jueves, 7 de febrero de 2008

30 de Febrero: una página olvidada (y heroica) del arte cubano o por qué Silvio Rodríguez se va para Chile (actualizado)


Tras imponer el récord nacional de cuatro exposiciones cerradas en dos años (ver partes 1, 2 y 3 de estas memorias) la Agrupación 30 de Febrero consideró seriamente pasar a la clandestinidad. No obstante luego de la malograda exposición “Del Bobo un pelo” fueron invitados a llevar esa misma exhibición al Museo del Humor de San Antonio de los Baños –pueblo natal de Eduardo Abela- dirigida en aquél entonces por Carlos Reig, un tipo entrañable que se había convertido en auténtico admirador de la obra de 30 de Febrero lo cual dice mucho de él. Dice ni más ni menos que estaba totalmente desquiciado.

Allá fueron los miembros de 30 de Febrero con sus reproducciones de caricaturas del Bobo, los objetos que le daban realidad corpórea pero con un nuevo título para la exposición: esta vez se llamaría “¿Quién le tiene miedo al Bobo?”

La inauguración no obstante transcurrió sin exhabruptos ni ningún incidente digno de mención si se exceptúa la aparición de un anciano en la exposición afirmando que él había conocido al Bobo (no a Abela el pintor) en persona reconociendo el traje de Abela que exhibíamos como perteneciente al Bobo como la vestimenta que solía usar la caricatura. Quedaba así confirmada la vieja teoría de que los límites entre realidad y ficción son prácticamente inexistentes una vez que se cumplen 80 años. No obstante la falta de incidentes desagradables en esta última exposición la creciente disminución de lugares donde no hubiéramos sido censurados recomendaba cierto recogimiento. De manera que la próxima exhibición de 30 de Febrero se celebró en la casa natal y residencia de uno de sus miembros, Armando Tejuca.

Lo que hubiera sido una irrelevante fiesta de cumpleaños se convirtió en la celebración del XXIV aniversario del natalicio de uno de los soldados desconocidos de la Historia del Arte Cubano y en la conversión de su casa natal en Monumento Nacional. Para ello se develó una tarja en la fachada del domicilio de los Tejuca en homenaje al natalicio del mencionado artista 24 años antes. La tarja si bien no era de bronce, como es preceptivo en estos casos, sino de cartón corrugado tenía en cambio una pátina que la hacía parecer hecha de aquél noble material. Junto a esto se procedió a colocar tablillas explicativas junto a los principales objetos domésticos que habían rodeado la vida de tan insigne figura. Junto al televisor Caribe se colocó una tablilla que explicaba que en él Tejuca había descubierto el rico acervo cultural y la magia que trasmitían los muñequitos rusos. El reloj contador de la electricidad con su bajísimo consumo de kilovatios hora se presentaba al visitante como una muestra del espíritu ascético en que había sido forjado el pintor. A la mesa de alambrón y madera del comedor nos referíamos como una muestra típica del realismo socialista tardío donde además de practicarse la tradicional dieta cubana baja en sustancias comestibles el pintor había elaborado algunas de sus obras más importantes incluyendo las piñatas de cumpleaños que luego vendía para romper la dieta típica.

La celebración del aniversario aquella noche fue todo un éxito que incluyó además un interesante performance llevado a cabo por Castillo, uno de los integrantes originales de 30 de Febrero. Este consistió en aparecerse en la casa con su novia y con una ex novia reciente representando el papel de amiga de la pareja hasta que en algún momento de la noche la amiga volvió al papel de ex -novia en su variante despechada con llantos e hipidos lo que le dio la oportunidad a Castillo exhibir expresiones de asombro que todos calificamos de impresionantes por su realismo. (El susodicho Castillo llevó su performance algo más lejos meses después al casarse con la ex novia en sonada ceremonia, performance que concluyó, como es lógico con el divorcio de ambos).

