Estados Unidos y se retrate junto a una bandera norteamericana, Rojas llama "estalinistas" a sus críticos. Y que no insistan o les dirá cosas peores. Como "castristas" o "fernandorrojas".
-El Granma publica un artículo en que se critica a los humoristas por no hacer bien su trabajo. "El humor criollo, el costumbrismo y el teatro vernáculo, siempre se han nutrido de todas las facetas de la vida política y social cubana, pero de esto a convertir en comodín humorístico (a veces no tan humorístico) todo cuanto 'huela' a institucionalidad […] es demasiado hiriente para miles de personas que asumen con mucho sacrificio aquellas tareas que, por lo general, nunca quieren ser tomadas por los más críticos.[...] ¿por qué no reírse un poco más del maceta, del que roba, del contrarrevolucionario, del que nos agrede y bloquea, del que hace de la sociedad un espacio carente de disciplina, del simulador, del vago y hasta de los seudoartistas o seudointelectuales?" Finalmente el Granma también recomienda a los humoristas que hagan un humor más sano y responsable. Como el que cultiva el viceministro Fernando Rojas.
-Siguiendo la moda de los viceministros volcados a la práctica del humor, la de Educación Superior se pregunta: "¿Se podría ser un profesor que no defienda a ultranza cada paso que se da en la Revolución?" Y se responde a sí misma (como en un dúo cómico al que le falte la mitad de los integrantes): "El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario". "O lo renunciamos" le falta añadir como acaban de hacer con la profesora Omara Ruiz Urquiola.
-El escritor Leonardo Padura, ante la carencia de presos en su propio país tras los indultos recientes, viaja a Brasil para visitar en prisión al expresidente Lula da Silva. Interrogado a la salida de la cárcel sobre qué opina de los que cumplen penas en su país, el escritor declara que ya se referirá al sacrificio ilegal de ganado mayor en su próximo libro titulado El hombre que amaba los bifes que narra la vida de un empleado de un matadero. En Siberia.
-La ministra de Educación declara en un tuit que "Los que no viven en Cuba no tienen derecho a criticarnos". Ante el aluvión de críticas que le cae aclara que no se refería a Padura porque "el compañero escritor tiene derecho a viajar a donde quiera".
Septiembre
-Todavía caliente el tuit anterior, el Ministerio de Educación saluda el nuevo curso escolar con un mensaje en el que una maestra posa junto a un pizarrón en el que se lee "Bienbenidos al nuevo curso escolar", desplazando del primer lugar del campeonato nacional de memes a Díaz-Canel, Mariela Castro y a todos los viceministros juntos.
-Tres futbolistas cubanos huyen de la concentración del equipo nacional que participa en la Liga de Naciones de la CONCACAF. El presidente de la Federación Cubana de Fútbol reconoce que, con tantas deserciones, ni siquiera el fecundo Maradona podría suministrar suficientes reemplazos.
-Se estrena en el Festival de Venecia la película La Red Avispa sobre los espías cubanos conocidos como "Los Cinco". Penélope Cruz, protagonista de la película, declara que "no siente" que los cubanos tengan "una libertad muy grande a la hora de hablar". Y añade: "yo misma me metí tanto en el personaje de cubana que cuando me preguntaban en un restaurante que cómo quería la carne respondía 'no vengo a hablar de política'. Como cualquier reguetonero de visita en Miami".  
-Comparece en televisión Miguel "Cuchara" Díaz-Canel en labores claramente presidenciales. Anuncia que tiene que darles a los cubanos una noticia mala y dos buenas. La mala es que al país solo le quedan 20 litros de petróleo hasta que llegue el próximo barco de Venezuela. Las buenas son que ese petróleo se encuentra en el tanque de su Mercedes Benz y que la crisis será solo coyuntural. Con esto la palabra "coyuntural" desplaza a todos los contrincantes en la lucha por el liderato del campeonato nacional de memes.
Octubre
-El crítico de arte y nuevo curador de la performance conocida como Revolución Cubana, Miguel Díaz-Canel, declara que "Nuestros conceptos de la normalidad han variado a partir de lo que hemos vivido", lo que traducido a lenguaje gentil significa que cuando se diga "hemos regresado a la normalidad" querrá decir "esto sigue de p… queridos amiguitos".
-En un intento de darle emoción a la performance titulada "La Revolución Cubana" se realizan elecciones presidenciales donde, sorprendentemente, es elegido el único candidato presente en las boletas. En efecto, nos referimos al artista conceptual y vigente campeón nacional de memes, Miguel Díaz-Canel.
