Blog personal y casi tan íntimo como una enfermedad venérea pensado también para liberar al pueblo cubano, aunque sea del aburrimiento. Contribuyentes: Enrisco (autor de “Obras encogidas” y “El Comandante ya tiene quien le escriba”), su alter ego, la joven promesa de más de cincuenta años, Enrique Del Risco. Espacio para compartir cosas, mías y ajenas, aunque prefiero que sean ajenas. Quedan invitados a hacer sus contribuciones, y si son en efectivo, pues mejor.
lunes, 20 de julio de 2026
Se habla (y se mienta la madre) en español
Concluyó la copa Mundial para mayor gloria de la FIFA aunque quizás no del fútbol. El total de asistentes a los partidos de 6.7 millones, entre ellos el 98.7% de las estrellas de Hollywood, y la FIFA ganó 13.500 millones de dólares en la jugada. Digo esto como contexto de la final entre el equipo que menos goles había recibido a lo largo del torneo y el que más ayuda había recibido de parte del arbitraje. Me refiero al enfrentamiento entre España y Argentina, todo un canto a la hermandad hispanoamericana. Y es que el mundial que ha contado con mayor supervisión tecnológica de los celebrados hasta ahora se destacó por su meticulosa aplicación de las reglas del juego… cada vez que estas podían beneficiar a los elegidos de los dioses y la publicidad. El último favorcete a la selección sureña había sido no sancionar a los jugadores que habían exhibido un cartel que anunciaba “Las Malvinas son argentinas” como estipula el reglamento de la FIFA.
Desde el inicio de la gran final, precedida por un espectáculo con toda la chealdad que puede producir la gran nación americana, ambos equipos dejaron claro su planteamiento táctico: España controlando el balón dos tercios del tiempo total (exactamente 64.5%) y avanzando sobre el territorio contrario con el orden y la velocidad de una legión romana. Por su parte Argentina se concentraba en controlar los tobillos y las pantorrillas contrarias a base de golpes de diversa contundencia aunque apenas Lisandro Martínez recibiera una tarjeta amarilla en el primer tiempo. De momento las porterías contrarias no parecían interesarles demasiado a ninguno de los contendientes con solo tres disparos al arco por parte de los españoles y ninguno de los del país donde los bisteces caminan sueltos por la pampa. Pero ni los españoles parecían tener apuro ni los argentinos la manera de enhebrar cuatro pases seguidos.
El panorama en el segundo tiempo cambió sensiblemente con la puerta argentina recibiendo mas disparos que Sonny Corleone en El Padrino. Sin embargo, entre que los conservaron su mala puntería como si fuera una seña de identidad nacional como el flamenco y la paella y que el arquero argentino Dibu Martínez rechazaba los disparos como si fuera Superman el marcador se mantuvo más virgen que la mamá de Jesús. El equipo argentino, en cambio, seguía sin tirar a la puerta contraria, pero al menos consiguió otras cuatro tarjetas amarillas, dos de ellas a Enzo Fernández lo que le valió ser expulsado en el minuto 92 del partido.
Quedaba entonces media hora extra para decidir la final antes de llegar a la ronda de los penales. Esa era la última (y única) esperanza argentina de ganar, aunque con un hombre menos no había que hacerse demasiadas ilusiones. Y apenas a los cinco minutos de reiniciado el partido Nico Williams cazó un rebote frente al área que fue anulado por el árbitro por un pisotón a un defensa argentino imperceptible a simple vista, como los paramecios o las cosas importantes, según el Pequeño Príncipe.
Pero si algo habían demostrado los españoles durante todo el campeonato era paciencia. Y en el minuto 15 del tiempo extra un centro pasado a punto de cruzar la línea de meta fue cabeceado hacia atrás por Nico Williams y rematado por Ferrán Torres para encaminar a España a la victoria. Muchos coinciden en decir que era una victoria merecida pero ya cuando el partido agotaba sus últimos segundos Simeone Jr. pudo haber empatado el partido pero la mandó limpiamente a la tribuna, un premio excesivo para un equipo que durante 120 minutos tuvo al portero contrario muerto de aburrimiento. Pero el fútbol es así y a veces premia el esfuerzo y la constancia, virtudes poco relevantes a la hora de vender camisetas.
La FIFA y el público en general hubieran preferido otro desenlace. Victoria de Argentina con tres goles de Messi para que con su segundo mundial y la marca de más goles acumulados en la historia del torneo quedara para siempre zanjado el debate de quién ha sido el mejor jugador de todos los tiempos al menos en la Vía Láctea. (Así y todo me pareció injusto que Messi no recibiera el premio al jugador más valioso: ningún jugador en todo el mundial llevó a su equipo más lejos que él). La FIFA al menos tiene para consolarse 13.500 millones de razones con Infantino al frente que cada vez parece más un malvado de Austin Powers aunque bastante más marrullero. Y Trump, que pese a la derrota de Estados Unidos en octavos de final intentó salir en la foto de los campeones españoles. Así quedará para la historia el mundial de las pausas de hidratación y de la justicia milimétrica pero selectiva del VAR y con una final dominada por distintos modos de mentar la madre en un mismo idioma.
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