Desde el hat-trick inaugural de Messi contra Argelia los partidos de Argentina se han convertido en otro deporte diferente al fútbol. Un deporte en el que en lugar de preguntarte ¿quién ganará? Te preguntas ¿cuántos goles meterá Messi? ¿hasta dónde llevará el récord de más goles en mundiales? Y todo bien parecía bien encaminado cuando apenas empezado el partido el árbitro, al parecer impaciente por acabar con la incertidumbre, señaló un penalti a favor de Argentina. Ya fuera porque le pareció demasiado fácil -o para desmentir los rumores difundidos por la prensa y el resto de los argentinos de que no es humano- Messi falló el disparo desde los once metros echándola fuera de esa portería que conoce mejor que a sus hijos.
El fallo de su máximo líder pareció contagiar al equipo argentino que se dejó quitar la iniciativa durante buena parte del primer tiempo. Hasta que Messi finalmente se aburrió y desde el borde del área chica metió la pelota con esa falta de esfuerzo que a otros, sobre todo si tienen nombre de creyentes, les puede resultar insultante. Con ese tanto Messi a dos días de cumplir 39 años se convertía en el máximo goleador de la historia de los mundiales de fútbol algo que a Pelé le fue inalcanzable, pero que para el argentino es como si cumpliera un deber.
El juego siguió sin muchas incidencias que reseñar hasta que Messi, que se moría del aburrimiento le puso un balón a Julián Álvarez que lo dejó solo frente al portero pero, como era de esperar, falló. Y es que los compañeros de equipo de Messi son correctos y trabajadores como el novio que uno quiere para su hija aunque al final ella prefiera alguien que simplemente la sepa meter. Messi no. Fue a buscar el rebote y el mismo disparó y falló pero como si estuviera representando una fábula en que a veces es la cigarra y otras la hormiga se empeñó en que la pelota entrara en la portería austriaca -sí, lo había olvidado decir, además de contra el récord y contra sí mismo hoy Messi jugaba contra Austria- hasta que a la pelota finalmente no le quedó otro remedio que obedecerlo.
Esta noche supongo que Messi dormirá como siempre, a pierna suelta, con la satisfacción del deber cumplido. En cambio Cristiano para dormir tendrá que esperar a que terminen que reponer la puerta de la habitación de su hotel a la que, no se sabe por qué, la destruyó a patadas.
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