Entro en modo
mundial y en el próximo mes me dedicaré -como desde hace diez y seis años- a
comentar las incidencias de cada partido que vea. En este, mi quinto mundial como comentarista gratuito, serán nada menos que
104 juegos a diferencia de los mundiales anteriores en que había apenitas 72 partidos. Así que
seguramente me saltaré unos cuantos sobre todo si tiene rivalidades tan
prometedoras como un Curazao vs Burkina Faso. Pero no los demoro más. Entremos en
materia.
México 2
Sudáfrica nananina
Un juego en el que participe México en el Estadio Azteca debe ser un espectáculo, sobre todo si se lo contrasta con los narradores mexicanos, convencidos de que la selección nacional será la campeona mundial hasta los octavos de final, momento en que la realidad hace acto de presencia en la forma de cualquier equipo europeo o hasta sudamericano.
Esta vez, sin embargo, la selección mexicana
lucía diferente: casi todos los jugadores eran jóvenes (el inmortal Memo Ochoa
estaba presente, pero en el banquillo) y blanquitos, como si los hubieran
reclutado donde mismo se reclutan a los jugadores de las telenovelas de Televisa.
Casi, porque el primer gol salió de los pies de Julián Quiñones quien no parece
nativo de Polanco sino del muy estado mexicano de Cali, Colombia. Eso fue a los
8 minutos, lo que les dio un respiro a los anfitriones que a partir de entonces
se dedicaron a prepararse para el próximo partido: un poco de entrenamiento,
pero poco más.
En lo adelante,
según los narradores, no quedaba otra expectativa que esperar que el delantero Raúl
Jiménez, quien perdiera a su padre recientemente, podría encontrar el gol que
había estado buscando durante cuatro mundiales. Y en tierras de Televisa
finalmente se cumplió el guion de telenovela que habían venido anunciando los
narradores desde el inicio del partido con un gol de cabeza de Jiménez. El
padre del futbolista le habrá sonreído desde las nubes donde andará aparcado como
diciendo: “perdiste un padre pero encontraste un gol”.
El equipo rival,
Sudáfrica, hizo todo lo que pudo para no aguarle el debut a los anfitriones incluido
el detalle de hacerse expulsar dos jugadores. Los mexicanos, agradecidos
trataron de devolverles el gesto a los sudafricanos, pero ya fue a la altura
del minuto noventa, cuando la expulsión de César Montes poco podía influir en
el resultado que a México debió saberle a chilaquiles de desayuno.
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