Luego de semanas de acoso, golpizas, jaladeras de moños se aparece el Richelieu de Jagüey Grande en la iglesia de Santa Rita. Ese es el primer milagro. El segundo es que, como por ensalmo, se diluyen las turbas que hasta la semana anterior no podían concebir que las Damas de Blanco desfilaran por Miramar. Si alguien dudaba de la espontaneidad con que “el pueblo” reprimía a las Damas de Blanco ahora debe tener bastante claro que ese entusiasmo autónomo nunca existió. Que esos policías disfrazados de pueblo cumplen órdenes estrictas y esta vez fueron: “Descansen que hoy le toca al Cardenal”. (No se sabe en qué consistió la misa del pero seguramente Su Eminencia mencionó la palabra "amor" más veces que un compositor de bachatas).
Una cuestión algo más complicada es decidir qué papel cumple Jaimito en la obra “Machaque y redención de las Damas de Blanco”. ¿Salvador? ¿Policía en sotana? Quien guste de creer en la bondad consustancial del ser humano (y más de un Santo Varón de La Madre Iglesia) se inclinaría por la primera variante. El problema en esa ecuación es el tiempo. El taimin que dirían los yumas. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no ahorrarle a las Damas semanas de contacto violento con el asfalto? Si realmente quiso evitarles otro domingo de martirio habrá que reconocer cuando menos que los reflejos piadosos de su Eminencia andan muy desmejorados. Con menos que eso a cualquier cura habría que quitarle la licencia para conducir a su grey.
Queda la otra variante. La suspicaz. El papel del cardenal en “Machaque…” sería, según ésta, el de policía bueno. Ya se sabe: viene el policía “malo”, le da una tunda al sospechoso y luego aparece el “bueno” explicando que disculpe los impulsos del otro, que ya se sabe como le alteran los nervios esas violentas campañas mediáticas de allá afuera pero que si confían en él (y en Él) podrá sacarlas del apuro. Que sus conexiones son tan buenas como sus intenciones y como ven ya obró el milagro de disolver a las turbas en el aire de la Quinta Avenida. Que pronto conseguirá otro milagro: el de disolver los barrotes que aprisionan a sus seres queridos. Que le tengan confianza y paciencia. Y hasta Fariñas desde su huelga de hambre lo felicita.
Y lo cierto es que cualquier cosa es buena para convencer a Fariñas de no dejarse morir: ya sea hacerle creer que el cardenal está realmente interesado en la libertad de los presos o que los Reyes Magos del Oriente son los que les traen los juguetes a los niños. Pero de ahí a pensar que el cardenal intentará liberar a Biscet y compañía hay un tramo más largo que el de La Habana a Tierra Santa. Que hace ya mucho tiempo Su Eminencia (Gris) comprendió que su destino anda ligado al de los que rigen el país y sus archivos, archivos que entre tanto material interesante recogerán cada detalle de esta Operación Santa Rita.
P.D: La obra por lo visto
ha funcionado.