Blog personal y casi tan íntimo como una enfermedad venérea pensado también para liberar al pueblo cubano, aunque sea del aburrimiento. Contribuyentes: Enrisco (autor de “Obras encogidas” y “El Comandante ya tiene quien le escriba”), su alter ego, la joven promesa de más de cincuenta años, Enrique Del Risco. Espacio para compartir cosas, mías y ajenas, aunque prefiero que sean ajenas. Quedan invitados a hacer sus contribuciones, y si son en efectivo, pues mejor.
Poco se discute el sitio privilegiado que ocupa Cecilia Valdés en la novelística cubana del siglo XIX. O incluso en la conformación del imaginario nacional cubano. Bastante menos conocido es que su autor, Cirilo Villaverde (1812- 1894) viviera la mayor parte de su vida adulta (de 1849 a 1858 primero y luego de 1860 hasta su muerte en 1894) en los Estados Unidos y que su obra cumbre fuera publicada en Nueva York ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida adulta. Tras participar en el movimiento conspirativo dirigido en la isla por el general venezolano Narciso López fue detenido y condenado “a 10 años de presidio y en revista, a muerte en garrote vil”. El 31 de marzo de 1849 se fuga de la prisión en compañía de otro preso y un guardián de la cárcel al que había sobornado y se embarca hacia los Estados Unidos “oculto en la bodega de una goleta costera” (Calcagno, F. 689). Al llegar a Nueva York se incorporaría de inmediato al movimiento que por aquellos días organizaba Narciso López para arrancar la isla de Cuba del dominio español con la intención declarada de anexarla a los Estados Unidos. Villaverde como secretario personal de Narciso López asistiría al complejo proceso conspirativo que llevó a las sucesivas y fallidas expediciones que el general venezolano llevaría a Cuba y a la creación de los emblemas que terminarían siendo los del futuro estado nacional: el escudo y la bandera cubanos.
Aparte de diferentes estancias en Nueva Orleans entre 1850 y 1854 y su estancia entre 1854 y 1855 en Filadelfia (ciudad en la que conocería a Emilia Casanova y se casaría con ella) Villaverde desarrolló casi toda su vida norteamericana en Nueva York. Allí nacerían dos de sus hijos, participaría en la redacción de publicaciones como La Verdad (1852-1854) La América de 1861 a 1862 y La Ilustración Americana de 1865 a 1869 y junto a su esposa fundaría colegios en Oak Point, Bronx, NY y Weehawken, NJ, proyectos que aparentemente tuvieron poca duración.
Al estallar la gesta independentista de 1868 desarrollaría junto a su esposa una intensa campaña de apoyo a la insurrección independentista de 1868. Emilia Casanova, nacida en la ciudad de Cárdenas había llegado a presenciar el desembarco en dicha ciudad de Narciso López y desde entonces había estado consagrada a la causa de la independencia del yugo español. La revolución de Yara de 1868 hizo de Emilia una de las figuras más visibles del exilio cubano al punto que la prensa integrista la convirtió en blanco predilecto de sus ataques.
Hija del inmigrante canario Inocencio Casanova, que a través de diversas empresas y propiedades en la ciudad de Cárdenas llegaría a ser uno de los hombres más ricos de Cuba Villaverde Emilia Casanova puso su fortuna a disposición de la causa independentista. Durante un tiempo ella y su esposo vivieron con su padre en el Bronx en el llamado Castello Casanova, una de las residencias particulares más impresionantes del país. De aquella residencia se dice que durante la guerra del 68 se almacenaron armas para la contienda independentista y desde la que partieron envíos de armas hacia Cuba. “Senor Casanova’s mansion became a secret cache for Cuban arms to be used in a revolution, and local lore tells of mysterious ships that ventured up the creek on moonless nights, with cautiously sounding the channel” (McNamara. 29).
La calle 24 vista desde la sexta avenida hacia 1930
Hacia 1872 Emilia y Cirilo se mudaron al número 59 Oeste de la calle 24 de Manhattan, sitio que se transformaría en centro del exilio político cubano en la ciudad de Nueva York en aquellos años. Cuando en octubre de 1873 las autoridades españolas capturaron el barco expedicionario Virginius y comenzaron a ejecutar a sus tripulantes un periodista de The New York Times acudió a dicha dirección para conocer las reacciones de Villaverde, de Emilia Casanova y del resto de los concurrentes. “La residencia del señor Villaverde estuvo abarrotada a lo largo del día de ayer. Entre los presentes se encontraba un capitán que había participado en tres expediciones a la isla y que dijo estar preparado para partir en otra expedición en cualquier momento y un gran número de hombres, tanto cubanos como ciudadanos norteamericanos dijeron estar listos y ansiosos para incorporarse como voluntarios a la causa. La señora Villaverde y su esposo conocían a la mayoría de las víctimas de la expedición del Virginius personalmente y contribuyeron grandemente a la preparación de esa y de otras expediciones previas”.
Recorte correspondiente al 15 de noviembre de 1873
Vista actual de la calle 24 vista desde la 6ta avenida
Bibliografía
Calcagno, Francisco. Diccionario biográfico cubano, N. Ponce de León-D.E.F. Casona, New York-La Habana, 1878-1886.
McNamara, John. McNamara's Old Bronx. Bronx, N.Y. : Bronx County Historical Society; 1989
Hoy en la librería McNally & Jackson (52 Prince Street, NY, NY) Sudaquia Editores, editorial en español radicada en Nueva York celebra sus primeros cinco añitos de existencia. Están invitados a asistir a partir de las 7:15 pm. Estarán presentes los autores de la editorial Raquel Abend van Dalen, Gonzalo Baeza, Isaac Goldemberg, Keila Vall de la Ville, Kianny N. Antigua, Jorge Aristizábal, Alberto Valdivia, María Ángeles Octavio, Alexis Romay, Mayte López, Juan Luis Landaeta, Enrique Del Risco y Alexis Iparraguirre.
La importancia intelectual y política de la emigración cubana de Nueva York en el siglo XIX no es asunto casual. Al fin y al cabo la ciudad era el primer destino de las exportaciones cubanas (principalmente de azúcar) hacia mediados de siglo. Debe recordarse que en 1818 la burguesía, azucarera cubana gracias a la habilidad política de Francisco Arango y Parreño, logró que España aprobara el decreto que permitía el comercio directo de la isla con cualquier otra nación, una posibilidad negada por siglos al resto de las colonias españolas en América, entonces en pleno proceso independentista.
El decreto de 1818, si bien consiguió apartar durante un tiempo a los hacendados cubanos de la tentación independentista convirtió muy pronto a los Estados Unidos en el principal socio comercial de la isla. En dicho intercambio comercial la nación norteña desplazó a la propia metrópoli que ni estaba en condiciones de absorber lo que Cuba producía ni de proveerla con los productos y la tecnología que su progresiva industrialización demandaba. Como complemento a este proceso la ciudad de Nueva York emergió como destino del azúcar cubano. Fue en Williamsburg, Brooklyn, donde se refinaba el azúcar cubano en la American Refinery Company empresa con la que la familia Havemeyer sentó las bases del consorcio que hoy conocemos como Domino Foods y que en 1870 cubría el 70% del consumo de azúcar refino de todos los Estados Unidos.
Tal tráfico por supuesto no era en una sola dirección ni solo de productos. Mientras los Estados Unidos enviaba a Cuba una amplia gama de productos industriales y agrícolas e ingenieros y técnicos que manejaran la nueva tecnología que se iba introduciendo en el país o turistas que viajaban preferiblemente en invierno desde la isla además de las cajas de azúcar llegaba el tabaco tanto torcido como en rama, jóvenes que iban a estudiar carreras eminentemente técnicas en las universidades norteamericanas y no pocos exiliados. Estos últimos no siempre estaban en condiciones de dedicarse en exclusiva a los asuntos de la patria o del alma. Antes de hacer el verso había que ganarse el pan. Y el pan aparecía en muchas de estas ocasiones asociado a empresas de carácter comercial donde su talento para comunicarse con el prójimo, para conmoverlo debía encontrar acomodo.
“El Espejo”, publicación para la que trabajó durante décadas Cirilo Villaverde y en cuya imprenta publicara su “Cecilia Valdés” no es un caso único de talentos literarios asociados o subordinados a empresas comerciales. “La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio” es un caso quizás más ejemplar. Fundada “en abril de 1882 por el cubano Enrique Valiente […] como órgano de la Agencia Americana de New York (The American Agency/ E. Valiente & Co./ Manufactures’ Agents for Export" (Lopez.56) en diferentes momentos de su existencia contó con la dirección o colaboración de intelectuales cubanos como Antonio Bachiller y Morales, Diego Vicente Tejera, Rafael de Castro Palomino, Gabriel Zéndegui y el ubicuo José Martí. The American Agency era “una casa comisionista que representaba a más de 44 empresas del país, entre ellas la compañía de jabonería y perfumería Colgate y la fábrica de máquinas impresoras R. Hoe & Co. Contaba con agentes en cuatro ciudades cubanas –La Habana, Puerto Príncipe, Santiago de Cuba y Manzanillo- así como en Puerto Rico, Santo Domingo, México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, España y todos los países de Centroamérica” (Ibid). Su primer director fue el mentado Rafael de Castro Palomino residente en Hoboken, NJ era "the son of a Cuban propietor of a stable in Manhattan and had lived for more than two decades in the New York metropolitan area, acting for many years as spokeperson for the mugrant community" (Lomas.94). hasta junio de 1883 en que José Martí se encarga de la redacción. No es hasta diciembre de 1883 en que Martí aparece oficialmente como director de la publicación puesto en el que se mantendrá hasta finales del verano ese mismo año. La revista, que tuvo entre los sucesores de Martí en la dirección a los cubanos Gabriel Zéndegui y Diego Vicente Tejera y al ex –presidente colombiano, Santiago Pérez Manosalbas continuó publicándose al menos hasta 1893.
Las colaboraciones de Martí en la publicación anteceden y sobrepasan el período en que asumió su dirección comenzando al menos en marzo de 1883 y apareciendo algún artículo en fecha tan tardía como 1887. Por mucho que el estudioso Enrique López Mesa insista en que entre “los años que median entre el 10 de agosto de 1881 –día de su regreso definitivo a Nueva York- y el 14 de marzo de 1892- día de la fundación de su propio órgano de prensa [se refiere a Patria]- José Martí es un pensador en busca de medios de divulgación para sus ideas” (Lopez.54) lo cierto es que el objeto de la agencia que sufragaba la revista era como él mismo reconoce “era ayudar a los fabricantes norteamericanos a exportar sus productos hacia Hispanoamérica”. El propio Martí no se apartó demasiado de dichos objetivos comerciales imprimiéndoles sin embargo su personal densidad literaria. En las páginas de “La América” lo mismo aparecían glosas martianas de las virtudes de la luz eléctrica, o de cierta fábrica de locomotora o de cierta marca de tijeras de trasquilar ovejas que su bello e incisivo artículo sobre la inauguración del puente de Brooklyn. En este sentido si se compara con “El Espejo” del cual Cirilo Villaverde confesaba en una carta que “la política estrictamente mercantil […] no consiente la publicación de artículos amenos ni doctrinarios” las libertades que se tomaba Martí en “La América” resultan notorias.
Calle Broad en 1929
Sitio correspondiente al 76 Broad
En sus inicios “La América” radicó en 76 Broad Street en la parte baja de la ciudad. Aquella zona, donde todavía radica el corazón financiero de la urbe era en aquellos tiempos también el lugar de mayor concentración de imprentas y sedes de publicaciones de Nueva York.
Es en enero de 1884 que, coincidiendo con el momento en que "La América" estrena nuevo propietario, que se anuncia en la revista que “el domicilio social ha cambiado para el número 756 de la calle Broadway. Ubicado entonces en un sitio de intenso tráfico de la avenida más importante de la ciudad la publicación se aloja ahora en sede “de la New York Tourists’ Agency, compañía de la que es propietario el cubano Ricardo Farrés, avecindado en la ciudad” (Lopez.59-60). La nueva sede estaba en un área densamente comercial a medio camino entre la céntrica Astor Place y la New York University, una zona llena de lugares asociados con la actividad política de Martí en aquellos años.