-En una de las noticias más inesperadas del año muere la veterana prima ballerina assoluta del Ballet Nacional de Cuba Alicia Alonso. Su larga carrera se remontaba a la época en que El lago de los cisnes era todavía conocido como El lago de los pterodáctilos. Sin embargo, la bailarina aseguraba no haber tenido nada que ver con la extinción de estos. "Los pterodáctilos nunca llegaron a hacerme sombra", afirmaba una y otra vez.
-La cocina criolla es declarada al mismo tiempo Patrimonio Cultural de la Nación y especie en peligro de extinción.
-Temiendo perder el primer lugar en la competencia de memes, Díaz-Canel declara en Irlanda ante un grupo de compatriotas: "Nosotros por política y por sentimientos no excluimos a nadie, lo que pasa es que hay cubanos que se han excluido". Y que en Cuba "a nadie se le persigue por estar o no con la Revolución" ofreciendo, de paso, otra muestra del humor "inteligente" y "constructivo" que pide el Granma.
-Al analizar el legado de Alicia Alonso, el historiador del Ballet Nacional de Cuba Miguel Cabrera declara en televisión que no es que la fallecida fuera racista, sino que los negros son unos malagradecidos. "Alicia los hizo personas y todavía se quejan", insistió.
-Se inicia ola de protestas populares en Chile, Bolivia y Colombia dándoles la oportunidad a los cubanos de la Isla con acceso a las redes sociales a hablar de política y protestas sin tartamudear.
Noviembre
-El 5 de noviembre de 2019 pasará a la historia como la fecha en que el Gobierno de la Isla autorizó la revolucionaria licencia de pescador comercial. El día en que descubrió, por fin, el agua salada.
-Como parte de los preparativos para recibir la visita de los reyes de España en la capital, las autoridades se dedican a encarcelar disidentes y matar perros. Piensan, equivocadamente, que nadie va a reaccionar. Pero, para su sorpresa, el pueblo protesta enardecido. Por los perros. Según los expertos, esto se debe a que los perros cubanos, al igual que los reguetoneros, se cuidan mucho de hablar de política.
-Siguiendo los pasos de la visita de Barack Obama en 2016, el rey de España Felipe √36 camina por La Habana Vieja y le explica a Díaz-Canel en qué consiste ese extraño concepto que es la democracia. Fracasa, por supuesto, aunque no tanto como la reina Leticia cuando intenta explicarle a la Primera Dama del patio en qué consiste vestirse bien. El modelito usado por Lis Cuesta durante su paseo por la Habana Vieja, "casa de campaña con camuflaje otoñal", es declarado de inmediato campeón absoluto de los memes del año.
-Como parte de las celebraciones por el 500 aniversario de la fundación de la ciudad de La Habana se reinaugura el Mercado Único de Cuatro Caminos. El acto se convierte en una de las jornadas más heroicas vividas por los pobladores de esa ciudad desde de la toma de La Habana por los ingleses. No obstante, esta vez los habaneros asumen el papel de los asaltantes ingleses, mientras que en el de defensores del mercado-fortaleza se encuentran unas inermes latas de conservas que son saqueadas sin piedad. Tal es el ardor desplegado por los asaltantes que el Mercado debe cerrar por unos días, exhausto tras interpretar el exigente papel de Castillo del Morro.
-El viceministro de Cultura Fernando Rojas, frustrado ante las dificultades para ascender en el escalafón de su ministerio o el de los disputados memes nacionales, reta a unos tuiteros a pelearse en la esquina habanera de 17 y G. Y para que no queden dudas de su valor como persona y como carne de meme, se retrata en dicha esquina en posición de firmes con pantalón negro y guayabera punzó. El gesto lo saluda, agradecida, la plebe tuitera. El viceministro es como la televisión americana: no tiene cultura pero al menos entretiene.  
Diciembre
-A falta de pan: circo. Ante el cierre del Mercado de Cuatro Caminos y el plantón a Fernando Rojas en 17 y G el campo de batalla se desplaza a las redes sociales, donde los rivales —casi todos ellos practicantes de algún género musical en su tiempo libre— compiten para ver quién demuestra más coraje ante la cámara de su teléfono. Pocas veces la humanidad ha sido testigo de tales muestras de valor.
-Para reforzar su presencia en las redes, el Gobierno designa a Abel Prieto, expresidente de la UNEAC, exministro de Cultura y pitcher relevista del funcionariado cubano, como nuevo presidente de la Casa de las Américas. Como uno de los primeros actos de su nuevo mandato Prieto declara: "En Cuba nunca se prohibió a los Beatles". Al decirlo debió sentirse como el mago David Copperfield cuando hizo desaparecer la Estatua de la Libertad.
