lunes, 22 de febrero de 2016

Paquito le escribe a Yeyito

Texto leído el pasado jueves 18 de febrero en el Instituto Cervantes de Nueva York durante la presentación del libro de Paquito D'Rivera Letters to Yeyito:
En una vieja pieza del grupo humorístico argentino Les Luthiers se hablaba de una tribu africana en la que había un personaje de piel tan oscura que en la tribu le decían “El Negro”. Recuerdo esto pensando en otra tribu, la de los músicos, gente ingeniosa, divertida, bromista y talentosa en la que sobresale un tipo como Paquito D’Rivera. Alguien al que en la tribu de los músicos lo llamarían el músico: o sea, el ingenioso, divertido, bromista y talentoso. Pero si pensamos en una tribu más específica, la de los músicos cubanos, su figura su presencia se hace todavía más especial. Porque si en cualquier cultura los músicos gozan de un estatus especial, en la cubana los músicos gozan de una condición más privilegiada aún. Piénsese que en Cuba –país sacudido en los últimos dos siglos por cataclismos sociales y políticos de toda especie– la profesión de músico ha conocido una continuidad ignorada por cualquier otra profesión. Continuidad y prestigio. Un prestigio mal pagado pero prestigio al fin, que se perpetúa incluso a través de famosas dinastías musicales. Piénsese que tal continuidad, tal espíritu de gremio, le ha permitido a los músicos cubanos conservar, difundir y desarrollar junto a una vasta tradición musical una menos reconocida pero igualmente importante tradición oral. Una tradición de raíz hondamente popular y que ha mantenido a ese pueblo, más allá de cualquier cataclismo, conectado con su gracia, una gracia que hoy identificamos con nombres como el de ese gran humorista que fue Guillermo Álvarez Guedes. Porque debo recordarles que Álvarez Guedes, mucho antes de convertirse en el gran cuentero cubano, fue músico, y que después de establecerse como reconocido actor cómico creó una de las más importantes empresas de grabación de música cubana. Alguna vez un amigo, músico de la provincia de Matanzas, me decía que buena parte de los chistes con los que Álvarez Guedes llenaba sus grabaciones ya los había escuchado a otros colegas de su provincia. O sea, que los famosos chistes de Álvarez Guedes eran ni más ni menos los chistes e historias que los músicos de Matanzas se habían estado contando de una generación a otra. Esos mismos chistes –me decía mi amigo– fueron los que debió haber escuchado Álvarez Guedes cuando en los comienzos de su carrera artística intentaba abrirse camino como cantante de una orquesta de música bailable. Esa revelación, lejos de disminuir mi admiración por Guillermo Álvarez Guedes, la acrecentó, al descubrir que, además de contador inimitable de historias, se había encargado de rescatar una riquísima tradición oral, para difundirla más allá de los confines de la tribu de los músicos matanceros.Pues con Paquito D’Rivera ocurre algo parecido, potenciado por un talento que ha sido al mismo tiempo precoz y persistente. Su precocidad ha conseguido que su trato y sus recuerdos con las figuras más importantes de la música cubana abarque más décadas que las de otros músicos con una carrera artística menos monstruosa. La persistencia le permitió que su intimidad con lo mejor de la tribu musical de todo el planeta fuera igualmente apabullante. Si a eso se le añade su espíritu amistoso, su don de gentes y su memoria, tan privilegiada como su oído musical, uno entiende que haya podido acumular experiencias que alcanzarían para varias y animadísimas vidas y unos cuantos libros. Así no solo se ha convertido en referente inevitable de la música cubana y universal sino también en uno de sus más persistentes mitólogos.Nótese que no digo “mitómano”, que es el modo elegante de llamar a un mentiroso. Ni que intente separar lo real de lo ficticio en las historias que le cuenta Paquito a Yeyito. Solo anoto que las historias que cuentan las cartas a Yeyito pertenecen a la cultura oral de una tribu mitológica en sí misma. Mitológica por la tendencia de los músicos a vivir hiperbólicamente, ajenos a ese sentido del límite presente en el común de los mortales. Una tribu que convierte sus anécdotas en algo más que historias personales más o menos llamativas. Gente a las que les interesa menos el dónde y el cuándo –esas exquisiteces de los historiadores– que el qué y el quién. Gente cuyas historias no pertenecen al tiempo y al espacio sino a cierta idea de la eternidad. ¿Qué importa la exactitud de sus detalles, su realidad, si las anécdotas que se cuentan de ellos confirman su condición de seres especiales? Como aquella anécdota del funeral de Dizzy Gillespie que rememora Paquito en su libro. Los amigos del difunto, reunidos en torno al ataúd comienzan a comparar las diferentes versiones que el trompetista les había dado sobre el origen de la piedra que le colgaba del cuello para darse cuenta de que a cada uno les había dado una versión distinta y a cada cual más fantástica. Solo entre gente con ese sentido mitológico tan aguzado como el de los músicos, con ese profundo desprecio por lo que el resto de los mortales llamamos “la normalidad” pueden producir sin descanso anécdotas como las que se amontonan en este libro. Gente como Astor Piazzola, como el gran cellista YoYo Ma, como el violinista Fernando Suárez Paz, como el trombonista Pucho Escalante o como el saxofonista Virgilio Vixama, “El Jamaiquino”, o como el propio Paquito. Gente a los que la vida les queda definitivamente chiquita.
A diferencia de lo que ocurre con su anterior libro de memorias Mi vida saxual, las cartas a Yeyito no se ajustan a su cronología vital. Toma como pretexto la carta que le enviara un cuasi anónimo admirador y aspirante a músico –pues no hay nada más cerca del anonimato que firmar una carta en Cuba como Yeyito– para respondérsela casi medio siglo después con todo un libro. Letters to Yeyito no es un recuento autobiográfico del músico que es Paquito D’Rivera sino que avanza en diferentes direcciones agrupando sus historias y las de colegas y amigos por orden temático. Allí caben desde su relación con algunos de los grandes maestros con los que le ha tocado trabajar, hasta su opinión sobre diferentes instrumentos musicales y algunos de sus virtuosos. O sobre sus rincones favoritos de este planeta como La Habana previa al desastre, Nueva York, Veracruz. O su intento de resumir sus relaciones con la tradición musical brasileña. O con la literatura. Estas cartas a Yeyito son, para decirlo rápido, una extensión duradera y accesible del placer de hablar con Paquito D’Rivera: un ser al que basta la mención de un nombre, un sitio, una pieza musical para provocar su desenfreno narrativo, sus juicios agudos, su generosa valoración del talento ajeno.En la contraportada de Letters to Yeyito se compara este libro con la “guía amable y el celo misionero” de Wynton Marsalis en sus cartas To a Young Jazz Musician. La comparación es halagadora pero no necesariamente exacta. Aunque -al igual que el libro del famoso trompetista- Letters to Yeyito se propone ser una guía para un joven músico la naturaleza de Paquito lo empuja en otra dirección. Más que Maestro con mayúsculas, en lo que intenta convertirse es en amigo de su destinatario, que es, en este caso, cualquier lector. Y no es que al libro le falte la sabiduría del que ha conocido mucho, se ha esforzado mucho, ha conseguido mucho. Solo que ese conocimiento, ese esfuerzo o esos logros no los explica como intenta hacerlo Marsalis, sino que se disimulan con pudor y eficacia en los relatos que conforman este libro. Porque este libro también intenta, como cualquier libro que se respete reflexionar sobre el sentido de la vida o sobre la resistencia de la vida a adquirir sentido. Y sobre el papel no siempre alegre que le toca representar a la tantas veces maltratada tribu de los músicos. Reveladora es la anécdota en que Paquito, acabado de llegar a Nueva York, es contratado para tocar con una orquesta en un restaurante. Cinco dólares y una hamburguesa es el pago fijado. Al pedirle a la camarera que le añada queso a su hamburguesa esta le advierte que su contrato no incluía el queso de la hamburguesa así que tendría que descontarle un dólar a su paga. Paquito no se extiende sobre su significado pero la anécdota, incluida en un capítulo dedicado al dinero y a la tarea de buscar un “equivalente económico al trabajo”, constituye de por sí una enseñanza sobre la relatividad del valor de la cultura y de la vida misma. Pero sobre todo esta anécdota constituye una lección de humildad y de libertad transmitida en el sosiego con que Paquito describe una situación que era parte del destino que él había escogido. Pero Paquito, a diferencia de Marsalis, no nos explica la importancia de la humildad o de la libertad, ni las propone como condiciones fundamentales para el aprendizaje de todo lo que es importante en la vida. Más que explicar la humildad, la practica, y esa humildad le sirve lo mismo para reconocer el talento ajeno que para relativizar el propio no tomándose demasiado en serio. Y es esa humildad, esa gracia, esa memoria y esa imaginación libérrima los instrumentos con los que Paquito escribe estas falsas cartas y se confirma como aquel al que en la tribu de los músicos le decían el músico. Un tipo ingenioso, divertido, talentoso, humilde y sobre todo libre. Tremendamente libre.   

