lunes, 15 de junio de 2026

Los conquistadores ya no son lo que eran




El encuentro entre España y Cabo Verde se puede leer en clave decolonial. De un lado los herederos del fallecido imperio español y del otro colonizados por el vecino y no menos difunto imperio portugués. Se avizoraba una masacre como la que los alemanes le propinaron a Curazao el día anterior o la de los suecos contra Túnez. Pero al parecer la FIFA lanzó una advertencia sobre la necesidad de proteger a las especies en peligro de extinción y, en la primera mitad del partido, España se lo tomó con condescendencia colonial, controlando el juego, prestando el balón por no más de cinco segundos y lanzando ataques blandos, vegetarianos. Lo suficiente para convertir a Vozinha, el portero caboverdeano, en la figura del partido sin afearle las redes con un gol mal encajado. Nada que pudiera criticarles un Bartolomé de las Casas reconvertido en observador de la ONU.

El segundo tiempo fue más de lo mismo. Los de Cabo Verde muy ordenaditos en su área repeliendo los ataques mansos de los íberos y estos sin parecer enterarse que además de dominar el balón el objetivo del juego en el que estaban inmersos era meter ese implemento esférico entre los tres palos que custodiaba Vozinha. Por fin, Luis de la Fuente, adelantado de los tataranietos de conquistadores decidió activar su ataque con los añadidos tercermundistas que más penetración le dan a España en los últimos años. Pero, fuera que ni Lamine Yamal ni Nico Williams están en las mejores condiciones luego de sus respectivas lesiones, fuera que poco espacio pudieron encontrar en la madeja compuesta por peninsulares y caboverdianos frente a la portería de Vozinha el marcador quedó tan inmaculado como al inicio del partido y los comentaristas empezarán a arrepentirse por haberle concedido la condición de favoritos para ganar este mundial.

Pero también estarán los memoriosos, esos que recuerdan que precisamente en el mundial en que España se coronó campeón, el del 2010, empezaron con una derrota ante Suiza. Porque si se es favorito desde el inicio en vez de ir a recoger directamente la copa habrá que darle emoción tropezando ante el equipo que en el papel lucía como el más débil del grupo. Una bonita y franciscana manera de mezclar drama y compasión por los débiles.

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