Como ocurre con la inmensa mayoría de los edificios relacionados con la emigración cubana en el siglo XIX ambos hace mucho tiempo dejaron de existir. El de 76 Broad hoy es un espacio vacío en que se ha instalado recientemente una pérgola y un jardín mientras que el 756 Broadway fue derribado para dar paso a la construcción de la Wanamaker's Department Store a partir de 1902, tienda que a su vez cerró en 1955. Luego de un incendio en el edificio este “was sold to investors who converted it to offices, showrooms, and manufacturing lofts. The building is now occupied by retail space on the first and second floors, with offices above” (Presa.95).
Bibliografía Lomas, Laura. Translating Empire. José Martí, Migrant Latino Subjects and American Moderties. Durham & London: Duke University Press, 2008 López Mesa, Enrique. José Martí: Editar desde Nueva York. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2012. Presa, Donald. NOHO historic District Designation Report. New York, 1999.
Wall Street National Register Historic District Report
En casi todos los breves resúmenes biográficos sobre el novelista Cirilo Villaverde (que como casi todos los escritores cubanos carece de una biografía más o menos decente) aparece una línea que por escueta al mismo tiempo resulta misteriosa. La línea dice: “En 1864 fundó, con la colaboración de su esposa, un colegio en Weehawken”. Pero el misterio no proviene del acto de fundar un colegio ni de que el lugar de la fundación fuese ese con tan extraño nombre. Lo misterioso es que ese dato aparezca como en medio de la nada, sin antecedentes ni consecuencias. El misterio se ahonda en mi caso personal porque en Weehawken, pueblo de Nueva Jersey situado en lo alto de un acantilado frente a la isla de Manhattan al otro lado del río Hudson pasé mis primeras semanas en los Estados Unidos. Viví aquellos días en una casa situada a unas decenas de metros del sitio exacto (si es que se puede tener certeza de ello) en el cual Alexander Hamilton murió a manos del vicepresidente de entonces Aaron Burr en un duelo que vuelve a ser famoso gracias a un musical de moda pero donde no hay ningún rastro que indique que allí hubiera fundado una escuela el novelista que inspirara la más famosas de las zarzuelas cubanas.
Misteriosa era sobre toda la absoluta falta de evidencias. Todos mis esfuerzos por encontrar algún rastro de aquella en los archivos municipales de Weehawken o en su biblioteca habían tenido como resultado la más perfecta nada. Y sin embargo revisando la correspondencia de la esposa del escritor, la famosa patriota Emilia Casanova encontré unas líneas que me devolvieron -junto con la certeza de que no se trataba de un espejismo- el impulso para seguir indagando en los rastros que pudo dejar dicho colegio. De cualquier modo las líneas de Emilia Casanova apenas eran más explícitas que las notas biográficas sobre su marido. Decía a una amiga el 17 de agosto de 1870: “Recuerdo vivamente la noche en que fue a visitarnos, en compañía de su hermano Juan Francisco, al otro lado del Hudson, en un colegio que Villaverde tenía en Weehauken, por los años de 1865 y 66”.
La búsqueda en una base de datos monstruosa que incluye periódicos de todo el continente americano desentrañó por fin el misterio. Dos anuncios daban fe de la existencia del colegio. En uno, procedente del periódico habanero “El Siglo” se da aviso de un “Colegio Politécnico Inglés –Español” bajo la dirección de “C.P. Villaverde” con la “cooperación de profesores americanos y extangeros [sic]”.
Se añade que dicho colegio está “montado sobre los planes de los mejores colejios de Europa y en él se da una instrucción científica y práctica a la altura de las necesidades de la época”. No debió de funcionar muy bien el colegio ni recibir suficientes estudiantes cuando apenas unos meses después el “New York Herald” publica el 10 de abril sendos anuncios ofreciendo alojamiento a tanto a una pareja como a unos cuantos caballeros.
No se daba una dirección precisa. Téngase en cuenta que Weehawken apenas llevaba unos años desde su fundación el 15 de marzo de 1859 y como se puede ver en la imagen abajoapenas contaba con algunas edificaciones en medio de la nada.
Grabado de Weehawken Hights y lo que debió ser el edificio del colegio fundado por Villaverde, luego propiedad de John Hillric Bonn
La única referencia concreta a la ubicación es que “el establecimiento se halla situado en la hermosa quinta que fue del célebre Daniel Webster en las alturas de Weehawken”. Aunque en ninguna de las biografías consultadas del representante, senador y Secretario de Estado de tres presidentes distintos se menciona el hecho de que viviera o tuviera propiedades en Weehawken en cambio en varias historias del condado de Hudson se alude de pasada a este hecho. En una de ellas al referirse al empresario John Hillric Bonn, emigrado alemán y fundador del sistema ferroviario del condado de Hudson dice que este y su esposa luego de mudarse un tiempo al vecino Hoboken “They returned to Weehawken in 1867 and made that city their permanent home, settling on the spot formerly owned by Daniel Webster, the statesman”.
Ferrocarril elevado al El Dorado Amusement Park, Weehawken construido por John Hillric Bonn
En otra historia de Weehawken se precisa por otra parte que Bonn fue “one of the pioneers of North Hudson, who settled in Weehawken, in 1857, had a large estate in the heights section (2nd Ward) and lived in a large house at what is now known as #530-Gregory Ave. There is a story told that one time Daniel Webster owned”.
Vista aérea de parte de Weehawken marcado con la dirección del 530 Gregory Ave.
Establecida la ubicación exacta de la escuela todavía quedaría bastante por averiguar: fechas exactas de fundación y cierre, nombres de los profesores “americanos y extranjeros” que dieron clase allí, la dimensión de la matrícula que llegaron a tener, las materias que se daban. Por los dos anuncios sueltos encontrados puede deducirse que se trataba de una escuela de perfil técnico, enfocada a un estudiantado fundamentalmente cubano para prepararlo para ingresar en la educación superior norteamericana un destino cada vez más frecuente entre los jóvenes cubanos en aquellos días. “Entre las décadas de 1860 y 1880, hasta una cuarta parte de los estudiantes en el Rose Hill Campus de St. John’s College (hoy día, Fordham University) tenían apellidos españoles. La mayoría venía de Cuba”.