  

domingo, 21 de febrero de 2016

Hay que pensar en el futuro


-¿Viste?

-¿Qué? ¿Lo de la fuga de los hermanitos Gourriel?

-Tú siempre atrás. No chico, lo del anuncio de la visita de Obama.

-¿Qué? ¿Va a buscar peloteros? ¿No le basta con los que ya tiene? Parece que es verdad lo que decían en la escuela

-¿Que el deporte es derecho del pueblo?

-No, que el imperialismo era insaciable.

-No, ya el imperialismo no es lo que era. Fíjate si ha cambiado que Obama va a La Habana a resolver los problemas que hay allá.

-Me imagino. Debe estar aburrido luego de resolver todos los problemas de Estados Unidos.

-No seas sarcástico. Si debemos hasta estar orgullosos de que con tantos problemas que tiene en la cabeza el pobre dedique unos minutos a la isla miserable que nos vio nacer. Y hasta un mensaje mandó. Empieza así: “Cuando Michelle y yo visitemos La Habana el próximo mes, será la primera visita que un presidente de Estados Unidos a Cuba en casi 90 años”.

-¿Te lo aprendiste de memoria?

-No si hasta me erizo.

-Me imagino que en la visita anterior también se logró mucho.

-Bueno estaba Machado y justo después de la visita cambió la constitución para mantenerse unos años más en el poder.

-Curioso…

-Pero eran otros tiempos. Ahora…

-Sí, ahora años en el poder es lo que se sobra.

-Esta vez es distinto. Obama busca cambios concretos.

-¿Concretos? El día que resuelva cómo conseguir cemento en Cuba sin tener que robar habrá que canonizarlo. San Barack de Hawai para los católicos. Baba Obama para los yorubas, orisha especializado en reparación de inmuebles.

-No hay que exagerar. Además, no sé cuál es el apuro. Si los cubanos no han arreglado sus problemas en ciento catorce años de república no sé por qué esperan que Obama se los arregle en uno.

-Y menos con una visita. En los últimos tiempos La Habana está más frecuentada que Disneyworld  y no acabo de ver la mejoría. Van y saludan a Raúl y luego se tiran la foto con el viejito del mono Adidas como si fuera el ratón Mickey. Entonces se van de lo más contentos y todo sigue igual.

-¿Igual?

-Bueno, excepto la sonrisa de Raúl que ya no le cabe en la cara. Y que el viejito del mono cada vez está está más despeinado.

-Me apena tanta desconfianza cuando el líder de la nación más poderosa del mundo proclama “En la Cuba de hoy, por primera vez en medio siglo, hay esperanza para un futuro diferente”. Si lo dice por algo será.

-¿A qué esperanza exactamente se refiere? Porque la de irse a Estados Unidos no es necesariamente nueva.

-No te niegues a la evidencia. Las señales están por todas partes…

-¿Te referieres a los que patean cada vez que salen a la calle a protestar o a los que intentan demostrar que la Tierra es redonda y termina en Miami?

-Siempre lo mismo. ¡Qué falta de confianza en el futuro! Por gente como tú no llegaremos a ninguna parte.

-¿Qué tú quieres? Si al menos jugara pelota como los Gourriel tendría esperanzas.

-¿Y Obama tiene la culpa de que no te hayas preparado para los nuevos cambios? Y después, claro, lo más fácil es quejarse.

viernes, 19 de febrero de 2016

El Yonki, el paquete y el hombre nuevo

Fascinante esta entrevista al Yonki donde el reguetonero exhibe una articulación verbal digna de un Teofilo Stevenson y la lucidez de Juana Bacallao. Alguien que llega a decir frases inolvidables como: "... lo único que me hace sentir ser un gran cubano, un gran revolucionario y un gran Yonki es que soy de Cuba". Parafraseando al Comandante 
"Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Yonki! Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Yonki! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro ¡Queremos que sean como el Yonki!"
La entrevista, cuyo video no he podido copiar acá está tomada de una suerte de programa de la farándula habanera llamado MI Habana TV realizado especialmente para "El Paquete", un negocio privado de distribución de información que se se ha convertido en una suerte de substituto medieval de internet en Cuba que se distribuuye por todo el país semanalmente a lomo de bicicleta en flash drives de un terabyte de memoria por unos seis dólares. Abajo uno de esos noticieros completos para que se lleven una idea:

martes, 9 de febrero de 2016

¿La fuga de los Gourriel o los peloteros de Troya?