En el tiempo de vida que le quedaba a 30 de Febrero se desarrollaron varios proyectos con variable fortuna. Uno de ellos fue la exposición “Hagan juego, compañeros” en el ya mencionado Museo del Humor de San Antonio de los Baños con el beneplácito del no menos mencionado y entusiasta Carlos Reig. Consistía esta en la instalación de una especie de ludoteca o colección de juegos infantiles con la que los visitantes a la exposición podrían interactuar libremente. Estos juegos, en franca ruptura conceptual con los juegos tradicionales no se basaban en la competencia de los jugadores que incentivaban las sociedades basadas en la explotación. Más acorde con los principios socialistas los juegos que proponíamos apelaban a la solidaridad de los jugadores sin dar espacio al principio clasista de ganadores y vencidos. Incluimos también un juego de ajedrez en el que todos eran peones negros en un intento de borrar el carácter clasista y discriminatorio que ostenta el juego original.

No obstante la pieza principal de la exposición era un juego de tracción de la soga en el que, a diferencia del juego tradicional, la soga estaba atada en su centro a una columna de manera que por mucho que tiraran por sus extremos los equipos contrarios ninguno de los bandos se vería arrastrado a la derrota. Había que ver la cara de los niños a los que se les pedía que jugaran con la soga cuando veían que por mucho que halaran no se movían del lugar. Pura poesía.
Paralelamente los integrantes de 30 de Febrero habían desarrollado una serie de colaboraciones gráficas con las que no llegó muy lejos. Sólo justo hasta el mencionado Museo del Humor. Por una parte trabajamos en una serie de caricaturas que tenía por personajes principales a una abuela y una nieta que intentaban un discreto homenaje al Bobo de Abela con una mezcla similar de ingenuidad e ironía. Otro proyecto que recuerdo de aquellos días fue la pieza titulada Eterno Baraguá en alusión a la frase famosa en esos día de que “Cuba es y será un eterno Baraguá”.
Esta frase aludía a la famosa reunión que tuvo lugar en 1878 en Mangos de Baraguá en la que Antonio Maceo le informó al general español Arsenio Martínez Campos que los insurrectos que le acompañaban estaban dispuestos a seguir luchando por la independencia de Cuba. Aunque según los informes históricos la reunión no pasó de una hora y no mucho después Maceo marchaba al exilio y la guerra terminaba la actual dirección del país, (no diré nombres) había decidido que la actitud de aquella reunión era la que debería seguir la nación por toda la eternidad.
La pieza entonces consistía en reproducciones de dicha reunión dispuestas en círculo en la que los personajes desarrollaban un diálogo igualmente circular en el que la conversación regresaba una y otra vez al punto de partida. Si bien creamos los bocetos y los diálogos no llegamos a ejecutar la obra propiamente dicha convencidos de que la locura del director del Museo del Humor no estaba lo suficientemente avanzada como para admitir algo así.

Ya entrado el año 93 la actividad de 30 de Febrero como grupo iba disminuyendo hecho que no sé si atribuirlo al agotamiento del proyecto, o al de los integrantes de que les cerraran una exposición tras otra siempre que no fuera en la patria chica del creador del Bobo de Abela. Estábamos en esos días –junto a un buen grupo de escritores, artistas y actores- enfrascados en la creación de la revista de humor Aquelarre y de un festival de igual nombre. La historia de Aquelarre (tanto la revista como el festival) es harina de otro costal según he contado en otra parte. Si los menciono es porque tanto una como otro aparecieron las últimas muestras del revolucionario arte de 30 de Febrero. En la revista (que vió la luz un año después del primer festival Aquelarre y se la apagaron apenas empezó a ser distribuida) apareció un texto firmado por Castillo y Tejuca como 30 de Febrero mientras yo publicaba un ensayo y un cuento con mi propio nombre.

En el festival, que estaba concebido como espacio en el que se presentarían obras humorísticas de varias disciplinas (artes plásticas, cine, literatura y teatro que era el plato fuerte), decidimos presentar un proyecto de arquitectura.
Pasaba yo un día por la empresa de arquitectura donde trabajaba Tejuca como ingeniero civil (como todos recuerdan al menos menos en la década del 90 que fue en la que transcurrió toda mi experiencia laboral cubana los centros trabajo eran ante todo un lugar para recibir visitas de amigos) cuando vi una maqueta un tanto destartalada en un rincón de la oficina. No sé bien cómo empezamos a fantasear con las posibilidades de que aquella ruina en miniatura podría convertirse en la maqueta del Museo del Período Especial. El tejado, explicábamos a los arquitectos que andaban por ahí, sería dedicado a centro de entrenamiento de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) y cada una de las salas estaría dedicada a las diferentes carencias que nos había ofrecido generosamente el llamado período especial entre las que brillaban con luz propia la de electricidad y de comida. De ahí a pasar a los hechos, es decir, llegar a la decisión de que el Museo del Período Especial sería la pieza que representaría a 30 de Febrero en el festival Aquelarre no hubo más que un paso que consistió básicamente en amarrar la maqueta a mi bicicleta y llevarla al teatro Mella donde se celebraba el festival. La maqueta no llegó siquiera a entrar en el teatro. Viéndome llegar el que era en aquél entonces el presidente de la Asociación Hermanos Saíz me preguntó de qué se trataba y al explicárselo, todavía no entiendo bien por qué, me dijo que dicha obra no podría formar parte del festival. Quizás sería porque la arquitectura no formaba parte de las disciplinas que competían en el festival y considerara injusto que ganáramos algún premio por falta de competencia. Sospecho que me haya dicho que ese no era el momento apropiado, o el lugar apropiado y en ese último caso no se estaría refiriendo al teatro sino a todo el país. Y si ese no era el país apropiado ¿cuál sería? porque dudo que en París o en Amsterdam alguien se vaya a reír con chistes sobre el Período Especial aunque sea porque a ellos no les ha tocado tan fuerte. En fin, que no recuerdo las razones específicas que me dio pero sí recuerdo que me dijo que para que yo entrara con aquella maqueta en el teatro tendría que pasar por encima de su cadáver. Confieso que estuve a punto de tomarle la palabra pero luego de una breve reflexión concluí que nuestra participación en la exposición del festival no merecía que el sacrificio de una vida humana: me refiero a la mía porque luego de matar a un dirigente de la Juventud (Comunista) en plena calle Línea el fusilamiento no me lo quitaba nadie (y eso sin contar con la dificultad técnica que supone matar a alguien con una maqueta de cartón).

Pues esta es más o menos la historia de 30 de Febrero de la que sospecho que Gerardo Mosquera y compañía no deben estar enterados ya sea por mala intención o simple negligencia. Nosotros, mientras tanto, proseguimos tranquilos con nuestras labores, ya hoy por otros rumbos, confiados en que algún día la Historia del Arte Cubano reconocerá nuestra condición de pioneros como mismo lo hizo en su momento la Unión de Pioneros de Cuba.
(Si los volví a joder con lo de Silvio se lo tienen merecido)

13 comentarios:

Inesita Correcalle dijo...

Enrisco, esto no viene a cuento con este artículo, pero es que no has posteado todavía nada sobre el intercambio entre "la cabeza" (Alarcón) y los muchachos de cibernética. La respuesta del cabezón da risa. Lo único que hizo fue ofender la inteligencia de los interlocutores.
Muy bueno el numerito del alumno que quiere ir a rendirle homenaje al Ché donde cayó, pagándolo con sus ahorros. Le quedó tan pintado, que la respuesta de la cabeza fue una estupidez.
Mi hermano, allá en la Habana, planteó en su centro de trabajo que él quiere rendirle homenaje a Martin Luther King jr. en el lugar dónde fuera asesinado.
El pobre, no da pie con bola. Cuando la guerra de las Malvinas fue al Comité Militar para presentarse como voluntario e ir a combatir contra los ingleses, pero tampoco lo dejaron...

Anónimo dijo...

Hay eventos que han sido obviados, por su aparente poca relevancia y por razones de espacio.

Lo pongo aquí, para los que han seguido cada entrega de esta historia, puedan conocer otros detalles que ya son de colección.

En la sonada fiesta de boda del Castillo, Enrisco le emuló con un perfomance no menos rimbombante. Hay que reconocer que asomó lo que vendría después con un hecho que pocos notaron como un anuncio: sacó de su mochila (prenda que lo acompañaba habitualmente y podía contener los objetos más insospechados) un cassette de Charly García y lo puso a sonar.

Veló por un rato que nadie le quitara su música (porque amenazas de hacerlo sobraban) y se escurrió entre los matorrales. Llovía a cántaros esa tarde. Apareció, ya al compás de una música mucho más apropiada para la ocasión que se celebraba. Estaba mojado y conservaba restos vegetales que hacían notar que todo el tiempo de su ausencia habría estado librando desigual batalla con (y en) la manigua de los jardines de La Tropical.

Pocos conocen lo que sucedió durante su ausencia del salón. Algunos se lo atribuyeron a cierta debilidad por la biología y no se equivocaron.

Próxima entrega de la historia no oficial de la Agrupación 30 de Febrero: Cuando por fin Silvio se radique en Chile.

enrisco dijo...

coño yo te hacia movilizado. me ibaginaba que te ibas a poner a contar esa historia. Lo que no me acordaba era lo de Charly Garcia (hay que tener cojones -en el peor sentido- para poner eso en una fiesta en Cuba) pero si lo dices debe ser verdad. te falto decir que regrese protestando porque no habia alcanzado cerveza.

el fume dijo...

Yo voy a llenar un poco la historia desde mi posición de público.

Si mal no recuerdo fue la exposición “Hagan juegos, compañeros” que se inauguró durante un Festival del Humor en San Antonio, a principios del año 93. Enrique me había dicho que una guagüita salía de la UPEC hacia el festival el domingo y para allí salí con un grupo de socios. Nuestro objetivo era visitar la exposición de 30 de Febrero pero el destino (?!) nos lo impidió ese día. En la guagua viajaban con nosotros algunos periodistas acreditados para el festival y al llegar a San Antonio, al no saber donde quedaba el Museo del Humor, nos pusimos a seguirlos. Los tipos entraron a un edificio y tras pasar algunas escaleras y pasillos llegamos a un bar con aire acondicionado. Allí se podía comprar ron, cerveza y hamburguesas. En la Cuba del año 93 eso era como encontrarse la lámpara de Aladino. Pronto nos dimos cuenta que aquello era un lugar para el personal acreditado (que nosotros no éramos) y que si salíamos de allí no podríamos volver a entrar a aquel pequeño paraíso.

El dolor que sentíamos en nuestras almas al perdernos uno de los momentos más trascendentales en la Historia de la Cultura Cubana lo aliviamos con muchas cervezas, tragos de ron y hamburguesas (sólo una por persona) que compramos en aquel aire-acondicionádico lugar y con música a nuestro gusto. Sí, porque para colmo practicamente éramos los únicos clientes del lugar y el DJ se hizo socio nuestro y ponía lo que le pedíamos. Nos marchamos de allí al final de la tarde cuando la guagua de la UPEC regresaba al Vedado. O sea, que estuvimos un día entero en San Antonio sin ver nada del festival o la exposición.

Al otro día, al salir del trabajo (a pesar de la resaca), me decidí ir a ver la exposición. Cogí una botella que me dejó en las afueras de la Habana y allí unos “amarillos” me pararon un camión que me llevó hasta San Antonio. Sin sacudirme el polvo del camino pregunté donde estaba el Museo del Humor y hacia allí me fui para descubrir que los lunes el museo estaba cerrado. Por suerte el CVP se hablandó con mi trova de admiración por la obra del célebre 30 de Febrero y me dejó pasar. Eso sí, las luces del museo no se podían encender. Tengo que confesar que en la penumbra del anochecer, sin público y con el viejo guardián tres pasos detrás de mí no pude disfrutar la exposición con el placer que se merecía. Quince minutos más tarde cogí el trencito que llevaba a la terminal de Tulipán y regresé a mi casa.

Infortunato Liborio del Campo dijo...

Una sola duda, mejor dos:

1- ¿El televisor Caribe también era de cartón?

2- Eh!... ¿Y Silvio?

Anónimo dijo...

Contra compadre, por su culpa me van a botar del trabajo. Hasta el jefe vino a preguntarme de que me reia tanto. Lo peor es que aqui nadie habla espanol, mucho menos lo lee, lo que impidio que entendieran a cabalidad el motivo de mis carcajadas. Incluso me has hecho llorar!!!

machetico dijo...

