miércoles, 30 de abril de 2008

Educación

La poeta Odette Alonso, radicada en México desde 1992 me envía la dirección de su blog parque del ajedrez en el que en estos días ha comentado las palabras de Eusebio Leal en el congreso. Muy interesante es su reflexión en otro post sobre uno de los grandes mitos cubanos: la educación. Mal debe andar cuando se atrevieron a criticarla en el congreso de la UNEAC. En su post pone ejemplos que me resultan chocantes aunque no me sorprenden. Lo que antes eran casos extremos ahora parecen haberse convertido en rutina. Dice Odette:

“Un muy querido amigo español casado con cubana acaba de contarme que su sobrino, que vive en la isla, no tuvo clase la semana pasada porque su maestra emergente se la tomó libre. No era vacaciones; ella simplemente no fue a trabajar y la directora repartió a los niños de su grupo entre otras aulas ya atestadas de alumnos. Al sobrino le tocó con una maestra que, en medio de las explicaciones, como quien matiza la charla, decía pinga y cojones constantemente. Cuando los demás muchachos vieron que el sobrino evitaba repetir aquella jerga, lo acusaron de maricón y se rieron de él. La maestra también se rió y le dijo, gesticulando con toda la cara y moviendo las manos: “No se puede ser tan burguesito, cojooone”.
Su maestra oficial regresó el lunes a clases y el martes lo regañó fuertemente porque el sobrino de mi amigo se atrevió a ir a clase un día de lluvia. Ella le explicó con detalle, como corresponde a una buena mentora, que cuando llueve hay que aprovechar… Lo cual quiere decir, en perfecto cubano, faltar a la escuela y al trabajo. Asombrado con la anécdota, que le parecía como de otro mundo, mi amigo le preguntó a su cuñada por qué no cambiaba al niño de grupo. Ella respondió: “Ni muerta; esa maestra falta, pero al menos no los insulta ni escribe con faltas de ortografía”.
Pues déjame contarte, le dije a mi amigo, que la seño de Camilo, que es una chusmita de chancletas metededo y bajichupa que se llama Yusimí… ¿La de los Reyes Magos?, me interrumpió él… ¡Esa misma!, la que les dijo a los niños de cinco años en preescolar que los Reyes no existían, que no fueran comemierdas… Como ésa también falta mucho, un día mi madre le propuso a Piri que cambiaran de aula a Camilo y mi hermana respondió lo mismo: “¡Ni muerta!”. Porque entonces, aunque fuera a distancia, Yusimí le iba a hacer la vida imposible al niño por haberla "traicionado" y dejar en evidencia las razones que había para pedir el traslado.
Y lo de la lluvia siempre ha sido así. Cuando digo en México —ciudad en la cual de junio a septiembre llueve todas las tardes a partir de las cinco y hasta la mañana siguiente— que en Cuba a la primera lloviznita —¡ni qué decir de los ciclones!— no íbamos a clases y en los registros de asistencia los maestros ponían L L U V I A, vertical, letra bajo letra de la primera a la última línea, no quieren creerme.
Pero déjame decirte, insiste mi amigo, que mi sobrino no estudia en un tugurio de Regla, sino en una escuela privilegiada del Nuevo Vedado. Y me cuenta que como ése es un barrio residencial de antiguos burgueses y altos funcionarios del gobierno —gente bien se diría por acá—, para que admitieran al niño, al que “no le tocaba” estudiar allí, su cuñada tuvo que sobornar a la administración escolar con dinero que los tíos mandaron puntualmente desde España. No es escuela de muchachos marginales, no, dice mi amigo: los llevan en carros hasta la entrada; ellos van con mochilas de marca, pantalones Levis, MP3 para escuchar música y meriendas con chocolates y otras cositas que sólo se compran en las tiendas de dólares. O sea, nada que se parezca a una escuela “normal”, como la de Camilo, por ejemplo, en Centro Habana.
“Hijos de yegua”, le cuento, nos decía Orestes Sánchez del Campo, el profesor de física de octavo grado, en la mejor secundaria de Santiago de Cuba en los años setenta. Pero, entonces, era una excepción. Nuestros padres fueron a protestar a la dirección por el maltrato y la grosería. Qué tiempos aquéllos… ¿Algún padre protestará ahora que pinga, cojones y sus múltiples sinónimos y derivaciones —tranca, tolete, mandarria, morrongón, similares y conexos— son el idioma cotidiano fuera, pero también dentro de las aulas?
Con las migraciones, esa desgracia rebasa las fronteras. Efraín, que es teacher de un college estatal en Miami, tiene en su aula adolescentes de muchos países latinoamericanos, revoltosos y rebeldes como todo teenager, pero ninguno como los cubanos —¡y las cubanas!—, que se le paran en medio del aula, con las manos en la cintura y moviendo el piecito —bien sabemos los cubanos cómo—, y le gritan: “¿Qué pinga le pasa al calvo e’ mierda éste?” Y cuando los reporta a la dirección, los papás llegan reclamando por qué el singao del maestro la tiene cogida con sus niños.”

[Si necesitan imágenes que confirmen lo anterior aquí van las de “Seremos como seremos” documental independiente realizado en Cuba en que se recogen las actividades en una escuela cubana durante un día completo. Lo mejor que tienen es la ausencia de comentarios. Ni siquiera una ironía que nos distraiga de esa cosa terrible que estamos viendo y que se supone que justifique la falta de libertades.]


Segunda parte

6 comentarios:

Maite dijo...

Es horrible, es la violencia, la educación es el reflejo de las violencias de estos 50 años, la pobreza material y espiritual, la miseria, la animalización, la bestialización de la sociedad...triste

Jorge Salcedo dijo...

Bueno, en la época en que nosotros cursamos la primaria (los setenta, en mi caso) todavía quedaban algunos rezagos del pasado. Mis profesores, en su mayoría, se habían educado antes de la revolución, con valores y costumbres pequeño burguesas, aunque ya aparecían las primeras promociones de maestros "makarenkos", que eran un verdadero poema pedagógico. Estos niños ya han botado ese lastre. Los padres son un producto de la revolución, el director es un producto de la revolución, la maestra es un producto de la revolución y ellos ya son como el Che.
Che permuta!

Anónimo dijo...

Eso no es nada. Mi hijo actualmente tiene 32 años y cuando estaba en la secundaria la maestra de "Fundamentos Políticos" los regañaba diciéndoles: "Niiiiiño, tate tranquilo que ya tú preñas!!!"
O sea, el panorama actual era de esperar. Nada más ver que la mayoría (no digo todos) los que vienen de Cuba son vagos, mentirosos, arribistas, faltos de escrúpulos, etc, etc, se puede ver de qué forma tantas décadas de miseria material y ética han forjado a, sí, un "hombre nuevo: .

a dijo...

Que malas memorias me trae esto....Puro adoctrinamiento y poca instrucción. Me recuerda el humillante proceso de recomendación en la secundaria y los escalafones para entrar en la Universidad basados en la “integridad revolucionaria” y no en la capacidad intelectual.

Sobre Playa Girón recomiendo este libro “Bahía de Cochinos” por Luís González Lalondry. Para los que nos criamos en la revolución es una lectura interesante por que nos enseña la otra parte de la historia.

Por ultimo, anónimo la mayoría de los Cubanos que hemos llegado en los últimos 13 años no somos como tu cuentas…tenemos cerebro por lo que pensamos por nosotros mismos y no por las ideas preconcebidas, exclusivitas y muchas veces racistas de la Habana y Miami. Y sobre todo los que de verdad deseamos superarnos hemos trabajado tan duro como todo cualquier otro emigrante. Es verdad que hay algunos que se merecen los manden de vuelta, pero la mayoría ha salido adelante.

Anónimo dijo...

esta de truco todo, salvo una cosa: la buena caligrafía Palmer de la maestra; probablemente ni ella misma sepa qué es eso, ni que ese estilo caligráfico es de mucho antes de la revolucion.

Laz dijo...

Uno de los mayores estragos causados es la depauperacion de los valores a extremos como los que se narran. El futuro de Cuba cargara con esta hipoteca impagable.
Ahora el Gallego Fernandez se encargara concienzudamente de hacerla mas terrible. Enlazo el post.