lunes, 11 de mayo de 2009

Otro fin de curso

Acabo de concluir otro curso de escritura creativa. En su mayoría se trata de estudiantes norteamericanos que escriben a lo largo del curso poesías y cuentos directamente en español lo cual parece que nunca me dejará de asombrar. Abajo los dejo con un par de textos. Si quieren más les recomiendo entrar al blog que he creado para que puedan exponer sus textos favoritos.

Cecilia Lee

La disculpa

Si realmente la hubiese querido matar, ¿no les parece que hubiera usado el cuchillo, y no el martillo1? Al mismo tiempo, perdónenme por las inconveniencias, las facturas del hospital, y el miedo que han de tener ahora. Pero no se preocupen, estoy tomando las medicinas y nunca más volverá a pasar2.


1.- Mi padre siempre pensó que ese martillo no servia para nada. Que supuestamente no tenía un buen balance entre la cabeza y el cuerpo. Yo nunca sabía cuando estaba hablando de objetos o de mamá. Un personaje muy peculiar, mi padre…
2.- Mi padre me dijo que nunca más volverá a pasar, pero él también fue el que me aconsejó que agarrara el martillo, por más que él insistía que no era su herramienta favorita. Las medicinas me hacen sentir rara, por eso solamente las tomé una vez.


Madeleine Witenberg
La Vida de Emilio

Emilio iba a trabajar a la biblioteca cada día. Salía de su casa a las cinco y veinticuatro de la mañana. Caminaba veintiuno minutos en la oscuridad a la estación. Se sentaba debajo del tercer farol y esperaba el tren. Aquí, en los catorce minutos sentado, él comía una manzana roja y cada vez que llegaba al corazón de la manzana, recordaba que alguien le había dicho que las pepitas tienen arsénico. Después de este pensamiento, tragaba cada pepita como una pastilla.
Cuando el tren llegaba, se sentaba en fondo del penúltimo vagón. Nunca había otras personas en el tren y le gustaba el silencio. No sabía mucho sobre sí mismo, pero sabía que le gustaba el silencio.
La biblioteca abría cuando él llegaba y cerraba cuando él salía. Por eso, la biblioteca estaba abierta por más horas que todas las bibliotecas en el área, pero en ese pueblo nadie sabía leer y por eso, él era el único patrón. Cada día tenía la intención de leer los libros pero nunca tenía el tiempo. Tenía que limpiar y ordenar los libros porque a veces niños del pueblo forzaban la entrada y tiraban los libros.
Un día estaba comiendo su manzana cuando una mujer se sentó debajo del segundo farol. Le sonrío a él y después comenzó a leer su libro rojo. Cuando el tren llegó, él fue al mismo vagón como siempre y ella fue al vagón antepenúltimo. La miró durante el viaje y decidió que ella era francesa. Había leído suficientes libros sobre París, y todos describían mujeres como ella. Cuando llegó a la biblioteca, ignoró el desorden y inmediatamente buscó libros de francés. Empezó a aprender. Le gustaba el sentido de las letras en su lengua.
El próximo mañana, él olvidó a comer la manzana y solamente buscó a la mujer francesa. Aunque el tren llegó y ella no, fue al biblioteca contento. Él no sabía mucho francés y ahora tenía más tiempo para practicar. Y él sí practicó, caminando alrededor de los libros, y hablando al aire polvoriento como si fuera el cuerpo de ella. Al principio, susurraba pero eventualmente, su voz llenó la biblioteca.
Cuando ella no vino por dos días, él decidió que ella solamente tomaba el tren un día a la semana. Este pensamiento lo puso muy contento porque tenía muchísimo tiempo para perfeccionar el francés. Y cuando habían pasado dos meses, se puso muy feliz porque decidió que ella regresaría en diez meses--un año después.
Durante el tiempo de espera olvidó tragar las pepitas y salía de la biblioteca temprano para ver películas francesas. Descubrió que no le gustaba el silencio tanto como pensaba antes.
Cinco meses después del primer día que la vio a ella, él estaba sentado esperando el tren leyendo, cuando vio una mujer con un libro rojo. Era ella. Ella le sonrió como antes. Pero el corazón de él le pesaba. No quería hablar con ella, no quería terminar los estudios, no quería regresar a su vida de antes.
Cuando el tren llegó ella fue al vagón antepenúltimo como antes y lo miró al él. Pero Emilio fue a su vagón como siempre y durante el viaje, practicó el francés para impresionar a la mujer de sus sueños.

4 comentarios:

Ernesto Menéndez-Conde dijo...

Un lindo gesto el de poner los trabajos de tus estudiantes. Saludos.

Anónimo dijo...

Le comentaré a Manolín, el Mendigo de la Salsa: cualquiera de estos dos de tus estudiantes lo pueden poner al día en redacción y en gramática... aunque no tengan la imaginación creativa al nivel del susodicho Mendigo...

Anónimo dijo...

Sería bueno que Madeleine escuchara "Penélope" de Joan Manuel Serrat.

Inesita Correcalle dijo...

Me encanta!!!
Este blog cada día se pone más bueno.
Yo pienso suicidarme todos los días, pero cada vez, antes de la decisión final, leo este blog y lo voy posponiendo.
En realidad, no taaaanto, pero por ahí, por ahí. Enrisco y sus comentaristas me alegran la vida y me es más fácil sobrellevar la colocación.