Debo
confesar que el viaje de Obama a Cuba ha superado mis expectativas. Aunque sea
por el hecho de que no esperaba nada de dicho viaje*. No es cinismo, apenas un ejercicio
elemental de memoria. Recordar cómo el régimen cubano ha sabido procesar y
sacarle partido al desfile de papas en un país en que se persiguió activamente
a la iglesia y aun ahora se restringe y margina su actividad me podía servir de
referencia y antídoto a cualquier entusiasmo previo. Debía saber –como ocurrió-
que Obama entraría en contacto con una realidad editada en detalle, ya fuera en
el ambiente íntimo de un restaurante privado o en el multitudinario de un estadio,
que encontraría frente a sí una escenografía diseñada para tratar de hacer
invisibles entre sí a visitantes y visitados.
Dicho
esto de todo lo que ha trascendido hasta ahora los momentos más luminosos de la
visita de Obama fueron en mi opinión dos. El primero fue el encuentro oficial entre Obama y Raúl Castro en el Palacio de la Revolución y la posterior rueda de prensa. Aunque si se piensa bien el mérito corresponde en buena medida al anfitrión quien con su torpeza habitual
contribuyó al realce del visitante y a recordarle de paso al público cubano cuán
lejos se encuentra su actual gobernante de ser un estadista más o menos
decente, cuán distante está de la realidad cubana en particular y de esa otra
realidad más general que abarca el mundo de las cosas sensibles. Denle un micrófono al General-Presidente y hará el ridículo. Denle un micrófono, unos audífonos y un par de preguntas incómodas y soltarás el bofe riéndote.
El discurso de hoy, dirigido al pueblo cubano, fue el segundo momento luminoso incluso aunque no estuviera a la altura de sus precedentes más memorables en circunstancias parecidas. Piensen por ejemplo en alocuciones
famosas como las de John F. Kennedy ("Ich
bin ein Berliner") y Ronald Reagan (Mr. Gorbachev, tear down this Wall!”)
en Berlín Occidental o en aquella famosa homilía de Juan Pablo II en Varsovia
en 1979. Nada más lejos, en fin, del estilo sosegado y conciliador del actual
ocupante de la Casa Blanca. No obstante Obama se permitió recordarle a su
audiencia cuál es el sentido profundo de la democracia, de repetir los
mandamientos básicos de la constitución americana y de citar una definición de
libertad de Martí (en español) que la persistencia de un régimen asfixiante
como el cubano consigue hacer subversiva: "La libertad es el derecho de
todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía". En fin,
mucho más de lo que está acostumbrado a escuchar el cubano promedio a través de
sus televisores aunque –habrá que reconocerlo- bastante menos de lo que se
atrevió a decir en 1998 el obispo santiaguero Pedro Meurice y que mal que bien
fue sepultado bajo la abrumadora maquinaria propagandística del castrismo.
De los
efectos profundos de esta visita en la psiquis colectiva de un pueblo
acostumbrado a un discurso de confrontación y mezquindad, de la manera en que los
cubanos procesarán el contraste entre un líder contemporáneo y esa cosa
anticuada que sólo propone como alternativas la pobreza y la obediencia (cuando
no las dos a la vez) solo se podrá hablar con el paso del tiempo. Lo que sí se
puede decir desde ahora es que todo lo ocurrido en esos dos días que los
periódicos de medio mundo calificaron como históricos incluso antes de que transcurrieran entraba más o menos dentro de la estrategia de riesgos calculados por el
régimen cubano. Que estaban dispuestos a soportar el despliegue épico de
buenismo presidencial con tal de que Obama, satisfecho de su esfuerzo –que no
fue poco y que me apresuro en reconocer- los ayudara a desatar el nudo de las
inversiones norteamericanas y del turismo masivo a la isla. (Si algo está claro es que Raúl Castro está tan interesado como Obama en dejar atrás las "batallas ideológicas del pasado": las divisas norteamericanas bien valen una ideología). Con las arcas venezolanas
entregadas al cultivo intensivo de telarañas tales riesgos más que aceptables
eran casi forzosos. Y con lo visto a lo largo de la visita no pareció un riesgo exagerado. Eso quizás explique por qué Raúl Castro, que a la llegada
de la comitiva presidencial no se dignó a aparecerse por el aeropuerto, ya en
la despedida los acompañara –solícito- hasta la escalerilla del Air Force One.
Y nada debería ser más preocupante para un demócrata que el súbito afecto de un
tirano.