Excelente relato. Muchos otros proyectos de jóvenes artistas y jodedores profesionales de aquella época resultaron también medio frustrados por falta de mosquerización. Parece que el acceso al mosquero estaba también muy racionado. No obstante, el destino es sabio e irónico a veces. Hoy día, en Miami, otro Mosquera de signo diferente hace mucho por artistas emergentes y establecidos (y ya no tan jóvenes) desde su proyecto de Art@Work y su Farside Gallery. Años antes de ese show de San Antonio (no muchos), Lesbia Vent Dumois, ayudada por su esposo Carmelo González organizaron una exhibición-ludoteca en la Casa de las Américas, cuyas imágenes quedaron parcialmente documentadas en respectivo número de la revista homónima. Tal proyecto oficial sí recibió todo tipo de apoyo, por supuesto, pero no debe haber tenido el mismo ambiente de libertad, o al menos de alegría y buen ánimo que el de los muchachos del 30 de febrero. Hablando un poco más en serio, por qué no se hacen lo del Bobo de nuevo en Miami o NY? La vigencia y lo útil de ese personaje son eternos. Un saludo.

enrisco dijo...

como diria la madre de calixto garcia: "ese es mi socio el fumero". nadie en la habana de los 90 era capaz de hacer cosas asi una y otra vez con tal de asistir a una exposicion, una lectura o un concierto. gracias de nuevo hermanito.

enrisco dijo...

machetico, si me acuerdo de aquella ludoteca en casa de las americas. fue por septiembre u octubre de 1989. me gusto bastante y seguro tuvo algo que ver con la idea de "Hagan juego companneros" en la que ademas nos burlabamos de la supuesta solidaridad del socialismo. en cuanto a reproducir esas cosas en Miami ahora no le veo demasiado sentido. pierde casi todo su encanto sin la complicidad natural que existe en un lugar donde esta prohibido casi todo.

Armando Tejuca dijo...

pues que puedo decir con esta foto en mi casa el dia del cumpleaños 24?, con mi sobrino mauricio acabado de nacer y los socios por doquier,recuerdos y mas recuerdos... lo mas jodio es que parece que fue ayer, sin embargo debo confesar que nuestro Enrisco tiene mucha mas memoria que nadie eh, pues en eso de los detalles eres un mostruo y que lo diga Castillo.
que grata alegria ver las palabras del Fumero, el cual aparece en una de las fotos junto a nosotros casi esfumandose por lo "bueno del material fotografico", era el fume un juglar en la habana de los 80 y principio de los 90, con una risa constante y una informacion superbuena sobre cualquier actividad que se hiciera, era una revista cartelera andante y mejor, pues nusetras expos ni las programaban en las revistas, un abrazo para ti Fumero.
el teju

Anónimo dijo...

A propósito del ridículo de Alarcón con los estudiantes de la UCI y el planteamiento de uno de ellos sobre el voto unido: ¿alguien me puede decir si es cierto que en el 98 hubo "crucesitas para todo el mundo"?
Mi hipótesis es que en ese año de finales del XX pasaron con ficha y solo se eligieron los delegados de circunscripción de siempre. Ahora crean la leyenda en el Granma y otros medios de que las "elecciones generales" se han hecho sin interrupción desde el 93, y hasta citan porcentajes del 98 que son puro invento, porque no pueden existir.
Dígame alguien más informado si estoy en lo cierto.

el fume dijo...

Enrique,

Los agradecimientos son mutuos. Ustedes ponían el trabajo y el talento, yo ponía la asistencia y el disfrute.

Teju, espero que lo de juglar lo digas por lo de andariego o quizás por el aspecto porque en lo musical yo nunca he pasado de dos o tres acordes. Eso fue aprendido con una guitarrita rusa en un albergue de la Lenin junto a algunos socios (entre ellos Boris de Habana Abierta) pero de los acordes de "Guantanamera", "Let it be" y "Smoke on the water" nunca pasé.
Por lo del aspecto recuerdo una vez que estaba sentado en un cine habanero esperando a que empezara la película. Al lado se me sentó una señora de unos 60 años y sin introducción o presentación me soltó:
-Y tú en qué grupo tocas?
- Cómo que en qué grupo? En ninguno. - respondí
- Pero con esa ropa tú tienes que ser músico!
Quizás la vieja no era más que una jodedora que me estaba dando cuero pero yo creo que ella sinceramente no podía entender que yo fuese otra cosa que músico con mi facha. Y lo que sí no podía aceptar es que yo fuese físico nuclear.

Bueno, un abrazo, aceríbiris.

Alex dijo...

Ya sé lo que este post tiene que ver con Silvio: "Llegué por San Antonio de los Baños, cuando me fue imposible no exhibir..."