La fuga de los hermanos Gourriel de la concentración del equipo que representaba a Cuba en la Serie del Caribe en República Dominicana vendría a resultar para el béisbol cubano algo así como el derrumbe de la fortaleza del Morro para La Habana: no es que hagan mucha diferencia a nivel deportivo –los Gourriel sirven para ganar campeonatos tan poco como el Morro para defender la ciudad- pero su efecto simbólico para el paisaje beisbolero local -o sea, el corazón mismo de la patria- resulta devastador. Hijos de un símbolo de los momentos de mayor gloria de la “pelota revolucionaria” de Yulieski se dice que “es novio de una nieta de Raúl [Castro]”. O sea, que dentro del deporte actual es de lo más cerca que se puede estar de la familia real cubana, (esa que lleva apellido Castro por si no estaban atentos a las noticias de los últimos 57 años). En un artículo del primero de mayo del año pasado se decía que
“Yulieski tiene una categoría especial dentro del equipo. En una de las subseries que se jugó en la región oriental, no viajó en ómnibus con el grupo. Lo hizo en el avión presidencial, que se estaba probando para los viajes de Raúl Castro al extranjero”
Tal era la condición de privilegio de los Gourriel en el deporte nacional que incluso fueron trasladados al equipo de la capital para que, según se decía, estuvieran más cerca de su padre, comisionado nacional del deporte. Digamos que si el general Arnaldo Ochoa oliéndose que lo querían convertir en tiro al blanco se hubiese dado a la fuga antes que lo detuvieran habría creado menos conmoción entre el cubano de a pie, bastante más familiarizado con el rostro de Yulieski que con el de aquel general antes de protagonizar el programa estelar “Causa número 1 de 1989”. Si se piensa en esto la reacción del Granma acusándolos de “franca actitud de entrega a los mercaderes del béisbol rentado y profesional” parece sacada de un buzón automático de respuestas a deserciones y no indignación auténtica ante la pérdida de un par de joyas de la corona. Y bastante inoportuna ahora que el sobrino del Suegro-abuelo de Yulieski, el tan mentado Tony Castro, se reúne cada vez que puede con “los mercaderes del béisbol rentado”. 
Ahora se señala "la horripilante gestión administrativa de los directivos del béisbol y de los propios dirigentes del país" como causa eficiente de la fuga pero con un jugador que recibía un trato tan especial no valen razones generales. Hace casi un año un jugador declaraba desde el anonimato que para Yulieski había “un precontrato fabuloso en la MLB, solo están esperando a que Obama autorice a contratar jugadores cubanos que residan en la Isla". De manera que si la fuga es tal se debió al desespero de los jugadores ante un plan que no acababa de concretarse más que al desastroso funcionamiento de un béisbol dirigido, entre otros, por su propio padre (o de un país dirigido por el abuelo de su novia).
No debe descartarse sin embargo que se trate de una “fuga” tan autorizada como el traslado de los hermanos Gourriel a Industriales. O más que autorizada, promovida por los más altos dirigentes del país que contarían con al menos dos razones de peso. La económica, ya que podría tratarse del primer paso de un acuerdo entre el gobierno cubano y la MLB, sin intermediarios, con el primero convertido en agente de los jugadores y llevándose una respetable tajada en la transacción. La política fue enunciada justo a raíz de la visita de una comisión de la MLB a Cuba en diciembre pasado cuando periodistas en la televisión cubana –con su famosa independencia de opinión- achacaban al embargo norteamericano la fuga de beisbolistas de la isla ignorando el detalle que durante medio siglo a los atletas cubanos de cualquier deporte no se les ha permitido marcharse legalmente a competir en otro país independientemente de las relaciones diplomáticas o comerciales que este tenga con Cuba. 
“Que se acabe la discriminación hacia el beisbol cubano por parte de la Grandes Ligas" fue la consigna esgrimida por los periodistas oficialistas -valga la redundancia- a raíz de la visita en diciembre pasado de una delegación de la MLB compuesta, entre otros, por varios desertores. No sería extraño que los Castro esperen que los Gourriel funcionen como una suerte de caballos de Troya de Sancti Spíritus en Estados Unidos (pasando por Industriales). Como lo fueron en su momento aquellos pollos congelados que el gobierno de la isla pagaba al contado a los granjeros del Medio Oeste y así convencer a los representantes de aquellos estados que abogaran por el fin del embargo. De los pollos a los peloteros de Troya. No sería más que continuar una política que hasta el momento ha dado buenos resultados. En ese caso no sería un plan de última hora. Cuando Yulieski incumplió el contrato que tenía en Japón el año pasado un colega suyo comentaba anónimamente: "Cualquiera que deja de ganar un salario elevado estuviera deprimido. El 'Yuli' anda como si nada. Es evidente que algo se cocina entre bambalinas”. Y hasta el propio Yulieski comentó en su cuenta de Facebook “que a lo mejor llegaban buenas noticias en los próximos meses”.
En cualquier caso el béisbol local más que sin peloteros se va quedando sin razones “sentimentales” para retener a los jugadores de talento que le quedan. Que las autoridades del país empiecen a lucrar directamente con la exportación de uno de los pocos renglones atractivos para el mercado norteamericano es cuestión de tiempo si no es que ya empezaron a hacer tratos con “los mercaderes del béisbol rentado y profesional”. No sería la primera vez que le extraen todo lo que pueden al talento de deportistas que controlan como a ganado propio. Solo que esta vez las cuentas serán bastante más claras. Y los aficionados cubanos tendrán escoger equipo de Grandes Ligas ya no como alternativa a los locales sino como simple deber patriótico. Aunque siempre habrá cuestiones difíciles de dilucidar como por ejemplo ¿Cuál será el equivalente de Ciego de Avila en la Liga Americana? ¿Y el de Mayabeque?

lunes, 8 de febrero de 2016

The Cuban-Americans

Geandy Pavón: "Cuban Rednecks"

El pasado jueves 4 de febrero se inauguró la expo de fotografía "The Cuban-Americans" del artista Geandy Pavón en el Instituto Cervantes de Nueva York ante un publico que literalmente abarrotó la galería. La expo fue presentada por el propio artista y por el crítico Alejandro Areus y fue precedida por un artículo en The New York Times acompañado por una galería digital con una amplia muestra de las fotos en exhibición.
Según explica Pavón la serie:
"se centra, a partir de una idea del escritor cubanoamericano Gustavo Pérez Firmat, en el 'hyphen' o guión que une, al tiempo que separa, nominal y culturalmente, lo cubano y lo norteamericano"[...] "Ese espacio intermedio, casi una tierra de nadie, genera una suerte de intemporalidad y, por tanto, extrañeza, un espacio complejo de indefinición y anacronismo que es el elemento central de mi trabajo"
 La expo seguirá abierta hasta el próximo 20 de febrero.

Foto de Claudia Mendoza Blanco

Foto de Claudia Mendoza Blanco

miércoles, 3 de febrero de 2016

La máquina del Tiempo

En los inicios de la inversión y el turismo masivos de los españoles en la última década del siglo pasado circulaba un chiste para burlarse de la fricción entre el viejo discurso nacionalista antiespañol y el de la nueva alianza económica. Hablaba de un español en un restaurante al que le servían una botella de cerveza Hatuey y al preguntar quién era ese señor que aparecía en el envase el camarero, alerta ante la posibilidad de ofender al visitante, repondía:
-Ese es un indígena que se prendió candela por problemas personales.
Pues ahora, con la "normalización" de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha llegado el momento de que se "normalicen" las historias personales y colectivas. Emigrados por problemas personales, balseros por problemas personales, gente que perdió los negocios y las tierras por problemas personales, fusilados por problema personales, ciudades o un país entero destruido por problemas personales.
Si el pasado anda por ahí estorbando a la hora de resolver ciertas cosas en el presente, pues se cambia. Está visto que es mucho más fácil cambiar el pasado que el presente.
Llegará el momento en que va a ser más difícil predecir el pasado que el futuro de Cuba. Ya se sabe que el futuro será una mierda pero el pasado, en cambio, está lleno de sorpresas.

martes, 2 de febrero de 2016

Jorge Valls: entre el mito y la realidad

Texto que leyera el martes pasado para un evento dedicado a la vida y obra de Jorge Valls y que hoy, día de su cumpleaños quiero dedicárselo:

