domingo, 28 de febrero de 2021

Poetas en Nueva York

 


Nueva York siempre ha inspirado a los poetas de lengua española. Es llegar y ponerse a escribir versos. Como si entraran en trance.

No es que sea una ciudad muy poética que digamos. Debe ser el contraste.

Viene el poeta con la cabeza llena de pájaros y le preguntan que a cuánto vende la libra de pájaros.

No sabe qué contestar y lo dejan con la palabra en la boca. Entonces el poeta, desolado, se aplica febrilmente a demostrar que sí tiene algo importante que decir.

Algo así le pasó al primero, el cubano José María Heredia. Llegó a la ciudad el 22 de diciembre de 1823 dispuesto a comérsela viva pero el frío y el inglés lo hicieron huir año y medio después, como el peligro a que lo fusilaran los españoles lo había hecho huir de Cuba.

Pero antes de abandonar Nueva York alcanzó a publicar su primer libro de poesía y un brinquito que se dio a las cataratas del Niágara le inspiró su poema más famoso.

Está el caso de su compatriota José Martí quien durante sus quince años en Nueva York se aburrió de escribir poemas hasta que regresó a Cuba a servirle de tiro al blanco a las tropas españolas.

Ya para entonces Nueva York era el paradigma de la modernidad capitalista que Martí se dio gusto de explicarle al resto de Latinoamérica mientras se quejaba de la falta de espíritu poético de la ciudad.

Estando todavía en la ciudad lo visitó el gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Darío acababa de ser designado cónsul de Colombia en Buenos Aires y de alguna manera consiguió convencer al que sacaba los pasajes que el camino más corto a Argentina pasaba por Nueva York y París.

También visitó las cataratas del Niágara pero le parecieron inferiores al poema de Heredia. Más húmedas, supongo. Darío visitó Nueva York dos veces más. En 1907 y en 1914.

La última visita no le fue especialmente agradable. Andaba corto de dinero y encima contrajo neumonía doble.

Archer Huntington, presidente de la Hispanic Society le ofreció dinero pero Darío solo aceptó quinientos dólares y, para mantenerse, escribió artículos para el periódico en español La Prensa.

    El New York Times lo anunció como poeta sudamericano y, en venganza Darío describió la ciudad así:

    “Casas de cincuenta pisos, Servidumbre de color,/ Millones de circuncisos,/ Máquinas, diarios, avisos,/ Y dolor, dolor, dolor”.

    En la primavera de 1905 Darío saldría para Guatemala invitado por su presidente Manuel Estrada Cabrera, un señor que ganaba elecciones y amansaba volcanes por decreto y celebraba festividades a la diosa Minerva para gloria suya.

    No es que el poeta apreciara mucho al amansavolcanes pero este prometió encargarse de los gastos de estancia y Darío se marchó de Nueva York sin saber que le quedaba menos de un año de vida.

    Al año siguiente llegó a la ciudad el poeta español Juan Ramón Jiménez para casarse con su compatriota Zenobia Camprubí en la iglesia de St. Stephens (en la 69 entre Columbus y Broadway).

    No estuvo en la ciudad mucho tiempo pero el viaje le sirvió de pretexto para escribir su Diario de un poeta recién casado en el que lo mismo llama a la ciudad “maravillosa Nueva York” que “el marimacho de las uñas sucias”, whatever it means.

    Pero el más famoso de los encuentros poéticos en español con Nueva York fue el de Federico García Lorca entre 1929 y 1930. Más que encuentro fue un choque.

    El cantante de los campos verdes y los gitanos multicolores se puso a escribir cosas como:

    “Debajo de las multiplicaciones/ hay una gota de sangre de pato; debajo de las divisiones/ hay una gota de sangre de marinero”.

    Como si hubiera confundido un tomacorrientes con su tintero y los versos le salieran electrocutados.

    Su Poeta en Nueva York no aparecería hasta después de que los franquistas lo usaran de diana y, para desgracia de la poesía, acertaran.

    sábado, 20 de febrero de 2021

    Cuando la Madre Patria se acordó de sus hijos*


     Hubo un tiempo en que el español se puso de moda en Nueva York. Fue por allá, por los tiempos de la Primera Guerra Mundial. En 1917 Estados Unidos entraba en guerra con Alemania cuando se dio cuenta de que su segunda lengua, la más frecuente en el sistema escolar, aparte del inglés era precisamente el alemán. En su lugar la lengua que encontró más a mano era el español. Era la lengua de los países latinoamericanos con los que había intensificado el comercio ahora que se hacía tan complicado hacerlo con Europa. Así fue como los estudiantes gringos aprendieron a decir ¿Dón-de es-tá la bi-blio-te-ca?” y “El pe-rro se co-mió la ta-rea”.

    Por su parte España andaba interesada en recuperar el terreno perdido tras las guerras de independencia hispanoamericana del siglo XIX y sobre todo tras la Guerra hispanoamericana en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Lo que había sido una contienda “arrancapescuezo” hasta apenas unos años antes, podía verse ahora como mero malentendido familiar. Malentendido que la Madre Patria estaba dispuesta a perdonar. Porque así son las madres, de corazón grande y generoso, comprensivas con las pataletas de los hijos. Una cosa es que los hijos se hagan independientes y otra es que ni siquiera les echen una cartica en el correo contándoles cómo les va.

    La carnada para la recuperación del amor perdido por la Madre Patria fue el idioma y la cultura comunes. Y el montón de españoles que seguía emigrando a América cada año porque a veces la Madre Patria era inhabitable para los mismos españoles. Así se pusieron de moda términos como “la hispanidad” o “la raza”. La española Unión Iberoamericana se propuso “estrechar las relaciones sociales, económicas, científicas, literarias y artísticas de España, Portugal y las naciones americanas”.

    Echaron mano, por supuesto, a Cristóbal Colón, el genovés que murió creyendo que Cuba era una isla japonesa. En 1913 Faustino Rodríguez San-Pedro, presidente de la Unión Iberoamericana, propuso celebrar la Fiesta de la Raza el día en que Colón había desembarcado en una isla de las Bahamas, el 12 de octubre. ¿No venían celebrando los italianos el Colombus’s Day desde 1909? ¿Cuál era el problema con que los hispanoamericanos celebraran el día en que sus recontratatarabuelos paternos empezaron a machacarles la vida a sus recontratatarabuelos maternos?

    O como lo dijera tan lindamente la susodicha Unión, el 12 de octubre serviría para celebrar “la intimidad espiritual existente entre la Nación descubridora y civilizadora y las formadas en el suelo americano, hoy prósperos Estados”. Mamá Patria, siempre tan generosa, recordándoles a los hijos todo lo que hizo por ellos.

    La moda de la hispanidad prendió por un tiempo en Nueva York. En 1916 Federico de Onís fue enviado a Nueva York para ocupar la cátedra de Español de la Universidad de Columbia y en 1920 se creó en dicha universidad el Instituto de las Españas que luego se convertiría en la Casa Hispánica, todavía vigente.

    Desde España trajeron intelectuales para explicar la grandeza de la cultura española pero cuando en 1929 llegó el poeta Federico García Lorca más que explicar nada quedó tan sobrecogido por la monstruosa imagen que le ofrecía la urbe norteamericana que los poemas resultantes no se atrevieron a publicarlos hasta cuando llevaba un rato muerto.

    En 1927 se hicieron planes grandiosos para propagar la idea de la Hispanidad en Nueva York. Para ello se importarían más intelectuales de España. (Una cosa era hablar de “intimidad espiritual” y otra muy distinta tener en cuenta a los boricuas de El Barrio). Para estrechar los lazos de la antigua metrópoli con sus ex-colonias se construiría una grandiosa Casa de las Españas en la capital del mundo. Pero entonces llegó la depresión. La Gran Depresión, quiero decir. Y el retorno de la grandeza española quedó, como la búsqueda de El Dorado, en puro delirio.

    *Publicado en Nuestra Voz

    viernes, 19 de febrero de 2021

    La historia según Disney Channel*


    Como sabemos la culpa de todo lo malo que sucede en clases la tienen los estudiantes.

    No entienden lo que explicamos, o lo entienden con demasiada literalidad; o bien padecen una penosa falta de referencias culturales para interpretar algo más allá de lo que entra por sus audífonos; o, si no, les falta sutileza para entender la complejidad de lo real y les sobra engreimiento para suponer que están equivocados. Y, por tanto, los profesores somos perfectamente inocentes pues no pasar de ser piezas de un sistema educativo encargado de mantenerlos entretenidos mientras atraviesan la ardua labor de graduarse de un nivel tras otro.

    ¿No está de acuerdo con lo anterior? Pues no se preocupe. Como Groucho Marx, tengo otros principios. Puedo afirmar que son los profesores los únicos responsables de que los estudiantes sean… bueno, eso que acabo de decir. Como si los niños salieran directamente de alguna incubadora a nuestras aulas. Como si no existieran las películas, los video juegos, Disney Channel o los abogados de los padres de los alumnos. Pero si no le convencen ninguna de las dos opciones anteriores quizás concordará con una tercera teoría y es que algo tendremos que ver con la actual condición de nuestros estudiantes.