Sin embargo no parece que la escuela consiguiera prosperar cuando al año siguiente de estrenada intentaba complementar sus ingresos con el alquiler de habitaciones y debiera cerrar poco después. Resulta en cambio relevante para el condado de Hudson –el sexto más densamente poblado del país- con visible presencia cubana (28,900 personas de origen cubano en 2013) y con un 42% de población de ascendencia latina contara en fecha tan temprana con este proyecto de educación bilingüe, (posiblemente el primero en todo el estado) antecedente del Instituto Estrada Palma (fundado por Don Tomás Estrada Palma inicialmente como Instituto Cornell en 1883) en Central Valley, Nueva York y del actual sistema educativo del condado de Hudson Nueva Jersey.
Bibliografía
Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde. [Escritos por un contemporáneo] Nueva York: 1874.
Harvey, Cornelious B. Genealogical History of the Bergen and Hudson Counties. The New Jersey Genealogical Publishing Company, 114 Fifth Avenue, New York, 1900
Kirk, Edward J. Weehawken History, 1932.
http://files.usgwarchives.net/nj/hudson/history/local/weehawken.txt
Nueva York (1613-1945)
https://www.nyhistory.org/web/PDF/nuevayork/NuevaYork_LARGEPRINT_SP_FINAL.pdf
Winfield, Charles. History of the Hudson County. NEW YORK: KENNAUD & HAY STATIONERY M'FG AND PHINTING CO.No. 89 Liberty Street.1874.
Anoche asistí al pre-estreno de una exposición que abrirá el próximo 21 de noviembre en el Museo de Historia Natural de Nueva York sobre un país que me encantaría conocer. Todo un despliegue de imaginación y fantasía en un país que alimenta los altares de sus orishas con manzanas, peras y uvas. Desde que Colón se llevó a España un puñado de taínos cubiertos con plumas de papagayo nunca se había captado la vida cubana de modo tan profundo y vibrante
A la enrada de la expo el transporte favorito de la familia cubana
Típica calle cubana. En primer plano un bicitaxi y como dice la famosa canción "en cada cuadra una Casa de la croqueta/ en cada barrio un ranchón"
"Su rico guarapo". Todo producto nacional excepto por la sonrisa importada desde Corea del Norte.
"Productos cárnicos". Disculpen la mala calidad de la foto pero el pulso me tembló ante semejante aparición
Despliegue de color y fantasía en la instalación intitulada "Productos normados"
Un país frustrado en lo esencial alimenticio puede alcanzar virtudes por otros cotos de mayor realeza como la poesía: "En la actualidad Cuba cultiva la mayoría de sus frutas y verduras principalmente mediante métodos orgánicos utilizando más labor intensiva que combustibles fósiles"
Típico radio cubano diseñado para captar las noticias del vibrante futuro que nos espera
Todos los cubanos del área presentes anoche nos marchamos un tanto angustiados por haber abandonado un país tan bonito y atractivo. Si algún día nos repatriamos habrá que agradecérselo a exposiciones como esta.
El editor Manuel Iglesias me pide un párrafo en memoria del ayer fallecido actor Reynaldo Miravalles para su blog Cines es cortar, párrafo que reproduzco acá con algunos retoques y adiciones:
“Era el rostro del cine cubano”, eso podremos decir a coro, pensando que durante las más de tres décadas que duró su reinado sobre la cinematografía local hubo muy pocas películas medianamente importantes que se le escaparan. O papel que no hiciera memorable con su voz estridente y sus ademanes que desgarbados y sin embargo precisos. Pero también –y en esto debo andar menos acompañado- Reynaldo Miravalles representa para mí la dignidad de la pantalla cubana, grande o chica. No solo la dignidad puramente profesional de su arte sino de su humanidad. Piénsese que entre los personajes que encarnó fueron escasos los héroes. Lo suyo eran los seres que el mundo nuevo que se construía había condenado a la extinción: pícaros, buscavidas, alzados contrarrevolucionarios, burgueses arrinconados por los cambios sociales, campesinos que resistían con terquedad los planes con que la Revolución pensaba atiborrarlos de felicidad. El hombre viejo, en suma. Donde otros se conformaban con representar caricaturas para solaz ensañamiento de las nuevas generaciones Miravalles le concedía a sus personajes la dignidad que por todos lados le negaban, incluso cuando la Historia y el Guión parecía condenarlos sin remedio. Que el respeto por un principio básico en su profesión pueda extenderse a eso que llamamos condición humana no debe ser asunto trivial. Ante esto poco definitiva parece la muerte de alguien que supo animar tantas vidas distintas y su noticia apenas un pretexto para dedicarle el homenaje que siempre le hemos estado debiendo.
Nunca he descubierto
nada. Ni siquiera pretendía descubrirlo. Sin embargo me di cuenta de que no se
sabía el lugar exacto donde se había creado nada menos que la bandera cubana.
Todo lo que se repetía eran un par de calles. Pues con una mezcla de empeño y
buena suerte creo haber descubierto la dirección exacta en la que en junio de
1849 Narciso López se reunió con Miguel Teurbe Tolón para darle forma
definitiva a la bandera cubana. Y la dirección es 47 Warren Street, NY, NY. Confieso
que cuando lo descubrí me sentí un Indiana Jones de bolsillo. Ya sé que es una
tontería pero durante más de 160 años los cubanos nos hemos dedicado a olvidar
esa dirección. Déjenme disfrutar recordársela. La explicación de cómo llegué a
esa conclusión pueden leerla aquí y aquí.