Jorge Valls: entre el mito y la realidad 
Más que de herramientas los humanos somos ante todo seres fabricantes de mitos. Aunque sólo sea porque los mitos nos sirven más que las herramientas para interactuar con la realidad. Sobre todo la realidad que no entendemos, esa para la que no basta un martillo. Ni un discurso lógico y literal. Téngase esto en cuenta cuando nos reunimos para homenajear a alguien como Jorge Valls. Alguien tan especial, tan cercano para muchos de los que nos reunimos esta noche, pero al mismo tiempo tan incomprensible, tan inasible. Porque repasar los principales hitos de su biografía no servirá, lo sabemos de antemano, para explicar a un ser sobre el que ya se empieza a forjar cierta forma de leyenda, una mitología que sobrepasa con mucho esa biografía. Para entenderlo no nos bastará con saber que nació en La Habana en 1933 hijo de un humilde comerciante catalán y una cubana. O que con el tiempo y su esfuerzo personal se convirtió en una de las personas más cultas y al mismo tiempo más políticamente inquietas de su generación, saber que durante su juventud participó tanto en la creación y desarrollo de varias instituciones culturales y que al mismo tiempo fue uno de los fundadores y principales dirigentes del famoso Directorio Revolucionario. No será suficiente con saber que luego del triunfo de la Revolución a la que tanto había contribuido se apartó discretamente de honores y cargos y luego se opuso con firmeza aunque sin violencia a la dictadura totalitaria en que había derivado esa revolución. Tampoco bastará saber que cayó preso por defender a un amigo en cuya inocencia creía aunque supiera que ya no tendría salvación ni defensa posible. O decir que tras pasar más de veinte años de una prisión dignísima y ejemplar pasó otros treinta años de exilio, un exilio no menos digno, no menos ejemplar. Decir eso no sería faltar a la verdad y sin embargo es tan insuficiente que nos parecería que falseamos la realidad que tratamos de describir. Sobre todo si se trata de una realidad tan indefinible y compleja, tan ejemplar y deslumbrante como fue ese ser llamado Jorge Valls Arango.De ahí que haya comenzado mi discurso hablando sobre la mitología. Porque si bien la inclinación mitológica está inscrita en nuestro código genético frente a alguien como Valls se potencia. No se trata de darnos importancia ante quienes no tuvieron la suerte de conocerlo, de sentirnos especiales por ello y de paso de restregarle al resto de la humanidad su mala fortuna en contraste con la nuestra. No. Se trata de algo distinto. Se trata no solo de hacerle justicia a la memoria de nuestro amigo muerto, o de rellenar el vacío que nos ha dejado, la voz que nos falta. También se trata de reevaluar –frente al ejemplo que nos dejó- nuestra idea del bien y de lo bueno, humanamente posible, tal y como la vimos hecha carne, magra, en la figura triste y radiante al mismo tiempo de ese caballero que fue Jorge Valls.
Pero debemos cuidarnos del mito porque el mito también, debemos reconocerlo, confunde y adormece. Y quizás frente al recuerdo de Valls, frente al vacío que nos deja, sea mejor no adormecernos. Tal vez sea preferible pellizcarnos y convencernos de que ese ser que conocimos era tan real como nosotros mismos. Que no es mentira que se pueda ser tan superior y tremendamente humano. Que no debemos resignarnos a nuestra humana pequeñez porque otra altura de humanidad es posible. Y es que ante alguien como Valls es fácil caer en excesos tanto si se le mitifica como si se trata de describirlo del modo más exacto.  Ante esa tarea, la de describirlo y entenderlo, no comprendo cómo es que me eligieron para hablar de Valls esta noche cuando hay personas que lo conocieron en circunstancias mucho más extremas de aquellas en las que lo conocí yo y quizás más reveladoras de su carácter. Pero si debo ser fiel a su memoria me veo en la obligación de recordarles que de estar aquí Jorge Valls sería el primero en sabotear este homenaje. En parte porque los homenajes lo ponían auténticamente incómodo pero en parte también porque esa su naturaleza: la de un antagonista de los lugares comunes, la de un pensador a contracorriente, la de enemigo de cualquier complacencia. Por eso su pensamiento era en sí un hervidero de contradicciones que lo mantenían continuamente despierto: Valls fue católico, antimperialista, estoico, socialista con toques anarquistas, revolucionario, terrorista (o al menos confiesa en sus memorias: “tomé parte en todo tipo de lucha, desde la agitación y propaganda al terrorismo”), pacifista, budista, nacionalista o humanista, tendencias estas que no tenían más coherencia entre sí que la que les daba el incansable inconformismo de Jorge Valls. Porque lo que le imprimía sentido a ese complejo todo era la indómita humanidad de Jorge Valls, su compasión sin fingimientos hacia casi cualquier prójimo. No puede ser casualidad que yo nunca haya escuchado a nadie como a Jorge Valls emplear palabras como “persona” o “gente” con la seriedad y devoción con que él lo hacía. Su sabiduría, su inteligencia, su cultura y la tranquila elegancia de cada uno de sus gestos, de cada una de sus decisiones, lo acercaba a su humanidad y al mismo tiempo lo distinguía del resto de nosotros. Porque en todos estos años no pocos cubanos se han enfrentado a tiranías con armas o sin ellas, han defendido hasta las últimas consecuencias a un amigo, han soportado con dignidad los maltratos más terribles pero me atrevo a decir que ninguno lo hizo como él. Si debiera definir a alguien como Valls –con lo de atrevido e injusto que tiene tal intento- diría que era ante todo un estilo: un estilo de actuar en toda circunstancia, de no doblegarse ante ella, de elevarse incluso por encima de esas circunstancias pero sin llegar a desentenderse de ellas. Un estilo que era, por supuesto, un estricto e irrenunciable código ético que empezaba por el cuestionamiento constante y la ausencia de cálculos. Nunca entraba en una batalla de las tantas desesperadas batallas que emprendió en su vida porque hubiera algo que ganar. Con que la considerara necesaria le parecía suficiente. “Si uno no puede triunfar en una causa justa al menos puede sufrir por ella” dijo en su testimonio de la cárcel y tal pareciera que fuera el lema que guiaba su vida, paso a paso: no renunciar a la justicia incluso cuando todo lo que quedara fuese sufrir.Otra de las tentaciones al tratar de definir a alguien como Valls sería la de proclamarlo santo. Así, con su canonización, nos ahorraríamos el engorroso problema de definirlo en su singularidad. Pero debemos pensar que la santidad, por excepcional que parezca, es una categoría que cuenta con suficientes ejemplares como para no presumir demasiado de ser exclusivo. La canonización es honrosa, sin dudas, pero también es una manera amable de domesticar con la rutina y los rituales a seres humanos que fueron desaforadamente únicos. Y no es eso lo que queremos para nuestro amigo. Si queremos mantener con vida su legado hablemos de ese estilo con el que Jorge Valls conseguía aunar en su persona, como lo más natural de mundo, la firmeza, la delicadeza, la austeridad, la inteligencia, la lealtad, la seriedad, el desenfado, la humildad y una profunda defensa del bien que incluía por supuesto el rechazo sin dobleces de cualquier variante del mal. Debemos pensar cómo ese ascetismo, esa rebeldía incansable o ese rechazo por la violencia respondían a su idea irreductible del bien. Una idea del bien, por otro lado, que no tenía nada de soberbia y sí bastante de angustiosa. La angustia de saberse imperfecto. Su temor de que toda comodidad física o mental no fuera más que una invitación a desistir en esa persecución sin reposo del bien y de su propia salvación. Que las últimas palabras hayan sido de preocupación por el destino de su alma –un alma que nosotros imaginamos perfecta e impoluta- nos da una idea de cómo acercarnos a su legado: con la misma inquietud y mismo rigor de la persona que lo ha producido.No sé qué piensan los que conocieron a Jorge Valls Arango de la definición que he intentado dar. Solo sé que para el que no lo haya conocido no será suficiente porque por mucho que me esfuerce ninguna palabra puede sustituir lo que significaba gozar de su presencia. Ni siquiera sus propias palabras conservadas en libros conseguirán sustituirlo. Pero debe intentarse. Yo mismo, luego de varios días digiriendo la noticia de su muerte, de convencerme que ya no podría acudir a él a consultarle cualquier duda que tuviera sobre esa parte de la historia cubana a la que estaba trenzada su propia biografía, me puse a leer un libro suyo. Ese libro fue precisamente “Veinte años y cuarenta días”. O sea, el libro que narra su estancia, por el período de tiempo que anuncia el título, en el desmesurado complejo carcelario del castrismo. Confieso que sustituir su voz por su escritura fue un ejercicio extraño. Y es que esa personalidad exuberante, esa voz de Zeus radiofónico con que hipnotizaba a sus interlocutores es sustituida en “Veinte años y cuarenta días” por una mucho más sobria, notarial casi. Una voz que se limitaba a informar y tratar de entender el horror que había presenciado durante aquellos años y aquellos días. Esa contención es uno de los mayores aciertos del libro y su recurso dramático más contundente. Nada como la mesura de esas páginas para que nos llevemos idea de los niveles de crueldad a que eran sometidos los presos políticos en aquellos años, del absoluto desprecio de sus captores. Nada como el contraste entre el recuento meticuloso y la mosntruosidad que narra para entender que el horror real era mucho más terrible que el de cualquier mitología. Es desde esa sobriedad donde consigue reconstruir escenas como aquella en la que describe el supuesto plan de reeducación que se emprendió con parte de los presos:
Algunas de estas lecciones se impartían de noche, en la galería que se utilizaba como comedor, justo al lado del foso de ejecución. El “profesor” utilizaba un micrófono para que le oyeran los que estaban en el patio [o sea, los que como Valls no se habían integrado al plan de reeducación]. Unas veces la lección tenía que ver con la política; otras trataba otros temas relacionados con ella.Recuerdo una noche en la que los pobres presos tenían una conferencia sobre las culturas indígenas de Cuba. Su voz salía, estridente, por los altavoces: «los guanacahíbes (sic) vivían en la provincia que hoy se llama Pinar del Río. Pertenecían a la edad paleolítica, o la edad de la piedra no pulimentada». Su voz sonaba como un martillo neumático en el silencio forzoso de la noche. Luego oímos el ruido de los coches que traían a los condenados que iban a ser fusilados, y al pelotón que marchaba hacia el foso. El conferenciante continuaba: «los guanacahíbes vivían en cuevas y se alimentaban de la caza». Oímos la voz de mando: «¡Preparados!». «Los guanacahíbes utilizaban trozos de concha como ralladores.» «¡Fuego!» Se oyó la descarga. El pobre hombre seguía hablando de los indios. Trajeron otro condenado al paredón. Nos retorcíamos en el suelo, incapaces de hablar, llorar o salir corriendo. El altavoz continuaba: «Los guanacahíbes enterraban a sus muertos en montículos, una primera capa con los cuerpos y otra capa de conchas y piedras». Parecía que continuaría siempre. Murmurábamos una oración, sin saber si íbamos por el principio, el final o estábamos repitiendo el mismo verso. Solo Dios sabe cuántas veces lo hicimos aquella noche. Otra descarga. No sé cuántas veces pasó. No sé cuándo acabó o cuándo me quedé dormido"
Un horror, como acabamos de ver, acentuado por el intento grotesco de pretender educar a los mismos seres a los que se les tortura con el asesinato sistemático de sus compañeros. Y esa escena horrorosa constituye una de las mejores metáforas para describir a un régimen que ha utilizado durante casi seis décadas el pretexto de la educación para exterminar la libertad de un pueblo. Pocas veces se ha retorcido de manera más perversa el noble acto de educar. Imaginemos por un momento la revulsión de Valls al escuchar a este remedo de profesor soltar la sarta de idioteces que pretendía hacer pasar por conocimiento mientras asesinaban a sus compañeros, imaginemos su exquisita sensibilidad sometida a tanta abominación. De ahí que este libro valga todavía más como defensa insobornable de la dignidad humana y de la verdad. La dignidad que intentaban defender entre todos los presos en medio del horror. Una dignidad que es replicada por otra, la de esa narración serena y estoica en la que Valls evita cualquier gesto de auto-conmiseración, cualquier hipérbole. Estoy convencido que esa misma serenidad y contención servirían para entender la vida y la obra de Jorge Valls Arango. Como dije antes, la tentación de la mitología es fuerte pero ante una realidad tan poderosa no necesitamos mitos. Ante casos como el de Valls la pura verdad es más que suficiente. 

domingo, 31 de enero de 2016

El ruido del Tiempo

Es cosa sabida que el comunismo es un pésimo lugar para vivir y, sin embargo, bastante generoso como fuente de inspiración literaria. Y ni siquiera hay que pasar por el incómodo trámite de haberlo vivido en carne propia. Como ocurrió con el inglés Orwell. O ahora con su compatriota Julian Barnes quien acaba de sacar su novela "The Noise of Time", una reconstrucción de la vida del compositor Dimitri Shostakovich bajo el totalitarismo soviético. Una buena novela no porque confirme el tópico de que las desgracias que produce ese sistema son idénticas con independencia de las diferencias nacionales, culturales o climáticas en el que se desarrolle. El valor de esta novela está en el cuidado con que se rastrean las disyuntivas por las que pasa allí cualquier persona con algo de sensibilidad y con un mínimo aprecio por su dignidad humana. Véase como botón de muestra este análisis de la cobardía [La traducción es -lamentablemente- mía]:
“Pero no era fácil ser cobarde. Ser héroe era mucho más fácil que ser cobarde. Para ser héroe sólo había que ser valiente por un momento –cuando tomabas el arma, tirabas la bomba, presionabas el detonador, acababas con el tirano y también contigo. Pero ser cobarde era embarcarse en una carrera que duraba toda una vida. Nunca podías relajarte. Tenías que anticiparte a la próxima ocasión en la que tenías que excusarte, titubear, rebajarte, familiarizarte con el sabor de las botas de goma y con el estado de tu propio carácter caído y abyecto. Ser cobarde requería una pertinacia, una persistencia, un rechazo a cambiar –que suponía, en cierta manera, algún tipo de coraje”

Los cálculos de Anteo

Irse de Cuba o quedarse en ella ha sido, más que una decisión, un dilema al que se ha enfrentado cada uno de los cubanos de las últimas tres o cuatro generaciones. Para mí, tan legítima puede ser una opción como otra. Pero qué decir de los que hacen de la decisión de quedarse una apuesta estratégica y convierten en acto patriótico lo que no es más que puro cálculo. Pienso sobre todo en los artistas ya curtidos en el delicado deporte de jugar con la cadena sin que el mono apenas se entere. Que convierten en heroísmo lo que no es más que cobardía bien administrada. Que asombran a los extraños porque creen, parafraseando a Silvio (más franco en este aspecto, habrá que reconocerlo) que lo dicen todo, que se juegan la vida.

¿Qué decir? repito. Bueno, nada que no quepa en un libro que se titule "Del oportunismo como una de las bellas artes". (Y luego te dicen en la cara que no se van por temor a que se les acabe la inspiración. Y hasta se inventan la teoría de que Cuba es un país tan especial que alejarse de él te afecta irremediablemente las capacidades creativas. Como si media cultura cubana no hubiera sido creada fuera de la isla. Como si la razón por la que no se van es para que sus tan limitadas audacias adquieran algún valor en el mercado internacional o en el doméstico. Y luego se encuentra uno con gente buena –joven o ya madura, da igual- y bien intencionada sugestionada por esta versión totalitaria y tropical del mito de Anteo). Lo que jode en fin, no es que se queden o se vayan. O que hagan o dejen de hacer. Lo que me jode es ese servilismo disfrazado de audacia. O esa cobardia que quiere pasar por patriotismo.

jueves, 28 de enero de 2016

El Apóstol y la bobería

Entre las mejores caricaturas que hizo Abela de su Bobo están las que hacen alusión a Martí con una soltura que luego, durante mucho tiempo se echó en falta, tradición que ahora recuperan, entre otros, Garrincha y Lauzán.