    Si vamos empezar por algún sitio mejor que sea por un extremo. Como la noticia de que un panel compuesto por miembros del distrito escolar de San Francisco decidió renombrar más de un tercio de las 125 escuelas que lo componen por considerarlos “inapropiados”. ¿La razón? Eliminar cualquier rastro de “alguien o algo asociado con la esclavitud, el genocidio, la colonización, la explotación y la opresión entre otros factores”. Entre los nombres no aptos para adornar la fachada de las escuelas se encontraban los de George Washington, Abraham Lincoln y alguno de los dos Roosevelt. Casi nada.

    No es la primera vez que la humanidad padece fiebres iconoclastas. Ya las experimentaron el imperio de Bizancio, la Europa protestante, o todo cambio de régimen más o menos abrupto. Los viejos ídolos deben ceder su espacio en el panteón colectivo a otros nuevos. La actual cruzada iconoclasta que sacude Estados Unidos empezó promoviendo el derribo de las estatuas de líderes confederados pero se ha ido extendiendo a destacados luchadores contra los esclavistas del Sur, incluidos el presidente Abraham Lincoln y el general Ulysses Grant. Pero si la cruzada empezó como asunto de adolescentes airados atacando estatuas con nocturnidad y alevosía ahora es iniciativa oficial del distrito de educación de una de las ciudades más importantes del país.

    No se trata de discutir si los nombres de Washington o Lincoln, además de las ciudades, puentes y túneles dedicados a su memoria, necesitan figurar a la entrada de un par de escuelas en San Francisco. Se trata del síntoma. ¿Realmente suponen que la vida de sus estudiantes mejorará porque nuestras reverencias cambien de ídolos? Pero más preocupante aun es la concepción de la historia que late bajo tales censuras. Un pasado esterilizado de opresiones, ajeno a cualquier manifestación del mal. O sea, un mundo solo posible a costa de engañarse mucho, de desconocer la complicada naturaleza del ser humano.

    Preocupante es que los encargados de educar al futuro de la nación lo hagan desde una visión con la profundidad moral de Disney Channel aunque el contenido y el signo ideológico sean muy distintos. Una educación que, lejos de analizar el pasado en su irreductible complejidad, se limite a someterlo a cierto ideal contemporáneo de pureza, lo más seguro es que induzca, con ese impulso torpe y devastador que da la ignorancia impetuosa, a repetir lo peor del pasado. Porque lo peor del pasado no es alguna particular manifestación del mal, tan generoso en variantes, sino el candor entusiasta con que se suele ejercer. Como si no pudiéramos aprender nada. Nunca.

    *Publicado originalmente en Hispanic Outlook on Education Magazine

    jueves, 18 de febrero de 2021

    Un barrio llamado El Barrio

    Luego de la guerra Hispano-Americana de 1898 los Estados Unidos le echaron mano a Puerto Rico como mismo algunos meten las toallas del hotel en sus maletas: como al descuido. Como esperando que alguien les preguntara qué hacían con una isla en la maleta para cambiar de conversación y ponerse a hablar del clima. Así Estados Unidos nombraba a los gobernantes de la isla, pero no les reconocían la ciudadanía americana a los nativos. Estos debían sentirse como toalla de hotel después de llevar un buen rato en la maleta del huésped: preguntándose qué hacían allí.

    Así hasta que en marzo de 1917 el presidente Woodrow Wilson firmó la Jones– Shafroth Act que dejaba a Puerto Rico en el limbo de la maleta cerrada, pero en cambio les otorgaba a los puertorriqueños la ciudadanía norteamericana. Pero con tan mala suerte que apenas un mes después Estados Unidos le declaraba la guerra a Alemania que ya desde hacía tres años andaba enredada a los tiros con medio mundo. Así que el primer privilegio de que disfrutaron 18 mil boricuas como ciudadanos norteamericanos fue arriesgarse a que les volaran la cabeza en la guerra.

    De alguna manera había que resarcirse de tanto privilegio y lo mejor que se les ocurrió a los puertorriqueños fue invadir Nueva York. Pacíficamente. Si el censo de 1920 registraba 7,364 puertorriqueños en la ciudad en el de 1930 ya eran 44,292, convirtiéndose en los hispanos más numerosos de la ciudad. Estos formaron comunidades en Brooklyn y diferentes zonas de Manhattan, pero en ningún sitio florecieron mejor que en el este de Harlem.

    Primero hubo que vérselas con los italianos que habían llegado primero. En mayores cantidades que en Little Italy. Tenían de representante a la cámara a Fiorello La Guardia quien luego sería alcalde y más tarde aeropuerto. Pueden imaginarse el choque entre italianos y boricuas: West Side Story sin música ni coreografías. Pero los puertorriqueños persistieron y al poco rato llenaron el barrio de bodegas y botánicas para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de sus clientes. Y restaurantes con mofongos, pastelitos, asopaos y cuchifritos para que no se notara la diferencia con Puerto Rico excepto por la falta de sol y de parqueo.

    Quien dice negocios también dice organizaciones y aparecieron la Porto Rican Brotherhood (1923) y La Liga Puertorriqueña e Hispana (1926). Y publicaciones como el periódico bilingüe Puerto Rico Herald fundado por Luis Muñoz Rivera (padre de Luis Muñoz Marín, futuro fundador del Estado Libre Asociado que es como pretender que la toalla esté en el hotel y en la maleta al mismo tiempo). O la revista el Gráfico que adquirió el tabaquero y activista Bernardo Vega para defender los derechos de los trabajadores antes de que aparecieran las redes sociales y ya no hubiera manera de despertar la conciencia de clase.

    Los boricuas hicieron todo lo posible por hacer su Harlem un barrio habitable al que empezaron a llamarle redundantemente, El Barrio. La bibliotecaria Pura Belpré convirtió la rama local de la Biblioteca Pública de Nueva York en centro cultural comunitario. Y se tocaba música por todas partes porque un boricua sin música se seca más rápido que el orégano sin agua. Rafael Hernández trajo sus canciones. Y su hermana Victoria convirtió su tienda en Madison y la 113 en sitio donde los músicos lo mismo compraban cuerdas de guitarra que averiguaban si había “guiso” para ellos esa noche.

    El Barrio seguiría creciendo y para 1950 ya vivían allí 63,000 boricuas que convertían alegremente el mercado en “La marqueta” y los techos en “rufos”. Y hasta llegarían a tener su propio museo, sus hípsters y su yogurt artesanal, pero eso mejor lo cuento otro día.

    martes, 16 de febrero de 2021

    Phineas Gage y la condición mental de Estados Unidos*


    El caso de Phineas Gage es paradigma de cómo un milagro médico deviene penoso objeto de estudio. En 1848 Gage estaba trabajando en la construcción de un ferrocarril en Cavendish, en el estado de Vermont, cuando sufrió un terrible accidente. Una carga de explosivos detonó antes de tiempo e hizo saltar una barra que le atravesó el cráneo: penetró por el lado izquierdo del rostro para salir por la parte superior. Pero Gage no solo sobrevivió, sino que ni siquiera perdió la conciencia y a los pocos minutos del accidente pudo hablar y hasta permitirse bromear con el doctor que le extrajo la barra atravesada en su cabeza.

    A dos meses del accidente, el doctor que atendió a Gage ya lo consideraba completamente recuperado. No obstante, hizo notar que se había destruido el equilibrio entre la facultad intelectual del paciente “y sus propensiones animales”. Gage pasó de ser serio, sosegado y responsable, a ser “irregular, irreverente, blasfemo e impaciente”, incapaz de llevar a cabo sus planes o de tolerar la menor contrariedad.

    Con el tiempo, estos cambios en la conducta convirtieron a Gage en una referencia para la neurología y la neuropsicología cognitiva. Su caso ayudó, entre otras cosas, a determinar que el lóbulo frontal, cuyas funciones se desconocían hasta entonces, era el sustrato anatómico para las funciones ejecutivas: gracias al caso de Gage, se comprobó que en esa parte del cerebro residía nuestra capacidad para hacer planes, llevarlos a cabo y corregir nuestra conducta.

    Si hablo de Phineas Gage y su accidente es a propósito del acontecimiento que ha marcado este inicio de año en Estados Unidos. Me refiero al asalto al Congreso por parte de una multitud jaleada por el presidente del país en el momento en que se validaba el resultado de las elecciones.

    No se trata de establecer un paralelo entre Gage y Trump. El presidente saliente no ha sufrido ningún accidente que justifique su conducta. Trump, al parecer, siempre ha sido como Gage después del accidente: un ser muy poco dado a tolerar la parte de la realidad que no se acomoda a sus deseos.

    Sería exagerado decir que Trump es la barreta atravesando el lóbulo frontal de la nación, deformándole el carácter. Pero no lo es afirmar que el expresidente, y el culto que ha creado en torno a él, constituyen un elemento importante en el rapto de intolerancia que viene transformando el carácter del país desde hace un tiempo.

    Pero hay más. Los psicólogos Greg Lukianoff y Jonathan Haidt han intentado explicar, en su libro The Coddling of the American Mind, cómo ciertas tendencias en la crianza de las últimas generaciones han modificado su conducta al punto de hacerlas cada vez más intolerantes a las ideas que contravengan su percepción del mundo. Esto se complementa con el fenómeno que el estudioso Robert Boyers llama “la tiranía de la virtud” en que ha devenido el culto exagerado a lo políticamente correcto.