Post Data: No poca responsabilidad en este penoso retraso en las investigaciones sobre el tema recae sobre la paradoja de que de los tres símbolos oficiales del Estado cubano (el escudo, la bandera y el himno) dos fueron creados en el corazón del país que la ideología imperante desde hace seis décadas ha convertido en enemigo mortal. Ni que la encarnación de esa paradoja, la controvertida figura del general venezolano Narciso López, pasara de ser de precursor (cuestionable) de la independencia cubana a mero anatema. Tampoco en que el mayor especialista tuviera que marchar al exilio dejando atrás su archivo que a continuación sería saqueado y destruido por representantes de la triunfante revolución. Al respecto el historiador Antonio de la Cova me ha contado recientemente en comunicación personal:
"Herminio Portell-Vilá, con la ayuda económica del Dr. Antonio Eligio de la Puente, compró el archivo y el diario de Cirilo Villaverde cuando su hijo [Enrique?] lo puso a la venta. Con dicha documentación, Portell-Vilá basó sus tres tomos de Narciso López y su época (1930-1958). Portell-Vilá, con quien me comuniqué con frecuencia en los 1980s antes de fallecer el 13 de enero de 1992, a los 90 años de edad, indica que el diario de Villaverde tenía errores de fecha y parece que copió el original y le hizo cambios. Portell-Vilá se me lamentó varias veces que al salir al exilio en 1959, los “bandidos” castristas le saquearon su casa y “me robaron mi biblioteca y mi archivo,” incluyendo el diario de Villaverde, que se perdieron para la historia".
Insisto, esto es asunto que debe ser estudiado a profundidad por profesionales y no menos aficionados como yo. Porque al margen de que la bandera fuera diseñada en tal o más cual calle lo relevante es el denso y complejo tejido político, económico y social que conectaba a una nación con otra que pugnaba por independizarse tomándola como referencia y modelo cuando no destino. En fin, que se necesitan recuentos adultos entre tanta historia infantil.
"Debe
recordarse a Borges, quien tantas veces se equivocó en política (y tantas veces
acertó) cuando dijo que “las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras
fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es
el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies
de caudillos, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias
unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas
tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor”. Y el primer
deber del artista satírico, agregaría yo.
Aquellos eran otros tiempos, claro. Ahora se comprende que no siempre hay que
apelar a la violencia para arribar al poder o mantenerse en él. No hay por qué
exterminar pueblos enteros si se pueden masacrar sus neuronas. Las técnicas de
control social han cambiado aunque la idiotez sea la misma. En cualquier caso
el deber de la sátira seguirá siendo el de combatir esas tristes monotonías que
nos exigen que abdiquemos nuestras obligaciones como seres pensantes. Esas
monotonías que se empeñan en derrocar para siempre el sentido común para que
aceptemos que dos más dos es igual a cinco. O que la redención eterna se
alcanza con la llegada de determinado político al poder. Antes hablaba de la
simple y ardua tarea de la sátira política de denunciar la desnudez del poder.
Pero incluso esa, por decisiva que parezca no es la única ni la más importante.
Más importante aún es defendernos de la estupidez y del sin sentido que
inevitablemente generan las pasiones políticas. Y más ahora cuando comprobamos
que ningún rincón de este universo –no importa cuán civilizado y democrático se
pretenda- puede sentirse a salvo del imperio de la idiotez. De nada vale que
ataquemos lo que nos parece injusto y ridículo sin al mismo tiempo defender y
conservar al menos común de los sentidos, ese que nos permite comprobar a cada
rato quiénes somos en realidad y quiénes debemos intentar ser. Ese sentido
común que nos hace entendernos por encima de nuestras inevitables diferencias.
Ese sentido común que nos recuerda que nuestra clasificación como homo sapiens
quizás sea exagerada pero nunca deberá dejar de ser un anhelo legítimo"
Hoy la revista Viceversa publica una entrevista con un servidor donde me preguntan sobre casi todo para terminar con la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos:
Todos piensan que en los últimos cincuenta años Cuba estaba en una suerte de guerra con Estados Unidos. La verdad es que en Cuba la guerra es entre un gobierno y su gente. Ahora se está llegando a una paz con el enemigo falso pero el enemigo real, constituido por los cubanos, está perdiendo. Basta pensar que el año pasado se fueron 42mil personas, casi 10mil más de las que salieron durante el grande éxodo del ’94. El cubano sabe que perdió la guerra, que ya no tiene esperanzas, y por eso está escapando. Amigos míos que no salieron en los años ’90 lo están haciendo ahora para evitar que sus hijos tengan sus mismas vidas. Yo conozco a todos los grandes disidentes cubanos. Ellos son los únicos que hablan de Cuba con optimismo. En todos los demás cubanos la desesperanza es muy profunda, casi antropológica. Sistemas como el cubano no se conforman con tener el poder político, quieren cambiar a la gente y saben que para hacerlo necesitan ejercer un poder absoluto sobre la educación, los medios, la economía. Lo del hombre nuevo es una realidad, pero es un hombre resignado, ansioso, agresivo. Lo que me sorprende es ver que a pesar de todo sigan surgiendo personas decentes, curiosas, con aspiraciones. El ser humano es realmente asombroso.
La música estará a cargo de Yoel Díaz y su Cuarteto Cubano.
Bertrand Laverdure, el Poeta de la Ciudad, leerá un poema escrito para la ocasión.
Claude Morin, profesor ya retirado del Departamento de Historia de la Universidad de Montreal, hablará sobre el Martí del sable y la pluma.
El actor Marco Ledezma presentará un espectáculo unipersonal con textos de Martí sobre un fondo de sombras chinescas.
Habrá lectura de textos inéditos, alegóricos o no, de las escritoras Sonia Anguelova y Maya Ombasic; así como de Francisco García González y César Reynel Aguilera.
La cita es el viernes 30 de septiembre, a las 6:00 pm, en el salón de honor de la Alcaldía de Montreal.
La dirección: 275, rue Notre-Dame Est (Metro Champ-de-Mars).
Nunca un jugador
cubano tuvo comienzo más impresionante y prometedor en las ligas mayores. Debutó con veinte
años con los Marlins de Miami y meses después ya participaba en un partido de todos
estrellas. Al final de la temporada resultó siendo al mismo tiempo candidato a
novato del año y al premio Cy Young al mejor pitcher del año por la Liga
Nacional terminando primero y tercero en las votaciones, respectivamente. Tras
dos temporadas reducidas por las lesiones y la convalecencia de una operación
Tommy John en la del 2016 volvió a ser el lanzador dominante que asombró al
mundo del béisbol y que desde ya lo mencionaba como uno de los mejores
de todo el deporte, llamado a desarrollar una carrera a la altura de su
talento monstruoso, incalculable. Cada salida suya al terreno de juego en las
que desarrollaba una energía, competitividad y alegría muy poco comunes era una
fiesta en la que entraba y disfrutaba todo el que deseara ser parte de ella. Calculo
que muchos fueron los niños que se acercaron al deporte por seguir sus hazañas. Y lo calculo por la devoción con que yo mismo seguía sus actuaciones,
comprobaba sus estadísticas o admiraba sus lanzamientos hipnóticos y devastadores: con el interés que uno le dedica al deporte solo en la infancia. No me quedan dudas que su muerte ha sido una de
las mayores catástrofes de un deporte –el cubano- tan abundante en tragedias. Y
lo más triste es que allá en la isla de la que escapó siendo adolescente nunca
se darán por enterados de lo que se perdió la pasada madrugada: todo el
orgullo equívoco y la alegría genuina que nos debía una carrera que apenas
comenzaba. P.D. Como no podía ser de otro modo la página deportiva del Granma ha ignorado olímpicamente la noticia de la muerte del lanzador.
Siempre me ha
resultado sorprendente y penoso que en un país con tanta música como Cuba haya tan pocos
escritores que se ocupen de ella. Alejo Carpentier era una excepción (como lo
fue Guillermo Cabrera Infante) pero esa miopía que le impedía sopesar la
importancia decisiva de la música popular limitó muchísimo su famoso libro. De ahí
que sea tan apreciable el esfuerzo de Leonardo Acosta por dotar de una historia
coherente y bien escrita al jazz cubano. Una que se pueda leer al mismo tiempo con interés y placer. Con la sensibilidad y el conocimiento
de primera mano del músico que fue y la elegancia y precisión del escritor que
terminó siendo (recibió el premio nacional de literatura en el 2007 y el de la
música en el 2014) dotó a la música popular cubana de libros que por fin conseguían
estar a su altura. Difícil imaginar empresa mas útil o elogio mayor.
"Por
amor se está hasta matando" (“Cuba va”); "te doy una canción con mis
dos manos, con las mismas de matar" (“Te doy una canción”); "se
aprende que matar es ansias de vivir" (“Un hombre se levanta”). Es lo que llamo una educación sentimental fascista, esa que tuvimos nosotros.
Porque mientras el discurso más oficial se atenía a la letra de “La Internacional”
que abogaba por eliminar la opresión los compositores de aquellas canciones que
acompañaron nuestra infancia y adolescencia como discurso al mismo tiempo
oficioso y contestatario no se hacían ilusiones. No bastaba con abolir una
abstracción, la de la opresión misma. Había que matar. A los opresores, a sus
sirvientes y, si era posible, a todo el que le pasara cerca. Aquellos cantautores
venían a subsanar una de las mayores limitaciones del discurso comunista: no
hablar claro. Cuidadoso de las formas y con toda la humanidad como público potencial
el comunismo apenas se resignaba a buscarse enemigos de clase: todo el resto de
la humanidad era su natural beneficiaria. El fascismo -nacido justamente para
contrarrestarlo- es un comunismo cínico. Un comunismo que se asume con sus
limitaciones y su violencia esencial y sin hacerse demasiadas ilusiones: más le
valía a la humanidad que se alineara a su lado porque con el resto iba a ser
implacable. De
ahí que en los márgenes del discurso comunista del castrismo clásico empezara a
surgir este discurso sin ambages. Donde el buenismo comunista (atenuado por el pragmatismo
rabioso de Lenin) no llegaba se apelaba al discurso de regusto fascista. Donde
el “Proletarios de todos los países ¡Uníos!” o el “Pioneros por el comunismo:
seremos como el Che” se tornaban difusos e impotentes se apelaba a la barbarie
del “Si avanzo ¡sígueme!, si me detengo ¡empújame!, si retrocedo ¡mátame!” o el
caudillista “Cuando sea, donde sea y para lo que sea Comandante en Jefe:
¡Ordene!”. La letra chiquita del nuevo contrato social incluía ingentes
cantidades de sangre, una sangre que solo el discurso fascista podría conciliar
a plenitud. (Ojo: esas frases con las que hoy identificamos al stalinismo al estilo de “La muerte de un
hombre es una tragedia. La muerte de millones, estadística” son falsas
atribuciones, o en el mejor de los casos, lapsus al margen del habla pública). El
fascismo, ese romántico intento de conciliación entre el asesinato y la
esperanza tenía que provenir desde sus márgenes. Ya fuera de la boca de ese
paladín descartado que fue alguna vez el Che Guevara antes de integrarse de lleno
al culto una vez muerto (“el odio como factor de lucha; el odio intransigente
al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo
convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar") o
en el de intelectuales tratados por mucho tiempo con suspicacia y desprecio.
De
esos últimos el cantautor Silvio Rodríguez es sin dudas el caso más ejemplar. Su
destierro -temprano aunque provisorio- del favor oficial no solo creó a su
alrededor de un halo de rebeldía y resistencia un tanto exagerado. Silvio,
luego de ser aceptado inicialmente como ejemplo de hombre nuevo descubrió muy
pronto que en ese mundo nuevo “vivirle a la vida su talla tiene que doler”, que ser uno mismo es una tortura (en otra canción bajaría "el precio de ser uno mismo" a simple angustia), y que “nuestra
vida es tan alta, tan alta/ que para tocarla casi hay que morir/ para
luego vivir”. O ese final de la propia “Oda a mi generación” que
transmuta la obediencia absoluta en acto heroico al proclamar: “sé que hay que
seguir navegando/ sigan exigiéndome cada vez más/ hasta poder seguir, hasta
poder seguir,/ o reventar”. A ese Silvio atormentado acudíamos los
jóvenes y revueltos creyentes en la altura inalcanzable de esa vida a buscar
todo lo que el discurso oficial nos negaba: el sexo, la muerte, las dudas, la
desesperación, la rebeldía. Una rebeldía que resultaba a la larga una
reconciliación de todo lo inconciliable: el paraíso y el miedo; la esperanza y la
delación; la alegría y el crimen; el ansia de libertad y la sumisión.
Dicotomías que solo podían resolver el masoquismo y la esquizofrenia. O la
poesía. Soluciones oficiosas al gran problema del comunismo: cómo imponer
cierta idea de la armonía universal al mayor número de gentes sin
necesariamente contar con ellas. El
fascismo es la solución a dicho problema en la forma de romanticismo
cínico. Uno que concilia contrarios sin hacerse ilusiones: o sea sometiéndolos unos a otros. Esa alquimia táctica
que es la poesía en tiempos de Revolución se encargará de mutar una cosa en su
contrario: la muerte en vida, el odio en amor, la cobardía en valor, la
opresión en libertad. A cambio se le permite mencionar libremente la
muerte, el odio, la cobardía y la opresión con la convicción y el desenfado de
los profetas. (En nuestro contexto fue el poeta Emilio García Montiel de los primeros en desnudar tal operación en aquellos reveladores versos: "yo imitaba a los héroes con la vieja confianza que da la mansedumbre/ con su oscura prudencia"). Ese comunismo descarnado que es el fascismo -una vez convenido
que relaciones de propiedad e ideología son la epidermis de un mismo afán de dominación- es lo que en medio de la aridez del comunismo original atrae a los elementos más díscolos
y los ímpetus menos controlables de cada sociedad. (Visto al revés el
comunismo vendría a ser un fascismo hipócrita). En favor de las autoridades cubanas hay que reconocer qu se requiere de cierta dosis de
pragmatismo, cierta amplitud de miras, para que aceptaran, en medio de la ortodoxia ideológica que alguna vez reinó, la morbosa
franqueza de este discurso. Sin embargo una vez que desde el poder se reconoce
que esa alquimia fascista no es más que la lógica secreta de su discurso
público se entiende al fin que es el medio más eficaz para reemplazar los
viejos mandamientos por las nuevas normas que él mismo promueve. Sobre todo aquellos mandamientos que nos prevenían contra impulsos tan antiguos como codiciar bienes ajenos,
robar o deshacerse del tabú que persiste en contra del
asesinato. Es el sentimentalismo brutal de las metaforas que citaba al principio el que consigue que el sometimiento a la férrea lógica del totalitarismo suene como algo indómito y glorioso.
Fragmentos de "Los comandos del silencio", la serie "infantil" dedicada al movimiento Tupamaro que usó como tema principal la pieza "Un hombre se levanta":
(Lo que empezó como un
simple saludo al aniversario 90 del Innombrable, mi humilde contribución al "Happy Birthday" que la humanidad entonará a coro agradeciéndole a Lina la idea de traerlo al mundo, se ha convertido sin querer en
una pequeña antología que reúne parte de las canciones que ha inspirado en términos
no necesariamente elogiosos. Les agradezco especialmente sus contribuciónes a este post a Boris Larramendi, Manuel Sora y Roger Acosta).
Los orígenes del género
anticastro son difíciles de precisar. Lo cierto es que con su imperio absoluto
sobre la conciencia de los cubanos la referencia máxima del castrismo propició
el surgimiento y circulación de la canción anticastrista. No sólo por la
inagotable fuente de inspiración que representó. El silenciamiento de toda
crítica o burla terminó consiguiendo que la más remota alusión a un ente
poderoso, asfixiante, opresor, mentiroso o perverso fuera entendido como
alusivo a su persona. Un silencio rellenado a golpe de complicidad. Como en
toda dictadura que se respete. Yo –a falta de ejemplos anteriores arrancaría
este género donde menos se suele buscar: en uno de sus mayores aduladores de la
últimas décadas, ese que pasó de ser una voz disonante de esa apoteosis de la
uniformidad que era el castrismo a convertirse en rimador de amor con horror ¿o
es que siempre lo fue? Efectivamente: Silvio Rodríguez cuya famosa “Ojalá” fuera
entendida de inmediato como condena “a tu viejo gobierno de difuntos y flores”.
(El uso que le dio la oposición a Pinochet a esa canción se basa tanto en las
posibilidades políticas de dicha canción y en la similitud de la paranoia
interpretativa que provoca toda dictadura). Algo más franco –y por ello
difundido clandestinamente durante décadas hasta que decidió grabarla en el
2002 es el texto de “Ese hombre”
En sus estrofas más críticas dice: “Ese hombre
que por hechos o por dichos/ es amado tanto/ ese hombre que por dichos o por
hechos/es alabado tanto/ se cuide de sí, se cuide de él sólo/ porque hay un
placer perverso en creer/ merecerlo todo/se cuide de sí, se cuide de él sólo/ porque
el mismo don que lo levantó/puede ahogarlo en lodo”.
Incluso perteneciendo a lo
que se da en llamar “la crítica constructiva” su difusión pública era
impensable en aquellos tiempos en que alusiones mucho más tímidas eran
tipificadas como delito.
En 1970 el fracaso de la
zafra de los 10 millones anunciado en un discurso raramente autocrítico por el
padre del proyecto precedió del estreno por parte de Tata Guines y sus
Tataguinitos de una composición de Jorge Poso Sayú en los carnavales de ese
año: “Perico no llores más”. Decía en una de sus versiones "Tápale la boca
a ese perico que está llorando/ con la maraña que ha hecho se está
embarcando":
En cambio los compositores
extranjeros contaban con la ventaja de no tener que contar con tales
subterfugios para expresar una idea bastante elemental. Fuera de la isla el
Innombrable tenía nombre como ocurre en el caso de War (me lo hace notar el
poeta Manuel Sosa) la banda funk-rock norteamericana y su “Fidel’s Fantasy” en
la que Fidel sueña con un tiempo en que la gente lo quería y era libre. “Are
they really happy there, having left/ Their homes and families... ha, ha, ha...
Fidel?/ They're not free, your land's not free, your not free”.
