El primer tiempo entre Costa de Marfil y Ecuador empezó como si les hubieran prohibido a ambos equipos pisar el mediocampo. Corrían como poseídos de una portería sin conseguir otra cosa que hacer retumbar los postes de las porterías. Dos balonazos al poste de los ecuatorianos por uno de los marfileños. Si los casi casi contaran para decidir un juego Ecuador hubiera entrado en el segundo tiempo como ganador. Y si las tarjetas amarillas valieran de algo bueno Costa de Marfil ganaba por una goleada de tres tarjetas a cero. Y si de público se trataba Ecuador ganaba de calle: excepto unos cuantos marfileños anecdóticos y Jay-Z todo Ecuador estaba ahí, incluido el presidente del país algo que le agradecerán sus conciudadanos pues así no se siente obligado a cumplir con sus deberes presidenciales.
El segundo tiempo fue una variación del primero. El juego dejó de ser algo menos vertiginoso y el mediocampo no parecía un campo minado, pero en general los tiros al poste y las visitas a ambas porterías eran frecuentes, como si hubiera algún enfermo en la familia o alguien llegado del extranjero con regalos para todo el mundo.
Sin embargo, algo había cambiado. Los de Costa de Marfil -con su equipo temible que cuenta con dos Fofanas y un Singo- parecían llegar a la puerta contraria con bastante más facilidad que los ecuatorianos. Los postes seguían siendo bombardeados con increíble mala suerte hasta que pasó lo que temía el 99.9% del estadio. Amad Diallo Traore, ingresado en el minuto 55, consiguió la meta que parecía imposible de colar la pelota entre los tres palos a punto de acabarse el tiempo reglamentario.
Entonces vino la desesperación ecuatoriana, con todo el mundo tratando de cabecear un corner, incluido el presidente del país. Pero como reza el sabio proverbio futbolístico: “no dejes para el minuto 95 lo que pudiste hacer en todos los anteriores”.,
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