    Si a esto se le añade el impacto que han tenido en nuestras vidas las redes sociales, que nos convierten en redactores de nuestra propia realidad, podemos completar la aleación de la barra que Estados Unidos tiene alojada en nuestro lóbulo frontal.

    La combinación de los retos tecnológicos y conductuales con una presidencia que ha actuado como desinhibidor de las pasiones más bajas y las más desquiciadas paranoias —a lo que se añaden circunstancias como la pandemia de la Covid-19 y la revuelta social de los últimos meses—, harían parecer un milagro la mera sobrevivencia de Estados Unidos como sociedad.

    De ahí que la sociedad norteamericana no debería actuar como si nada hubiera pasado, como si lo ocurrido no afectara todos los ámbitos de convivencia. Como si esa barra no hubiera atravesado el órgano que determina nuestra capacidad de entendernos a nosotros mismos y a los demás, y de convivir pese a las diferencias. Como si fuera normal convivir en perpetua guerra civil virtual.

    El caso de Phineas Gage, más allá de su trascendencia para los estudios neurológicos, no ofrece muchas esperanzas. No solo su carácter se volvió insoportable a partir del accidente, sino que en los doce años que le quedaban de vida padeció de continuas convulsiones. En medio de una de ellas le llegó la muerte.

    *Publicado en Hypermedia Magazine

    La pasión de Archer Huntington


    En la entrega anterior, dejamos a Archer Milton Huntington, hijastro biológico del magnate Collis Potter Huntington (si no entiende lo de “hijastro biológico” recomiendo que lea el capítulo anterior: la historia del magnate ferrocarrilero y de la madre de Archer es demasiado complicada para resumirla en un par de líneas) estaba decidido a fundar un museo dedicado a la cultura española.

    Para ello contaba, además de su entusiasmo, con el dinero de su padrastro biológico y una idea de España tan precisa como la que se puede tener de la comida mexicana comiendo en Taco Bell.

    Archer era voluntarioso y para 1890, con solo veinte años, había acumulado 2000 libros sobre España. Solo faltaba leérselos. Y viajar a la España real para poder compararla con la de los libros.

    Archer dedicó todo el 1891 a preparar el viaje: aunque la ocupación musulmana de la península había concluido cuatro siglos antes se dedicó a aprender árabe por si acaso. También estudió cirugía por si sufría un accidente en aquella España que imaginaba románticamente salvaje poderse curar él mismo y no tener que ir a Francia para atenderse.

    Para culminar sus preparativos para su aventura española Archer visitó Cuba. Allí habrá aprendido a espantar los ataques de la temible fauna ibérica con solos de tumbadoras.

    Y tradujo el famoso “Cantar del Mío Cid”, por si se encontraba caballeros medievales por el camino tener tema de conversación. La pasión española de Archer era tal que ni siquiera se enfrió tras visitar la España real.

    Al contrario. Le sirvió para ampliar su colección de artefactos españoles e impulsar la fundación de un museo donde exponerlos. Su padrastro Collis, convencido de que nada podría sacarle a aquel romántico en términos comerciales, escogió su sobrino, Henry Huntington, como heredero de su imperio ferrocarrilero.

    Arabella, esposa de Collis y madre de Archer, tomó debida nota del asunto.

    En 1895 Archer se casó con una sobrina de su padrastro, o sea, su prima biológica Helen, quien compartía, además de ADN, la pasión de Archer por España.

    Cuando Collis murió en 1900 no le dejó nada a Archer pero en cambio testó dos tercios de su fortuna a Arabella, y el tercio restante a su sobrino Henry. En 1913 Arabella se casaría con Henry convirtiendo al primo de su hijo en su padrastro. Así todo quedaba en familia y de paso le daba material de estudio a Freud.

    De modo que el espiritual Archer no tendría que preocuparse por el dinero y podría continuar su proyecto de museo sin tener que empeñar los trajes. Finalmente en 1904 Archer Huntington fundó la Hispanic Society of America, combinación de museo y biblioteca ubicados en Broadway entre las calles 155 y 156. En 1909 inauguró una exposición del pintor valenciano Joaquín Sorolla que en un mes recibió 160 mil visitantes.

    Todo un récord para una época en que la todavía no se habían inventado los turistas chinos ni hacerse selfies en los museos. Años después Archer reafirmó su condición de benefactor cediendo terrenos aledaños a la Hispanic Society para la construcción de varias instituciones, incluida la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza (1912). Pero no todo era color de rosas para Archer.

    Tras veinte años de matrimonio su esposa-prima biológica Helen lo abandonaría por alguien que, increíblemente, no era parte de la familia: el teatrista inglés Harley Granville-Barker. Archer sobrellevó la depresión coleccionando tarequería española y cortando cintas de las nuevas exposiciones e instituciones que inauguraba.

    Así hasta encontrarse con la escultora Anna Vaughn Hyatt quien compartiría con él su pasión por España y temas adyacentes. Anna fue autora de una famosa escultura del Cid Campeador y de la del cubano José Martí que se encuentra a la entrada del Central Park, inaugurada en 1965. (El Martí de bronce sobre caballo encabritado lo dejaremos para otra ocasión. Es tan complicado como lo del padrastro biológico).

    Al parecer tuvieron un matrimonio feliz. Archer moriría en 1955, a los 85 años. Anna lo acompañaría 21 años más tarde. No debió estar apurada.

    domingo, 14 de febrero de 2021

    No se culpe a la Revolución de nada


    A la penosa caterva de los habaneritos fanáticos al béisbol a finales de los setenta Pedro José Rodríguez nos inspiraba terror. De la terrorífica batería de los equipos de Las Villas nadie más generoso en infundirnos pánico que aquel taponcito de pelotero para quien desparecer la pelota al conjuro de su bate de aluminio y sus prodigiosas muñecas era un truco fácil, casi vulgar. El jonrón, la jugada que resume la magia del béisbol, no parecía tener para Cheíto ningún misterio. Frente a Las Villas, pensábamos los habaneritos supersticiosos, la única posibilidad de ganar que teníamos era que Cheíto, por generosidad o distracción, no decidiera arruinarte la noche.

    Nos reconciliábamos con él en las competencias internacionales, cuando usaba la magia de sus muñecas en favor de tu equipo y en contra de los demás. Como una noche de octubre de 1979 durante la Copa Intercontinental que se jugaba en La Habana. Cuba perdía frente al Estados Unidos de los luego famosos Terry Francona y Joe Carter y Cheíto decidió cambiar el resultado del juego con dos soberbios jonrones. El segundo le provocó a mi padre un rarísimo rapto de entusiasmo beisbolero que nos hizo saltar juntos en el portal de casa celebrando una victoria que parecía imposible. A la semana siguiente estábamos juntos en el estadio Latinoamericano para ver cómo Cuba derrotaba por segunda vez a Estados Unidos y se coronaba campeona de aquella famosa Copa de la que hasta hacía poco no habíamos oído hablar.

    En los años siguientes Cheíto siguió simultaneando sus funciones de terrorista doméstico y héroe internacional hasta el oscuro incidente que cortó su carrera. Digo “oscuro” porque la prensa nacional, en cuyas páginas deportivas Cheíto había reinado hasta entonces, no consideró airear las causas de su caída. En cambio el rumor que nos llegó a todos resultó ser milimétricamente exacto. Cheíto había sido expulsado para siempre del béisbol al serle encontrados menos de cien dólares. Se los había regalado un pelotero venezolano en medio de alguno de los topes que por aquella época se celebraron contra equipos profesionales, supongo que conmovido ante la inaudita indigencia monetaria de sus rivales.

    La posesión de dólares estaba estrictamente penada por la ley y la Revolución no iba a perdonarle al más temible jonronero de su historia lo que no le perdonaba al último de sus súbditos. Así de justa era la Revolución. Supongo que los habaneritos tomamos la noticia con la astuta indiferencia con que aceptábamos los veredictos de la justicia revolucionaria: un problema menos de qué preocuparnos en los campeonatos nacionales y en los internacionales ya se le encontraría reemplazo. En efecto, de inmediato apareció en la tercera base por esa maravilla adolescente que era el “Niño” Linares para hacernos olvidar el ídolo anterior. Horrores peores se cometían en aquellos años pero pocos tan públicos, tan a la vista de todos. Así de vasta era nuestra entrenada cobardía.

    El regreso discreto de Pedro José Rodríguez al béisbol años después fue el de un jugador roto que nunca logró reencontrarse consigo mismo. Apenas añadió a su carrera más de la tristeza que ya le había causado su expulsión inicial. Como para que nos convenciéramos de que la magia anterior había sido mero espejismo.

    No se culpe a la Revolución de nada. Esa cosa monstruosa sin alma ni conciencia, que solo entiende de objetivos, conquistas, necesidades es inmune a la culpa. Con Cheíto la Revolución se limitó a hacer a la perfección lo que ha hecho imperfectamente con el resto del país: servirse de él mientras quiso y destruirlo cuando lo consideró innecesario. Es Cuba la que le debe a Cheíto el homenaje y el desagravio que no le dio en vida. Esa Cuba que lo admiró en sus mejores momentos y miró para otro lado cuando cayó fulminado por la impecable justicia revolucionaria: ese inmoral desvío de mirada que consigue el prodigio de hacer nuestra miseria colectiva todavía más profunda de lo que ya es.

    miércoles, 27 de enero de 2021

    Libros y cine como nostalgia

    Mi querido y admirado Pedro Lorenzo me actualizaba hace unos días sobre el acceso en Cuba a los libros, el cine, etc:

    Estimado Enrique:
    Te escribo para aclarar tus dudas del chat de Facebook:
    A ver… Libros…Si quieres algo de Lezama o de Piñera lo más probable es que te encuentres con algún académico en una edición que parece mimeografiada explicándote a Lezama o Piñera y no con la fuente original y eso si la Luna está en la Séptima Casa y Júpiter se alinea con Marte... Lo mismo con la mayoría de los titanes de la literatura universal, a veces puedes ponerte de suerte, pero una golondrina no hace verano, ni siquiera una de las oscuras golondrinas de Bécquer a la que ya se le cayó el balcón desde el cual solía su nido colgar. La Feria del Libro, una vez al año…al bolsillo le hace daño. Salvo excepciones, nuestros niños no saben de Verne o Salgari o Stevenson (no Teófilo) o Defoe o Dumas o…o…o, ooooh , salvo por Disney o Netflix. Para no hablar ya de Philip Pullman o de Carlos Luis Zafón. Del comic ni hablemos, por pantallas de Marvel y va que chifla. El placer de poseer una historieta con olor a tinta y reflejos cromados es tan desconocido por estos lares como la leche de yak…o cualquier otra leche, al paso que vamos. Aparece a veces Zuzún, pero yo no recuerdo que el Pionero de mi infancia tuviese tanta propaganda o quizás no me daba cuenta. Y eso, si aparece. Nominalmente existen Palante (no DDT, que lo escabecharon rápido), Bohemia, Alma Mater y demás, pero dan grima formal y conceptualmente en las escasas ocasiones en que he podido adquirirlos, lo cual es el proverbial bien que por mal ha venido. Nada en el horizonte que se compare a las ediciones del período 60-80, Ivanhoe, Los Tres Mosqueteros, La Isla Misteriosa. Ni tan siquiera las emergentes Dragón ni Huracán, hechas para no durar más que en la memoria del lector, pero al menos disponibles a precios módicos y con un catálogo apreciable. Y la dicotomía leer/comer siempre ha sido un “no brainer” para todo bípedo implume excepto para un puñado de atávicos alucinados ya muertos y bien muertos de inanición desde hace mucho y sin dejar descendencia con la que perpetuar su oscura mutación genética.
    Del cine… La institución “cine de barrio” es una remembranza perdida en las noches de apagones de los 90 para jamás volver. Existen cines, casi todos en el Vedado que casi siempre exhiben estrenos del pasado sin la gracia de Armando Calderón. El Festival de Cine…la golondrina otra vez y cada vez más escuálida. Y si encuentras algo de interés, los equipos de proyección parecen de luz brillante y lo único brillante es el aire acondicionado…por su ausencia. Y el teatro…si vives a walking distance tal vez ligues algo, porque de lo contrario en una confronta teatral en el Mella a las 11 de la noche se te cae la cuarta pared en la cabeza ladrillo a ladrillo. Y hablo de cuando la furia de los nasobucos no imperaba sobre la faz de la tierra…
    Lo peor de todo es que ya hay generación y media que ni siquiera sabe lo que significa echar eso de menos, como mismo la nuestra no echaba de menos el casabe y la equitación… ¿Será ese el famoso “Hombre del Siglo XXI “del que ya nadie habla?
    Sé que este “retorno a la semilla” de la incultura no es patrimonio de nuestra ínsula barataria, algunos por defecto y otros por sobresaturación y exceso están llegando a lo mismo, pero eso es consuelo de tontos. Por lo pronto solo me queda parafrasear a Borges en su Elogio del Escritor Mediocre: “El olvido es la meta, nosotros hemos llegado primero”.
    Ah, y de la prensa diaria mejor ni hablo, aunque ahora sea en colores, así que, colorín, colora´o, este cuento…

    miércoles, 20 de enero de 2021

    Rolando Pulido

     

    Era el hombre de los carteles. Cuando protestábamos en Nueva York contra algún nuevo crimen de la dictadura que nos tocó en suerte, frente a la Misión de Cuba ante la ONU o en medio de Times Square podíamos ser poquísimos pero al menos teníamos sus carteles. Letras sólidas negras o rojas sobre fondo blanco impresas a un precio que solo él sabrá -y no hablo solo de dinero-para denunciar la muerte de un muerto en una huelga de hambre, o en esas “extrañas circunstancias” tan comunes a un régimen así, o la última golpiza o arresto masivo. O el crimen cotidiano que comete toda dictadura con su mera existencia a costa de los derechos de sus súbditos.

    Luego, cuando nos encontrábamos en circunstancias menos graves, nos íbamos enterando del ser que había detrás de aquellos letreros. Un diseñador exquisito que alguna vez adornó el famosísimo club de jazz Blue Note con una marquesina en forma de piano o tuvo como clientes algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad que es emblema de todas las demás. Pintor esmerado de sus propios gatos que mostraba orgulloso en sus exposiciones. Era en su ansia por compartir la belleza que sabía producir, como en todo, generoso en extremo.
    Cienfueguero, gay, había llegado por el éxodo del Mariel cuando apenas tenía dieciocho años. Solo. Lo que habrá sufrido para haber decidido escapar tan joven y solo para por fin encontrar la libertad neoyorquina y disfrutarla como si la acabaran de inventar. (Si algo lo sacaba especialmente de quicio eran las presentaciones blindadas de Mariela Castro en Nueva York explicándole a todo el que quisiera oírla que las persecuciones a los homosexuales en la isla apenas habían sido cosa anecdótica felizmente superada). Orgulloso mostraba las fotos del joven bellísimo que había sido en aquellos primeros años en la ciudad mientras su melena adolescente se estremecía por los recuerdos. Y fumaba. Porque en eso de fumar era tan intenso como en todo lo demás. Durante un tiempo emprendimos juntos una pelea desesperada por librarnos del vicio del cigarro que a cada rato compartíamos y comparábamos para darnos aliento. (Recuerdo cuando me dijo que había abandonado una de las pastillas más eficaces porque le despertaba unas tendencias suicidas que no podía controlar. Y lo suyo era la vida.).


    Había, a pesar de todo, una tristeza esencial en Rolando que lo acompañaba siempre, incluso en los momentos más alegres. Un aire trágico en la mirada, en la voz. Una tristeza que se acentuó sobre todo a partir de la muerte de su amigo más cercano y que le hizo alejarse cada vez más de todo y de todos. (De todos no. Por suerte tuvo amigos como la doctora Ada Baisre, el librero Ramón Caraballo o el escritor Orlando Luis Pardo Lazo que consiguieron romper el cerco que Rolando se había impuesto a sí mismo y acompañarlo en sus últimos tiempos y asegurarse que recibía el mejor tratamiento posible). A la tristeza podía ponérsele cualquier nombre (Cuba, por ejemplo) pero que era a la vez algo íntimo de lo que no podía desprenderse, como del vicio de fumar. Hoy creo entender mejor esa tristeza cuando ha muerto con solo 58 años tras una enfermedad respiratoria que lo fue paulatinamente dejando sin esperanzas de recuperarse y a nosotros, en el exilio, un poco más huérfanos.

    sábado, 2 de enero de 2021

    Una cuestión sentimental

     


    Siempre hubo dos Cubas. Una: alegre, risueña, bailadora, inconstante, romántica, desconcentrada, permisiva, sentimental, espontánea, abierta, indiscreta, liberal, rebelde, desenfrenada, frívola. Pero también estaba la otra: la amargada, triste, negada al baile, severa, sin sentido del humor, terca, antimusical, intolerante, reservada, discreta, reaccionaria, sumisa, contenida y frugal. Miento. Siempre hubo muchas más. Recombinaciones de las virtudes o defectos mencionados líneas atrás. Sentimentales sin sentido del humor. Bailarines intolerantes. Románticos discretos. Risueños reaccionarios. Sentimentales sumisos. Fue el castrismo, con su fundador a la cabeza, quien pretendió conformar todo un país a su imagen y semejanza. Y para ello eligió una serie de defectos y virtudes capitales. La nueva nación (porque de eso tratan los totalitarismos, de refundar la nación, y si se puede, todo el universo) debía parecerse a su fundador y hacer de cada uno de los cubanos un Fidelito bonsai.

    “Socialismo con pachanga”. Esa era la imagen que todavía predominaba en Europa sobre Cuba a mediados de los noventas, cuando por primera vez puse mis pies allá. Imperaba la creencia de que en aquella isla exótica la ideología igualadora del comunismo había tenido que adaptarse al carácter nacional cuando lo que ocurrió fue lo contrario. El socialismo con pachanga, si es que alguna vez se consiguió ese extraño híbrido, fue apenas un instante inicial en el proceso de domesticación del carácter de todo un pueblo. Las revoluciones, como las nuevas religiones confían en las virtudes inhibidoras de la austeridad, en lo útil que resulta como instrumento de control. (Cierta escena de “Dantón”, la película del polaco Andrzej Wajda lo describe con la precisión del que ha pensado mucho sobre el tema: Danton recibe al incorruptible Robespierre en su casa con música, mujeres, un banquete. Robespierre corresponde a la recepción con un silencio y una contención que a cada segundo se vuelve cada vez más acusadores, actitud a la que Dantón se va plegando progresivamente. Primero despide a los músicos y las mujeres. Luego vuelca toda la comida al piso, como intentando igualarse al otro, al modelo de austeridad que ha triunfado sin siquiera pronunciar palabra).   

    Lo que en Cuba todavía llaman “actitud revolucionaria”, “moral socialista” tiene mucho de ese reduccionismo. La consigna “seremos como el Che” -ese ser incapaz de bailar o de bañarse con frecuencia que según las anécdotas era modelo de austeridad- resume ese modelo educativo tanto como las sucesivas campañas contra el “diversionismo ideológico”. Tiempos en que divertirse constituía una traición al menos inconsciente a cierto ideal de pureza “con tantos motivos para no reírse como hay”. Pero esa imposición de riesgos rasgos a toda una nación, de reducirla a su lado más inhibido y reservado no podía ser eterna. Ni tenía por qué serlo. Bastaba con que cumpliera con su misión de sometimiento. Una vez domesticado el carácter nacional podía permitírsele pequeñas erupciones de su antigua naturaleza siempre que se mantuviera dentro de límites fijados de antemano. Ese estado de “fiesta vigilada” que tan bien describió el escritor Antonio José Ponte en libro homónimo. Ahora se permitirían de nuevo, cubanos bailarines o bromistas siempre que abonaran su debida cuota de sumisión. Para el nacionalismo, al que el castrismo echó mano en los noventa para salvarse de la debacle que había arrastrado al resto del mundo comunista, ese regreso a los viejos tics idiosincráticos eran a la vez un alivio tras décadas de abstinencia y un atributo de su nueva ideología.

    Si antes se reprimía al son de himnos y marchas pseudomilitares (de las que Osvaldo Rodríguez -que en la paz de Miami descanse- fue su Homero) ahora se acosa a los nuevos rebeldes al ritmo de congas. Un cruce impensable en la Cuba de mi infancia: la represión rumbera.
    En aquellos años los rituales políticos y la manifestación autóctona de alegría eran incompatibles. Alguna vez Juan Formell se quejó de que a sus Van Van los excluyeran de los actos políticos, en aquel entonces terreno exclusivo de la Nueva Trova. Y no creo que lo hiciera por un indemostrable celo ideológico sino porque Formell sabía que marginar a su orquesta de aquellos rituales era una forma de apartarlo de la foto de familia de la Nación, esa en que, cada cual con su mejor atuendo, figura en algún espacio prominente de la casa.

    Ahora, en cambio, la banda sonora de las palizas actuales lleva su sello de autoctonía, como para aligerar el siempre duro gesto de maltratar al prójimo. Tarea complicada frente a la oposición más diversa que haya habido nunca en la isla, una disidencia que desde ahora anuncia y defiende su multiplicidad, la de la Cuba de siempre que tal vez nunca fue pero que deberíamos desde ahora imaginar así.

    viernes, 1 de enero de 2021

    Rompan (casi) todo: Cuba y un documental sobre el rock en Latinoamérica

     


     Instructivo ver Rompan todo: la historia del rock en América Latina, documental de Netflix que intenta resumir la historia del rock hispanoamericano (no latinoamericano como anuncia el título, sospecho, porque de incluir el brasileño habría que cuestionarse la condición rockera de lo que se hacía en el resto del continente. Y hasta la musical). Sobre todo los dos primeros capítulos, un tercio del total de la serie. Aquel que abarca las dos primeras décadas de recorrido del género. Allí la historia del rock gira alrededor del eje que se intenta construir entre los dos focos rockeros de la América Hispana. De un lado México y del otro Argentina. Para ello se entrevista a miembros de las bandas que protagonizaron el movimiento: El Tri, Café Tacuba, Botellita de Jerez, Los Shakers, Los Gatos, Pappo’s Blues, Serú Girán, Pescado Rabioso. Y en el medio bandas venezolanas, peruanas, chilenas, colombianas. Instructivo el intento de reproducir el rugido de generaciones que se reconocieron a sí mismas en el retumbar de guitarras eléctricas y de baterías y el largo del pelo. Todo eso.

    Impresiona, sobre todo, la amplitud de la pesquisa. Su ambición de darle una dimensión continental a lo que fue, al menos en las primeras dos décadas de evolución rockera, asunto local. Se insiste en identificar el rock con la rebeldía y la resistencia de generaciones que buscaban un cambio social. Un cambio que empezaba por su necesidad de expresarse y ser escuchados. Y tales expresiones de rebeldía y resistencia serían contestadas por las sociedades, reacias a cualquier insinuación de cambio, con desprecio o brutalidad, según fuera el caso. (La excepción sería Chile donde el rock local se muestra aupado por el gobierno de la Unidad Popular y perseguido tras el golpe de Estado de Pinochet con el asesinato de Víctor Jara como su apoteosis.)

    Tanto en esos dos primeros capítulos como en el resto de la serie llama la atención una ausencia, la de Cuba. Da la impresión de que la isla no forma parte del continente musical y social que se está describiendo. La única alusión que se hace es demasiado marginal para tomarla en serio: el grupo chileno Los Jaivas cuenta cómo en sus experimentales inicios llegaron a usar el disco de un discurso de Fidel Castro haciéndolo girar al revés. “Parecía ruso”, comenta uno de ellos, divertido. Tal ausencia, la de Cuba, está más que justificada en esta historia. Como cuando faltábamos a clase, pero llevábamos al día siguiente una nota escrita por el médico. En el caso de la inasistencia cubana a la historia del rock continental la nota diría: “Cuba no puede asistir debido a que en ese momento estaba enfrascada en cosas más importantes como la construcción de la sociedad socialista”.

    La nota del doctor podría ser mucho más explicativa pero no hace falta entrar en detalles. A Gustavo Santaolalla, productor ejecutivo de la serie de Netflix y autor de la música de Diarios de motocicleta –esa tierna road movie guevarista–, no habrá que explicarle la ubicación geográfica de Cuba. O su pertinencia musical. Su empeño en mostrar el hostil contexto político y social en que se desarrolló el rock hispanoamericano nos revela, sin querer, una realidad incontestable: por brutal que fuera la represión sufrida por los rockeros del subcontinente –y lo fue, mucho–, resultó bastante menos eficaz que la que llevó a cabo el Estado socialista cubano que aquellas generaciones latinoamericanas usaron como referencia. Una eficacia demostrada en el hecho de que el silenciamiento del naciente rock cubano en las décadas del sesenta y setenta fue casi absoluto. Después de todo al Poder cubano le asistía el doble de razones que a sus similares en el continente: el rock era en el peor de los casos una excrecencia de la decadente sociedad burguesa –como la homosexualidad– o, en el mejor, una rebeldía redundante y contraproducente –como el feminismo– donde todos los problemas sociales habían sido resueltos. Para la nueva fe que enarbolaba la Revolución cubana el rock era o blasfemo o inquietantemente superfluo. Así, donde los rockeros de todo el continente pueden mostrar con orgullo una obra original tocada, grabada y difundida en medio de autoritarismos hostiles, los isleños apenas pueden dar testimonio de un rock de catacumbas donde no hubo rebeldía mayor a su alcance que copiar nota a nota las grabaciones producidas por norteamericanos e ingleses.

    (No menos llamativa resulta la ausencia del rockero hispano más conocido y exitoso de todos los tiempos: Carlos Santana. Apenas uno de los pioneros del rock mexicano cuenta que entre los asistentes de sus conciertos iniciales improvisados solía estar Santana para luego no ser vuelto a mencionar en toda la serie. Tengo mi propia teoría doble sobre ausencia tan escandalosa. Una de las razones es la misma que serviría para excluir el rock de Brasil: al lado de Santana o de los brasileños casi todos los rockeros hispanoamericanos parecen de juguete. Todavía hace más llamativa la ausencia de Carlos Santana en Rompan todo que todos en el documental tomen como referencia a Woodstock un festival donde, aparte de Jimmi Hendrix, nadie brilló más que Santana. La otra razón es la fortísima influencia afrocubana de la música de Carlos Santana tanto en los temas, los arreglos. como en músicos cubanos que tocaron con Santana como Armando Peraza u Orestes Vilató. Y es que mencionar a Santana es mencionar indirectamente a Cuba y sería reconocer que, de no ser por la Revolución, su música habría tenido lugar antes en Cuba, hecha por músicos cubanos. Hablar de Santana equivaldría a reconocer que ninguna influencia latina impactó tanto la historia del rock con mayúsculas como la afrocubana. De ponernos pesados la omisión de Carlos Santana viene a ser hasta racista.)

    Sobra pedirle a Santaolalla que haga espacio para su comprensión histórica de Latinoamérica al “caso cubano”, un caso que tanto impacto tuvo –a nivel político– en el imaginario colectivo de su generación y posteriores. De mencionar a Cuba su discurso se vería obligado a asumir una complejidad para la que no está preparada la izquierda elemental de Latinoamérica. Apenas me atrevería a sugerirle que, cada vez que mostrara un mapa del continente en su serie, el espacio correspondiente a la isla de Cuba lo rellenara con el agua del Caribe que lo circunda. Eso, de paso, ayudaría a fijar la imagen del Che Guevara que aparece en cada rincón del documental como la de un pionero del rock argentino, en vez de eficaz organizador de pelotones de fusilamiento en la Cabaña.


    Tomado de Rialta

    jueves, 31 de diciembre de 2020

    Resumen del 2020: el año más cubano de todos

     El 2020 será un año inolvidable. Por desgracia. ¿Cómo olvidar los cientos de miles de muertes por COVID-19? ¿Cómo olvidar la vida paralizada, los negocios en bancarrota, los millones de desempleados, las calles, los estadios, teatros, bares y salas de conciertos vacíos?

    En serio, no es una pregunta retórica. ¿Saben de alguna fórmula para olvidar el 2020? ¿Cómo olvidar que la gente se peleaba por sacar al perro de la casa a orinar, para alejarse por un segundo del calor familiar? ¿Acaso lo compensa la posibilidad de asistir a una reunión de la empresa en calzoncillos? ¿Cómo olvidar la cantidad de veces que tuvimos que regresar a la casa por olvidar la mascarilla?

    En Cuba, en cambio, el 2020 se conocerá apenas como "Año del Nasobuco", que es como  llamaron a la mascarilla en la patria de la parametración, el fricandel, las afectaciones y el picadillo texturizado. Por lo demás en Cuba fue un año de lo más normal. Es más, hasta se puede decir que en el 2020 el resto del planeta se hizo más cubano: descubrieron lo que significaba la ausencia de papel sanitario, los placeres de hacer cola por cualquier bobería y de no poder viajar a ninguna parte, por mucho que lo desees. Cualquiera pensaría que luego de pasar un año practicando tímidamente el modus vivendi cubensis el resto del planeta tendría alguna idea de lo que significa la normalidad cubana, pero lo dudo. Para ilustrarlos, ahí les va un resumen.

    Enero

    -Tras anunciar la Letra del Año, el Presidente de la Asociación Cultural Yoruba, brazo espiritual del Ministerio del Interior, explica que las catastróficas predicciones anunciadas se refieren al resto del mundo porque "hacia lo interno no ocurrirá nada". Que no haya ocurrido antes, le falta añadir. "Los problemas son en otros países", añadió el presidente del oficialismo yoruba y oficial él mismo de la Seguridad porque en Cuba (cita textual) "la religión y el Estado protegen y educan a la población".

    -El actor Andy Vázquez es expulsado de la televisión cubana. Los medios oficiales aclaran que Vázquez no fue expulsado por criticar al Gobierno sino por hacer uso para ello de la personalidad de "Facundo", personaje del popular programa televisivo "Vivir del cuento", y que, como todos saben, tanto el personaje, el programa, la televisión cubana y la opinión personal de los cubanos son propiedad intelectual del Estado. O sea, que al sancionar al actor el Estado no está coartando su libertad de expresión sino haciendo respetar los derechos de propiedad del Estado. La próxima vez que Vázquez salga en televisión será en un canal de Miami, de propiedad privada.

    -Fernando Rojas, viceministro de Cultura, luego de cumplir su horario laboral censurando artistas, hace horas extras guapeando en las redes. "La Habana entera sabe que me muevo a pie y me cito en los parques", tuitea homéricamente. Ya lo saben. Si ven a los habaneros temblando no es por la llegada de un frente frío sino por alguna muestra de valor digital de Fernando "Navajas" Rojas.


    -Gracias a la grabación que hace el fotógrafo Javier Caso del interrogatorio al que lo sometió la Seguridad del Estado descubrimos que la cubana es la quinta mejor policía del mundo, pero ni aún así ha logrado averiguar que fuera de Cuba nadie necesita de licencia para ser artista. Ni que los están grabando para lo que será uno de los grandes hits del año.

    -Y hablando de grabaciones, el grupo Orishas publica el tema "Ojalá pase", una mezcla 60% Silvio Rodríguez y 40% poliéster. Silvio se queja de que se violen sus derechos de autor para criticar a la única dictadura latinoamericana por la que siente verdadero afecto. Alborotada por el asunto, una nieta de Raúl Castro, recordando que su generoso tío abuelo le cedió los derechos de autor del asalto al Moncada a José Martí, llama "parásitos" a Orishas. Algunos señalan que nadie tiene más derecho a ser llamado "parásitos" que la familia que más se ha aprovechado del esfuerzo ajeno en la historia del continente.

    -Millones de giardias y oxiuros protestan indignados al ser asociados con los Castro.

    Febrero

    -Circula en las redes el documental Sueños al pairo tras ser excluido de la Muestra de Cine Joven del ICAIC. El documental, que cuenta la vida del músico Mike Porcel y la persecución que sufrió al intentar marcharse del país, se regodea en una etapa felizmente superada y que no volverá a repetirse, ya que el artista vive hace años en Miami.

    -El ICAIC argumenta que excluyó el documental porque utiliza imágenes de actos de repudio cuya propiedad intelectual pertenece a dicha institución. La propiedad intelectual de las imágenes. Los derechos de autor de los actos de repudios y palizas, en cambio, son propiedad del MININT.  

    -Silvio Rodríguez se disculpa por su participación en un acto de repudio ocurrido hace 40 años diciendo que él apenas susurró sus exclamaciones de desprecio a Mike Porcel. Expertos explican que habrá que esperar al 2043 para que Rodríguez se disculpe por la carta que firmó apoyando los fusilamientos del 2003.

    -El periódico Granma, primero reconoce la existencia del Covid-19 en el universo exterior para de inmediato explicar que se trata de un invento de la CIA al que se le mantendrá a raya como a los disidentes, los documentales incómodos o la realidad en general.

    Marzo

    -Como parte del esfuerzo del Estado para proteger a la población de los macabros planes elaborados por la CIA, es detenido el autotitulado artista Luis Manuel Otero Alcántara. Se le acusa, aparte de portar un nombre excesivamente largo, de "ultraje a los símbolos nacionales" al pasearse durante semanas con una bandera cubana sobre los hombros. Con esta detención se reafirman una vez más los derechos de autor del Estado cubano sobre Cuba y sus símbolos patrios, incluidos la palma real, el tocororo y la cola de la luz brillante.

    -Mientras el planeta Tierra cierra sus puertas para evitar la expansión del Covid-19, el Ministerio cubano del Turismo lanza una campaña para invitar a turistas del mundo a que se refugien en Cuba, único territorio libre de Covid-19, de libertad de expresión y de cualquier otra cosa que se le ocurra inventar a la CIA.

    -Ante la presión internacional y, por increíble que suene, la de los artistas locales, es liberado Luis Manuel Otero Alcántara. No obstante, las autoridades instan al artista a dejar su cepillo de dientes en prisión por si acaso.

    -Se producen los primeros casos importados de Covid-19, cortesía de tres turistas italianos. El ministro de Salud Pública promete que pronto se sustituirán las importaciones del virus por casos producidos en la Isla para así alcanzar la soberanía infecciosa.

    -El Estado insta a los cubanos a fabricar mascarillas ya que se trata de una tecnología muy complicada para producirla él mismo. No obstante, ante el peligro de que "mascarilla" sea una palabra inventada por la CIA, la substituye por la palabra "nasobuco".


    -Como terrible efecto secundario de la expansión del Covid-19 desaparece el papel sanitario de los supermercados mundiales causando un estado de alarma total.

    -En Cuba, muchos se preguntan qué es el papel sanitario ese, cuya desaparición ha causado tanta alarma.

    -El Ministerio de Salud Pública promete que, en el remoto caso de que se propague la epidemia de Covid-19 por el país, producirá el milagroso interferón para todo el que lo necesite.

    -Muere el realizador de dibujos animados Juan Padrón, llevándose a la tumba la fórmula del vampisol, un fármaco del que se dice que es bastante más eficaz que el interferón.

    -Vecinos de La Habana Vieja salen a protestar tras pasar semanas sin agua potable. El Ministerio de Salud Pública dice que no está entre sus capacidades la de producir agua, pero si necesitan interferón lo ofrece con gusto a todo el que lo necesite.



    -Tras semanas ofreciéndose como el único territorio libre de Covid-19, el Gobierno cubano por fin accede a cerrar las fronteras del país.

    Abril

    -Se aprueba el Decreto 370 que considera punible "hospedar un sitio [web] en servidores ubicados en un país extranjero" y "difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas". Es una manera de rendir tributo a las famosas Palabras a los intelectuales de Fidel Castro con la consigna renovada de "dentro de nuestros servidores todo, fuera de nuestros servidores, nada".

    -Clandestina, "primera marca independiente de moda sostenible de Cuba" y nave insignia del castrismo hípster ha descubierto que el gran problema de Cuba es… Marco Rubio, senador 40% cubano, 40% americano y 20% algodón.

    Mayo

    -Con motivo del Día de los Trabajadores, el presidente Miguel Díaz Canel declara que, aunque el desfile oficial por la Plaza de la Revolución ha sido suspendido debido a la pandemia, "el pueblo ya está generando las más bellas iniciativas para desfilar desde el aislamiento social". Entre otras iniciativas, muchos cubanos decidieron trasladar el desfile a la cola del pollo y el plátano, lo que convirtió la compra de estos productos en verdadera demostración de entusiasmo proletario. Una vecina de Alamar que desfiló desde el refrigerador hasta el televisor afirma que fue una de las experiencias más estimulantes que ha tenido en los últimos tiempos. "Es como ir desde el presente al futuro luminoso, sobre todo cuando están dando el noticiero". Por esas mismas razones no recomienda hacer el recorrido en sentido contrario.

