Aburre. Tener que describir una vez más cómo la selección que antes era la favorita para ganar todos los mundiales desde el 2010 es la gran favorita para ser eliminada en cuartos de final. Una sola vez logró pasar de allí, en el mundial del 2014 a condición de ofrecer alpiste y revolcadero al resto del mundo para caer frente a Alemania con un marcador que sonrojaría al mismísimo Pelé, 7 a 1. Ahora tocaba quedar fuera en octavos.
¿Han oído de la teoría conspirativa de ”El Gran Reemplazo” según la cuál la población europea está siendo sustituida por la inmigración tercermundista? En Europa no sé pero en Brasil ya ocurrió. Así la misma tierra que dio a Garrincha, Rivelino, Zico, Sócrates (el futbolista), Romario, Bebeto Ronaldo, Ronaldinho, Kaká, Rivaldo, Cafú y Roberto Carlos (el futbolista) ahora tiene que conformarse con los Neymar y los Vinicios de este mundo. Juegan a un nivel inferior, pero al menos rezan y lloran con más entusiasmo. En fin, que es mejor invitarlos a un velorio que a un campeonato de fútbol.
Ya antes de empezar el juego de ayer contra Noruega tenía mucho de velorio. Sobre todo teniendo en cuenta las nuevas reglas de la FIFA que permite que junto a los humanos compitan androides como el noruego Haaland. De entrada, los brasileños sabían que para ganar debían anotar dos goles porque de que Haaland te va a meter al menos un gol es tan seguro como de que el sol sale por la mañana y la luna por la noche.
Tuvieron su oportunidad los brasileños con un penalti que les concedió el árbitro en el primer tiempo, pero ya este Brasil no está ni para aceptar regalos: Guimarães pateó flojito y previsible como una comedia romántica un disparo que el portero noruego despejó como si fuera la x en una ecuación de primer grado: sin despeinarse. A Endrick, al que los brasileños se aferran como si fuera el nuevo Pelé, Ancelloti le dio entrada a los 12 minutos del segundo tiempo para revolucionar el partido pero, para estar a la altura del Brasil post 2006, el jovencitod e 19 años falló limpiamente. Porque los inventores del jogo bonito han adoptado el principio del México de toda la vida: al fútbol se va a sufrir.
Así fue hasta que aburrido de un juego tan insulso el androide Haaland decidió terminar con tanta agonía en el minuto 78 y aplicarle la eutanasia a Brasil con un cabezazo luego de alzarse sobre el pobre defensor brasileño que le tocó en desgracia. Y once minutos después el propio Haaland lanzó un disparo con el pie desde el borde del área para poner el juego 2 a 0. Dieron diez minutos de alargue y tras tanto esfuerzo infructuoso (rodríguez) el árbitro se apiadó de Brasil y les pitó otro penal. Esta vez Neymar pateó bien el balón para maquillar el resultado y pareciera que aparte del de Haaland había otro equipo en el terreno.
Y luego, claro, Haaland y el resto de sus vikingos se pusieron a remar mientras los brasileños se dedicaban a lo mejor que saben hacer: llorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario