martes, 12 de mayo de 2015

Cuestión de fe

Raúl Castro dice (y aclara que habla en serio) que si el Papa sigue como va él volverá a la Iglesia católica y lo entiendo. Si van a complacerme en todo prometo volver a creer en los Reyes Magos.

P.D: Difícil encontrar comentario más respetuoso y ejemplar sobre las responsabilidades de la Iglesia ante eso que se suele describir como la humanidad sufriente que este de Albert Camus.
"Digámoslo claramente: hubiéramos deseado que el Papa tomara partido en el transcurso de estos años vergonzosos, y denunciara lo que había que denunciar. Es duro pensar que la Iglesia ha dejado esa tarea a otros más oscuros que no tenían su autoridad y de los cuales algunos carecían de la esperanza invencible en que ella vive. Pues la Iglesia no tenía entonces por qué ocuparse en perdurar y de preservarse. Incluso entre cadenas no hubiera dejado de ser. Por el contrario, hubiera encontrado en ellas una fuerza que hoy estamos tentados de no reconocerle"

jueves, 7 de mayo de 2015

Los dilemas de Camnitzer

Independientemente de si lo más decente o efectivo respecto a la Bienal de La Habana es boicotearla o viajar allá a darle el apoyo claro y abierto a artistas reprimidos como Bruguera Tania y El Sexto las declaraciones aparecidas en el artículo "Dilemas morales" de Luis Camnitzer -con eso de "definición cubana de democracia"- son penosas:
"Uno puede discrepar con la posición que el gobierno cubano tiene con respecto a la libertad de expresión, con como se controla la disidencia, con la definición cubana de democracia y, en general, con las desviaciones de la utopía prometida por la Revolución.  Pero de allí a tratar de eliminar la actividad cultural más abierta del país, la que sirve para esos diálogos que están por encima de la mezquindad de los bloqueos externos y de las represiones internas, me parece que solamente le puede servir a los extremistas fanáticos, dañar a los artistas y al público cubanos, y no tener mayor efecto político"
Este tipo de declaraciones siempre me recuerda esta caricatura del Bobo del pintor Eduardo Abela en tiempos del tirano Machado:


"El invento"
El profesor: Realmente, es sencillo este aparato que has inventado para hablar...
El Bobo: No lo creas, !Si supieras las vueltas que tengo que dar para decir un bobería...!

Pero esta otra cita del artículo de Camnitzer es bastante más clara:

Cuba, al ponerse en una posición de legalismo extremo, seguramente manejó la situación con torpeza. Pero con todo, hay que reconocer que Tania no está presa y que parece que puede circular por la Habana por lo menos al punto de visitar a Danilo Maldonado (El Sexto), un artista grafitista que está en la cárcel por “vandalismo”. Pero aparte de esto, en un comentario reciente en Facebook, Deborah, la hermana de Tania, cuenta las dificultades que Tania tuvo para presentar su performance en la bienal de 2009. Tuvo en ese entonces intercambios con las autoridades de la Bienal que aparentemente fueron extremadamente duros, al punto de ser amenazada con represalias. Eso indicaría que su intento de repetir el evento en diciembre del año pasado fue menos ingenuo de lo que pareciera inicialmente, y que las consecuencias de su proyecto eran relativamente previsibles.

Llamar a la represión "torpeza" y "legalismo extremo" y por otra parte resaltar la malicia de la artista hace pensar que el dilema de Camnitzer es entre dar clases de cómo reprimir a los artistas de manera más elegante o cumplir él mismo la función de policía.
Pero se equivoca el veterano artista conceptual: su dilema no es ético sino estético. El dilema de llamarse amigo de Tania Bruguera y al mismo tiempo aceptar la invitación de sus represores y que tal malabarismo no le quede feo del todo.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Mujica que estás en los cielos...

Me parece tan lícito dejarse impresionar por las maneras desaliñadas y las sandalias de Mujica como por un traje de Armani pero yo, que en modas ando más cerca de Mujica que de Armani, reconozco que el primero –en cuanto a vestimenta y demás atributos de humildad- no me impresiona demasiado. Tampoco me impresionan esas inspiradas frases sobre la pobreza y la felicidad que lo han convertido en una suerte de Paolo Coelho de la política latinoamericana. Reconozco, eso sí, que en el manejo de la cosa pública de su país se ha portado como un hombre honrado así como el mérito de que a un ex guerrillero como él no le haya dado por destruir su país en nombre de la ideología que profesa (al menos verbalmente). Me parece bien que sea alguien lo suficientemente sensato como para afirmar que las políticas para combatir la desigualdad dejan de tener sentido “cuando las medidas que se toman paralizan a la economía, porque querés repartir tanto que al final quebrás el interés en el trabajo y la inversión. Si matás eso no tenés para repartir”. 

Ah, pero si se trata de ayudar aliados ideológicos en apuros la sensatez le puede ser un estorbo y se convierte en un político tan falaz como cualquier otro.


Así puede llegar a decir


“Creo que hay un interés en ir preso en Venezuela. Es una técnica, es la forma de luchar de la oposición. Inducen al Gobierno a pasarse de la raya. Le crean una contradicción internacional notable y estos bobos entran”


Y uno se pregunta por qué ese chamán de la progresía que es Mujica no explicó si tantos estudiantes muertos a manos de los partidarios del régimen venezolano también son parte de las tácticas de la perversa oposición frente al inocente Gobierno.

Otra iglesia

Las pocas veces que decido ir a una conferencia las dos únicas cosas que me preocupan son:

1.- Que se celebre en un lugar al que realmente desee ir.
2.- No caer en ninguna de las categorías que describe "The Conference Manifesto" (que pueden reducirse a practicar las variantes más perversas del aburrimiento).

De cualquier manera no creo que la llamada, con un gusto excesivo por el drama, "muerte de las humanidades" debería atribuírsele a las casi siempre indigestas conferencias. Estas son más bien síntomas de una crisis bastante más profunda que empieza y termina con el terror a desentonar con el ambiente académico. (Porque una cosa es una guerra  a muerte con un colega específico y otra muy distinta pelearse contra todo el sistema). El insufrible aburrimiento que producen usualmente las conferencias no es la causa de la crisis de las humanidades sino el resultado de la progresiva conversión de las humanidades en una suerte de religión tan sensible ante cualquier heterodoxia como las inquisiciones anteriores. (Y no es de extrañar: si se tienen en cuenta los orígenes eclesiásticos de la academia, estas no está haciendo otra cosa que emprender un largo camino de regreso). Es esa religión la del angelismo definido como “abuso de los buenos sentimientos en detrimento de la lucidez” y se traduce, desde las aulas hasta los salones de conferencias, en cualquier variante de las tres siguientes actitudes:

-Una competencia frenética por ver quién es más sutil en la detección de manifestaciones de pecados como el sexismo, el racismo, o la homofobia en clásicos universales o locales (como si no hubiera manifestaciones mucho más elementales a diario en la vida real, como si en realidad hubiera que ser tan sutil para verlas).

