“Yo recuerdo a los hombres en el momento mejor de su caída/ Cerca ya de la noche/ Cuando apenas ya se advierte una sombra, una nostalgia,/ un temblor hacia el fin”. Eso escribió el gran poeta Emilio García Montiel en un poema para celebrar al pelotero Rey Vicente Anglada, víctima de una acusación infame de la que ya ni el ex deportista quiere acordarse. Lo mismo vale decir de la selección de Cabo Verde que irrumpió en el mundial con un empate a cero ante la favoritísima España a lo que le siguió otro pero a dos con Uruguay (con la ayuda desinteresada del arquero Muslera) y otro más a cero ante Arabia Saudita para pasar a los 16avos sin haber ganado y con la menor cantidad de puntos posibles. Pero nunca brilló más una de las pocas selecciones que se estrenaba en el mundial este año que en su derrota ante Argentina.
No es que el vigente campeón mundial pareciera haberlo sido alguna vez con su juego previsible y penoso. Pero así y todo ya en el minuto 28 Argentina se puso delante en el marcador gracias a -¿quién si no?- Messi que controló un pase de Lisandro Martínez y remató con la pierna izquierda con la misma facilidad con que Federer se rasca el cuello con la mano derecha.
Ahora no se trataba para los de Cabo Verde de defender un cero a cero como ante España o la más saudita de las Arabias, o de aceptar los regalos de Muslera, sino de sobreponerse a la desventaja inicial frente a un Dibu Martínez, el arquero argentino, tacañísimo en cuestión de errores. Pues luego de intentarlo antes los caboverdianos al minuto 9 del segundo tiempo tiraron un caño doble a través de la defensa argentina para crear un goleaducto por el que llegó el empate salido de la pierna derecha de Deroy Duarte. Luego llegó la hora Voizinha, el portero caboverdiano, serio y seguro como una inspección de hacienda, para recordarle al gobierno de Cabo Verde por qué deben erigirle una estatua a la entrada del estadio de Praia. Gracias a eso el tiempo reglamentario terminó con el campeón del mundial pasado y el sentimental de este empatados a cero.
Pero por mal que jueguen los argentinos la vergüenza de ser eliminados por un debutante en copas mundiales tenía que servir de algo. Y justo al comenzar el tiempo adicional, luego de que McAlister cabeceara un corner Lisandro Martínez aprovechó para acribillar la escuadra del primer palo de Voizinha y poner delante a Argentina. Ahí fue cuando el conjunto de Cabo Verde lució en toda su grandeza. Porque en vez de arrugarse y encomendarse a un contragolpe o a un penalti favorable fue a cercar a Argentina en su propia madriguera, la que defendía el Dibu Martínez. Fue allí que Sidney Lopes Cabral, Cindy Lauper para sus amigos, pateó una slider con la derecha que entró junto al segundo palo donde ni el super Dibu podría llegar.
A los vigentes campeones, cuyas zapatillas cuestan más que toda la plantilla contraria no tuvieron más remedio que volver a marcar o de lo contrario estarían condenados a ver a su familia en Argentina solo por zoom. Y el gol llegó a diez minutos de tener a ir a la ruleta de los penales con un corner sacado por Messi y cabeceado por Cuti Romero. Pero los vigentes campeones sentimentales del mundial querían demostrar que no estaban en Miami para comerse la merienda o hacer compras. E insistieron en empatar el partido y forzar los penales hasta que el silbatazo final sonó como tiro de gracia o toalla lanzada al centro del cuadrilátero.
Disculpando la infinita chealdad -porque recuerden que de acuerdo a Pessoa las cartas de amor tienen que ser ridículas- si según las reglas el fútbol debe ser jugado con los pies a veces la pelota se juega con el corazón u otros órganos que mejor me callo. Y esas nunca se olvidan.
Ahora no se trataba para los de Cabo Verde de defender un cero a cero como ante España o la más saudita de las Arabias, o de aceptar los regalos de Muslera, sino de sobreponerse a la desventaja inicial frente a un Dibu Martínez, el arquero argentino, tacañísimo en cuestión de errores. Pues luego de intentarlo antes los caboverdianos al minuto 9 del segundo tiempo tiraron un caño doble a través de la defensa argentina para crear un goleaducto por el que llegó el empate salido de la pierna derecha de Deroy Duarte. Luego llegó la hora Voizinha, el portero caboverdiano, serio y seguro como una inspección de hacienda, para recordarle al gobierno de Cabo Verde por qué deben erigirle una estatua a la entrada del estadio de Praia. Gracias a eso el tiempo reglamentario terminó con el campeón del mundial pasado y el sentimental de este empatados a cero.
Pero por mal que jueguen los argentinos la vergüenza de ser eliminados por un debutante en copas mundiales tenía que servir de algo. Y justo al comenzar el tiempo adicional, luego de que McAlister cabeceara un corner Lisandro Martínez aprovechó para acribillar la escuadra del primer palo de Voizinha y poner delante a Argentina. Ahí fue cuando el conjunto de Cabo Verde lució en toda su grandeza. Porque en vez de arrugarse y encomendarse a un contragolpe o a un penalti favorable fue a cercar a Argentina en su propia madriguera, la que defendía el Dibu Martínez. Fue allí que Sidney Lopes Cabral, Cindy Lauper para sus amigos, pateó una slider con la derecha que entró junto al segundo palo donde ni el super Dibu podría llegar.
A los vigentes campeones, cuyas zapatillas cuestan más que toda la plantilla contraria no tuvieron más remedio que volver a marcar o de lo contrario estarían condenados a ver a su familia en Argentina solo por zoom. Y el gol llegó a diez minutos de tener a ir a la ruleta de los penales con un corner sacado por Messi y cabeceado por Cuti Romero. Pero los vigentes campeones sentimentales del mundial querían demostrar que no estaban en Miami para comerse la merienda o hacer compras. E insistieron en empatar el partido y forzar los penales hasta que el silbatazo final sonó como tiro de gracia o toalla lanzada al centro del cuadrilátero.
Disculpando la infinita chealdad -porque recuerden que de acuerdo a Pessoa las cartas de amor tienen que ser ridículas- si según las reglas el fútbol debe ser jugado con los pies a veces la pelota se juega con el corazón u otros órganos que mejor me callo. Y esas nunca se olvidan.
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