Ahí está el compositor
colombiano José María Peñaranda (1907-2006) autor de las conocidas “Se va el
caimán” (que en su tiempo también supuso un doble sentido político anunciando
la caída de algún dictador) y Me voy pa' Cataca (más tarde grabado por La
Sonora Matancera como Me voy pa' La Habana). En 1974 Peñaranda graba acompañado
de su conjunto “En Cuba no falta nada” con un estribillo que hoy sería
considerado políticamente incorrecto y en aquel tiempo también aunque por otras
razones:
En Cuba se vino a escuchar
dicha canción (en condiciones de discreción extrema) bastante tiempo después cuando en 1985 Tommy Olivencia decidió
hacer una doble versión: una que recogía íntegra la letra original y otra en
que sustituía el vocablo ofensivo por “el del tabacón”.
En la isla la censura
liberaba a los compositores de las exigencias de la claridad. Bastaba cualquier
estribillo oscuramente acusador para que el público viera una clara alusión a
quien regía sus destinos como en el estribillo de la Ritmo Oriental “Aquí el
que manda es Mulé” o “Mentira, quien te lo va a creer” de Alberto Herrero incluso
si el resto de la canción no justificaba el esfuerzo interpretativo. Por si
acaso –al menos en el caso de la primera- eso a los censores les bastó prohibieran
la canción al punto que hoy se hace inencontrable.
El caso de “Ese hombre
está loco” de Fernando Rodríguez popularizado por su hermana Tanya y el grupo
Monte de Espuma es totalmente distinto. La canción, incluida en el disco “Latino”
de 1987 alcanzó una enorme popularidad mientras la gente no paraba de
relacionar el estribillo con El Hombre. Solo que esta vez no se trataba únicamente
del estribillo.
El “interior” de la canción también podía leerse como una
cuidadosa denuncia de la desmesura del poder castrista. No faltó quien en la
estrofa que decía
“ese hombre está loco/ quiso
soñar de más/ y mientras mariposas perseguía/ otro hombre moría”
Quiso ver una alusión a la
muerte del Che mientras ese hombre se entregaba a faraónicas empresas agrícolas.
O quien en la siguiente estrofa vio una referencia a la paranoia bélica del fundador
del castrismo y a sus relaciones con Estados Unidos:
“él creyó que
la tierra/ se debía a la guerra/ él creyó en un altar/ él creó un enemigo/ que
en realidad era amigo/ sólo un amigo más”
Cuando la censura reaccionó
para hacer su trabajo (eran los años de la perestroika, años en que la censura
andaba confusa y lejos de su capacidad de reacción habitual) la canción era
demasiado popular como para hacerla desaparecer sin crear mayor escándalo aun.
Lo que se intentó fue corregir la interpretación popular produciendo un video
clip en el que aparecían imágenes de Hitler o Reagan (el Hitler de turno de la
propaganda oficial) pretendiendo que aquellos eran a los que estaba dirigida la
canción.
No obstante la gente no se
dejó distraer y se cuenta de un famoso incidente en el cine Payret cuando en medio
de uno de aquellos Noticieros ICAIC que reproducían largos trozos de discursos
del susodicho la gente se puso a entonar el ya famoso estribillo. (Si entre los
lectores de esta nota hay algún testigo presencial se agradece aportar su
testimonio).
Otra composición que
adquiriría condición de legendaria sería “Abuelo Paco”. Su autor, Pedro Luis
Ferrer, la incluiría en su álbum de 1994 “100% cubano” pero que desde unos años
antes la había hecho popular en conciertos y grabaciones caseras.
Compuesta en clave alusiva
las referencias a la realidad eran bastante más transparentes al resumir la
historia que va del triunfo revolucionario a la implantación de la dictadura.
Abuelo hizo esta casa, y
aunque todos la vivimos
con la suerte que conlleva cuidarla en el sacrificio,
para mover un alpiste hay que pedirle permiso;
si abuelo no está de acuerdo nadie cambia el edificio
Aunque en la cuerda del
reconocimiento de méritos y la crítica constructiva Ferrer entraba en el
territorio de lo imperdonable al señalar la naturaleza represiva del sistema implantado
por el abuelo Paco:
Ten paciencia con abuelo;
recuerda bien cuanto hizo;
no contradigas su afán; ponle atención a su juicio
gasta un poco de tu tiempo complaciendo su egoísmo.
No olvides que abuelo tiene un revólver y un cuchillo;
y mientras no se lo quiten abuelo ofrece peligro.
Aunque sepas que no dile que sí;
si lo contradices, peor para ti.
Mientras tanto en el
extranjero aparecía alguna que otra canción referida al Máximo Líder ya fuera
en términos juguetones y burlones como en el caso de la Samba do Fidel (2009) de los
brasileños Os Mutantes o en en el bastante más agresivo Anti-Castro (2000) de
Brujería.
Apenas unos días antes de
la repentina enfermedad que apartó del poder al ahora cumpleañero salía al
mercado el disco Boomerang de Habana Abierta “Basta que lo digas tú” de Boris
Larramendi y Kelvis Ochoa centrada menos en la denuncia o la acusación que en
la ambivalencia entre la canción de amor y la sátira política. La tradición de
la canción antifidelista regresaba a los orígenes de “Ojalá” (y de paso se
conectaba con el gesto antidictatorial del brasileño Chico Buarque en “A pesar
de voce”) pero 40 años después en un tono bastante más desenfadado.
Un lustro antes el propio
Larramendi había compuesto en tono similar “Canallona” pieza que nunca ha
grabado en disco y raramente canta en público
Y luego en el 2010 compuso
“La conga del mercenario” en los días que se exigía la liberación de los presos
políticos en la isla.
Pero lo que ha marcado un
antes y un después en el género al punto que en ese después ha quedado muy poco
que decir fue “El Comandante’ de Porno para Ricardo compuesta y grabada (mérito
añadido) en la isla y que le presento en la versión que empezó a circular a
fines del 2006.
Y no es que desde entonces
el Comandante haya seguido las recomendaciones inequívocas que le hacían desde
la banda de punk rock pero lo cierto es que desde hace rato se le escucha
bastante menos. La actual decadencia del género es atribuida a la no menos
profunda decadencia de su inspirador aunque se prevee que su desaparición del
mundo de los vivos traerá un momentáneo repunte entre compositores más vivos
todavía.