No dudo de las buenas intenciones del Secretario de Estado hacia Cuba pero uno esperaría que Rubio tendría más claras las cosas. Que si no en la universidad o en el Departamento de Estado, en casa le explicarían que en el comunismo todo es político. Que esa obsesión por “controlarlo todo” es una cuestión que nace de preservar el poder político a toda costa, aunque inevitablemente termine repercutiendo en la economía. No es que no sepan “cómo salir de esto”. Es que no quieren.
En 1994 el régimen pudo salir del embrollo y, unos días después del Maleconazo, en medio de la crisis de los balseros, abrió los mercados campesinos cerrados ocho años antes. El régimen cubano en situaciones de aprieto sabe siempre cómo responder: liberalizando la economía, introduciendo el capitalismo en dosis homeopáticas. Como lo supo hacer China en su momento para sobrevivir a la Unión Soviética. Como ha hecho Vietnam. Porque el castrismo sabe que reteniendo el control político pueden -luego del experimento liberal- recoger la soga de la economía en cuanto sea necesario. Cuando dice Rubio “Recordemos que este régimen ha sobrevivido casi exclusivamente gracias a subsidios, primero de la Unión Soviética, luego de Hugo Chávez” uno comprende que la versión que tiene el secretario de estado de la historia de Cuba está llena de baches, como que entre la desaparición de la Unión Soviética y la instauración del chavismo transcurrió una década entera.
Rubio está pensando -en consecuencia, actuando- como el jugador que no ha visto en el juego y entra a jugar a última hora apenas sabiendo como anda el marcador, sin saber cómo juegan los contrarios ni en qué se basa su estrategia esencial. Y el resultado es que a pesar de toda la agresividad inicial su postura actual no difiere mucho de la de Obama hacia la dictadura: la creencia -no sé si llamarle capitalista o marxista- de que lo económico termina siempre controlando lo político cuando los 67 años de ejercicio leninista le ha enseñado al castrismo que mientras se retenga el control político no hay nada perdido. (¿Alguien le habrá explicado a Marco Rubio lo que hizo Lenin con la NEP?). Y que si el precio de sobrevivir es pasar de ser una dictadura de izquierdas a una de derechas pues se paga. La conversión del ejército cubano en la mayor empresa capitalista del país a través de GAESA hace ya un cuarto de siglo ya nos dice cuán preparados están para el cambio de juego.
No hay comentarios:
Publicar un comentario