*Tampoco hay que exagerar. Días antes de la visita el profesor Ted Henken se iba a reunir en la Casa Blanca a donde habían llamado para consultarlo. Generosamente nos pidió a un grupo de personas que le diéramos nuestras recomendaciones sobre dicha visita para transmitírselas a la Casa Blanca y esto fue lo que le escribí:
Querido Ted: Yo le recomendaría que bajo ningún concepto se reuniera con Fidel Castro porque tendría un peso simbólico altamente favorable al castrismo no justificado por ningún protocolo diplomático.Sí recomiendo que se reúna con los principales representantes de la disidencia (Berta Soler, Antonio Rodiles, Martha Beatriz Roque, José Daniel Ferrer, José Luis García “Antúnez”, Guillermo Fariñas, Oscar Elías Biscet, Manuel Cuesta Morúa, etc) y con miembros destacados de la sociedad civil cubana (Yoani Sánchez, Dagoberto Valdés, el Padre Conrado etc) en específico. Recomiendo también que sea el propio Obama quien ponga las condiciones del encuentro. Pero lo más importante de todo es dejar claro a Obama que su visita a Cuba se va a escenificar como una rendición del gobierno "imperialista" norteamericano al régimen cubano y todo esfuerzo que haga por romper esa percepción será poco pero ya que va a ir debería intentarlo. Estar alerta en todo momento a las "trampas" que le van a tender en ese sentido, no dejarse atrapar por el protocolo que sin dudas le van a imponer a cada paso. Tratar de romper dicho protocolo cada vez que pueda y mostrarse ante el pueblo cubano como un dirigente accesible, abierto, enérgico y espontáneo. Sería deseable que pudiera hablar en español pero en cualquier caso en su discurso puede trazar un paralelo entre los cambios que se están produciendo en todo el mundo, entre ellos el cambio de la política norteamericana hacia Cuba y la falta de cambios dentro de Cuba, país que se ha mantenido tantos años bajo el mando de una sola familia. Y que ninguna concepción de la política justifica la sistemática represión de los que manifiesten su desacuerdo con dicha concepción. Debería hablar de la necesidad de crear condiciones para que cada cual pueda expresar sus opiniones sin miedo a represalias. Y hablar en concreto del acceso a internet en particular y de la modernización de la sociedad en general. Y nada, muchas gracias por contar conmigo para esto y mucha suerte en tu "mision". Abrazos
*Tampoco hay que exagerar. Días antes de la visita el profesor Ted Henken se iba a reunir en la Casa Blanca a donde habían llamado para consultarlo. Generosamente nos pidió a un grupo de personas que le diéramos nuestras recomendaciones sobre dicha visita para transmitírselas a la Casa Blanca y esto fue lo que le escribí:
Querido Ted: Yo le recomendaría que bajo ningún concepto se reuniera con Fidel Castro porque tendría un peso simbólico altamente favorable al castrismo no justificado por ningún protocolo diplomático.Sí recomiendo que se reúna con los principales representantes de la disidencia (Berta Soler, Antonio Rodiles, Martha Beatriz Roque, José Daniel Ferrer, José Luis García “Antúnez”, Guillermo Fariñas, Oscar Elías Biscet, Manuel Cuesta Morúa, etc) y con miembros destacados de la sociedad civil cubana (Yoani Sánchez, Dagoberto Valdés, el Padre Conrado etc) en específico. Recomiendo también que sea el propio Obama quien ponga las condiciones del encuentro. Pero lo más importante de todo es dejar claro a Obama que su visita a Cuba se va a escenificar como una rendición del gobierno "imperialista" norteamericano al régimen cubano y todo esfuerzo que haga por romper esa percepción será poco pero ya que va a ir debería intentarlo. Estar alerta en todo momento a las "trampas" que le van a tender en ese sentido, no dejarse atrapar por el protocolo que sin dudas le van a imponer a cada paso. Tratar de romper dicho protocolo cada vez que pueda y mostrarse ante el pueblo cubano como un dirigente accesible, abierto, enérgico y espontáneo. Sería deseable que pudiera hablar en español pero en cualquier caso en su discurso puede trazar un paralelo entre los cambios que se están produciendo en todo el mundo, entre ellos el cambio de la política norteamericana hacia Cuba y la falta de cambios dentro de Cuba, país que se ha mantenido tantos años bajo el mando de una sola familia. Y que ninguna concepción de la política justifica la sistemática represión de los que manifiesten su desacuerdo con dicha concepción. Debería hablar de la necesidad de crear condiciones para que cada cual pueda expresar sus opiniones sin miedo a represalias. Y hablar en concreto del acceso a internet en particular y de la modernización de la sociedad en general. Y nada, muchas gracias por contar conmigo para esto y mucha suerte en tu "mision". Abrazos