lunes, 6 de mayo de 2019

Un mundo de memoria (visitando a Arsenio Rodríguez)


Con Ralph Mendez junto a la tumba de Arsenio Rodríguez

El viernes di un viaje memorable. De esos que cuando lo vives no tienes otro remedio que echar mano a pobre y abusada metáfora del sueño. Me había invitado a visitar la tumba de Arsenio Rodríguez, (el músico que más contribuyó al desarrollo de una de las tradiciones musicales más importantes del siglo XX) su más esforzado y documentado biógrafo, el colombiano Jairo Grijalba Ruiz. Un cementerio situado a unos cuarenta minutos de Nueva York, algo que en mis 22 años de vivir en esta zona me había resultado a mí, extraño ser sin licencia de conducir, inalcanzable. Nos llevaba Ralph Méndez, historiador autodidacta y uno de quienes más ha hecho por conservar viva la memoria de Arsenio, más allá de su música. Boricua tenía que ser. Y allá íbamos tres devotos a la búsqueda de su dios mayor. Tres enamorados.
El biógrafo de Arsenio, Jairo Grijalba, y Ralph Méndez

Por el camino hablábamos, por supuesto, del músico. Tuve la buena idea de preguntar si existían películas de Arsenio tocando con sonido (las pocas que circulan son pequeños fragmentos mudos) y el biógrafo me extendió su teléfono: allí aparecía Arsenio tocando el tres con sonido metálico que estuvo presente en sus últimas grabaciones. Magia, pensé. Como si aquellas fotos estáticas que había repasado montones de veces hubiesen condescendido a animarse. El viaje de la mano de Ralph fue como sobre una alfombra voladora donde lo más extraño parecía tan natural como inevitable. Así llegamos a la tumba del Ciego Maravilloso que alguna vez fue anónima y que fue el propio Ralph quien se encargó de coordinar los esfuerzos para colocar la tarja. “Desde el primer momento todas las puertas se me fueron abriendo” dijo, humilde, “como si ya estuviera decidido que debía hacerlo”. 


Luego de regreso al Bronx, escuchar al colombiano y al boricua desgranar datos minuciosos frente a la imbatible consistencia del mito. Y Ralph conduciéndonos por un barrio feo que gracias a sus observaciones se iba convirtiendo en el mundo que animóArsenio con su tres en sus últimas dos décadas de vida. Así una iglesia “Pare de sufrir” era de nuevo el Teatro Puerto Rico, una clínica el antiguo Club Tropicana, y un edificio en reparaciones, camino a convertirse en no se sabe qué, volvía a ser el Club Cubano Interamericano. 
Arsenio Rodríguez en el Club Cubano Interamericano
Terminamos el recorrido en el único sitio que seguía siendo lo que siempre había sido. La Casa Amadeo, la tienda de música del compositor Mike Amadeo fundada en 1941 como Casa Hernández por el también compositor Rafael Hernández y su hermana Victoria. Amadeo que a sus ochenta y cinco años es un monumento vivísimo a lo mejor de la música latina en el Bronx. Y en esos minutos que serán infinitos lo mismo nos habló de las rutinas de Arsenio que agarró una de las guitarras que tenía en venta para cantarnos una canción que acaba de componer.

Todo muy raro. Tan raro como aquel cuadro de Dalí en que el mismo cuando niño le levanta la piel al mar para ver qué guarda debajo. Los tres peregrinos de esa tarde teníamos un poco de niños que van despertando en la realidad vulgar una más antigua y esencial. De todo eso tuve la certeza un rato antes de llegar a la Casa Amadeo, mientras fotografiábamos la clínica que se levanta en el lugar que fue el Club Tropicana. El guardia de seguridad del lugar salió a preguntarnos, receloso, lo que hacíamos ahí. Difícil explicarle que no fotografiábamos el lugar que custodiaba sino otro que había existido allí hace mucho tiempo. Solo consiguió aplacarse un poco al escuchar la palabra “Tropicana” en la que reconoció un pasado que escapaba a sus obligaciones laborales. “No estamos retratando este edificio” le dije “sino su fantasma”. “Me gusta” me respondió, sonriendo al fin, “un fantasma”. Era la palabra que necesitaba para tranquilizarse del todo, para asegurarse que nuestras fotos correspondían a otra dimensión, la misma a la que pertenecen los sueños, la magia y los juegos infantiles. A casi nada.