    -Y hablando del Noticiero Nacional de Televisión: en uno de los esfuerzos más conmovedores para elevar el espíritu de la población en la Isla, la periodista Irma Shelton habla de la escasez de alimentos que azota a España y a EEUU. Su gesto altruista es incomprendido y las redes colapsan con la avalancha de fotos de refrigeradores atiborrados de comida que llegan desde Miami y Madrid.


    -Campaña desde Bélgica pide Premio Nobel de la Paz para médicos cubanos.

    -En otro gesto lleno de altruismo —esta vez hacia los humoristas cubanos dispersos por el mundo— Mariela Castro, actual recordista de memes del país, mejora sus marcas personales declarando que las "UMAP fueron como una escuela al campo" y luego, como manera de celebrar el Día de África, se pone un turbante. En su deseo compulsivo de imponer nuevos récords de memes se ve tentada a decir que la trata de esclavos africanos fue "ir a la escuela al campo" pero ante la posibilidad de que la gente averigüe qué fueron en realidad las escuelas al campo cambia de tema.

    -Tratando de darle alcance a Mariela en el campeonato anual de memes, el presidente Díaz Canel declara: "Tenemos que tener limones en el país, la limonada es la base de todo". Al verse momentáneamente en primer lugar de la competencia intenta aumentar la ventaja preguntando "¿Cuándo vamos a tener guarapo por la libre en este país?".

    -Campaña desde Dinamarca pide Premio Nobel de Química para Díaz Canel.

    -Intelectuales cubanos se indignan con el brutal asesinato del afroamericano George Floyd a manos de la policía de Minneápolis. Clandestina aprovecha el momento para culpar a Marco Rubio.

    -La humanidad descubre que el confinamiento bajo la pandemia se corresponde con lo que en Cuba llaman "normalidad" y cae en un estado de depresión profunda.

    Junio

    -Avanza el proceso de reformas en Cuba: los periódicos en la Isla empiezan a publicarse en colores, aunque el público se queja diciendo que con que cambiaran el papel por uno más suave sería suficiente.

    -Rosita Fornés fallece a los 97 años en Miami, pero el Gobierno cubano reclama su propiedad intelectual sobre la veterana vedette para enterrarla en Cuba. Al descubrírsele a la Fornés una chapilla de inventario del MINCULT pegada en una pierna se la envía sin dilación a La Habana no vaya a ser que "Navajas" Rojas se aparezca a reclamarla.

    -Circula la petición para cambiar el nombre del teatro Karl Marx por el de Rosita Fornés, pero la propuesta es desestimada ante el peligro de que, de seguir esa tendencia, la Plaza de la Revolución termine llamándose Plaza Juana Bacallao.

    -Policías cubanos matan a tiros al ciudadano negro Hansel Ernesto Hernández Galiano: la intelectualidad cubana vuelve a indignarse con la policía de Minneápolis y Clandestina con Marco Rubio.  

    -Se estrena el primer robot autónomo cubano, llamado Palmiche Galeno Plus, encargado de trasladar comida a 100 metros de distancia. A juzgar por el despliegue en la prensa cubana tal parece que se acaba de instalar un telescopio espacial en Neptuno.


    -La prensa cubana tarda tres días en dar la noticia de la muerte de Hansel Ernesto Hernández Galiano y aprovecha la demora para cambiar la trayectoria de las balas que lo mataron.

    -Se estrena en Netflix La red Avispa, película sobre un grupo de espías cubanos en EEUU. El llamamiento de un grupo de exiliados a hacerle un boicot a la película se estrella contra el hecho de que hasta a los propios espías los 123 minutos del filme se les hacen más largos que los años pasados en la cárcel.

    -El viceministro de Cultura ofensivo, Fernando Rojas, ante el peligro de quedar fuera de la competencia de memes, declara que hasta los cubanos emigrados "deben su desarrollo espiritual" a Fidel Castro.

    Julio

    -Como parte de la campaña de promoción de La red Avispa se revela que uno de los espías reales chivateó a un taxista cubano que le habló mal del Gobierno y pidió prohibir la entrada a Cuba de artistas exiliados como Sandoval, D'Rivera o Maggie Carlés. Fernando Rojas amenaza con aplicarle el Decreto 349 por intrusismo profesional: en cuestiones de censura nadie debe usurparle ese privilegio a su Ministerio.

    -"La red Avispa" real, no la de la película, sigue alborotada. Uno de sus integrantes, el vicecoordinador nacional de los CDR, Gerardo Hernández, propone que cada CDR siembre una piña, con lo cual se producirían 138.000 piñas en todo el país. O sea, una piña por CDR o un 0.012avo de piña por cada cubano. O 79.7 cubanos por cada piña. Si bien los cubanos no van a consumir mucha piña seguramente se harán expertos en matemáticas.



    -Miguel Díaz Canel se enorgullece de la manera en que ha manejado la epidemia de coronavirus. "A nosotros sí nos interesan las personas, no como al neoliberalismo, que solo le interesa el dinero. Aunque bueno, si las personas tienen dinero, pues mejor. Sobre todo, si son turistas y nos pueden visitar. Y dejarnos sus… sus experiencias. Dinero no. Porque el dinero es cosa de los neoliberales".

    -Para demostrar que no le interesa el dinero, el Gobierno cubano propone a sus ciudadanos "adquirir productos demandados sin cola" a cambio de que donen sangre primero.

    -Mientras se anuncia que el Covid-19 está totalmente bajo control, aumentan las muertes por afección respiratoria con entierro instantáneo, una misteriosa enfermedad que reduce el dúo de Yomil y el Dany a su mitad más impronunciable.

    -Se filtra una grabación donde una alta funcionaria del ICRT llama a expulsar de los medios a aquellos que tengan "voces platinadas". De esta manera, "voces platinadas" pasa a formar parte de una ilustre genealogía de eufemismos como "elvispreslianos" y "seres extravagantes" que la Revolución ha usado para perseguir a los homosexuales. El CENESEX interviene diciendo que "los prejuicios no se superan rápidamente", achacándole la responsabilidad del incidente al Gobierno de Fulgencio Batista.

    Agosto

    -El Gobierno elimina la lista de actividades permitidas por el sector privado. Esto puede ser confuso porque la propia lista fue en su momento saludada por el corresponsal de El País, Mauricio Vicent, como un gran paso de avance. Asimismo, Vicent interpretará la eliminación de la lista que representaba un paso de avance como un paso más avanzado todavía. Conclusión: de acuerdo con el sistema de medidas de Vicent, Cuba ha avanzado tanto que ya debe de andar por Urano.

    -Lanzan campaña contra los organizadores de colas —más conocidos como coleros—, a quienes se hace responsables, junto al embargo y la realidad, de la difícil situación económica que atraviesa Cuba. Sin embargo, la campaña se queda estancada en la primera cola que encuentra porque el pollo no lo van a sacar hasta el día siguiente.

    -Luego de unas declaraciones críticas, el músico Descemer "Jugo" Bueno es proclamado Enemigo Número Uno del Estado, mientras a Celia Cruz, prohibida desde antes de que Descemer naciera, la presentan en televisión como partidaria de la Reforma Agraria. El próximo paso será entregarle el carnet del Partido Comunista a título póstumo y considerar su exilio como una misión internacionalista vitalicia.

    Septiembre

    -El director nacional de Béisbol declara que los peloteros repatriados no podrán participar en la Serie Nacional si "hablaron mal de Cuba" aunque no especifica en qué consiste hablar mal de Cuba, si se refiere a los mosquitos, el clima o el Gobierno. Seguramente se refiere a los mosquitos.

    -Ante los llamados de la disidencia a celebrar el día de la Virgen de la Caridad, Mariela Castro declara que "Oshún no aceptará ofrendas de mercenarios y traidores" y de paso anuncia que alternará sus funciones como directora del CENESEX con las de portavoz del panteón yoruba.

    -El Gobierno presenta en la Mesa Redonda sus planes para una "soberanía alimentaria y cultura nutricional" que incluyen la "superproducción" de croquetas y "gallinas decrépitas". De momento la única "superproducción" constatable ha sido la de memes que sirven como alimento espiritual de los cubanos en las siguientes semanas.

    -Mientras el resto del mundo busca angustiado una solución ante la pandemia, en Cuba se anuncia la creación de la vacuna Soberana, que garantizará no solo la protección ante el coronavirus y la soberanía inmunológica sino también propiciará una nueva superproducción de memes.

    -Ante la amenaza de una disminución en la producción de memes, el ministro de la Industria Alimentaria en Cuba declara que "Se han logrado recuperar dos millones de metros de tripas de la res y del cerdo": durante la siguiente semana el pasatiempo nacional cubano es imaginar qué platos podrán cocinar con las tres pulgadas de tripa que le tocarán a cada cubano y si las deben mezclar con el 0.012avo de piña que les correspondería por persona.

    Octubre

    -El hasta ahora desconocido pelotero cubano Randy Arozarena rompe todos los récords ofensivos posibles en los play offs de las Ligas Mayores del béisbol norteamericano convirtiéndose de la noche a la mañana en una estrella para la prensa deportiva en todo el mundo excepto para la cubana, la cual no tiene idea de quién es ese traidor.