-En un nuevo capítulo de la serie Los guerreros de Facetime Descemer Good propone una campaña de alfabetización musical para ciertos colegas. En respuesta The Villager y Lil Silvio The Free estrenan canción en la que revelan la talla de supositorio que usa Good y, además de emplear en este elaborados símiles como "chancleta de baño" y "cabo de cenicero", proponen usar a su progenitora como instalación sanitaria.  
-Para hacer frente a las nuevas limitaciones en la producción de cerveza, el Gobierno prohíbe la venta de marcas nacionales en negocios privados. Lo hace con la profunda confianza de que, en un futuro, Abel Prieto, como ministro de la Industria Sideromecánica, afirmará que dicha prohibición nunca ocurrió.
-Es inaugurado en Cuba el Gran Muthu Rainbow, "primer hotel cubano destinado especialmente a personas gais, lesbianas, bisexuales, trans, intersexuales y queer". El nuevo hotel es operado por la empresa Gaviota, propiedad de las Fuerzas Armadas cubanas, institución con larga experiencia en el alojamiento de homosexuales desde los tiempos en que operaban las instalaciones conocidas como Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). "No obstante hay diferencias: las nuevas instalaciones son más cómodas que las anteriores", declaró un veterano gerente, "y esta vez los huéspedes no tendrán que trabajar. Con que paguen será suficiente. Como dice nuestro nuevo lema 'El dinero os hará libres'".
-Luego de echar mano a cuanto ha ido apareciendo por el camino, (próceres muertos, empresarios, músicos, niños balseros y hasta delfines) el exilio elige como faro, luz y guía al youtuber Alex Otaola. Este decide, como primer acto de su mandato, lanzar una campaña para suspender el envío a Cuba de remesas, recargas de teléfonos y todo lo que comience con re. De inmediato surge al otro lado de las trincheras virtuales la campaña "No más Otaola" que acusa al youtuber de "dividir a la familia cubana" y de causar la extinción de los almiquíes, la cocina criolla y Alicia Alonso, por ese orden.
-Díaz-Canel y su esposa, la modelo de artículos recreativos Lis Cuesta, visitan Argentina. Reunido con empresarios argentinos el presidente inflable los cuestiona por no invertir más en Cuba. "Siendo Argentina una de las economías más grandes de la región, no hemos tenido el dinamismo esperado del empresariado de ese país por participar en inversiones en Cuba". Los empresarios argentinos, por respeto a la visita, deciden no recordarle los Ford Falcon y los Chevys argentinos que siguen sin pagarles desde los años 70.
-De vuelta a Cuba, Díaz-Canel pide ayuda a los economistas del país para "desatar las fuerzas productivas". Luego de varios intentos los economistas declaran que resulta imposible desatar la economía mientras el presidente no suelte los dos extremos de la soga.
-En uno de los síntomas más claros del empeoramiento de la economía cubana el periodista oficialista Edmundo García, repatriado a Cuba desde hacía un año, regresa a Miami.
-En medio de tanta incertidumbre económica, una buena noticia para la economía familiar: ha trascendido que Raúl Guillermo "El Cangrejo" Rodríguez Castro, nieto del encargado de darle cuerda a Díaz-Canel, es quien controla el floreciente negocio de envío de paquetes a Cuba. Una buena noticia para la economía familiar de los Castro, quiero decir.
-Como parte de su "actualización del modelo económico", el Gobierno estudia eliminar la libreta de abastecimientos a aquellos cubanos residentes en el extranjero a excepción, claro está, de aquellos que se encuentren cumpliendo misión como los médicos, los entrenadores deportivos, Edmundo García y Descemer Good.
-Acostumbrado a que desde 1976 el jefe del Consejo de Estado y el del Consejo de Ministros fueran la misma persona, el Parlamento cubano cae por fin en cuenta que el primer ministro puede ser un humano distinto al presidente. Y elige a Manuel Marrero, ministro de Turismo y coronel en su vida inmediata anterior, que fuera el único candidato propuesto por Díaz-Canel, a quien a su vez se lo sugirió una voz que venía de lo alto que se parecía muchísimo a la del papá de Mariela y abuelo del Jeff Bezos de la paquetería local. Se especula si tener de primer ministro al antiguo ministro de Turismo significa que a partir de ahora a los cubanos los tratarán como a turistas o como a las maletas de los turistas cuando las bajan de los aviones. O sea, como siempre.