lunes, 6 de julio de 2026

España pasa (de puntillas, para no depertar a nadie)

 


España sigue ganando, pero no enamora (excepto, claro, a los enamorados de España de toda la vida, que no se van a desencantar ahora que está ganando de nuevo). Como el tipo bien peinado, bien vestido y con la billetera llena, que todo lo que hace es contarle a la muchacha lo bien que le va en la vida mientras ella se pregunta si al menos piensa tocarle una teta. Enfrente España tenía a Portugal, que se ha gastado una generación brillante tras otra a mayor gloria del cristianismo (de Ronaldo) sin que haya ganado otra cosa que la Eurocopa del 2016, (aprovechando que a Ronaldo lo habían retirado en camilla del terreno de juego).

Esta vez hay que reconocer que al jebito de Georgina se le vio más envuelto en el desempeño del equipo, más solidario, menos Cristiano, en fin. Pero too little too late. España controlaba el juego pero sin convertir el control en la única moneda de cambio que entiende el fútbol: los goles. Y pese a las ocasiones falladas en una y otra portería el juego se iba volviendo uno de esos que te invita a ver que hay en el teléfono. Y te das cuenta que las opiniones de un viejo cascarrabias sobre un juego del que ya nadie se acuerda te interesa más que lo que está pasando en el terreno.

Así fue hasta que los portugueses se quedaron dormidos en el minuto 91 y Merino, que había entrado hacía nada, recibió la pelota solo ante Diogo Costa y no perdonó todo lo que había perdonado España en los minutos anteriores. Los portugueses despertaron entonces para darse cuenta que estaban fuera del mundial. Pero por mucho que se esforzaron por regresar a él en los minutos que había agregado el árbitro Taylor ese tren se les fue una vez más.

Lo cierto es que con todo y su fútbol somnífero no ha aparecido en este mundial otro equipo que parezca -desde el control del juego y la solidez de las líneas- capaz de ganarle a la favorita Francia. Si lo consiguen poco les importarán los bostezos. Quizás hasta sea parte de su estrategia.

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