sábado, 4 de julio de 2026

Una tarde martiana para Marruecos


Después de despachar limpiamente a Países Bajos en 16avos el partido contra Canadá resultó trabado y bronco, como subir a una 400 rumbo a Guanabo, cuando todavía los conceptos transporte urbano y playa se podian conjugar (con dificultad) en la misma oración. Un juego correoso y combativo, como los bailables de La Tropical. (Ah, esas met
áforas que emanan de un tiempo legendario que vemos con la misma nostalgia con que entonces nuestros padres recordaban los bisteces).

Fue entonces, a los cinco minutos del segundo tiempo que Marruecos, aprovechando que yo todavía estaba en la cocina preparándome un gazpacho anotó su primer gol. (La FIFA o la NASA deberían estudiar la correlación directa que hay entre los momentos en que me levanto a hacer cualquier cosa y la anotación de goles en los partidos. Como si con premeditación y alevosía los jugadores afinaran su capacidad goleadora para hacerme rabiar cuando regreso a mi puesto frente al televisor).

Ese primer gol fue suficiente para destrabar el partido. Así, mientras los canadienses se esforzaban por no ser expulsados en 16avos de la Copa que habían coauspiciado con tanto mimo Marruecos iba aprovechando los espacios que se abrían ante sí para ampliar su ventaja a dos y tres goles. Porque por mucho que suene feo mandar a casa a uno de los tres anfitriones de esta copa se veía que los norteafricanos lo estaban disfrutando. Era como si te brindaran hospitalidad, techo y comida y la única manera que se te ocurriera de agradecer el gesto a tu anfitrión fuera acostarte con su mujer. Exactamente lo mismo que hizo Jose Martí con su hospedero Manuel Mantilla, ahora que lo pienso. Y si se lo hemos consentido al apostol (o peor, lo hemos embarajado diciendo que María Mantilla no es hija suya) no veo por qué no hacerlo con los marroquíes.

No hay comentarios: