miércoles, 15 de julio de 2026

Sin plumas y cacareando

 


Luego de la demostración ofrecida por Francia en los primeros seis partidos con 16 goles a favor y dos en contra parecía que apenas le bastaba con ir a recoger el trofeo de campeones. Ah, pero le tocaba enfrentarse a España, que con diez goles y solo uno en contra había pasado de empatar a cero con Cabo Verde a eliminar a Austria, Portugal y Bélgica como Jason a los jovenzuelos sapingos de Viernes 13. El ataque vistoso del león francés contra la táctica meticulosa y asfixiante de la anaconda española.

Antes dije que si a Francia lo derrotaba alguien sería ella misma, producto de su soberbia, la hibris de los griegos, de creerse mejor que nadie. Me equivoqué. Ayer a Francia la derrotaron Deimos y Fobos, los hermanos gemelos con que los griegos explicaban el miedo paralizante ante algo terrible. Y ese algo terrible fue la selección española. En dos semifinales consecutivas (la Eurocopa del 2024 y la UEFA Nations League del 2025) los franceses habían caído eliminados ante España y en la de ayer, lo que parecía el penúltimo paso en la marcha triunfal de Francia hacia el campeonato, se convirtió en una visita al sicoanalista para hablar de traumas infantiles.

Desde el pitazo inicial el Papá España jugaba a acaparar el balón mientras Francia Hijo no se atrevía a pedírselo. O cuando lo conseguía recuperar lo perdía en menos tiempo que una tregua en el Medio Oriente. Y así transcurrieron apacibles los primeros 19 minutos de partido sin un simple disparo a ninguna de las dos puertas. Entonces que el árbitro, para romper el hielo, pitó un penalti a favor de España. Un penalti tonto o astuto, según se mire desde el punto de vista de Digne que lanzó una patada al balón sin ver a Lamine Yamal -que ha decidido entrar en cuerpo y alma al mundial antes de que se le acabe- que venía como una flecha; o del delantero español, que supo colarse a tiempo entre los tacos del francés y la pelota. Y Oyarzábal, delantero español de carácter poco dado a la caridad, puso la pelota donde Maignan, el portero francés, no pudo ni decirle adiós.

El resto del partido transcurrió más o menos en ese mismo tono. Con España controlando el balón, el juego, el marcador y el sistema de mantenimiento del estadio y Francia encangrejada en su miedo escénico que no hacía pensar en un empate, para no hablar de remontada. Y, en efecto, en el minuto 57, con una triangulación de toda la vida entre Dani Olmo y Pedro Porro este último marcó el segundo gol para España. Y unos minutos después Yamal marcó otro más anulado por un fuera de juego muy ajustado. 

Durante el resto del partido siguió España controlando el juego y Francia calculando lo que iban a ordenar en el menú de la noche, para evitarse una mala digestión en el vuelo de regreso. De pura piedad el árbitro pitó el silbatazo que anunciaba oficialmente que España sería finalista por segunda vez en la historia y que a Francia le quedan cuatro años de terapia hasta el próximo mundial. Para explicarle al sicoanalista las pesadillas que tienen cada vez que comen chorizo o paella.

No hay comentarios: