domingo, 14 de junio de 2026

Países Bajos y Japón la echan al pegao

 


El partido entre Países Bajos y Japón fue una nueva edición del viejo conflicto entre altos y bajitos. Entre los hijos de las proteínas y los hijos de los carbohidratos. Solo que en este caso ambos bandos eran lo bastante habilidosos como para no depender de las condiciones físicas. Nada de fatalismo genético. En el primer tiempo, no obstante, prácticamente se gastaron los cuarentaicinco minutos estudiándose, como si en toda su vida nunca hubieran visto a tipos con los ojos así y el pelo asá.

Así y todo el primer gol tuvo algo de ese fatalismo: lo anotó a los cinco minutos de iniciado el segundo tiempo el paisbajista con nombre de pintor, Van Dijk, de cabezazo, como era de temer. Pero los hijos del sol naciente, los inventores del manga no se achicopalaron y cinco minutos después después en jugada terrestre un ninja con apellido geométrico, Kubo, empató el juego de un latigazo de su derecha.

Pero los paisbajenses no estaban dispuestos a quedarse dados y a ocho minutos del empate Summerville volvió a adelantar a los suyos con una mawashi que no le dio opciones a Susuki, el afroninja con nombre de moto que defiende la portería nipona. A los de los tulipanes y los molinos podía parecerle suficiente, pero a los de los origamis y el sushi no se iban a cruzar de piernas.

Tanto insistieron los del sol naciente y la estatura menguante que cuando ya todo parecía estar decidido Daichi Kamada metió un cabezazo que luego de rebotar en la cabeza de un contrario entró limpiamente en la portería del país de los tulipanes. Y minutos después, luego de algún que otro forcejeo en las puertas rivales ambos equipos  firmaron las tablas de uno de los segundos tiempos más entretenidos hasta el momento.

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