viernes, 19 de abril de 2019

Una correspondencia olvidada

Era 1988 y yo publicaba artículos humorísticos en cuanto espacio me abría sus puertas. Uno de ellos fue la sección que había empezado a dirigir el gran Héctor Zumbado en la revista Bohemia. "Zumbado", "Bohemia". Así sonaba la gloria a los 20 años. Un día quise animar a mi madre a escribir algo, ella que siempre pudo hacerlo todo y nunca se atrevía a nada. De puro orgullo. Le propuse que escribiéramos un texto a dos manos. Un intercambio epistolar entre dos de los incinerados históricos más famosos que se me ocurrieron. Yo sería el taíno Hatuey y ella la francesa Juana de Arco. Y -por única vez en la vida- mi madre aceptó la propuesta. Cada uno escribió su parte y se la llevé a Zumbado quien quedó encantado con la idea: madre e hijo publicando un texto juntos. Solo que mi madre ni muerta quiso aparecer con su nombre así que el texto apareció firmado por los personajes correspondientes. Hoy Carlos Aguilera, al publicar un enlace con la colección completa de Bohemia, me devuelve a ese texto que les dejo con el nombre de sus autores reales: Magda Arrocha y un servidor.
Fuente: Bohemia 19 de agosto, 1988, página 96


miércoles, 17 de abril de 2019

El fin del mundo en las redes sociales


Un meteorito está a punto de colisionar con el planeta Tierra y de arrasar con toda forma de vida por los próximos 10 000 años. Esta es la respuesta de las redes sociales.
 

-unos comentarán lo terrible que resultará para la humanidad la pérdida de la humanidad

-otros cambiarán la imagen de su perfil por una foto del planeta y la inscripción "Todos somos la Tierra"


-otros muchos publicarán los últimos selfies que se tomaron con el planeta de fondo


-de inmediato empezarán a aparecer los que se quejan de tanto aspaviento por el fin de la humanidad cuando hay tantos niños en África pasando hambre


-otros pondrán en duda la propia existencia de la catástrofe y la atribuirán a una conjura de los medios


-otros se quejarán de la perspectiva terricolocentrista despreciando la existencia de vida en otras galaxias


-otros se quejarán de se desvíe la atención del hecho comprobado de que el meteorito es obra del terrorismo musulmán


-otros advierten que lo del meteorito es un invento para desviar la atención sobre los verdaderos problemas de la humanidad como el calentamiento global, la corrupción y el sexismo

-otros difundirán un meme con la imagen de la Tierran estallando y un letrero que dice "¿Y ahora? ¿Por fin van a creer en el Big Bang? jajajaja"
 
-otros se pelearán con todos los anteriores. sobre todo con los que no se toman en serio un momento tan solemne

-otros criticaran una iniciativa privada para detener al meteorito con tanto oso panda por salvar