                                
-¿Recuerda, Apóstol, cuando usted encontraba agrio nuestro vino…?
-Sí que recuerdo…
-¡Bueno, pues si usted lo prueba ahora…!








miércoles, 27 de enero de 2016

El Lele (1944-2016)

Hace unos días falleció en La Habana Miguel Ángel Rasalps, cantante conocido como el Lele, fundador y voz principal de Los Van Van desde 1969 hasta 1972, grupo al que regresó brevemente en 1980.  También fue fundador de la igualmente formidable agrupación Los Reyes 73. Su abrupta desaparición de la escena cubana fue un misterio durante años que acrecentó la leyenda que lo acompañaba desde que le diera voz a los primeros éxitos de la orquesta más famosa del país. Luego de años de marginación, vicisitudes económicas y problemas de salud se marchó a Chile 1998 de donde regresó años después donde se le acogió con esa extraña generosidad con que en Cuba se recibe a los hijos pródigos: vuelta al redil a cambio de silencio. (Aunque ahora que lo pienso, no es tan extraña esa generosidad: al fin y al cabo es el mismo trato que debe haberle propuesto la Inquisición a Fray Luis de León). Ayer Granma daba al fin la noticia de su muerte expurgando, por supuesto los detalles más incómodos de su biografía. Antes que Ricardo Alarcón declare que el Lele nunca dejó de cantar en Los Van Van o nunca vivió en Chile me permito citar partes de una entrevista que le hiciera años atrás en Chile Miguel Cabrera Peña:

"Pero mi principal problema en Cuba fue que nunca quise pertenecer al Partido. Mi partido fue y será siempre yoruba... Por cierto, que tengo que hacer Obbatalá... Todo el mundo sabe que durante mucho tiempo tener creencias religiosas estaba prohibido". […] "Los coros que yo hacía, 'sin libertad no hay arreglo' o 'la libertad es el comienzo de la vida', 'me cansé de hablar', provocaron que varios jefes de núcleos del Partido me llamaran la atención. Yo creaba esos coros con la más absoluta inocencia política. El número Mañe, mañengo, que es una frase utilizada en el oriente del país y describe a personas descuidadas y mal vestidas, lo prohibieron porque decían que así se le llamaba a los que habían bajado de la Sierra. El estribillo y el título del número lo tuve que cambiar. Pasó a llamarse Baila que baila".[...]
"En el fondo, yo no caía bien. Mi integración política distaba de ser la que de mí se esperaba. Tampoco rechacé nunca a esas personas que viven en las fronteras de la marginalidad y que suelen seguir fielmente a las agrupaciones como en las que yo participaba. Ellos forman también parte del pueblo y poseen una tremenda intuición musical. Yo era como una tuerca que no encajaba en el engranaje".
Y se agrega en la entrevista:
En 1986 creó el grupo Jibacoa, que se disolvería cerca de los noventa. "En esta etapa me sancionaron porque no quise ir a cantar a Bayamo, donde ya había actuado anteriormente. En el mes de la sanción yo había sobrecumplido la meta que imponían los reglamentos de la institución cultural para el período. En todo caso correspondía una amonestación, pero me sancionaron, y luego me llevaron a un juicio laboral". Al promulgarse la ley que daba la posibilidad de retirarse a los 25 años de trabajo en el sector cultural, se acogió a ella, aunque el salario era lógicamente más bajo y no le alcanzaba para vivir. "Mi divorcio de la que había sido mi esposa por muchos años fue por esta etapa. Así, me vi con una jubilación insuficiente y en la calle". Durante tres años, y hasta que salió para Chile, vivió en campamentos en Alquízar, Quivicán y La Salud, donde trabajaba como obrero agrícola, bastante lejos de la capital. Se trata, en realidad, de empobrecidas poblaciones rurales. Cada quince días recibía pase, y entonces dormía en casa de sus hijos o de su compadre Alfredo —"a quien querré siempre"—, ex utilero en Reyes 73.
Al Lele no debe haberle extrañado la biografía retocada que le dedicara el Granma a su muerte. Ya en vida tuvo que soportarle a un entrevistador de la televisión cubana decirle en la cara “Siempre he querido preguntarle si fue una buena y sabia decisión haberse retirado". Recuerda aquel chiste que contaba -en los años en que los turistas españoles inundaban la isla un camarero le explicaba a uno de ellos que Hatuey fue un indígena que se dio candela por problemas personales:


sábado, 23 de enero de 2016

Almendras

A ese danzón tardío que fue "Almendra" hace años que estaba por dedicarle un post. Digo tardío por ese aire perfectamente clásico conseguido en 1938 por su autor, Abelardo Valdés cuando hacía rato la música cubana andaba encaminándose por otros rumbos. Un danzón que es para muchos El Danzón, ese que primero recuerdan cuando quieren invocar a un género que conoció su momento más alto a principios del siglo XX. “Yo cambiaría nuestro Himno Nacional por el danzón Almendra que tiene raíces más internacionales y además es bailable” dijo alguna vez el crítico Carlos M. Luis en una entrevista (aunque sin tomar en cuenta que Figueredo le había tomado prestado un compás completo a Mozart con quien no se puede competir en internacional aunque sí en bailable). “Almendra” ha tenido no poca suerte con sus innumerables versiones de las que les quiero ofrecer algunas.


Quería empezar con una grabación que no es la original pero el cuidado que puso el flautista Alberto Corrales muchos años después en tocarla hace que en nuestros oídos suene al origen de todas las cosas:


No estaría mal pasar entonces al arreglo de Chico O’Farril para big band:

O este de Orlando Valle “Maraca”

Y luego a este de la Latin Percussion Jazz Enssemble, grupo ocasional que reunía talentos como los de Tito Puente, Patato Valdés y Alfredo de la Fe:

O la de  Charlie Palmieri al frente de la Alegre All Stars

O del mismo Charlie Palmieri solo en casa:

Y para terminar esta versión funky del grupo colombiano Macondo de 1972 que me encanta por esa frescura intacta tantos años después:

jueves, 21 de enero de 2016

#TodosMarchamos

De todas las maneras en que la Plataforma ‪#‎TodosMarchamos‬ (una plataforma que incluye 16 organizaciones opositoras, desde UNPACU a EStado de Sats) recaba nuestro apoyo la más accesible y elemental es dar nuestra firma a un pliego de demandas básicas cuyo cumplimiento no traería la instauración de un régimen democrático en Cuba pero significaría un paso decisivo en esa dirección. Cuando hay apenas unas decenas de firmas valdría preguntarse ¿Por qué firmar algo a lo que sé de antemano que el régimen cubano no le hará caso? Propongo otro ejercicio. El de preguntarse ¿Vale la pena que me siga quejando de esto o aquello si no me atrevo a apoyar la iniciativa más elemental y menos exigente para intentar un cambio? O ¿Si todos los que estamos de acuerdo con lo que dice el texto damos nuestra firma al menos no tendríamos una idea aproximada de cuántos estamos a dar nuestra firma, de canalizar un mínimo de energía en esa dirección? Hagamos el experimento y ya sabremos a qué atenernos.
Demandas
La sociedad civil cubana busca poder hacer su transición a una democracia representativa, con un estado de derecho, pluralismo político, independencia de poderes ejecutivos, legislativos y judicial y respeto pleno de los derechos individuales y las libertades fundamentales.
-Exigimos la excarcelación incondicional, inmediata y la anulación de condenas de todos los presos políticos, así como un decreto de amnistía.
-Exigimos la derogación de leyes y artículos que vulneran Pactos Internacionales relacionados con el respeto a las libertades de expresión, asociación, sindicación, reunión, movimiento, conciencia, religión, económicas y culturales de cada cubano, así como el establecimiento de plenas garantías para el ejercicio de las mismas.
-Exigimos la eliminación de la figura de “peligrosidad pre-delictiva”, así como de todas las normas que puedan contribuir a detenciones, reclusiones arbitrarias y actos de hostigamiento y agresión que violen los acuerdos contraídos.
-Exigimos el restablecimiento de las garantías judiciales constitucionales.
-Exigimos una nueva ley que garantice el reconocimiento y la protección de la libre asociación, el pluripartidismo y garantías para la libertad de reunión. Asuntos relacionados con uniones y asociaciones sindicales pudieran ser modelados tomando en cuenta normativas establecidas por la Organización Internacional del Trabajo.
-Exigimos una nueva ley de medios que garantice el respeto al derecho a la libre diseminación y flujo de información.
-Exigimos una nueva ley electoral (restauración de la soberanía nacional).
GRUPOS Y MOVIMIENTOS EN #TODOSMARCHAMOS

Movimiento Libertad Democrática por Cuba
Partido por la Unidad Democrática Cristiana
Frente de Acción Cívica Orlando Zapata Tamayo
Frente Nacional de Resistencia Cívica Orlando Zapata Tamayo
Movimiento Opositor por una Nueva República – Movimiento Democracia
Movimiento Damas de Blanco Laura Pollán
Movimiento Femenino por los Derechos Civiles Rosa Park
Partido por los Derechos Humanos de Cuba
Estado de Sats
Asociación de Presos y Expresos Políticos en Cuba
Coalición Central Opositora
Movimiento Nacional de Resistencia Cívica Pedro Luis Boitel
Alianza Democrática Oriental
Unión Patriótica de Cuba | UNPACU
Amigos de la Rosa Blanca
Comité de Atención a Familiares de Presos Políticos | CAAFP
[Si están de acuerdo pueden dejar su firma aquí]:

jueves, 14 de enero de 2016

Lo público y la cosa

Foto: Geandy Pavón
El crítico de arte y curador Dennys Matos me hace llegar dos preguntas sobre la crisis migratoria de los cubanos en Centroamérica para un trabajo que está realizando. Le he pedido permiso para publicar en mi blog las respuestas que quiero que sean parte del debate que se ha establecido desde hace rato sobre el estatus del régimen cubano actual y el de aquellos que huyen del país  (para regresar al año y un día, ya lo sé).
D.M: Más allá de las lógicas diferencias de espacio y tiempo, ¿cuáles crees tú que son aquellos elementos y circunstancias que acercan y aquellos que diferencian la crisis de los balseros en 1994 y esta que está teniendo lugar en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua?  
EDR: Las diferencias, como dices, son bastante obvias. Las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba se han transformando y también entre los dos países de manera que ahora la estampida hacia Estados Unidos coincide con cantidades cada vez mayores de norteamericanos visitando el país. O sea, estamos ante la paradoja cada vez más aguda de un paraíso turístico que es al mismo tiempo un infierno cotidiano para los nativos. Por otra parte la sociedad cubana ha cambiado. Más o menos igual de represiva en lo político ya lo es menos en lo económico. Este éxodo sin embargo nos habla claramente del poco éxito que ha tenido el régimen cubano en crear expectativas de prosperidad con esas reformas muy limitadas por otra parte. Si para cualquier emprendedor en el mundo los inicios de un negocio son siempre difíciles, en Cuba, un país estructurado para restringir la autonomía económica de su población, cualquier reforma sabe a poco.
Y hay más diferencias. Este éxodo es menos dramático que la crisis de los balseros en el 94 por dos razones principales. En parte porque la reforma migratoria ha creado un marco de expectativas distintas para los emigrantes que a diferencia del 94 se van con la idea de regresar tan pronto como puedan. Eso hace de su fuga algo menos definitivo, más contingente. Por otro lado la fuga, al darse a través de terceros países, fuera del alcance visual y sentimental de sus compatriotas supongo que tenga menos resonancia dentro del país, que no se está viviendo como el drama colectivo y sincrónico que se vivió la del 94. Incluso cuando en ese penoso éxodo las muertes y las situaciones horribles en general no han sido pocas.
Lo que iguala ambos éxodos es el régimen cubano que en cuanto composición, idea del poder y del control y uso de la población cubana sigue siendo más o menos el mismo. Un régimen al que los éxodos anteriores le han enseñado muy bien cómo utilizar a su propia población en fuga como instrumento de presión política. El gobierno norteamericano, distinto al del 94 y al del 80 actúa como si esto sucediese por primera vez. Y claro, en este tipo de intercambio las dictaduras veteranas siempre llevan las de ganar sobre gobiernos democráticos que nunca encuentran tiempo para aprender de sus errores.     
D.M: En mi opinión esta emigración es política y económica. Política porque en Cuba, donde hay un régimen totalitario que bloquea cualquier ejercicio de elección democrática, los ciudadanos no puede elegir a su gobierno, por tanto "eligen" irse. Económica, precisamente porque debido a la política económica totalitaria, el país se ve abocado a una crisis económica permanente. ¿Tú qué crees al respecto? 
EDR: El mantra del régimen cubano (porque no se trata solo del gobierno sino de su maquinaria de propaganda y hasta de la opinión de los compañeros de viaje) es decir que la Ley de Ajuste Cubano politiza a los emigrantes económicos para convertirlos en exiliados políticos. Pero no olvidemos que hubo un tiempo donde para ese mismo régimen todos los emigrantes eran políticos, como todo era eminentemente político en la sociedad: desde la economía hasta el deporte pasando por el arte (“un arma de la Revolución”) todo dentro de la sociedad existía en función del poder político establecido. Porque incluso la ideología –dicho sea de paso- era mero pretexto. Lo único importante fue siempre si le convenía al poder político de ese momento. Eso es lo que constituye un estado totalitario, más que la existencia de campos de exterminio y demás detalles con que lo asociamos aun  nivel más cinematográfico.
Ahora el régimen cubano actual es bastante más modesto, hasta el punto que se podría entrarse a debatir si todavía es un estado totalitario o ya empieza a transformarse en una dictadura de derechas de las de toda la vida solo que con retórica y apoyos de izquierda. Pero eso sí: conserva la misma lógica, los mismos instintos totalitarios aunque solo sea porque “Loro viejo no aprende trucos nuevos”, porque es lo que siempre les ha funcionado. En lo que sí ha cambiado es en la táctica. Sin dejar de pensar en términos totalitarios –esto es, en función de preservar la mayor cantidad de control político, social y económico posible- trata de “despolitizar” su discurso, de “normalizarlo”. Ya el régimen cubano no aspira a convertirse en “faro de América toda” como decía aquel famoso himno. Con conservar el poder, con sobrevivir como poder interno es suficiente. Pero para eso entiende que Cuba debe pasar de ser una anomalía latinoamericana  a ser un país “normal”. Y la emigración económica es parte de esa realidad latinoamericana así que el régimen no tiene problema en reconocerla como tal porque es parte de esa "normalidad". De lo que se trata ahora –y en eso el gobierno norteamericano, quizás hasta con las mejores intenciones del mundo, está haciendo una visible contribución- es de normalizar la anomalía que constituye una dictadura que acaba de cumplir 57 años. Pero no se quiere normalizar el país mediante una transición a la democracia sino haciendo que la percepción del régimen político sea más aceptable sin necesidad de dejar de ser dictatorial. 
Llegado a esa “normalidad” el régimen incluso se da el lujo de acusar a los demás de politizar una situación creada por él mismo. Primero, destruyendo el país y negándole –como dices- la posibilidad de prosperar al cubano promedio. Segundo, solicitándole a su mayor aliado político de la región, el régimen del nicaragüense Daniel Ortega, que obstruya el paso a los emigrantes y que convierta el tránsito de cubanos por Centroamérica rumbo a Estados Unidos desde Ecuador–tránsito que lleva ya varios años- en crisis visible. Y se da la paradoja de un régimen que se sirve de la desesperación de sus compatriotas (a quienes no ha intentado ayudar en medio de la crisis en los mismos días en que envía miles de dólares a los refugiados sarahuíes) como instrumento de presión política acusa a todo el que diga que las causas de la emigración cubana son primordialmente políticas de politizar el asunto. 
El cubano de a pie –literalmente, luego de recorrer caminando medio continente para llegar a los Estados Unidos- ha captado perfectamente la indirecta y se declara perseguido político a la hora de acogerse a la Ley de Ajuste y simple emigrado económico cuando se trata de regresar de visita a la isla. Y ese cubano en general no piensa en términos políticos –o sea, con autoconciencia de su situación- porque ya el castrismo le ha enseñado durante décadas que eso no lleva a nada bueno. Y entonces hace lo mejor que sabe hacer que es decir en cada momento lo que el otro –el que tiene poder de decidir sobre su situación- quiere oír. Por conveniencia y porque no sabe hacer otra cosa. Y la verdad es que a nivel colectivo no se les puede culpar de que no sepa comportarse más que como mero sobreviviente.