    -Montan acto de repudio simbólico-artístico frente a la sede del Movimiento San Isidro en La Habana Vieja, con reguetón y danza con machetes incluidos. Los machetes son un elemento simbólico: apenas pretenden que la represión de la que es objeto San Isidro parezca cosa de mambises. La simbología del reguetón todavía está por desentrañarse.

    -El Gobierno, siempre atento a las necesidades de la población y comprensivo con las dificultades, declara que a los cubanos que se hayan visto atrapados en el exterior a causa de la pandemia se les perdonará la tardanza en regresar si a cambio pagan la multa correspondiente a cada mes que falten. En el caso de los que estén en EEUU, la multa será el triple de lo que les toca pagar a los que se encuentren en Europa. La metáfora que encierra esta diferencia es todavía más oscura que la del reguetón en el acto de repudio.

    -Se anuncia que los salarios en Cuba crecerán cuatro veces, "aunque no de manera lineal", lo cual es una manera de anunciar indirectamente que los precios crecerán más que Hulk cuando se pone verde.

    Noviembre

    -Las elecciones presidenciales más importantes en la historia cubana reciente tienen lugar en donde siempre: en EEUU. El Gobierno cubano públicamente apoya la candidatura de Biden pero en secreto apuesta porque Lex Luthor dé un golpe de Estado y amenace con invadir Cuba mientras envía furtivamente contenedores de pollo congelado y de dólares acabados de imprimir.

    -Joe Biden gana las elecciones cubano-americanas mientras Trump reacciona igual que el Granma ante los éxitos de los peloteros cubanos en Grandes Ligas: negando su existencia.  

    -El espía retirado y chivato en funciones, Gerardo Hernández, el mismo que instó a sembrar piñas en julio, reparte regaderas cuatro meses después a los CDR de todo el país. Muchos cederistas se preguntan mentalmente si no es un poco tarde para regar las piñas, pero ninguno se atreve a decirlo.

    -En menos de 48 horas un miembro del Movimiento San Isidro (sí, los mismos a los que les dieron el concierto simbólico de reguetón y machetes), Denis Solís, es detenido, condenado a ocho meses de prisión y encarcelado. En protesta, el resto de los miembros del MSI entra en huelga de hambre. La huelga —que según los medios gubernamentales es falsa— es interrumpida cuando un grupo de médicos con corpulencia y técnica de campeones de lucha libre, división superpesada, irrumpe en la sede del movimiento con el pretexto de que uno de los visitantes es sospechoso de estar contagiado de Covid-19.

    -Conscientes de la condición capilar y comunicante del poder en Cuba, un grupo de artistas se reúne frente al Ministerio de Cultura para protestar por el allanamiento de la sede del MSI. Fernando Rojas, segundo al mando y primera navaja del Ministerio, los recibe y habla de diálogo. Los artistas afines al Ministerio hablan de diálogo. Clandestina habla de diálogo (aunque nunca con Marco Rubio). Mientras tanto, la calle que pasa frente al Ministerio de Cultura se convierte en el lugar más concurrido de toda la república. Así, hasta que los concentrados eligen a un grupo de representantes para reunirse con la primera navaja del MINCULT, Fernando "Bruce Lee" Rojas. Al final de la reunión y ante la expectativa de los congregados se les informa que el Ministerio se compromete a interesarse por sus demandas y a conceder una tregua, una manera indirecta de reconocer que lo que está en marcha es una guerra.

    -Muchos empiezan a preguntarse cuál es el significado que tiene la palabra "tregua" en el diccionario oficial del MINCULT. Porque en este caso la tregua consiste en el acoso continuo de los artistas, con policías apostados frente a sus casas, detenciones y bombardeo mediático donde se les acusa de todo lo malo que le ha pasado a la Isla, con la única excepción de la Revolución Cubana.


    -Ese mismo fin de semana se produce un mítin espontáneo de apoyo al Gobierno en el parte Trillo en el que participa, espontáneamente, el presidente Miguel Díaz Canel, vestido de bandera cubana marca Puma y con un reloj Rolex Yacht Master 42 cuyo precio aproximado equivale al presupuesto del MINCULT. Por si no lo recuerdan, la acusación por la que había sido condenado en marzo el artista con el nombre más largo de la república, Luis Manuel Otero Alcántara (24 letras) era la de "ultraje a los símbolos nacionales", acusación frente a la que la marca Puma, los relojes Rolex o el cargo de presidente ofrecen más inmunidad que la vacuna Soberana.

    -El símbolo de Puma, los relojes Rolex y el adverbio "espontáneamente" dominan los memes más populares de los próximos días.

    Diciembre

    -Por fin encuentran la definición de "tregua" que tienen en el MINCULT. Solo que la definición no aparece en español sino en árabe y es la palabra "yihad".

    -Como parte de la tregua acordada con los artistas, brigadas de Boinas Negras se manifiestan espontáneamente en las calles de La Habana.

    -Sir Abel Prieto, más conocido como "el Caballero de la Melena Cuadrada", hace un llamado a "defender las jerarquías".



    -La televisión cubana revela —¡en serio!— que el Movimiento San Isidro es el culpable de varios descarrilamientos ocurridos en los últimos años. Y de un par de terremotos.

    -Por si los congregados el 27 de noviembre no habían captado las indirectas, el MINCULT anuncia que el diálogo con ellos queda roto y que, en su lugar, van a hablar con artistas amaestrados o perritos de juguete de esos que mueven la cabeza. Lo que aparezca primero.

    -Contra todo pronóstico aparecieron primero los artistas amaestrados que los perritos de juguete.

    -Expulsan a periodista de Juventud Rebelde por cuestionar la campaña mediática contra el MSI. Luego del escándalo que se produce en las redes reponen al periodista en su puesto diciéndole que solo querían darle un susto para que se le pasara un ataque de hipo que tenía.


    -El Granma afirma: "En Cuba nadie es sancionado por su forma de pensar", y recibe a continuación el Premio Nacional de Humor compartido con Juana Bacallao. Muchos se preguntan qué hace la Bacallao recibiendo ese premio.

    -Numerosos artistas y periodistas independientes apenas salen de sus casas son detenidos con pretextos que van desde el uso indebido de sus piernas y el ultraje al suelo patrio hasta afear el ornato público.

    -Rompiendo todas sus marcas anteriores, el corresponsal de El País, Mauricio Vicent, consigue producir el alucinógeno titular "El diálogo y la tolerancia política agitan Cuba".

    -Luego de insistentes anuncios comparece en televisión el presidente del reloj presupuestario y el pulovito Puma. A su lado aparece el general de ejército Raúl Castro, propietario intelectual y material del país, para dar equilibrio a la escenografía. Si alguien esperaba que la comparecencia era para anunciar el fallecimiento de Raúl de entrada quedó decepcionado. El único fallecido es el CUC, tras larga y penosa enfermedad. Por lo demás, El Puma comunica el inicio de la Tarea Ordenamiento que consiste —como los lectores de este resumen ya sabrán— en la multiplicación de los salarios por cuatro. Lo que no dice el presidente felino es que esos sueldos cuatriplicados ahora servirán para comprar la mitad de lo que se compraba antes. Se acerca el fin de un año como el 2020 en el que estaría muy feo amargárselo a la gente todavía más. Ya se enterarán cuando lleguen a la bodega en enero.

    -Pero no hay que esperar a enero. La publicación de las tarifas eléctricas, donde un kilovatio hora será más caro que en Nueva York y habrá que pagarlo con sueldos de Burundi, dispara las alarmas. Es un decir. En Cuba las alarmas disparadas provocan mayores secreciones de la hormona de la resignación, cualquiera que esta sea, que es la manera en que el cubano ha logrado sobrevivir hasta ahora.

    -Declaran al Puma el depredador nacional.

    -El Banco Nacional de Cuba anuncia que los cubanos podrán convertir sus CUC en euros o dólares, pero con restricciones. La principal restricción a la que se refiere es que no podrán ver ni tocar el dinero cambiado.

    -Se estrena videoclip en el que un grupo de músicos enmascarados canta en el Paseo del Prado una conga contra Trump. En realidad apunta mucho más cerca, contra los rebeldes del barrio de San Isidro que, además de descarrilar trenes, provocar terremotos, derretir glaciales y aumentar el nivel del mar, parecen estar preparando una invasión para que Trump desembarque en la bahía de La Habana antes de que se entere de que perdió las elecciones.

    -Las perspectivas económicas para Cuba en el próximo año pueden calcularse a partir de un reportaje que pasan en la televisión sobre las virtudes gastronómicas del curiel. De acuerdo a un veterano espectador de la televisión cubana, "cuando veas un reportaje sobre las cualidades nutritivas del curiel pon tus gatos en remojo".

    -El Granma, ignorando que el Premio Nacional del Humor sólo se concede una vez en la vida anuncia "El Gobierno revolucionario, siempre atento al pueblo, reduce tarifas eléctricas y el precio del gas licuado". La gente se pregunta que si el Gobierno es tan atento al pueblo qué hace todavía en el poder.

    -A pesar del anuncio de que la vacuna Soberana "avanza de una manera importante" una encuesta informa que los cubanos son el único pueblo del planeta que le tiene más miedo al 2021 que al 2020.