Este choque republicano prometía ser entretenido y cumplió. Como promedio de altura los coreanos no pasaban del hombro de los checos, pero no querían dejarse intimidar por el detalle. Luego de un primer tiempo con más de estudio que de trabajo, en el segundo los coreanos se acercaban cada vez con más peligro a la portería checa.
No obstante, como era de temer, lo checos marcaron primero aprovechando que le sacaban una cabeza de ventaja a los coreanos: un saque de banda lanzado como desde una catapulta llegó al área y fue cabeceado por Krejcí hasta el fondo de la portería. No obstante, ocho minutos más tarde Hwang In-beom (adivinen de dónde es) pateó desde el área un balón que parecía más bien una bola de billar. Este hizo una bonita curva en cámara lenta hacia una esquina de la portería mientras un defensa checo dudaba entre ayudarla a entrar o sacarla sin acabar de decidirse. Así hasta que la pelota decidió entrar por sí sola.
El partido siguió
más movido que las fotos que sacaba mi mujer antes de la invención del
autofoco. Soucek, checo por las dudas, cabeceó un gol que fue anulado por fuera
de juego y unos minutos después Hyeon-gyu Oh (no confundir con Hwang In-beom,
quien esta vez se conformó con dar la asistencia) anotó el gol que a la larga
resultó decisivo. Al final los coreanos celebraron la victoria como si hubieran
ganado el mundial. Al menos avanzan a paso firme a clasificarse para la siguiente
fase, que no es poco. Como dice un viejo proverbio coreano: el tamaño no
importa, lo que importa es lo que hagas con los pies.
No hay comentarios:
Publicar un comentario