-Un esfuerzo no menos frenético por detectar en clásicos o autores contemporáneos las denuncias de los pecados aludidos anteriormente (como si el sexismo, el racismo, o la homofobia estuvieran a punto de extinguirse y apenas se requiriera de estas últimas pesquisas policiales por parte de la academia para borrarlos de la faz del planeta).

-Hablar de cualquier otra cosa que esté lejos de las preocupaciones de los dos puntos anteriores (y, la mayoría de las veces, de los intereses reales del académico en cuestión) pero que al mismo tiempo bajo ninguna circunstancia se le pueda acusar de los pecados de sexismo, racismo, homofobia pero también de esencialismo, eurocentrismo o cualquier otro indicio de conservadurismo.


Definitivamente no serán las conferencias. Si algo va a matar a las humanidades será su conversión en la variante más sofisticada de la santurronería conocida hasta ahora. Y morirán, como es previsible, de puro aburrimiento, ese que da el terror pánico a la lucidez. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Sic

Esto, que acabo de tomar de un muro de Facebook, es un crudo testimonio de la efectividad del sistema educativo cubano en la justificación del régimen  que le da sentido: 



"todo el trabajo que pase en cuba y lo que aprendí hoy me esta dando mucho Resultado en el país que estoy,lo mismo te esta pasando a vos y a mi muchos que critican y hablan de mas y con esto que te digo amigo mio no dejó de saber que nuestro paiz carezca de muchas cosas y que fidel se haya mandado muchas cagadas y muy malas pero también nos salvo del abuso de Machado que tenia a nuestro pueblo de esclavos y cuba era el puterio de los llanquis un caso mi abuela Juana crió a sus hermanos menores que e ya planchando con una plancha que se pone al carbón y no podía salir a la. Calle por que es negra y como estas muchas cosas mas que le paso quizás vos o los que te Rodean la familia no sufrió nada de estas cosas,pero la mía si amigo"

jueves, 30 de abril de 2015

Hermanos en el exilio

Para los fanáticos al béisbol "Hermanos en el exilio" un documental sobre los hermanos Orlando "El Duque" y Liván Hernández. Como complemento industrialista pueden ver Un jonrón de película.

miércoles, 29 de abril de 2015

Alucinen leidis and yentelmen

Otro de los ponentes, Ted Henken, mientras se apoyaba en su explicación con una caricatura de Garrincha
En una conferencia ayer sobre Cuba uno de los ponentes (Ted Piccone, Brookings Institution) decía:
-Que oficialismo y oposición era más o menos lo mismo, que lo que importaba era lo que fuera a aparecer en el medio.
-Que Cuba no era China ni Vietnam que para eso estaba en América (para -luego de ese gran hallazgo geográfico muy superior al de Colón que no distinguía la diferencia- insinuar que los cubanos tenían bastante más libertad que los asiáticos). Y uno se pregunta si los chinos también están limitados a ejercer un par de centenares de tipos de trabajo o conformarse con acceder a intranet para leer las grandes revelaciones que ofrecen Chinadebate y El Dragón Barbudo online.
-Que en general la libertad de expresión, de asociación etc ya están en germen en la sociedad cubana así que la sociedad civil cubana no necesita de ayuda externa, que ella solita se defiende.
No sé por qué me recuerda el cuento del tipo que entierran hasta el cuello en medio del coliseo romano, le sueltan un león y encima le prohiben que use los dientes. 
Con contadas excepciones -como la de Ted Henken ayer- estas versiones de Cuba contada por americanos a los americanos parecen ser un buen substituto al LSD: perfectamente alucinantes. No en balde había entre el público tanto hippy viejo.

Lo normal

La Agencia Cubana de Rap expulsa a dos raperos que participaron en la Cumbre de las Américas mientras que a los 5 espías se los convierte en miembros de honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Eso es lo que en mi país se entiende como "normalización".

miércoles, 22 de abril de 2015

Virgilio en la ciudad celeste

A continuación comparto el documental sobre Virgilio Piñera "Virgilio en la ciudad celeste" (2006) que contiene una larga entrevista a Yonny Ibañez, nieto de Juan Gualberto Gómez en cuya casa y familia el escritor encontró acogida y refugio en algunos de los años más terribles de aquello que llamó su "muerte civil" hasta que la Seguridad del Estado también cancelara esta posibilidad. Una grabación del poeta se escucha -cosa rarísima- en el minuto 10:45 leyendo el poema "En el duro". Primera parte:



Segunda parte del documental:




jueves, 16 de abril de 2015

"The Walking Immigrant" de Francisco García González y "RUY" de César Reynel Aguilera

Foto cortesía de Eric Del Risco
Como parte del Festival Literario Internacional de Montreal Metropolis Bleu el sábado de la próxima semana 25 de abril a las 6:30 de la tarde se presenta en la Librería Las Américas, (2075 del Boulevard Saint-Laurent), el libro de cuentos (en español) "The Walking Immigrant" de Francisco García González y "RUY" (novela) de César Reynel Aguilera, ambos narradores cubanos residentes en Montreal. La moderadora del evento será la Dra. Ingrid Bejerman. 

En el caso de "The Walking Immigrant" se trata de un libro concentrado en el proceso de desarraigo y nuevo arraigo por el que pasa todo inmigrante. Lo traté de resumir así:

"Francisco García González es uno de los mejores narradores de su país —Cuba— amén de exitoso guionista de cine y se ha mudado a un paisaje bien diferente no como un simple traslado laboral sino para partir de cero, empezar una nueva vida. Difícil encontrar una épica más común en nuestros tiempos —y más difícil de representar— que aquella en que el punto de partida es cualquiera de esos lugares comunes que intentan resumir la pérdida absoluta de capital simbólico y real, y que su trama consista en esa reinvención desde la nada: como aquella leyenda caucásica de un segundo nacimiento que es a la larga el real porque te define para el resto de tu vida mucho más que el primero. Que exista este libro es una suerte de milagro. Milagro que, ante la magnitud de la historia a contar —eso que podríamos llamar “la épica del desarraigo”— se renuncie al patetismo tan usual en esos casos para contarlo con la convicción del que lo ha sufrido todo en carne propia y la gracia que solo pueden dar los años, la distancia o un talento descomunal. Y que todo sea contado con una prosa depurada y adictiva como el líquido que sale de entre las piernas de uno de los personajes de este libro. Y Francisco lo consigue derrotando al mito que aludíamos antes, un mito que, como todos los que existen, ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y lo derrota hasta invertirlo y dejarlo de esta manera: un escritor verdadero se enriquece al ser puesto en contacto con una realidad distinta porque el cambio de paisaje lo obliga a sumergirse en la más temible y oscura de nuestras realidades que es por supuesto, nuestro propio interior"

A "RUY" ya me referí anteriormente cuando apareció la primera edición.
Para los que no viven en Montreal también lo pueden adquirir a través de Amazon.