martes, 12 de enero de 2016

El Imperio Oblómov

Con la publicación de “El Imperio Oblómov” (Sevilla, 2014) la laboriosa carrera de Carlos Alberto Aguilera (La Habana, 1970) entra en un nuevo territorio, el de la novela. Empeñado hasta ahora en formas más o menos breves –poesía, relato, nouvelle, teatro- el terso y denso sistema Aguilera pasa a otra dimensión, a otras exigencias. Y no debe ser fácil, supone uno, aplicar ese sistema Aguilera (que supone ante todo un rechazo radical de los lugares comunes de la narrativa, de la lengua y por tanto, una total impredictibilidad de la escritura) durante las doscientas treinta y tres páginas que constituyen el libro. Pueden no parecer muchas páginas pero cuando uno de los escritores más distintivos y minuciosos de la lengua se decide a construir un imperio la cosa se pone inevitablemente seria.
De un tiempo a esta parte a los escritores cubanos suele definírseles de acuerdo a un diagrama en el que su perfil se dibuja de acuerdo a la tensión que se establece respecto a dos ejes: el eje Lezama y el eje Piñera. Pero ese sistema, que funciona para muchos, en el caso de Aguilera resulta completamente ineficaz. Si para definir un unicornio quizás nos pudiéramos valer de un caballo y un rinoceronte tales referencias se vuelven bastante ineficaces a la hora de definir a un delfín. Y Aguilera es, en este caso, el delfín. Tal vez, si hemos de buscar un ejemplar en el corralito cubano que vagamente nos recuerde el espécimen que aquí se está tratando de describir, lo más cercano sería Lorenzo García Vega con su escritura entrecortada e infatigablemente rebelde. Y fuera del corralito Thomas Bernhard con su rabia malamente contenida y su imposibilidad narrativa. (Si insisto en referirme a la cubanía de Aguilera no es con ánimo de encadenarlo al sitio del que parte su ficha biográfica sino porque su propio cuidado en evitar los modos, los temas, los tics discursivos que habitualmente se asocian a lo cubano hace aflorar con nitidez lo más esencial de la cubanía, una suerte de sintaxis nacional, incluso hasta como virtud).
De lo que se trata aquí es de construir un imperio. Y de deconstruirlo. Pero Aguilera para ello no se vale, como podía ser previsible, de una descripción (o una narración) analógica. No trata de describir su Imperio Oblómov como si estuviera hablando de otra cosa. Ni siquiera intenta hacerle un corte longitudinal a dicho imperio para que lo entendamos a lo largo de su estructura sino que lo corta en lascas y las separa unas de otras para que no se vayan a contaminar de sentido. Para que valgan y se entiendan por lo que son y no por lo que pretenden ser. Y lo que nos deja “El Imperio Oblómov” es la convicción de que todos los imperios, todo poder excesivo, no son más que una retahíla de obsesiones, mutilaciones, complejos y, por supuesto, de grandes dosis de violencia porque como se dice en algún sitio del libro “la violencia siempre genera futuro”. Este imperio es
Un imperio donde incluso lo muerto fuese en sí una construcción de vida. Un imperio donde el dolor no fuese más una experiencia desagradable, reumática, sanguinolenta, con garras y pezuñas encarnadas, que hubiese que esconder por debilidad o conflictos estéticos en alguna parte. Donde lo que hubieras hecho antes: lo que habías hecho, lo que te habían hecho, lo que nunca harías, ya no tuviese ninguna importancia.

Como el imperio que describe este es un libro desolador e inimitable en su tarea de desnudar la Historia de sus promesas y dejarla en su realidad esencial: la de dolor y frustración incrustados en el Tiempo pero un Tiempo que no se deja sobornar por el sentido o incluso la dirección (del pasado al futuro pasando por el presente). El Tiempo de “El Imperio Oblómov”, con sus repeticiones obsesivas, con su despiste constante al referirse a la otra Historia, esa que no sin sorna llamaremos “real”, se parece más a la eternidad salvo que en esta eternidad la gente efectivamente muere incluso de una manera más tangible de la que vive. (A esto obedece en no poca medida la dura y seca comicidad del libro). Donde otros repletarían las páginas con guiñitos, puyas personales o colectivas, alusiones locales o cierto tremendismo universalista “El Imperio Oblómov” opta con la aplicación sin descanso de la ilógica narrativa que conforma el libro sin apelar a ninguna muleta externa para hacerlo andar. Y es aquí donde se revela, de paso, –y esto no es poca cosa- el buen gusto y el buen carácter del autor. Y cuando digo “buen carácter” pienso en la definición que daba su dilecto Thomas Bernhard: “entiendo por buen carácter, sencillamente, un carácter insobornable”. 

domingo, 10 de enero de 2016

Rumores

Hoy Diario de Cuba publica una entrevista que le hice a Geandy Pavón a su regreso de Costa Rica. De ahí extraigo este fragmento. De ser reales dichos rumores sería la prueba más clara del origen de la crisis y las intenciones de que se empeore:
Al llegar a la frontera traté de cruzar, había una cola enorme de nicas, pero a mí me hicieron una seña para que me acercara. El oficial que me atendió me preguntó qué haría en Nicaragua, yo le contesté que solo quería tomar algunas fotos desde ese lado de la frontera hacia el lado costarricense. Me dijo de mala manera que para tomar fotos no podía cruzar.
Mi objetivo real era fotografiar a las tropas nicaragüenses, había escuchado en La Cruz que entre ellos había tropas especiales cubanas y quería acercarme para comprobarlo.
Me quedé del lado costarricense en el que un oficial de frontera me dio un sitio privilegiado para hacer algunas tomas del ejército nica.No puedo asegurar que había cubanos entre las tropas nicaragüenses, sin embargo vi rostros y ademanes típicos de los cubanos que me hacen sospecharlo. Pero es solo eso, una conjetura y no quiero asegurar algo sobre lo que no tengo pruebas.
De cualquier forma, todo parece indicar que esos rumores son fundados. En una visita de un alto funcionario del Gobierno de Costa Rica a uno de los refugios, tuve la oportunidad de preguntarle sobre eso y me dijo que era cierto. Para los cubanos refugiados que han tratado de cruzar la frontera es una realidad. Algunos me aseguraron haber escuchado el acento cubano entre las tropas cuando los deportaron a Costa Rica.
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viernes, 8 de enero de 2016

La saga del misil

Ahora aparece la noticia de que un misil norteamericano (con tecnología punta y suceptible de ser copiada por potencias como China y Rusia) apareció extrañamente en Cuba, fue incautado por las autoridades cubanas y no ha sido devuelto. Eso pese a que desde junio del 2014 sus fabricantes ya habían advertido que el arma estaba en la isla. Y uno, ingenuo, se pregunta cómo si es que desde dicha fecha se sabía que el misil norteamericano estaba en Cuba porque no se incluyó en el trueque por los 5(U3) Espias, Vaya, aunque fuera a cambio de los cinco dientes que le faltaban a Alan Gross.
Ya uno se puede imaginar en los próximos meses:
-Una campaña internacional bajo la consigna "Liberen al cohete" (pero apunten para otro lado).
-El misil apareciendo con cara de zombi ante las cámaras de la televisión cubana declarando que quiere quedarse en Cuba y hacer familia. Que ya tiene un hermano gemelo chino y otro ruso.
-A Silvio Rodríguez actualizando repertorio y grabando la canción "Misil contra misil".
-Al cohete por fin liberado con unos cuantos dispositivos de menos dando declaraciones a un programa norteamericano sobre cómo lo amenazaban con accionarle el mecanismo de autodestrucción si no colaboraba.
-El cohete viajando de vuelta a Cuba para la filmación de una nueva película de la saga de James Bond y hablando de la emoción que siente de ayudar al mejor entendimiento entre los dos países.