Así que cuando el meteorito por fin impacte la tierra será verdaderamente refrescante

domingo, 14 de abril de 2019

Anexionista



Anexionista. Esa es la acusación lanzada contra el artista cubano Luis Manuel Otero Alcántara por superformance “Se USA”. “Se USA” consistió en repartir banderas norteamericanas entre muchachos del humilde barrio de San Isidro en La Habana para que corrieran con ellas en una suerte de competencia festiva. El performance evocaba la protesta que el opositor Daniel Llorente ejecutó el primero de mayode 2017 corriendo frente a la tribuna de la Plaza de la Revolución con una bandera norteamericana en los momentos en que se iniciaba el desfile oficial. Si Llorente fue derribado, golpeado y detenido apenas unos cuantos metros después de iniciar su carrera por las fuerzas de seguridad (aunque vestidas de civil) el performance “Se USA” llegó a extenderse unos cinco minutos antes de que aparecieran carros de la Policía Nacional Revolucionaria a detener a sus participantes. Todo un récord: dejo decidir al lector si de eficacia policial o paciencia represiva. Y, en cuanto a los residentes en la isla, es lícito concluir que en caso de robo o asalto a mano armada es mucho más eficaz hacer ondear una bandera norteamericana que llamar a la policía directamente.


Anexionista. Una acusación que alcanzó su vigencia máxima en la Cuba de mediados del siglo XIX. Días en que los estados sureños y norteños de los Estados Unidos pugnaban en torno a la cuestión de la esclavitud y los primeros buscaban nuevos territorios con los que reforzar su causa. Fue entonces que un grupo de cubanos y norteamericanos quiso aprovechar el interés de los sureños por adquirir territorios en los que la esclavitud fuera legal para, con el apoyo de estos, separarse de España y unirse a los Estados Unidos. Eso explica cada detalle del diseño de la bandera cubana, creada por el general venezolano Narciso López en Nueva York: tanto los tres colores con que está compuesta (los mismos de la enseña norteamericana), las tres franjas azules simbolizando los tres departamentos en los que se dividía por entonces la isla (remedando las trece franjas rojas de la norteamericana que simbolizaban las trece colonias originales) y la estrella solitaria, destinada a unirse en un futuro a la constelación de la enseña norteamericana como antes había ocurrido con efímera la República de Texas. Tras el fracaso de las expediciones del general López primero y, luego, de la guerra civil norteamericana que pusiera fin a la esclavitud el anexionismo dejó de ser asunto serio. Fue, si acaso, el amor no correspondido de ciertos cubanos en el siglo XIX hacia un vecino interesado en relaciones cercanas, pero sin exagerar. Un equivalente al “te quiero, pero como amigo” de las relaciones adolescentes. Ni siquiera durante las dos intervenciones militares (la de 1898 a 1902 y la de 1906 al 1909) a los que los Estados Unidos sometieron a la isla estos cedieron a la tentación de hacerla parte integral de su territorio.
Que la acusación de anexionista aparezca obsesivamente en boca del régimen cubano para calumniar a todo el que se le oponga no demuestra más que su persistente anacronismo. Igual le valdría hacerles un juicio inquisitorial por brujería y entendimientos con el maligno. El supuesto anexionismo se correspondería así con el núcleo de la propaganda oficial: aquellos que se le oponen no pretenden democratizar el país sino entregarlo al apetito insaciable del vecino. No se explica entonces por qué hace apenas tres años el entonces presidente cubano agasajó al entonces presidente norteamericano de visita en la isla. Ni por qué se fotografió con este usando como fondo la misma bandera que en el barrio de San Isidro ha servido de cuerpo del delito.
Con la acusación de anexionismo el régimen cubano asume que el performance “Se USA” es en realidad un ritual mágico para provocar que el ejército norteamericano invada la isla para que, a resultas de la invasión, Cuba termine siendo el estado 51 de la Unión. O sea, nos invita a retrotraernos a 1850, la época en que la anexión era una posibilidad real y buena parte de los negros cubanos, esclavos. Cualquier cosa con tal de escamotear lo evidente: esto es, que si lo que el artista trataba de demostrar en plena Bienal de La Habana que Cuba sigue siendo un Estado policial, represivo casi hasta la perfección, -al punto de tratar un simple juego callejero con banderas como si fuera una invasión extranjera- lo ha demostrado con creces. Y en este sentido la contribución del régimen cubano en el performance de Otero Alcántara ha resultado inapreciable.