miércoles, 15 de abril de 2015

Cuba contada a los niños (americanos)

Era un reportaje sobre Cuba en “Nick News” el programa de noticias de Nickelodeon, me dijeron, y estaban buscando niños bilingües cubano-americanos para el doblaje. Mi mujer llevó a los niños a hacerse las pruebas y el mayor regresó indignado. "Debes de estar orgulloso de tu hijo" me dijo mi mujer: le habían pedido que dijera que Cuba era un país libre (eso era lo que decía un niño cubano) y se negó a hacerlo. Las traducciones de la niña habían sido menos onerosas: niñas hablando de sus gustos y preferencias. El lunes pusieron al fin el programa. Llegué tarde a casa pero me lo habían grabado. He cambiado pañales, recogido vómitos de mis hijos, soportado horas interminables de espectáculos sin sentido por ver durante tres minutos a mis hijos tropezar y equivocarse en el escenario con una resignación que hasta puede confundirse con el placer. Sin embargo lo del lunes excede en mucho cualquier exigencia que se pueda incluir entre los deberes paternos: empujarse 20 minutos de propaganda norcoreana para hacer turismo al Caribe con tal de oír la voz de tu hija decir (con toda la corrección del mundo, es verdad) que lo que más le gusta de Cuba es el baile. Y no lo digo por los niños que repetían como loritos lo que les han enseñado toda la vida que digan: que Cuba es un paraíso donde todos se quieren, se ayudan y comparten todo y cuyos pequeños problemillas podrían resolverse con un buen levantamiento del embargo. Al mayor –que seguía indignado- tuve que explicarle que lo normal era que los niños dijeran esas idioteces que tan poco tenían que ver con la realidad. Que si a mí me hubieran entrevistado a esa edad hubiera dicho las mismas tonterías o peores.

En cambio, para Linda Ellerbee, la adulta conductora del programa tenía menos justificaciones. No podía explicarle a mi hijo que alguien que no haya crecido arrullado por consignas como "Pioneros por el comunismo: seresmos como el Che" implícita o explícitamente confirmara el entusiasmo kimilsuniano de los niños cubanos y encima les diera una justificación histórica. Que les contara que hace mucho tiempo había un dictador apoyado por los norteamericanos y luego llegó un revolucionario y lo derrocó para construir un sistema socialista con el cual Estados Unidos -incomprensiblemente- no estuvo de acuerdo. Nada de insinuar que los Castros son dictadores, (como se dijo con todas las letras de aquél Batista) o de hablar de violaciones de derechos humanos o ni siquiera de que a Miami han ido a dar una buena parte de los cubanos por razones que no vienen al caso porque entonces la premisa del programa “Cuba: So Close and Yet So Far Away” caía ante la evidencia de que a través de Miami Cuba es también parte de los Estados Unidos, algo que el racismo progre, tan intolerante como el otro, nunca admitiría. No, en lo que insistían los niños y remachaba la presentadora era que todos los males cubanos (más bien escasos, es cierto) provenían de un viejo malentendido producido por la intolerancia norteamericana. Quien único se expresó con libertad y claridad en esos veinte minutos fue La Habana porque no pudo hacer otra cosa que exhibir las cicatrices de más de medio siglo de castrismo. O de embargo, según la versión Nickelodeon, entregada a la tarea de convertir a la dictadura más extensa del hemisferio en el destino turístico de moda del americano promedio. 
En fin, un capítulo más de la vieja saga "La frivolidad al servicio del Mal".

lunes, 13 de abril de 2015

Reconciliación en la granja

“Animal Farm” (1954), la adaptación cinematográfica de la novela homónima de George Orwell realizada por el emigrado húngaro John Halas y su esposa británica Joy Batchelor tuvo entre tantas virtudes la de ser  la primera película de largometraje de dibujos animados producida y estrenada en el Reino Unido.

Fue una versión bastante fiel a la novela original hasta el final en que en lugar del afianzamiento de la dictadura del cerdo Napoleón y la aceptación de su poder en la granja por parte de los humanos los productores optaron por terminar el dibujo animado con una nueva rebelión de los animales que termina derrocando la dictadura porcina. Este cambio se ideó porque tanto el director como el productor Louis De Rochemont estuvieron de acuerdo en que "la sombría desesperanza del original era más de lo que el público podía soportar". 


La Cumbre celebrada el fin de semana pasado en Panamá transcurrió con un guión bastante más apegado a la novela de Orwell que la adaptación de Halas: con la esperada reconciliación entre puercos y granjeros. El discurso de Raúl Castro parece haber sido copiado del cerdo Napoleón:
Como en todos sus discursos, Napoleón fue breve y al grano. «Él también —dijo— estaba contento de que el período de desavenencias llegara a su fin. Durante mucho tiempo hubo rumores propalados —él tenía motivos fundados para creer que por algún enemigo malévolo— de que existía algo subversivo y hasta revolucionario en sus puntos de vista y los de sus colegas. Se les atribuyó la intención de fomentar la rebelión entre los animales de las granjas vecinas. ¡Nada podía estar más lejos de la verdad! Su único deseo, ahora y en el pasado, era vivir en paz y mantener relaciones normales con sus vecinos
 Eso sí, a diferencia de la novela el resto de los animales de la granja en lugar de asistir incrédulos a la reconciliación de los supuestos enemigos les fue ordenado atacar sin piedad a los animales que habían escapado de la granja tiempo antes. Aquél final que pareció impensable para el público inglés en 1954, más que aceptable, parece tremendamente alentador para los cubanos de hoy. Al menos es lo que dicen todos los expertos.

Todo es cuestión de tiempo cuando se trata de convertir lo inaceptable en inevitable.   

miércoles, 25 de marzo de 2015

Aniceto Cuesta (1942- 2015)

El sábado pasado murió Aniceto Cuesta a la edad de 73 años. Miembro de la Unión de Ex Presos Políticos Cubanos en su juventud militó en el "Directorio Revolucionario Estudiantil", se opuso al castrismo por lo que "fue deterido y condenado a 20 años de prisión política de los que cumplió 13". Era uno de los seres más queridos y respetados de la comunidad cubana en la zona sin más poder y riquezas que los que emanaban de su naturaleza buena, tranquila y firme. La multitud que ayer se agolpó en la funeraria Morgado puede dar fe de ello. (El retrato, obra de Geandy Pavon).



viernes, 6 de marzo de 2015

Hoy en Montreal

Les recuerdo que hoy 18 de marzo a las 7:00 pm estoy haciendo campaña presidencial en la Universidad de Concordia, Montreal, Canada, presentando el libro "Enrisco para presidente":


miércoles, 4 de marzo de 2015

Agente blando

Según un anónimo a raíz de la presentación de  varios escritores provenientes de Cuba (primero Raúl Aguiar y luego Ahmel Echevarría y Jorge Enrique Lage) soy un "agente blando" del MININT con la misión de apoyar operativo para demostrar que existe una "supuesta buena literatura cubana residente en Cuba". Curioso que digan eso de un conversatorio donde ni siquiera di mi opinión de si era buena o mala literatura simplemente porque se trataba de que los autores hablaran por sí mismos. Al menos puedo decir que sí he leído a esos autores que es algo que dudo que pueda decir la misma persona que ha dicho esto:


"Durante decadas la buena literatura cubana vivia y creaba fuera de Cuba: Caín, Arenas, De Feria, Cabrera, etc. Ahora, gracias al amplio operativo facilitado por Heras Leon y apoyado por los agentes blandos desplegados en los 90s, 00s y 10s, Enrisco, Rojas et al, tenemos una supuesta buena literatura cubana residente en Cuba. Ese premio nacional de Heras Leon fue en realidad una medalla del MININT"
Me pregunto qué es eso que soy yo, un agente blando. Será como aquellas niñas que eran nuestras novias en preescolar pero no lo sabían. O será que nos pagan en moneda nacional en oposición a la otra moneda, la dura.
¿En qué quedamos? ¿Agente blando o exilio vertical?
A la espera de las respuestas solo me queda apuntar que esto se va poniendo cada día más interesante.

lunes, 2 de marzo de 2015

Orestes Miñoso (1922?- 2015)

El impacto que tuvo el recién fallecido Orestes Miñoso en el béisbol de Cuba y en las grandes ligas -comparable pero mayor que el que por ejemplo ahora tiene Yasiel Puig- no puede medirse por los números ya de por sí impresionantes que dejó. (Para que se tenga una idea sólo Willie Mays robó más bases que él y se encargó de romper la llamada barrera del color para los White Sox bateando un jonrón en su primera vez al bate). El hombre era una leyenda y las leyendas se les escurren a los números, es asunto de letras. Como la del famoso cha cha cha. La tristeza por su muerte la ensancha el hecho de que no se le hiciera justicia entronizándolo en el Salón de la Fama de Cooperstown.

martes, 17 de febrero de 2015

Conversatorio

Por cuestiones técnicas no fue posible filmar el conversatorio del pasado jueves 12 de febrero con los escritores cubanos Ahmel Echevarría y Jorge Enrique Lage en la New York University pero al menos conservo parte de la grabación que a seguidas comparto con ustedes:

viernes, 13 de febrero de 2015

Dos cerdos sueltos (y El Sexto, preso)

Texto que me solicitó Lía Villares para un blog dedicado a pedir la libertad de El Sexto. Lo reproduzco aquí por si al menos sirve para recordar que sigue preso por algo que nunca llegó a hacer.



Dos cerdos sueltos (y El Sexto, preso)

Danilo Maldonado Machado, artista visual conocido como El Sexto fue detenido en diciembre del año pasado cuando se disponía a realizar un performance. Este consistía en escribir sobre dos simpáticos puerquitos las palabras “Fidel” y “Raúl” y soltarlos en el Parque Central de la capital cubana. Como ya insinuamos en la primera oración el artista nunca llegó a concluir su performance pues antes de llegar a su destino fue apresado por las nunca mejor llamadas fuerzas del orden: no se sabe cuánto desorden pudo haber causado en tan concurrido sitio la presencia –en vísperas de las fiestas de fin de año- de dos animalitos perfectamente comestibles. Independientemente de lo que tuvieran escrito en sus costados. No obstante El Sexto lleva mes y medio encerrado sin que le celebren juicio y sin que sus captores acaben de explicar qué es lo que convierte a El Sexto en un sujeto tan peligroso como para que lo mantengan en cautiverio durante más de 45 días.
Y entonces uno se pone a especular.
Que si El Sexto es parte de una perversa conspiración para destruir el planeta introduciendo extraterrestres disfrazados de puerquitos.
O que (en una variante de lo anterior) los puerquitos son en realidad una encarnación gemela de Alan Gross.
O que las autoridades cubanas en un brusco giro de su política interna anda envuelta en una cruzada contra el maltrato animal y se ha interesado súbitamente por el bienestar de los dos puerquitos –tanto si son espías enemigos como si no- y de cuanto animal pueda caer en manos del susodicho artista.
Pero no. Todo parece indicar que la detención no está relacionada con la identidad secreta de los puerquitos sino con los letreros que tenían inscritos en su costillar. A los que sostienen esta sospecha no se les escapa –aducen- que las palabras portadas por los puerquitos coinciden con los nombres de dos hermanos que han detentado el máximo y absoluto poder político del país en los últimos 56 años. Y añaden que el susodicho performance sería un modo de identificar a los dos hermanos con los respectivos animalitos.
Una buena razón para el escándalo de las asociaciones protectoras de animales las cuales podrían aducir que es infamante insinuar que dichos puerquitos -o cualquier otro ejemplar de su especie- han tiranizado la isla de Cuba durante más de medio siglo o que hayan sido responsables de unos diez mil asesinatos. O de la muerte de decenas de miles de personas ahogadas en los mares circundantes tratando de escapar del país.
Demasiadas culpas ya para dos simpáticos e inocentes puerquitos. O para toda la especie porcina que si de algo es responsable es de salvar a todo un pueblo de la inanición.
Si lo que le preocupa a las autoridades cubanas es el buen nombre de los cerdos sería suficiente con una sentida disculpa de El Sexto a los pobres animales por asociarlos con seres que han destruido -entre tantas cosas- la gastronomía del país, esa misma a la que tanto ha aportado la raza porcina. Si en cambio lo que le preocupa es el buen nombre de los hermanos Castros ya va siendo demasiado tarde. Así y todo podrían empezar por liberar al susodicho artista: si no para demostrar que son tolerantes y democráticos al menos para aparentar que se pueden tomar la asociación con tan simpáticos animalitos con un mínimo sentido del humor. De momento, sin embargo los animalitos siguen incautados en condición de evidencia de la fiscalía.

Los cerdos, en cambio, siguen sueltos y con los mismos nombres.       

   

viernes, 6 de febrero de 2015

Brodsky entre la estética y la ética

Sobre el viejo tema de las relaciones entre política y arte y estética y ética versaba la conferencia que dio Joseph Brodsky al serle otorgado el Nobel. La traducción -el original es en ruso- la tomé de aquí, los subrayados son míos:

Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura.
Para una persona particular y que toda su vida prefería esta particularidad a cualquier rol social, para una persona que llegó en esta preferencia bastante lejos –y en particular lejos de la patria, ya que es mejor ser el peor fracasado en una democracia, que ser un mártir o un amo de pensamientos en una autocracia– llegar a parar de repente en esta tribuna es una gran incomodidad y una gran prueba. 
Esta sensación se agrava no tanto por el pensamiento en los que estuvieron aquí antes de mí, como por la memoria de los que no tuvieron este honor, los que no pudieron dirigirse como se dice “urbi et orbi” desde esta tribuna y cuyo silencio general parece buscar y no encontrar la salida en uno. 
Lo único que puede reconciliar con una situación similar es el simple argumento de que por razones más que nada estilísticas, ya que un escritor no puede hablar por el otro escritor y sobre todo un poeta por el otro poeta; si hubieran estado en esta tribuna Osip Mandelshtam, Marina Tsvetaeva, Robert Frost, Anna Ahmatova, Winsten Oden, ellos sin querer hablarían exactamente por sí mismos, y tal vez también sentirían alguna incomodidad. 
Estas sombras me desconciertan permanentemente, hoy día también. En todo caso no me inspiran a elocuencia. En mis mejores minutos me parezco a mí como una especie de suma de ellos, pero esta suma siempre es inferior a cada uno de ellos por separado. Porque es imposible ser mejor que ellos en el papel; también es imposible ser mejor que ellos en la vida, y son justamente sus vidas, aun siendo tan trágicas y amargas, las que me hacen tan seguido – parece que mucho más seguido de lo que correspondería – lamentar por el paso del tiempo. Si el mas allá existe – ya que no me siento capaz de negarles la posibilidad de una vida eterna como tampoco soy capaz de olvidar de su existencia en ésta – si el más allá existe, espero que ellos me perdonarán a mí y la calidad de lo que pienso exponer: al fin y al cabo la dignidad de nuestra profesión no se mide por el comportamiento en la tribuna. 
Nombré sólo a cinco, cuyas obras y cuyas suertes quiero tanto, ya sólo porque si ellos no hubieran existido, yo como persona y como escritor valdría poco, y en todo caso, no estaría ahora aquí. Ellas, estas sombras, mejor, estas fuentes de luz ¿lámparas? ¿estrellas? las hubo por supuesto más de cinco, y cada una de ellas es capaz de condenar a una mudez absoluta. En la vida de cualquier escritor consciente su numero es grande: en mi caso se duplica, gracias a las dos culturas a las cuales por la voluntad del destino pertenezco. Tampoco facilita mi tarea el pensar en mis contemporáneos y hermanos de pluma en ambas culturas, en los poetas y escritores cuyo don valoro más que el mío, y quienes en caso de estar en esta tribuna, desde hace buen rato ya habrían pasado a lo esencial ya que tienen más cosas que yo que decir al mundo. 
Por eso me permitiré aquí una serie de observaciones, tal vez desordenadas, confusas, y capaces de aproblemarles por su incoherencia. Sin embargo, espero que los limites del tiempo proporcionado para ordenar mi pensamiento y mi propia profesión me defenderán, por lo menos en parte, de los reproches por ser caótico. Raras veces las personas de mi profesión pretenden tener un pensamiento sistemático; en el peor de los casos ellos pretenden tener un sistema. Pero esto también suele ser prestado del medio, del sistema social, y de los estudios de filosofía en la edad tierna. A un artista nada lo convence más de la casualidad de los medios que él utiliza para lograr uno u otro objetivo (y sin importar que este objetivo varíe o no), que el mismo proceso artístico, proceso de creación. Los versos, tal como dijo Ahmatova, realmente crecen de la basura; las raíces de la prosa no son más nobles. 
II. 
Si el arte enseña algo (y al artista en primer lugar), es justamente la particularidad de la existencia humana. Siendo la más antigua – y la más literal – forma de empresa particular, el arte voluntaria o involuntariamente incentiva en la persona justamente su sensación de individualidad, unicidad, privacidad, transformándola de un animal social en un autónomo 
"Yo". Muchas cosas pueden ser compartidas: pan, lecho, convicciones, amada; pero jamás un poema de Reiner Maria Rilke, por ejemplo. Una obra de arte, la literatura sobre todo, y la poesía en particular, se dirige a una persona tête-a-tête estableciendo con ella relaciones directas, sin intermediarios. Exactamente por eso los defensores del bien común, líderes de las masas, voceros de la necesidad histórica sienten tanta antipatía hacia el arte en general, la literatura sobre todo, y la poesía en particular. Porque por donde pasó el arte, donde fue recitado un poema, ellos encuentran en lugar de una esperada aceptación y unanimidad, la indiferencia y la polifonía, y en lugar de disposición para actuar, la indiferencia y el fastidio. En otras palabras, a los pequeños ceros con los cuales los defensores del bien común y los líderes de las masas pretenden operar, el arte agrega su punto, su punto y coma y el signo de restar, convirtiendo así a cada cero en una carita no necesariamente atractiva, pero siempre humana. 
El gran Baratynsky, hablando de su Musa, la caracterizó con tener "una expresión poco común". Y pareciera que el sentido de la existencia individual consiste justamente en la adquisición de esta expresión no común, ya que tengo la impresión de que para esto “no común” estamos preparados casi genéticamente. Independientemente de que si es una persona escritor o lector, su tarea es más que nada vivir su propia vida y no una impuesta o proscrita desde fuera, aunque pueda parecer algo tan noble y decente. Ya que cada uno de nosotros tenemos sólo una y sabemos bien con qué termina. Sería una lástima gastar este único chance en la repetición de una apariencia ajena, experiencia ajena, tautología, y más lástima aún porque los voceros de la necesidad histórica, por cuya sugerencia la persona está dispuesta a aceptar esta tautología, no irán a la tumba con él como tampoco le darán gracias. 
El idioma y parece que también la literatura, son cosas más antiguas e inevitables, más duraderas que cualquier forma de organización social. El rechazo, la ironía, o la indiferencia frecuentemente expresados por la literatura hacia el estado, son en su esencia la reacción de lo permanente, mejor dicho, de lo infinito respecto a lo temporal y lo limitado. Por lo menos, mientras el estado se permite intervenir en asuntos de la literatura, la literatura tiene derecho a intervenir en asuntos del estado. El sistema político, la forma de la organización social, como cualquier sistema en general, son por definición formas del pretérito que tratan de imponerse al presente (y a menudo al futuro también), y la persona que tiene el idioma como profesión, es el último que puede darse el lujo de olvidar esto. El verdadero peligro para el escritor no es tanto la posibilidad (y a menudo, la certidumbre) de una persecución por parte del estado, como la posibilidad de resultar hipnotizado por la imagen de éste que, tanto si es monstruoso o está llevando a cabo mejoras, es siempre temporal. 
La filosofía del estado, su ética, sin hablar de la estética, es siempre un “ayer”. El idioma y la literatura son siempre un “hoy”, y a menudo, sobre todo cuando se trata de un sistema político ortodoxo, hasta pueden llegar a ser un “mañana”. Uno de los meritos de la literatura consiste justamente en su función de ayudar a la persona a precisar el tiempo de su existencia, poder diferenciarse dentro de una muchedumbre de antecesores y contemporáneos, evitar la tautología, o sea, evitar la suerte conocida bajo el honorario término de “víctima de la historia”. El arte en general y la literatura en particular se destacan y difieren de la vida justamente porque siempre escapan a las repeticiones. En la vida cotidiana usted puede contar el mismo chiste tres veces, y tres veces provocar la risa convirtiéndose en el alma de la fiesta. En el arte esta forma de conducta se llama “cliché”.
El arte es un arma sin retroceso y su desarrollo se define no por la individualidad del artista, sino por la dinámica y la lógica del material en sí mismo, por el destino anterior de los medios con que cada época exige (o sugiere) una decisión estética cualitativamente nueva. Poseyendo sus propias genealogía, dinámica, lógica y futuro, el arte no es sinonímico sino en el mejor de los casos, paralelo a la historia y la manera en la que existe es mediante la creación de nuevas realidades estéticas. Exactamente por eso tan a menudo resulta estar “delante del progreso”, delante de la historia que tiene
como su instrumento principal (deberíamos, una vez más, mejorar a Marx) justamente el cliché. 
Hoy día es muy difundida la afirmación de que el escritor, y sobre todo el poeta, deben utilizar en sus obras el lenguaje de la calle, el lenguaje de la muchedumbre. Con toda su aparente democraticidad y perceptibles ventajas prácticas para el escritor, esta afirmación es falsa y es en el fondo un intento de hacer obedecer el arte, en este caso la literatura, a la historia. Sólo en el caso de decidir que llegó el momento de que el “sapiens” debe detenerse en su desarrollo, la literatura debería hablar en el lenguaje del pueblo. En caso contrario, el pueblo debería hablar en el lenguaje de la literatura.
En conjunto cada nueva realidad estética hace que la realidad ética del hombre sea más precisa. Como la estética es la madre de la ética, las nociones del “bien” y del “mal” son, antes que nada, estéticas, previas a las categorías del “bien” y del “mal”. En la ética no “todo está permitido” justamente porque en la estética no “todo está permitido” ya que la cantidad de colores en el espectro es limitada. Un bebé que inconsciente con llanto rechaza a un extraño o que, al revés, tiende las manos hacia él, instintivamente hace una opción estética y no moral. 
La opción estética siempre es individual, y la emoción estética siempre es una emoción particular. Cada nueva realidad estética hace la experiencia de uno aun más particular, y ésta particularidad que adquiere a veces la forma de un gusto literario (o de cualquier otro tipo), ya por si sola puede convertirse si no en una garantía, al menos en una forma de defensa contra la esclavitud. Porque una persona que tiene un gusto, en particular un gusto literario, es menos vulnerable a las repeticiones y a los conjuros rítmicos característicos de cualquier forma de la demagogia política. Y no es que la bondad no sea la garantía de creación de una obra maestra, sino que la maldad, sobre todo la maldad política, siempre es una mala estilista. Mientras más rica es la experiencia estética de un individuo, mientras más firme es su gusto, más precisa es su opción ética, más libre es él, aunque, posiblemente, no sea más feliz. 
Justo en este sentido, mucho más práctico que platónico, hay que entender las palabras de Dostoievsky de que “la belleza salvará el mundo” o la expresión de Matiu Arnold de que “nos salvará la poesía”. Tal vez, ya no se podrá salvar el mundo, pero salvar a una persona siempre es posible. El olfato estético siempre se desarrolla muy impetuoso en las personas, ya que incluso sin que se dé cuenta por completo quién es y qué realmente necesita, el ser humano normalmente instintivamente sabe qué es lo que no le gusta y con qué no está de acuerdo. Vuelvo a decir, que en sentido antropológico el ser humano es un ser estético antes que un ser ético. Por lo tanto, el arte y en particular la literatura, no son un producto derivado del desarrollo de la especie sino exactamente al revés. Si el lenguaje es lo que nos distingue del resto de los representantes del reino animal, la literatura y en particular la poesía, siendo la forma superior del lenguaje, representa a groso modo nuestro objetivo de especie.
Estoy lejos de la idea de enseñar obligatoriamente a todos a versificar y componer, sin embargo también me parece inaceptable la subdivisión de la sociedad en intelectuales y los demás. En el sentido moral una subdivisión así se parece a la subdivisión de la sociedad en ricos y pobres; pero si para la existencia de una desigualdad social se pudiese imaginar no sé qué tipo de fundamentaciones de índole física o materialista, para la desigualdad intelectual éstos serían inimaginables. En este sentido, más que en cualquier otro, la igualdad nos está garantizada por la misma naturaleza. Y no se trata de la formación en general, sino de la formación del habla, donde cualquier imprecisión amenaza con la intervención de una falsa opción en la vida humana. La existencia de la literatura supone una existencia al nivel de la literatura y no solo moralmente sino también léxicamente. Si una obra musical todavía deja a la persona una posibilidad de una opción entre un rol pasivo de auditor o un activo de ejecutor, una obra de literatura, de un arte desesperadamente semántico, como dijo Montale, destina a esta misma persona sólo al rol de ejecutor. 
Me parece que el ser humano debería desempeñar este rol más seguido que cualquier otro. Más aun, me parece que este rol se hace cada vez más inevitable como resultado de la explosión de populación y relacionada con ésta, una creciente atomización de la sociedad, o sea, con el creciente aislamiento del individuo. No creo saber de la vida más que cualquier otra persona de mi edad, pero pienso que un libro como interlocutor es más seguro que un amigo o una amada. Una novela o un poema no es un monólogo sino una conversación del escritor con el lector, una conversación, vuelvo a repetir, extremadamente particular, excluyente para todos los demás, si se quiere mutuamente misantrópica. Y en el momento de esta conversación el escritor es igual al lector, como también viceversa, independientemente de si es un gran escritor o no. Esta igualdad es la igualdad de la conciencia y se queda con la persona para toda su vida como memoria difusa o nítida y tarde o temprano, acertada o desacertadamente define la conducta del individuo. Hablando del rol de ejecutor, me refiero justo a eso, un rol más natural todavía ya que una novela o un poema son producto de la soledad mutua del escritor y del lector. 
En la historia de nuestra especie, la historia del “sapiens”, el libro es un fenómeno antropológico, igual en el fondo al fenómeno del invento de la rueda. El libro surgido no tanto para darnos la idea de nuestros orígenes, sino de qué el “sapiens” es capaz, es un medio de desplazamiento de la experiencia en el espacio con la velocidad de una página que se da vuelta. Este desplazamiento a su vez, como cualquier otro desplazamiento, se convierte en una fuga del común denominador y del intento de imponer un límite de este denominador a nuestro corazón, nuestra conciencia y nuestra imaginación, un límite que antes no subía arriba de la cintura. Esta fuga es hacia la expresión no común del rostro, hacia el numerador, hacia la personalidad, hacia la particularidad. Y sin importar por imagen y semejanza de quien hemos sido creados, ya somos cinco mil millones, y el ser humano no tiene un futuro diferente del que esté delimitado por el arte. En caso contrario nos espera el pasado, antes que nada, un pasado político, con todas sus gracias policíacas masivas. 
En todo caso, la situación cuando en una sociedad el arte en general y la literatura en particular son patrimonio (o privilegio) de una minoría, me parece nociva y amenazante. No estoy llamando a sustituir el estado por la biblioteca, aunque esta idea se me ocurría varias veces, pero no tengo duda de que si hubiéramos elegido a nuestras autoridades basándonos en su experiencia de lectores y no en sus programas políticos, en la tierra habría menos dolor. Creo que a un posible dirigente de nuestros destinos habría que preguntar antes que nada no cómo él imagina el curso de la política exterior, sino qué opina de Stendal, Dickens, Dostoyevski. Ya que por la simple razón de que el pan de cada día de la literatura es justamente la diversidad y disformidad humana, ella, la literatura, resulta ser un antídoto eficaz contra cualquier intento ya conocido o futuro, de un enfoque uniforme y masivo en la resolución de los problemas de la existencia humana. Por lo menos, como un sistema de seguro moral, ella es mucho más eficaz que uno u otro sistema de creencias o doctrina filosófica. 
Ya que no puede haber leyes que nos protejan de nosotros mismos, ningún código penal supone castigos por los crímenes contra la literatura. Y el más grave entre estos crímenes no es ni la persecución de autores, ni las restricciones de censura etc. ni la quema de libros. Existe un crimen más grave, que es el desprecio por los libros, su no-lección. Por este crimen la persona paga con toda su vida; en caso de que este crimen lo comete una nación, ella paga por eso con su historia. Viviendo en el país donde vivo (USA, aclaración del traductor), yo sería capaz de ser el primero en creer que existe una especie de proporción entre el bienestar material de la persona y su ignorancia literaria; sin embargo, la historia del país donde nací y crecí no me deja caer en eso. Porque la tragedia rusa reducida a un mínimo casual-consecutivo, a una formula tosca es exactamente la tragedia de una sociedad, donde la literatura llegó a ser un privilegio de una minoría: de la famosa intelligentsia rusa. 
No quiero extenderme respecto a ese tema, no quiero entristecer esta noche con pensamientos sobre decenas de millones de vidas humanas interrumpidas por millones de otros humanos, ya que lo que pasaba en Rusia en la primera mitad del siglo XX, sucedía antes de la implantación de armas de tiro automáticas, en nombre del triunfo de una doctrina política, cuya inconsistencia está ya sólo en el hecho de que exige víctimas humanas para su realización. Diré solamente, que supongo, desgraciadamente no por experiencia sino sólo teóricamente, que para una persona que ha leído mucho de Dickens disparar contra su semejante, en nombre de cualquiera que sea la idea, sería más difícil que para una persona que no ha leído a Dickens. Y hablo justamente de la lectura de Dickens, Stendal, Dostoyevski, Flober, Balsac, Melvill etc. es decir, de la literatura y no de la alfabetización, no de la educación. Una persona alfabetizada, educada, puede sin mayor problema después de haber leído uno u otro tratado político, matar a un semejante e incluso sentir con eso el éxtasis de convicción. Lenin fue una persona educada, Stalin fue una persona educada, Hitler también; Mao Tze Tung hasta escribía poemas; sin embargo, la lista de sus víctimas supera lejos la lista de lo leído por ellos. 
Sin embargo, antes de pasar a la poesía, yo quisiera agregar, que sería razonable observar la experiencia rusa como una advertencia, por lo menos porque la estructura social del Occidente en términos generales todavía es semejante a lo que existía en Rusia hasta 1917. (Exactamente eso explica la popularidad en Occidente de la novela sicológica rusa del siglo XIX y el relativo poco éxito de la prosa rusa contemporánea. Las relaciones sociales que se formaron en Rusia en el siglo XX parece que se presentan al lector como algo no menos exótico que los nombres de los personajes, impidiéndole identificarse con ellos.) Por ejemplo, sólo los partidos políticos que existían en Rusia en vísperas del golpe de Octubre de 1917 eran no menos que los que hay ahora en los EEUU o en Gran Bretaña. Con otras palabras, una persona imparcial podría notar que en cierto sentido el siglo XIX todavía dura en el Occidente. En Rusia ese siglo terminó; y si digo que terminó con una tragedia, es más que nada por el número de víctimas humanas que provocó la llegada del cambio social y cronológico. En una tragedia de verdad no muere el héroe: muere el coro.  
Aunque para la persona, cuyo idioma natal es el ruso, las conversaciones sobre el mal político son tan naturales como la digestión, ahora me gustaría cambiar de tema. El defecto de las conversaciones sobre lo obvio está en el hecho de que éstas corrompen la conciencia con su facilidad, con su fácilmente adquirible sensación de tener razón. Ahí está su tentación, parecida por su naturaleza a la tentación de un reformador social, quién provoca este mal. La toma de conciencia sobre ésta tentación y su rechazo, en cierta medida son responsables de los destinos de muchos de mis contemporáneos, sin hablar de mis hermanos de pluma que son responsables por la literatura que nace bajo sus plumas. Esa literatura no fue ni fuga de la historia, ni aquietamiento de la memoria, como puede parecer desde fuera. “¿Cómo se puede escuchar música después de Aushwitz?” – pregunta Adorno, y una persona que conoce la historia rusa puede repetir la misma pregunta, cambiando en ella el nombre del campo, repetirla, incluso hasta con más razón, ya que el número de personas que dejaron de existir en los campos de Stalin supera mucho la cantidad de los que dejaron de existir en los campos alemanes. “¿Cómo después de Aushwitz se puede almorzar?”, - notó una vez al respecto el poeta americano Mark Strand. De todos modos, la generación a la cual pertenezco, ha sido capaz de componer esa música. 
Esta generación, la generación nacida justo cuando los crematorios de Aushwitz funcionaban con su máxima capacidad, cuando Stalin se encontraba en el cenit de su poder absoluto, casi divino, parece que otorgado por la misma naturaleza, mi generación llegó al mundo, al parecer, para continuar lo que teóricamente debería haber sido interrumpido en esos crematorios y fosas comunes anónimas del archipiélago stalineano. En el hecho de que no todo se interrumpió, por lo menos en Rusia, hay en una gran medida el mérito de mi generación, y siento el orgullo por mi pertenencia a ella no menos que por estar hoy día aquí. Y el hecho de que estoy aquí hoy es un reconocimiento a los meritos de esa generación ante la cultura; y recordando a Mandelshtam, yo agregaría que ante la cultura mundial. Mirando hacia atrás, puedo decir que empezábamos en un lugar vacío, o más bien en un lugar que espanta por su devastación, y que más por intuición que conscientemente, nosotros buscábamos justamente recrear el efecto de la continuidad de la cultura, recrear sus formas y tropos, llenar a sus pocas formas sobrevivientes y a menudo absolutamente desprestigiadas con nuestro propio contenido contemporáneo nuevo o que nos parecía como tal. 
Es probable de que existía otro camino, el de una posterior deformación, el de la poética de los fragmentos y las ruinas, el del minimalismo, el de la respiración cortada. Si lo hemos rechazado fue lejos de ser porque éste nos parecía un camino de auto dramatización, o porque estábamos demasiado animados por la idea de preservación de la nobleza heredada de las formas de cultura que conocíamos, equivalentes en nuestra conciencia a las formas de la dignidad humana. Lo hemos rechazado porque en realidad la opción no era nuestra, sino de la cultura, y vuelvo a repetir que esa opción fue estética y no moral. Claro que para una persona es mucho más natural percibir a sí mismo no como un instrumento de la cultura, sino al revés como su creador y guardián. Pero si hoy día estoy afirmando lo contrario, no es porque haya cierto encanto en parafrasear a fines del siglo XX a Plotin, a lord Sheftsbery, a Shelling o a Novalis, sino porque un poeta más que cualquiera siempre sabe que lo que vulgarmente se conoce como voz de Musa, en realidad es dictat del idioma; que el idioma no es su instrumento, sino que él es el medio del idioma para seguir existiendo. Y el idioma, incluso si lo imaginamos como un ser animado (lo que sería sólo justo), no es capaz para una opción ética. 
La persona empieza a escribir un poema por diferentes motivaciones: para conquistar el corazón de la amada, para expresar su opinión respecto a la realidad que lo rodea, ya sea un paisaje o un estado, para grabar un estado del alma en que se encuentra en un momento dado, para dejar, como piensa en ese minuto, su huella en la tierra. Es muy probable, que él acuda a esa forma, al poema, por razones inconscientemente-miméticos: un coágulo negro vertical de palabras en medio de una blanca hoja de papel parece recordarle de su propia ubicación en el mundo y de la proporción del espacio respecto a su cuerpo. Pero independientemente de estas razones por las que toma la pluma, e independientemente del efecto producido a su auditorio por grande o pequeño que sea, por lo que sale de su pluma, la consecuencia inmediata de esa empresa es la percepción de entrar en contacto directo con el idioma, o más bien, la percepción de una caída inmediata en dependencia de éste y de todo lo que ya fue expresado, escrito y realizado en el. 
La dependencia esa es absoluta, despótica, pero también liberadora. Ya que siempre siendo mayor que el escritor, el idioma además posee una energía centrípeta colosal, que le entrega su potencial temporal, es decir todo el tiempo que yace adelante. Y ese potencial se define no tanto por la composición cuantitativa de una nación que lo habla, aunque por eso también, como por la cualidad del poema escrito en él. Es suficiente recordar a los autores de la antigüedad griega o romana, es suficiente recordar a Dante. Lo que se crea hoy día por ejemplo en ruso o en inglés, garantiza la existencia de esos idiomas durante el siguiente milenio. Repito que el poeta es el medio de la existencia del idioma. O, como dijo el grande Oden, él es alguien a través de quien el idioma vive. Dejaré de existir yo, quien escribe estas líneas, dejarán de existir ustedes, quienes las leen, pero el idioma en que estas líneas están escritas y en que ustedes las leen quedará no sólo porque el idioma es más longevo que el hombre, sino también porque está más preparado para la mutación. 
Sin embargo, quien escribe un poema, lo escribe no porque cuenta con la gloria póstuma, aunque espera a menudo que el poema vivirá más, o por lo menos un poco más que él. Quien escribe un poema, lo escribe porque el idioma le sopla o simplemente le dicta la línea siguiente. Empezando un poema, el poeta habitualmente no sabe en qué termine, y a veces llega a estar muy sorprendido con lo que resultó, porque frecuentemente resulta mejor de lo que suponía, frecuentemente su pensamiento llega más lejos de lo que contaba. Exactamente ése es el momento cuando el futuro del idioma interviene en su presente. Como sabemos, existen tres formas de conocimiento: analítico, intuitivo y el método que usaban los profetas bíblicos, el de la revelación. La diferencia de la poesía con las demás formas de literatura está en que ésta usa simultáneamente las tres (inclinándose preferencialmente hacia la segunda y la tercera), ya que todas están dadas en el idioma; y a veces con la ayuda de una palabra, una rima, quien escribe un poema logra llegar a parar en lugares donde nadie antes de él estuvo, y más lejos tal vez, que lo que él mismo quisiera. Quien escribe un poema lo escribe antes que nada porque el poema es un colosal acelerador de la conciencia, del pensamiento, de la percepción del mundo. Al sentir esta aceleración una sola vez, la persona ya no es capaz de negarse a repetir esa experiencia, ella cae en dependencia de ese proceso, como se cae en dependencia de las drogas o del alcohol. La persona que se encuentra en ese tipo de dependencia del idioma se llama poeta. 

jueves, 5 de febrero de 2015

La próxima semana

Un encuentro con dos de los mejores narradores de la isla de los últimos años Jorge Enrique Lage y Ahmel Echevarría.




Ahmel Echevarría Peré

(La Habana, 1974)

Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de Latin American Studies Association (LASA). Narrador, editor web, crítico literario, graduado de Ingeniería Mecánica en el Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría”, especialista del Centro de formación literaria “Onelio Jorge Cardoso” en donde tiene a su cargo la edición del sitio web Centronelio. Tiene publicado el libro de cuentos Inventario (Premio David 2004, UNION, 2007), y las novelas Esquirlas (Premio Pinos Nuevos 2005, Letras Cubanas, 2006) Días de entrenamiento (Premio Franz Kafka de Novelas de Gaveta 2010, FRA, República Checa, 2012), Búfalos camino al matadero (Premio José Soler Puig 2012, Oriente, 2013) y La noria (Premio de Novela Ítalo Calvino 2012 y Premio de la Crítica Literaria 2013, UNION, 2013). Columnista del sitio web de la revista Cuba Contemporánea (www.cubacontemporanea.com). Ha colaborado con diversas revistas y medios digitales, entre ellos: Diario de Cuba, Quimera, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba, Cine Cubano, etc.


Jorge Enrique Lage
(La Habana, 1979).
Es licenciado en Bioquímica por la Universidad de La Habana, narrador, editor y crítico literario, y especialista del Centro de formación literaria “Onelio Jorge Cardoso”, jefe de redacción de la revista de narrativa El Cuentero y editor de la Ediciones Cajachina, ambos del Centro de formación literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Entre 2005 y 2008 participó en los proyectos digitales 33 y 1/3 y the revolution evening post. Ha publicado los libros de cuentos: Yo fui un adolescente ladrón de tumbas (Editorial Extramuros, 2004), Fragmentos encontrados en La Rampa (Editora Abril, 2004) y Los ojos de fuego verde (Editora Abril, 2005) y El color de la sangre diluida (Letras Cubanas, 2007) y Vultureffect (Ediciones UNION, 2011). Ha publicado las novelas Carbono 14 Una novela de culto (Ediciones Altazor, Perú, 2010) y La autopista –the movie- (Ediciones Cajachina, 2013). Colabora con los sitios digitales OnCuba Magazine y Diario de Cuba.