viernes, 27 de marzo de 2026

Tres posiciones

 


Con el talento para el divisionismo que nos caracteriza y ante la nueva situación que la actual administración estadounidense ha creado respecto a Cuba los cubanos nos hemos separado en tres bandos bastante definidos.

1.-Los antitrumpistas esenciales: Convencidos que de Trump y sus políticos no puede ni debe salir nada bueno necesitan que la realidad se lo confirme. Por eso preferirían que Cuba se quede como está ante que ocurra cualquier cambio que pueda atribuirse a la intervención directa o indirecta del gobierno norteamericano. De lo contrario sus credenciales progres y hasta su cosmovisión del mundo serían afectadas de un modo tal que no estarían capacitados para digerirlo.

2.- Los trumpistas esenciales. Su convencimiento es simétrico al de los anteriores, aunque de signo contrario. Les da igual lo que proponga o consigue su amado líder: si su presión promueve cambios cosméticos en el régimen cubano, o si simplemente no ocurre nada, les parecerá magnífico: viven convencidos de que Trump es inmune al error y de que cada una de sus decisiones está animada por una grandeza que los simples humanos no sabemos aquilatar. Si lo que se negocia es una continuidad del castrismo ya encontrarán los argumentos para justificarlo.

3.-Estamos los otros, los que independientemente de lo que pensamos de Trump vemos en la actual situación una oportunidad única para que nuestros viejos sueños de democracia y libertad para Cuba pasen a un plano más concreto. El problema es que no tenemos idea de cómo va a ocurrir ni qué papel podemos cumplir los cubanos para que esto ocurra. Lo que sí deberíamos tener claro que no podemos esperar que los intereses de Trump, o incluso de Marco Rubio, coincidan con los nuestros ni que la dictadura caiga por su propio peso. Sesenta y siete años deben habernos demostrado que la ley de la gravedad no opera a favor de los cubanos. Nuestro rol por tanto debería ser más activo. Así lo veo.

Debemos:

-Ponernos de acuerdo en lo básico: liberación de los presos, legalización del derecho de los cubanos a expresarse, reunirse, formar partidos y buscar la prosperidad sin que el Estado los persiga por ello; la separación de la cúpula castrista del poder político en Cuba; todo esto llevaría a una transición democrática en la que los cubanos puedan sentirse nuevamente partícipes activos de su destino como nación.

-Tratar de convencer a los de los grupos 1 y 2 de lo inútil de su posición e invitarlos a que tomen un papel más activo en los cambios.

-Crear un diálogo nacional entre la sociedad civil cubana y el exilio para presentar un frente común que propicie los cambios que buscamos.

-Tratar de incidir en todos los foros internacionales y locales que podamos dejándoles claro cuáles son los intereses del pueblo cubano más desesperado y al mismo tiempo más esperanzado que nunca.

Todo lo dicho anteriormente me da una vergüenza infinita. Mi lengua materna es la ironía y el sarcasmo y no lo anterior que apesta a programa político y a las respectivas aspiraciones, pero al ver que nadie acaba de decirlo. No es un programa político sino una invitación a que todos, incluso los más escépticos lleguemos a un acuerdo esencial. El cambio deber ser ahora y debemos todos ser parte de él.

No hay comentarios: