jueves, 21 de marzo de 2013

Blogosfera y sociedad civil en Cuba


A la carrera reconstruyo lo que dije –o quise decir pero no tuve tiempo- hoy en el panel de la conferencia sobre blogosfera y sociedad civil en Cuba a partir de las notas que preparé:

Me gustaría empezar mi presentación leyendo una cita que a mi entender es la que mejor resume la relación que ha existido entre los cubanos de la isla y la diáspora en el último medio siglo. La frase dice:
“Así vamos todos, en esa pobre tierra nuestra, partidos en dos, con nuestras energías regadas por el mundo, viviendo sin persona en los pueblos ajenos, y con la persona extraña sentada en los sillones de nuestro pueblo propio! Nos agriamos en vez de amarnos. Nos encelamos en vez de abrir vía juntos.Nos queremos como por entre las rejas de una prisión” 
Lo curioso es que esa frase fue escrita por José Martí en 1894 [con motivo de la muerte de Julián del Casal] y si la leo ahora no es para resaltar las virtudes proféticas de Martí sino la capacidad de la realidad cubana para, 120 años después, repetir las mismas circunstancias de que cuando la isla era colonia de España. 
Ese recelo todavía existe, esa fractura entre los dos cuerpos de la nación. Y si la brecha entre la isla y su emigración no es aún más profunda en estos momentos ha sido en parte gracias a la tecnología. Es la tecnología la que nos ha permitido en los últimos años a los cubanos no sólo comunicarnos más rápido sin la intervención del correo o la telefónica estatal sino compartir el ritmo de la vida cotidiana en Cuba de manera que no puede reproducir ningún periódico, la que nos ha permitido en cierta medida vivir ciertas experiencias a un mismo ritmo. Porque debemos tener en cuenta que lo que articula a una nación no sólo son sus costumbres, su historia, su lenguaje común sino también la capacidad de sus diversos componentes de convivir en un mismo tiempo, con cierta simultaneidad de experiencias. 
Existe un mito cubano, el de “la coca cola del olvido”, un mito tan sostenido como insostenibleque. Es evidente que el emigrado más que olvidar recuerda demasiado: sólo que ese recuerdo se detiene justo en el momento de su salida lo que hace siempre más complicado su sincronización con la realidad del país que dejó atrás. No poco ha ayudado la tecnología a vencer, al menos en parte, ese anacronismo –y ese recelo- entre los diferentes fragmentos de la nación ya fuera a través del intercambio de noticias y opiniones, de debates que han llegado a ser intensos y acalorados, publicaciones de diverso tipo como la revista Voces, dirigida por Orlando Luis Pardo Lazo [con la que colaboro habitualmente] o concursos como “La Isla virtual” [en el que Ernesto Hernández Busto y yo fuimos invitados a participar como jurados “extranjeros”] y las campañas a corto o a largo plazo por la liberación de activistas detenidos temporalmente o presos de conciencia sometidos a larguísimas condenas.
 Valoro en especial por su impacto afectivo –al fin y al cabo soy escorpión- iniciativas como la de OLPL de fotografiar lugares de la ciudad que le solicitaran emigrados de todas partes del mundo en base a sus muy particulares afectos y gracias a ésta volví a ver mi casa y mi barrio en La Habana luego de más de quince años. No menos significativa -por su uso laboriosamente medieval de la tecnología- fue la simulación de videoconferencia que establecimos un grupo de exiliados de Nueva Jersey con Estado de Sats en Cuba gracias a la iniciativa de la poeta, editora y bloguera Lizabel Mónica que en aquél momento se encontraba de visita en los Estados Unidos. Ante la imposibilidad técnica de hacer la conferencia virtual como se haría en cualquier otra parte del mundo se recurrió al envío de preguntas desde Cuba que fueron respondidas en varias sesiones de filmación por Alexis Romay, Geandy Pavón, Paquito D’Rivera y yo. Una vez editado el video, este fue discutido en la sede de Estado de Sats en La Habana creándose la sensación de una conversación más o menos normal a lo que tomó varias semanas de elaboración. 
Pero la única barrera a romper no es la que existe entre los cubanos de adentro y de afuera. Existe también la que separa a los cubanos de todas partes del resto del mundo porque la comunicación y entendimiento de la realidad cubana se enfrenta a una trampa que hasta no hace mucho parecía insuperable: mientras a los cubanos que se establecen fuera del país se tiende a no creerles bajo el prejuicio de que nuestro testimonio es hijo del resentimiento de supuestamente haber perdido negocios y cientos de caballerías de tierra (todo cubano en el exilio aparentemente es miembro de la burguesía derrotada, negadores de cierta idea del paraíso) los de adentro o bien son voceros del discurso oficial o resultan rehenes de este.
La existencia de blogueros que desde Cuba se dedican a difundir la realidad cubana rompe este esquema tan favorecido por el llamado intercambio académico convertido en una coreografía que recuerda los espectáculos de lucha libre: casi nada de lo que ocurre es real. Los blogueros independientes -en cambio- no tienen viajes por los que luchar ni puestos que perder y al mismo tiempo escapan al estigma de fugitivos del paraíso que persigue al exilio. 
Pero el uso de la tecnología no sería suficiente si no hubiese al mismo tiempo un cambio en tono del discurso. Un tono basado menos en la seriedad y el sentimentalismo y más en la flexibilidad, la inteligencia, la agudeza y la ironía. Hace más de una década cuando comenzaba a incursionar en estos medios parecía que existía un tono único –grave y circunspecto- para referirse a las cuestiones de “la patria”, un tono con el que resultaba muy difícil conectar a nuevas generaciones de cubanos, hastiados de décadas de discurso patriotero. Un tono que sin embargo sirve para decir lo mismo que durante décadas han afirmado generaciones de cubanos: que no somos una especie diferente sino seres humanos que quieren que se les respete como tales y que quieren y necesitan vivir en libertad; que la transición del actual régimen a una democracia no es precisamente un proceso regresivo y reaccionario, que la democracia, con todos sus defectos, es la esperanza más sólida que tenemos de alcanzar una vida mejor y más plena. 
Pero además de todas las barreras superadas todavía queda una barrera decisiva por vencer y es la que separa a la naciente sociedad civil cubana del resto de la población, una ciudadanía hastiada del régimen actual pero recelosa de lo que le traería una transformación profunda de la sociedad en que vive. Es a esos cubanos a los que es necesario convencer de que un cambio democrático en Cuba además de necesario es posible.

9 comentarios:

Miguel Iturralde dijo...

Muy bueno. Saludos.

Anónimo dijo...

Muy bueno Enrique. De acuerdo en todo menos en aquello de: viviendo sin persona en los pueblos ajenos. No creo que se pueda estar mejor en ninguno otro lugar que en el Yuma. Y parece que Marti no estaba tan en desacuerdo conmigo porque se paso un buen tiempecito por aca.

Güicho dijo...

He hablado con gentes de nuestra generación que han conseguido hacerse un nicho de subsistencia en la isla sin vínculo con la nomenclatura. Y están acojonados. Hasta les asusta la muerte del monífaro de Barinas. Improbable convencerlos sin una buena agravación de la crisis económica cubana.

Y dado que no hay coeficiente generacional para rebeldías juveniles, la mejor baraja parece ser la inercia suicida de la dictadura tras la muerte del caudillo. Penosa apuesta.

cubasno dijo...

...y tristemente tienes razón: Pepito sigue siendo actual, no por apóstol profético sino por buen observador del mierdero cubiche de su tiempo, del que no hemos salido todavía.

Enrisco dijo...

anonimo 23:11 estoy de acuerdo contigo, al menos en lo que a mi y a mi familia respecta. ahi esta la gran diferencia entre la colonia y el castrismo: este ultimo ha engendrado, con la completa depauperacion de la isla, una capacidad de bienestar para los que huyen de ella impensable en otros tiempos.

Esther Abraira dijo...

Si, tu conclusion es excelente! Creo que algunos padecen el Sindrome de Estocolmo, a veces logro chatear con los de dentro, solo estan interesados el lograr algun dinerito para comprar una casita, un carrito, y poner un negocito...lo cual no es malo, pero lo malo es la 'Apatia a la Politica' lo cual ya sabemos que viene relacionado a mas de una decada de escuchar lo mismo, dia tras dia, slogans que nunca se cumplen...para ellos eso es la Politica...Debemos seguir enfatizando en "Como la Democracia afecta mi vida personal y a la vez la de la Sociedad"

Ernesto Suarez dijo...

Bróder, con la parquedad "hemingweyana" que me atribuyes: buenísimo. Un abrazo.

Anónimo dijo...

RECUERDEN.. MARTI, DURMIO POR MUCHO TIEMPO....

Anónimo dijo...

De acuerdo y añado en mi opinion la apatia es la falta de libertad individual. Como dijo Yoani que a veces se siente abrumada, y tal vez ahora es la fama y la responsabilidad de esta singular personalidad, si la ironia de la fama adquirida por la misma persecusion de la dictadura, las dificultades tal vez la hubieran inducido a la posicion facil y segura de la apatia. Es la apatia delCDR, de la libreta, de lo mismo todos los dias, de para que tratar, si no eres un comecandela con ambiciones politicas de conseguir una posicion privilegiada. Parece que pararse en el Malecon mirando pa'l norte es la apatia de los sueños sueños son.